Aprendiendo de los decires ajenos

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JesRICART
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Aprendiendo de los decires ajenos

Mensajepor JesRICART » 02 Oct 2018, 19:45

Seleccionando frases . Aprendiendo de los decires ajenos. JesRICART

Se suele objetar eso de sacar las frases de sus contextos y llevárselas a otras partes o con otras intenciones. En mi opinión una cita textual de un libro, de un autor, de un conferenciante, pero también de un personaje de pantalla o de teatro, de un historietista de cómic, de una pared, de un rótulo o de un conocido tiene un valor extraordinario y representa una actitud despierta en quien así procede, revelando su sencillez y humildad al tomar ideas ajenas para auxiliarse en situaciones propias. Por supuesto siempre y cuando esto no esté animado por plagio alguno. Basta entrecomillar una frase aunque no se sepa de donde la sacaste o quien la dijo para situar su padrinazgo fuera de ti.
Durante toda mi vida lectora he subrayado frases de los libros leídos y las he trasladado puntualmente y en parte a mis propios libros para apoyar un argumento. Tambien las tomé de los eslóganes de las paredes y pancartas. Posteriormente, empecé a tomarlas de todas partes convirtiéndome en un coleccionista irremediable. Me acostumbré a valorar los libros según los conceptos que aprendía de ellos según la originalidad de sus frases más significativas, de las de peso, de esas que hacen pensar, que no te dejan indiferente y que te cambian.
Descubrí que a veces vale la pena ver una película de 120 minutos o pasarse 6 horas dedicadas a un solo libro para recibir y retener tan solo un par de frases. Dicho de esta manera parece que todo su resto contextual no importara. No es eso, sí importa y mucho, pero hay frases estupendas que quintaesencian los argumentos de donde son tomadas.
Además de ser un lector con lápiz o rotulador leyendo (raramente leo un libro de papel o una revista sin una de esas herramientas en mi mano) también me he convertido en un tipo que cuando se embutaca ante los programas seleccionados de la tele (y no solo ante los videos) lo hace con un bloc de notas y un boli para apuntar datos que van saliendo y que me interesen o frases estupendas, para asegurarme de retenerlas.. Eso he llegado a hacerlo incluso desde el patio de butacas de un teatro. (sin duda este chico es raro, muy raro. Raro-raro-raro) .Si tuviera más memoria no necesitaría hacer eso, pero creo que dados los millones de bits que una persona recibe a lo largo del dia no hay memoria humana tan perfecta como para que pueda retener todo lo que le interesa sin valerse de recursos gráficos trascribiendo lo que oye o ve.
La idea de hacer un coleccionario de frases, haciendo listas de ellas, una detrás o abajo de otra, empezó o me vino determinado durante una investigación sobre el poder lesivo de la palabra. Averigüé que hay una correlación importante entre capturar frases aversivas, por injustas y dolorosas, y ordenarlas, con la comprensión del conflicto con la persona-fuente de su emisión,. A partir de hacer eso se puede proceder a preparar un plan de cura o saneamiento de esa relación. En psicoterapia neurolingüística, coleccionar las frases recibidas de otros (también las emitidas por uno) sirve tanto para la valoración objetiva de los demás diferenciándolos entre amigos y no amigos como para la autovaloración de lo propio recociendo los restos de rabia que se tengan pendientes de depurar.
Eso que se llama política es un teatro de frases a menudo repetidas. Bueno, no hay ningun hablante que no se repita, tanto en las ideas que defiende como en la ordenación exacta de las frases para hacerlo. Puede que la vida hablada no sea más que la reescritura del mismo libro oral en un número ilimitado de versiones.
La frase es al que la dice como la piedra al cuello del que se va bucear de esa manera, también es su corona de laureles según sea de la que se trate. Hay frases que arreglan un dia, otros que lo estropean nada más levantarse de la cama y sufrirla de la persona que tienes al lado. Es muy importante elegirlas cuidadosamente, también saber discriminar entre las que merece la pensa escuchar (y/o leer) y las que hay que pasar por alto por ser usadas por malas manos (o dichas por malas lenguas).
Por lo general las buenas frases son las más dúctiles, pero como se extienden en longitud, al pretender hacerlas cortas e incisivas corren el riesgo de convertirse en dogmas. Todos los absolutos son desagradables. Lo que acabo de decir es un absoluto. De hecho todo l oque empieza por el determinante “Todo” es peligroso. En cambio las frases que acaban en Todo , como adverbio, resultan más inofensivas, aunque sean tan peligrosas como las otras. Si dices “me gusta todo” te conviertes en el cliente ideal del ofertante de lo que sea. Preferible a decir: “no me gusta nada” que te relega al ostracismo.
Del hablar andan la mayoría de las cuestiones, mucho más que del hacer. Tanto los parlamentos como las tertulias de café y bares se pasan las vidas hablando y pasándose la pelota. Como deporte intelectual no está nada mal, como instrumento de transformación de las cosas, el habla aun deja mucho que desear.
De ahí el valor de tener unas cuantas frases memorizadas (de hecho cuantas más mejor). Antes se tenía más en cuenta esto. La gente acababa sus bachilleratos con textos memorizados que no olvidaría nunca. En las escuelas coránicas se siguen memorizando cientos de páginas. Incluso antiguamente de niños en los juegos con tipis de indios y cowboys con colts se traían algunas frases memorizadas del western del domingo. Y es que a falta de ingenio propio siempre cavia acudir a lo que decían los personajes de Henri Fonda o Charles Bronson. El western daba la pauta. Miradas bien enfocadas, pausas silenciosas largas y una o dos frases lapidarias. Con eso ya cumplían.
Ahora necesitamos algo más que un look y vestir de marca para ocupar un espacio en sociedad. Hay que ser ocurrente. No es tan interesante hablar mucho y ocupar el centro de gravedad del sonido de un espacio verbal como lo que se diga tenga un sentido. A lo dicho, a falta de frases de la propia factoría siempre queda el recurso de recordar las del propio coleccionario sacadas de la cantera que fuere.

