El presupuesto económico

JesRICART
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El presupuesto económico

Mensajepor JesRICART » 03 Oct 2018, 17:52

El presupuesto. Sussana MARASELVA
Un presupuesto económico es una estimación de los costes que se van a emplear para un determinado proyecto, acción o ejercicio. Se habla tanto de presupuestos (presupuestos de obra, presupuestos generales del estado,…)que a éstas alturas nadie debería desconocer el significado de esa palabra. Antes de encargar un trabajo (el que sea y a quien sea, incluidos profesionales de los que ya se tiene referencia y con los que haya una relación previa y una confianza, incluso una amistad) lo adecuado es preguntar cuánto va a costar. De hecho, antes de decidir con quién vas a hacer una reforma o una mejora en tus instalaciones sondeas dos o más presupuestos para elegir tanto el que te parece más razonable o asumible como a quien tiene que hacer el trabajo porque te cae mejor o porque lo intuyes como más serio.
En el abigarrado mundo de las reformas caseras hay tal cantidad de profesionales de ese gremio que no se puede hablar de un solo perfil de trabajadores. Para ninguno hay ningun lugar a dudas de lo que es un presupuesto. Este, en principio, se calcula en base al precio de los materiales que se van a emplear mas el tiempo de gestión y desplazamiento para obtenerlos más el tiempo del trabajo. Como la aritmética no es el palto fuerte de mucha gente, al resultado de esa suma se le añade un 30 % o un 50% más por si se dieran otras variables. Como eso es sabido es por l oque se regatea hasta ajustar una cantidad mutuamente acordad.
El presupuesto sobre un trabajo hecho lo es como trabajo terminado, no sobre una parte dejando el resto por terminar. Esto no es necesario explicarlo porque es de una evidencia rotunda, aun así se suele hablar de pagar al terminar. Pagar por adelantado no se hace nunca o casi nunca, mucho menos a un desconocido que no se sabe como trabajo. Hay gente tan chapucera que en lugar de pagarle por ponerse manos a la obra debería pedírsele una fianza previa por los destrozos que pudiera ocasionar antes de franquearle la puerta. Como que por ambas partes hay el común denominar del interés en que la cosa quede bien hecha y terminado en el plazo previsto concurre una necesidad de confianza mutua. Com oes sabido eso tiene sus riesgos. De hecho pagar un porcentaje al inicio de la obra antes de conocer como se trabaja, ya lo es. Puede ocurrir que aquel con quien has pactado un precio y le has pagado incluso el 50% a la adelantada como gesto de buena fe, unas horas después de iniciar el trabajo te descerraje en tono de ultimátum que eso no le sale a cuenta y que hay que pagar más. En ese caso no hay una revisión de presupuesto, lo que hay es un chantaje tácito en toda regla, ya que si no se somete a las nuevas condiciones el trabajo corre el riesgo de quedar empantanado y la parte entregada no devuelta cubriendo mucho mas que las horas empleadas.
Aunque sea inexplicable esas cosas suceden en un mundo de gentes no menos inexplicables pero que siguen pululando y cambian unilateralmente los acuerdos a conveniencia según su tasa colérica del día.
En el mundo de la construcción donde ha habido tantos abusos dando lugar a un imperfeccionismo deliberado hay sanciones muy severas para quienes no cumplen con lo pactado, además de que corre la voz con aquellos que dándoselas de profesionales no lo son para que se sepa que contratarlos es un riesgo y es mejor no hacerlo.
Hay algo positivo en la rabiosa competitividad en el mercado: todo aquello que sirva para superar la calidad en el hacer de las cosas. Se compra una marca u otra en función de los resultados que dé. Así mismo se contrata a una empresa o a otra, a una profesional o a otro según lo satisfecho que uno queda. Si tras la instalación de una simple reja de ballesta (1 dia corto de trabajo con varios breaks) cuentas 7 imperfecciones en la ejecución de ese simple trabajo , la próxima vez que tengas que contratar a ese operario, por muy amigo tuyo que sea, te lo repensarás y de hacerlo lo supervisarás más estrechamente.
En principio los buenos profesionales no han de temer por el trabajo, nunca les faltará. En cambio los malos profesionales sí han de temer ya que se arriesgan a no ser contratados si dejan las cosas mal, no solo por quienes fueron directamente defraudados si no por otros que habrán oído hablar mal de ellos. Hubo algo de útil en el primer capitalismo concurrencial cuando la propia logica del mercado depuraba a aquellos fabricantes que proponían productos malos y/o caros. Luego, en una etapa posterior, esa misma concurrencialidad puso la rivalidad más en los precios que en la calidad dando lugar a todo una realidad de objetos obsolescentes o mal terminados.
