GRABADO EN LA MEMORIA--CARABANCHEL - fin y repasado

GRABADO EN LA MEMORIA--CARABANCHEL - fin y repasado

Notapor pablogarcia » 27 Dic 2007, 18:27

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http://www.bubok.es/ GRABADA EN LA MEMORIA--Pablo Garcia Cabrero





GRABADA EN LA MEMORIA



PROLOGO

Al hacer un examen retrospectivo de la derrota de la España republicana y un análisis de los propios vencidos. Nos revelaría sin la menor duda la crisis más dramática vivida en los últimos tiempos. Perpetúa contradicción entre unos y otros, denunciada por la mayoría de los intelectuales en los días de la contienda española y que jamás fue más viva que en aquellas circunstancias. Nadie negara la voluntad de resistencia y victoria de quienes sostuvieron la República. Una República que para mí fue muy avanzada para su época y mejor que la actual Constitución.
No se puede ocultar que la conciencia critica pasa actualmente por un mal momento y sobre todo de la critica político social. Que hoy suena a algo tan anticuado como las canciones protestas; de otros tiempos. Pero hay que reconocer que según Preston, los crímenes políticos de Franco fueron “muy superiores” a los del nazismo. El historiador británico Paul Preston distingue entre dos tipos de crímenes: – «raciales y políticos». En los primeros encaja Hitler, que arraso con judíos, gitanos y eslavos, mientras que el instinto vengativo de franco se concentro en exterminar al adversario político. Visto así, “los crímenes políticos que cometió Franco fueron muy superiores a los cometidos por Hitler”.
No obstante pese a todo esto; “nuestros políticos” recientemente han puesto el grito en el cielo, ante la idea de preparar un homenaje a las víctimas del franquismo. Como también la Dirección General de Instituciones Penitenciarias denegar la cesión de documentos para una exposición sobre las cárceles de Franco; no dejan de ser instantáneas de un mismo rostro: – las de alguien que esconde su pasado sin percatarse que negar la realidad de la historia, es justamente un signo de miedo a resucitar lo acaecido. Miedo a un genocidio en toda regla perpetrado al amparo del terror, dictado por el odio, y llevado a cabo con una demencia animal y fanática contra personas indefensas.
La macabra exactitud de estos datos la encontramos en la pagina 23 del minucioso y cuidado estudio con el que Francisco Caudet, catedrático de Literatura en la Universidad Autónoma de Madrid, introduce ese bello testimonio de la resistencia interior al franquismo que es en - El fin de la esperanza. ¡192.684 muertos en sólo cinco años, después de acabar la guerra!: –«Un genocidio en toda regla».
El desconocimiento de la verdad histórica no sólo es una tremenda injusticia, sino también la substancia transformadora de males mayores. La guerra civil Española, por ser la más escrita, permite la ocasión de no ocultar la causa de su violencia. Debemos ser conscientes de nuestro triste pasado y contribuir todos y de una vez para siempre la consolidación de una verdadera reconciliación nacional que haga de España, un país de futuro. Pero la reconciliación nacional, no debe servir como justificante y aunque sea doloroso el recordar de nuevo las diferentes etapas del franquismo: –«Hay que abrir las ventanas y hablar». Hablar, si hablar de la gran diferencia entre las familias de los vencedores y los vencidos. Y a pesar de que el recuento de los muertos en España es complicado, no debemos olvidar también a los cientos de miles de encarcelados, más los cientos de miles de exiliados y los miles de deportados a campos de concentración suman un holocausto. Por eso como bien digo: –«El silencio pone entre paréntesis la inocencia de las víctimas y les niega la posibilidad de reivindicar su dignidad. La de ellas y la de quien siguen pensando como ellas y la de sus descendientes»
Es verdad que desde la economía, se nos dice que con las desigualdades estimulamos la ambición económica y el sistema justifica nuestras instituciones políticas en materias económicas y sociales por estas razones. Roberto Gargorella y Felix Ovejero. Ambos profesores de Etica y Economía de la Universidad de Barcelona. Escriben, que cuanto más sabemos del comportamiento humano, más injustificadas parecen nuestras formas de desarrollo político y económico. Según ellos, los seres humanos somos sujetos calculadores que sólo nos movemos por los premios y castigos.
Es inquietante, que los activistas, comentaristas y políticos profesionales. Así como también, en su mayoría los liberales o antiglobalizacion, acepten la teoría de las desigualdades… «Como modelo de crecimiento económico». Por eso no podemos seguir ocultando que la conciencia critica pasa actualmente por un mal momento y sobre todo de la critica social. Que suena a algo tan anticuado como las canciones protestas; de otros tiempos
Es verdad como bien dice también José María Guelbenzu: –«El compromiso no es lo que era» a propósito de la función incierta de los intelectuales y su de declinar en sus criticas sociales. Al parecer, la creciente sociedad de consumo en el mundo occidental y las ideas sobre el comportamiento humano sirven de justificante al modo de organizar nuestra actual sociedad. Tanto optimismo vale su peso en oro y nos hace entrar en el siglo XXI de nuevo en la belle época. –¿Para qué inquietarse?
Hay que volver a repetir, que en verdad son malos tiempos para la critica y sobre todo, ante la situación política y económica que vivimos. Mismo las manifestaciones masivas, resultan inútiles y no existe ninguna técnica subversiva que pueda ocupar hoy el lugar de la clásica lucha popular. Hoy los medios de difusión, controlados por el sistema, anula toda critica reivindicativa y, en el fondo salir de los perjuicios de la actual “democracia” es sumamente difícil. Dado que los propios intelectuales han contribuido decisivamente a que disminuya el ejercicio de la critica razonable. Como se aprecia, para toda forma de negatividad teórica o practica, en la transgresión revolucionaria. De tal manera que se acabo el denunciar, protestar o tomar alternativas: – por el motivo “contextual indicado”.
Mi sueño seria que la buena gente, los fingidos ingenuos, los grandes listos que se creen más astutos de lo que son, dejaran de soñar en un mundo cada vez más deshumanizado. Que se limpien los ojos y vean que las democracias actuales. Se han convertido, “en la simple dictadura de la ley”.
La izquierda Española ha sufrido varias derrotas, y esto hizo que aprovechando el modernismo los jóvenes estudiantes de “Izquierdas” salidos de las universidades Politécnicas llegaran al gobierno y estuvieran casi quince años. Aquellos jóvenes de “izquierda” llevaron a la corrupción a su máxima expresión y en menos de treinta años perdieron sus ideales y se hicieron ricos y poderosos. Corrupción que empieza en el gobierno distribuyendo el dinero entre sus amigos y luego escalón por escalón alcanza a todo el partido.
Las actitudes que se mantienen en el presente, son la causa del menosprecio del pasado. España siempre fue hasta nuestros días una tierra donde fines y medios mantuvieron una relación contradictoria. Al traducirse en una decadencia tradicional nuestra sufrida democracia al ocaso. La verdad es que nunca fuimos gente patriotera sino más bien envidiosa e hipócrita. Basta recordar como fue en realidad en los años que median entre la guerra hispanoamericana y el conflicto guerra civil.
Pero todavía cabe un entusiasmo triste, pero consuelo al fin y al cabo: El consuelo de que en su día, se haga justicia a todas las víctimas de este fascismo cruel que tiene aun rostro familias y apellidos. No olvidemos que todavía hay muchas familias que lloran, al descubrirse nuevos fosas comunes. Como también nos recuerdan a muchos, las numerosas tumbas de los fusilados en las tapias de los campos santos. Porque estoy seguro que todos añoran y están convencidos de que los suyos fuero víctimas inocentes y que sus verdugos fueron, injustos, crueles, cobardes: en definitiva una muerte infame, para sus seres más allegados. El silencio es la cruel tortura de la memoria, al herir los recuerdos en carne viva. El silencio es mentalmente insano; porque ahoga la expresión emocional, escondiendo el dolor, sin el camino a su redención.



CAPÌTULO I


No son pocos los recuerdos, que remueven la lectura de mi memoria y a mis sesenta es tal la pureza de la imagen que al recordar su carga de terror no dude un instante en escribir esta inhumana desventura. Dado que el silencio es intrínsecamente injusto; al ponerse en duda, la inocencia de las víctimas y ante tal represión. –«Mi deber moral, me devuelve la palabra».
Mi objetivo, no es otro que reivindicar la deuda que el Estado aún tiene con todos nosotros tanto en el plano moral, como en el político. Pero les aseguro, que hace más de 34 años que guardo el borrador de este obligado homenaje a las familias de los encerrados en las cárceles franquistas. Que sufrieron tanto o más que los presos la humillación del fascismo. Como también, me sigue doliendo la memoria, al recordar la cantidad de seres, que han sucumbido a las garras de un fanatismo, y que curiosamente se ha alimento de la misericordia de sus propias víctimas y, por eso pense: –«qué si la esperanza es la base del pensamiento positivo, al recordar el sufrimiento se cuando se descubre el placer de la esperanza»
–¿Saben?
–Yo fui un “revolucionario” –De los que lloraba cantando la internacional.
–¿A que hoy suena raro?
Es curioso como llegaron a transformar nuestra imaginación, un insignificante numero de filósofos. Al llegar hacernos creer, que los llamados “proletarios”. Un día seriamos capaces de transformar la tierra en un mundo de igualdad y les aseguro: – “que no he dicho a nadie que estado a punto de llorar”.
El hombre edifica sus errores a partir del fracaso y, la visión de la dignidad que sale de él es lo que hace llorar. – «Porque les aseguro que va ser muy difícil arreglar esto y todo porque ellos pase lo que pase siempre saben que pensar». Les basta con sacar la correspondiente idea del catalogo y al final no les queda otra razón que la verdad del pollo. Que es simplemente la manera que tiene el huevo de hacer otro huevo. Y yo creo que no aprendí a ver la realidad que existe desde el lugar del pollo.
Los grandes patriarcas, como Abraham nos contaron teorías disparatadas. Entre otras cosas decían que un ser superior, pero semejante a nosotros en sólo seis días creó el infinito universo e inclusive la vida en la tierra y aun tubo tiempo el séptimo día descansar. –¿Cómo se puede creer hoy, en una mentira semejante?… Ellos, fuero los primeros en comprender, que nosotros no tenemos ninguna idea nata. Sino que adquirimos todas, bien en virtud de la experiencia bien por el raciocinio de una o de otras actitudes: –Cómo es la razón del país de origen, que nos marca el determinante de nuestros sentimientos espirituales.
Sus trabajos fueron para ellos, y mismos si niegan lo contrario; tan espiritual como científico. Fueron los primeros que lucharon y comprendieron, los grandes problemas que afronta la humanidad. Como fueron las cuestiones de armonía social y unidad humana. Para ello inventaron las herramientas del pensamiento: –«la racionalidad, la disciplina que es el análisis de un preludió necesario a la verdadera objetividad y la solución verdadera».
En tiempos pro-cristianos la comunicación era primitiva y el transporte tan limitado que sólo unos pocos aventureros y visionarios podían concebir un mundo más allá del horizonte.
Más tarde y a partir de la revolución Francesa, los enciclopedistas, con ideas humanistas. Dieron riendas sueltas a la transformación del pensamiento Universal. Ellos desafiaron la idea común de que los hombres eran indefensos, gobernados por los caprichos de sus reyes y dioses. Ellos creyeron en una responsabilidad y creatividad individual que podría tomar el control del mundo y crear una humanidad que reflejara el bien, la igualdad, verdad y la belleza.
Ante todo debemos reconocer que el Siglo XX vivió en un constante romancero de guerra y una llamada a la continua resistencia al fascismo. Pues el hombre sufre, porque siendo libre por naturaleza no pueda realizar su libertad. De hecho, es el hombre el único animal capaz de morir alegre y esperanzado, cuando escoge su muerte para que vivan sus semejantes. Por eso la crónica del Siglo XX, fue la poesía anticipada de la novela y en definitiva el propulsor de su literatura social y creadora. Cuantos y cuantos, demócratas y antifascistas, dieron sus mejores años y su capacidad intelectual por la libertad.
La época que trata este libro ayuda a comprender el pasado y la actualidad que se está viviendo. Y tal vez nos pueda servir de ejemplo, con el fin de evitar nuevos errores. Y todo por que creo que subsiste un interrogante y, en el fondo, una culpa colectiva… –Ni unos fueron capaces de evolucionar ni otros tuvieron la suficiente fuerza como para liberarse de un régimen inaceptable. Por eso sigo pensando que recordar el pasado debe convertirse en un deber moral, sí: –pero que baya siempre lejos de la venganza y de los resentimientos inútiles.
No obstante estos términos de tolerancia, no deben convertirse nunca en una razón por la que ciertos individuos mal intencionados aprovechen las libertades actuales, con el fin de construir mañana un eminente fascismo camuflado… Sobre todo, no bajemos nunca la guardia en la defensa de nuestra sociedad democrática que tanta sangre y dolor a causado. Este debe ser nuestro principal objetivo, si no queremos de nuevo que los problemas sean cadáveres más graves. De no hacerlo así, el riesgo de que toda esa energía y voluntad de cambio en dirección a que “otro mundo es posible” se perderá o será presa de un extremo radicalismo.
Es fácil minimizar desde el poder y justificarse, ante ellos y los demás. La realidad es que ellos, no les interesa devolvernos la memoria y, con ella, una parte de la dignidad que no dudaron en arrebatarnos los sicarios del fascismo; hoy disfrazados en “demócratas”
No debemos olvidar, que España es un país especial, que durante siglos, el caciquismo, la iglesia y él ejercito han mantenido secuestrada la democracia. Seamos conscientes y mantengámonos en guardia… El regreso de la intolerancia, el miedo y la xenofobia, se hará insoportable. Y si nos abandonamos. «Luego será demasiado tarde».


CAPÌTULO II
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Notapor pablogarcia » 01 Ene 2008, 16:14

SE SIGUE Y GRACIAS


CAPITULO II

A veces, cuando despierto con el ahogo tengo la sensación de que todavía estoy allí. Entre esas cuatro paredes, de los oscuros calabozos de la Dirección General de Seguridad, situados en la Puerta del Sol de Madrid y pese al largo tiempo pasado. Aun me retumban en los oídos, los sollozos y gemidos de los detenidos. Éstos, se hacían insoportables; al duplicar su resonancia en las estrechas y siniestras galerías repletas de calabozos. Era horrible y parecían no terminar nunca los estremecedores lamentos de dolor.
Tal vez no me creerán, pero es verdad si les digo que en aquellos momentos la tristeza y la incertidumbre invadieron todo mi cuerpo. A la vez que un amargor subía hacia mi garganta, dejándome una acidez insoportable en el paladar. Después respire como pude mi aire, ese aire que en se momento pensaba que tal vez mañana me será difícil respirar
Al acercarme a la puerta de mi celda y convencido que en cualquier momento, ella se abriría para dar paso a los dos policías que me llevarían esposado a mi interrogatorio. Observe que el calabozo donde me encontraba era uno de los más próximos a la cancela principal y eso me permitía ver llegar a los nuevos detenidos, así como a los que suben o bajan de los interrogatorios. Por eso bien recuerdo que poco después, al acercarme a la puerta, con facilidad podía escuchar los comentarios lastimosos que hicieron los grises (nombre que popularmente, se les conocía a la policía nacional) que guardaban la cancela principal; al descubrir las huella en su rostro del detenido que había dejado la tortura. El detenido pese a su baja estatura, llevaba arrastrando los pies y a pesar de su rostro ensangrentado no me fue difícil descubrir que él interrogado no era otro que Lara.
Lara era el nombre que este camarada usaba en la lucha clandestina. Dicho camarada que hacia parte del comité de Madrid del P.C.E. yo le conocía, porque se reunía periódicamente con el comité de los Carabancheles del que yo hacia parte.
Poco después, en la ronda solitaria que efectuaba uno de los policías, al observar mi rostro crispado por las circunstancias; se acerco a mi puerta y me dirigió la palabra concierto respeto. Yo me asuste, pero luego me sorprendió, al animarme y sobre todo pedirme que no hablara en los interrogatorios. Advirtiéndome sobretodo, que no firmara las cargas de acusación, ya que en ello se basaría la condena del tribunal. Es curioso, pero esto para nosotros y en ese preciso momento, era una prueba que el régimen estaba cada vez más sólo. Este policía era un hombre más bien alto, serio y de ojos tiernos. Lo que me hizo pensar que estos funcionarios en su mayoría jóvenes, al no conocer la guerra y encontrarse en una situación económica insoportable; no todos apoyaban el régimen. Después, por él supe que esa noche yo no seria interrogado, lo que medio un cierto respiro.
Los pasillos eran tan estrechos que mismo en la penumbra, permitía ver las caras de algunos detenidos y cual fue mi sorpresa al ver entre ellos el rostro de Julián Ariza, Marcelino Camacho, Goicochea y otros dirigentes de CC.OO. Esto me tranquilizo, al pensar que meses antes, fui elegido en una asamblea como responsable a cierto nivel de las CC.OOO. Y al instante pense que el motivo de las detenciones, era por que se aproximaba el 1 de mayo. Normalmente, estas detenciones eran preventivas y con el solo fin de desbaratar las multitudinarias manifestaciones que cada vez con más éxito se desarrollaban en la capital y en el resto del país. Esta deducción me tranquilizo por el momento, al creer que los interrogatorios, ni la condena seria la misma que los detenidos por pertenecer a partidos políticos.
Fue una noche muy larga y la pase escuchando acurrucado detrás de la puerta. Si, les confieso que por lo menos a mí, me corrían escalofríos y pienso que a los demás detenidos les sucederá lo mismo. Estoy seguro que si hubiese un agujeró en los tabiques, vería a los demás detenidos tumbados boca arriba y con la vista perdida en el techo.
Después, ya no estaba dormido. Pero no levante la cabeza de mis brazos cruzados sobre mis rodillas al oír de pronto las voces que retumbaban por todo el sótano del edificio.
–¡Compañeros, no hablen en los interrogatorios! – ¡Estos maricones, no conocen gran cosa! – ¿Creo, que se sirvieron de un confidente?
Quien gritaba era un detenido que había permanecido callado al fondo del pasillo y que hasta ahora había estado silencioso y retraído en su cavilar.
–¡Ya os dais cuenta, que no conocen nada!.
Los policías quedaron un instante sorprendidos y callados, y sin saber que hacer se miraban como si ellos no fueran responsables de la seguridad de la galería, pero no tardaron en reaccionar y al poco tiempo, también ellos comenzaron a gritar…
–¿Calla estúpido, no sabes que los de arriba siguen sanguinarios y hambrientos?.
De nuevo y cuando el silencio parecía haberle dejado mudo, volvió a resonar su voz…pero esta vez sonaba más cansada a lo largo de la se-mioscura galería: –miren mis manos y las rodillas sangrientas.
–No puedo más, ayúdenme, les imploro que me ayuden, les prometo que no les voy a delatar.
–No podemos creerte, calla maricòn, rojo de migrad, eres como todos una basura.
–Éste jilipollas, no conoce bien la casa. –Pero sino se calla, le buscaremos una pieza, en alguna parte que nadie sepa que existe… Y así fue, los grises, por su insistencia; terminaron por esposarlo y conducirlo a otra dependencia.
Por su voz no le había reconocido, pero al pasar frente a mi celda acompañando por los dos guardias; descubrí quien era el infortunado. –No, no era un sueño, ni una alucinación: era realidad. Porque al quitarme las manos de la cara y pese a su rostro hinchado identifique a Rufino. –Mi estimable compañero y a la vez responsable del comité del PCE de los Carabancheles.
Al ver la situación que se encontraba y aunque no sientas el dolor físico de los demás. Reconozco que en ese momento la rabia me vino como dolor personal. –Si, si se puede sentir con rabia el sufrimiento ajeno y mismo si ese sufrimiento no es tu dolor físico personal. Lo que más desearais en ese momento es gritar. Eso es gritar, un puro grito y es entonces cuando si haces de tu propio dolor la posibilidad de sentir el dolor de los demás.
Después el silencio volvió de nuevo y sólo el ruido que hizo la puerta al abrirse rompió mi sufrida rabia. Era el policía de turno que con un montón de mantas iba entregando a cada detenido. En ese momento yo seguí en mi abstracción, y eso hizo que sin moverme oyera de nuevo cerrar la puerta con fuerza. El guardián como bien digo después con la llave cerró la cancela: Clic, clic, clic, de nuevo con habitable movimiento revolvió el manojo de llaves, sólo para recordarme lo que yo ya me imaginaba…
Más tarde, los grises, a pares o en grupos, van abandonando los corredores como si se fueran; no a dormir, sino a perderse en la oscuridad y al poco tiempo las voces y las bombillas a medida que van pasando los minutos se van extinguiéndose; pero no esos minutos y horas que nunca terminan.




CAPÌTULO III


Es en esas horas inciertas de soledad, es cuando surgen los dolorosos recuerdos, llegando en mi caso siempre al final a una total frustración. –Recuerdo que mi pasado se desdoblaba, perdiendo en ocasiones su significado o, se reducían a simples apariencias absurdas e incomprensibles…. –Ya que de golpe no apreciaba a ver con clarividencia glacial toda mi vida y, a mí mismo por todos los lados y a la vez. –No creáis que fue fácil en tales circunstancias expulsar de mí animo esa situación de tristeza. Pero como bien digo, la primera noche de mi detención, se hizo eterna.
–¿Qué podía yo hacer? – Y reconozco: ¡Qué yo no era inocente para ellos!. Al hacer por lo menos, diez años que de una forma o de otra, simpatizaba con los llamados “rojos” y todo pese a mis orígenes familiares.
Para dejar de pensar en la pesadumbre desesperante de mi familia. Cerré mis ojos y detrás de mis párpados se proyectó la certeza de mi situación…Pero en el momento mismo, en el que aceptaba ese destino mío, experimentaba un dolor penetrante y agudo. Al descubrir de golpe y ante mis ojos una inmediata claridad… Algo como sí en el camino emprendido en mi vida, por lo general tan justo como peligroso. Me revelara en un solo instante todo lo que estaba perdiendo a cambio, de un sueño. Un sueño, que si bien era hermoso, el tiempo haría de ellos una simple utopía.
No tardaron los ojos en humedecerse y, cubriéndome el rostro con el brazo, no pude por menos que suspirar… Pero comprendí que no me lamentaba con extrema resignación, si no indignado por tanta “injusticia humana y divina”.
¿Quién sabe el tiempo que me tendrán torturado?… Cesé de lamentarme casi inmediatamente. Después, quite él brazo de mi cara y con cierta valentía: abrí los ojos en la oscuridad y observe que nada se había movido en el recuadro de la celda. – ¡Nadie me avisto!…Y de golpe, me sentí mucho más fuerte y una nueva resolución recorrió mi mente. Aunque esta vez con una fuerza más triste. –¡Esta claro! – Eso es lo que van hacer contigo. –Lo que están haciendo con los otros… – ¿Quién sabe cuánto tiempo me tendrán encerrado en este dilema? – Y de nuevo la incertidumbre…
En la celda y pese a ser primavera; hacia frío y uno se estremece al adivinar él frió de invierno en estos siniestros calabozos. La verdad de esa noche, es que no recuerdo bien cuál de mis pensamientos; se repetía con más fuerza en el cerebro. Pero para empezar diré: –que sucedió una vez y, hace mucho tiempo, muchos años; pero no obstante los recuerdo perfectamente por su dureza. Fue una época, que hasta los no creyentes se dirigían al mismo Cristo en busca de alguna explicación por tanta desgracia. –Pero “El Cristo” no escuchó sus voces y saben porque: – Porque simplemente las voces de los pobres no se oyen. ─Da pena pensar en las pocas cosas que la vida regala, ya que las cosas no son como a primera vista parecen y cuando empezamos a trabajar la memoria. Es cuando nos damos cuenta que a las desgracias no se acostumbra nadie.
 Mentiría si no les dijera que no me dan escalofríos el recordar mi pasado. –Al reconocer que pese a las desgracias, en él: no sólo hubo penas, tristezas, desazones... sino también alegrías, placeres y esperanzas...
 Seamos sinceros y, reconozcamos que las cosas no desaparecen, sólo se esconden o se recuerdan, se buscan o se olvidan; o al caer en malas manos, se oculta una de las mitades y solo se enseña la otra.
– Mentiría también si les dijera que no pude pegar el ojo y en esas largas horas como es difícil compaginar el presente, sin recordar el ayer me dedique a recordar el pasado y especialmente en ese tiempo en que los chiquillos están siempre con ganas de jugar e inocentes de todo. Una época tan bonita, que nos hace olvidar cuando lo hemos pasado peor… Por eso las personas siempre vuelven inconscientes a la niñez, a un que se conviertan en recuerdos vagos y confusos.
Según Marcel Proust, toda persona por poco inteligente y culta; se ve obligada a afirmar: – Que querría ser de nuevo niño. ¡Quién no recuerda su mascota como su juguete preferido!. No obstante creo que fue Rousseau, él que inicio la moda de situar en la niñez todas las oportunidades y los sueños perdidos del pasado; convirtiéndolos en ese reino mágico e imposible al que jamás nadie puede regresar, donde todos los habitantes son felices como los pájaros en primavera.
En realidad, solo son personajes que antes de desvanecerse dejan su breve sello en la memoria y, es verdad ya que en ellos aparecen animales, plantas, seres vivos y conocidos, imaginados y que pueden ser vivos o muertos. Algunos de estos personajes pueden regresar, después, trasformados para hilvanar una historia. Y en esta historia es, cuando se descubre, el verdadero e incomodo cambio de la infancia. Que se corresponde muy poco con la realidad que inspira nuestra imaginación. La verdad, es que este cambio tan brusco, no nos debería sorprender, ya que en la adolescencia; cada día la vida cotidiana se torna más diversa y complicada.



CAPÌTULO IV
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Notapor pablogarcia » 09 Ene 2008, 12:31

Gracias y se sigue



CAPITULO IV


Siempre que intento recordar mi pasado, lo primero que me viene a la imaginación es ese pueblo perdido en la meseta castellana donde yo nací ya hace muchos años –, por lo menos sesenta y, recuerdo bien que en él, había casas de pobres y de menos pobres que se distinguían entre ellas, porque las de los menos pobres, sus fachadas eran de color natural de la piedra. –Si, la verdad es que era un pueblo pequeño; lleno de polvo, guijarros y sin apenas árboles.
Pase temporadas largas de mi niñez con mis abuelos y, guardo gratos recuerdos de ellos y de mis tíos. Por el contrario en mi casa no fue muy agradable mi infancia, pero como no nos dan a escoger, sino que ya viene destinada antes de nacer; no-queda más remedio, que aguantarse. Mi padre se llamaba Basilio y bien recuerdo que era de color tostado. De niño siempre lo recuerdo ir mas derecho que una vela, pero desde que cayo enfermo; comenzó a torcer para abajo hasta que termino su corta existencia. Siempre le tuve un gran respeto y le rehuía porque lo tenia mucho miedo. La causa de su áspero y agresivo carácter fue debido sin duda a la guerra civil... Recuerdo bien, que no toleraba que se le contradijese y, cuando se acaloraba; factor que sucedía con frecuencia, me pegaba por cualquier cosa y bien me acuerdo que mi madre en ocasiones se colocaba en el medio, recibiendo algún mandoble. –¿Que podía yo hacer más que resignarme?
Esto duro hasta mis quince años, pero sobre todo de niño, nunca comprendí y siempre me preguntaba: – ¿El porque se me atizaba cuando apenas era un niño? –¡Ya, que a esa edad se tiene las carnes muy tiernas.
Para justificarse ante los demás, mi padre solía decir que yo no obedecía, que era un mal alumno. Pero la verdad es que nunca fui capaz, ni a él, ni a mi madre que todavía vive, preguntarles los verdaderos motivos. Es posible que sea verdad que todos podemos justificarnos; pero al pensar en todo lo que pase, creo que no fui tan malo y para justificarme podría decir y diré: –que la verdad no depende mucho de la lógica y aun hoy sigo creyendo que de muy niño, me causaba nauseas el olor que despedían las botas de cuero y sus correajes, así como una disciplina patriarcal impuesta sin ningún sentido. Era época donde los respetos se confundían con los mitos que marcaron la guerra y, la dureza de la posguerra, agudizando con severidad mis temores, mis sueños y esperanzas... Por eso aún ahora mismo sigo pensando que la causa de mis castigos fue “mi mal comportamiento” y mi falta de fe en estos mitos políticos y religiosos que marcaron aquellos años. Porque mi padre siempre quiso que yo aprovechara las instituciones religiosas para cursar mis estudios y fracaso en su intento.
Si así fue, pues mi padre me hizo ser más de tres años monaguillo, lo que me impedía asistir a clase por las mañanas, con el retraso que esto implicaba y tan sólo con la única promesa del señor párroco de ingresar después en un colegio religioso privado. Más tarde y sin conseguir sus objetivos volvió a intentar por mediación de familiares mi ingreso en convento de Griñón, un especie de seminario cerca de Madrid y ese día que era domingo en plena misa cantada, incapaz de aguantar tantas horas, me escape salí acogerles y comer moras y manzanas que tenían en su frondoso jardín. Como es de comprender el lío que se armo fue grande y mis padres tuvieron que renunciar a mi ingreso.
¿Quién sabe si ya estaba escrito en mi persona, la adversidad que después marcarían mi camino?. –Por eso les diré sinceramente, que si hubiera obedecido como buen cristiano, mi trayectoria en la vida no hubiera sido la misma, ya que habría evitado tanto sufrimiento. Reconozco que los sentimientos sociales por los que luchábamos eran humanos; pero les aseguro que a la tortura, las cárceles y el exilio, no se acostumbra nadie. Por eso se pueden justificar hoy, a ese hombre que ha llegado a una especie de auto engaño al aceptar vivir metafísicamente frustrado y, por eso normalmente suele utilizar su propia metáfora para describir la realidad...
Triste entendimiento psicológico. ¿Resultado? Conciencias invertidas, vidas destruidas y todo eso... Pero reconozco que en aquella época era comprensible que ante la represión tan brutal y ese miedo a lo desconocido como también los mitos que imprimió la dictadura terminaran por resignarse la mayoría de la gente.
Tendrán que reconocer que los años que nos toco vivir, fueron de un misticismo insoportable. Llegando incluso a establecer una relación causal entre pecado y sufrimiento, al dar a éste un sentimiento redentor. Y todo esto con la complicidad de las instituciones políticas y religiosas. Nietzsche decía: –que el ver sufrir produce bienestar – Hacer sufrir, más bienestar todavía; hasta convertirse en una autentica fiesta para algunos y la prueba esta en esas procesiones de Semana Santa donde el ver sufrir produce bienestar a la vez que saben mezclarlo con negocios turísticos….
Nosotros éramos niños, cuando franquismo se hallaba en sus mejores momentos, y tuvieron que pasar los años para que las procesiones, en la gran mayoría de los sitios dejaran de ser, algo así como una costumbre beata en decadencia. Por eso recuerdo que en nuestra niñez, nos daba miedo, no sólo por los Cristo crucificados y las vírgenes sufriendo, sino por las mujeres de negro que cantaban con la tristeza da un coro de muertas.
Pero lo que más duele, es que nuestros políticos aun hoy hagan oídos sordos a estos espectáculos callejeros y, los no creyentes, tenemos que esperar a que acabe la Semana Santa, para en secreto dejar de recibir un empacho de Dios. Tengo que confesar que de niño aunque me daba miedo los Cristos crucificados, recuerdo que los niños reíamos con la boca cerrada cuando el trono se acercaba y veíamos que alguien lloraba por una estatua de mármol o escayola.
Luego más tranquilo volví a retroceder de nuevo en el tiempo y boca arriba. Pense en aquellos inolvidables años de la infancia, que para todos goza de una merecida influencia sentimental. Es verdad ya que yo siempre añore aquel mundo remoto de pantalón corto en el que no podíamos hacer lo que nos daba la gana, aunque al final cuando salíamos a la calle, la libertad se confundía con las peleas a pedradas en un descampado cualquiera y terminábamos manchados de barro que después intentábamos esconder a la entrada del salón. Por todo esto: –¡A quien no le gustaría volver a su infancia!…
Es una pena que la infancia dure tampoco tiempo. Lo digo porque las cosas son sencillas, tan sencillas como siempre resultan las cosas simples de la vida. Pero como anteriormente dije, es después que se hacen menos sencillas y aparecen las complicaciones... Uno quiere creer que la juventud es por definición, una etapa de la vida menos consecuente y más capaz de inventar futuros nuevos y de implicarse con el sufrimiento de los demás. Pero hay que reconocer que era muy difícil escapar de la represión en aquellos años difíciles de la España subdesarrollada… Si años muy difíciles en los yo como tantos otros nos hallábamos influidos por las organizaciones católicas. Primero en la A.C. (Acción Católica) y años después en la J.O.C (juventudes obreras católicas). Era difícil escapar los jóvenes y especialmente en Madrid del sistema fascista, dado que para los jóvenes no había otra solución que los campamentos de la falange o los de Iglesia y yo opte por los de la iglesia como mejor solución.
No obstante tendré que volver al principio ya que por sus servicios al franquismo, mi padre fue destinado a los pocos meses de mi nacimiento a Valencia y, años después a Madrid y recuerdo que apenas tendría catorce años, debido a la amistad de mi amigo Antonio Fernández conocí a su abuelo.
Tengo que reconocer que aunque mi conciencia política, ya había experimentado grandes cambios, fue el abuelo de mi amigo el que trasformo en un rebelde con causa. El abuelo que era como le llamábamos, había dejado atrás los setenta y cinco años y refugiado en su piso de la Calle la Ballesta, nos contaba que al terminar la guerra se desvanecieron sus últimas ilusiones.
No cabe la menor duda que el abuelo, fue un personaje extraordinario y en la República ocupo puestos de gran responsabilidad en el Ministerio de Economía, llegando en la guerra a ocupar el cargo de Tesorero Nacional. Exilado, primero en Francia y después en su propio domicilio, vivió sus últimos años, recordando entre sus libros, su trascendental y explícita época. Su gran capacidad intelectual, le permitió codearse con la mayoría de los escritores y políticos de su generación. El abuelo, en su domicilio, conservaba escondida una sorprendente y prohibida biblioteca. Él, periódicamente recordaba con añoranza, las tertulias, que la flor de la intelectualidad celebraba en distintos cafés de Madrid. El abuelo fue un gran orador, un intelectual y nos contaba que conoció a los más destacados escritores de la generación del 98 y, al faltarle estas tertulias hizo, que los tres amigos de su nieto, pasáramos horas y horas escuchándole y fue así como creo en su casa su propia tertulia.
En estas charlas, en las que simpáticamente nos llamaba sus discípulos. Llegue a completar con sus prohibidos libros una conciencia, muy avanzada para mis jóvenes años. En poco tiempo devore, todos los libros que caían en mis manos. Durante unos años, no hice más que leer y conocí toda la literatura francesa. Comenzando por la época del “Romanticismo” como Alphonse de Lamartine, Victor Hugo, ,,, Dumas padre, Théophile Gautier, Saint Simón, Charles Fourier y Pierre Proudhon. Después sigui con la época “Realista” de Honoré de Balzac y Gustave Flaubert, para continuar con los poetas del simbolismo que rompieron con el romanticismo, siendo los más destacados René Leconte y sobre todo Charles Baudelaire.
Para el abuelo el “Naturalismo” fue la bella época de sus años en París. Al frecuentar en diversas tertulias los discípulos del fabuloso escritor desaparecido Marcel Proust. Señalando que sus libros los guardaba como una reliquia, siendo estos en particular: - En Busca del Tiempo Perdido - Por los Caminos de Swann - A la Sombra de las Muchachas en Flor - Sodoma y Gomorra - El Tiempo Recobrado y La Prisionera. Y después fui profundizando en los temas políticos y filosóficos. Como fueron, las teorías de Darwin, de Bùchner, Marx, Engels y de Hoeckel.,,
No cave la menor duda que con estas charlas, llego él abuelo, adoctrinarnos con sus ideas. Él en todo momento se declaraba abierto al ateísmo y en sus teorías deshilaba minuciosamente los enciclopedistas del Siglo XVII: Voltaire, Montesquieu y especialmente el materialista Denis Diderot. Para terminar despues a través del sus admiradores teóricos Bakunin, Kropotkin y Jean Guve que pretenden ser al tiempo, una filosofía de la naturaleza y del hombre y una ciencia total de la vida humana.
Todos sabemos, que sigue existiendo en la mayoría, un interrogante de nuestra historia y, en el fondo existe una culpa colectiva. Sobre la llamada “Memoria Roja”, al ser definida siempre con un sentido negativo, es decir, siempre y de todo lo malo que en la memoria del pasado representa: “La memoria del miedo” y porque estoy convencido que existe el riesgo de no entender nada.... Sigo pensando que el silencio y la indiferencia del pasado. Consolida la perduración de odios mutuos y, sobre todo termina siendo un terrible, abrumador perjurio.
Cuando se ha vivido casi sesenta años, la experiencia reiterada de hechos y comportamientos ayuda a diagnosticar la veracidad de nuestro pasado. Pascal solía decir que toda nuestra dignidad estaba en nuestro pensamiento... Por eso, al recordar el pasado, pese los sufridos recuerdos me da que pensar, que aunque sea en el pensamiento podemos seguir guardando la libertad soñada. Esa libertad de pensamiento tan necesaria donde pueda existir un día, la posibilidad de convertir y desarrollar nuestras ilusiones e incluso generaciones venideras poderlas disfrustrar.
Sin embargo el hablar a las personas que habitan en nuestra sociedad del pasado, se convierte en un autentico tabú que ni los políticos ni los medios de comunicación se atreven a romper. Hay que reconocer, que a los actuales “políticos” les va la vida, pues criticar el franquismo y condenar sus crímenes seria la peor estrategia posible para conseguir sus votos o su atención.
Ellos saben que el tiempo pasó irremisiblemente cambiando las circunstancias sociales y hoy nos encontramos con una inhibición generalizada de la gente. Para ello, nada mejor que las técnicas del consumismo de masas... Pero lo que más me preocupa es que la izquierda carezca de posición critica en esta cuestión y prefiera generalmente dejarse mecer en una democracia orgánica y servil a los intereses del gran capital.
Una larga vida de experiencia permite ver hechos y comportamientos insólitos... –Como son los extraños comportamientos del cambio de chaqueta, los abandonos de posiciones hasta ahora defendidas y de lealtad de muchos años. – Otros a la busca de un puesto, de una ventaja o de un beneficio y además son los que hoy se las dan de Constitucionalistas y Demócratas cuando nunca dieron la cara en los momentos difíciles. La verdad es que la lealtad nos debía garantizar el buen comportamiento y, salir así de la perplejidad frente a las traiciones; pero no es así.






