NestorEstebenzNogal
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Publicado: Vie Dic 05, 2008 22:39 Asunto: Del confesionario al copulatorio. |
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El confesionario es un objeto del mobiliario de la curia eclesial que no falta en sus templos.Si estos se distinguen como lugares de recogimiento y concierto de oratorios con sus imágenes de adoración y su o sus altares de celebraciones también lo hacen como lugares para los perdones. ¿qué hubiera sido de la iglesia pertrechada de una ideología culpabilizadora si no hubiera articulado una manera para exculpar a sus feligresías?
El tal confesionario acostumbra a ser de madera con un asiento en el interior para que aguarde impertérrito el sacerdote de turno al pecador o pecadora que quiera descargarse de sus culpas, lo cual lo hace arrodillándose en uno de los reclinatorios, dos a los laterales para las mujeres con una reja de madera entre la cara del ejerciente y la de la descargante y uno de solo en la parte central, la cual tiene una cortina que suele de ser de color lila. A veces el mueble tiene una luz interior que permite al ejercitante las lecturas piadosas sobre la vida de tal o cual santo o sobre el último viaje papal por las tierras crédulas. Se trata de un pequeño mueble nunca pintado coronado con alguna cruz y a veces con incrustaciones.
Para tener un autentico conocimiento de su artesanía y laboriosidad habría que sacarlo de los ambientes, generalmente en penumbra, para los que fueron (o siguen siendo, carezco de información sobre ese dato en particular)construidos y llevarlo a una sala de exposiciones suficientemente iluminada. Quizás algún día, algún marchante con el ojo clínico del beneficio pueda exhibirlos en alguna galería europea de proporciones gigantescas (llegado el evento,propongo una de las salas de antiguos astilleros)para usufructo de la gente de sensibilidad estética o arqueológica. En tal exposición o en otra, si cupiera, podría proponerse a un grupo artístico atrevido, como los de rasga y rompe al estilo de la Fura dels baus en sus mejores momentos de acabar con los iconos de la sociedad de la mentira y proponer,en la misma sala u otra equivalente, un alquiler por ratos para hacer de los confesionarios copularios o copulatorios. La propuesta puede ser objetada técnicamente. ¿Cómo, preguntarían los más sibaritas, van a ponerse dos personas en el lugar que sólo cabe una y con estrecheces, dentro de un madero lleno de desajustes?. A lo cual se defendería con el hecho de que la madera tiene derecho a sacar todos los pecados oídos por decenas y decenas de años de cumplir ese cometido. Cuando hay ganas la dicha se desparrama a raudales si la verga enhiesta está en su sitio y las nalgas acomodaticias danzan como toca. Tal vez los gritos ofendidos de la gente de misas convenientemente soliviantada por los egos y popes de la moral pública , no podría admitir tal reutilización aunque vivamos en el tiempo propagandista de las tres erres y del reciclaje continuo de materiales. dejemos eso a un lado por un instante y centrémonos en los aspectos más técnicos.
Un confesionario ha sido históricamente un objeto muy útil. Ha sido la autentica ventana de una organización mundial, poderosa y fanática con la que ha mirado,o espiado, a la sociedad y a sus pobres gentes.Lugar de motivo de sus oraciones y también parte del mercado al que venderle sus credos. Imaginaros un papado, desde 20 siglos antes de internet recibiendo continuamente las informaciones de lo que apenaba a la gente a través de confesar sus más íntimos secretos a un ejército de confesadores, que engañados por su propia organización y convencidos de sus ministerios, han ido traspasando durante siglos la verdad de las miserias humanas. Esa tropa de ejercitantes seguramente ha creído en que realmente podían absolver algo y a alguien.