La diversidad de productos y de su comercio configura todo un mundo de elecciones. Todo es, finalmente, optativo. Ante el presupuesto se opta o no por aceptarlo. Si la conclusión es negativa no hay trato, si es positiva, lo hay y se acuerda un calendario. Siempre se corre el riesgo de que al profesional se le crucen los cables y cambie de parecer. No es lo habitual. Eso solo pasa con individuos que no saben lo que significa dar la palabra. En este mundo tan duro, quien no tiene palabra no tiene absolutamente nada por muchos millones que tenga en el banco.
El presupuesto es algo a respetar incluso cuando, habiendo estado mal calculado, uno vaya a perder dinero, porque es preferible eso que quedar a la altura del betún demostrando nula solvencia como persona de palabra. Las gente que trasgrede su palabra es multitud por lo que no hay nada nuevo bajo el solo que no haya sucedido cuantiosas veces.
Hay otra opción para contratar a alguien y es a tiempo de trabajo real: a tanto la hora. Si alguien no es trabajador o no sabe trabajar (se puede tener mucha voluntad, pero ser un perfecto inútil en la ejecución de algo que no sepa hacer) se le detecta pronto y rápido. Con lo cual el trato puede quedar roto en la primera hora si no se cumple. Es mejor eso que no correr el riego de comprometerse a un presupuesto pagando un porcentaje alto al principio. Hay perfectos caraduras que incluso piden el 75% por adelantado o hasta la totalidad. Recomiendo no pagar antes de empezar un trabajo un porcentaje, como mucho se puede hacer al final del primer dia o en todo caso dar una paga y señal como muestra de compromiso y para cubrir los materiales empleados. Hacerlo de otro modo puede dar lugar a problemas.
¿Qué se supone se debe hacer con una reforma mal terminada donde el material colocado ha sido cambiado sobre el originalmente previsto? ¿Cómo tomarse a aquel que ha querido hacer rendir su tiempo de trabajo en forma de money sin importarle la poca honestidad de la que haya hecho ostentación? ¿Cubrirle los gastos por venir a hacer algo que deja mal o peor aun que genera más trabajo porque habrá que desmontarlo? No importa la cantidad de tiempo que uno dedique para venir a hacer una reparación o lo que sea. Si el resulta final no es lo acordado, no hay que pagar absolutamente nada. Esa es la ley de la realidad. Hacer lo contrario: pagar a chapuceros significa retroalimentar una cultura poco autoexigente en el que se valora la intención pero no los hechos.
Tras haber pagado los errores ajenos algunas veces nadie está dispuesto a continuar pagando los siguientes. Que cada cual se coma el marrón en el que se haya metido. Si uno no entiende que un presupuesto no se altera sobre la marcha y que significa el compromiso de un trabajo por un pago, aunque caigan rayos de punta o aparezcan otras variables, tendrá que hacer un esfuerzo intelectual para entenderlo. Puede que el presupuestador haya bajado al máximo el precio para ser contratado por un trabajo y luego se encuentre que en lugar de tenerlo que hacer en dos días tal como tenía previsto le cuesta tres. Pues bien, es asunto suyo, no del cliente. Lo que no puede hacer este, es pagar por un trabajar más de lo que estima que vale si no lo considera así, mucho menos porque sea presionad cambiándole el precio sobre la marcha.
Desde el punto de vista del presupuestador que ha calculado mal si le pueden más las prisas de un trabajo que dejarlo bien, lo previsible es que vaya a quedar fatal ante el cliente. Puede que este le pague para tenerlo contento aunque sepa que en el fondo paga por algo mal terminado o incluso inacabado, pero la imagen dejada será tan nefasta que eso repercutirá tanto en el futuro profesional del que ha trabajado mal como en el propio cliente que la próxima vez no arriesgará su dinero por adelantado a alguien de poco fiar. Resumiendo un presupuesto queda invalidado cuando el compromiso no es cumplido, mucho más cuando hay que rehacer el trabajo mal acabado.
En este mundo de desajustes hay especialistas en resolver problemas y otros en crearlos. Hay que estar muy atentos en quien se contrata y para qué, admitiendo que la primera impresión puede ser favorable, pero nunca es la definitiva.
Si alguien se compromete a un presupuesto que luego ve que no le sale a cuenta pero ya ha empezado la actividad a la que se ha comprometido, ya es demasiado tarde para cambiarlo. Le toca pringar si estima en algo su buen nombre. El problema se complica cuando al imponer una variación sobre el presupuesto inventa cosas que no se hablaron y además lo hace escenificando un tono pre-colérico que no anuncia nada nuevo. Por lo general los clientes satisfechos pagan con ganas y más ante un trabajo bien terminado, pero también puede suceder todo lo contrario que emprendan acciones en contra de aquellos por los que han sido defraudados.