CAPITULO V

A ver, yo aun no-tenia dieciséis años cuando a mediados del 60, entre de aprendiz en Industrias Lebel. Una empresa situada entre Pacifico y Vallecas. Me acuerdo muy bien porque, llegaba tarde a casa al estudiar por las noches en la Escuela de Maestría Industrial de la Plaza Embajadores. –¿Y cómo no me voy acordar si no-tenia tiempo, ni de respirar? –Y sin embargo: no son vagos los recuerdos de mis primeros contactos con el mundo obrero y sus inquietudes sociales.
Para todos el mundo sigue girando, pero hay que reconocer que no es para todos igual, y a mí me toco sin apenas dieciséis años ponerme el mono azul que era el uniforme de la clase obrera. – ¡De modo qué en mis años jóvenes ya creí en la clase obrera! –Bueno pues me endiose en lo que por entonces se llamaba la revolución proletaria… ¡“Todo el poder a los Soviet! – ¡No pasaran! – Y pasaron… – Y esta vez se quedaron para siempre.
Mucho me dio que pensar y aun ahora más todavía cuando reconozco que en tiempos de la globalizacion, la apatía también es global… No obstante les diré que mismo si ensayo de mirar las cosas desde lejos y no implicarme directamente. Reconozco que me es muy difícil no sufrir emocionalmente. En otra época tuve la suerte de contar con la posibilidad de participar en la lucha y combatir la doble moral o la hipocresía (desde la lógica revolucionaria). Hoy sin embargo tengo que asistir aun silencio general que pone entre paréntesis la inocencia de las víctimas… –Una sociedad en que la miseria de una mayoría crea la felicidad de los otros.
–¿La ilusión? –Eso cuesta caro y a mí me costó muy caro. Porqué me costo sufrir más de lo debido y pague un alto precio a mis sentimientos. Ahora que estoy como muerto políticamente y esto me he dado tiempo para pensar y reflexionar de todo. –«Eso fue un sueño que tuve y del cual hoy quisiera que nunca había existido ese tiempo». Me di cuenta muy tarde, cuando el tiempo ya no perdona y, esta doblando mi espalda : –« Y hoy ya nadie me hace caso»… –Amigos: –¿Qué se puede hacer?.
Con el tiempo comencé a comprender por experiencia propia y sufriéndolo en mi propia piel lo que es la política. Pero les confieso que a pesar de mi pesimismo, reconozco que aquellos años los viví como sumido en un espejismo y yo era mi propio fantasma… Todo aquello parecía consistente, magnifico, eterno y tengo que reconocer, que adoraba, disfrutaba con el riesgo y hubiera aceptado cualquier misión, por peligrosa que hubiera sido. Entonces me parecía que la vida humana se guiaba por las leyes supremas del bien y, que en definitiva, el bien vencería al mal y la humanidad alcanzaría la perfección.
Tengo que reconocer también que en aquellos tiempos, se vivía en las fabricas, una efervescencia reivindicativa extraordinaria y las organizaciones. En sus comunicados, llamaban a la unidad y a organizarse en cada lugar concreto, en la acción diaria en defensa de las reivindicaciones económicas y políticas, bajo cualquier forma y con los nombres más asequibles. No obstante al principio para mí, la lucha fue la simple propaganda, que las organizaciones distribuían a la retaguardia y a nosotros sólo se nos exigía que acudiéramos a las manifestaciones señaladas en las octavillas.




CAPITULO VI
Amar y ser amado
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Notapor pablogarcia » 17 Ene 2008, 16:11

Gracias y se sigue
CAPITULO VI


Fue a mis dieciocho años, que mis padres se trasladaron a vivir a la zona de Carabanchel, lo que dificultaba el trayecto a mi trabajo y recuerdo que a partir de entonces me fui separando de mis amigos hasta que meses después conocí a la que luego seria mi compañera.
–¡Ser sincero consigo mismo no es fácil, pero simplemente reconozco que me había enamorado!.
Todo sucedió, una fresca tarde del mes de marzo cuando la tarde ya iba apagando el cielo. Era un jueves y yo había dicho en casa que esa tarde llegaría tarde del trabajo, pero llevaba toda la semana acordándome de una muchacha que el sábado anterior había conocido bailando. La cita se acordó a las siete de la tarde en plaza de Atocha. Recuerdo bien que ese día, todo a mí alrededor se impregnaba de sonidos y sentía que vibraba cada fibra de mi ser. Llegue con más de una hora de antelación y estuve ambulando todo ese tiempo por la plaza. Las caras de los transeúntes y el bullicio de los coches flotaban tras la mirada perdida en busca sus finas facciones entre la muchedumbre.
En aquel tiempo, yo era muy sentimental y no pensaba más que en ella. Reconozco que mis sentimientos por ella se habían despertado y las mujeres que miraba al pasar aparte de mi admiración masculina no suscitaban ninguna pasión. Parecerá extraño pero todas estas cosas, a mi sin embargo me pareció maravillosas y todo porque hasta entonces no había descubierto el amor. Un amor que para mi todo era dulzura y gratitud en esa edad juvenil.
Cuánto me acuerdo de aquellos años, posiblemente los más hermosos de mi vida y todo pese a ser años donde la “la poesía para mi no existía”. Eran años difíciles para las familias modestas y al hacer memoria todavía recuerdo muy bien aquellos duros años de mi niñez en Madrid. Veo todavía como si fuera hoy, a las mujeres sentadas ante las puertas, cosiendo y charlando animosamente. Hasta que por un quítame ese pelo; comenzaban a reñir como duras contendientes, con un ruido de voces ensordecedor terminaban como duras contendientes y como simples bestias rabiosas.
Al anochecer llegaban los hombres tristes, fatigados y parco en palabras. Maldiciendo como siempre, a los ricos y sin otro deseo que pedir la cena. Años después muchos de ellos o sus hijos, partirán a la emigración y, esta vez a otros países; con el solo fin de huir de los bajos salarios y otros de la dureza de la dictadura.
Para mí aunque parezca insignificante, en aquel tiempo. Mis sentidos se hallaban todavía en esa edad en que la persona; al estar tan perdidamente enamorado no ve y oye mal. Acababa de cumplir los dieciocho años y recuerdo bien que allí en los paseos del parque del Retiro. La brisa de la tarde estremecía los arboles, y una nevada de pétalos caían y cogidos de la mano olvidábamos las fatigas de la semana. El tiempo pasaba conversando y todo era bueno. Nos Prometíamos ser marido y mujer, como las gentes que solo comprenden el amor con documentos y sellos. Después nos sentábamos en los ribazos cubiertos de hierbas y al hablarnos arrancábamos las margaritas que crecían al alcance de las manos. – ¡Todo era bueno! Y al anochecer, vencida la claridad del sol el crepúsculo daba paso a la luna. Las sombras nos sorprendían muchas veces en las inmediaciones del estanque silencioso y profundo, sin ningún murmullo con la bonachona complicidad de la luna. Que contribuía a la comunicación primera del amor; susurrando de todo y de lo demás. Sintiendo a la vez, una emoción absoluta y toda ella parecía impregnarme hasta la medula.
Los domingos se esperaba la tarde con impaciencia y apenas comidos los novios, nos maqueábamos con lo mejor y, cogíamos el tranvía o el metro en busca de la prometida. Si el día era soleado paseábamos por frondoso parque del Retiro. Si no era así, los días de lluvia o frío, las parejas terminábamos la tarde en los cines de barriada; donde al amparo de la oscuridad, se esparcían cientos de tentáculos, como pulpos esparcidos por la gran sala. Se vivía la dulce somnolencia absorta por la felicidad; asombrados de que el mundo guardase oculto tanta delicia y recuerdo que todo era hermoso. Al abandonarnos los dos con sublime impudor.
De mi servicio militar, apenas recuerdo gran cosa; dado que la empresa que hice mi aprendizaje se dedicaba a la fabricación de material sanitario y especialmente a los aparatos de rayos X. Por eso, la mayoría de los empleados cumplíamos el servicio militar en Sanidad Militar; lo que nos permitía, por las tardes aprovechar el pase “pernocta” y seguir trabajando en la empresa y, lo que sí recuerdo, fue que mi situación de soldado me colocaba en una peligrosa posición con mis ideas políticas ya adquiridas.
Hacia algún tiempo, que la situación social se degradaba día a día y a la salida del metro distribuían octavillas en todas las estaciones y los militantes o simpatizantes de las organizaciones sindicales clandestinas, nos hablaban en voz baja: – Pero aun no, nos dejaban hacer.
Eran años peligrosos, donde la policía multiplicaba las arrestaciones y, continuación la gran mayoría de los talleres dejaban de producir lo que daba pie a que presentaramos una serie de reivindicaciones no muy exageradas; pero firmes. –No sé que les parecerá mi conducta, pero pese a mi peligrosa situación de soldado. Recuerdo que fue la primera huelga de mi vida y que participe con todas las consecuencias que eso deparaba.
Al año siguiente, recuerdo que la agitación estudiantil se extendió de Barcelona a Madrid y las consignas de boicot a los transportes y espectáculos son mayoritariamente seguidas. En 1958, los mineros de Asturias y los obreros del norte de España, ya consiguieron hacer la huelga de brazos cruzados. Pero las huelgas son todavía esporádicas y se limitan a los sectores industriales y universitarios. Hay que esperar a los años 1963 y 64, para que las huelgas se generalicen por todo el país y es por la primera vez que las agrupaciones católicas sostienen los huelguistas. Es en este periodo de continuos movimientos de lucha, se reunieron el 5 y 6 de junio de 1962 en Munich, el Consejo General del Movimiento de Oposición a la Dictadura.
En esta trascendental reunión, se hallaban; casi todas las tendencias de la oposición. Más de 128 congresistas y entre ellos 80 del interior y 38 del exilio. Personalidades como Gil Robles, Salvador de Madariaga y dirigentes de diversos partidos, entre ellos el socialista Rodolfo Llopis. El tema del congreso se centro en la necesidad de unir todas las fuerzas y conseguir la democratización del sistema.
La respuesta de Franco, no se hizo esperar. Miles de detenciones, se llevaron acabo por todo el país y seis meses después, la publicación de una replica de la comisión internacional de juristas, situada en Ginebra, condena la falta de los mínimos derechos elementales de libertad en España.
Mientras la oposición silenciosa comienza a ser cada día más activa y esto conduce al régimen acentuar la represión. Como bien iba diciendo, por una serie de circunstancias; la escalada que comenzó en simples multas a los manifestantes, se transforma en asesinatos y a procesos sumarísimos.
Para hacer frente a una situación que puede transformarse en revolucionaria. El franquismo dispone de una jurisdicción militar y civil y es la primera que usa el régimen en la mayoría de los casos e incluido las simples huelgas de hambre. En este contesto, los tribunales usaban los expedientes en dos formas…– sumario o sumarísimo y este último es el que se le aplicó a Julián Grimau. Por la acusación de ser miembro del comité central del Partido Comunista y dirigir en la clandestinidad el partido en el interior. Es verdad que después de la ejecución de Grimau y tras las múltiples protestas internacionales. El gobierno modifica un poco su código penal y un Tribunal de Orden Publico, comienza a condenar los delitos políticos.


CAPITULOVII

Qué atractiva resulta la pereza mental y qué misterioso es el tiempo. Pues siempre me parece que ha pasado menos de lo que realmente ha transcurrido. Por eso al recordar la lucha clandestina del Madrid de los sesenta. Me enorgullece, el saber que nuestro combate, fue el acto final del brote de un entusiasmo ideológico. Que nació de las lealtades incondicionales que marcaron el Siglo XX y termino con las trágicas consecuencias por todos conocidas.
Recuerdo, que fue a comienzos de 1959 cuando, por la Radio Pirenaica y el Mundo Obrero (emisora y periódico clandestino del PCE). Salieron a la superficie síntomas delatores de la gravedad alcanzada por la crisis política de la dictadura. La situación de las masas empeoró como consecuencia del aumento de la carestía, la inestabilidad económica minó la confianza en el régimen incluso de ciertos sectores de la oligarquía. Un escandaloso asunto de exportación de divisas, en el que estaban implicados directamente altas personalidades del régimen, puso de relieve la corrupción e insolvencia del Estado franquista.
De todas estas pruebas de corrupción en que incurría el régimen, la que más soliviantaba a la opinión publica; era su inhumana actitud hacia los presos y exiliados políticos. Por eso, la campaña pro-amnistía iba cobrando cada vez mayor amplitud.
A la tragedia de los hombres que llevaban 10, 15 y hasta 20 años en los presidios por delitos de opinión derivados de la guerra civil y, el drama de los millares y millares de exiliados forzosos había que añadir los casos de trabajadores, de estudiantes, intelectuales y sacerdotes encarcelados en fechas recientes por su participación en el movimiento oposicionista.
Las esposas y familiares de los encarcelados consiguieron en un plazo breve recoger millares y millares de firmas de españoles de todas las clases sociales e ideas políticas solicitando la libertad de los presos anti-franquistas; entre esos españoles figuraban no pocos párrocos, alcaldes, comerciantes e industriales.
A las reiteradas declaraciones de Franco negando la existencia de presos políticos en España, replicaban valerosamente las esposas de éstos organizando delegaciones que visitaban a las jerarquías eclesiásticas y civiles, llegando hasta los ministros y el Presidente de las Cortes para recabar la amnistía.
En ayuda de los presos y de sus familiares reverdecían las viejas tradiciones solidarias de la clase obrera española. En las fábricas y en las barriadas populares tomaba cuerpo y extensión un emocionante movimiento de asistencia fraternal; en muchos casos, los obreros dedicaban una parte de sus menguados ingresos para asegurar a la familia del compañero encarcelado el pago del salario.
También comenzó avivarse el disgusto y la protesta de la abogacía española contra los procedimientos arbitrarios y antijurídicos aplicados por la dictadura a sus adversarios políticos. No pocos Colegios de Abogados se pronunciaron por la supresión de las jurisdicciones especiales y por la anulación de las leyes terroristas promulgadas por el franquismo y esta nueva situación. Dio paso a que los sectores de vanguardia de la clase obrera industrial y agrícola se decidieran a organizarse para preparar la huelga general pacifica.
En esos años, tan cruciales del desarrollo del movimiento obrero. El más dinámico y desarrollado en el ámbito reivindicativo. Era sin la menor duda la metalurgia y sobre todo la de Madrid. Debido todo a la infame explotación y sus bajos salarios..
Creo que fue al año siguiente de finalizar mi servicio militar; que decidí casarme y como bien ahora recuerdo se llevó acabo a mediados del mes de marzo del año 63. En uno de aquellos días donde la primavera temprana entra inesperadamente en la capital y, aun las nieves resplandecian en las crestas de la sierra del Guadarrama.
Lo que sentía por mi compañera no se parecía en nada, a lo que ya había experimentado en otras ocasiones.. Aquel sentimiento, era muy intenso y el deseo que me embargaba era totalmente distinto. Y pese a las recomendaciones para que no me casara de mis padres; por ser tan joven. Reconozco que eran superfluas, por que yo ya entonces era un joven maduro. También debo decir que, yo entregaba a mis padres el dinero que ganaba y, al casarme tuvimos que ir a vivir con mis tíos. La verdad es que en aquel tiempo mis aspiraciones eran las de casarme y formar una familia.
Después vino la rutina y después de la felicidad conyugal. Nos encontramos de nuevo con la triste realidad de los bajos salarios. Que los trabajadores percibíamos en la España franquista y al parecer no existía entre todas las soluciones posibles que la emigración. Pero reconozco, que a mí muy concretamente me encandilaba la idea y me llenaba de ingenua aventura.
La verdad es que los famosos Primer Plan de Desarrollo. No aporto, el “milagro español” que régimen esperaba. El milagro del crecimiento económico y del consumo no podía ser una realidad. Que por el impulso del capital financiero internacional y pese a la explotación intensiva de la clase trabajadoras. Europa prefirió seguir a causa del régimen franquista, recibiendo en sus territorios oleadas de emigrantes. No obstante, gracias a las remesas continuas del dinero de los emigrantes y el turismo internacional. Las bancas y el Estado recogen grandes beneficios, pero debido a una serie de contradicciones el aumento del consumo no se incrementa a causa de los bajos salarios que recibía el conjunto de los trabajadores. Por todo esto hay que decir que los emigrantes no marchan al norte en busca de una vida mejor. “La mayoría se iban porque era la única manera de sobre vivir”.
Para esta emigración masiva, el gobierno crea el famoso Instituto de Emigración, pero a la vez. Las multinacionales Europeas, desde sus oficinas instaladas en España, reclutan a técnicos y obreros especializados con contratos individuales y bien remunerados.
El capitalismo moderno racionaliza la producción y necesita de sus brazos y llega en la década de los 60 a cifras, superiores a los cuatro millones de Españoles. Por lo que a mi se refiere, reconozco que la novedad creada en torno a una mejora sustancial en los salarios y en la forma de trabajar. Terminaron tentando mis aspiraciones profesionales. No quedaba ningún obrero especializado, con menos de cincuenta años que no hubiera pasado por una de las oficinas de estas multinacionales. Yo al principio tuve mis dudas y, realidad reconozco que no me atrevía a dar este paso y todo porque la mayoría de mis oficiales de mi empresa no había logrado arrancar un contrato interesante.
Con el tiempo y debido a sus comentarios comprendí. Que las causa de sus fracasos estaba en que eran muy capaces como profesionales; pero les faltaba la teoría. Esto me animo, al reconocer que mis clases nocturnas en la escuela de maestría, me habían aportado los conocimientos teóricos necesarios para intentarlo. Y así fue, porque a los dos días de mi examen, recibí un contrato que fue la admiración de todos, y más porque en él especificaba el salario que recibiría y era cuatro veces más de lo que percibía en España.
¿Cuántos años han pasado desde aquella lejana tarde de mayo? – Y, sin embargo, si cierro los ojos y, me veo en la estación de Atocha asomado en la ventanilla del vagón. Viendo a mi compañera con un pañuelo en la mano intentando a cercarse al vagón con lagrimas de los ojos.
La frontera Suiza la cruce, al día siguiente de mi salida de Madrid y poco después de mediodía el tren después de cruzar la frontera, se detuvo en la estación de Ginebra. Es a partir de aquí que se puede marchar tranquilo, en estos trenes silenciosos y de trayectos cortos. No existen distancias en Suiza: –se puede en una mañana atravesar las principales ciudades y pienso en Madrid. ciudad monstruosa y urbe donde se consumen horas en desplazamientos hacia el trabajo. Mientras que aquí, a veces con media hora de trayecto; hombres y mujeres de profesiones diferentes, coordinan sin problemas sus actividades e incluso viviendo en ciudades distintas.
Sigue el tren su recorrido y en su trayecto se atraviesa amplios prados; vacas infinitas y siempre verde entre manzanos y cerezos. Pueblos de viviendas de una belleza sorprendente y flores simétricas en sus jardines privados y públicos.
A las cinco de la tarde el tren dejaba atrás Zùrich, la capital de dicho Cantón y un cuarto de hora después llegaba a Winterthur; fin de mi trayecto y ciudad donde se hallaba la Sulzer. Empresa que me había contratado.
Winterthur, es un importante nudo ferroviario y, por aquellos años en la Sulzer, posiblemente para ella trabajaban más de 50.OOO operarios. En ella se fabricaban, locomotoras diesel, reactores de aviones, así como todo tipo de turbinas, compresores para minas y montajes de refinerías y centrales.
Al día siguiente de mi llegada y después de instalado en una de las dos residencias que contaba la fabrica. Un traductor de origen Italiano, me presenta a las diferentes personas que componían el equipo de trabajo en esas enormes naves de producción que contaba la fabrica. Al entrar en este imperio industrial, uno piensa que este país podría llamarse también Sulzerlandia. En la amplia zona que esta instalada la empresa, da la sensación de una ciudad cuartel, nueva, brillante, autentico espejo de modernismo. Las calles adornadas con jardines hay cientos de flores y están repletas de pequeños comercios. Uno de pronto se acostumbra al olor a hierro quemado y se pasea en plena espiral de trabajo- consumo­ trabajo. Pequeñas barriadas se abren en abanico en torno a las dependencias industriales de la empresa, que cuentan con autobuses calles, bares, cafés, viviendas, mucha gente en bicicleta y parques inmensos. Si buscas españoles en estos pueblos, los encontraras, ya semi­integrados y bien instalados al hábito y costumbres de este país. Ellos son ya emigrantes de primera categoría, al vivir en casas de 1 o 2 pisos, comida abundante, vacaciones de verdad e incluso con coches… Españoles ciertamente diferentes a los que visitare meses después en las barracas.
A simple vista con los Españoles. No, no hay racismo y sin embargo existe en el país un «racismo larvado». Claro que las víctimas principales hasta el momento son los turcos, árabes y negros a quienes se les niega casa de alquiler. Aquí, entre los desheredados, como dice el refrán, «todavía hay clases».
Por la tarde de vuelta a la residencia, la vida es simple, aburrida y sobre todo en el invierno. Donde la cantina se convierte en la sala de TV, de lecturas y veo entre la mayor parte de los periódicos agrupados en montones y no abiertos: –La Región, el ABC y el Alcázar. Periódicos que enviaba el gobierno franquista gratuitos. Juegos, cartas sobre todo, en una hora veré ganar a los montones de 50 francos suizos, a un solo jugador. A la vez hay tablones de anuncios (donde sé prohibe cualquier inserción política o de protesta).
La vida como bien digo, se limita a las cartas y colectivamente a las quinielas, con peñas que se forman. También hay visitas a la ciudad: – cerveza, paseos y prostitutas a veces para algunos. –No es fácil penetrar en este lugar, con ideas culturales ni políticas y todo pese que en el sector más especializado de los obreros españoles, existía una inquietud política profunda.
Ha caído la noche. Hombres solos en la cantina y sigue el juego de cartas. Nadie hace caso a la televisión, pero Francisco Franco, sonríe desde el NODO y su lujosa residencia del Pardo… Suiza, país con libertad: –sex-shops con «literatura fotografiada» hasta en español, para ayudar la imaginación de los solitarios o de los trabajadores si reagrupación familiar, escaparates de prostitutas de piernas y senos desnudos, con la incitante presencia de la cama siempre, cine o teatro para ver cuantos hombres y mujeres, solos, unidos, emparejados, pueden imaginar en la búsqueda del delirio sexual, clubes privados para homosexuales, mujeres para alquilar por horas, días, semanas, masajistas masturbadores, marihuana, LSD…
–¿Libertad?
–¿De que libertad hablamos?
–¿Y hasta cuando, obreros explotados de la tierra y solo para embrutecernos permitiremos estas medidas?
Estas y otras eran las preguntas que yo me hacia, al observar esta emigración sufrida, explotada y mismo en países democráticos por esbirros a sueldo controlando nuestras noches después de hacerlo durante el trabajo de estos esclavos del siglo XX. Estas residencias como bien digo son una forma de esclavitud de millares y millares de trabajadores españoles. Parece mentira, pero el franquismo mismo a miles de kilómetros, seguía controlando y prohibiendo que se hablara de política o de asociarse libremente. Esta era la situación reservada a millares de trabajadores españoles en Suiza, con una de las burguesías más ricas y liberales del planeta. Y a los emigrantes, solo les quedaba satisfacerse con una gran jarra de cerveza o un pasodoble y el recuerdo de ciertas efemérides de la “patria”.
Mientras tanto ellos siguen, recibiendo en sus territorios oleadas de emigrantes y las autoridades Españolas. Siguen gracias a las remesas continuas del dinero de los emigrantes recoger grandes beneficios. Pero no por eso las condiciones de la clase obrera en España han cambiado, no la realidad es que siguen siendo todavía en la década de los 60, una miserable explotación y sin limites. Por ejemplo a principios del 1963, el salario mínimo vital, no llegaba a las 100 pts por día, es decir unas 2600 pts por mes. Aunque es verdad que los obreros especializados podían cobrar por entonces, entre las 5000 a 6000 pts. También hay que puntualizar, que existían diferencias enormes entre las diferentes regiones industriales, como en Cataluña, el Pais Basco y la región de Madrid y más bajas todavía en el resto de las provincias: Como Extremadura y ciertas zonas de las dos Castillas y Andalucía.
Si, y a sí fue, la emigración marco la vida de nuestro pueblo y quizás recuerden uno de los hechos más conocidos de los emigrantes que era el “día de la Emigración”. Este se celebra anualmente el día 3 de diciembre y se organizaba por la Comisión Episcopal de Migraciones. Todos nos preguntábamos ¿Cómo seria el cartel de ese año? Un muerto desenterrado, momia lívida y andrajosa, que eleva sus brazos al cielo junto a una mísera maleta de cartón…
Los fondos que se recogían con aquellas famosas huchas que los españoles depositaban nunca se supo que destino tenía. Pero si se sabia que estos fondos se utilizaban en parte, a inundar de grandes carteles a todo color cuando se acercaba ese día, se pedía con una finalidad caritativa y se empleaban, también en hacer propaganda contraria y política.
–Es verdad que Muchos, españoles se han cansado quizás de oír ya la palabra, “franquismo” como ocurre con las referencias a la guerra civil. Efectivamente, ya ha pasado el tiempo y este estilo ya no se llevan hoy. El comunismo de “corte europeo” cambiaron las aguas muertas de la charca de los 40 años del franquismo. Por eso entonces yo pense que era preciso que esa situación cambiara, y dejáramos de aguantar la explotación. Era necesario perder el miedo y organizarnos para que en el futuro fuéramos merecedores de mejor suerte.
Para mí, aun hoy reconozco que aquella época, no paso desapercibida y así fue. Porque que al existir en la fabrica una célula de partido comunista España; no tarde en incorporarme a ella.
Una gran parte de la colonia Española de Winterthur, provenía de las ciudades más industrializadas de España. Por eso el partido comunista en la ciudad, ya era importante y, recuerdo que al año siguiente ya hice parte del comité regional. Si nosotros éramos la vanguardia olvidada del malestar de la clase oprimida y en esa lucha estabamos decididos a transformar la sociedad a través de la implantación por la fuerza de la dictadura del proletariado; como nosotros llamábamos y hoy aun yo me pregunto: – ¿Por qué aquella lucha sacrificada y decidida de unos simples militantes, se volvía valiente y perdía la honestidad en sus dirigentes?. –Y hoy ante tal evidencia, sigo preguntándome, si los poderosos ya sabían como combatirnos hasta terminar sometiéndonos sin miramiento: –A unos por la fuerza y a otros por el engaño y en la actualidad no quedábamos más que un puñado de ciegos “dinosaurios” en estado de extinción.
Puede que a ustedes no les importe mis afirmaciones y, crean que lo siento, pues les diré que no me gusta herir las creencias de las gentes que no dieron nunca importancia a las cuestiones sociales. Pero la verdad es la verdad. –¿No es cierto? –Yo sé que muchos, ni conocen, ni se han preocupado ni un solo instante de lo que al fin, sólo puede traer complicaciones. –¿Y porque no justificarse ya que del mundo económico, se han hecho dueños solos unos cuantos de las maquinas y de otros progresos, empleándolos como cadenas para la esclavitud de la clase obrera, obligándoles a un exceso de producción y limitándoles su jornal a lo estrictamente necesario?.
–¡Ah, si volviesen aquellos tiempos de la lucha en que los obreros todavía creímos en el paraíso en la tierra! – Ahora lo sé, pero esto no basta para tranquilizarme…–¡Qué día llevo de sufrimiento! De joven ya saben, uno no piensa en todo, y creímos que la felicidad siempre marcha delante de nosotros con esa nube de luz que guiaba a la clase obrera hacia el poder. –¡Que tiempos tan dichosos! Aun ahora me tira la lucha cuando veo a los españoles libres de la dictadura. Bueno no todo fue malo, porque aun que fuera una locura de juventud, pienso que para algo sirvió.
Espero que me perdonen por el orden que llevo en mis pensamientos, pero los años no pasan en balde sobre nosotros y el nerviosismo no favorece el orden de mi relato. Pero les seguiré diciendo que mucho me da que pensar, y todo pese a que mi situación económica en la época; correspondía a la «aristocracia de la clase obrera» y así y todo deje al año y poco el contrato con la empresa para regresar a España con el sòlo fin de incorporarme a la lucha clandestina contra la dictadura.




CAPITULO VIII
Amar y ser amado
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Notapor pablogarcia » 26 Ene 2008, 18:31

