Reflexiones en el hospital Llevaba ya tiempo con “un cansancio crónico”, que me invitaba, más a estar sentado o acosta

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Antonio García Fuentes
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Reflexiones en el hospital Llevaba ya tiempo con “un cansancio crónico”, que me invitaba, más a estar sentado o acosta

Mensajepor Antonio García Fuentes » 15 Jun 2018, 09:26

Reflexiones en el hospital

Llevaba ya tiempo con “un cansancio crónico”, que me invitaba, más a estar sentado o acostado que a otra cosa; no podía apenas andar; era algo así como si se me cayese el cuerpo entero a tierra; y me encontraba carente totalmente de deseos de emprender algún ejercicio físico por moderado que fuese; es más, se habían apoderado de mí, unos deseos más mortales que de vitalidad alguna; son esos momentos o vivencias en que ya estimas que “lo tienes todo hecho”; y ya lo que te falta, es, “el feliz infarto”, que te liquide y te mande al otro mundo, en el que yo sigo creyendo y donde pasaremos (como decía Pitágoras) a otra vida y a nuevas experiencias.
Apreciando un aumento de peso anormal y una hinchazón de pies y piernas igualmente alarmante, decido ir al médico de atención primaria, el que tras hacerme un reconocimiento in situ, me dice que lo que yo tengo es de hospital y no de consulta médica como la suya, que él desde esta no puede controlar lo que tengo y que nota que puedo ya tener líquidos incluso en la pleura.

Visto ello me da hoja de ingreso en el hospital provincial y allí que nos encaminamos mi hija mayor (que me acompaña) y yo; tras el reconocimiento previo que por “urgencias” se me hace, hay que sentarse a esperar puesto que no hay camas vacantes; y tras muchas horas de espera por fin las hay y me trasladan a la tercera planta del centro y donde se atiende a los enfermos de cardiología que es por lo que se me ingresa en principio, si bien me tienen que ver también en urología y otros departamentos, por cuanto puede haber otras complicaciones, no vistas ahora.
Tras el examen y preparación oportunas, diligentemente (tenemos una muy buena atención médico hospitalaria en España y de la que los extranjeros se benefician con asombro) empiezan los tratamientos, que intravenosos y por donde se me van a inyectar en el cuerpo tres veces al día, para que orine de forma forzada y que me van a hacer padecer los consiguientes dolores y molestias que conocemos todos cuantos hemos sido sometidos a tratamientos diuréticos.
Y así estuve cuatro días hospitalizado, teniendo que estar “atado al urinario controlado” y por causas fáciles de comprender. Al cabo de los mismos me dan el alta (que la pido) pero con tratamiento de comprimidos para lo mismo y para seguir en casa el tratamiento de eliminar líquidos forzadamente. Así en esos cuatro días me hacen adelgazar diez kilos y dos días después otros cinco más, por lo que “me han descargado de nada menos que quince kilos de peso”, que si no dejarme “nuevo”, cosa no posible por cuanto ya soy un viejo de casi ochenta años; pero sí que me han mejorado tanto, que ya hasta puedo pasear con cierta ilusión; y lo que es mucho más interesante; he vuelto a ver la vida de “otro color mucho menos amargo”, del que venía viéndolo hace ya casi un año o mucho más tiempo, puesto que ahora no lo puedo precisar.
Desde el hospital y viendo y observando, todas las miserias y padecimientos que hay a tu alrededor, valoras infinitamente mucho mejor tu estado y aceptas el mismo, ya que en cierta forma y manera, “no estás tan mal como tú mismo te habías figurado”; y lo más importante, que encuentras motivos más que suficientes para seguir viviendo, amando la vida y seguir haciendo los que hiciste hasta aquí, o sea procurar ser útil a la sociedad en que viniste a nacer y no ser una carga, como ya lo estabas siendo; hay que luchar con la vitalidad que se nos da y no rendirse; y es lo que pienso hacer; esperemos que “los dioses me ayuden y por el tiempo que crean oportuno, puesto que yo, siempre me he considerado un desterrado en “esta tierra”.)
Y cosa muy importante, estas experiencias de dolor propio y observar el ajeno, te enseñan a una muy importante cosa: “a quererte cada vez más a ti mismo y aceptarte con todos tus defectos y las virtudes que poseas, puesto que queriéndote cada vez más, de alguna manera estás queriendo a toda la humanidad a que perteneces”.


Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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"No hagas a nadie nada que no quieras que a tí te sea hecho... ayuda lo que puedas... y vivirás y morirás feliz". AGF

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