Un confesionario ha sido un instrumento propio de sus tiempos de lo equivalente a lo que ahora sería la cámara oculta exhibiendo para el mundo tus intimidades. A la vez ha sido el objeto misterioso y mágico donde bastaba confesar los pecados para que fueran liquidados generalmente con penitencias mínimas. Recuerdo que de niño ya sospechaba de su función comercial. ¿cómo, unos pecados serios, no simples veniales,podían ser resueltos, con un insonoro “ego te absolvo “ y algunos padrenuestros y avemarías orados a toda pastilla en el reclinatorio de al lado frente a una estatua? Imagino que todo niño de entonces podía pasar por esa intuición, pero puesto que poner en duda los dictados de la madre iglesia y los de nuestros profesores que se hacían secuaces de ella, era ya motivo de pecado, el propio mecanismo cerebral censuraba el menor vestigio de raciocinio. Pasaban los años haciendo pecados y teníamos siempre el confesionario a mano donde decirlos como lugar donde chocaban nuestras inercias y conseguíamos nuestros perdones, no sin recibir el aliento desagradable de un cura en todas tus fauces y el roce con la melena de sus narices por no citar otros rozamientos que te ponían en alerta . ¿Pero qué era el peaje de un casi salivazo de cura si con ello volvíamos a ganar el derecho a la vida eterna? El confesionario era una especie de lugar donde podías salvarte, lo mismo que en los juegos donde hay una casilla en que no te pueden hacer daño y dices “¡salvado!” Luego atando cabos te enteras de las terribles realidades que una iglesia especializada primero en culpar al género humano y después a salvarlo, a todos menos a los excomulgados, respondía a la construcción de un terrible estado que como todos necesitaba súbditos temerosos de un parámetro superior para tener esclavos gratis.Pero a diferencia de otros estados este era aun más terrible por tener a una deidad todopoderosa como su materia de administración. En ese contexto tener un instrumento como el confesionario para saber la verdad más íntima y los conflictos entre las personas era una verdadera arma informativa. ¿quien no daría su legado para saber lo qué ha llegado a oir un confesionario? Confesionario: fuente de todas las informaciones. Los curas escuchaban en secreto de confesión lo que fuera y supuestamente no podían comunicar a la gente implicada lo que habían oído de ella,pero si llegaron a meter bajo sus faldones a otros para que pudieran escuchar las confidencias confesionales de los confesados. He ahí que tenemos un precedente de un habitáculo compartido al menos por dos.¿Tal vez los carpinteros sospechaban desde siglos atrás el reciclaje de los confesionarios para otros usos más dignos que únicamente los de informar de pecados? La propuesta de convertirlos en copulatorios no debe de ser tan reciente. La cópula siempre ha buscado un lugar de regocijo, alejada de la miradas, arrinconándose para sentirse segura. La cópula callejera apenas se practica. apenas está documentada. Hay que acudir a las alcobas y a los coches, y excepcionalmente a los lavabos, a las últimas filas de las plateas de cines oscuros de barrios pobres, a las arenas de las playas o a los matorrales de los parques para dar con su atributo de públicos. Pero incluso en tales lugares de prácticas se suele acudir a falta de tener espacios privados donde permitir su libre desarrollo.
antes su praxis en todos esos sitios menos el dormitorio parecía obedecer a una época en que no se tenía apartamento propio y no estaba permitida la visita de amantes al hogar paterno, sede de los valores intocables. Ahora compartir el espacio público cono lugar de actividades sexuales resulta indispensable en momentos en que la libido no tiene espera y los recursos del mobiliario urbano son múltiples.El confesionario forma parte de esos recursos continuos. Da el sosiego de un templo semioscuro y si se toman las medidas oportunas se puede practicar el amor con sigilo y excitación extra. Correr el riesgo de ser descubiertos in fraganti en plena producción de pecado de deseo, en el lugar de su exculpación es un aumentativo de excitación y la garantía de un orgasmo inolvidable. Para eruditos de la finura última pueden acudir a catedrales y templos de los itinerarios turísticos de la vieja Europa y poner a prueba los milagros de más éxito como el de Genaro ubicando una chingata pasional a mediados de un setiembre, pero para iniciados bastará encontrar un confesionario libre,eso sí en horario fuera de uso, para el ejercicio amoroso. Postura, que ya ha sido dicha, él sentado con adminículo en ristre y ella o el otro sentada/o encima de él dedicándose a un movimiento productivo. Nadie nos asegura que eso ya haya sido practicado por los ejercitantes de vocación mientras perdonaban pecados a sus feligresas al otro lado de las rejillas. Cabe suponer que por los confesionarios de época no sólo pasaron pecadores sino pecados de los gordos y en acción. ¿Cabría algo más perverso que un exculpador follando en el ejercicio de su sagrada misión mientras encomendara a la inocencia a uno de sus inocentes parroquianos? Dejaremos esa indagación para investigaciones no subvencionadas de las épocas mas oscurantistas de la religión europea. De haber sucedido no habría creado escuela. Si Clemente III en 1738 condenó la masonería no habría extrañado que condenara también a sus sacerdotes de buen ver y con las carnes imposibles de contener a la amputación del pene irredento frente a la casta sacerdotal para escarmiento de todos y frente al pueblo temeroso para que no buscara en esta consuelo corpóreo junto al espiritual.
Sólo los que se han creído que son depositarios de culpa se han convertido en reos de esos otros que han sabido manejar el miedo como expertos diabólicos.Para los que desacreditamos prematuramente el punto de partida de las creencias impuestas a partir de lo que supimos de la iglesia de los contubernios con monstruos como Pío XII entonces y con Wojtila después, que a pesar de no ser del agrado de todo el mundo siguió siendo el reverenciado por los grandes poderes sin hacer presiones reales contra los intereses occidentales ;para “los renglones torcidos de dios” que dejamos de creer en otro infierno que no fuera el del mismo planeta o en otro cielo que no fuera el goce contante que pudiéramos reunir en nuestras cuitas pasionales, admitir ser tildados de pecadores por una de las industrias ideológicas mas formidables del crimen organizado era ofensivo e indignante. Todavía ahora con dos milenios colmados de dominio en el campo de las ideas espirituales la tal iglesia que nos atemorizó de niños y nos sigue importunando con sus opiniones no ha corregido su visión exhibiendo sus autocríticas sinceras . La tal iglesia ni siquiera ha defendido a algunos de sus miembros cuando eso la ponía en entredicho frente a otro amo que le convenía .