Gracias y se sigue



CAPÌTULO VIII

A los pocos años y en este nuevo contexto de hechos, el movimiento obrero acompañado del mundo de la cultura ya había adquirido un cambio real a nivel de conciencia.
Por eso, en 1963 y dentro del nuevo clima, se comenzó a publicar tres significativas revistas: En primer lugar y siguiendo el orden cronológico de apariciones–, Atlantida. Revista del pensamiento actual, que dirigida por Florentino Pérez, aparece en la Editorial Rialp. Después, Revista de Occidente, la vieja y prestigiosa revista creada en 1923 por Ortega y Gasset y en tercer lugar, Cuadernos para el Dialogo, inicialmente dirigida por Joaquín Ruiz­Jiménez, con Pedro Altares como Secretario de Redacción; revista también cultural, pero ante todo de cierta intencionalidad política. En este contesto, la aparición de cuadernos para él dialogo, así como su orientación general teorica­ptàctica que la inspira y que ella misma potencia. Son hechos relevantes en relación con el profundo movimiento de renovación que se origino en el seno de la Iglesia Católica a lo largo de todos estos últimos tiempos. Y lo demuestra la encíclica Pacem in Terris, de 11 de abril de 1963; que ejerció en nuestro país una muy considerable influencia ( mayor incluso que la anterior, Mater et Magistra. Donde el nivel de pensamiento político, se orienta claramente en el sentido progresivo y democrático, exigiendo el respeto de los derechos fundamentales a través de su institucionalización de un autentico y verdadero Estado de Derecho.
Por este orden de cosas y ante los nuevos acontecimientos, nuestras reuniones fuero enriqueciéndose, con una variedad de revistas y periódicos que si bien algunos estaban prohibidos, la verdad es que ninguno nos preguntábamos quienes eran los que las traían. En general nuestras discusiones se intentaba evadir los temas políticos, para centrarnos en los problemas sindicales, dado que la mayoría pertenecíamos a los distintos gremios del mundo laboral. Hay que destacar a la vez que Madrid ya no era únicamente la capital administrativa y el más importante centro financiero y de servicios, sino también uno de los núcleos industriales más destacados del país. Las fabricas se concentraban, principalmente, al este y sur de la capital y los sectores más desarrollados eran el metalúrgico y la construcción.
En nuestras reuniones, como bien dije antes, asistían dirigentes destacados del movimiento obrero, que tras largos años de lucha sufrieron años de cárcel. Entre ellos Julián Sánchez, destacado dirigente de Vidrio y cerámica, como también entre otros Goicochea y Luis Royó, militantes y dirigentes conocidos del movimiento católico. A ellos más tarde se agregarían otros más y estos por su experiencia no tardaron con sus experiencias enriquecer las ideas que hacia tiempo Camacho llevaba dentro.
Marcelino Camacho, vivía en mi barrio y amenos de doscientos metros, y también a pocos metros de Julián Sánchez y por eso y otras coas hacia tiempo que eran amigos. Julián admiraba y nos hablaba constantemente de Marcelino y de su ambicioso proyecto de estructurar y configurar las Comisiones Obreras que se creaban en una empresa, para la acción esporádica de un momento reivindicativo y después desaparecer. Este tipo de organización peculiar y esporádico, fue el embrión que poco a poco se extendió por todo el país y creo ese amplio movimiento que los trabajadores necesitaban. Julián no tardo en presentarnos a Marcelino Camacho en unas de nuestras reuniones, donde nos hablo y hablo; con esa facilidad de palabra que le caracterizaba. Marcelino, era infatigable con su teoría, que consistía en combinar la lucha legal, con la extra legal, subordinando todo a la lucha de masas. Ya que para él era la única forma de llevar a cavo la lucha de masa en las condiciones peculiares que la dictadura fascista nos imponía.
Su dialéctica consistía en repetirnos, que en los más de treinta años de dictadura fascista, se ha comprobado que en las condiciones actuales; no era posible desarrollar el movimiento de masas de forma clandestina, sin que sea destruido por la policía o se vea obligado adoptar, para protegerse, formas cerradas de reclutamiento y seguridad que en la practica le incapacitan, al quedar reducidos a pequeños grupos, que aplican muy bien las reglas de la conspiración, pero que pierden el contacto con las masas de trabajadores.
Para Marcelino estaba claro que esta nueva situación, que se había creado en el país y después de un estudio con profundidad de las peculiaridades de las luchas heroicas de los mineros Asturianos y su formas de crear comisiones obreras que desaparecían una vez negociada la reivindicación. Daban la posibilidad de crear un basto movimiento obrero semiclandestino y, que aglutine todas las tendencias antifascistas y a través de lucha de masas acabar con la dictadura.
Ya a partir de 1954 empezaron a surgir en Madrid esporádicas comisiones de obreros que reclamaba alguna modesta reivindicación ante la dirección de la empresa. Su génesis fue, en el fondo muy sencilla y sobre todo ante la necesidad ocasional de hacer alguna reivindicación y que dada la obvia posibilidad de movilizar toda la plantilla. Esta nueva forma hacia que aunque pocos, algunos se atrevieran a tomar la palabra en nombre de todos y en eso consistía la comisión.
El origen de las comisiones de obreros “debe asociarse a la presencia de gente que venciendo el miedo a las posibles represalias, realizaba el trabajo previo, formulaban reclamaciones, establecían contactos de manera discreta y, finalmente, estaban dispuestos a actuar como portavoces de sus compañeros”. Estos trabajadores eran, en su mayoría, militantes comunistas y activistas católicos.
A finales de los años cincuenta el número de trabajadores dispuestos a impulsar el movimiento de las comisiones obreras era mas bien escaso. Pero habían acumulado experiencia y recursos organizativos y esto, unido a otra serie de factores, daría resultados ya que en 1964 se creó la primera Comisión Obrera de alcance provincial: La Comisión de Enlaces y Jurados del metal.
Sucedió 2 de septiembre de 1964, y en una de las reuniones semanales, que se celebraban en la sede del sindicato provincial de Madrid y donde se acordó crear de una vez y para siempre la Comisión de Enlaces y Jurados de la metalurgia madrileña. Esta asamblea queda históricamente considerada como hecho fundacional de las Comisiones Obreras de Madrid. Pero fue a partir del 1966, que el movimiento de CC.OO penetra, a través de las elecciones sindicales, en las estructuras oficiales del sindicato vertical, y que fue posible bajo al impulso del conjunto de comunistas, socialistas, católicos, sindicalistas, ect. Pero años después hay que destacar que fue declarado ilegal y sufrió, una severa represión.
En las últimas elecciones sindicales las CC.OO llamaron a votar a los hombres más representativos de cada taller o fabrica y por su audacia las elecciones sindicales fueron un gran triunfo para las CC.OO. El Verticalismo que era la doctrina y sistema sindical que configuraran la Organización Sindical Española durante el franquismo, recibió una derrota que no volvió a jamas a volver a ser lo que había sido. El verticalismo, se inspiró inicialmente en las experiencias corporativistas de Italia y Portugal y de la Alemana nazi. A partir de los principios de unidad, totalidad y jerarquía pretendía de fusionar los intereses sociales de todo el mundo que interviene en el proceso de producción y de superar las diferencias y los antagonismos de clase. Al intentar encuadrar empresarios y trabajadores en un único organismo sindical, que, sometido a las directrices gubernamentales y dirigido por militantes falangistas, aconteció de hecho un medio de aplicación de la política económica y social de la dictadura y un poderoso instrumento de control del movimiento obrero.
Por mi parte y al poco tiempo de incorporarme de nuevo al trabajo, fui elegido delegado sindical, lo que me permitía asistir con más libertad a las asambleas y fue en una de ellas que se acercó a mí una persona, y observándome detenidamente me pidió si yo llevaba en el bolsillo la mitad de un billete de cien pesetas.
Bueno les diré que este billete cortado que yo ya lo traía desde Suiza, era la manera que en el interior me daría paso al partido. No obstante les diré que ellos ya me venían observando durante un buen tiempo mi capacidad de trabajo en el movimiento sindical y cuando ellos creyeron conveniente me acordaron una cita en los jardines del Retiro con un camarada que no he vuelto a ver y que creo que era un responsable del comité de Madrid. Días después, otro camarada me contacto en el barrio, y se presento como responsable del comité de Carabanchel y que después de discutir los pormenores de la organización en la barriada me pidió que me incorporara en dicho comité.
Es verdad que el partido carecía de militantes activos en esa época, pero creo que fue un error mi incorporación activa en el partido. Sobre todo en el caso mío en particular, dada mi militancia activa en el movimiento sindical y la labor que jugaba en su lucha abierta contra el sindicalismo vertical. Y sobre todo si se parte de la idea de que las catacumbas son la muerte del movimiento obrero de masas; ya que en esos momentos era esencial combinar la lucha legal con la ilegal. – Aun hoy sigo pensando que en esta nueva forma de lucha sindical que se desarrollaba en el país, y todo porque había que aprovechar la incorporación de nuevas generaciones de trabajadores que no habíamos hecho la guerra.
Es en Madrid y a finales del 64, que se reúne por primera vez la rama del metal en el Sindicato Provincial del metal y es allí donde nace la primera Comisión Obrera, elegida libremente en Asamblea – en presencia de los Jerarcas Verticales y de más de 500 enlaces y vocales jurados de las principales empresas metalúrgicas. Esta primera Comisión, compuesta por 13 miembros elegidos democráticamente y se llamara Comisión Obrera Provincial del Metal.
Según cuenta en su libro «Charlas en Prisión Marcelino Camacho», su nacimiento también fue espontanea, pero culminaba después de varios años de experiencia y contactos en la Escuela Sindical de la Paloma, y en los mismos sindicatos. Esta comisión actúa ya como pivote permanente y extiende su experiencia al reunirse todos los miércoles en el sindicato. Sus reuniones son abiertas y numerosas incluso en los pasillos cuando cierran el local. Después sé ira al Centro Social «Manuel Mateo» hasta que el gobierno da orden de expulsión. Poco a poco se constituyen multitudinarias reuniones de trabajadores de otras ramas, que se forman en nuevas Comisiones, como/ las de Artes Gráficas, Química, Transporte, Banca ect,; y más tarde la construcción y otras verán la luz en el Pozo del Tío Raimundo y otros lugares.
Él numero de trabajadores de todas las tendencias y dispuestos a impulsar el movimiento obrero fue en continuo aumento y para eso era fundamental el huir de la clandestinidad y tener siempre un local legal: Sea fabrica, en el sindicato, el«Manuel Mateos», los «Circulo Marzo», locales carlista, de Hermandades del Trabajo, iglesias, locales del Pozo del Tío Raimundo, del Padre llanos, locales sindicales de barriada, ect. Fue Madrid, que durante varios años dio el ejemplo al resto de los trabajadores del resto del Estado Español.
En este orden de acontecimientos y después de mi incorporación al comité de Carabanchel. La dedicación a la lucha contra el fascismo era total y apenas terminaba el trabajo salía corriendo a las diferentes reuniones. Estas eran unas de CC.OO y otras del partido, pero estas explicaciones para mi compañera tuvieron poco éxito. Mi esposa no podía comprender este vaivén que se prolongaba por la noche, al salir con octavillas o el bote de pintura a marcar los muros de las casas con consignas subversivas. Pero lo que más complicaba las cosas, era que a su hermano Tomas que por entonces vivía con nosotros le hubiera convencido de jugarse la vida con estas escapadas nocturnas.
Ya habían pasado más de dos años desde mi llegada de Suiza y mi compañera estaba aburrida que mi situación, hubiera variado. Yo tan distraído estaba con siempre con mis pensamientos ideológicos que no hacia más que añadirla más penas. Y era verdad, las noches que salíamos a pintar y debido al riesgo que corríamos. La impedía dormir y a mi vuelta siempre la encontraba llorando. Nosotros por lo contrario entreveíamos, como un ideal glorioso, el burlar a los serenos y la guardia civil, escapándonos y aumentando él numero de pintadas… Así como otras veces colocar un buen numero de octavillas en la rueda de repuesto de los camiones y disfrutar al ver como al coger velocidad cuesta debajo de la calle General Ricardo llenaba la calle de ellas. – “Teníamos que mentirla, y le contábamos que simplemente asistíamos a reuniones. –¡Cuánto me dolía no decir la verdad! –¿Pero pensaba que ella sufriría mucho más si la dijera que la policía disparaba antes de preguntar?
Bien me acuerdo como anécdota, que una noche en la calle General Ricardo (la arteria más importante de Carabanchel), que en un momento en que el sereno comenzó a palear su chuzo contra el suelo y yo me hallaba pintando una pared. El miedo fue tal que al pintar «Fuera los Yanquis del Vietnam»lo hice mal y deje escrito «Fura los Kanquis del Vietnam». La dichosa pintada estuvo por lo menos quince días y para mal mayor los camaradas se estuvieron riendo unos meses.
Recuerdo muy bien el día de mi detención, era de esos en los que la primavera madrileña hace honor a sus canciones. También es importante subrayar que se acercaba el 1de mayo y las asambleas se multiplicaban. Esas asambleas eran la base del movimiento obrero que a diferencia de otras organizaciones, no-tenia programa, estatutos, listas de afiliados, direcciones rígidas, cotizaciones, disciplina y, como movimiento unitario CC.OO no era una suma de siglas; sino la totalidad de los trabajadores en asambleas.
Fue una tarde muy movida, ya que después de asistir una asamblea en los sopórtales de la plaza de toros de Vista Alegre, cogí el metro con la intención de acudir a una cita con un responsable del partido en la Plaza de Callao y fue en el metro que me percate que era discretamente seguido por una persona. Ya en el metro en salle como tantas veces sujetar las puertas del vagón y apearme de él en el momento que el metro se había puesto en marcha. No debió de marchar, o bien pues eran barios los que me vigilaban; porque al salir al exterior seguí notando que me seguían. Ante tal situación comprendí que lo más prudente, era pasar cerca del camarada y con disimulo hacerle ver que me seguían. Bueno también les diré que no obstante en este tipo de encuentros antes de saludar al camarada, los dos nos asegurábamos que no había moros en la costa.
Había cerrado ya la noche y como todo el que vive una vida clandestina, siente que la tierra vacila a cada instante bajo sus pies. La cabeza llegue a no poder controlarla, al observar que de nuevo al coger el metro era seguido y que por más que hice por burlarlos me fue imposible despistarlos. Salí de la estación convencido que esta vez iba en serio y un miedo inexplicable me fue ganando. Seguí caminando calle adelante y más tarde quede un momento parado. Medí la vuelta y con disimulo busque entre la gente la persona que me iba siguiendo y cual fue mi sorpresa al ver que la persona. - !Había desaparecido¡.
De nuevo volvió la sonrisa a mi rostro, volví a mirar y acelere el paso como si tuviera más fuerza que nunca. No quise pensarlo más y ya había casi olvidado el asunto; cuando un poco más adelante, al torcer la calle del Camino Viejo de Leganes. Dos coches me cerraron el paso, y a una velocidad increíble cuatro personas se me acercaron pistola en mano y me obligaron a entrar en uno de los automóviles.


CAPÌTULO IX


Faltaba poco para amanecer y pese a que la oscura madrugada iba apagando mis recuerdos. Soñoliento seguí hablando en voz baja y recuerdo que el sonido de mis palabras no era placentera a mis oídos. Seria absurdo perder más el tiempo revisando con más detalles, el tiempo anterior a mi detención. Ya que el tiempo transcurrido anteriormente, dejo de existir y lo que cuenta son los sucesivos acontecimientos que siguieron a mi detención.
Luego tras una prolongado silencio, me levante del suelo y sin hacer ruido me acerque a la puerta de la celda al creer haber iodo el ruido del correr de un cerrojo. Después tras una corta pausa, pegue la oreja en ella; a la vez que detuve la respiración. El prolongado silencio, les aseguro que me causo miedo; pero más que miedo confusión. Al poco tiempo volví a oír el sonido de nuevos cerrojos; pero esta vez en la celda, donde se hallaba encerrado mi amigo Rafael Hernàndez Rico y de nuevo volví a pegar el oído a la puerta.
–¡Levántese usted!
–¿Es usted se llama Rafael Hernàndez?…
–Pero ¿para qué, señor guardia?
–Calle y acérquese a la puerta.
Luego con voz temblorosa; volví a oír la voz de mi amigo.
–¿Por favor donde me llevan tan temprano?
–«Sus problemas a mi no me interesan», dijo el guardia, a la vez que cerraba con fuerza la puerta y poco a poco las objeciones de mi amigo se fueron convirtiendo en simple murmullo perdido en la semi-oscuridad de la galería. Y aunque yo ya traía retrasado el miedo, con esta nueva situación se me acelero, al pensar que más tarde seria conducido a interrogatorio como él y reconozco que me temblaron las piernas como si fueran de alambre entre el pantalón.
A fuerza de pensar y pensar no llegué a definir con exactitud la situación exacta que me encontraba; pero al fin tras un esfuerzo más tranquilo. Volví al mismo rincón de la celda que se asemejaba a una cama, aunque mas dura que el suelo.
Luego ya más sosegado, volvió mi memoria a nutrirse de recuerdos. Los sentía ir y venir, cada vez más confusos; hasta que se hicieron más claros y precisos. Es verdad que el silencio y la melancolía, parecían estar esperándome. Les aseguro que me hallaba confuso y, además, el delgado hilo de luz que penetraba de la galería se incrustaba en mi persona como si fuera el mismo reflejo de mi conciencia y pense que el cielo se había equivocado conmigo. Dudoso de mi suerte, suspire a la vez que trate de imaginarme a un Dios capaz de solucionar mis problemas. –La verdad, es que no lo sé que era lo que pasaba por mi imaginación, aunque también pense que era inútil ya que hacia tantos años que no alzaba la vista al cielo; que me había olvidado que existía. Luego pense que todo esto se debía a que estaba comenzando a pagar mi ateísmo; al estar persuadido que el día que me convencieron los rojos el cielo se lleno de nubes y mi castigo fue el infierno aquí en la tierra.
La verdad, es que no fue mi rebeldía un sistema impuesto por la fuerza ya que no dude, ni un sólo instante en la desobediencia al régimen – Yo creo que por lo contrario fui un joven dispuesto a no dejarme humillar, mientras no me faltasen las fuerzas y vuelvo a repetir lo que siempre dije: – Que si el hombre no mantiene su forma de pensar; no merece ser llamado como tal
Como oyen, después seguí sufriendo, al ser incapaz de imaginarme el tormento y desesperación que sintió mi padre al conocer mi detención y su causa. –¿Qué habrá dicho mi padre, servidor incondicional del régimen franquista, al saber que un hijo suyo era rojo y detenido por combatir un régimen al que él había puesto todas sus esperanzas? No, no, hijo hay que respetar el Estado, no se puede jamás, poner en duda el sistema y además los más inteligente son los que siempre sabe colocarse del lado del que gana. Mi padre sólo recordaba a su propio padre, el campesino honrado de Castilla. Que en realidad, desapareció como campesino y fue como tantos otros tragado por un régimen que se olvido de ellos al no defender nunca más que el interés de la oligarquía, la iglesia y él ejercito. Y de sus pueblos quizá ya muertos, no queden más que los paisajes perdidos en viejos retratos.
Mi padre me lo explicaba todo. Melo exigía sin más, pero mi padre desde un principio supo que yo, al no sentirme ligado a sus ideales, nunca agacharía la cabeza. Él tuvo siempre, la desgarradora certeza de que yo vivía un mundo diferente. Sabia, que nunca quise fabricarme una máscara para ocultar la sinrazón de un rostro que no era el mío. No, no yo no era un tonto inútil; aunque él siempre acusaba a los que luchábamos contra el franquismo; de tontos útiles. Pero pese a todo y, pasara lo que pasara, yo siempre seria un sentimental y quién sabe sí con sacrificio y empeño. Seriamos capaces de acabar con uno de los últimos reductos del fascismo en Europa.
Ayer. – ¿No se hablaba de las Clases Medias? –¿Pero quien sabe si mi padre con su titulo de Caballero mutilado de Guerra, no se creyó siempre de ella?. No obstante yo ya a los quince años hacia parte del llamado “proletariado” y equivocado o no siempre viví una constante contemplación de esa barrera infranqueable que separa a los explotados de los explotadores. Si, es simple, no vayan a creerse otra cosa y aunque hoy suene raro; aquellos años fueron, de total exclusión y des desgarradora explotación.
Ahora y en esta nueva situación, por ahora deberé guardar mi orgullo y disminuir mi voz poco a poco. Si, perderé el habla y sólo diré en el interrogatorio como me llamo. Me transfigurare suplantando, no sé que encarnación y sin recordar nada de lo anterior. Como si mi memoria estuviera hecha de un producto resbaladizo que no logra fijarse en mi cerebro. Pero no obstante, pese a mis valientes insinuaciones una y otra vez volvía a preguntarme si: –¿Seria capaz de resistir y resignarme a mi nueva situación?
–Miren, miren lo que hicieron con Julián Grimao y ahora con Lara y Rufino. –Y tu no tienes otra solución, así que estas tan jodido como ellos…
Luego por un instante creí que la maldad humana, seria incapaz de tanta perversidad; pero no: –Sabes, te pasaran de mano en mano, te dejaran caer al suelo, te recogerán, te golpearan y de nuevo te empujaran. No, no te mataran, pero te volverán hacer caer, magullado, dolorido y ensangrentado… –¿Quien no sintió miedo alguna vez? –Esta claro, y como no tener miedo al recordar los asesinatos que el régimen había cometido y cometía todavía con premeditación y alevosía.
Deseando restablecer la calma, quede silencioso intentando escuchar mi propio dolor…Pero en mi continúa persistencia, sigo con mis ojos fijos en el techo y sin posibilidades de poder ganar el sueño. Aunque ahora un poco más tranquilo, mis pensamientos poco a poco producen rumores menos dolorosos.
Fue cerca del medio día que me anuncio el policía que transitaba por la galería que me preparara para subir al interrogatorio y pese que yo creí que lo decía para meterme miedo, no fue así; porque minutos después abrieron la puerta los dos policías que anteriormente se llevaron a Rafael Hernàndez.
–Bueno joven, lo que hay que hacer es comportarte como hombre y asumir las consecuencias. Al sorprenderme las firmes palabras del policía, mire su rostro y descubrí que era el mismo que el día anterior me hablo sobre mi comportamiento y las recordé con facilidad porque quedaron para siempre grabadas en mi me moría: – sobretodo, no firmes las cargas de acusación. –Ya que en ello se basaría la condena del tribunal.
Subimos el resto de los escalones hasta llegar al primer piso, allí el policía me llevó esposado hasta una puerta oscura de madera donde después de un suave golpeo con los nudillos, una voz gangosa dio el permiso de entrar. El comisario que después supe que se llamaba Minguez o algo así, se hallaba sentado detrás de una mesa repleta de carpetas desorganizadas y su físico al instante me recordó la de tantos falangistas imitando el rostro del caudillo. Su apariencia era la de un hombre pequeño, más bien grueso y de ojos marrones malicioso e inquietos. De pie y hurgando en la mesa, dos hombres corpulentos y con caras de pocos amigos, mientras el comisario después de retirar una gruesa carpeta recuperaba de ella una hoja manuscrita. Fue más tarde supe también que los dos energúmenos aran los dos famosos inspectores de la policía política social y apodado Wili el Niño uno y el otro el también conocido por el mote del Gitano.
Mientras el comisario seguía sin levantar la vista de un voluminoso dossier, los dos inspectores me hicieron sentar en una silla de madera recia y me pasaron las esposas por detrás de ella. Del tan mala manera que un eslabón que sirve para colgar las esposas se me clavaba en la muñeca derecha, produciéndome un dolor insoportable.
Después los dos inspectores farfullaron unas palabras que no pude entender y dirigiéndose al comisario le pidieron si podían comenzar el interrogatorio. –Sólo queríamos para comenzar hacerte un par de preguntas, por ejemplo: –¿De dónde venias la noche que te detuvimos?
El apodado “Wili el niño” que era el más corpulento, me miró despreciablemente y, al ver que yo no respondía volvió los ojos hacia su jefe, que mordisqueaba un pequeño purito a la vez que seguía revolviendo los papeles. Luego por fin él comisario sin levantar sus ojos de los papeles, no tardo con voz confusa en hablar: –¿Coño no puedes aguarda un poco?.
No fue larga la espera, pues poco después se levanto bruscamente del sillón y dirigiéndose a mí, dijo: –Estúpido, vas a contestar o no.
– ¿Con quien habías quedado en la plaza del Callao esa noche?
– ¿Quién era la persona que te esperaba?
Mira maricòn, por la cuenta que le tiene trata de recordar hasta las cosas más insignificantes y espero que no me toques mucho los cojones.
–No respondas que no lo sabia, porque les dejo a mis compañeros que actúen de otra manera…
El tal Minguez, al ver yo que no daba nombres ni respuesta alguna no tardo en cerrar los ojos y, volviéndose apoderar del sillón; arrugo la frente de mala leche, para decir: –!Como Veis el muchacho, no tiene respuesta alguna¡.
–Te pregunto de nuevo.
–¿Ibas a dar algún recado?
–¿Alguna carta?…
–Déjame pensar. Y cerrando los ojos, a la vez que despachurraba el purito, con fuerza, de nuevo, dijo: –¡Entonces me das que pensar que era una mujer!.
–Contesta cacho cabrón.
–¿Cuál de los dos era?
–¿No me digas que no sabes quien era?
–Y si, reconoces que era una mujer...
–¿No tendrás ningún inconveniente de decirme lo que sepas de ella?
–Lo siento, pero no era en absoluto una mujer, y mismo si fuera una mujer, no les diría quien era ella.
–Lo siento y la verdad es que solo puedo decirle aunque no me crea, que fui adarme una vuelta y simplemente a pasear por la Gran Via…
–!Ah¡. –¿sí? –¿Y porque a la Plaza del Callo precisamente? –¿Pero qué supone que si fuera una mujer, al estar casado le iba dar el nombre?
–¿Eso es todo?
Pregunto el comisario… Y antes de que pudiera responder, chasco con fuerza la lengua, arrugo la frente para después apagar con fuerza su cigarro en un repleto y voluminoso cenicero; al tiempo que añadía: –Perdona…–Pero casi se me había olvidado preguntarte.
–¿No, no creerás un poco jilipollas?
–Vuelvo a insistir que no queríamos molestarte y solo queríamos que nos dijera con quien tenias cita esa noche…
–¡Claro que si, y solo queríamos saber quien era esa persona!.
–Pero en fin que se le va hacer.
De reojo volví a observar de nuevo al comisario que mordía sus labios, para después con un gesto de cansancio trazar en sus labios una maliciosa sonrisa; a la vez que se sujetaba en el respaldo de su sillón con una mano y cerrando los ojos. Hizo con la cabeza un movimiento con firmeza a uno de los inspectores, a la vez que dijo: –Macho, estoy seguro que me disculparas…
La verdad es que no vi quien de los dos se acercó a mí para golpearme, pero lo que sí sentí fue un golpe seco entre mis costillas delanteras que hizo que la silla y mi persona, saliéramos despedidos a más de medio metro de distancia.
Una punzada que se parecía a un desgarro de huesos me atravesó el pecho, por encima del estomago, que me hizo perder la respiración largo tiempo, mientras seguía observando la mirada amenazadora del comisario. Que seguía pareciéndome un ave de presa encaramado en una rama, con su continua actitud de amenaza burlona. Trate de incorporarme. No pude. Cerre los ojos para intentar alejar el dolor, pero estoy seguro que detrás de ellos se proyectaba la certeza. –¡Claro! Eso es lo que van hacer contigo.. .– Lo que han hecho con los demás.
Abro los ojos: – nada se han movido y mismo ni los dos desgraciados que me sacudieron. ─ ¿Quien sabe cuanto tiempo me tendrán amarrado a esta silla?… Cierro los ojos para intentar alejar el dolor, pero al observar el rostro burlón del comisario, me dije que detrás de ellos se proyectaba la certeza de continuar el doloroso interrogatorio.
–¿No es esto lo que querías?
–Le pido perdón de nuevo y, le diré jovencito de corazón, que no quería molestarlo…
–Estoy seguro que me disculparas y me alegro de que vallas comprendiendo que con nosotros no se juega y te diré que creo que por ahora vas teniendo mucha suerte…
Después quede mucho más extrañado, al observar que con un gesto teatral el comisario abrió los brazos para decir: –estoy cansado y este ya va bien por hoy…
–Bajarlo y a ver si en la oscuridad reflexiona y comprende de una vez que con nosotros tiene todas las de perder.
Fue tal el dolor que seguí sintiendo que en realidad no llegué a entender gran cosa de las últimas palabras que pronunció el desgraciado del comisario Minguez. Pero no me fue difícil suponer, que quería decirme que aun no habíamos terminado y confieso que me dio pánico al ver la sonrisa que los dos inspectores pusieron.
Al retirarme las esposas para poderme levantar de la silla y observar que de mi muñeca izquierda salía un continuo hilo de sangre Miguez, se limito a decir uno de ellos: – inspector, le llevo diciendo mucho tiempo que las esposas, a estos cerdos les producen heridas .–Llevarlo a la enfermería, que lo curen y dile Antonio que firme el atestado como siempre…–No os preocupéis muchachos, aquí casi nadie recuerda nada; empezando por los médicos.
Era tal el dolor que me producía el golpe en las costillas, que no recuerdo bien sí en la enfermería había alguien más que el doctor… Lo que sí recuerdo es que el inspector conocido por el Gitano, al ver que el “docto” me miraba con sorpresa, le dijo: –perdón doctor, lo que ocurrió es que hay arriba a los muy bestias se les fue el brazo. –Doctor, no se asuste, si no respira bien pero lo del pecho no es grave…–Y lo de la muñeca: –¡Cósale unos puntos o que este cabrón se sujete con el dedo el agujero!.
El doctor, apenas abrió la boca, parecía como si su trabajo le diera asco; pero sin rechistar hizo un gesto extraño y pese a la campaña desatada internacional por los malos tratos. Las palabras del cabrón del Gitano hicieron su efecto y apoyándose en la mesa termino firmando el atestado…Pese a todo el doctor a mi parecer tenia dos tonos de voz: –uno que pertenecía al individuo que quería sentar plaza en la administración y en otro el mismo que acababa de resonar en mis oídos cuando al curarme en voz baja me dijo: – joven esto tiene que acabar un día, tome esta pastilla que le calmara el dolor… Y al instante comprendí que su voz pertenecía al hombre que estaba comprando su conciencia por el cambio real que se avecindaba. La verdad es que era una combinación extraña que yo en aquel entonces no llegaba a comprender, pero que hoy para mí esta más que entendido.

CAPÌTULO X
Amar y ser amado
pablogarcia
 
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Notapor pablogarcia » 08 Feb 2008, 17:00

Gracias y se sigue

CAPÌTULO X

Al abandonarme los guardias en el suelo del calabozo, observe que pese a su poca claridad seguía siendo el mismo y que nada había cambiado en él. Luego cansado por el constante dolor que me producían las costillas, intente fijar de nuevo mi vista sin interés en el reducido contorno de este calabozo húmedo de muros mugrientos y me dije que no seria mejor que los otros. –¿Qué importaba, en ese momento, que el dolor me tuviera agotado?. –¡Si una gran paz me invadía los sentidos al comprender que por un cierto tiempo me iban a dejar de torturar!.
Reconozco que toque lo prohibido y que por más me quejara no iba a solucionar nada. –¡Eres tu que lo as querido! Me contestaba a mí mismo una y otra vez, para después caer de nuevo en mis recuerdos sombríos… Sentí ganas de gritar a los demás, como habían hecho otros, pero pese a mi intenso dolor, me pregunte si yo también estaba enloqueciendo… Después me acurruque en el suelo y trate de pensar en otra cosa. Pero volvieron asaltarme constantemente amargas imágenes del interrogatorio.
Era increíble. Había estado despierto toda la noche anterior, sufriendo y maltratando mis memorias y ahora de nuevo volvían a castigarme los recuerdos… –¿No, no necesito hacerme más preguntas y no pienso pasar otra noche como la última?. Es verdad que no pude fácilmente dormirme y permanecí largo tiempo despierto, pero poco después pude observar que el pulso se iba haciendo cada vez más silencioso y la noche fue tragando mis rugidos de dolor y rabia… Pero reconozco que pese que el dolor acurrucado en la oscuridad fui capaz de controlar el dolor y el miedo. Aunque también era verdad que aveces me exaltaba la inseguridad de que el tiempo se prolongase y no fuera capaz de resistir las setenta y dos horas que la ley de por entonces autorizaba a la policía a mantener los interrogatorios. También sabia por lo que había oído, que al finalizar las setenta y dos horas de la detención seriamos trasladados al juez de la Plaza de las Alesas. este juez podía ordenar después de estudiar nuestro expediente: – prisión incondicional hasta el día del juicio y este la mayor parte de las veces podía durar en salir más de un año. Por eso la única solución era aguantar como fuera el interrogatorio y no firmar nada en esas setenta y dos horas.
No volví a oír pasos ni voces, ni siquiera que me vigilaban desde el pasillo; pero recuerdo bien que no pude antes de caer agotado en el sueño, olvidar la expresión feroz de los inspectores vociferando amenazas. Pero al fin las pastillas que me había dado el doctor, el cansancio y el silencio ganaron la partida, y termine quedando dormido.
Mucho después, con el frío que precede al amanecer, desperté molido por ese jergón cubierto por un colchón de paja y no de plumas –¿Dónde estoy?. –¿Qué me ha pasado?. Y al instante quede más tranquilo al comprobar que mi cerebro semidormido seguía oyendo aun los latidos de mi corazón lastimado… –Tranquilo y tómalo con calma que sólo sufriste un fuerte golpe en las costillas…Poco después, recuerdo que ya con más tranquilidad, volví de nuevo a rememorar lo ocurrido el día anterior y al respirar hondo me asuste al oír que de mi pecho salía un débil silbido… y me dije: –¿Será cosa de poca importancia?…
Fue poco lo que tarde en lamentarme, pues a los pocos minutos oí una voz que me decía. –Es demasiado tarde ya para quejarte y no todos han tenido la misma suerte que tu. Fue una voz ronca que a la vez dijo: –póngase de pie. Me volví y allí estaba con pistola en mano en el umbral de la celda acompañado de otro policía de paisano, corpulento, con un cigarrillo en la boca y de rostro aceitunado.

Me puse de pie y el de la voz ronca oí que balbuceaba: –Coloque las manos delante que le pondré las esposas, que lo quieren arriba.
–¿Pero bueno qué les pasa a ustedes?
–¿Ustedes cree que es necesario conducirme apunta de pistola?.
–¿Y cómo sé yo que no trataras de hacer alguna jilipollez?
–¿Por qué iba a hacerlo?
–¿ Quieres decir que no nos crearas problemas? –Pregunto ansioso el policía de paisano…
–¿Lo prometes?
–No tengo porque prometerlo.
–¿Y además porque lo iba hacer?.
–¡Ven sígueme y no me crees problemas!.
Le seguí hasta la puerta del despacho del comisario donde ya se le oía dar voces. Mire hacia atrás y me sorprendió ver en el rellano del piso a mi padre acompañado de un amigo, que yo rápido reconocí. Se trataba de un amigo de de él que según había oído era capitán, o algo así de la Interpol (la policía internacional). Este individuo se llamaba Miguel y, era del mismo pueblo de mi madre y donde yo había nacido y en la guerra civil tubo una alta graduación militar para después ejercer un alto cargo en la interpol.
Una vez en el despacho el comisario se puso de pie, se apoyó en la mesa sobre sus manos gruesas y hablo con voz que salía gangosa del pecho.
–¿De nuevo te voy a repetir la misma cosa?…
En ese mismo instante le contemple y me sorprendió al ver que ahora sus ojos se hallaban apagados y sin la misma intensidad de desprecio que antes.
–¿Qué pasa y por que me miras?
–Es incomprensible y, no entiendo nada para que tenéis la chola y además no sé para que os sirve…
–Así que a ver si eres buen chico o yo te obligare a serlo…
–Sabes me alegro de ver que as comprendido lo que yo quiero decirte… Dijo el comisario yendo hacia la mesa, para coger un purito y, después de encenderlo, se trago varias bocanadas de humo; para luego volverse a sentarse. –Ayer ibas a decirme algo de la cita que tenias en la Plaza del Callao…
–¿Por qué no pruebas hacerlo ahora?.
El comisario al ver que yo no daba respuesta a su pregunta, estuvo durante cierto tiempo con la vista perdida en el techo y a la vez que reflexionaba saboreaba el humo del cigarro.
–Sabes lo creo muy aconsejable.
–Muy aconsejable
–Pero te aseguro que no se te ocurra decirme una chorrada.
–Por última vez, le repito.
–¿Te importaría decirme de que se trataba?
Al llegar aquí, yo no hacia más que mirar a los lados en espera de un nuevo golpe entre las costilla; pero tuve suerte porque alguien desde la puerta le llamo para decirle que dos personas le esperaban en el pasillo para hablarle.
–Te he dado una oportunidad de hablar y estoy dispuesto a escuchar tu versión de lo ocurrido.
–Voy a salir, pero no te permitiré que sigas engañándome más tiempo.
– Haz lo que te plazca, pero atenté a las consecuencias y te aconsejo que mientras reflexiones.
No abrí la boca, pero reconozco que sus amenazas no habían aun logrado cambiar de mi rostro, mi sólida expresión. La verdad es que me calmo los nervios el sólo hecho que los dos policías que acompañaban en él en el interrogatorio no eran los tristemente celebres ya mencionados.
Quede en el despacho con un de los policías, que se sentó en una silla y con sus manos movía con rapidez un periódico deportivo. Mientras yo lo observaba todo y, al percibir que el policía se hallaba entusiasmado en su lectura, me acerque a los tabiques del cuarto con el fin de poder ver los cuadros que colgaban en sus muros.
Paso más de media hora, hasta que entraran de nuevo el comisario y el policía que le acompaño. Mientras tanto yo pude registrar en mi mente los diferentes anagramas que hacían alusión al funcionamiento del partido y su forma de organización. La verdad es que me servio de mucho, al comprobar que la policía no conocía gran cosa de nuestra forma de organización y esto me lleno de ánimos para resistir.
Al comisario, la voz ahora parecía salirle de pecho, pero entono relativamente normal. Después, me miro en silencio y sin dejar de mordisquear su cigarro– dijo: –Te voy a preguntar una cosa, aunque ya sé tu respuesta.
–Tu cuñado Tomas, por casualidad no te ayudaba a repartir las octavillas.
–¡Claro que no! –Y además, ya sé que no contestaras.
–Bueno ya se encargara de él el juez…
–As tenido suerte, a ti té pasa igual que a otros hijos de heroicos combatientes de la guerra.
–¿No obstante, eres uno de los detenidos más complicados que he tenido?.
–¡Esto es una marranada!
Sé hecho a reír– y dijo: –Está bien, digamos que es una mierda.
–Después volvió de nuevo a decir, dando unos golpecitos con el dedo sobre la mesa: – No estoy convencido, de que sea una buena cosa, el que tu padre y Miguel al que yo bien conozco intercedan por ti.
–No obstante es tate convencido, que pagaras porque hijos de gente más famosa que tu padre se están pudriendo en la cárcel.
–Sabes jilipollas que por ejemplo el hijo del Ministro del Aire Daniel La Calle, lleva años en la cárcel y ni Dios lo salvo.
No me dejo hablar, y pese a que yo quería defenderme de sus insultos, liberando mi entereza política; el tal Minguez volvió a decir: –¡Cierras la boca, pero da lo mismo ya que no obstante tengo las suficientes pruebas para que te caigan un buen puñado de años!
–¿Qué fanfarrón le vas a decir a tu padre el día que salgas de la cárcel, qué la policía social sé a desbocado contigo?.
–en estos momentos esta en moda jugar a los buenos, pero en realidad no sois más que unos pobres ambiciosos intrigando para heredar los puestos vacantes que deje cuando se muera el viejo…
–No obstante estoy convencido que vosotros os usan gente más lista que vosotros y os usan como tontos útiles.
–Sabes– te voy a dejar y sabes porque: –Primero, porque estoy convencido que tu no puedes darme a nadie que sea más jefe que Lara y ya sois tantos los hijos putas de rojos que no podemos detener más que a los comités de barriada y dejar a la base sin cabeza por un tiempo: –Segundo, porque por lo menos diez años de cárcel, no té salva ni la caridad: –Y tercero porque yo también tengo hijos y me joderia que un día esos comunistas desgraciados me los liaran.
–Pero que infelices, no os dais cuenta que los poderosos son como los gatos que aunque les empujéis desde lo más alto siempre caerán de pie y que los cambios que se produzcan un día serán los que a ellos les interesen.
–Si jilipollas, tus idiologos son como Jesucristo, que fue un mago del surrealismo, pero los políticos que os dirigen son unos comerciantes de una esperanza que nunca lograreis…
Me callé, pero les aseguro que treinta años después, sigo recordado estas palabras con una exactitud impresionante y recordando hoy los años de la transición democrática y su “pacto de silencio”. Me viene a la memoria, la peluca de Santiago Carrillo que explica cómo la derecha gobernante renuncio al poder para compartirlo en democracia, mientras el PCE, que él dirigía a renuncio la restauración histórica de los vencidos y a exigir un castigo digno para los asesinos y torturadores.
– Si pero que más da… –¡Teníamos entonces los bastantes redaños, que no veíamos más que un mundo paradisiaco!.
Mientras reflexionaba de las últimas palabras de comisario. Observe que me clavaba los ojos y en ellos aparecieron chispas de firmeza y astucia. La verdad es que no sabia nada de lo que iba suceder y no podía imaginarme nada. No, no tenia ni idea de lo que iba hacer conmigo y todavía creí que me iba a seguir interrogando cuando se levanto y con un gesto de agresivo desprecio, dijo: –¡Quitarlo de mi vista que se vaya al infierno y se pudra en la cárcel!…
–Bajarlo y aunque creo que este no a escapa mal de nosotros el juez con las tres mil octavillas que encontramos en su casa y las fotos que tenemos de ellos, ya tiene para que le fiscal le pida por lo menos doce años…
–¿Tu no lo sabe, pero te diré que por lo tuyo tu padre a sufrido un duro golpe y tiene todo el cuerpo amarillo?…
–Y además cacho-cabròn, tu sabes que esta gravemente enfermo del corazón.
Después como reflexionando de nuevo guardo silenció y, cogiéndome de mala manera del hombro me empujo hacia un espejo que parecía colgar en la pared y apagando la luz del despacho a través del espejo aparecieron como por arte de magia tres personas. La sorpresa fue mayúscula, al reconocer entre los dos policías al propio Marcelino Camacho. –¿Claro que ha este tampoco lo conoces?
–Claro que lo conozco, y usted también.
–¡Qué cachondo eres!
–¿Qué quieres desconcertarme?
–Yo no te pregunto que si as oído hablar de él, si no que cargo tiene en el Partido Comunista.
–¿Por favor usted cree que a nosotros nos dicen esas cosas?
–Yo lo conozco a nivel sindical y porque es delegado sindical elegido democráticamente como yo.
El interrogatorio hubiera podido terminar aquí, pero cogiendo de nuevo de malos modales, me condujo a su mesa y sacando de un cajón de un puñado de fotografías me dijo: –Como ves conozco muy bien a todos los que estáis en estas fotografías, y tú estas en casi todas tu estas entre ellos…
–Enterado, sabrás que llevamos más de tres meses siguiendo y estas pruebas son más que suficientes para condenaros sin que digáis una palabra.
–Quiero que mires de nuevo estas fotografías y como veras no tengo que añadir nada más de lo que dije antes…
–Yo comprendo fácilmente que ti no te hayan dejado conocer a nadie con más responsabilidad en la organización que a Rufino y Lara…
–¿Quieres saber más?– pues te diré que a esos si se les a dado lo suyo, porque ellos si conocen a los maricones que os dirigen…
Guardo silencio un momento. Mantuvo los ojos en mi rostro y por su expresión pude percibir los movimientos de su mente, y todo se me ofrecía en una imagen transparente, como si este asqueroso fascista, hubiera estado jugando al ratón y el gato con migo.
–Bajarlo y que se valla a la mierda…
En el fondo no sabia si hablaba en serio y si tenia la intención de abandonarme para siempre. Hasta que con un airosa encubierta por algo que yo interpreté como una elegante desdén, dijo: –¿Espero so maricòn, que te sirva de mucho el ir a la cárcel y sobre todo para que tengas tiempo de reflexionar de todo lo que té dicho?…
Que descanso, encontré al volver al sótano de la Dirección General de Seguridad y, pese a estar sucio y oloroso. Mi nueva situación me produce rumores blandos, relajados sin las presiones sufridas anteriormente y que pueden introducirme en el sueño.
La puerta se abrió de nuevo y después que el guardia dejara un plato de aluminio y un pedazo de pan en el suelo la cerro tras de él. Del exterior de la celda llegaban las voces recias y exigentes de los guardias de servicio. Después la espera se hizo larga y las voces sonaban tan similares, que apoye la cabeza en mis rodillas y me dije: – Lo peor a pasado y ya no hay que apurarse. – “Saldré de esta”.