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Fernando
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Re: Aprendiendo de los decires ajenos

Mensajepor Fernando » 03 Oct 2018, 17:37



También a mí me gusta conocer citas de personajes públicos. Tanto es así que a lo largo de mi vida fui coleccionando diversos libros de citas, el último hace uno 20 años, titulado: Un siglo de citas (Enciclopedias Planeta), donde figuran más de 6.000.

Pero mi objetivo no era aprender de ellas (considero que de una cita poco se puede aprender), sino para intentar conocer un poco mejor a los personajes (algunos auténticos esperpentos), o su estado de ánimo en algún momento de su vida.

Por otra parte, hay quienes recurren a citas de famosos para intentar justificar posturas que no tienen justificación. Por ejemplo, si alguien quiere hacer creer que la mujer es inferior al hombre, y no puede demostrarlo porque no se puede demostrar, puede sentirse impulsado a recurrir a citas de escritores que: despechados, misóginos, o guasones, inventaron frases para poner a parir a la mujer. Ejemplos: “La mujer es inferior al perro como compañera del hombre” (Oscar Wilde). “La mujer es el hombre imperfecto” (Averroes). “La naturaleza sólo hace mujeres cuando no puede hacer hombres” (Aristóteles). “Me gustan los hombres, más que por ser hombres porque no son mujeres” (Cristina de Suecia), etc., etc.. ¿Habrá alguien tan cretino que afirme que la mujer es un ser inferior, porque así lo manifestaron múltiples personas famosas, entre ellas, las citadas?


"La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican" (Nicolás Gómez Dávila).

JesRICART
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Re: Aprendiendo de los decires ajenos

