Voluntad en la felicidad.

JesRICART
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Voluntad en la felicidad.

Mensajepor JesRICART » 08 Nov 2009, 14:41

Los actos de voluntad para una felicidad funcional.
Después de meditar media vida sobre la felicidad llegué a la conclusión que no es tanto un objetivo como una consecuencia. Es el resultado de tus elecciones. No es un reto que te3 puedas apuntar en la agenda o en la lista de los grandes propósitos, es el estado de beatitud en el que un día te descubres después de pasar por las mil y una. Cuando dices “sé feliz” a modo de tic al terminar las conversaciones (protocolo en las despedidas que también yo he podido emplear alguna vez) se transmite un mensaje que convoca a la voluntad. Es verdad, hay algo de la voluntad implica en el estado del bienestar psíquico. Eres lo que eres (uno es lo que es) no por la fatalidad del destino, o por las circunstancias o por fuerzas ajenas sino, sobre todo, por lo que uno permite -va permitiendo- lo que su vida sea.
La discusión directa en torno a la felicidad (ser o no ser feliz) no es un enfoque demasiado práctico; a lo más que lleva es a una conclusión muy frustrante en el caso de no serlo o sentirse no serlo. Me parece que la cuestión del dilema de fondo, es el de toda la vida en cuanto ser o no ser y las consecuencias que eso ocasión. No ser tú, no poderlo ser por hacerte cómplice de imposiciones externas, hacerlo de realismos que te inhiben el idealismo, resignarte a las limitaciones que te doblegan o de roles no deseados a los que te subscribes terminan por engancharte a un cuadro de déficits. Puedes tener todo el oro del mundo y no vivir la vida desde la integridad.
La falta de felicidad es un hándicap importante pero que no viene directamente determinado por los déficits que se tengan (desde los corporales a los socioeconómicos). Hay quien es muy feliz con todas sus limitaciones en tanto ha aprendido a asumirlas y a vivir con ellas.
En este punto del tema toca distinguir dentro del concepto de límite, el de limitaciones en cada una de sus especificidades. No hay nada ni nadie que no sea limitado, no hay un solo objeto ni un solo ser vivo que no tenga limitaciones, vienen directamente definidas por sus propiedades. La única idea de omnnipotencia ha sido ligada a la creación artificial de un concepto extralimitativo. La física ha demostrado que las deidades también debían obedecer sus leyes con lo cual no podían ejercer como tales quedando reducidos al reverso del absoluto. No existe en la naturaleza ninguna categoría de absoluto en tanto que categoría definitiva de lo inalterable, sin embargo existe el absolutismo en la cultura ha partir de una imposición interpretativa sobre lo que no existe. Se sigue padeciendo por maneras interpretativas injustas, dentro de ellas la felicidad tomada como una categoría absoluta, es decir que se tiene o que no se tiene. El sistema económico-social lanza a millones de personas tras el espejismo de hacerles creer que la felicidad se compra o se consigue por la vía de la materialidad, de la adquisición de bienes y de poderes. La ausencia de felicidad está ligada a la presencia de la angustia; ni siquiera el dolor la determina. El sufrimiento forma parte de la enseñanza existencial y no es incompatible sufrir por limitaciones concrtetas, que afectan a lo sensorial y a la motricidad con sentirse feliz, en cambio si es incompatible vivir con una psicología angustiada y sentirse completamente feliz ya que la felicidad es saboteada por la propia persona que se prohíbe vivirla. La angustia es una de las realidades extremas de la sociedad capitalista. Nadie está ni puede estar completamente seguro sobre el devenir. Las previsiones más optimistas no pueden asegurar la paz planetaria ni el fin de las atrocidades existentes. Lo más que se hace a favor de la conciencia universal es poner el énfasis en la causalidad de los problemas: desde la responsabilidad de los estados y la casta plutocrática en los daños en masa a la responsabilidad de cada individuo en vender su dignidad al mejor postor a cambio de unos cuantos juguetes. La felicidad incompleta o la falta de felicidad es una consecuencia directa de la falta de sentido existencial o -lo que viene a ser lo mismo- colocar ese sentido en función del tener, en lugar de ser. Ser feliz es la forma de expresión del ser que puede cumplir sus expectativas, sus deseos y también la verdad de su mismidad. Y lo contrario, no ser feliz forma parte del gran escenario preparado por la industria de la mentira para hacer creer que se viene a vivir a un valle de lágrimas y de tormentos. La vida ni es tan difícil ni las miserias vienen determinadas por el planeta. Las dificultades son parte de la lógica perversa de un sistema que sigue potenciando divisiones superfluas y protegiendo tradiciones conceptuales muy arraigadas en la superstición. Además de las supersticiones ligadas al animismo en culturas que se las trata de primitivas, la forma dominante de interpretar la realidad por el capitalismo es otra vía supersticiosa que hace imperar unos conceptos clave: desarrollismo, la vida puesta al servicio del dinero, la rivalidad. Mientras los valores dominantes no sean los de la cooperación, el placer, la socialización de recursos y la minimización de esfuerzos para maximizar resultados, se seguirá haciendo del sufrimiento la moneda de cambio para conseguir masas adeptas a un modelo caduco de existencialidad.