CAPÌTULO XI


Fue a la mañana siguiente, que medio adormilado la puerta volvió abrirse, mientras el otro guardia de turno seguía sonando con los nudillos las puerta a la vez que repetía: –De pie y seguidme.
Nos sacaron al pasillo y señalándonos el lugar donde se alineaban los otros detenidos, me ordeno con fuerte voz que me colocara detrás del último. Después el sargento colocado al frente de un grupo de presos que debía ser de unos docena, me dijo: –¿Cómo se llama usted?
–¿ Reconocen sus nombres y apellidos.
–Bien –Sigan en fila y síganme.
Dada la penumbra que en los sótanos existía, nos era difícil reconocer a los demás detenido y solo fue al colocarnos en los asientos del furgón celular. Que aparecieron con claridad los rostros de todos los detenidos. Por temor a que el sargento como los dos grises que nos acompañaba descubriera que realmente nos conocíamos entre nosotros; nos limitamos todos a saludarnos con la vista.
Entre los detenidos y como bien me dijo el mamón de Miguez se percibía en sus rostros las marcas de la tortura. En el trayecto que nos separaba la Puerta del Sol, hasta la Plaza de las Alesas; no fue difícil reconocer uno a uno los compañeros esposados y al empezar por mi derecha se hallaba, Rafael Hernandez, Rufino García, Lara, Miguel Puertas, Antonio Manzanares y un miembro del comité como nosotros que le llamábamos el electricista. Enfrenté iban Marcelino Camacho, Luis Royó, Julián Ariza, Gooicochea, Traba y otros miembros de la CC.OO que ahora no recuerdo.
El pasillo compuesto de una docena de celdas del tribunal, era un espacio largo y de techo alto, decorado con muy mal gusto y, una vez cerrada la verja que daba paso al pasillo. Los grises fueron librándonos las esposas, para después sin guardar orden en los expedientes adentrarnos en grupos de a cuatro en las diferentes celdas del tribunal.
Aquello era una gran recompensa por las largas horas pasadas en la incertidumbre de aquellos calabozos siniestros de la Dirección General de Seguridad. Aquí no nos prohiben hablar. Pero no obstante un cierto tiempo nos miramos los cuatro recelosos que un micrófono escondido pudieran grabar nuestras conversaciones.
En la celda había cuatro literas de hierro cubiertas con una manta del ejercito, y a lo que se refiere con los demás detenidos, no tuve ningún problema en reconocerlos. Él más corpulento y con aire de desenvuelto, era Ariza que yo conocía por haber coincidido en muchas reuniones de las CC.OOO del sector de la metalurgia. El otro miembro de comisiones era Traba, y dirigente a la vez de los movimiento sociales católicos y el tercero era un militante del PCE que penas yo conocía. El camarada en cuestión supe luego que se llamaba Antonio Manzanares y fue detenido al aparecer a causa de las fotografías que lo denunciaba en compañía de Rufino. También se hallaban dos militantes de las CCOO, que preocupados en sus rostro se reflejaba una expresión de honda turbación, como si se viera ya condenados por el juez.
Antonio Manzanares en ese momento, no tenia la capacidad de disimular su nueva situación. Pero al poco tiempo sé fu retrayendo a medida que Ariza y Traba, le fueron dando confianza. Antonio, tenia ya el pelo blanco y todo pese a ser un hombre que no había sobrepasado los sesenta años. Luego ya más tranquilo se sentó al borde de la cama y, apoyando los codos en sus rodillas se sujetó la cabeza; para quedar así largo tiempo meditando.
Eran exactamente las diez de la mañana, cuando el primer abogado se acerco a la cancela, acompañado de dos grises. El abogado, hombre joven, alto, moreno y recio. Apoyo las manos en los barrotes de la puerta y, saludo a Traba y Ariza pidiéndoles que fueran cautos en sus contestaciones al juez. Después me sonrío pícaramente, como si me conociese de siempre y me dijo que había hablado con nuestras respectivas esposas. Pero no siguió hablándome, al observar que uno de los grises puso cara de pocos amigos y mientras Antonio Manzanares seguía de espaldas en la cama, contemplando fijamente el techo.
–¿Qué dice usted?
–¡Qué nos puede sacar de aquí!
–¿Es verdad que no puede hacerlo?
Dijo Antonio dirigiéndose al abogado. El joven abogado, dejo escapar una risita, se rasgo una oreja y le contesto jovialmente: –¿Cuantos crees que hay detenidos hoy como tu?
–Treinta por lo menos.
–Más que esos.
Respondió el abogado, pues llevan llegando des anoche. –Bueno adiós muchachos y sean prudentes. Dijo el abogado amablemente después que creyó decir todo lo que podía decir.
Camino de la oficina del juez íbamos todos esposados y custodiados por un gris y su fusil. Tenían que impresionarnos y no encontraron mejor manera de hacerlo. Entré en el despacho del juez, en el momento preciso que se hallaba a úsente y sólo se hallaba en el una muchacha joven, que me miro con los ojos muy abiertos, negros y llenos de curiosidad, pero no me hizo ninguna pregunta acerca de mi detención.
El despacho se hallaba adornado con los cuadros de José Antonio y el “caudillo y como todos y de tras de la mesa la bandera nacional. En la mesa, tampoco faltaba el impresionante crucifijo; guardián de la justicia divina y los expedientes descansaban desplegados e abanico.
–Tenga la bondad de sentarse. Dijo el juez, tendiendo su largo brazo hacia la silla. –También le diré aunque valla a ser condenado usted a muchos años, no se puede quejar; ya que antes sin más se les a fusilaba y además sepa que es una estupidez intentar acabar con el régimen establecido…
–Tome un cigarrillo y dígame: –¿Es usted realmente comunista?
–¡Si¡ Respondí fuertemente y con torcida sonrisa tome el cigarrillo.
–Bueno parece usted muy valiente
– Pero cuénteme.
–¿Para que quiere que le cuente nada, si de todos los modos no me va a creer?…
–¿Todo eso esta muy bien, pero además que mierdas hacia usted con toda esa banda de rojos?.
–Así que le salió a su padre rojizo…–No tiene vergüenza y no debía usted tener derecho a vivir… –Pero hay que ser jilipollas, para a verse metido toda esa filosofía barata. El juez después permaneció cierto tiempo sin moverse, mirándome fijo a los ojos y tras un ademan de desesperación. Se puso a rebuscar entre las desorganizadas carpetas amontonadas en la mesa y encontró al fin el dossier que buscaba. –¿Este eres tu? Pregunto de pronto el juez, mostrándome unas fotografías. –Sí.
–Ve usted aquí están las pruebas y además ese montón de libros y octavillas que se encontraron en su casa, es la prueba de que yo le acuse dePropagan Ilegal y de Asociación Ilícita… –Pruebas suficientes como para que yo le decrete cárcel incondicional; hasta que en el juicio, sea usted condenado en firme.
–Pero si usted se arrepiente ahora, podría ser un atenuante a su favor; pero de lo contrario aténgase a las consecuencias…
–De todos modos si no se arrepiente, más tarde, o más temprano; un día con lo único que podría encontrarse es con un balazo por sus ideas ridículas…
Luego el juez quedo más tranquilo, al saber que su misión había acabado. Pero al ver que yo callaba le dio una larga chupada al cigarrillo y, con brusco movimiento se revolvió en el asiento; para después levantares del asiento y nerviosamente coger un voluminoso montón de papeles que se hallaban en la mesa. La verdad es que no tardo mucho tiempo en ojearlos y clasificarlos y, dirigiéndose a la muchacha que se hallaba sentada frente a una reluciente maquina, se los entrego para decirla que levantara acta de todo lo concerniente a las pruebas que me condenaban a prisión incondicional.
En fin usted se lo a buscado y a mi no me queda más remedio que cumplir con mi deber y usted siga acariciando las más risueñas esperanzas revolucionarias…
–¿Señorita, usted no cree como yo, que estos jóvenes son unos estúpidos?
–¡Es curioso, como estos estúpidos siguen creyendo en la Revolución bolchevique de Octubre y no comprenden que todo aquello termino para siempre!–¿Pero que proponen ustedes, la anarquía como madre de todos los desordenes?
–Si claro –¡la destrucción de todo el sistema existente hasta arrasarlo todo y que no surja nunca más la semilla del capital, las ciudades y las fabricas!…
–Pero majadero, usted cree les vamos a dejar sin más que hagan aojo…
–Pero no se da cuenta que somos muchos más que todos ustedes, y que lucharemos para que es no se realice.
–Y mismo si un día lográis la estúpida democracia comprendéis que ella será una democracia burguesa y vosotros no os comeréis una rosca e incluso terminareis por desaparecer…
–No obstante ya veo que la discusión con ustedes, es totalmente absurda…
Después, en el despacho del juez se hizo un profundo silencio, como si él quisiera que este silencio fuera le final de sus creídas palabras y que sus argumentos filosóficos fueran la justificada razón de mi condena.
–¡Fuera!
Dijo, volviéndose hacia mí señalando con el brazo la puerta; a la vez que con un movimiento brusco de cabeza, se dirigía al guardia para que me acompañara.
–¡A la cárcel con él y él mundo me quedara muy agradecido!…


SEXTA GALERIA
CÀRCEL DE CARABANCHEL



CAPÌTILO XII
Amar y ser amado
pablogarcia
 
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Notapor pablogarcia » 21 Feb 2008, 17:04

SEXTA GALERIA
CÀRCEL DE CARABANCHEL



CAPÌTILO XII


La cárcel de Carabanchel la proyecto Franco en 1940 como pudridero de sus enemigos políticos. Ella fue construida por los propios presos y, como los que fueron a cavar al Valle de los Caídos pasaron hambre, frío y desolación en este Alcatraz madrileño. Entre los muros de este triste penal se acumulan cientos de historias y recuerdos, de los cientos de presos políticos que continuaron luchando indomables después de ser condenados por el triste y celebre Tribunal de Orden Publico.
Nosotros ingresamos en Carabanchel, una mañana de a mediados de Abril y les diré que entonces las cárceles no tenían piscina o televisión. Entonces sólo había ratas y miles de hombres depauperados. No obstante según cuenta el líder comunista Simón Sanchez Monter a quien la Dictadura le hizo recorrer todas sus cárceles durante tres décadas. La cárcel de Carabanchel, le pareció cómoda si la comparáramos por las que el había ya recorrido.
Al sexta galería de Carabanchel, era la que la administración penitenciaria había asignado a los presos políticos. La sexta galería, tenía un comedor pequeño pero muy hermoso y todo gracias a la comuna organización que montaban los presos políticos en las cárceles. Si así era «Los presos políticos nos permitíamos el lujo de vivir mejor» y quizás fueron Montero y Marcelino Camacho los que jugaron un papel fundamental en ello…
Si lugar a dudas, fuero los dos presos más insignes de Carabanchel, pese a que muchos – hoy políticos de renombre – presumieron durante años de haber pasado por esta galería y todos aunque su instancia se redujera a varias semanas. También hay que reconocer que por ella desfilaron también otros miles de presos comunes que vieron cómo el régimen franquista rescataba para su infamia el garrote vil, con el que se ajustició a varios condenados. El 4 de julio de 1959 daba su último suspiro el más célebre de ellos, Jarabo, acusado de cuatro asesinatos. Cuatro años después, dos anarquistas, Francisco Granados y Joaquín Delgado que también fueron ejecutados. Aunque estos murieron alegando su inocencia sobre los atentados que les achacaban, pero fue hace poco que se demostró que fuero inocentes.
Diez días habían transcurrido desde mi detención y confieso que aquí la vida dentro de lo que cave, era más tranquila. Aunque reconozco que el día que cruce por primera vez la cancela de esta cárcel el “alma” se me cayó a los pies. Ya que antes de instalarnos en la sexta galería nos tuvieron incomunicados tres días en la famosa primera galería que era donde se hallaba la flor y nata de la delincuencia Española.
Me da pena recordar aquellos largos días incomunicado en esa sucia y mal oliente celda y si entonces pense que nunca pasarían ahora creo que no fue más que un pesadilla interminable. El miedo ante los demás presos comunes, viene porque siempre no los han pintado amenazantes, y no de una compasión a esa enfermedad que forma parte posiblemente de ese espíritu de rebeldía por lo fácil…
Una de esas terribles noches que pase aislado escuche a mi lado gritos estremecedores y, cuando sé a cerco él funcionario le pregunte que es lo que pasaba y me dijo simplemente: –que era la desesperación de todos en general y la de nadie en particular.
El día que termine de mi incomunicación, pude salir de la celda, y salí pasear libremente por la galería que tenia fama de ser la más peligrosa y bien recuerdo que salí de muy buen talante. Los presos en su mayoría me dieron la sensación de tener un aspecto brutal en el mejor de los casos, deambulando de un lado para otro con caras afligidas y tensas y lo que más me impresiono fueron sus maquiavélicas miradas. La verdad es que yo encontraba entonces todo difícil y estremecedor y no porque los presos se dirigieran a mí en tono amenazante, todo lo contrario pues el mero hecho que supieran que éramos un preso político bastaba para que se estableciera una admiración y respeto total.
Pero créanme que pese a lo que pueda significar de doloroso la cárcel, lo que sucedió después de mi incomunicación fue totalmente diferente. Al ser trasladado a la sexta galería y ser recibido casi como en una fiesta por una gran cantidad de camaradas de todas las tendencias allí encarcelados y recuerdo que luego para mí la salida o la entrada de un nuevo preso político, se convertía en la novedad del día.
Aquí respiraba mi aire y en la celda y los pasillos se podía uno ver la cara por su limpieza y sobre todo nos enseñaban como soportar lo mejor posible el tiempo que nos quedara. Y como bien digo gracias a nuestra forma peculiar de organización, la comida que entraba de las familias y amigos, era repartida sin ninguna distinción y si en la calle no se pudo aplicar el socialismo aquí el sistema comunal marchaba de maravilla. Cosa que en el resto de la cárcel no sucedía así…«Las demás galerías estaban tan sucias que cuando caminabas por los pasillos se te quedaban pegados los tacones». La comida era mala, insuficiente y siempre estaba fría. Las violaciones de los derechos fundamentales de las personas era pisoteadas continuamente…«Aquello lejos de ser un reformatorio era un deformatorio»…
Por su comportamiento, los funcionarios sabían distinguir las debilidades de sus vigilados: –los anarquistas siempre estaban solos; los comunistas éramos los que más leíamos; y los nacionalistas andaban en grupo. A mí me designaron la celda 23 y, en ella se hallaba Martín Fraga, un conocido líder sindical Asturiano y recuerdo que el comité: –«organizaba concursos de canciones revolucionarias, de pelota vasca, de ajedrez y dábamos clase de filosofía»…
Así comenzó mi vida en la sexta galería, que se distinguían los días, cuando los jueves y domingos la familia nos visitaban… Y poco a poco, mi corazón se fue calmando, al decirme, que sólo debía pensar en cómo pasar lo más distraídamente posible el tiempo que me quedaba.
Fue mi primera visita después de mi detención y recuerdo que tuve que comunicarme con mi compañera a voces y mismo así, debido a que éramos tantos los presos y las visitas que ni a gritos nos entendíamos. Pero no obstante fue un día que quedo grabado en mi recuerdo para siempre. Recuerdo también que después de la visita una cantidad importante de cubos de plástico repletos de comida, que la familia y la solidaridad de los movimientos existentes en el exterior, se encargaban de hacernos llegar. Nutria nuestras dispensa que la madre de la comuna se encargaba de distribuir a partes iguales. «Actualmente son un tópico», asegura el sacerdote Carlos Jiménez de Parga, asesor del Defensor del Pueblo para asuntos penitenciarios, que también estuvo preso en Carabanchel en 1968 por «causas políticas». Pero por entonces era cuestión de supervivencia, ya que esta solidaridad entre todos nos permitía subsistir en este universo carcelario tan deshumanizado.



CAPÌTULOXIII


Mentiría si intentara minimizarles la vida en la cárcel, ya que de una manera o de otra, la cárcel es muy dura aunque para nosotros que meteríamos un profundo idealismo, siempre se espera que las cosas cambien un día la situación era más llevadera. Pero el tiempo pasa siempre con el mismo discurso, las mismas palabras, los mismos juegos de palabras y las promesas jamás cumplidas. Hasta que por fin llega el día que se pierde toda esperanza. Sobre todo cuando se tiene 25 años y todo se convierte en un suplicio al darse cuenta uno que las cosas buenas que aún existen en este mundo no son para nosotros
No obstante reconozco que mi nueva situación era una gloria y, el pasado un problema resuelto y ahora debía de crearme una valiente cura de optimismo para afrontar nuevas luchas y nuevos problemas. Por eso, al recordar los días pasados en la Dirección General de Seguridad. Apretaba pos puños, me tragaba las lagrimas… –¡Oh, los miserables, los canallas, –los canallas!… –¿Cuanto miedo me hicieron pasar?. – ¿ Tal vez como los demás – y tal vez más que todos ellos juntos, ya que al fin yo era nuevo en la lucha y no había razón alguna para dármelas de héroe?...
Bien recuerdo haber sufrido un miedo inolvidable. Creo que como los demás no haber tenido más que un pensamiento en el cerebro y una suplica en los labios: –si seria capaz de aguantar y salir lo mejor posible de esa “ratonera, o de ese terrible infierno.
– ¡Qué diablos!… –Al fin tuve suerte, si me comparaba a esos camaradas, mil veces benditos que con un coraje de hierro aguantaron con admirable sencillez la misión que les habían designado.
Porque vencer no es convencer y nadie convence por la fuerza bruta, como fu el caso de Julián Grimau, uno de los últimos fusilados por simple asociación ilícita y propaganda ilegal. Ya que según la gravedad de los hechos invocados, dos procedimientos pueden ser utilizado–sumaria o sumarísima. Es esta última le fue aplicado a Julian Grimau y en 1963 fue fusilado. A Grimau, se le reprochó ser miembro del comité central del Partido Comunista y él estar a la cabeza organización clandestina del partido que operaba en España. O como García Garde que contó que había sido detenido por participar en una movilización estudiantil en el barrio obrero de Gros, en San Sebastián. Donde “el propio y tristemente celebre Manzanas le propino en el interrogatorio insultos, golpes, porrazos en los pies y patadas en los testículos... Le pusieron una bolsa, era de tela de lona y la utilizaban para asfixiarles. Aquel tipo era especialista en dejar muy mal de la cabeza y de todo el cuerpo a la gente”. Y sigue contando que las torturas no fueron diferentes de las que sufrieron otros detenidos, como Miguel Laskurain, José Luis Egurrola, Sotero y Mikel Irazusta, Sabino Tellería y algunos más. ‘Manzanas era un torturador, como Saturnino Yagüe y muchos otros jefes locales de la policía política de la dictadura’, pero aquél ‘era especialmente cruel’. ‘Por ejemplo, a Víctor Lecumberri, Xabi, le clavó palillos, le arrancó uñas y le sometió a torturas insoportables’, recuerda el veterano dirigente comunista, cuya detención, el 4 de abril de 1965, fue seguida de una paliza por el método de la botella borracha: metido en un círculo de ocho policías, le dieron golpes hasta que perdió el sentido.
Al recordar las torturas de las que hablaban los vascos en la cárcel de Carabanchel y seguros que Ipolito Manzanas fue tan cruel, que el día que lo asesinaron los vascos; “hubo brindis en las cárceles cuando se lo cargaron”.
Es evidente que los dolores más intolerables se olvidan con el tiempo. Los hechos indignos que cometieron el tiempo llega por fortuna a borrarlos. ¿Quién podría, si no, seguir viviendo?..–¡Ni pensarlo hombre!… –Eso hay que olvidar y seguir convencidos que la victoria es nuestra: –me decía mi compañero de celda.
Martín Fraga, hacia parte de esos valerosos mineros asturianos que el origen del descontento de los trabajadores en Asturias se remonta a 1957, momento en que ante el desmoronamiento de las defensas autárquicas sobre el carbón el empresariado inicia una reconversión, llamada racionalización, que reduce los salarios y hace desaparecer ciertas primas. Esta medida trajo como consecuencia diferentes actos de rebeldía en algunas explotaciones y diferentes medidas de represión.
Estos movimientos tendrían secuelas en la década siguiente y traerían como consecuencia la aparición de las comisiones de solidaridad que recogían aportaciones de los mineros con destino a los represaliados. A partir de 1960 las organizaciones clandestinas van asentándose en las zonas mineras manifestándose en conatos de huelga. Sin embargo, las estructuras de contención laboral del régimen aguantarían hasta el 7 de abril de 1962, fecha en la que fueron despedidos siete trabajadores de «Nicolasa». El conflicto se extendió rápidamente al conjunto de las explotaciones de Fábrica de Mieres que pasaría pronto a la cuenca de Turón y, a partir del día 18 a la zona de Aller para posteriormente pasar a la cuenca del Nalón. Entre finales de abril y primeros de mayo el conflicto se extendió a las principales factorías asturianas así como a las zonas carboníferas de León, Berga, Teruel, Barruelo y Puertollano y con más o menos intensidad a las zonas industriales de todo el país.La acción de los piquetes fue fundamental durante el conflicto. En este aspecto las mujeres de los trabajadores más comprometidos desempeñaron un papel importante. También, la sensibilización internacional con el conflicto contribuyó al afianzamiento del mismo.
A finales de mayo el Gobierno cumplió con las exigencias obreras que pasaban por la anulación de las represalias empresariales y gubernativas volviendo los trabajadores a sus puestos. Parecía la más importante victoria del movimiento obrero en muchos años pero la crispación suscitada continuó latente hasta el mes de agosto en que algunos desacuerdos y fricciones hicieron explotar el precario equilibrio alcanzado en mayo. El 18 de agosto trabajadores de Duro Felguera se negaron a entrar al trabajo en el pozo Venturo por el despido de un compañero decretando la empresa el cierre por orden gubernativa. La huelga se extendió rápidamente ya que los patronos se dieron bastante prisa a clausurar pozos donde surgían conatos de solidaridad. Las organizaciones sindicales vieron en esta actitud un cierre patronal inducido por las autoridades con el fin de desacreditar a los mineros y justificar las medidas represivas suspendidas en el mes de mayo. Durante el período entre ambas huelgas la Brigada Social había revisado exhaustivamente los archivos policiales para seleccionar las primeras detenciones.
Para Martin Fraga, «muchos de los trabajadores que participaron en los acontecimientos vieron esta situación como una provocación». Hay actitudes que son reveladoras. Solamente cuatro días después del primer cierre ya existían listas con propuestas de destierro y eso no se hace de un día para otro».
La patronal minera aprovechó la situación para deshacerse de los trabajadores conflictivos mientras la Brigada Social intentaba destruir los aparatos clandestinos deteniendo y deportando a los obreros más significados.
Entre los detenidos me cuenta que esta él, pero cree que había más de 300 mineros desterrados de Asturias que fueron enviados a distintos puntos de la geografía española lo que provoco la creación de comisiones para canalizar la solidaridad económica y presionar para atenuar su mala situación. Y cuenta que hasta noviembre del 63 no pudo regresar porque que las autoridades lo consideraba peligroso.
Tampoco puedo olvidar, aun histórico luchador Asturiano y, que por una serie de razón el tiempo que estuvimos juntos en la cárcel fuimos grandes amigos. Alberto Muñiz, que con Berto Loredo, 64 años, es uno de los dos únicos mineros que aún viven de aquel primero de Nicolasa que puso en marcha el movimiento. Entonces tenía 24 años. Y demostró que era posible luchar contra el franquismo y, plantarle cara pese a todas las represalias del régimen. Alberto Muniz, sufrió tantas detenciones como Berto Loredo, que el solo contabilizo más de 20 detenciones; al ser condenado dos veces por el Tribunal de Orden Público y sumo un total de 11 años de cárcel, entre las deportaciones y sin contar los despidos.
No se puede olvidar a Otones dirigente del Patido Comunista en Asturias ni a mi amigo Gerardo Iglesias con el que después conviví casi un año en la cárcel de Palencia
De la importancia y trascendencia de aquellos acontecimientos da buena prueba la repercusión y eco que encontró a nivel internacional así como entre artistas e intelectuales. Pintores, poetas y escritores plasmaron en su obra la inquietud que aquellos hechos de los mineros asturianos crearon en la sociedad española.

CAPÌTULOXIV

Diez días después de paso a la sexta galería, la comuna me designo junto a mi amigo y camarada Rafael Hernández Rico. La responsabilidad de controlar los cubos y organizar la dispensa. Y les puedo decir con orgullo que no faltaba de nada, ya que en las empresas y en especial la metalurgia. Se habían formado comités de solidaridad con los presos políticos y, los días de visitas no faltaban junto con los guisos bien preparados por nuestras mujeres los manjares más esquistos.
Era curioso como se hallaba organizada la comuna y les aseguro que todos teníamos una misión que cumplir en ella. Los turnos comuna de trabajo eran respetados escrupulosamente y cada uno barría o fregaba, cuando veía su nombre aparecer en las listas que se confeccionaban democráticamente.
Como bien les digo, la comida era exquisita y nos sentíamos orgullosos de tener el mejor cocinero del País vasco. A este famoso guerrillero, se le conocía con el nombre de Coronel Ochaviñas y era el preso con más edad de la galería. En los paseos cotidianos por el patio o la galería, servia de charla y había veces que marchábamos en grupos de a cuatro. Esto me permitió ir conociendo de una manera o de otra a la totalidad de los presos políticos que nos encontrábamos presos en la sexta galería.
El Coronel Ochaviñas, ocupaba la celda de al lado y la compartía con su inseparable amigo José Luis López de Lacalle, hombre de une optimismo admirable y que después de disfrutar más de una década de la tan merecida democracia… Fue asesinado sin motivo aparente por la ETA. López de Lacalle sin duda fue un periodista fuera de sería y no se debe hurtarle también la biografía, después de que ETA le haya robado la vida.
Desde los primeros años 60 fue el hombre del Partido Comunista de Euskadi en el movimiento obrero de Guipuzkoa. Tras pagar el alto precio de su compromiso en los años duros de la dictadura, la suerte esquivó a los comunistas vascos, que promovieron, sin éxito, en la última fase del franquismo, la creación de organismos unitarios de los partidos ilegales para oponerse al régimen.
El PC de Euskadi, expulsado del Gobierno vasco en el exilio durante la guerra fría, no logró que su estrategia de Reconciliación Nacional y Pacto para la Libertad se abriera camino en el País Vasco. Mientras en Catalunya o en Madrid se organizó un amplio paraguas de oposición al franquismo, Euskadi fue única: no existió ninguna organización unitaria de oposición.
Uno de los principales elementos divisorios de la oposición vasca al franquismo era la existencia de ETA. El PC vasco, históricamente hostil al terrorismo y enfrentado abiertamente con ETA desde el atentado indiscriminado de la calle Correo, en Madrid, el 13 de septiembre de 1974, fue pionero en la denuncia del terrorismo en Euskadi, junto a grupos nacionalistas, como ELA o sectores del PNV. Y después frente por la Paz. López de Lacalle representó en aquella época de la incipiente transición hacia la democracia a los grupos del PC más opuestos a un entendimiento con la izquierda nacionalista en auge, y que creían en la movilización de los sectores sociales que representaban como el medio disponible para detener el creciente deslizamiento del País Vasco hacia el desorden y la violencia.
El PC vasco de aquellos años era una variada alianza de artistas como Agustín Ibarrola y Gabriel Celaya, sindicalistas como el hermano de Agustín Ibarrola, Tomás Tueros y Félix Pérez Carrasco, políticos como Ignacio Latierro y Roberto Lertxundi, profesionales como Txemi Cantera o Carlos Alonso Zaldívar, estudiantes como Jusús Eguigureri.
López de Lacalle y otros dirigentes del partido promovieron las primeras manifestaciones contra ETA jamás organizadas en Euskadi. En Rentería, Barakaldo o Sestao, allí donde el comunismo vasco enlazaba con el sindicalismo, treinta o cuarenta personas salieron a la calle, ya en 1977, cuando ETA perpetraba un crimen. Tras una pancarta -No más asesinatos, su legitimidad como antifranquistas les distinguía del extendido silencio.
El PC de Euskadi de López de Lacalle promovió, también en 1977, la política de Frente por la Paz, una nueva unidad democrática, esta vez, contra ETA, rechazada por el oportunismo partidista de otros y que sólo fraguó, diez años más tarde, en el Pacto de Ajuria Enea. Para entonces, el eurocomunismo había sido condenado por los electores como un intento vano de recrear el anacronismo comunista.
López de Lacalle salvó de la implacable derrota de los comunistas vascos durante la transición su inmensa cordialidad y su afán de periodista. Su política fue aplicada ya por otros. Quizás se confirmó así el optimismo histórico de los comunistas, que enterraban a los suyos con austeridad y proclamaban, sin el abrigo de dios ni patria, que los comunistas no se entierran; se siembran.
El Comandante Ochaviñas, paso a Francia durante la campaña de Guipúzcoa y fue uno de los tantos refugiados de 1937 durante la campaña del norte. Las boinas y rostros de estos milicianos y los uniformes de los militares nos muestran que estamos en un puesto francés fronterizo con el País Vasco: exactamente en Behovia a fines de agosto de 1936. La mayor parte de estos milicianos volverá a combatir, una vez repatriados por Cataluña a la España republicana.
Después volvió derrotado a pasar de nuevo la frontera y como buena parte de los refugiados españoles de Francia se integran en la resistencia francesa para combatir al enemigo común. Uno de estos guerrilleros fue el Comandante Ochaviñas uno de los responsables de organización del PCE en el País Vasco y que estuvo en las filas Francesas de la resistencia en los Pirineos Atlánticos durante la ocupación alemana.
A la liberación de las ciudades francesas en el verano de 1944-aquí se trata de Toulouse-desfilo con el grado de comandante, orgullosamente con las demás fuerzas de las FFI. Ese fue el desfile de la victoria.
Con su cigarrillo entre los labios, pasaba las horas contándonos sus proezas. -En ese caso, como en todos los casos, hay que maniobrar, maniobrar sin parar, recordando siempre que el arma blindada es esencialmente el arma de la velocidad, capaz de adaptarse y de moverse en todos los terrenos. Siempre alerta en los flancos, es cierto, pero sin temor a quedar a descubierto, porque la movilidad de los blindados permite en cualquier momento el traslado a un nuevo frente con una rapidez instantánea. Recuerden nos decía como si estuviera todavía en las montañas, que só1o hay un principio táctico: –infligir al enemigo el mayor número posible de destrucciones, de muertos y de heridos en el menor tiempo posible. Y no exponerse tontamente ante su fuego.
En aquellos primeros días de tranquilidad, de paz y de amistad, aprendí a preciar el esfuerzo titánico de los compañeros por salvar a los camarada, que nos era difícil superar la nueva situación en que nos encontrábamos….Y al fin llegas comprender que hay que adaptarse…–¿Quién se bate, quien da el pecho siempre y quien sufre por las ideas?… –El pueblo y nada más que ese pueblo sufrido y que al final es el siempre derrotado.
Nuestro trato y sistema carcelario, tengo que reconocer no era duro en ningún sentido y los guardianes o “los bokis” que eran como los llamaban los presos comunes, que se ocupaban de nosotros era casi todos respetuosos; claro esta porque nosotros también lo éramos con ellos.
Me despertó ese día la luz del sol y les diré que no lo olvidare jamás. Esa mimas noche había soñado que me hallaba en la Gran-Vìa de Madrid y que oía gritar los poderosos ecos de la jornada, aquellas voces unánimes que los enemigos de la revolución suponían enmudecidas para siempre y sobre todo después nuestras detenciones… En mis sueños, yo recuerdo que me encontraba entre la creciente muchedumbre que llenaba la Gran-Via para poder llegar a la Plaza del Callo; donde una masa compacta de hombres y mujeres vociferaban: – “ ¡Viva el 1 de Mayo! ¡Viva la libertad!”.
Si era el 1 de Mayo y el día anterior lo habíamos todo preparado, sin dejar nada en el tintero. A las nueve de la mañana, nos reunimos la mayoría de los presos de la sexta galería en patio y con nuestra mejor ropa celebrábamos a nuestra manera la fiesta del trabajo.
Era curioso, pero era en la cárcel donde se nos permitía celebrar la fiesta sin limitaciones y, lo que más me llamo la atención, fue al observar como el gris que vigilaba con fusil al hombro una de las atalayas del recinto; nos miraba incrédulamente. En la asamblea, tomo la palabra Marcelino Camacho y después un miembro de cada organización presente en la cárcel. Camacho hizo un breve discurso, analizando históricamente lo que significaba el 1 de Mayo como día de lucha por la democracia en nuestro país y el patio prorrumpió en aplausos vigorosos, cuyos últimos ecos se perdieron al comienzo de la Internacional y después de la canción se siguió aplaudiendo y la asamblea se disperso al grito de – “¡Viva el 1 de Mayo!… Mientras los Troskistas y Anarquista, siguieron gritando…¡Viva la República!…Las noticia del éxito de las manifestaciones, por todo el territorio Nacional; fueron llegando, así como los heridos en enfrentamientos y sus consecuentes detenciones.
Al oír el exagerado numero de detenidos, en dichas manifestaciones, dude de ellas y solo lo creí cuando días después vi entrar en la cárcel un buena parte de ellos. Hay que puntualizar, que entre ellos la mayoría eran estudiantes universitarios, que meses después eran puestos en libertad. Aunque algunos entraban acusados por asociación ilícita y estos tuvieron que esperar que saliera el juicio como nosotros. Ahora me seria dar el nombre de todos, aunque reconozco que muchos de ellos, años después ocuparon altos cargos en el gobierno Socialista.
Fue a partir de esa mima semana, que se multiplicaron las reuniones; unas eran colectivos de estudios, unas eran de filosofía y otros para diferentes reuniones de trabajo. A esto había que añadir las que periódicamente el grupo que fuimos detenidos y acusados de hacer parte del comité del PCE de Carabanchel. A diferencia de los demás presos de la cárcel, a los presos políticos, se nos habría las puertas a las ocho de la mañana y no se nos encerraba hasta la nueve de la noche. Lo que nos permitía hacer una vida colectiva con el resto de los camaradas.
A las reuniones de nuestro expediente asistían, además del comité el camarada López de Lacalle y estudiante de derecho que ahora no recuerdo su nombre y Ernesto Caballero un Cordobés que al parecer en su día hizo parte de Comité Ejecutivo de partido. Al parecer era el mismo proceso que se llevaban acabo tras la caída de un comité y se trataba de averiguar los fallos y sus causas.
Al principio todo marcho bien, hasta que las socarronerías desvirtuaban sus más oportunas respuestas. Las ambigüedades sutiles y las acusaciones que cada uno formulaba contra los demás compañeros hacia olvidar el respeto que cada uno que debía a los demás.
En aquellas reuniones todos dudaban de todos y no conseguíamos más que no se comprendiera nada en lo que se refiere a la averiguación exacta de la detención. Cosa extraña, ya que nadie confesaba exactamente lo que pensaba; pero lo que si recuerdo que comencé a notar que alguien si lo sabia. Al sostener la teoría de que posiblemente un camarada llamado pepito o algo así, que cayó un año antes en Carabanchel después de una complicada huelga en la fabrica de motos ISO. Al parecer le acusaron de sabotaje en el cuadro eléctrico de la fabrica y según algunos no aguantó el interrogatorio Si era difícil y reconozco que las discusiones degeneraban en incansables disputas. Hasta que días después tuvieron que reunirnos, los camaradas responsables uno y otra vez con el fin de avanzar en las averiguaciones.
En la calle, al parecer en el Comité de Madrid, se debatía el mismo problema dado que en unos años se había producido la caída de varios comités de barriadas y la anterior a la nuestra fue la de Vallecas. En los comités al parecer había barios de los detenidos que escaparon de las últimas detenciones y esto hacia más suspicaz las averiguaciones.
Es verdad que las organizaciones a través del tiempo usaban una cantidad de formas, para comunicarse con el exterior de la cárcel; pero no ostente nuestras averiguaciones no avanzaban gran cosa. Hasta que meses después, y por casualidad, el responsable del comité de Vallecas, Luis Iparraguirre que después de un accidente jugando al fútbol tuvo que ser trasladado del penal de Jaén al hospital penitenciario de Madrid y posteriormente paso por la sexta galería.
Iparraguirre desde entonces asistió a nuestras reuniones y reflexionando los acontecimientos que nos trajeron a esta difícil situación, dudo que un tal Ubaldo no hubiera sido detenido ni con ellos ni con nosotros. Recuerdo y bien que las deducciones de Iparraguirre, acabaron con nuestras dudas y enemistades. Al parecer dicho individuo, trabajaba para la brigada político social y una vez descubierto por nosotros su complicidad con la policía. El comité de Madrid, lo denuncio a través de la radio Pirinaica y el periódico clandestino Mundo Obrero.
Como bien digo yo apenas conocía al tal Ubaldo y, solo recuerdo que me fue presentado por Rufino y esa reunión coincide con una de las fotografías que la policía nos enseño. Años después del tal Ubaldo, al no servirle para nada a la policía, lo coloco en Iberia; pero mismo allí las células del partido existentes en la presa consiguieron controlarlo de cerca. Asta que años más tarde cayo en la bebida y, expulsado de la empresa termino en un hospital.
Es verdad que ya fuimos recobrando la tranquilidad, pero nuestra inquietud fue inmensa al perder por tanta duda la confianza entre nosotros, pero reconozco que la camaradería se fue poco a poco recobrada y recuerdo que el sueño de aquella noche fue largo y profundo…