Desde entonces la iglesia en general como organización y los templos,iglesias, ermitas, camposantos como sus producciones no son mas que infraestructuras de uso y suministros para los viajeros que necesitan lugares de besos y un cierto reposo a sus descansos. Es así que sin arrobo alguno y con todas las críticas recordadas y afiladas aún más después de beatificaciones de gentes puñeteras tramposos y saboteadores de caminos se puede acudir a las iglesias para sestear en caso de pies dolidos en la condición de peregrinos santiagueros o para coger fajas rojas o telas de altares que usar como sábanas o meterse en el confesionario para coitos emergentes.
No se trata de una estrategia oriental de terrorismo ideológico para acabar con el infiel, simplemente es un uso barato y a voz de pronto a falta de hotel próximo, bosque con hadas o la propia casa. Que nadie sospeche de que este artículo esté pagado por el Islam que ya es hora de desmixtificar en su supuesto fundamentalismo mayor .En todo caso introduciría una novedad para que los apólogos de tópicos tuvieran nueva materia de refresco y así levantar a furias neonazis contra la gente de los turbantes. No queremos nada de eso. Confesamos,eso sí, ser los que somos con ganas de amores desnudos de toda religión o secta y sin ninguna otra oración que la de libar nuestros adentros y. ahora, continuarlos en esa reliquia decorativa de la que venimos tratando:el confesionario es el lugar ideal para ir a copular. No solo es la asignatura pendiente de todos los excatólicos para resarcir nuestra muchas penalidades haciendo cola en algunos de ellos sino que también es el artefacto idóneo para pecar a conciencia, si a hacer el amor se le puede llamar pecado. Evidentemente las feligresías de las misas de las 8 de la tarde o incluso los comensales de las ceremonias matrimoniales que solo pisan las iglesias para tales eventos pueden sentirse heridos por tal acto al que tildarán de atrocidad. Cabe recomendar cautela y alevosía y hacer durar una cópula lo que dura un servicio religioso para los más atrevidos o hacerlo cuando no hay servicio. Hay el problema de los chirridos antes mencionado.La madera tiene derecho a que se exprese. ¡Dejad que los pernos viejos y la madera a la que se sentaron tantos culos de sotanas protesten de una vez! Hay un riesgo, algunos calvinistas intrusos pueden optar por restablecer el santo oficio in situ y una hoguera improvisado con los bancos de madera del recinto para pasar a la quema de los infractores con juicio sumarísimo. Todo puede ser. ¿pero tal perspectiva no tiene su encanto para la excitación extra? Desde el Moisés de las tablas de piedra al ahora de los hermanos y hermanas de nuestros propios códigos inspirados en el psicoanalisis del deseo y del placer la fe ha dejado de ser un decreto y el más allá un imperativo de creencia, nos basta la verdad de nuestros dividendos teóricos y la contabilidad de los orgasmos como indicador de realización pagana. Sabemos que las religiones no decrecen, antes al contrario, e incluso desde el ateísmo se han generado otras multitudes crédulas. La ideología de la fe persiste más allá de la espiritualidad y sus organizaciones gestoras . Es totalmente imposible vivir en paz con la naturaleza humana y la planetaria metidos dentro de los cajones de alguna fe.
Por fin tenemos la oportunidad de reciclar los templos, de los cuales no faltan en ninguna parte, dejándonos adormecer por su suntuosidad, su relax y calma y meternos en sus copulatorios sin temor a que los sémenes bañen sus maderas bautizándolos con esa nueva función amatoria. Si las iglesias ya sirven como lugares para tomar el fresco en las horas de más calor, lugares de tertulia y lectura, meditaciones budistas y otras, ¿porqué no extender su recursividad a orgasmario nacional , eso sí con todo el respeto debido en cuanto a silencio a quienes todavía van a encender velas y rezar a vírgenes?
Concédase mi inocencia mientras no se demuestre lo contrario.Este texto no es una apología a la sedición antirreligiosa ni a la rebeldía ante el triunvirato del cristianismo, tampoco es motivo para que se expida un billete de ida y no regreso hasta el Averno. Es únicamente un rescate de un aparejo tan malévolo en el que tantas veces nos arrodillábamos creyendo que cometíamos un error al poner en duda a dioses y autoridades o al tocarles los genitales para gozar. ¿que mejor que ese mismo potro de tortura mental para destraumarnos definitivamente de aquellos tiempos oscuros jugando ahora a mayores elevándonos a los séptimos cielos como plumas orgásmicas? _________________ La necesidad práctica de un mundo mejor sigue pasando por la lucha teórica de los conceptos que lo vertebren. |
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