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Fernando
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Re: El presupuesto económico

Mensajepor Fernando » 03 Oct 2018, 19:27

JesRICART escribió:El presupuesto. Sussana MARASELVA
Un presupuesto económico es una estimación de los costes que se van a emplear para un determinado proyecto, acción o ejercicio. Se habla tanto de presupuestos (presupuestos de obra, presupuestos generales del estado,…)que a éstas alturas nadie debería desconocer el significado de esa palabra. Antes de encargar un trabajo (el que sea y a quien sea, incluidos profesionales de los que ya se tiene referencia y con los que haya una relación previa y una confianza, incluso una amistad) lo adecuado es preguntar cuánto va a costar. De hecho, antes de decidir con quién vas a hacer una reforma o una mejora en tus instalaciones sondeas dos o más presupuestos para elegir tanto el que te parece más razonable o asumible como a quien tiene que hacer el trabajo porque te cae mejor o porque lo intuyes como más serio.
En el abigarrado mundo de las reformas caseras hay tal cantidad de profesionales de ese gremio que no se puede hablar de un solo perfil de trabajadores. Para ninguno hay ningun lugar a dudas de lo que es un presupuesto. Este, en principio, se calcula en base al precio de los materiales que se van a emplear mas el tiempo de gestión y desplazamiento para obtenerlos más el tiempo del trabajo. Como la aritmética no es el palto fuerte de mucha gente, al resultado de esa suma se le añade un 30 % o un 50% más por si se dieran otras variables. Como eso es sabido es por l oque se regatea hasta ajustar una cantidad mutuamente acordad.
El presupuesto sobre un trabajo hecho lo es como trabajo terminado, no sobre una parte dejando el resto por terminar. Esto no es necesario explicarlo porque es de una evidencia rotunda, aun así se suele hablar de pagar al terminar. Pagar por adelantado no se hace nunca o casi nunca, mucho menos a un desconocido que no se sabe como trabajo. Hay gente tan chapucera que en lugar de pagarle por ponerse manos a la obra debería pedírsele una fianza previa por los destrozos que pudiera ocasionar antes de franquearle la puerta. Como que por ambas partes hay el común denominar del interés en que la cosa quede bien hecha y terminado en el plazo previsto concurre una necesidad de confianza mutua. Com oes sabido eso tiene sus riesgos. De hecho pagar un porcentaje al inicio de la obra antes de conocer como se trabaja, ya lo es. Puede ocurrir que aquel con quien has pactado un precio y le has pagado incluso el 50% a la adelantada como gesto de buena fe, unas horas después de iniciar el trabajo te descerraje en tono de ultimátum que eso no le sale a cuenta y que hay que pagar más. En ese caso no hay una revisión de presupuesto, lo que hay es un chantaje tácito en toda regla, ya que si no se somete a las nuevas condiciones el trabajo corre el riesgo de quedar empantanado y la parte entregada no devuelta cubriendo mucho mas que las horas empleadas.
Aunque sea inexplicable esas cosas suceden en un mundo de gentes no menos inexplicables pero que siguen pululando y cambian unilateralmente los acuerdos a conveniencia según su tasa colérica del día.
En el mundo de la construcción donde ha habido tantos abusos dando lugar a un imperfeccionismo deliberado hay sanciones muy severas para quienes no cumplen con lo pactado, además de que corre la voz con aquellos que dándoselas de profesionales no lo son para que se sepa que contratarlos es un riesgo y es mejor no hacerlo.
Hay algo positivo en la rabiosa competitividad en el mercado: todo aquello que sirva para superar la calidad en el hacer de las cosas. Se compra una marca u otra en función de los resultados que dé. Así mismo se contrata a una empresa o a otra, a una profesional o a otro según lo satisfecho que uno queda. Si tras la instalación de una simple reja de ballesta (1 dia corto de trabajo con varios breaks) cuentas 7 imperfecciones en la ejecución de ese simple trabajo , la próxima vez que tengas que contratar a ese operario, por muy amigo tuyo que sea, te lo repensarás y de hacerlo lo supervisarás más estrechamente.
En principio los buenos profesionales no han de temer por el trabajo, nunca les faltará. En cambio los malos profesionales sí han de temer ya que se arriesgan a no ser contratados si dejan las cosas mal, no solo por quienes fueron directamente defraudados si no por otros que habrán oído hablar mal de ellos. Hubo algo de útil en el primer capitalismo concurrencial cuando la propia logica del mercado depuraba a aquellos fabricantes que proponían productos malos y/o caros. Luego, en una etapa posterior, esa misma concurrencialidad puso la rivalidad más en los precios que en la calidad dando lugar a todo una realidad de objetos obsolescentes o mal terminados.