CAPÌTULO XV


Durante aquellos primeros días del mes de mayo en la galería no se cogía del incremento de nuevos presos debido a las manifestaciones del 1 de Mayo y siempre tenias con quien intercambiar opiniones de lo sucedido en la calle. Pero más tarde, un de los que más me llamo la atención de esa época, fue el escritor dramaturgo Fernando Arrabal. Del que recuerdo una larga conversación y su fuerte convicción en sus profundos sentimientos humanos y, eso me llego confundir, al oír siempre entre los camarada que los anarquistas; nunca sabían lo que querían...
Como bien dije con anterioridad yo me ocupe como tantos otros de los cubos de la comida que entraba en la galería y, por eso fui el encargado de llevarle comida a la enfermería que la comuna decidió llevarle. Fernando Arrabal pasa por Madrid en el verano del 67. Camino de La Manga, donde piensa concluir El jardín de las delicias, firma ejemplares en Galerías Preciados de una novela que acaba de publicar. Un joven le pide una dedicatoria con «una blasfemia» o «una cosa gorda». Se la escribe: «Para Antonio. «Me cago en Dios, en la Patria y en todo lo demás»
El estreno de El Triciclo y la firma en Galerías Preciados marcaron su relación posterior con Madrid. Su primer estreno no fue el éxito que él hubiera deseado. Y la firma «blasfema» en Galerías Preciados le terminó llevando a Carabanchel. Ambas experiencias le alejaron de Madrid. Por tanto en mis conversaciones con él, nunca negó la existencia de Dios, ni demostró excesos del ateísmo. No obstante yo pienso que era deìsta, al decirme que él creía en una providencia al ser ella la que protege y conduce al hombre; sin embargo dudaba de la existencia del Sumo Supremo y era partidario absoluto como buen anarquista de la total libertad absoluta de la conciencia.
Arrabal ingreso en prisión y, fue trasladado directamente a la enfermería dada su delicada salud en los pulmones durante un tiempo pude hablar tranquilamente con él. Para llegar a la enfermería recuerdo que había que atravesar un patio y luego otro. Pero primero como cuando íbamos a las visitas con la familia, teníamos que atravesar la galería que la cárcel tenia designada a los homosexuales y, les aseguro que no era un plato de gusto; ya que a lo largo de su recorrido desde las barandas del primer piso, resonaban todo tipo de provocaciones groseras. Luego volvía la tranquilidad y después de atravesar por unos sótanos, semi-oscuros donde se hallaba la famosa silla donde se aplicaba el garrote vil, se llegaba a una gruesa puerta de hierro que daba paso a la enfermería y que había que en pujar duramente.
La enfermería era una amplia habitación con unos veinte catres de hierro mohosos, unos desarmados y otros dispuestos en hileras contra los muros. Al fondo dos grandes ventanas idénticas en altura y, se hallaban pintadas sus vidrios de color marrón, hasta dos metros de altura para que nadie pudiera ver lo que había fuera, sino el cielo velado por la rejilla metálica y sus barrotes.
De él, lo que más recuerdo, son sus ojitos miopes detrás de las gafas, esos ojos cuyo color oscuro, parecían naufragar en la persistencia de su nostálgico pasado. Su rostro indudablemente estaba marcado en sus obras, porque él, que había sufrido desde niño los avatares de nuestra posguerra; al querer que sintiéramos todos el veneno de sus penurias y tristeza monótona tras su anacrónica enfermedad.
La prueba se refleja, en una de sus mejores obras; El Cementerio de Automóviles; donde como están las Teresianas de Ciudad Rodrigo; la cárcel de Burgos, de la que se escapó su padre, en pijama, en enero del 42, y nunca más se supo; el Cinema X, de la madrileña calle de San Bernardo, con el solitario Robinson Crusoe, de Buñuel, los hermanos Marx, en el cine Capitol; los escolapios, de la calle de la Madera; el campamento del Frente de Juventudes, en Cercedilla; los jesuitas de la escuela de Tolosa, el euskera y la niña que tocaba el piano; los «agapitos» para entrar en la Compañía de Jesús, en Valencia; las camisas azules de la Plaza de Oriente; su madre en el Ministerio del Aire; los estudios de Derecho y Mamen, que dicen que entró en el Opus Dei, y las noches del Ateneo. Al fin, Luce, Francia, la paz. Y él, sólo escribiendo. «Todo me lo han enseñado las mujeres», le confesaba aun cronista.
Este curioso personaje, de cuyo nombre si quiero acordarme, salió a los tres meses de su encarcelamiento, después de ser acusado de blasfemia y pasó por las celdas de Murcia, de la Dirección General de Seguridad, de las Salesas de Madrid y de la cárcel de Carabanchel. En el juicio el fiscal pidió contra él doce años, seis meses y un día de prisión. Y tuvo el honor de ser defendido por algunos de los mayores escritores vivos del momento, desde Camilo José Cela hasta Vicente Aleixandre, sin olvidar a Arthur Miller, Octavio Paz, Samuel Beckett y tantos otros. Y fue tal la presión nacional e internacional, que el gobierno termino por expulsarlo a Francia.
Nosotros no tuvimos la misma suerte que él, ya que apenas sólo tres meses después de mi ingreso en prisión, se nos comunicaba la petición fiscal, de todo él expedienté y para mí su petición era de doce años entre la petición de propaganda política y asociación ilícita.
Recuerdo que fue un momento de total indignación, ya que al instante me dio por gritar…Increíble, increíble. Dicen que la irritación es de las cosas más fáciles de olvidar, eso dicen y, como también dicen que existen miles de subterfugios, para no vivir siempre al borde del miedo… Pero no es así, porque el abatimiento y la angustia de recordar la petición fiscal, era lo suficiente para no poder vencer el desaliento. Aturdido, reflexionaba: –¿No; no puede ser, doce años son muchos?… Y ensayaba de calmarme recordando las últimas palabras de algunos camaradas, que me decían que el fiscal siempre exageraba y que en el juicio podríamos incluso salir libres.
Una mañana, después de un triste y angustiado sueño, en el cual me vi envejecer en un rincón de una celda. El guardián de la galería me llamo, para comunicarme que un abogado; deseaba verme y, fue grande mi sorpresa al hallarme en el locutorio a uno de los más renombrados abogados de Madrid. El tal Fornier, yo lo conocía porque vivía en el primer piso del edificio donde mi padre había trabajado de conserje durante muchos años y a petición de padre acepto hacerse cargo de mi defensa.
El abogado me leyó el informe del fiscal, muy largo respeto a lo que yo creía. A grandes rasgos nos presentaban como revolucionarios al servicio de la Unión Soviética, que queríamos sumergir la nación en un reguero de sangre. Luego particularmente el documento señalaba: –Que uno de los más peligroso era yo… Autor de una odiosa trama para derrocar el régimen. Era interminable la acusación fiscal, acusándonos a todos nosotros de una supuesta conspiración revolucionaria.
Callamos durante unos momentos, hasta que el abogado me hablo de un recurso para salvarme. Aunque a la vez que me lo explicaba, creo que lo que intentaba era sorprender mis sentimientos que él creía llenos de dudas…
– “Tal vez… –Tal vez…Si usted se arrepintiera y me contara más cosas, yo hablaría… En vano el abogado, intentaba defender el régimen; que ajuicio de todos era el salvador de patria, ante el intento de una invasión de bárbaros ateos. Opinando que Franco era entre todos el mayor talento del siglo. El señor Fornier se engañaba en estas como en otras muchas cosas; ya que eran a mi juicio demasiado singulares sus ideas para parecerme justas.
– Usted perdone, pero quisiera que comprendiera que no le diré a usted lo que con la tortura; no le dije a la policía. –Así que le agradezco su intervención, aunque creo que mis padres le remuneraran este tiempo que a perdido con migo…
Del abogado me molestaba aquella representación continua, al no saber otra cosa y repetir sin cesar los fragmentos más originales del discurso propagandístico del sistema fascista; y sin capacidad para lograr substraerse a la obsesión que se hallaba incrustada en su emocionado espíritu.
Joven cuando se presente ante los jueces con esa forma que tiene usted de pensar, le aseguro que tiene todas las de perder y le aseguro que: –¡No quisiera yo verme en su lugar!.
–Lo siento señor Fornier, no necesito sus servicios y le aseguro que nada tengo que reprocharme y mientras me queden fuerzas, seguiré luchando por una España democrática y de todos.
–Ya veis cómo él intento descubrir mi flaqueza, sin conseguirlo. –Y todo, porque mismo sí la vida puede ser amable y bella, yo no puedo ni podré abandonar nunca mis principios…
Aunque reconozco que no era fácil hacerse el valiente, al escuchar los relatos que en los paseos cotidianos los presos veteranos; nos contaban que un preso puede vegetar en la cárcel a la espera de que se celebrara el juicio hasta cuatro y cinco años. Los juicios más rápidos tardaban un mínimo de un año. Pero al parecer lo más penoso para un preso es cuando después de condenados se les envía a penales: –Puerto de Santa María, Ocaña, Córdoba, Teruel, Cartagena. Según contaban estos nombres, sobre todo el último, eran capaces de hacer temblar al que lo explicaba. Al parecer el trato era indigno, la comida, las peores instalaciones. Según contaban algunos presos juzgados por un consejo de guerra y por actividades subversivas. La falta más leve puede valer un mínimo de quince días de celdas de castigo; la más grave era agredir a un carcelero y por eso se puede procesar de nuevo al preso, además de aislarlo en celdas de castigo por ciento ochenta días. La celda de castigo consistía en un recinto de 3 por 1 un metro, sin camas, un colchón de paja y una manta. También hay que añadir que el dinero que asignaba la administración por cada preso era de 20 pesetas diarias, pero seguro que el plato no llegaba a 12. La comida era mala y sucia, sin proteína ni vitaminas suficientes.
Me agradaría ser más extenso, pero la memoria me lo impide. Y aunque las historias más crueles se incrustan extrañamente en la imaginación cuando son angustiosas, se ve que a mis 25 años yo andaba desconcertado, sufriendo, lamentando la muerte de los demás y mismo si se tiene la certeza de que he de morir, siempre se cree uno que serán los demás, y que lo malo le llegara a los demás.
Cada día llegaban más presos políticos a sexta galería, debido que por Madrid pasaban todos, para ser juzgados por el “Tribunal de Orden Publico” y la comuna crecía unos días y después cuando eran condenados en firme se les trasladaba a los diferentes penales y era cuando la comuna volvía a reducir sus integrantes.
Ese día despachaba el tribunal un grupo de Anarquistas y, entre ellos el más conocido era Edo. A este grupo se le detuvo antes de haber conseguido su objetivo, ya que al parecer y según ellos habían sido denunciados a la policía ya antes de cruzar la frontera. Para estos delatados, el presidente: –Ya tiene las acusaciones establecidas; porque antes de abrirse los debates el juez y el fiscal, al carecen de toda clase de sentimientos de antemano ya tienen dictaminada la condena y sólo les puede favorecer los cambios políticos que la situación nacional como internacional lo requieran, en ese preciso momento.
Los tiempos han cambiado en todo Europa y el gobierno. Ya no tiene la misma fuerza y pese a que intenta por todos los medios húsar la represión como arma defensiva, las condenas ya no son las mismas y la prueba más evidente es la condena que dicto el tribunal a este último expediente.
¿Queda probado que Edo, Cañete, Piney, etc., etc., etc., preparaban una conjura contra el Estado, con el propósito de promover de nuevo una guerra civil?. Para ello, intentaron un el castigo frustrado, de varios dirigentes de la CNT, que en su día pactaron con la Organización Sindical Española(el sindicato vertical). La culpabilidad de los acusados es cierta, y por su afirmativa respuesta: la ley es terminante. Por tanto el juez dicta sentencia.
La alegría se apodero de todos nosotros al conocer dicha sentencia. –¿Conocéis las últimas novedades?…
La condena sé reducido a más de la mitad. Corría de boca en boca la sentencia y los presos de la sexta galería sonreímos al murmurar el nombre de Franco, porque ya comenzaba a debilitares la dictadura y, para nosotros esta nueva situación que se estaba creando; podría reducirnos el tribunal a la mitad nuestra petición fiscal.
El patio de la sexta galería era bastante amplio y se hallaba rodeado de bancos de piedra. A la derecha estaba situado el frontón que nos permitía practicar el deporte vasco por excelencia, a la izquierda una especie de lavadero a cielo abierto y en la misma esquina los servicios. La verdad era cuestión de habituarse a dicha situación, dado que el régimen de la cárcel nos permitía hasta que la familia nos llevasen la comida hecha nuestras mujeres.
Los días de antemano estaban ya planificados, porque de lo que se trataba era de librarse de las preocupaciones abrumadoras y esquivar las torturas con el ocio, los presos jugábamos a las damas y al ajedrez. El resto del tiempo la comuna organizaba cursos de filosofía política, cursos de analfabetismo, de idiomas e incluso cursos de estudios por correspondencia.
Por suerte en esos momentos estabamos principio de verano, pero se oía hablar que en invierno, la cárcel era una nevera con olor a humedad; pero entonces nadie pensaba todavía en el invierno.
Al llegar la noche, inadvertido en la oscuridad y el silencio de la celda siempre funesta y fastidiosa. Era entonces que afligido recordaba la mujer amada y eso pese a las reconfortantes palabras que atreves de los barrotes en las visitas me daba. Mis sufrimientos por la situación en la que se encontraba, día a día iban aumentando. Luego ya entre sueños, volvía de nuevo sentir la ilusión que me hallaba en un bosque donde cantaban los pájaros, y los dos observábamos como el sol poniente cubría el horizonte con sus resplandores y ante tal belleza, quedábamos atónitos por el esplendor atmosférico que se originaba al atravesar los rayos solares las lejanas nubes las convertían en montañas de algodón. Finalmente, recordaba que ella no estaba conmigo y que toda había obedecido a un simple sueño establecido de antemano en mi cabeza, al enardecer, elaborar imágenes y fantasías.


CAPÌTULO XVI
Amar y ser amado
pablogarcia
 
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Notapor pablogarcia » 05 Mar 2008, 18:02

Se sigue y gracias

CAPÌTULO XVI


La historia de Carabanchel es la historia de un ajuste de cuentas eterno entre la sociedad y sus renglones torcidos; pero por fin en el País, periódico madrileño del día 15 de junio del 1998. Leo que la cárcel de Carabanchel no recibirá reclusos a partir de ese día y la prisión cerraría en agosto.
Construida después de la Guerra Civil, historias y recuerdos se acumulan entre los barrotes del penal madrileño y habría darla un largo adiós a está prisión madrileña. De ella cientos de paginas web, se han publicado en internes y en una de ellas me viene al recuerdo uno de los presos comunes más conocidos de Carabanchel -Robin
Robin cuenta, que llevaba ya siete años en Carabanchel cuando Marcelino Camacho llegó por segunda vez en el 73 y con una condena de 20 años por el famoso proceso 1001. Camacho tenía experiencia carcelaria intermitente, primero, cuando terminó la guerra y después, a partir del 67. Pero en Carabanchel y en la tercera galería, Robin, que todavía no se llamaba Robin, se había hecho ya con el puesto de ordenanza. “Me pagaban por pasarles el ABC, porque entonces a las cárceles no llegaba más que el periódico Redención, que se hacía sólo para prisiones y, claro, a los políticos les interesaba lo de fuera. Me acuerdo de que montaron un jaleo tremendo porque les ponían micrófonos en los locutorios y de que casi siempre tenían comida en su comuna”. Estaban todos los políticos juntos, pero los funcionarios tenían una teoría para distinguirlos nada más verlos en el patio. Uno solo, anarquista. Varios juntos y discutiendo, sobre quién debía gobernar y quién no, era algún socialista. Con libros debajo del brazo, comunistas. No iban desencaminados. Estudiar reconoce que era una forma de mantener la cabeza ocupada y no desvariar.
Había que olvidar… Razón llevaba Robin.
–Vivíamos soñando.. ¡Qué diablos!…¿Qué importa el tiempo? Si al fin y al cabo para otros éramos algo así como “presos de lujo” y para cicatrizar las heridas, nos decíamos: –Nadie se muere porque dejó su casa, su trabajo y su mundo familiar. –Se sigue viviendo, viviendo mal, como se puede, encerrando en cualquier sitio sus recuerdos e ilusiones…–En una palabra se sigue soñado, con esas ideas filosóficas; que dicen que los hombres somos honrados por naturaleza.
Si, el entusiasmo crecía día a día tras las noticias que en ocasiones infladas, nos llegaban de la calle. Y si a eso añadíamos él sentirnos superviviente de aquellas insoportables torturas, no cave la menor duda que mi situación actual. Era una cura de optimismo para afrontar nuevas luchas y nuevos problemas, tal vez más pavorosos e insolubles. Porque lo pasado no era nada, nada ante lo más insoportable del dolor que me esperaba en tanto que idealista.
Llevaba ya unos cuantos meses en Carabanchel, pero tal vez con el tiempo yo me sentía más integro y más firme. Fundido en el heroísmo elemental que me había llevado hasta aquí, templando sin desfallecimiento y sin tacha mi entereza revolucionaria… Seguía soñado con ese mundo sin fronteras, con la igualdad de razas, la fraternidad de los pueblos; en fin todo lo que entraña la suprema razón del puro idealismo.
Tenían mucha razón los veteranos camaradas, se trataba pues de hacerse a la idea; que la razón era nuestra y que luchábamos por lo más bello del mundo: la libertad, aunque hay quien cree que los españoles tenemos el gobierno que merecemos, y todo porque la peor cualidad de nosotros reside en la indisciplina; en esa magnifica disposición para no estar nunca de acuerdo….Todo esto estaba muy bien, pero no dejaban de ser simple teoría. Porque para mí después de meses complicados y de muchas inquietudes, la llegada de los meses de vida monótona en la cárcel. Hizo crecer en mi una enorme ansiedad y, mi corazón clamaba continuamente justicia, ante lo que consideraba la intolerable lentitud de los tribunales.
Como bien digo la convivencia en la cárcel entre todos, era en general buena. Porque en uno cree encontrarse con buena gente, sensatas, moderadas e inteligentes, que luchan por desarrollar las dimensiones de su dignidad, y que reconocen al otro y que conviven en el ámbito de una situación especial. Así, la camaradería puede pasar de ser una idea normativa a ser una expresión real y espontaneidad. Pero también la experiencia nos demuestra a extraños compañeros de habitación, con aciertos y otros con actuación de rencor en personas que no llegábamos a sospechar. Como también de personas que se odian, que se desprecian, y repente aparecen juntos para conjurar a un amigo y olvidan todas las agravios.
Por eso diré que También me encontré por desgracia con esos y no son escasos los cambios de chaqueta, los que abandonan sus posiciones que criemos que honestamente defendían hasta ahora. Esto años después y tras la victoria del PSOE fue el principio de mi profunda frustración, al ver las emigraciones políticas en busca de un puesto, de unas ventajas o de simples beneficios. Como también otros oscuros militantes se encaramaron en los partidos, cuando nunca habían dado la cara y cuando las cosas estaban difíciles. Les diré que una larga vida de experiencias como la mía permite ver hechos y comportamientos insólitos.
No obstante y en este sentido, tengo que reconocer que de los camaradas que conocí en las cárceles, ninguno de ellos tuvo después esa actitud y, por lo contrario todos siguieron fieles a sus principios sin ocupar ningún cargo en los diferentes gobiernos de la actual “democracia”. Es verdad que en algunos momentos mi mente vacilaba entre dos opiniones, según mi estado de ánimo. A veces me imaginaba que todos eran héroes. En realidad, admitía generalmente y en secreto, que todos ellos eran seres superiores, llegando a creer que poseían enormes cualidades y una enorme cantidad de valores de los que yo carecía.
También diré que sí en el verano fue insoportable el calor, el invierno fue largo y muy frío. Recuerdo que buscábamos las sombras del patio y de vez en cuando metíamos la cabeza en el pilón de agua que servia de lavadero. Aquel mes de Julio, fue el más caluroso que he conocido y las consecuencias no tardo en hacerse sentir en forma de protesta organizada. Los mineros, todos ellos en primer o segundo grado de silicosis, era incapaces de respirar con las puertas cerradas de las celdas, a causa de la altas temperaturas y la falta de aire en ellas.
Silicosis, es una enfermedad pulmonar crónica que se debe a la inhalación prolongada de polvo de sílice. Afecta a trabajadores de minas, canteras, fundiciones e industrias similares. Se caracteriza por el desarrollo de una fibrosis progresiva alrededor de las diminutas partículas de sílice que se depositan en los pulmones. Tras algunos años de exposición prolongada, la manifestación clínica de la enfermedad es la silicosis. La enfermedad, que al principio es leve, progresa con lentitud pero de manera implacable, incluso después de haber cesado la exposición del sílice.
En consecuencia la lógica no tardo en hacerse sentir en forma de panfletos por las calle, así como recogidas de firmas en el exterior. No podía tolerarse que el colectivo Asturiano que sólo tenia una acusación sindical, no se le pudiera dejar las puertas abiertas. Así que la decisión unánime de los presos por llegar a la huelga de hambre si era necesario, hizo que la guerra con la administración se salvara con una victoria por nuestra parte. Con vencidos de nuestra capacidad organizatiba, meses después y, al querernos imponer los nuevos locutorios de los que estabamos convencidos que se habían instalado con el sólo fin de escuchar nuestras conversaciones con la familia. Se actualizo dicha comisión para crear una ofensiva en regla con el objetivo único: –la conquista del derecho a la intimidad en dichos locutorios. Este problema resuelto tal vez no era más que una batalla ganada a la administración, pero no cabe la menor duda que era apenas una cura de optimismo.
Como bien digo. Había en ese pequeño mundo, algo que yo nunca olvidare, la fraternidad entre todos; esa extraña razón del ideal, que fuera en calle resultaba imposible. Estos no eran esa multitud, que suele ser siempre la misma, esos que grita lo que más les favorece. Por eso me siento contento, porque yo estoy seguro de no haber hecho daño a ningún camarada que por desgracia sufrían en sus carnes como y las consecuencias de la dictadura fascista.
En la sexta galería, naturalmente no se hacían las transacciones “comerciales como en el resto de la cárcel, de donde llegaban hechos pavorosos. Por consecuencia la comuna por si sola era capaz de no crear malos quereres. Por eso para la fiesta de la Virgen de Merced patrona que se adjudico a las cárceles, llevábamos más de quince días preparándola. Tal festividad, era para nosotros un acontecimiento único en el año y todo porque la dirección de la cárcel dejaba a los hijos de los presos pasar el día junto a los padres.
La presencia de los niños es como la del sol o de las rosas. Todo lo embellece y lo hechiza. La llegada de los niños me enterneció, como a tantos otros y, mientras los guardianes los recibieron con total indiferencia y la totalidad de los presos políticos pasamos un día inolvidable. En la galería adornada de guirnaldas hubo un día febril de actividades: los niños encontraron todo tipo de tesoros, a través de todo tipo de juegos infantiles. Los niños reían y fueron felices con sus padres todo lo largo que duro la jornada, menos mi hijo Pablo que jugando con las puertas contra chapadas de hierro termino aplastándose un dedo y tuvieron que sacarlo para curarlo en el botiquín.
Los primeros días de otoño, comenzaba hacer fresco y por las mañanas el patio amanecía ya blanco y los guardias andaban soplándose las manos, pero sin dejar el fusil del hombro. En el patio se metió la nieve de pronto y el frío era tal que los paseos se llevaban acabo a lo largo del pasillo de la galería. De fondo a fondo y con el fin solo de quitarse el frío en grupos de a cuatro el ir y venir era incesante. Es curioso como en ocasiones y antes de llegar el invierno algunos nos extrañaba ver a los Asturianos calzar los zuecos de madera, pero luego nos dimos cuenta que pese al ruido sonoro que se reproducía en la galería era la mejor manera de vencer al frío insoportable en los pies. Para mí en especial era un calvario y ese padecer fue una de las cosas que más remarcaron mi instancia en la cárcel y eso que gracias a que mi amigo el comandante Ochaviñas que era la madre de la comuna. Todas las noches me tenia una botella de plástico con agua caliente que yo introducía entre mis sabanas heladas.
Buena parte del invierno lo pase escribiendo poesías y a la vez asistía a las clases de economía política y filosofía y, el resto esperando las visitas de los jueves y domingos y fue después de más de seis meses que en una de ellas recibí la alegría de mi padre junto con mi abuelo. La verdad es que me pareció extraño que mi padre accediera a visitarme, después de lo ocurrido, pero la presencia de mi abuelo. Pero para mi se trataba sin duda de la presión que mi abuelo Pablo hizo con él, con el fin de darme esa alegría que tanto ansiaba. No, no mi padre pese a que yo esperaba cientos de reproches por mi desprecio a la ayuda de su amigo el capitán de la interpol y su abogado; no me hizo ningún extraño gesto.
Las opiniones de mi padre, eran y fuero hasta su muerte, la teoría de la fuerza para salvar a España de los bárbaros comunistas. Pero algo creo que en especial el caso mío, a mi padre le faltaba algo que no encajaba, al no llegar a explicarse como pueden lazarse a detener así, sin más ni más, a un hombre pacifico que sólo aspiraba a defender los intereses económicos de los trabajadores. Pero mi padre indudablemente, no comprendía que el sistema no necesitaba explicarse para justificar sus actos. Le hacia falta un enemigo, y eso bastaba; alguien que no estuviera dispuesto a redimirse en la explotación y en la pobreza como los demás. El régimen necesitaba justificar su represión y así imponer el miedo al resto de la sociedad.
Por todo esto y pese alas opiniones confusas que yo tuviera de mi padre, las averiguaciones, llegaron más tarde, después de varios años de inexplicable incomprensión. Supe que él pese a su situación de hombre privilegiado por el franquismo, se había encargado de defenderme ante las jerarquías dominantes como un joven humano, un poco inquieto, pero bueno y trabajador. Por eso y pese a nuestras continuas contradicciones, en mis recuerdos quedo grabado esa visita como hierro candente en mi memoria. Al notar en el rostro afligido de mi padre, la incapacidad de dar una convincente respuesta a la situación incoherente de lo que estaba sucediendo y, todo pese a que mis ideas para él era irrealizables. Él no comprendía bien la detección de su hijo, pese a que hubiera admitido de buen grado la detención de otros e incluso sus a fusilamientos…
Yo reconozco que entre los hombres existen sentimientos generosos. Pero entre los hombres mejores las ideas se trasforman y se corrompen. Al haber en ellos un fondo de egoísmo que desfigura todas las ideas generosas, y este largo periodo del franquismo, ya había dado de sí todo lo que podía esperarse de ellos.
No quisiera insistir en las miserias de aquella época. España se hallaba en una especie de callejón sin salida. Es verdad que se realizaban progresos materiales, especialmente a través del turismo; pero las conciencia humana, merced a la enseñanza dada por el fascismo, continuaba siendo una conciencia arcaica, con un corazón brutal, semejante a la de las fieras, y tal vez peor, ya que los animales no conocen la hipocresía ni saben llorar sobre el cadáver de su víctima.
La verdad es que creemos pensar por cuenta propia, porque en ciertas circunstancias nuestro cerebro, se expresa sin meditar lo que se dice; al expresar la idea de los otros enquistada en nuestra cabeza. Siempre creemos tener todos la razón, pero la moral, las costumbres, los perjuicios, las imposiciones, es todo obra de los mismos. Y al pensar nosotros de diferente manera y, en otras formas del actual organización de los hombres, chocamos con nuestros sentidos porque como ya he dicho la moral y lo inmoral son sentencias dadas hace siglos por ellos.

CAPÌTULO XVII

Fue dos meses después que nos anunciaron, la fecha del juicio, y partir de aquí comenzamos las reuniones periódicas, con el fin de organizar lo mejor posible el juicio del que ya senos había antedicho la petición fiscal. Lara, nos explicaba en las reuniones que no tuviéramos miedo ya que los jueces, no llevarían toga ni peluca; lo que podía crearnos cierta perturbación.
En la reunión, y pese a que todos íbamos explicando la forma en que los abogados plantearían nuestra defensa. Quedo acordado por unanimidad que nuestro juicio por su importancia debía convertirse en juicio meramente político contra la dictadura. La vieja idea fascista de la “razón de Estado” inspirada por los viejos tribunales de excepción, en estos momentos estaban desacreditados y ellos, sabían que la única arma propagandística que se hallaba en su poder era un simple puñado de octavillas.
La verdad que nuestra situación estaba echada de antemano y el resto de las decisiones serian para nosotros como un juego de dados. Cinco siglos de el poder absoluto pesaban sobre la capacidad de sus magistrados, como una losa, los cuales inconscientemente, juzgaban a los enemigos del régimen con arreglo a los principios del derecho divino.
Jamás había experimentado tantas emociones en un espacio de tiempo tan corto. Pues recuerdo que un miedo de inseguridad y pesimismo me domino toda la noche. Pensaba más en la suerte de mi familia que en la mía propia. La terrible noticia recibida días antes por los abogados, donde se nos justificaba la condena de doce años de petición fiscal; acabo por hundirme a un más en el abatimiento imaginativo.
Dormí mal, pues las palabras justificativas del abogado desbarajustaron mis sueños. –¿Qué hacer? –volví una y otra vez arrepentirme. –¿Qué va a pasar ahora? –Continúe diciéndome toda la noche. La verdad es que no necesitaba haber oído al abogado para darme cuenta de la gravedad de mis actos; pero reconocía que no podía dejarme caer y que pese a mí situación poco halagüeña. Debía sin embargo, no dejarme ganar por la desesperación y reconocer que me hallaba ala merced de aquella banda de asquerosos fascistas, tan despreciables para mí. –¿Por qué no era capaz de dormir en paz?– No te excites, me decía continuamente para intentar la calma y piensa que el sistema se hunde y que no puede durar mucho. –Antes de caer preso estabas convencido de tu justa lucha y hubieses hecho los mayores sacrificios por acabar con la dictadura. Pero ahora no es lo mismo; ahora estas aquí, y más allá de tus presentimientos, están los objetivos de esa revolución triunfante.
A la mañana siguiente, el jefe de servicio se presento con gran apresuramiento en la galería, nombrando los que ese día asistiríamos a juicio. Hacia tiempo que no había visto a Evaristo que era como se llamaba el jefe de galería y todo su continuo rostro amable, ofrecía un aspecto preocupante por nuestra suerte en el juicio. Evaristo, a pesar de sus carnes exuberantes, se movió aun con una juvenil agilidad por toda la galería organizando como él decía la expedición.
Nuestro traslado hasta la Plaza de las Alesas, fue en un furgón celular como la de tantos otros. Pero esta vez nos colocaron las esposas a dos juntos y a mí me toco con Rafael Hernàndez Rico al que después me unió una buena amistad. De nuestro juicio días anteriores la televisión, la radio y los periodistas que, dieron una noticia que como siempre resulto la peor de todas. No obstante no impidió que el juicio se politizara hasta él limite que tuvimos grandiosidad de una concentración de simpatía multitudinaria en la calle. Las voces de los manifestantes se oían incluso dentro del palacio de justicia, mientras la sala iba llenándose de publico, que en general eran amigos y familiares.
El juez subió a la tribuna, mientras la sala se mantuvo de pie, en espera que él se sentara. Nunca sufrí una tortura igual al escuchar a este curioso personaje. Para comenzar, hizo una historia de todos los componentes del expediente y, desde el primero al último, según él el testimonio recogido en unos folios entregados por la policía, nos acusaba de traidores del sistema establecido. Eramos traidores y enemigos de la patria pagados con el oro de Moscú, ya que a juzgar por él habíamos cometido tales desafueros que, finalmente, había que suprimirnos de la sociedad y por eso el tribunal, faltaría a las buenas tradiciones, si nos concedía la libertad.
Después se levanto el fiscal, con un montón de cuartillas y empezó a hablar irónicamente de la enorme influencia que a unos y otros había ejercido la doctrina Marxista. –No insisto en esto; el jurado apreciara de que manera estos energúmenos se encuentran influenciados de su doctrina. –Yo quiero insistir en la necesidad de hablar de otra cosa que considero de más importancia, pues equivale a un insolente e intolerable estado de cosas que pone en peligro el orden del Estado y los fundamentos de nuestra sociedad; haciendo completamente inútiles la labor del Generalísimo, ese gran hombre que nos aporto el heroísmo los rayos libertadores que liberaron nuestra patria de la lacra que el Comunismo y la Francmasonería querían imponer nuestro país.
La verdad que yo mismo no comprendía cómo el fiscal, los jueces y los demás organismo nacionales no fijaban la atención en la apariencia de simples obreros y no el aspecto subversivo que ellos querían imponernos. Tampoco pude comprender cómo los periodistas, que escudriñan el menor de nuestros defectos para publicarlos inmediatamente, permanezcan ciegos con relación a nuestros objetivos en la lucha.
Finalizada la actuación del fiscal, se hizo un silencio profundo en toda la sala. Lo mismo el tribunal que él publico esperaba expectantes las intervenciones de los abogados defensores. Nadie apartaba los ojos del primer abogado, que parecía haber crecido al levantarse de su sillón por su baja estatura. Hasta que al fin, después de una larga pausa, su voz resonó en sobreexcitado silencio.
–Fíjese bien el honorable tribunal lo que representan de antisociales y subversivos mis clientes. Estos hombres son como lo indican en su fisonomía… ¡Y sin embargo, el fiscal pretende hacernos creer que son agentes especiales al servicio de la Unión Soviética. –Imagínese el ilustre jurado – continuo el abogado – que en efecto tan desastroso puede producir entre sus amigos y familiares, las acusaciones que el ilustre tribunal intenta condenar. Es bien sabido que en el seno de nuestra sociedad algunos jóvenes inquietos y en ocasiones “mal aconsejados” pretendan trastornar el orden social con la utopía que a ustedes les puede parecer ridícula de que los trabajadores, pueden y deben reclamar mejor trato y salarios dignos, para ellos y sus familiares. También diré que es necesario de hablar de otra cosa que considero de gran importancia, al reconocer sus ilustrísimas que con la falta de libertad sindical, es el mismo régimen que pone en peligro el orden del Estado; haciendo completamente inútil las posibilidades de convivencia entre los ciudadanos. Reconozca su ilustrísima que estos derechos fundamentales solo son reprimidos en nuestro país y no en el resto de la Europa.
El abogado continuo su defensa con presunción, seguro ya que la sala en masa iba aplaudir sus alegaciones. Lo que él intentaba era seguir argumentando política y que cesase cuanto antes el continua machaqueo en que el fiscal nos quería introducir.
–Pido al tribunal que se me permita pedir la comparecencia de el patrón de la empresa donde trabajaba mi cliente el señor García.
–¿Es usted el gerente de la sociedad Industrias CANO?.
–¡Sí señor abogado!
–Y usted podría describirnos los defectos o cualidades del acusado ahí presente… El señor Cano, al que yo bien conocía tras largos años de trabajo en su empresa, comparecía al parecer voluntario como la sola intención de defender mi simple persona y no como un revolucionario al servicio de una ponencia extranjera.
Mi corazón se oprimió con el presentimiento de que todo estos acuerdos entre mi abogado y el empresario, no pudiera más que perjudicarme… Pero mi patrón contesto con un gesto de simpatía hacia mi persona y termino diciendo que para él yo seguía siendo el mismo y que todos los compañeros al igual que él, me tenían un gran aprecio. Hablo convencido de sus razones y pese a los perjuicios que estas declaraciones pudieran causarle, dijo que el no sabia lo que yo pudiera hacer fuera del trabajo, pero en la empresa yo era un profesional y eso bastaba para que él me tuviera una gran consideración. Finalmente y después de muchas preguntas, el abogado sacó la conclusión de que yo no había cometido ningún delito y que solo era un simple trabajador que intentaba como tantos otros de defender las libertades sindicales.
Al terminar la intervención del abogado. El tribunal tuvo que hacer sonar varias veces la campanilla de su mesa para conseguir que se restableciese el silencio y así uno y otro abogado fueron desmontando las teorías del fiscal de nuestra pertenencia a una organización nacional al servicio de la URSS, hasta la intervención del fiscal que puso de nuevo la propaganda confiscada en los registros de nuestras viviendas y ella era la prueba eminente de nuestra conspiración contra el Estado. –Ellos llaman a la población a través de sus octavillas salir a la calle a los ciudadanos para que el 1 de Mayo, se cree así el caos y esto en nuestro país esta establecido por el código de justicia como un acto de subversión contra el Estado.
La intervención de fiscal y sus conclusiones, mi me hizo sospechar desde el primer momento que tenia por objeto, de no modificar su primera petición de doce años y un día para mí. Y finalmente, levantando la mano el juez di por terminado el juicio.
El juez y su séquito, abandonó la sala con el fin de deliberar y llegar a sus conclusiones. Pero en nosotros quedo él animo desorientado, y que el juez solo deseaba que no le hiciéramos perder la rutina diaria de su existencia y por eso no dejaba de mirar su reloj.
Al finalizar el juicio la público fue levantándose, y a la vez que evacuaban la sala la gente lanzaba gritos de ¡Viva la Democracia! Y cantaban con obstinación: – no, nos nos moverán– igual que el pino junto a la ribera, no, no nos moverán–después ¡libertad–libertad! –¡Libertad! A la salida volvimos a subir al coche celular, y los manifestantes consiguieron rodear el furgón e incluso golpearle, a la vez que gritaban ¡Libertad!–¡Libertad! –¡Libertad!.