Mensajepor JesRICART » 10 Oct 2018, 11:53

Citar con propiedad de uso.
Raramente un libro de ensayo renuncia a acudir a otros autores en los que apoyar la tesis que quiera validad. Además, los pruritos y requisitos académicos de determinados ensayos, investigaciones y tesis doctorales, o , en todo caso, de materiales que piden licencia de edición dentro de los ámbitos exigentes piden las fuentes de todas las citas y referencia,.s Hay ensayos de 300 paginas que 50 o 70 de ellas están empleadas, a modo de paquete final, para enumerar todas esas fuentes de manera pre-convenida y por orden alfábética. También pasa en las conferencias en vivo cuyos conferenciantes necesitan apoyarse en otros autores para reforzar lo que digan. Son recursos para no estar solo/a ante el lector o el público.
Entiendo que haya dos maneras completamente diferentes de citar autores, la una es construyendo un texto de comentario en torno a una cita previamente seleccionada y la otra es ir acudiendo a otros libros de elaboración ajena sobre la marcha de la propia elaboración. Pronto se nota si una cita es usada como pegote o si viene en el fluido del propio texto.
Es conocido que quien mas cita se le presupone que es mas leído, pero las ediciones especializadas de citas o grandes citas, cosa que también hacen algunos magazines semanales con secciones que reproducen unas cuantas por cada nuevo numero, permite citar autores sin ser leídos. Además está el detalle que se pueden citar autores referidos por otros autores en los ensayos de estos, utilizándolos poco elegantemente como canales de los otros sin confesar el préstamo con que se les toma. Resumiendo: citar autores y frases hechas ni significa haberlos leído y en el caso de hacerlo, haberlos entendido. Sin embargo una frases es un frase y tiene valor por si mismo si tiene un atributo de extemporidad o atemporalidad. De los grandes autores del pasado, y de cada época, lo más que queda son unas cuantas frases memorables. Lo mismo, sea dicho de paso, de nuestros difuntos y personas tratadas en vivo y en directo, que al recordarlas, si alguna vez lo hacemos, prevalece su o sus frases mas repetidas. Citar no está mal cuando es parte de una actitud de reconocimiento a quien tuvo una buena idea. Conviene diferenciar entre citar una frase de alguien y citar a ese alguien. Hay frases malogradas por las que son conocidos sus autores y no les hacen justicia. Es el caso de frases misogínicas que fuera de contexto dejan en mal lugar a sus padrinos. Como criterio salomónico propongo no desautorizar la globalidad de un trabajo u obra literaria o ensayística de alguien por alguna característica de su personalidad e ideología francamente nefasta. Hemos de dejar de leer a Pere IV Joan Oliver u Oscar Wilde por la homofobia de uno y la misoginia de otro (por cierto gay), ¡por supuesto que no! De muchos autores que conocemos y de los que aprendemos desde nuestras soledades lectoras, de conocerlos en personal o de leer sus biografías en primer lugar antes de hacerlo con sus obras es posible que los descartáramos de nuestra agenda de lecturas. Eso es algo que también puede pasar con el resto del universo artístico. No deja de ser una ventaja de tratar con fuentes de originalidad por sus aportaciones geniales dejando para luego o para nunca conocerles en sus personalidades y en sus actividades privadas.
En la historia de las ideas y del pensamiento los autores que mas han marcado esa misma histórica no son precisamente los que mas se han dedicado a citar a otros filósofos.
Así pues tenemos las dos opciones, citarlos o no, lo que no deja de ser una deferencia a sus personas por referirlos en lo que aportaron y de lo que nos valemos; lo que no podemos hacer es dejar de estudiarlos mas allá de sus 4 frases dominantes. Pero mas vale una frase suelta que nada.
Propongo meter dentro de la fraseología dominante las citas o citaciones de frases de mas éxito de autores éditos con otras que vienen del orbe publicitario o del propagandismo político de las consignas y que pasan a la memoria colectiva. También ha sucedido con frases originales por humoristas televisivos de programas de mucho impacto que han sido mimetizadas por casi toda la población y aun siguen vigentes. Tambien hay todo un conjunto de frases hechas que forman parte de nuestros lenguajes privadas y que son de carácter anónimo o que no exploramos quienes fueron los primeros que las pusieron en circulación.
Citar autores, así como citar colegas de letras o compañeros de debate, por lo que han dicho o dicen, con la mayor serenidad objetiva y sin la menor capciosidad de inferir lo que no contienen forma parte de una cultura en marcha que, esperemos, algún día de lugar a una supraconciencia en la que prevalezca la comprensión por encima de los enfrentamientos estériles y lesivos.
Como técnica concreta propongo a los amantes del saber y a los estudiantes en general que construyan su propia base de datos (lo que antes tenia como producto las fichas bibliográficas y resúmenes temáticos) siguiendo el criterio personal más cómodo de localización. Esa base tiene un principio pero jamás va a tener un fin ya que la acumulamiento de datos es algo que permanentemente queda abierta porque la realidad es prolija y su aportación de novedades jamas cesa. Cada usuario decide a que temas extenderla y hasta donde enriquecerla y cuantificarla. Podemos llamarla la pseudoenciclopedia personal. Personalmente la vengo ordenando por orden alfabético de autores de los que apunto sus frases, ideas, invenciones o hechos y voy añadiendo mas referencias según me van conviniendo o las voy encontrando. También hay datos de ciudades, lugares y otros temas. De aquellas referencias que me valgo en mis artículos tengo el cuidado de ponerlas en un color distinto al resto del texto, que si este es negro, la referencia tomada (generalmente no transcrita literalmente ya que lo hago de memoria) la pongo en morado. Esa base de datos es un documento auxiliar útil para llevarlo a cualquier parte y muy valioso para conferencias. Tiene el efecto colateral que impresiona por la cantidad de datos que contiene, pero es mera técnica de repaso y recuerdo.
Es típico del mundo universitario citar muchos autores y aportar poco o nada de elaboración propia. Si no se toman bien las citas o se hacen pasar por propias sobreviene el plagio. Incluso hay un programa informativo de detección desde que vivimos en la era digital por la enorme cantidad originales digitalizados de acceso público. En el escándalo mediático sobre políticos de estado que son pillados como presuntos plagiadores por “olvidarse” de citar la autoría de fragmentos o materiales que han usado de lo que menos se ha hablado es de la tesis de una tesis doctoral o de trabajos presentados en campos teóricos.
Cada texto: desde el relato más humilde y sin pretensiones a la investigación publicada con la mayor financiación debería aportar algo nuevo o esa debería ser su intención. Cada autor merece el nombre de tal por su originalidad creativa no por la cantidad o millones de palabras que pueda ver editadas en vida o postmortem. Y posiblemente el titulo de todas esas tesis que haya enunciado en su vida por extensa que sea su obra escrita caben perfectamente en las dimensión de una sola pagina-resumen. Lo mismo pasa con las citas. Puede que las mas celebres no necesiten mas de una pagina, pero con ellos, aun memorizándolas, no se conoce la obra de nadie. La lectura es un complicidad secreta entre lector y autor, tan secreta que la inmensa mayoría de autores no tienen la menor idea de la practica totalidad de sus lectores.
El eje pivotante de todo es aprender, y aprender pasa también por desaprender de aquellos que estuvieron en tus planes de estudio o en determinadas lecturas obligadas o elegidas y te sirvieron para desmarcarte de ellos. Cada lector desarrolla una sensibilidad especial para saber de qué autores aprende y le sirven para su vida diaria.


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