La felicidad debería ser lo natural al alcance de todos los seres inteligentes; si no lo es, es porque la industria del engaño ha hecho creer que es privilegio de los ricos, de los tenientes, de los poderosos,... Esto es una barbaridad. No hay modo de saberlo. No existe una forma de evaluar la felicidad pero sí las patologías y los déficits pero ni siquiera estos apoyan razonablemente un dictamen sobre quien es mas o menos feliz. La realidad indica que no hay una conexión directa entre limitación y cuota de felicidad pero sí se sabe que la aiutointerpretación del propio limite es responsable del umbral de felicidad. No hay mas infeliz que quien no se considera acreedor de la felicidad. A mayor auto desprecio por lo que se es o se tiene peores perspectivas de felicidad existen. No hay nadie que lo reúna todo en su vida para creerse magnífico y completo, a la vez es posible un autoconocimiento base que dé lugar a ser magnificiente dentro de la incompletud y aser radiante con una felicidad diáfana en sus proyecciones y relaciones.
No hay manual que enseñe eso ni vendedor de crecepelos que pueda intercambiar un curso de felicidad a cambio de un pago. Lo más que se pueden enseñar son criterios para neutralizar demonios y angustias y por esa vía -totalmente indirecta- ganar en felicidad. Uno de ellos es el de relativizarlo todo, y eso incluye la concurrencia de dramas y problemáticas. La diferencia entre un problema tratado por la angustia y otro tratado desde un posicionamiento de felicidad es que de la segunda manera se resuelve o o se aprende a coexistir con él mientr4as que con la primera actitud se le incrementa haciendo la vida invivible.
Algo de la voluntad organizada contribuye a minimizar la infelicidad si hace concurrir reinterpretaciones alternativas. A fin y al cabo todo pasa, pero también todo es, interpretación.. Lo que cambia la realidad es la interpretación misma que se hace de ella. El mundo no es por lo que es sino que es lo que somos. El objeto no tiene la culpa de la incapacidad de sujeto en no saberlo usar.
Para fortuna intelectual y cultural cada día hay mas pensantes que van poniendo el énfasis en las responsabilidades subjetivas contribuyendo a la evolución de la conciencia hacia la tesis del yo-soberano en lugar de justificar victimas y sus victimismos por las culpas externas o de ese gran otro llamado sociedad. Es verdad que que el sistema es un gran limitador por el imperio del individualismo y de las mentiras ideológicas pero pierde toda su fuerza desde el momento en que deja de creérsele. A partir de ese momento una persona inaugura otra etapa de su vida en la que se forma mas con sus propios descubrimientos. Parte de la felicidad pasa por querer ser feliz y no sucumbir al diseño de la tristeza y a la práctica existencial del malestar. Uno es tanto más feliz cuanto más es lo que quiere ser y cuanto menos sea lo que le impongan. Dicho de otra forma: la felicidad depende directamente de las elecciones de vida de acuerdo a las propias ideas y no a la servidumbre a ideas ajenas con las que no se está de acuerdo.
Puesto que no es un estado absoluto (la felicidad total seria un imaginario estado de beatitud exento de contradicciones e imperfecciones) sino en realidad una sinoide según los momentos y tesituras por las que se pasa, se la relativiza. Hay situaciones muy graves que hieren la propia felicidad ante tanta miseria y corrupción y dolor, pero la persona feliz puede ayudar y servir más a las otras que la infeliz y que se siente desgraciada y además presupone que nunca podrá salir de su infelicidad.
La conspiración tácita del sistema en tener individuos infelices en masa ha sido repetidamente cuestionado. E.Fromm se preguntaba si era necesario pasar por tener tantas personas enfermas para tener una economía sana, en el sentido de una materialidad asegurada y unos beneficios en alza. ¿De qué sirve poseer el mundo si uno no se posee a si mismo? La pobre3za de espíritu es uno de los males dominantes de la especie, y la falta de felicidad forma parte de tal pobreza espiritual. Nadie puede comprársela a nadie y en cambio nadie parte de un cero absoluto, con lo cual tiene recursos y arrestos para ir viviendo con ella como parámetro y como manera existencial. No disponemos de un algoritmo idéntico para todos pero sí de un criterio universal: el de hacer aquello que está de acuerdo con la propia conciencia basada en la no prohibición de la libertad en concordia. Cuanto más se sabe más se es, cuantos más actos de voluntad se protagonicen y apadrien en la controibucion de la vida feliz mas felicidad resultante se podrá acaudalar.

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