CAPÌTULO XVIII



Dirán que los acontecimientos políticos no sirven para nada. –¡Mentira! –¡Errónea mentira! Ya que del choque de las cosas y de las opiniones nace la verdad. Es verdad que nuestro juicio fue un de los muchos reglamentados por la censura del sistema, y del que no se hablo, ni siquiera un solo articulo de él. No obstante lo que más me importa es que la sala estaba llena y todavía cientos de personas quedaron en la calle sin poder entrar y a la vez igualmente llena de desventuras e ilusiones democráticas.
Mucho nos gusta a los Españoles la palabra libertad, pero hasta ahora sobre todo solo es representada en las comedias. La verdad es que cada cual se fue a su casa con la triste convicción de que la lucha era una tragedia, en la que los pueblos, dejaban sus mejores hijos en el camino pero yo espero que en este caso particular que es el nuestro; tengamos un mejor fin. Aunque por ahora todos sabemos en relación a lo que nos queda, que por el momento la palabra libertad no es más que un disfraz de ilusiones.
En la monotonía de la galería, los días pasaban esperando con impaciencia el veredicto del tribunal y por he aquí la desgracia al seguir la lista que clasificaba nuestras condenas: 12 años para Lara, 9 a Rufino, 6 a Miguel Rivas, 6 para Vicente, 4 para Rafael, 4 Para mi y dos para Antonio Manzanares. Una vez leída y notificada la sentencia, no fue preciso hacer esfuerzo, para alegrase en el dolor, ya que a penas un año; la petición fiscal de doce años había bajado a cuatro y les diré que sonrío todavía hoy de este trascendental detalle de mi vida.
–¿Qué habrá ocurrido para que se nos haya rebajado la condena a más de la mitad? ¡Qué situación política, se ha desarrollado en el interior del aparato de represión, para que los agravios ocultos entre el procurador al ministro, y del ministro al procurador, se hallan desarrollado de esta manera!. El año pasado no tenia ningún entusiasmo, y ahora ya sí. Pero el entusiasmo de ahora ha de ser moderado, un entusiasmo frío y racional, un entusiasmo sordomudo de necesidad, pero al fin y al cabo un entusiasmo bueno.
Lo que se escribe en un libro de su memoria, se escribe normalmente pensando en uno mismo y diré que reconozco que nací con buena memoria y, los hechos relevantes jamás seme olvidan y por tanto nunca los apunte. Por otra parte reconocerán que mismo si mi condena era monstruosa para la simple acción sindical, en la que yo me identifico. No obstante, los cuatro años de condena, para mí representaban un substancial alivio.
Una vez conocida la sentencia en firme, comenzó la duda de sí todo el expediente, recurría al Supremo; o por lo contrario a los que se nos había condenado a cuatro años lo aceptábamos, con el fin de redimir los días que nos quedaba por el trabajo y al final de varias reuniones y, tras los consejos de los abogados, decidimos aceptar los cuatro años. Al parecer y según los abogados el Supremo, podría salir a juicio cinco años después; lo que mientras tanto nos impediría reducir la condena y por todas estas explicaciones Rafael, Antonio y yo decidimos aceptar la condena.
Fue un día del mes de marzo, que volvimos de nuevo recorrer con el dichoso furgón celular la distancia que nos separaba de la cárcel y el tribunal. Para nosotros, no se trataba de reconocer con nuestro acuerdo el delito o el pecado, ni sentirse por ello disminuido en nuestras convicciones, si contrarrestara un estros derechos a los derechos del más fuerte.
En aquellos días entraron en la cárcel dos hombres: Ignacio Cuenca y Juan Maldonado. Cuyo historial sorprendente, devoraba la existencia de los corrillos y cuyo desenlace fatídico y misterioso se presento halagüeño y más que en ninguna parte, en la cárcel. El destino, símbolo de solución misteriosa y de la verdad incierta, fue para estos dos personajes la oscuridad que no vio la luz hasta que la verdad se fundió en la falta real del delito y del crimen.
Este señor que se dio por fin a conocer como Ignacio Cuenca, había vivido durante más de veinte y tantos años con un nombre diferente. Al parecer se salvo del paderòn de a fusilamiento, por su apellido mal escrito. Incluso cuando después de puesto en libertad, al terminar la guerra e intentar cruzar la frontera y ser detenido; la policía le volvió la libertad por su apellido. Por lo visto vivió sin casarse por lo mismo y con una hermana soltera también y ese mismo año tuvo la mala “suerte” de tocarle la lotería de Navidad. Según nos contaba, después de tocarle la lotería decidió pasar unas vacaciones con su hermana en un hotel de Sevilla y es aquí donde la policía le arresto al sacar en deducción quien era en verdad el dichoso personaje.
Yo vi las acusaciones que le formulaba el fiscal y la verdad que eran escalofriantes al acusarle del asesinato de más de cincuenta personas. Sin embargo él, negaba una y otra vez estas acusaciones, repitiendo hasta la conmoción que él sólo fue un simple policía al servicio de la República. Pero la verdad él solo la conocía y jamás oímos otra cosa. –No es verdad. –No y no existía una y otra vez. Pero única verdad era que hizo parte en Madrid de la famosa y siniestra “Checa”. Conocida en la guerra por el cuerpo de policía, dedicado a la represión posiblemente injustificable de los enemigos de la República. De ella se había creado una leyenda que al más sádico le causaría escalofrío. Yo por llevarle la comida a la celda, de la que muerto de miedo no salía, termino confesándome sus temores. Era flojo. A pesar de su posible escalofriante pasado.
Era agotador en sus lamentos y pese a que yo le repetía con insistencia que no tenia fiebre y que si quería podía levantarse no me hizo nunca caso. No hacia frío pero él tiritaba bajo su manta. Meses después, cuando parecía menos asuntado, si es que alguna vez no lo estuvo, pude comprobar que sus artificio era pura falsa. Yo creo saberlo todo, porque que llego a contarme parte de su verdad, lo demás me lo imagine. Sabia de las cosas tremendas que fue capaz de realizar y me dolía sus afirmaciones, porque no fue un idealista, si no un arribista, un ambicioso que codicio toda su vida los vienes materiales.
La policía tal vez tuviera razón, puesto que Ignacio Cuenca mismo con sus secretos contribuía a llenar de sombras lo que para él tuvo que ser una tragedia. Hasta última hora consiguió crear ante los demás una actitud cínica e hipócrita, la de un ser egoísta. Para este hombre del “pueblo” hay que reconocer que en el fondo fue un hombre de suerte y de la misma manera que un día escapo del fusilamiento por una letra de su apellido, otra se salvo de su detención por lo mismo en la frontera. Después le taca el gordo de la lotería y ahora por haber sido detenido treinta años después de la guerra y su delito quedar prescrito por una reciente amnistía.
A su salida, muchos de nosotros encontramos injusto que después de aprovecharse como los demás durante más de tres mese de la comuna, no fuera capaz de aportar una ínfima suma de dinero de compensación para la comuna… Ignacio Cuenca, el hombre al que nunca le abandono la providencia, debió morir, porque de esto ni Dios escapa. Pero la justicia ni las gentes continuaran sin saber la verdad y todo porque el silencio del pueblo acata siempre con respeto las decisiones de los poderosos y el hombre de la “Checa” burló de nuevo a la ley y después estoy seguro que incluso a lo divino y para el resto de los mortales este personaje ya no será el asesino de esta historia…
En una época como ésta, en que toda dificultad para llevar adelante la regeneración del país. Vivimos persuadidos de que hemos de vivir más que la censura a los censores y siempre pense que algún día, publicaría estas historias ayer prohibidas. Para mí, no es un esfuerzo intentar hacer comprender que la guerra civil, no fue más que la causa de intereses económicos y que para muchos termino siendo la hija del fanatismo.


CAPÌTULO XIX


El mundo esta constituido por el conjunto de todo lo que sucede y de la totalidad de sus acontecimientos. Como bien he dicho, la realidad de los acontecimientos, late singularmente, entre el hoy y el ayer y es la escritura la reina de contar todas sus verdades. Por eso merece la pena contar el agravio que sufrió este discreto personaje, es verdad que la mayor parte de los hombre vivimos de una manera o de otra, sólo porqué de tal o cual manera nacimos y la realidad es que su naturaleza marco para siempre la vida de Juan Montoya. Si, si les aseguro que su historia me conmociono, ya que el capitán Montoya fue un acontecimiento que sorprendió a la totalidad de los presos políticos de la sexta galería de Carabanchel.
Esta tiránica sociedad exige algo del hombre hasta en el mismo momento en que se niega a obedecer injusticias incomprensible; por eso reírse de la debilidad de estas víctimas seria inhumano e incoherente. He aquí por qué no estoy de acuerdo con las leyes que difícilmente no pueden ser otra cosa que el reglamento obligatorio de unas normas, que siguen siendo Napoleónicas y aun no se derogaron.
Suele decirse que nadie tiene más edad que la que representa, y esta es una de las muchas mentiras que las personas cubrimos con cierto agradable barniz la verdad. Pero al capitán se le veía todavía un hombre dinámico en todos los sentidos, su piel aun se conservaba lisa y bronceada, y era plano musculoso cuando lo mirabas de perfil, pero largo cuando estaba de frente y capaz de no decir nada pendiente de días como si persona no existiera. Posiblemente porque a lo largo de su vida, solo había conocido días tristes de guerra y violencia. Pero su extraordinaria fuerza de adaptación, le había permitido continuar subsistiendo con facilidad a todas las adversidades.
Sí, Juan Mendoza. Era un hombre que pese a sus cincuenta y tantos años se mantenía en plena forma. Todas las mañanas se le podía ver haciendo duros ejercicios de gimnasia, con una precisión matemática y de larga duración. No eran los menos los que dudaba si era uno de los nuestros, pero para mí era un hombre simpático y se me a semejaba un héroe salido de una epopeya. Pero la verdad es que en realidad, no era más que un simple superviviente inoportuno de aquel incendio inmenso que enterró a escombros los afanes republicanos de una de las partes de nuestra España. Aunque yo sigo creyendo que fue la de las dos Españas, al no dejar escapar más que a unos cuantos para prolongar, sin duda nuestra agonía.
Mendoza fue un ejemplo de lo que fue esta horrible contienda y su historia no hacia más que acentuar la trágica situación en que se encontraba. Para él todo había acabado. Todo, todo, parecía conjurarse y dispuesto para destrozarle el alma. Como si el pasado no pudiera sobre ponerse y ahora su existencia no fuera sólo más que cuestión de tiempo. –¿España?… ¿Qué España?… –¿Por qué yo un di decide volver, después de lo sucedido?…Al decir estas últimas palabras, me miro y observe en sus ojos que no le importaba iniciarse de repente a sus secretos… Y he aquí la respuesta a mis preguntas que yo le hice con anterioridad y que después de mover con agresividad un peón del tablero del ajedrez me dijo: –¡Contempla lo que queda de este Marine de la infantería Americana!… –Me repetía con cierta incertidumbre y tristeza… –¿Para que me sirvieron las medallas ganadas en la primera Guerra Mundial y después en Japón y Corea.
–Te contare, para mí todo empezó cuando me entere que mi nombre estaba en la lista para el traslado de un contingente de tropas, a la nueva Base Naval de la OTAN en Rota (provincia de Cádiz). Y por fortuna para mí, es que probablemente mi misión consistiría en hacerme cargo de la Milicia Urbana (PM) y de los sesenta infantes que componía dicho servicio. Por eso aquel día 3 de marzo, ya desde tempranito yo estaba esperando como agua de mayo todo lo que llevo dicho y sólo al llegar la noche, comprendí que la orden que yo esperaba con tanta ansiedad, no me había llegado.
Preocupado por mis recientes pensamientos en ese próximo viaje a España, recuerdo que me detuvo en el centro de al amplio despacho, del que nunca debiera de haber salido y al contemplar detenidamente el retrato de Eisenhower que en ese momento era el Presidente de los Estados Unidos. Observe como tantas veces que el cuadro se hallaba adornado en sus laterales por dos banderas, una del Estado de California y la otra de los Estados Unidos de América. Los muros laterales se hallaban a la vez también adornados con cuadros de las hazañas victoriosas de las últimas guerras en Europa y Asia.
Después sigue para contarme que recuerda, que mientras se peinaba se contemplo detenidamente en un espejo y se dijo: –Tengo cincuenta y tres años y no puedo quejarme de mi aspecto y reconoce que era bien parecido, pero no de una belleza admirable, según afirmación de algunas mujeres que él había mantenido compromisos amorosos con ellas. –«¡Ay las mujeres!...» y erguió su cuerpo de varón forzudo, algo encorvado por su exceso de estatura. A su parecer, sólo unas leves canas y un ligero pliegue en las comisuras de sus ojos revelaban la existencia de una fatigada vida a toda maquina que le había marcado, para siempre. Después acercándose al espejo, siguió observando con más detalle su nariz aguileña. A la vez que sus labios carnosos que con su especial un hoyito en su saliente barbilla, hacia su rostro más gracioso y varonil.
Juan, sonreía de los gratos recuerdos que las mujeres, le habían otorgado a lo largo de su vida. Es verdad que él siempre fue un de esos rudos hombres de guerras y encerrados en sus gloriosos desfiles militares. Pero reconoce que su vida, quedo marcada por continuas guerras y al recordar los trances de su agitada vida militar, se dijo con cierta malicia, que también dedico tiempo a su segunda pasión…– que fueron las mujeres. Aunque también reconoce que le falto poco para que en el año 1947, y a causa de una rubia idealista diera con sus huesos en la cárcel.
Me dice que la había conocido un año antes en un hotel de San Diego, y ella fue la que, impresionada, dio los primeros pasos. Virginia Goldom, hacia tiempo que había trabajado con cierto éxito en varias realizaciones cinematográficas. Lo que no supo hasta casi un año de su inolvidable delirio amoroso, fue que Virginia al simpatizar con el humanismo y trabajar en barias ocasiones con Charles Chaplin. Eran seguida de cerca por la Comisión de Actividades Antiamericanas.
Gracias a un buen amigo destinado en los servicios secretos del ejercito se percato del peligro que corría al codearse con ciertos grupos de actores y directores, vigilados intensamente por los servicios especiales del FBI; pudo escapar a tiempo de la llamada «Caza de Brujas.» Por lo visto pocos años después de la caída del “Tercer Reich alemán”, brotaron en el seno de la sociedad norteamericana nuevos y vigorosas ramas del fascismo camuflado y el Senador McCarthy emprendería en Hollywood una paranoica persecución del comunismo. Todos podían restar sospechosos, sobre todo por las denuncias del sindicato de actores y entre ellos su propio después presidente Ronal Rigan y actores como Robert Taylor entre otros muchos.
Hacia tiempo que intentaba olvidar a su última pasión amorosa. La hija de un conocido productor cinematográfico, afincado en Santa Mónica. Ella, enamorada de él rabiosamente por su parecido con un famoso actor de cine, quería casarse con él, y le hablaba de los millones de su padre. Pero Juan acabó por huirla, antes que la americana le dejase a su vez por algún director de cine que se pareciese más a su ídolo que él.
–Te diré y creo, aunque tu puedas dudarlo que una sociedad sin un sentido humanista, es una sociedad intransigente e irresponsable. Porque al no existir ninguna forma simbólica de humanismo moral, existe una confusión de valores. Es verdad que me aterroriza y por eso preconizo, la necesidad de recuperar entre todos para volver de nuevo a la llamada “sociedad humanista ” y de la sociedad Norte Americana yo personalmente tengo mis dudas.…
Juan, continuó filosofando sus sentimientos con cierto pesimismo, mientras movía con cautela su pieza preferida en tablero de ajedrez y al observar la inseguridad en el movimiento de su mano advertí que Juan continuaba siendo para mí. “Ese ser misterioso y terrible del que todos poseemos, una arma secreta y fulminante” y todo porque un pueblo en el exilio y por tanto ultrajado y discriminado, sólo vive para el día de la venganza.
En el mundo hay un constante antagonismo a la fuerza totalizadora del sistema por el que sé respira. Y el mundo funciona a dos niveles opuestos sin reconciliación posible: uno es el de la hipocresía virtual y el otro paralelo es simbólico, la muerte, el amor, la singularidad y esta es la que nos permite reflexionar: de una parte está lo fatal y de otra lo banal y la lucha entre ambos puede resultar dramática y pese a nuestra obligación a superar las dificultades él no llego ha encontrar el equilibrio entre lo que es justo y en lo que no.
Es cierto que hay una cierta y profunda fascinación por lo indiferente, dejándonos arrastrar por lo más fácil y lo más paradójico es que ya no nos quedan valores que no sean los del dinero. Según Jean Baudrillard. Nuestra sociedad es mucho más intolerante que en otras épocas. La tolerancia es una coartada, un simulacro. La intolerancia que vivimos no es represiva ni política sino totalitaria y se ampara en las leyes y la legalidad. Aunque finalmente, es doloroso observar como una sociedad inventada para intentar que todo el mundo sea feliz, sucede lo contrario. Esta claro que este modelo no, no nos hace felices y curiosamente cuando más intentan perfeccionar el sistema más pierde su fundamento social. Por eso la persecución del bien debe ser un valor moral y la felicidad un valor existencial.
Sospecho que este apología de mi pasado te puede causar una creciente incomodidad. Pero la realidad, es que en el tiempo real, y en la historia, cada vez que un hombre se enfrenta a diversas alternativas opta por una y elimina sin dudarlo las otras. Después, sonriendo con pereza del sufrido recuerdo, continua para decirme que siguió contemplando su arrogante uniforme.
De esas épocas de guerra, me dice que guarda el recuerdo de un mundo sin piedad. Como un sueño triste y sin color. Fatalidad, humillación, temor y sublevación escondida. Pero reconoce que para ganar, hace falta golpear al enemigo en su propio terreno y en el momento oportuno. La vida, no es una cuestión de corazón, sino una simple posición de fuerza. Los sentimientos, hay meterlos en el bolsillo. Ellos pueden servir un día. Luego se dijo sonriendo, que en el mundo el dolor es lo eterno y lo cierto, y la dicha, lo casual y lo inesperado.
Después de un corto silencio y mientras intentaba explorar mentalmente su pasado, me repite que sus tristes pensamientos se rompieron al oír el sonido de la corneta, lanzar en explanada de la base las prolongadas notas que servían para arriar la bandera de los Estados Unidos de América.
Luego me dice que fue después de abandonar su postura marcial que empezó a calmar nervios cuando se dirigió al amplio ventanal de su despacho y profundamente impacientado, arrojo en él vació su grueso cigarro. Era un habano martirizado por los dedos y con la punta desmenuzada por el incesante mordisqueo de sus recios dientes. Y reconoce que el tiempo de espera sin haber recibido todavía la totalidad de los documentos oficiales que le autorizaban a emprender su viaje, le colocaban en una situación desesperante.
Un sol deslucido empezaba a montarse sobre las palmeras que rodeaban los cuidados jardines del edificio central donde se hallaba su despacho. Y desde allí se divisaba a lo lejos, las impresionantes instalaciones militares y más al fondo acostados en los muelles, parte de la poderosa flota de guerra americana. La Base Naval se hallaba situada cerca de la ciudad de San Diego y más precisamente en estado de California.
Las cosas para él habían cambiado inesperadamente. El rudo contraste de su anterior existencia, era el premio a su inercia actual. Reconocía, que después de una vida tan activa, el repaso en su presente destino era asombroso. Su uniforme cubierto de condecoraciones de las sucesivas batallas libradas en las guerras pasadas, hacía del Capitán Juan Mendoza, un héroe indiscutible. Su vida tan apasionada en él ejercito, había terminado por ser reconocida, como ejemplo de valentía entre los “Marines. El Capitán, al perder su mirada en el azul infinito, quiso ahora acariciar con su mirada fría y disciplinada sus recuerdos y sus ojos que muchas veces fueron duros, parecían entristecerse al esforzarse en su pasado. Era verdad que las cosas para él habían cambiado inesperadamente, sobre todo después de su ascenso a capitán. Los tiempos presentes resultaban distintos a los de su juventud. Reconocía que en apenas diez años después de su paso por la academia militar.
El inminente traslado a la Base Naval de Rota en España, al Capitán Mendoza le hacia replegarse en sus recuerdos. Otra vez con mayor fuerza qué nunca volvían a su memoria los recuerdos de su infancia; como buscando en ellos su calificada situación presente y en medio de la vaguedad de sus recuerdos. Juan quedo largo rato como adormecido mirando las fichas del ajedrez si verlas. Luego sonrió irónicamente como si le hiriese su belicoso pasado. Recordaba su existencia y él vació de una vida familiar, le abatía ahora claramente, sin los engaños de su cómoda existencia.
De su madre, apenas recuerda que fue una mujer pálida y de belleza lánguida, había quedado enferma, primero al nacimiento de su hermana y después se agravó a consecuencia de su nacimiento. No recuerda nunca ver salir a su madre de su casa sin que no fuera para asistir a su misa dominical y siempre retiene en su memoria, su rostro sufrido y enfermizo. Su madre había sido formada intelectualmente por su abuelo, que era un hombre de aquella España en la había tanta gente liberal en el buen sentido de la palabra. Su abuelo fue un hombre muy culto, muy respetado y una figura social de gran relieve en la provincia de Jaén y fue él quien también terminó ocupándose de su educación.
De los años que vivió con su madre, recuerda de ella, que pasaba sus horas sentada detrás de una mesa redonda y al calor de un brasero de carbón de encina. Leía muchísimo y siempre la recuerda, rodeada de libros que devoraba uno tras otro y sin pausa. Jamás había encontrado en aquel rostro apagado de su madre una sonrisa, y siempre creyó que su madre escondía un amargo pasado; que de él nunca llegó descubrir. Hasta en los días de su más sufrida enfermedad conservaba su aspecto correcto, de una elegancia señorial. Si la dolencia la obligaba a guardar cama, daba ordenes a la criada para que sus hijos no pudieran entrar en su habitación.
Su madre murió de su larga enfermedad poco antes de la guerra, y, sintió después cierto alivio al persuadirse que ella había muerto ignorante de las atrocidades de lo que ocurrió en aquella guerra y sobre todo al resto de la familia. Todo lo recordaba perfectamente y aun le parecía ver el impresionante féretro de madera de caoba, rodeado de grandes cirios fijos en resplandecientes candelabros. Todavía veía su entierro como si lo tuviera delante, reviendo en sus ojos el carruaje de cinco mulas, habituadas al paso lento y perezoso.
De su padre se acordaba menos que de su abuelo. Era en su memoria una figura cariñosa y complaciente, pero algo imprecisa. De él, apenas recordaba su barba suave y bien cuidada, sus pequeños lentes y su sonrisa dulce. Su padre había sido oficial siguiendo la tradición de la familia. Estuvo en la guerra de Marruecos, don fue capturado en Annuel por fuerzas las rebeldes, más inferiores e irregulares en numero.
La contraofensiva lanzada por él ejercito Español tras el desastre de Annuel. Dicen que fue para vengar los muertos, tratar de liberar los prisioneros, e intentar parar el avance de los rebeldes. Pero la verdad es que su padre no fue liberado y la ofensiva, elevó la guerra colonial a extremos increíbles de brutalidad.
Él ejercito Español incapaz de derrotar a los rebeldes, pidió la colaboración Francesa y un ejercito de casi medio millón de hombres, desembarcaron en Alhucemas en septiembre del 1925, que marco el fin de Abd el krim, quien se entregó en mayo de 1926 a las autoridades francesas y fue desterrado a la isla de la Reunión.
Al poco tiempo de acabar la guerra colonial de Marruecos, fue liberado y a su regreso a la península. Meses más tarde al sentirse responsable de su rendición y falta de valor, se dio inmediatamente de baja del ejercito. Don Jacinto que era como se le conocía a su padre, después dolorido por la actuación de los conservadores en la guerra colonial en el norte de África. Pidió el ingreso en el Partido Socialista Español.
Su padre, dicen que fue un hombre muy triste, pero con esa tristeza que se procura superar tapándola con expresiones de falsa alegría y de regodeo ruidoso. Este concepto es lo que la gente define como cultura andaluza... A pesar de esto, él, no cree que exista un carácter andaluz. Ni un carácter castellano, ni carácter español y ni tan siquiera un carácter norteamericano. No obstante, esas formaciones culturales pueden en algunos casos terminar por amoldar la persona.
Hay quien no cree que los caracteres sean típicos de una colectividad. Pero reconoce que como a todos el hogar es el que nos marca al nacer, así como la ternura en la que se es educado y los acentos escuchados... Todo esto, es verdad que puede contribuir a moldear la personalidad del individuo. Sin embargo, él cree, que son los avatares que surgen a lo largo de la vida, los que después van modificando la persona. Pero reconoce que las tradiciones, pueden configuran su idiosincrasia.
De su padre de lo que más se acuerda siendo muy pequeño, es de sus continuos viajes a Madrid. En uno de ellos, le trajo una pistola de juguete que a su madre la enfadó mucho. Pero para él, este obsequio de su padre, no fue un simple juguete fascinante. Si no que acabó marcándole para el resto de su vida.
Quizás, fue ésa una de las primeras imágenes que él recuerda de su vida. Fue una experiencia relevante, porque en efecto se le quedó para siempre grabada en su memoria. No tendría más de cuatro años, pero la imagen de aquella pistola, quedo para siempre en su carácter principal. A la vez que reconoce también que fueron los inhumanos acontecimientos históricos, los que forjaron sin la menor duda su actual personalidad. No obstante, a él, este análisis le deja perplejo, al no estar seguro de saber si los acontecimientos le ha hecho a él, o él se ha hecho en a través de su propio temperamento aventurero, que se vio favorecido por el peligroso radicalismo histórico que le toco vivir. La realidad es que sigue dudando de quien fue el responsable de su militar existencia.
Recuperar la memoria requiere mucho silencio, pero al final sin gran esfuerzo la memoria está ahí, grabada con todas las experiencias de la vida. Reconoce que él nunca fue pesimista y que jamás fue un hombre que se dejara caer en la fácil desilusión. Siempre vio las cosas con calma, con serenidad. La falta de pesimismo tiene que ver también con la experiencia que tuvo con los amargos suceso de nuestra Guerra Civil. Cierto que él, nunca creyó francamente que la República pudiera salir triunfante de aquella guerra. Sin embargo, hizo todo lo que pudo en la defensa de ella, y siempre en primera línea de fuego... Hizo todo lo que pudo que no fue poco, pero era consciente que las luchas por el poder, en los partidos que componían la coalición Republicana y el panorama mundial. Hacían casi imposible que prevaleciera nuestra causa.
La causa para él que desencadeno la guerra. Fue el resultado del gran atraso que venia sufriendo España, que pese a que estaba empezando a superar. Ya que la República había dado un salto importante en poco tiempo. Ello agudizó las contraposiciones entre lo tradicional y viejo y lo nuevo, y esa contraposición estallo. Se rompieron las estructuras y desaparecieron los frenos. Él se acuerda perfectamente de aquella rotura.
La Guerra Civil, ésa es en realidad una imagen que vuelve mucho a su memoria, al formar parte de su primer horrible bautismo de fuego. La Guerra Civil, se transformo en un trance brutal y espantoso. Esta horrorosa situación fue tan espantosa que dio permiso a unos y a otros para asesinar impunemente. Quien sé de tenga a pensar en ello reconocerá que en esta guerra la mayor parte de los asesinatos, de los errores, de las brutalidades que se cometieron no fue por motivos idealistas. Si no simplemente como resultado de las malas pasiones.
De muchacho, recuerda que devoraba toda la literatura que estaba a su alcance y en aquel entonces su concepto principal era la nación, donde quedaba envuelta la existencia de los individuos. Y los avatares de la historia puso término a esto; desde entonces él vivió con otras perspectivas. El país que él se había configurado como nación, España se quiebra y ya no es igual... Ahora tiene otras naciones de referencia, primero la Francia antifascista y por ultimo los Estados Unidos de América.
Las experiencias van moldeando la actitud del temperamento básica de la persona. Esta no cambia, si no se producen fuertes desengaños que puedan moldearla, y en ese sentido cabe decir que enseña; sugiere no esperar demasiado, o no insistir en ciertas cosas, o recibir lo que venga con el ánimo tranquilo.
Confieso que siempre sentí un amor desmedido por la literatura en general y la poesía en particular. Lo tome tan en serio y disfrutaba tanto que adore siempre a los poetas. Algunos años no escribí nada, pero guarde paginas enteras en mi recuerdo. Sí, sí… para mí siempre, entre mis poemas hay un recuerdo tan poderoso que pese al tiempo transcurrido nada cambio mis sentimientos.
Él, al hallarse siempre en continuas guerras y muy lejos de España, dice que no sabia más que por otras gentes lo ocurrido en ella y mientras no llego a la base Naval de Rota no supo realmente todo, lo que ocurrió en realidad a su familia. Ya que él al perder las fuerzas Republicanas Cataluña y verse obligado a cruzar la frontera francesa, de ellos careció de una información creíble y como él siempre fue muy escéptico y personal. No se deja emocionar fácilmente, por las tristes noticias que aparecían en la prensa de la derrota de la España Republicana, dejando pasar el tiempo, en espera de unas cartas que nunca llegaron.


