JesRICART
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Publicado: Jue Oct 15, 2009 14:13 Asunto: La guerra cotidiana sigue |
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La guerra cotidiana sigue. JesRICART
En el ascensor un vecino de unos bajos ha pegado con pedazos de cinta americana una bolsa de basura que alguien de arriba se la ha tirado a su patio. Sobre el plástico hay una nota dirigida al hijodeputa que le tira colillas de la marca Nobel que está dispuesto a metérselas por el culo en cuanto averigüe quien es. La nota no es reproducible para tiquismiquis pero como no escribo para tales la he reproducido. Dejo el paquete en su sitio tal como está pegado. Yo no hubiera hecho tal cosa pero como resido en uso bajos y día sí día no tengo que soportar pequeñas cosas que “caen” de arriba empatizo con el sentimiento del vecino que está tan molesto. Si bien el lenguaje es de la clase primario-reactiva, el causante que lo ha producido tiene todo el merecido del bellaco a ser tratado como tal. Los que vivimos en las plantas bajas de edificios compartidos y nos toca soportar la suciedad que tiran los vecinos (niños y adultos) por años empatizo con la reacción que leo. En la expresión escrita del bulto pegado la e de te meto (“te meto por el culo”), parece una a, lo cual la lectura rápida puede entender te mato. Para el caso da lo mismo. Si bien la suciedad no se combate con suciedad porque el resultado significa multiplicarla y molestar a terceros, solo que ese peculiar aviso durara el mínimo tiempo suficiente para que el infractor lo viera sería suficiente para recibir su lección.
Pongámonos por un instante en la piel del anti cívico (me refiero al que se acostumbra a tirar sus colillas a bajo, porque obviamente las tira,. No se le caen). ¡hostia, esto va por mi! –se diría-. De tomar el ascensor con su pareja o su hijo, conocedores de la fechoría de ese fumador desconsiderado, le podrían decir: “eso va por ti”.
El incivismo suele ir correlacionado con la ignorancia. La ignorancia es la resultante tras la suma de la falta de conciencia y la falta de inteligencia. La ventaja del ignorante es que ni siquiera se entera de cuando una crítica va por su conducta. Como se trata de un individuo primario y con escaso tejido neuronal no se le puede culpar. En otros tiempos un agravio de estos podía terminar en duelo al alba a primera o ultima sangre. La civilización parece que nos ha apaciguado. Como residente de una planta baja confieso que cuando uso la mesa del patio para comer sin el toldo extendido (que tomo como una medida de protección) preveo la posibilidad no tan remota de que caiga sobre mi plato o el de algún invitado, una colilla, un moco o incluso un salivazo de algún vecino que anda sobrante de tales elementos. El problema logístico del que está abajo es que no tiene perspectiva del autor de fechorías de tal tipo.
Los de las plantas superiores deben tener alguna clase de sentimiento de culpa porque raramente han venido a pedir por algo que se les ha caído, generalmente ropa tendida o juguetes de niños. Sabemos que los niños en actos de probaturas balísticas lanzan sus cosas pero luego lloran por recuperarlas. Los padres prefieren no bajar a pedirlas y comprárselas de nuevo. A los vecinos se les infiere por pequeños detalles como éstos.
Una sociedad educada es/será la consecuencia de una lucha tenaz contra cada acto intolerable y consiguientemente imperdonable. Lo único que puede perdonar un acto irrespetuoso es que el incívico cambie su conducta. Lo curioso es que cuando uno es pillado in fraganti huye del modo más cobarde. La forma de huída más clásica no es la de correr sino la de negar la responsabilidad de lo sucedido.
En otro bloque de apartamentos una vecina dijo al resto de vecindario que yo había dejado unos sacos de cementos a la intemperie en la terraza y dejó dicho que los sacara. Cuando varios meses después pude coincidir en el rellano le pregunté tras los quetales-muybien ¿por qué dices que yo dejé unos sacos de cemento? –porque tú me lo dijiste, -me respondió muy nerviosa- Tú y yo nunca hemos hablado de cemento además hace años que no coincidíamos. –Entonces te pido disculpas. –Aceptaré tus disculpas si dices a las personas que le dijiste tal cosa que yo no la hice. Me respondió que sí lo haría.