La diversidad de productos y de su comercio configura todo un mundo de elecciones. Todo es, finalmente, optativo. Ante el presupuesto se opta o no por aceptarlo. Si la conclusión es negativa no hay trato, si es positiva, lo hay y se acuerda un calendario. Siempre se corre el riesgo de que al profesional se le crucen los cables y cambie de parecer. No es lo habitual. Eso solo pasa con individuos que no saben lo que significa dar la palabra. En este mundo tan duro, quien no tiene palabra no tiene absolutamente nada por muchos millones que tenga en el banco.
El presupuesto es algo a respetar incluso cuando, habiendo estado mal calculado, uno vaya a perder dinero, porque es preferible eso que quedar a la altura del betún demostrando nula solvencia como persona de palabra. Las gente que trasgrede su palabra es multitud por lo que no hay nada nuevo bajo el solo que no haya sucedido cuantiosas veces.
Hay otra opción para contratar a alguien y es a tiempo de trabajo real: a tanto la hora. Si alguien no es trabajador o no sabe trabajar (se puede tener mucha voluntad, pero ser un perfecto inútil en la ejecución de algo que no sepa hacer) se le detecta pronto y rápido. Con lo cual el trato puede quedar roto en la primera hora si no se cumple. Es mejor eso que no correr el riego de comprometerse a un presupuesto pagando un porcentaje alto al principio. Hay perfectos caraduras que incluso piden el 75% por adelantado o hasta la totalidad. Recomiendo no pagar antes de empezar un trabajo un porcentaje, como mucho se puede hacer al final del primer dia o en todo caso dar una paga y señal como muestra de compromiso y para cubrir los materiales empleados. Hacerlo de otro modo puede dar lugar a problemas.
¿Qué se supone se debe hacer con una reforma mal terminada donde el material colocado ha sido cambiado sobre el originalmente previsto? ¿Cómo tomarse a aquel que ha querido hacer rendir su tiempo de trabajo en forma de money sin importarle la poca honestidad de la que haya hecho ostentación? ¿Cubrirle los gastos por venir a hacer algo que deja mal o peor aun que genera más trabajo porque habrá que desmontarlo? No importa la cantidad de tiempo que uno dedique para venir a hacer una reparación o lo que sea. Si el resulta final no es lo acordado, no hay que pagar absolutamente nada. Esa es la ley de la realidad. Hacer lo contrario: pagar a chapuceros significa retroalimentar una cultura poco autoexigente en el que se valora la intención pero no los hechos.
Tras haber pagado los errores ajenos algunas veces nadie está dispuesto a continuar pagando los siguientes. Que cada cual se coma el marrón en el que se haya metido. Si uno no entiende que un presupuesto no se altera sobre la marcha y que significa el compromiso de un trabajo por un pago, aunque caigan rayos de punta o aparezcan otras variables, tendrá que hacer un esfuerzo intelectual para entenderlo. Puede que el presupuestador haya bajado al máximo el precio para ser contratado por un trabajo y luego se encuentre que en lugar de tenerlo que hacer en dos días tal como tenía previsto le cuesta tres. Pues bien, es asunto suyo, no del cliente. Lo que no puede hacer este, es pagar por un trabajar más de lo que estima que vale si no lo considera así, mucho menos porque sea presionad cambiándole el precio sobre la marcha.
Desde el punto de vista del presupuestador que ha calculado mal si le pueden más las prisas de un trabajo que dejarlo bien, lo previsible es que vaya a quedar fatal ante el cliente. Puede que este le pague para tenerlo contento aunque sepa que en el fondo paga por algo mal terminado o incluso inacabado, pero la imagen dejada será tan nefasta que eso repercutirá tanto en el futuro profesional del que ha trabajado mal como en el propio cliente que la próxima vez no arriesgará su dinero por adelantado a alguien de poco fiar. Resumiendo un presupuesto queda invalidado cuando el compromiso no es cumplido, mucho más cuando hay que rehacer el trabajo mal acabado.
En este mundo de desajustes hay especialistas en resolver problemas y otros en crearlos. Hay que estar muy atentos en quien se contrata y para qué, admitiendo que la primera impresión puede ser favorable, pero nunca es la definitiva.
Si alguien se compromete a un presupuesto que luego ve que no le sale a cuenta pero ya ha empezado la actividad a la que se ha comprometido, ya es demasiado tarde para cambiarlo. Le toca pringar si estima en algo su buen nombre. El problema se complica cuando al imponer una variación sobre el presupuesto inventa cosas que no se hablaron y además lo hace escenificando un tono pre-colérico que no anuncia nada nuevo. Por lo general los clientes satisfechos pagan con ganas y más ante un trabajo bien terminado, pero también puede suceder todo lo contrario que emprendan acciones en contra de aquellos por los que han sido defraudados.