CAPÌTULO XX
Amar y ser amado
pablogarcia
 
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Notapor pablogarcia » 23 Mar 2008, 18:39

Gracias y se sigue

CAPÌTULO XX


No se le olvidara el día en que todo estaba preparado para zarpar rumbo a España y recuerda que para todos fue un verdadero día de fiesta. El volver a su tierra natal, después de tanto tiempo, aunque reconocía que para él los tiempos eran otros. Ahora volvía luciendo el uniforme del más poderoso ejercito del mundo y sin apariencia alguna de revanchas ni odios.
A su llegada, cuenta que desde lo alto del buque, diviso los extensos muelles, cruzados por potentes grúas, que sonaban a la vez que los buques con una desafinada sinfonía. Mientras al fondo y detrás de una fila de edificios, se veía diminutas y graciosas figuras como salidas de una caja de juguetes, a los soldados llegar del campo de maniobras. Y esto le recordaba cuando, les amontonaron a los derrotados supervivientes del terrible incendio que destruyo gran parte de España, en unos terrenos cerrados con alambradas. Pero recuerda sin odios que él fue un vencido persuadido de su derrota y por tanto esa humillación fue casi regalo.
No obstante para él, lo que más le ofendió era ver como a esos valientes y revolucionarios milicianos, eran despojados como inofensivos colegiales por esos gendarmes franceses. Para ellos éramos simples combatientes vencidos y gente poco civilizada que sólo negros del Senegal armados de látigo y pistola podían encargarse de custodiar a latigazos. Eso era lo que quedaba de sus treinta y tantos meses de resistencia, de moral invencible, de heroísmo sin igual. Por eso le dolió tanto aquella España heroica y sufrida que como él atravesó derrotado la frontera.
Cuando visito Cádiz recuerda que para él era la verdadera España, esa España del aire libre, de su ambiente poético y su afición a divertirse. Allí todos cantan, lo mejor que pueden y las esquinas están llenas de vendedores particulares. La vista del golfo de Cádiz, según los andaluces, se visita antes de morir, porque después nada hay que merezca la pena.
Llevaba más de una semana de dulce embriaguez. Jamas creyó que su regreso a España le causara tanta felicidad y reconoce que vivía en un dulce aturdimiento. Le parecía todo lo que le rodeaba era tan bonito, que ansiaba visitar la ciudad de Cádiz y sus famosos Carnavales. Él recordaba el renombre de los Carnavales de Cádiz, pero se llevo una desilusion cuando supo, que fueron prohibidos después del triunfo del fascismo en España. No obstante asistió a las fiestas Cádiz, y recuerda aquel año que fueron poco alegres, no obstante para él no fue novedad el colorido de tal espectáculo. Ya que a lo largo de su vida, había presenciado estas fiestas populares tras sus continuos traslados militares por toda la América Latina.
Cuando él se hallaba solo en su despacho, se acordaba que seguía libre como en la época de soltero, y el recuerdo de su prima Isabel surgía en su memoria con frecuente rapidez y sin que pudiera turbarle los días en que se amaron sin que la familia llegara a saberlo. Después nada: ninguna noticia; la guerra había eclipsado sus vidas, pero él impulsado sin duda por su primer amor; ella seguía siendo la mujer preferida. Y reconocía que sentía celos, cual si tuviera todavía algún derecho sobre asa mujer que no dejo de amar.
Non, no llego a olvidarla surgiendo de cuando en cuando en su memoria el recuerdo de aquellos años juveniles y pese a los casi más de treinta años transcurridos guardaba como una fotografía, su casa y el entorno de su ciudad natal. –¿Qué seria de ella? ¿Qué habrá sucedido después de aquella guerra civil que aun le angustiaba?. –Viví soñado, y ahora llega el momento de vivir despierto. Créeme amigo mío que el tiempo de las ilusiones, pero confiaba en su buena suerte, seguro de salir airoso de cualquier situación… Si amigo; mi juventud fue demasiado melancólica y solitaria como para no estimar lo que vale un corazón como el de Isabel; y nunca renuncie a ella, te lo digo con sinceridad. Pero yo recuerdo que al escuchar sus dudosas palabras y contemplar su rostro note cierta tristeza que revelaba mejor que una sonrisa sus amorosa ansias de volver a ver a su prima.
Así reflexionaba, Juan, animado por el recuerdo de Isabel, y cuenta que al llegar a los hangares para recuperar su automóvil, vio cómo el sol se levantaba perezosamente en el horizonte desafiando con sus rayos las densas nubes que cubrían el estrecho de Gibraltar y como impaciente de realizar su proyecto se dirigió con su automóvil hacia la puerta de entrada de la base naval.
Eran ya las diez de la mañana. Cuando Juan se dirigía hacia la carretera general que le llevaría hasta Sevilla y quedo cautivado observar como el sol de mayo barnizaba con su brillo las hojas de los arboles.
Para aquel que no conozca bien Jaén y sea capaz de encajar la geografía española. Les diré que Jaén es una provincia mal distribuida y olvidada en un rincón del mapa español y al que siga interesada en su clima también puedo añadir que aunque Jaén se halle en una zona templada del hemisferio centro; en invierno se hielan hasta las ideas.
Después de atravesar la avenida central, cuenta que torció a la derecha y entro en una amplia plaza adornada con naranjos separados a no más de dos metros. Donde algunas mujeres, vestidas con ropa oscura, cosían y bordaban mientras sus hijos o nietos jugaban a la sombra de los naranjos. Eran las seis de la tarde, y el sol daba un tinte anaranjado a la cornisa del enorme caserón. ¡Qué bien respiraba al penetrar en ese silencioso edificio, resonando el eco de sus pasos! ¡ Qué grande y hermoso la parecía el patio, con sus olivos y naranjales de verdosas y lustrosas hojas! Allí había pasado los mejores años de su niñez y recordaba a los muchachos que esperaban una oportunidad desde el gran portalón, para jugar con el hijo del hombre más influyente de la capital.
Dominado por los recuerdos, al verse de nuevo en su casa, después de muchos años de ausencia, permaneció buen rato inmóvil en el patio, mirando los balcones del primer piso. Para luego decirme que al reflexionar en ese contraste entre el pasado y el presente. Fue cuando sospecho que en su recibiendo había algo oscuro en las ambiciones de su tío. En aquella casa, sólo había encontrado una falsa e irónica sonrisa, como personas obligadas por las circunstancias y el único razonamiento a sus preguntas eran evasiones sin respuesta…
El fundador de esta casa soberana había sido el abuelo de el, el calculador don Rafael, que había amasado la fortuna de la familia con muchos años de explotación de la ignorancia de los míseros, y además, llamaba la atención por lo hacendoso y económico, con una perennidad en sus gasto que rayaba en la tacañería.
Mientras tanto su tío Luis se dedicaba a cazar por la mañana en los montes cercanos y por la tarde en los cafés jugándose el dinero a las cartas. –ya le picaba la ambición–decia su madre alegremente a su padre–. Déjale, mujer; él se abrirá un día paso… Según él, no había en el mundo persona de más mala intención y con más memoria para recordar nombres y caras. Recordaba de él, que en su juventud lo arreglaba todo con la violencia, y a la menor contrariedad hablaba de echar mano al fusil. Todos sabían de sus ideas y por todo una serie de razones, termino militando en los movimientos ultra derechistas. Por eso a un acaricia a su sobrino cuando lo vio entrar en el patio vestido con el flamante uniforme del ejercito de los Estados Unidos.
A ojos de los demás el prestigio de la familia seguía inalterable y la pregunta de cómo había muerto su padre, la hipócrita respuesta; fue que murió en el frente. Cuenta que desde un principio le llamo la atención la ausencia de su prima Isabel, pero no tardo en averiguar que se hallaba internada en una especie de convento. La verdad es que siempre buscamos en las cosas que nos son precisas, el reflejo que sobre ellas nos lanza nuestro sentimiento y cuando llega el desencanto de nuestros deseos les prestamos unas ideas falsas a nuestra imaginación. Por eso, yo no llegaba a imaginar que la mujer que él siempre había deseado, encerrada por propia voluntad en un convento.
La primera persona que me habló de Isabel, fue Inés la sirvienta que a través de los años había llegado a gobernanta de la casa y desgraciadamente, no pude calmar, mis sospechas hablando con ella al pedirla explicaciones, a mis inquietudes. Pero después de hacerla, con mayor habilidad las preguntas oportunas y cuando la confesé mis amores por ella, exclamo: –¡valla a verla! Y por su propio boca sabrá todo lo sucedido en esta casa, ya que a mí me es absolutamente imposible decirle a usted lo sucedido.
Después se hizo un silencio penoso, y Juan me dice que quería salir de la situación; le molestaba ver aquella mujer glacial, indiferente, tratándole con una rara cortesía. Pero puesto ya en la enojosa situación, se atrevió de nuevo a pedirla que le indicara donde se hallaba Isabel. – ¿Se ve que usted no conoce bien a su tío? – Pero sepa que quiero ayudarle. –Isabel lleva ya muchos años en cerrada en una especie de hospital – convento conocido por Hospital de Santiago de Ubeda. Ahora empezaba a comprender porque su tío había estado desde le primer día tan frío con él y sobre todo que sólo le re recibía en su despacho, donde siempre estaba acompañado todo tipo corpulento que le servia de guarda espaldas.
Juan ensimismado, me cuenta que cuando se dirigía a Ubeda tras un inmenso valle de olivos, observó que el paisaje era de una semejanza increíble por toda la provincia, al crearse en sus hileras interminables una geometría casi perfecta. El Hospital de Santiago fue construido por Andrés de Vandelvira, que trazó una obra de gran magnitud y complejidad, que supuso la culminación de su manierismo. En su estructura rompe con la planta tradicional de los hospitales en cruz difundida por los reyes Católicos, aunque sus antecedentes debemos buscarlos en el hospital Talavera de Toledo. .

En su origen se encontraba alejado del centro de la ciudad antigua porque nació como hospital para enfermos de peste bubónica, función que compartía con las de residencia del obispo, capilla y funeraria. En el exterior se impone la grandiosidad y sobriedad en la decoración del edificio, sensación acentuada por las cuatro grandes torres que lo estructuran. También basa su estructura en torno a un patio central. Combina mesuradamente el Renacimiento Andaluz vandelviriano-y-el-estilo-herreriano

Juan dice que siguió un camino bien adoquinado, hasta allegar al patio central, se imagino el poder de la iglesia en los años en que fue construido este grandioso monumento y siguiendo con su imaginación me dice que sintió un gran tristeza al pensar cuanta gente a lo largo de su historia habría dejado esta vida después del más horroroso sufrimiento. Más tranquilo abrió la puerta de una sobria galería como una bodega, mostrando en uno de sus laterales un altar barroco de oro deslucido, una pequeña estatua del apóstol Santiago.
El escenario que vio después dice que fue estremecedor, pues la mayoría de los enfermos marchaban de una forma que parecía un ritual religioso a través de sus cantos desordenados. Él reconocía que en ese mismo instante sintió compasión y todo porque él quizás creía que esa enfermedad hace parte de una especie de alma perdida que anda por ahí suelta, sin llegar a encontrar su verdadero cuerpo.
Después observo como una buena mujer que no seguía el itinerario de las demás recitaba a toda prisa, como quien lo sabe todo de memoria, la vida del apóstol Santiago y al poco tiempo llegaron dos mujeres, alas que él saludo quitándose el sombrero. La más alta que parecía la señora, contesto con una leve inclinación, mientras la otra le sacaba la lengua con un gesto provocador. La dos iban pobremente vestidas, aunque la que hacia de señora se la notaba cierta elegancia en su comportamiento. Parecía joven todavía, y su rostro le pareció al instante familiar, pese a su cara pálida y flàgida como el papel deslucido, a sí como también los salientes y cavidades de su cráneo. Sus ojos hundidos y sin brillo, las daba un aspecto de enfermedad y miseria. Las dos pese a sus gestos señoriales, caminaban descalzas, con los sucios zapatos en la mano y él dice que las siguió hasta él dentro del edificio, y se aproximo a las desconocidas, con el fin de preguntarla; aunque ellas hacían como no verle. Pero por fin llego la ocasión para hacerla la ansiada pregunta. –¿Es usted la señorita Isabel? –Pregunte con voz trémula, temiendo que mi pregunta no fuese contestada.
–Si, señor –se limito a contestar ella. –Es extraño que me conozca, porque nunca lo había visto por aquí.
–Nada tiene de extraño señorita. Llegue ayer.
–Bueno si, me llamo Isabel Montoya y soy hija de don Luis Montoya –¿Pero dígame como me a reconocido?
Ya lo había soltado, y reconoce que al oírla revelar su nombre, y decir quien era, apoyo en él la tesis de que ella mismo si se encontraba enferma, su enfermedad era curable y al mismo tiempo le envolvió un suspiro de satisfacción al comprobar que: –«Isabel era todavía una muchacha muy guapa, pero debe haber sufrido mucho». Después se hizo un silencio penoso al descubrir que Isabel reflexionaba y él quiso salir de esta situación; al entristecerle ver aquella mujer intentando forzar su pasado. Y, tras una nueva pausa, me miro de frente para decirme que mi rostro la recordaba una persona muy querida y que jamás pudo olvidar.
–¡ Dios mío! –dijo, como si hablase con ella mismo–. ¡ Qué triste y qué alegría al mismo tiempo! –Esto es demasiado hermoso para ser real. ¡Pero usted es mi primo…, Juan! –Hace tanto tiempo que lo espero– dijo hundiendo aquellos hermosos ojos verdes en el suelo.
– Si, soy yo Isabel, tu primo Juan, y yo pese a los avatares difíciles que me toco vivir, tampoco te olvide.
Después, una monja, asustada por su tardanza, daba órdenes desde el ventanal de la galería, para que volviera a hacia ella. –Mire, hermana: este caballero es mi primo Juan y avenido para hablar con migo y la aseguro que es muy bueno. ¡Verdad!. La hermana se fijo en él; lo examino a la luz de los rayos solares que penetraban por el amplio ventanal como si buscase diferencia con aquel otro señor que ella despreciaba constantemente.
–¡Qué cambio y qué alegría ha experimentado este hermoso rostro, Dios y Señor nuestro!. Dijo la monjita, con un supremo esfuerzo de voluntad. –Si caballero le permite que sigan conversando y que cuando quiera venga avistarla. Juan, cuenta que emocionado, que admiro los hoyuelos y la sonrisa graciosa a sí como la simpatía que aquella religiosa les había demostrado. –Vamos, señor Mendoza; sigan hablado y cuide como una rosa a mi reina.
Lentamente volvieron a la sala donde se hallaba un gran balcón, pero tuvieron que abandonarlo debido ha que en se había formado un ensordecedor algarabía de voces que les hacia imposible entenderse. –Si, si Juan vamos fuera que quisiera hacerle ciertas preguntas. –Si, se lo aseguro llegue a cree que hubieses muerto…
–exclamo Isabel para justificar después su desventura.
–Yo también creí que hubiera muerto o que estaría casada y con una docena de hijos…
–¡Muerta!… Le confieso a usted que al principio tuve algún miedo; no de morir, porque la desee muchas veces… –Si no porque llegue a estar cansada de la vida. Ya se convencerá usted de lo que le digo cuando le cuente todo lo ocurrido desde su ausencia…–Se lo aseguro yo busque la muerte como única solución a mis problemas. Pero, pese al tiempo pasado y cuando ya sé esta un tanto desengañada. Se llega una a contentarse de seguir viviendo simplemente de los recuerdos de la persona amada. Llegando incluso con gusto a seguir estándolo y, sin exigir nada a cambio y aunque el deseo del amor no sea como en la primera juventud, sigue siendo ese amor una asociación de ideas tan sólida, que el tiempo se encarga de consolidarlo al crearse una hermosa ternura tan semejante que no debe envidiar e primer amor. No obstante debo reconocer que fue la hermana Asunción quien me ayudo con sus mimos a continuar mi insoportable tortura.
Bien recuerdo que después de estas hermosa palabras, Juan tubo que hacer una pausa a sus atormentados pensamiento; para decirme: –Pablo no creo que puedas figurarte, lo que te voy a seguir contando.
–No digo que no; pero no te atormentes, porque te aseguro que a mí ya nada me extraña, lo que me cuentes; pero si me impresiona la conmoción del momento.
A continuación Juan, callo un instante, mostrando en su repentino seriedad la molestia que le causaba volver de nuevo a su pasado. Quedamos los dos afligido y en silencio un buen rato, hasta que Juan reanudo su desventura.
–Si Juan, dijo ella con voz entrecortada y sin atreverse a levantar la cabeza. –No, no puedo seguir contándole mis penas… Porqué temo que usted a venido aquí porque la doy lastima. Juan me dice que se quedo silencioso y cabizbajo; sin ser capaz de levantar la cabeza y sintiendo en su rostro la mirada de aquellos ojos verdes cuyas pupilas parecían registrarle el alma.
–A ver Isabel por favor, la ruego que siga contándome todo, porque yo he venido porque nunca la olvide y estoy dispuesto ayudarla en todo lo que este a mi alcance.
–Le creo y no sabe cuánto le agradezco, su sinceridad, porque lo que le voy a contar necesita de ella… –A mi padre siempre como tu sabes le tuve un gran respeto y mucho miedo, y siempre le intente esquivar. Sobretodo cuando se enfurecía y nos pegaba a mi madre y a mí. –Si, Juan los años pasaban y ya con a penas doce años, abuso sexualmente por primera vez de mí… –Es extraño, pero aun hoy me entran unas nauseas como de muerte; cuando me acuerdo de aquellos días y de las palizas que mi padre por cualquier cosa me pegaba. Mi padre se convirtió en un enemigo rabioso y llegue a odiarlo, aunque reconozco que por ser mi padre se tarda cierto tiempo en ello.
–¡Se ve que Dios lo había a querido así! – ¡Pobrecillo es un enfermo!… –me repetía una y cien veces mi madre, golpeándome sus palabras el corazón como si tuvieran dardos dentro…–No sabe lo duro que es contarle todo esto, pero fuero muchas veces las que abuso de mí, e incluso en presencia de mi madre. –¡Pobrecillo!… – Repetía una y cien veces mi madre. –¡Juan, como puede fingir una madre tanto tiempo!…Yo nunca supe la verdad, porque al fin y al cabo era mi madre, pero te aseguro que llegue a perdonarla. Fue después de su entierro, y el miedo a que yo pudiera llegar delatarle de otras cosas más graves que mi padre había cometido; lo que le llevo a ingresarme por la fuerza en este triste hospital “psiquiátrico”.
–Si querido Juan, mi padre como tu bien sabias, era un jugador, un don nadie y termino siendo un podrido falangista. Pero tu padre combatió como tú en los frentes y, al terminar la guerra se refugio en casa del abuelo y transcurrieron los días hasta que mi padre supo lo de tu padre. –Él, el mismo fue quien lo denuncio y se encargo de detenerlo y se cuenta que fue también que le dio el tiro de gracia.
En mi memoria sigue como si fuera hoy aquel momento en que Isabel concluyo de contar con detalle toda la crueldad que huso su padre para asesinar y quedarse con la totalidad de la herencia de la familia. Qué abrumado por el sufrimiento que pudo en ese momento causarle mi amigo, recuerdo que fue tal la sequedad en mi boca que por unos instantes fui incapaz de articular una sola palabra.
Normalmente ante las grandes tragedias, los hombres parecen, que el odio tarda en completarse, pero en el caso de Juan, según me cuenta el odio se acelero al instante. No obstante me dijo que tuvo que hacer un gran esfuerzo, para no causarla más tristeza, al terminar Isabel. –Pablo, hay en ocasiones en las que duele contar al detalle los momentos tristes de la vida, pero sin querer exagerarte la situación en que me encontraba en ese momento, que te aseguro que fue cuando se me paso por la cabeza acabar con su vida. –Si amigo voy continuar y te diré que fue después que los acontecimientos sé aceleraron y después de tratar de consolar a Isabel, se me desatoron los nervios y solo atine a despedirme de ella con la promesa de volver muy pronta a verla e intentar sacarla de allí.
Pase la noche en Ubeda, pero fui incapaz de pegar el ojo, y a la amanecer de la mañana siguiente, cansado como si me hubieran dado una paliza; me traslade de nuevo a la capital. La verdad era que me hallaba nervioso de el paso que estaba decidido a dar, y recuerdo bien que me decía a mí mismo, porque no era capaz de controlar mis nervios. Si yo era un hombre familiarizado con él peligró y nunca lo había temido, reconociendo que en ocasiones no dude en ir hacia él y hasta había sentido cierto goce en el riesgo.
Al llegar junto al antigua caserón, volvió a surgir en su recuerdo el rostro de Isabel y aunque se esfumaba poco apoco en su memoria, me dice que consiguió con gran facilidad que sus ojos verdes y su cabellera brillante no se perdieran del todo. Después con el rostro crispado me dije que había llegado el momento de pedirle serias razones a su tío de todo lo ocurrido… Pero dice que aun quedó cierto tiempo indeciso de lo que ya había decidido hacer… No obstante recuerda que poco a poco fue mostrando la mismas firmeza que como en tantas ocasiones le había llevado al combate.
Esa situación debía terminar y por eso golpeo la puerta con fuerza haciendo callar las voces que en el patio se oían. Apareció la señora Inés con su uniforme blanco y al observar su mirada emocionada por los acontecimientos que no alcanzaba a descifrar; intento córtale el paso. La sirvienta sabia mejor que nadie, él porque él no debía acercarse al despacho de su amo.
Juan termino contándome esta situación con cómica gravedad; la razón estaba en que al penetra el despacho descubrió a su tío abrazado al joven guardaespaldas, a la vez que lo besaba en la boca… Juan sonrío irónicamente ante tal situación, pero su tío posiblemente advertido de la visita que él había efectuado a su hija, se coloco al instante en posición defensiva.
– ¿Qué pasa? –preguntó.
–“Vine a ver cómo está mi padre”. Acabo de enterarme que gracias usted fue puesto en libertad.
–¿Cómo?
–Probablemente, alguien mal intencionado té a contado cosas que no son verdad.
–¿Porqué esta tan seguro de que todo lo que me han contado, no esta relacionado con la herencia del abuelo?
–Porqué no hay pruebas y los protagonistas de tu historia, ya no existen…
–A mi juicio, usted se resguarda en que las autoridades, no declararían en su contra, pero en este caso yo creo que su hija, podrá atestiguar delante de usted; las acusaciones que vengo de hacerle…
Me miro como si pensara puntualizar algo más, pero guardo silencio, para después acusar su hija de esquizofrénica y mujer dada a todos.
Su tío siguió insistiendo en sus afirmaciones. –Es importante decirte, y te repito que no tuve nada que ver con eso.
–¿Quiere decir nada de nada que ver con el asesinato de mi padre?
–En efecto. –Tengo la conciencia tranquila. –Eso si me ordenaron que le enterrase, y yo obedecí. –Y luego, veinte años después, me vienes tu a que lo desentierre.
–Lo siento– dijo.
–¿Qué es lo que siente, usted? ¿Es usted quien lo mato? –Le dije con lagrimas que comenzaban a humedecer mis ojos.
–Suelte eso, tío –.Levante las manos de la mesa y deje de lado esa escopeta.
Hizo un movimiento para acercarse a la escopeta. Pero está cayó en suelo, y yo aproveche para meterme entre sus brazos y descargarle varios golpes en el vientre y luego en la mandíbula. Se desplomo y permanecí unos instantes pensando que podría llevar un pistola escondida. Pero tuve que abandonarlo, porque el guardaespaldas con cierta rapidez intentaba sacar su revolver de la sobaquera, a lo que yo anticipándome respondí con un disparo en el pecho que le hizo desplomarse en el acto.
Sucedió todo tan rápido que recuerdo que mientras me hallaba observando la herida del guardaespaldas, mi tío se arrojó sobre mí, con su pesado cuerpo. Pero su movimientos torpes hizo que no atinara en ningún instante a golpearme. No volví a pegarle. Retrocedí, saque mi pistola y le dije que no se moviera. En cambio, no me hizo caso y corrió con movimientos torpes, en dirección a su escopeta y quiso disparar; lo que me obligo a disparar con tal certeza que le atravesé el corazón.
Yo estaba lamentándolo, pero me sentí irritado que no era capaz de calmarme y salí del despacho y me dirigí hacia la puerta principal. La señora Inés me alcanzo antes de que llegara. –Los a matado, – yo lo vi, –pero le aseguro que los dos se lo merecían…–Ya lo sé…Lo lamento; señora Inés, ¿puedo usar el teléfono? –No llame a la policía, vallase que yo no diré nada.
–Señora no puedo huir, condúzcame al teléfono. Me llevo a la amplia cocina recubierta de ladrillos, me ofreció un asiento frente a una enorme mesa cerca de la ventana y me trajo un teléfono con un largo cordón. Me temblaban los dedos cuando comencé a marcar el número que me había dado Inés. Mientras, mire más atentamente la cocina y me sorprendió su modernidad, pero no me impidió recordar cuando de niño entrábamos a hurtadillas a quitarle la fruta a la cocinera. Comunicaba, y marqué otra vez.
Esta vez el cuartel de la Guardia Civil contesto.
–Buenos días, soy Juan Montoya y les ruego vengan urgentemente; dado que tendrán que detenerme y recoger dos cuerpos sin vida.
No respondí a el resto de las preguntas que seguían haciéndome e incapaz de seguir y ante loa sollozos ahogados que dejaba escapar Inés termine por colgar el auricular…
Al terminar su revelación, recuerdo que permaneció inmóvil como una estatua de piedra y yo admire como un hombre con ese historial bélico. Ahora se hallaba en una situación triste, apagada y con aspecto de hombre fantasma. Pero a la vez descubrí como una estrella brillante en sus ojos de querer vivir y días más tarde me llego a contar lo que se proponía hacer.
El tenia ciertos planes, porque la embajada Estado-Unidense, se hallaba tramitando su repatriación y, además el fiscal reconocía la defensa propia, lo que permitiría ser juzgado después también por un tribunal militar que según el abogado en unos años podría estar en libertad. El tenia ciertos planes, de los que deseaba hacer participe a Isabel, como única heredera y además pedirla que se casara con él.
Un año después en la cárcel de Jaén recibí su visita y la de su esposa Isabel donde dejaron una cierta cantidad para la comuna y me contaron que habían vendido los olivos y la casa. También que abandonaba él ejercito y que volvió a San Diego (California) para el resto de sus días.





CARCÈL DE PALENCIA

CAPÌTULO XXI
Amar y ser amado
pablogarcia
 
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Notapor pablogarcia » 08 Abr 2008, 17:01

Se sigue y gracias

CARCÈL DE PALENCIA

CAPÌTULO XXI


Qué admirable incluso en lo político es la naturaleza y sabia en todas las cosas. He aquí la razón por lo que yo siempre me paro a meditar el camino recorrido desde entonces y aunque reconozco que en aquella época la lucha revolucionaria se extendía ya por toda España y, que el país era ya una cacerola a presión que cuando el régimen quería cogerla por un lado; se le deslizaba por otro.
Por eso como ya bien he dicho, para hacer frente a esta situación que puede transformarse en revolucionaria, el Estado sólo podía apoyarse en la santa represión. Para eso dispone de una jurisdicción militar y civil. Según la gravedad de los hechos invocados, dos procedimientos pueden ser utilizados –sumaria o sumarísima. Es esta ultima le fue aplicada a Julian Grimau y en 1963 fue fusilado. A Grimau, se le reprocha ser miembro del comité central del Partido Comunista, y él estar a la cabeza organización clandestina del partido que opera en España.
Después de la ejecución de Grimau, la dictadura modifica en parte su código penal y crea el triste “Tribunal de Orden Publico”. Con él se pretende aplicar los primeros procesos políticos en España. No obstante habrá que esperar la dolorosa huelga hambre del 68, y la perdida de barios compañeros. Para que el régimen fascista, aplique parcialmente dicho estatuto y a partir de aquí el mundo entero pidió la amnistía para los presos políticos. Pero franco lo único que hizo fue cerrar el triste y famoso penal de Burgos y diseminar los presos políticos por todo el territorio Español.
Ante esta difícil situación. – ¿Que había que hacer?. Luchar con un mínimo de dignidad y no quedarse con los brazos cruzados ante el despotismo y la represión que la dictadura había impuesto; o por lo contrario vivir tranquilo e ignorando esta continua humillación. No, esta no era filosofía: « Ya pese a que para muchos en este mundo, el dolor es lo eterno y lo cierto; para nosotros, la dicha, había que ganarla porque la libertad no llegaría ni causal ni inesperada».
Ya han transcurrido muchos tiempo de aquel día que después de ser condenado en firme por asociación ilícita y propaganda ilegal. Decidieron trasladarme a la prisión provincial de Palencia El fiscal del desacreditado “Tribunal franquista de Orden Publico”; no dudó en uno de los juicios más propagandístico de la época condenarme a cuatro años. Es verdad que han pasado ya más de 34 años, pero por tanto sacrificio, miserias y en especial las torturas policiacas. No es difícil recuperar la memoria y sin el mayor esfuerzo sé retroceder al pasado.
Vuelvo a insistir que mentiría si les dijera, que la vida en la cárcel cada día es más es dura. Y aun más dura si sé carece de ideales… De una manera o de otra, la cárcel es muy dura; porque siempre se espera que las cosas cambien. Pero el tiempo pasa siempre con el mismo discurso, las mismas palabras, los mismos juegos de palabras y las promesas jamás cumplidas. Hasta que por fin llega el día que se pierde toda esperanza.
En espera de nuestro traslado a la prisión provincial de Palencia y después de tres días de instancia en la primera galería de Carabanchel. Recuerdo que se nos instaló en una celda con la capacidad para más de diez presos y en ella la mayoría eran testigos de Jehová. Es verdad que estos “presos” se alegraron de que así fuera, no porque pudieran convencernos; si no porque ellos sabían que nosotros comprendíamos mejor sus problemas. Es verdad que intentábamos entre nosotros, pasear juntos por el patio de la más peligrosa galería de la prisión y que ellos se sentían arropados con nosotros. Porque en lo que se refiere a los presos comunes, ellos nos consideraban a todos como al legendario “Robin de los Bosques” y simplemente por eso éramos respetados por ellos.
Nos esperaba el autocar celular. En el estribo un guardia-civil, nos iba dando el sitio exacto donde debíamos sentarnos. El autocar se hallaba brindado en el exterior con gruesas rejas que cubrían los cristales. A la vez el interior se hallaba dividido en dos comportamientos, separados por unos barrotes. En el compartimento que se hallaba en la parte delantera íbamos sentados los presos políticos y los guardias-civiles. Detrás de los barrotes y ocupando la casi totalidad del autocar unos cuarenta homosexuales que trasladaban al penal de Burgos.
Estaba visto que al franquismo no le bastaba con encarcelar a sus adversarios políticos. Si no que a la dictadura, no escapaban ni los testigos de Jehová ni los homosexuales, ni nadie que no estuviera en gracia de Dios… –¿Cómo poderse explicar que aquellos “hombres” que por el mero hecho de no ser como los demás tuvieran que ser encarcelados y pasar hambre y frío ante la indiferencia de un pueblo inconscientemente feroz y a la vez tan religioso y malo?.
Hay que reconocer que los pobres intentaban llevar su calvario, lo mejor posible. Ellos no eran Españoles, y por tanto enemigos irreconciliables de todo lo que fuera Dios patria y Rey. Por eso en este mundo pequeño estos deformados por la naturaleza, no eran realidad seres de ningún parte. Los eslogan de igualdad de razas, de la fraternidad entre los hombres y todo lo que es suprema razón de un mínimo humanismo, allí y en este caso en especial resultaba mentira.
Había que haber sido preso, para comprender la sensación de humillante en que se encuentra la persona y donde se ve reducida a su mínimo exponente. Aunque no obstante ere curioso como ellos hacían frente a sus problemas. Al grupo, se le veía tan unido que parecían llevar un estado de latente satisfacción, incrustada en el alma. Por eso intentaban llamar la atención y todo pese al clima malsano a los que se les sometía. Pero la verdad es que ellos parecían debatirse en una moral más que equilibrada.
La prueba de ese equilibrio moral que les caracterizaba, que fue al poco tiempo de que el autocar, circulara por la carretera general, fue cuando un murmullo ensordecedor invadió el autocar… –¡Qué os pasa tías, estáis como que “canguis” no tenéis nada que decir!… –o tal vez os han cortado la lengua. Gritaba con voz afeminada uno de ellos.
–Bueno muchachas alegría y a cantar todas…– Venga chicas toda al ritmo de la moda…Pim pam fuego y al terminar la canción se daban todos un fuerte cachete en los muslos. La verdad que ni nosotros ni los guardia civiles sabíamos si reirnos o no, pero después siguieron cantando, el patio de mi casa y…«El patio de mi casa es particular que cuando llueve se moja como los demás… Agáchate y vuelve té agachar; pero no te agachas mucho porque si te descuidas te pueden dar por detrás…– Y es aquí donde ya no pudimos aguantarnos y hasta la mima guardia civil lloró de risa»…
Palencia, es una capital de provincia como tantas otras existen en España y al llegar a dicha cárcel se observa desde el exterior que fue construida por lo menos en la época Isabelina. Pero una vez en el interior parecía un convento sumido en el silencio y se llegaba a creer en la posibilidad de un mundo muerto. Pero no, la verdad es que allí se hallaban encarcelados más de cien hombres y unas veintena mujeres.
La redonda como en todas las cárceles, era donde se hallaba el jefe de prisiones y algún funcionario y por sus grandes cristaleras se divisaban la totalidad de las galerías. El jefe de prisión, después que los guardia civiles les entregaran nuestros dossieres, les dijo: – podéis marcharos y muchas gracias. De estos me encargo yo…y apenas nos quedamos solos, frente a frente, empezó aquel ser repugnante a soltar cosas horrendas con la entonación indeliberada de cualquier beato que murmura el rosario. Para él, no teníamos que haber llegado hasta allí, porque no comprendía como ahora no se nos fusilaba. Todos los presos políticos éramos indeseable y peligrosos para él. Al principio parecía que nadie iba decir nada, pero Gerardo Iglesias que se hallaba entre nosotros al observar el enorme crucifijo que dicho energúmeno tenia en la mesa, le dijo: –¿Donde esta su Dios?… –¿Es usted de esos que se dicen cristianos?… –Pues parece que no es así, porque es tan necio que se cree que España es la obra de su propiedad…
–¡Sabe quien somos nosotros, somos los espíritus vivientes de todos aquellos que usted ayudo a fusilar y le añadiría que hacemos parte del resto de aquel pueblo ensangrentado y vencido, pero no derrotado… – Y que vienen a vengarse de aquellos gemidos que los prisioneros daban antes de ser clavados a tiros en las paredes de los cementerios…. –¡Hubiera podido decir tantas cosas!. Pero, ¿para qué tantas explicaciones que aquel becerro, que ni entendía ni merecía?…
Luego creo que instintivamente todos quisimos no hacerle caso y nos dedicamos hablar entre nosotros, pero aun tuvimos que soportar aquellas un montón de palabras atroces. –¡Cuando yo hablo, se me escucha!… –González enciérrelos y quítelos de mi vista, gritaba como un energúmeno al funcionario el asqueroso fascista.
Un mes llevaba en aquella estrecha celda, de blanco jalbegado, cuyas desconchaduras y garabatos, me sabia de memoria. El sol, apenas penetraba por entre los barrotes cruzados de la alta ventana y en el suelo losas de un rojo desgastado por los su continuo lavado y que no se podían contar más de una veintena. La verdad es que la única distracción que teníamos, era pasear por el patio con los compañeros de adversidad.
En el patio al menos, veías el cielo libre y a través de los compañeros conocer como se iban desarrollando la lucha en el exterior. Era curioso, pero él creernos salvadores de este inhumano mundo a todos nos consolaba y nos hacia más llevadera la cárcel. Y mismo si algunos caían en el desconsuelo o sé le hacia insoportable. El resto de los camaradas como formando una piña, buscaban ideas sueltas y apenas esbozadas, que parecían buscar y perseguir los complementos en las adversidades del pensamiento.
Las celdas con apenas capacidad para una persona, eran ocupadas por dos. Por suerte la celda que yo pernoctaba se hallaba en el primer piso y esto evitaba la humedad insoportable y las innumerables cucarachas que sufrían los de la primera planta. Las puertas eran de acero contrachapado y de un color sucio verdoso. Los números de cada puerta, destacaban por haber sido recientemente pintados.
En uno de camastros dormía un compañero, condenado a mas de quince años de reclusión y de los que ya llevaba más de la mitad. Se llamaba, Enrique Castillo y bien digo se llamaba por que no he vuelto a saber de él. Enrique, era una persona, más bien flaco, moreno como el azabache, plano y musculoso cuando lo mirabas de perfil. Pero largo cuando estaba de frente. Capaz de no decir nada pendiente de días como si persona no existiera. Posiblemente porque a lo largo de su vida, solo había conocido días tristes de guerra y violencia. Pero su extraordinaria fuerza de adaptación, le había permitido continuar subsistiendo con facilidad a todas las adversidades.
CAPÌTULO XXII