Cuanto más conozco a la gente menos la entiendo. Solo puedo acudir a la hipótesis del delirio y de las dificultades de computación de sus discos duros. El personal alucina e inventa cosas. Admito que no siempre responde a una intencionalidad falsificadora de la realidad. Pueden falsearla sin enterarse. La gente se imagina cosas y las toma por ciertas. Basta un solo individuo que tenga problemas de interpretación para que destruya la armonía en un colectivo humano numeroso del que forme parte. Eso suena a lo de la manzana podrida que acaba cargándose el resto de las manzanas sanas del cesto. Es un hecho observacional incontestable directo en cualquier cocina que se dejen pasar las cosas. Hay una sabiduría empírica para huir del que huele mal o de las condiciones podridas. Lo peor que alguien puede sufrir es ser rechazado por inconvivencial, sucio, maloliente, irritante, desagradable. No entiendo como el buen humor y el placer del trato distendido no se practica más. Los prototipos circulantes que padecen de ansiedad, rabia y rencor permanente además de matarse a sí mismos con úlceras y canceres impactan negativamente sus ambientes.
La mejor alternativa de la vida doméstica a falta de una re-educación -que no se demuestra a la velocidad que nos gustaría- es la de vivir en una casa con paredes, suelo y tejado propios, a falta de una mansión mayor, rodeada de jardines y espacio suficiente que dejen a suficiente distancia el vecino más próximo. Las condiciones para eso se encuentran actualmente en zonas perirubanas o zonas económicamente muy bien situadas. Como la mayoría no hemos tenido la suerte (sí, no deja de ser una suerte) de haber nacido en familias nobles y disponer de terrenos en los que preservar nuestra tranquilidad nos toca compartir techos unitarios y edificios de viviendas. Queda la alternativa de reserva: contar con que el prójimo te tratará a ti al menos como tú lo tratas a él, es decir: no molestándolo ni dándole el menor motivo para que te llame la atención.
Nuestros nuevos vecinos de rellano, otra pareja joven después de otras dos o tres, que por cierto terminaron separándose, han iniciado su vida a unos metros de nosotros con broncas sonoras. En mi bloque con casi unos 85 apartamentos vecinos y concretamente en mi escalera en los años de residencia he podido inferior interesantes datos estadísticos que bien pueden representar lo que pasa en la sociedad entera del país en el que estoy: las parejas de juveniles que ensayan convivencias fracasan al poco tiempo separándose, los inquilinos que viven en régimenes de alquiler dejan las cosas descuidadas, hubo quien estacionaba la moto en la puerta de entrada. Los vecinos mas predecibles en su estabilidad y tranquilidad son los de más edad. Tampoco todos, una vecina de planta llama a menudo a nuestra parte para contarnos lo trágica que es su vida haciéndonos responsables de sus problemas personales. Como que tenemos claro que cada cual sufre a su manera no incorporamos el suyo a nuestros propios galimatías que por otra parte consideramos tener bajo control.
En el crecimiento urbanístico de las ciudades, los organismos implicados en el tema deberían tener un departamento que se ocupara de la psicología ambiental y aplicara criterios de prevención en cuanto a hacinamiento y relacionabilidad humana antes de aprobar, tan a la ligera como se viene haciendo, planos de construcción. Los locos del mañana también van a ser el resultado de las formas agobiantes con que están obligados a vivir hoy en ciudades masificadas, bloques que obligan a tener por vecinos personal no elegido –y a veces no deseado-. Las viejas ciudades británicas como Oxford y en general otras que se mantuvieron sin las masificaciones hasta antes del boom inmobiliario a partir de la década de los 60 del XIX garantizaban una calidad de vida que es impensable ya en la actualidad. La objeción a la arquitectura insana ya había sido objetada prematuramente por Josep maría Segarra que había tratado a los arquitectos de criminales. Estos se supeditan a las pautas de mercado por encima de sus propias estimaciones sobre estética y ambientalidad razonable lo mismo que tanto otros profesionales lo hacen con sus campos. Si bien esto no les disculpa, tampoco los culpa de la demencialidad de usuarios de las formas ubicacionales que les han ofrecido en las que van a pasar la mayor parte de sus vidas sin tener algunos de los mínimos de respeto en cuanto a convivencialidad del todo aprendidos. |
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