JesRICART: Este comentario de perogrullo, que nada tiene que ver con la economía sino con la prudencia en el trato con el prójimo desconocido, ¿es de la misma autora que escribió lo siguiente?:
____________________________________
Escrito por sussanamaraselva 31-05-2012 en General. Comentarios (0)
Considerandos para la lucha global. notas Sussana Maraselva

Si quieres practicar sexo, hazlo por las banderas del placer y por la lujuria pero no por la patria. No lo practiques con ningun policía corres el riesgo de que reprima tu orgasmo.

http://sussanamaraselva.blogdiario.com/ ... cermundos/
____________________________________

Por cierto: al abrir esta página me sale una advertencia de mi antivirus que dice: Hemos probado esta página y bloqueado contenido procedentes de sitios potencialmente peligrosos.

Por favor: si quieres darnos la paliza con opiniones intrascendentes, ten al menos la dignidad de que sean de tu cosecha.



"La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican" (Nicolás Gómez Dávila).

JesRICART
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Re: El presupuesto económico

Mensajepor JesRICART » 05 Feb 2019, 10:24

Muy ocurrentes las dos ideas de S.Maraselva 1. sobre preferir la bandera del sexoamor a cualquier bandera de patria nacional,y 2. no hacer el amor con policias por temor a la represión. Aunque en ese segundo punto alguien se pueda sentir ofendido porque crea no dedicarse a una funcion represora.


Mas que escrutar cabe inferir estropicios severos en el cerebro anatómico de quien entra a leer un texto, no se sabe si entero, cuando a priori tiene una indisposición adversa con quien canaliza su publicación o es su autor. Son ganas de sufrir, de perder el tiempo propio y de hacérselo perder a los demás. Debo decir que cada vez que me llevo una sorpresa tras decir un rato para reabrir un artículo para ver el comentario que haya generado en lugar de encontrarme con una opinión de utilidad publica doy con un bodrio. Por otra parte el que pone el bodrio siempre proporciona un pretexto para una función catártica, te sirve para darle tu patada (simbólica) lo mismo que se la dabas sin pensártelo a la lata tirada en la acera con la que tropiezas (eso era antes, ahora si me molesta la recojo y la echo a la basura mas cercana).
Puestos a preferir mejor un cerebro electrónico funcionando que uno humano anegado de prejuicios. La interlocución ffunción sobre el qué de cada cosa, es decir sobre contenidos propuestos, no sobre el quien.. quienes priorizan el quien mas que el qué suelen andar sobrados de predisposiciones negativas o positivas. Si son negativas al recordar sus nombres ya no son leídos, ya que la conjetura de que no van a aportar nada suele ser acertada.


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