A las nueve… La corneta había lanzado en el patio las prolongadas notas del toque de silencio y en los corredores sonaban con gran fuerza los pasos de los vigilantes cerrando con firmeza las celdas de la galería central. Como todas las noches nos hallábamos obligados a encamarnos a las nueve y con una perpetua luz ante los ojos. Quedábamos sumidos en un silencio angustioso. Mi compañero de adversidad, llevaba ya muchos días sumiso en sus problemas y apenas articulaba palabra. Pero ese día tras largo silencio, comenzó refunfuñando, a la vez que maldecía las injusticias de los hombres, que por unas cuantas cuartillas y periódicos clandestinos. Él fuese condenado a tantos años de cárcel.
– ¿Soy acaso un criminal?. Después volvió a guardar largo silencio. Hasta que un grito ensordecedor recorrió como era habitual, las murallas de cárcel.
–Centinela alerta.
Y tras corto silencio se volvía a oír más lejos.
–Alerta el uno.
–Alerta dos.
Y así sucesivamente todos los guardianes y todas las horas
– Dispensa compañero. –Pero te diré que este griterío es una invención del demonio para no dejarnos dormir. –Camarada, con estos energúmenos, cuando más sólo podremos descabezar un sueño que no dura más de una hora.
–Perdona compañero; pero aunque té moleste, en estas condiciones soy incapaz de dormir: –dijo Ernesto sentándose en el camastro.
–¡Te pregunto!. Pero no estas obligado a responder.
–Compañero, dime: –¿Es verdad que caísteis en la conocida reunión que celebraba el comité de Carabanchel en Madrid?… –Y si no me equivoco, dicha reunión preparaba las acciones del 1 de mayo.
–Bueno si, pese a que hoy yo me defino Marxista como tantos, compañero antes de militar en CCOO (Comisiones Obreras) yo pertenecí a las J.O.C.(Juventudes Obreras Católicas). Pero mi acusación fiscal, fue la de enlace entre las comisione obreras, el Partido comunista y diferentes organizaciones obreras de Madrid.
–No obstante, con tal de justificarse el franquismo ante la opinión internacional; todo la oposición a la dictadura era Comunista.
De nuevo el silencio. Mientras tendido de espaldas en el camastro miraba confuso los distintos rayados y marcas de anteriores presos.
–¿Será verdad lo que me habían contado de él?. Y por mi imaginación danzaban ideas sueltas, que parecían buscar la verdad con el fin de concretizar las razones que le habían llevado a jugarse la vida en innumerables ocasiones.
También es verdad que había oído varias versiones. Entre otras que era miembro del Comité Ejecutivo del Partido Comunista España y responsable en su día de toda la propaganda que entraba desde el extranjero, por la zona catalana. Después si atreverme a preguntarle, recordé que la cautela era el arma primordial en la lucha clandestina.
Abstraído en mis pensamientos, tarde en darme cuenta, que Enrique parecía dudar; pero al fin, se impuso la enérgica expresión interrogativa que le personificaba e inclinando la cabeza hacia mi camastro, terminó mirando preocupado hacia mi persona. Después de nuevo el silencio se hizo largo y molesto.
–¡Compañero, me temo que voy a darte la noche!.
–No yo ya estoy acostumbrado a pasar más de una noche en blanco a la espera de ver aparecer los primeros rayos de luz por esos barrotes. –A demás es en la lucha y las cárceles que se hacen las mejores amistades y creo que esta no será una más.
Enrique, salto de la cama y se puso a moverse nervioso por la estrecha celda. Mientras note que él solo iba animándose en su conversación en vista de la atención y curiosidad que yo le prestaba. Después quedo en silencio, mirando al suelo para sin tardar, mirarme de nuevo y decirme:
–¿No has oído hablar de mí?… –Seria extraño; ya que la prensa hablo mucho de mí detención.
–Bueno yo fui detenido en Barcelona y circunstancias que parecían más bien de un rodaje de cine.
–Voilà.
–Esta noche necesito hablar. Como sabrás, yo me llamo Enrique Castillo. Pero en la clandestinidad y en mi falso pasaporte llevaba el nombre de Manuel Cabrera, te diré que cuando mi verdadera historia comienza, yo tenia apenas diez años y por casualidad hoy después de mucho tiempo sin verle recibí la visita de a un tío que se decidió en su provecho romper su miedo.
Al concentrar de nuevo la atención en su tío, volvió mostrarme un sin numero de cuartillas que mantenía con delicadeza entre sus manos. –Evaristo, mi tío, intenta escribir un libro sobre nuestra familia y me pide que le ayude a recordar.
Enrique, después de reflexionar un instante; sigue acariciando el manuscrito con cierto gestó preocupación y pese haber siempre admirado con cierta superstición a su tío. Le asustaba la responsabilidad que su tío había depositado en él. No obstante sé prometio ayudarle sin ninguna reserva y todo porque no cabe la menor duda que los dos, de una manera o de otra, las circunstancias de la vida les había llevado a pagar las consecuencias de esa lucha fratricida que durante siglos seguía enfrentando a las dos Españas.
No obstante reconoce que su tío, fue un simple republicano y por eso las cosas le habían sido más fáciles. Al parecer los años pasados en México, le habían cambiado las formas de ver las cosa. Puesto que mientras que para su tío la guerra avía terminado… Él seguía luchando aun contra el último reducto del fascismo en Europa. Si, si él seguía todavía como una bestia sediciosa las circunstancias de la lucha.
Enrique, de nuevo guarda silencio. Como si quisiera recordarme que era sobrio en palabras, como todos los hombres que tienen el pensamiento y la acción en continuo uso. Después, entregándome el manuscrito. Me pidió que lo leyera con mucho cuidado y sobre todo no comentarlo con nadie. Ya que los compañeros podría interpretar las cosas de diferente manera.
– Si, me gustaría que lo leyeras y así podrías comprender con más precisión las diferencias existente, entre ellos y nosotros. Tu no habías nacido; pero dada tu situación y tu anegada lucha contra el fascismo. La verdad es que por nuestros sentimientos humanistas el dolor moral no lo sentimos de la misma manera que ellos y por tanto el dolor físico o lo postergamos a segundo plano. Ellos, nos dicen damos palos a ciegas a sumiendo el problema con falsa filosofía. Y veras como él cuando escribe, inventa el personajes a su manera y deforma la historia a su antojo.
Como un sueño horroroso, causado por la humillación, el temor y la rebelión escondida. Enrique sigue contando, que de esta triste época mismo si no le gustara mucho recordarla. Es verdad que muy doloroso pero merecía la pena, al estar convencido que de un día muy cercano la democracia se establecería en España y el asesino de Franco y sus compinches pagarían tanto crimen cometido…
Después de nuevo el silencio, hasta que con la voz más apagada siguió refunfuñando, para decirme que él nunca tuvo suerte. Y cuenta que al quedar después de el asesinato de su padre, con una madre miedosa y resignada y a la vez con una hermana amante de la buena vida, que terminó perdiéndose en los prostíbulos de París. Su padre fue fusilado como un extraño dentro de un mundo sin piedad y cuenta que después de ocupar varios cargos en la República. Su padre, al terminar la guerra, se vio obligado a echarse al monte, donde al poco tiempo fue cazado a balazos. Para después los falangistas picarle la cabeza en la puerta del ayuntamiento y, obligar durante cuatro días, a toda la familia a seguir sin moverse de la plaza todo este tiempo.
De esta insoportable y macabra escena, él recuerda que a su madre, falta de una conciencia política; la causo un impacto contradictorio. Y a un hoy seguía repitiendo, que los verdaderos comunista no ganaran nunca y la prueba es que las cárceles y los cementerios están llenos de ellos, y todo porque son personas demasiado honestas
Pero mi madre no llevaba razón en este preciso momento, ya que para ganarlos, hay que combatirlos en su propio terreno y con sus propias armas. La vida no es simple cuestión de corazón, es también una posición de fuerza. Los cambios revolucionarios se realizan cuando aparece el choque frontal entre gobernantes y gobernados. Y compañero me darás la razón que España actual, se encuentra en esta encrucijada.
Calló de nuevo, como era habitual en él. Para después alterado seguir contando, que él cuando estos acontecimientos comienzan; apenas contaba diez años. Y pese a su crueldad, afirma que no guarda ningún rencor. También recuerda como si fuera hoy, que incluso sí la desolación a causa de la guerra hacia estragos en la población, él como los demás niños seguían jugando a la guerra. La guerra no le permitió ninguna otra distracción que no fuera recorrer los campos de olivos, en busca de nidos. El tiempo lo paso embebido en sus infantiles juegos y sin que él, percibiera su desgracia.
No obstante, cuenta que no es fácil comprender su situación. Para ello hace falta saber que la llave existente en muchas imágenes de la vida, pueden ser simples, o a veces complicadas. Y querer borrar de la imaginación de un niño pequeño la humillación, la piedad y la mentira. Es casi imposible.
De aquella época, guarda angustiado el recuerdo de un mundo sin piedad. Como un sueño triste y sin color, fatalidad, humillación, temor y sublevación escondida. Pero reconoce que para ganar, hace falta golpear al enemigo y cambiar de estrategia en el momento oportuno. La vida, no es una cuestión de corazón y en ocasiones los sentimientos personales hay meterlos en el bolsillo. Ellos pueden servir un día… –posiblemente más tarde se dijo sonriendo… –Ya que en el mundo el dolor es lo cierto y lo eterno, pura invención.
–Hace muchos años que no existía Granada para él, más que el escenario y el drama de un tiempo en el pasado.
–Tiempo que fueron malos.
Dijo con lentitud…– No mejores que los presentes.
Fue un periodo de despotismo, de estancamiento y donde la incultura era atroz. La dictadura después de su victoria, no satisfecha de achicharrar a los rojos, dejaba que los mismos vecinos y la propia familia, se delataran por unas simples tierras…
–Reconozco también que la guerra fue el periodo más horroroso de nuestra historia, pero no más que la Segunda Guerra Mundial que fue la continuación de la nuestra.
–No hay que asustarse– dijo Enrique, reponiéndose. –Además, todo esto me irrita ante lo absurdo de los regímenes fascistas, no solo en mi país, sino su actuación criminal en todo el mundo.
Por todo esto, en esa época. Lo mejor hubiera sido no haber nacido, y permanecer en el nimbo de los ignorados…
Luego como atormentado por sus recuerdos. Enrique de nuevo calla unos instantes y el silencio de la noche quedó rasgado de nuevo por los gritos del centinela.
–Centinela alerta.
–Alerta el uno. Y así sucesivamente hasta de nuevo perderse en la distancia.
–No quisiera recordar nada. Decía: ¡Basta con volver el culo al pasado! ¿Quién puede interesarle mis problemas?. ¿Acaso vale la pena contar al resto de las personas nuestros propios problemas?… ¡No jodas! ¿Todavía crees que hoy, existe gente que le gusta cosquillear su imaginación con este trágico final?.
En sus delgados labios, de nuevo se percibe una sonrisa maliciosa. Y después de extraviar la mirada por la estrecha celda, atusándose la barbilla; continua su relato.
–Sabes, yo nací en pueblo muy cerca de Granada, y llegué a Francia en 1947. También sabrás que en aquella época la vida en España, no-tenia ninguna sentido y no se comía si no eran sus propias ideas. –Y no me dirás… que mismo si se era comunista o anarquista, un buen plato de carne, hizo jamás mal apersona. De sus primeros días en Francia dice que guarda un mal recuerdo, pobre dad, humillación y revuelta.
– Todo esto para decirte que después de dos inútiles intentos, por fin consiguieron pasar la frontera Francesa e instalarse en Argenteuil en el extrarradio de París. Instalarse es hablar como algo grande. Pero la verdad es que se trata de una barriada obrera, negra y sucia, menos mal que se hallaba cerca la Seina, donde se paseaba los domingos con su hermana y madre.
– Voilà. Continuo, yo tenia diecisiete años y en la casa no había dinero. El encontrarse solo y en un país desconocido, no era fácil, ni aun menos un regalo. Dirás que no hay más remedio que acomodarse a todas las cosas si se quiere existir, es decir subsistir.
Más tranquilo y tras otra pequeña pausa. Enrique sigue contando que él no tardo en trabajar delante de una maquina de perforar pequeñas fichas de cartón. Y sigue diciendo que él, trabajaba siempre con el mismo gesto. Atento a su trabajo, hasta que una sirena indicaba el fin de la jornada y como también las maquinas simultáneamente se paraban.
En 1950, él ya tenia veintiún años y dice, que no olvidara jamás las colinas de Argenteuil con sus barcazas por el Seina. Pero si el paisaje era divino, reconoce que fue uno de los peores momento para su familia. Por esa época su hermana trabajando media jornada cobraba un sueldo minúsculo y sin poder costear sus continuos caprichos; termina por encontrar “clientes”. Pero como decía ella, clientes de mucha importancia en el sector inmobiliario. Después su madre terminó también por dejarlo solo, marchándose; con un hombre diez años más joven que ella.
A partir de aquí. Para él las cosas no hacen más que complicarse a causa de sus precarios papeles. Un día fue arrestado, por hacer parte de un puñado que siguieron la huelga. La verdad, es que él no supo jamás que fue lo que exactamente paso y solo supo por unos compañeros, que la dirección quería a toda costa despedirlo. Ante tal situación, cuenta que por mediación de un amigo, decide alistarse en la “glorificada” Legión Extranjera.
La Legión admite entre sus filas a ciudadanos de cualquier país, excepto de Francia…, entre los 18 y los 40 años, y en las adecuadas condiciones físicas, sin investigar procedencia ni historia personal alguna, aunque a los menores de edad se les exige un documento de identidad acreditativo. Sí se rechaza, no obstante, a criminales de guerra reconocidos, asesinos y desertores de las fuerzas armadas de los países aliados de Francia. Un legionario se alista por un periodo inicial de cinco años, al término del cual puede solicitar la nacionalidad francesa. Una vez obtenida ésta puede optar al ascenso si reúne los requisitos exigidos al respecto por una comisión.
Cuenta también, que Luciani, que parece un nombre de mujer, era un joven muy extrovertido y de origen Italiano. Se hizo amigo de él al frecuentar un café-restaurante en una calle de París.
–¡Mira todavía guardó aquí una fotografía de él!.
La fotografía, en blanco y negro, se hallaba arrugada y en la penumbra de la celda apenas se apreciaba a dos uniformados militares.
–Bah oui, sonríe Enrique. –La verdad que el aparato fotográfico y las circunstancias no era la mejor; pero para mí lo representa una época difícil de olvidar.
–Recuerdo que fue al poco tiempo de nuestra llegada a Viet-nan, y en una de las calles más céntricas de Saigón.
–¡Que años aquellos!…Apenas cinco años que la segunda guerra mundial se había dado como terminada, y la guerra de nuevo inflamaba Corea.
Más tranquilo, sigue detallando que a los pocos días de incorporarse en la legión, él y su amigo Lucían. Embarcaron en el puerto de Tulon, rumbo Argelia. Desde la pasarela recuerda que vio como iba quedando la base naval y el arsenal de Tulon, así como paulatinamente las aguas violáceas de la hermosa bahía de Iyres y al fondo los macizos montañosos que anunciaban el fin de los Alpes Marítimos. Después absorbido por tal belleza, volví sus ojos hacia el mar ya más azulado y que temblaba al continuo avance del buque.
Enrique después de una corta pausa y como absorbido por el recuerdo de tanta belleza. Sigue contando, que una vez desbancados en el puerto de Oran, se les trasladado a una localidad llamada Sidi-Bel-Abbes. Cuartel general de la legión situado a unos cien kilómetros de Oran, y un mes después les trasladaron a Saïda. Este destacamento militar se hallaba a las puertas del mismo desierto y a más de doscientos kilómetros de Oran.
Aquel año, precisamente la situación comienza a ser tensa en todo el norte de Africa. Conocido también por el Magreb. En Marruecos las revueltas no dejan de crecer. El terrorismo y contra-terrorismo se desarrollan cada vez con más intensidad en Argelia y así como en Túnez.
Su alistamiento fue, según cuenta por cinco años renovables y la vida en el cuartel fue muy dura. Y a esto había que añadir unas temperaturas inaguantables.
En las mismas condiciones que él, dice que encontró una cantidad importante de Españoles de diferentes regiones. Que para adquirir la nacionalidad francesa y no ser molestados habían decidido esa solución como la mejor.
Con cierta resignación, sigue hablado de los primeros meses de entrenamiento, que según él se hicieron insoportables. Y a continuación con gestos de resignación dice que era inútil quejarse. Si no querías terminar sus días en batallón de castigo. Eso sí, no faltaba, todos los días continuas arengas de los oficiales. Estas consistían en vanagloriar los impetuosos ataques de la infantería, marchas prodigiosas y heroicas hazañas de los soldados de la legión.
Enrique recordaba todo aquello con la misma sensación que si lo estuviera viviendo.
–¡En pie! Paresseux, (perezosos) gritaba con un mal acento francés el sargento Garcín.–¡En fila de tres en tres! ¡A la carrera! …Apretando los dientes, dice que subían y bajaban las flácidas dunas del desierto. Lo peor era ese calor apestoso por el día y que por la noche el termómetro se colocaba a bajo cero.
Reconoce que fue una época penosa y recordaba todo aquello como sí fuera hoy. Hubo quien intentaba desertar; pero atrapados les recluían en una fortaleza situada en la zona más difícil del desierto del Sahara.
–Dieciocho años pasados ¿Ya?
–¿Qué es lo que yo, vine hacer aquí?
–¿Me acordare toda mi vida de tanto sufrimiento?.
–¡No es verdad!
Después guarda silencio un instante y elevó la mano furioso…
–Si Pablo, éramos simples mercenarios, soldados que reciben una paga por sus servicios, a diferencia de los soldados que prestan el servicio militar
–¡Para que razonar!
Más tranquilo reconoce que en la historia, el mercenario es frecuentemente extranjero más que ciudadano. Pero se justifica diciendo que en su mayoría. Eran por circunstancias ajenas a su voluntad, residentes sin papeles, obligados a luchar y matar en nombre de un país que no es el suyo.
Fue al instante que Enrique enmudeció al resonar los pasos recios del guardián. Era la hora de ronda que el vigilante hacia por la galería y esto ocurría cada dos horas más o menos y Enrique al oírlos se introdujo en su cama y tras él crujió con su peso el somier, los pasos siguieron sonando y seguimos con atención la llegada del guardián a nuestra celda. Que en su habitual ronda, siempre habría la mirilla de la puerta para fisgar su interior.
Después el guardián como de costumbre, siguió rompiendo el silencio de la noche con sus recias botas y el desagradable chirrido de las mirillas. Y cuando creímos que el silencio volvería a la galería. Por el recinto amurallado de nuevo…
–Centinela alerta…
–Alerta el una…–, y tras a corto silencio se oía de nuevo.
–Alerta el dos….


CAPÌTULO XXIII

En la cárcel provincial de Palencia había por aquel entonces no más de sesenta, y de ellos unos cincuenta éramos presos políticos condenados en firme y el resto presos comunes en espera de ser juzgados. El lateral derecho de la cárcel estaba reservado a las mujeres que no debía de pasa de veinte y en apariencia todo parecía funcionar de forma organizada.
La verdad es que los presos políticos vivíamos una situación de semi-libertad, en lo que se refiere a el movimiento dentro de la cárcel. Incluso la disciplina que sufrimos en la cárcel de Carabanchel de Madrid fue diferente y como todos los días, a las siete de la mañana el guardián volvió a realizar los mismos gesto y el ruido ensordecedor que se formaba en la galería sé hacia insoportable. Sobre todo ese día en particular, porque que esa noche; no fui capaz hasta de reconciliar el sueño hasta las primeras luces del día. Lo que no cave la menor duda que la historia de Enrique y su familia. Me había impresionado hasta perturbarme el sueño.
La vida en la cárcel, era para la mayoría la rutina diaria. Los días se seguían y se perseguían sin más. Sólo cambiaba como en Carabanchel, cuando se producía el traslado de algún compañero o la novedad de la llegada de otros.
Ese domingo y como todos, el capellán de la cárcel. Recorría los pasillos y celdas, anunciando que a las once se celebraría la misa. Como era de esperar la mayoría de los presos políticos, no asistíamos a tal ceremonia; a excepción de varios presos vascos de Partido Nacionalista (PNV).
Otra de las novedades del domingo, era las visitas y pese a sentir cierta envidia de los afortunados, nos conformábamos con esperar que al próximo domingo pudiera ser la nuestra. En los lo locutorios el ruido era ensordecedores, debido a tanto preso hablado a la vez y en los locutorios ni a gritos nos entendíamos. Pero hay que reconocer que aquí, la suerte nos acompañaba, ya que después de la visita, a la familia la dejaban pasar al interior de un pasillo y se nos permitía abrazarla e incluso besarla…
En Palencia a nosotros, se nos dejaba la puerta de la celda abierta todo el día, ya que esta penitenciaria estaba considerada como un régimen de segundo grado. Pero a diferencia de Carabanchel, aquí la ayuda económica, y sobretodo en comida, no permitía a los presos políticos hacer funcionar la comuna como en Madrid y nos veíamos obligados a comer del rancho excepto cuando nuestras familias nos a legraban con algún paquete, que era cuando la madre de la comuna, lo repartía entre los compañeros más allegados ideológicamente. Ya que aquí los presos políticos, nos hallábamos cada uno en la comuna que correspondía a sus afines políticos. La verdad es que esta forma ordenada y paralela de organización; nos permitía mejorar sustancialmente la convivencia de todos en la cárcel.
En el ámbito de actividades se había establecido un calendario escrito que marcaba el reparto de actividades, que era la nos permitía salir de la rutina diaria y hasta los presos comunes se les ayudaba dentro de nuestras posibilidades. Era una especie de gobierno democrático entre rejas.
Entre nosotros, se había creado una verdadera universidad popular e incluso se proporcionaba los libros necesarios para los diferentes cursos por correspondencia que allí se desarrollaban. En la cárcel, lo más importante era aprovechar el tiempo y salir lo más instruido posible. Para ello contábamos también y donde se podía redimir la condena asintiendo a las clase de cultura que imparta la misma prisión. No obstante había que reconocer que las clases de filosofía política eran las más concurridas.
Por aquellas fecha hay que decir que la solidaridad nacional e internacional, se había mejorado considerablemente. Y también hay que decir que en disciplina, pese a no reconocer el franquismo, la existencia de presos políticos y según cuentan presos que ya llevaban muchos años cumpliendo condena había mejorado mucho. Como también es verdad que todavía había funcionarios retrógrados y con una mentalidad fascista.
El jefe de prisiones, era un ejemplo digno de mencionar. De este energúmeno ya les conté de él a nuestra llegada. Evaristo me parece que se llamaba y era de un pueblo de Zamora. Al pasar por la redonda que era a la vez su despacho y, se le veía siempre mirar para todas partes y todo pese a saber que era casi imposible. Que tras sus gruesas gafas de culo de botella; era casi imposible ver muy lejos. Allí estaba en su centro, junto a su descomunal crucifijo y sus dos enormes cuadros de franco y José Antonio. Evaristo como todas las mañanas y como siempre embobado en su diario hacia caso omiso a los guardianes que al pasar, saludaban retirando sus galoneadas gorras al penetrar en recito.
A la mismo hora y como todos los días. La “sargento” o “Doña Evarista a parecía con su voluminoso paquete de llaves en la mano. “Doña Evarista que no era otra que la mujer de don Evaristo y que era a la vez Jefa de la galería reservada a las mujeres.
A esta hora la agitación comenzaba su diaria vida en las galerías que horas antes parecía muertas. Después del recuento por los funcionarios se formaban los grupos, por identidad de sus ideologías. Poco después aparecían los presos que redimían sus penas con la limpieza; con sus cubos y las escobas al hombro. Los demás nos dirigíamos al comedor con el fin de tomar el desayuno, o prepáralo si ese día, la madre de la comuna lo había decidido así.
Los patios eran húmedos, por ser muy estrechos y sus muros muy altos. El sol incapaz se detenía al borde de los gruesos muros sin atreverse en todo el día a bajar hasta el suelo. Bueno miento en la parte más alargada de uno de ellos el sol se sentía más amable y nos ofrecía durante unas horas su deseado regalo.
Los domingos era el sólo día, en que todo transcurría de otro modo aquí entre nosotros. Era día de visitas y la comuna recibía nuevos suministros que aportaban las vistas y mientras la misa de dedicábamos el tiempo en organizar la mercancía en una celda que nos había cedido la administración. Y el resto del día se charlaba en los patios, en las celdas o se jugaba al ajedrez.
La verdad es que nunca había imaginado ni sentido que fuera tan lenta la vida en la cárcel. Menos mal que siempre había una historia una pena que oír o una historia que contar. Los había que necesitaban contar y recontar sus problemas a todo el mundo y los había que eran verdaderas momias de la palabra.
A mí me gustaba jugar mucho al ajedrez con Crespo o con un compañero suyo de expediente, conocido por Victorio. Era un estudiante Italiano, hijo de un conocido director de cine y condenado como Crespo, por pertenecer a un partido Troskista.
El tal Crespo, era un personaje curioso y de una inteligencia extraordinaria y, al que años después por casualidad, volví a encontrar en París. A su rostro poco atractivo, que según él había sido feo toda su vida. A esto había que añadirle que tampoco era alto, muy moreno, cerrado de barba, narigudo y a esto también hay que decir además que le afeaban sus feas y gruesas gafas de baja calidad que él usaba debido a su miopía manifiesta. No obstante este extraño personaje se enorgullecía de poseer, una mujer mucho más joven que él y de una gran belleza. Era la envidia de tos los presos y cuando venia a visitarle, se revolucionaba el local de visitas. De Crespo se hablaba, que la última edición del Capital de Carlos Marx, había sido él quien la tradujo del Francés al Castellano.
Crespo si bien no era físicamente agradable, tan pronto se le trataba, se descubría el grandes cualidades. Era discreto, ingenioso, convincente y poseía unos sus conocimientos culturales extraordinarios. Hasta el punto que llegaba a recitar a la mayoría de los ideólogos mas conocidos de memoria. La historia de su expediente, termine por conocerlo, no por él; sino por Victorio su camarada Italiano.
Victorio era el clásico hijo de papa enrolado en una aventura que ni el mismo llegaba bien comprender. Su caída, al parecer fue un chivatazo que según ellos como siempre se maniobraba en el exterior del país. Crespo arrastro a más de cuarenta persona, compuesta en su mayoría de estudiantes profesores dos catedráticos y entre ellos se hallaba gran parte del comité central del partido Comunista Reconstituido, denominados también pro-maoista.
Aquí parece que no pasa el tiempo, y todo porque en esta cárcel convento nos dedicamos a mucho saber y a poco vivir. Esta muerte en vida era para las instituciones, el castigo que todos nos merecíamos, pero, no obstante, pese a producirme una disimulada cólera; yo por todos los medios intentaba no caer en su juego.
Es verdad que ahora ya iba recobrando la tranquilidad, pero reconozco que anteriormente mi inquietud fue inmensa y más de una vez, sobre todo al pensar en mi esposa. Reflexionaba; en aquel tiempo inolvidable en el que nos dábamos cita en aquel rincón solitario, cerca de estanque del Retiro. Pero de nada sirve aquí suspirar la vida pasada, el mundo por el momento aquí esta perdido y de nada sirve mezclar los deseos con ensueños de anhelos. Y sobre todo en este lugar, donde parece que no pasa el tiempo y todo porque aquí nos dedicamos a mucho saber y a poco vivir. Pero recuerdo que tras las largas reflexiones, termine me conformarme con mi suerte.
Los paseos aquí como en todas las cárceles hacia parte de la rutina diaria, pero en esta cárcel convento pare como si estuviéramos encerrados en un pozo donde el eco salía de la paredes y a la vez debajo de las losas. Cuando marchábamos, al ser tan cortas las galerías sentíamos como si nos fueran pisando los talones. Así era y, al final como un pasatiempo, marchábamos cada vez más deprisa, por que los que venían detrás, con sus risas y recias pisadas intentaban a adelantarnos sin poder.
La realidad, es que mismo si no éramos más que aproximadamente unos treinta presos políticos, los que quedábamos sobre todos cuando algunos eran traslados a otras cárceles. En nuestros paseos cotidianos parece que todos nos pusiéramos de acuerdo de pasear en el mismo momento. Nuestras charlas como era de comprender, giraban siempre en la situación política y, cuando ya empezábamos a dejar de hablar del asesinato de Ernesto «Che» Guevara y sus intentos revolucionarios por la América Latina. Surge las diferencias de la llamada “primavera de Praga”, donde Dubcek es después de una serie de multitudinarias manifestaciones, designado secretario del partido Comunista Checoslovaco. Estos cambios en el aparato del partido por parte de camaradas menos dogmáticos, traería a lo largo de año una irreversible situación de cambios profundos en la Europa Socialista.
No fuero solo estos acontecimientos, los que marcaron el año 1968, ya que poco después por los telediarios; supimos del asesinato de el pastor protestante Martin Luther King defensor del movimiento antirracista en los Estados Unidos y meses después es asesinado Bob Kennedy hermano del también asesinado John Kennedy, residente de los Estados Unidos de América. Pero la verdad es que las noticias aunque llegaban, censuradas o acicaladas por el gobierno. No podía evitar que a nivel internacional la lucha de clases estaba escribiendo paginas de gloria y que el 1968 estaba marcando un antes y después en la historia internacional.
También cabe destacar que en Francia la agitación estudiantil gana todas las ciudades, y la clase obrera se solidariza con ellos creándose unas barricadas en París, que algunas llegan a tres metros de altura y en ocasiones los enfrentamientos hacen más de setecientos heridos entre policías y manifestantes. El viernes 24 de mayo los disturbios de Lyon, causa el primer muerto y de nuevo París registra la manifestación más multitudinaria de su historia. A las veinte horas de ese mismo día De Gaulle anuncia un referéndum, después que se registrara sólo en la capital más de 1000 arrestaciones. El miércoles 29, escena teatral y De Gaulle desaparece de la escena política y el día siguiente en un discurso desde l`Elysée: anuncia la disolución de la asamblea y anuncia elecciones en junio. Al día siguiente más de un millón de Parisinos invaden los campos Elysées coreando «oui» al general De Gaulle.
Fue un año muy agitado y donde no nos faltaban temas que tocar en nuestros paseos cotidianos, porque además del proceso revolucionario Francés. La primavera de Praga fue ganando día a día nuestras discusiones en tanto que comunista y más cuando meses después los tanques soviéticos invaden las calles de Praga. Mientras tanto la guerra del Vietnam, va tomando una amplitud que día a día pone más en dificultad a las tropas Norte Americanas y todo seto pese a que millones de bombas fueron lanzadas en el curso de más de 94081 misiones. Pero al mismo tiempo, 911 aviones son derribados por las fuerzas del Viet-cong.
Bien recuerdo que fue por causa de la guerra del Vietnam, surgió el primer enfrentamiento con la dirección de la cárcel y la totalidad de los presos políticos. Todo sucedió cuando por las tardes veíamos los telediarios y en él nos daban siempre cifras exageradas de los muertos por parte del viet-con; mientras que por parte de los Norte Americanos, no se producían bajas. Esto nos hacia reír y comentar las burlas de la televisión al difundir estas falsas noticias. Evaristo, jefe de servicio, sin dudarlo intento prohibirnos ver la televisión, pero nuestra decisión unánime de provocar una acción de protesta; le llevo al director a dar marcha atrás y la sola condición que nos impuso fue que los presos comunes a la hora del telediario no estuvieran con nosotros.
Como ya comente la comida seguía siendo mala. No obstante por el momento íbamos resolviendo ciertos problemas entorno aun reparto equitativo de la poca comida que las mujeres nos traían los días de las visitas y que por entonces suponían una cura de optimismo. Pero reconozco que era muy difícil no envidiar y no acordarse de los “menús” que los pudientes degustaban en los restaurantes de lujo y no caer en la tentación de esos manjares que de vez en cuando nos refrescaban la memoria, pero no el paladar. Mientras aquí el rancho era de muy mala calidad, y como yo continuamente me quejaba y las cartas eran todas tachadas por censor. Un día me llamo el director y me dijo que las calorías que recibíamos eran las que nos merecíamos por el trabajo que practicábamos. Si yo recuerdo que me acordaba, por ejemplo del sabor del jamón, pero me conformaba con admirarlo, majestuoso y prometedor, en las imágenes que la publicidad daba de él en la televisión.

CAPÌTULO XXIV
Amar y ser amado
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Notapor pablogarcia » 30 Abr 2008, 17:17

CAPÌTULO XXIV


A últimos de mayo tomaron la decisión de colocarnos en celdas individuales y considero que fue una buena solución. Si, fue muy buena y además reconozco que especialmente no sentí ningún vacío el estar sólo en la celda… –Pues era así, como yo podría íntimamente, pensar hacia dentro. La celda que me designaron era la misma que tenia antes, solo que ahora era más amplia y me permitía tener una pequeña mesa donde escribir y pintar; que fue en realidad después mi primera pasión.
En la cárcel todos sabíamos porque estábamos encerrados, pero cada celda tenia su propia historia obedeciendo a la particularidad de cada uno. La verdad, es no era difícil recordar a los demás, porque que eso me permitía con facilidad evadir mis incertidumbres. Para ello recuerdo que cuando intentaba desesperadamente los caminos del sueño, bastaba con extenderme en aquel triste camastro de mi celda y concentra la memoria en los curiosos y atrevidos relatos de cada un de ellos.
Es verdad que la mejor cualidad de los españoles reside en la indisciplina, en esa disposición que tenemos de no «estar nunca de acuerdo». –¿ Pero qué importa?…Si no podemos ser todos cultos y conscientes… Y la gente al final es la misma, al defender siempre lo que más le conviene. No obstante las relaciones de vecindad, no podían ser mejor.
Mi cerda estaba marcada con él numero 7 y a mi derecha en la 8 se hallaba Gerardo Iglesias o el “guaje” que era como a Gerardo le conocíamos, por ser asturiano y pese a tener apenas solo tres años menos que yo era el más joven de todos.
Según me cuenta Gerardo había nacido en 1945 y en La Cerezal, Asturias. De él guardo gratos recuerdos, pues posiblemente debido a nuestra edad, pasábamos juntos gran parte de nuestro tiempo. Miembro del Partido Comunista de España desde 1961, Gerardo fue encarcelado por sus actividades políticas y sindicales y como todos saben después llego en 1978 a Secretario general de Comisiones Obreras de Asturias y del PCE de Asturias, posteriormente fue secretario general del PCE (1982-1988) y en 1989 abandonó el cargo de coordinador de Izquierda Unida.
Gerardo era fiel a sus orígenes y se sentía contento de su tradiciones y de sus descendientes que para él eran libres porque mantenían una conciencia revolucionaria al defender con su lucha a la clase obrera de la que él, se sentía profundamente orgulloso. También me dice que él era muy joven cuando se declaró la huelga general de la minería en Asturias. Pero reconoce que al ser ya su familia militantes activos del P.C.E, él mismo pese a no esta todavía organizado colaboro en los movimientos que se desarrollaban por toda la cuenca minera. Además recuerda muy bien como todos los días de paga, que era siempre el 10 de cada mes; se hacían colectas para los presos políticos de Burgos. Al año siguiente nos enteramos por Radio Pirenaica, la oíamos todos los días antes de las 8 de la mañana. Qué Julián Grimau había sido asesinado y eso me orgullosamente que fue el que sin dudarlo le hizo afiliarme al PCE.
El origen del descontento de los trabajadores se remonta a 1957, momento en que ante el desmoronamiento de las defensas autárquicas sobre el carbón el empresariado inicia una reconversión, llamada racionalización, que reduce los salarios y hace desaparecer ciertas primas. Esta medida trajo como consecuencia diferentes actos de rebeldía en algunas explotaciones y diferentes medidas de represión.
Estos movimientos tendrían secuelas en la década siguiente y traerían como consecuencia la aparición de las comisiones de solidaridad que recogían aportaciones de los mineros con destino a los represaliados. A partir de 1960 las organizaciones clandestinas van asentándose en las zonas mineras manifestándose en conatos de huelga. Sin embargo, las estructuras de contención laboral del régimen aguantarían hasta el 7 de abril de 1962, fecha en la que fueron despedidos siete trabajadores de «Nicolasa».
El conflicto se extendió rápidamente al conjunto de las explotaciones de Fábrica de Mieres que pasaría pronto a la cuenca de Turón y, a partir del día 18 a la zona de Aller para posteriormente pasar a la cuenca del Nalón. Entre finales de abril y primeros de mayo el conflicto se extendió a las principales factorías asturianas así como a las zonas carboníferas de León, Berga, Teruel, Barruelo y Puertollano y con más o menos intensidad a las zonas industriales de todo el país. La acción de los piquetes fue fundamental durante el conflicto. En el 62 y 63 hubo detenciones masivas constantes, torturaron a varios compañeros, había mucho miedo.
A finales de mayo el Gobierno cumplió con las exigencias obreras que pasaban por la anulación de las represalias empresariales y gubernativas volviendo los trabajadores a sus puestos. Parecía la más importante victoria del movimiento obrero en muchos años pero la crispación suscitada continuó latente hasta el mes de agosto en que algunos desacuerdos y fricciones hicieron explotar el precario equilibrio alcanzado en mayo. .
El 18 de agosto trabajadores de Duro Felguera se negaron a entrar al trabajo en el pozo Venturo por el despido de un compañero decretando la empresa el cierre por orden gubernativa. La huelga se extendió rápidamente ya que los patronos se dieron bastante prisa a clausurar pozos donde surgían conatos de solidaridad. Las organizaciones sindicales vieron en esta actitud un cierre patronal inducido por las autoridades con el fin de desacreditar a los mineros y justificar las medidas represivas suspendidas en el mes de mayo.
Durante el período entre ambas huelgas la Brigada Social había revisado exhaustivamente los archivos policiales para seleccionar las primeras detenciones. Y a partir de aquí la patronal minera aprovechó la situación para deshacerse de los trabajadores conflictivos mientras la Brigada Social intentaba destruir los aparatos clandestinos deteniendo y deportando a los obreros más significados.
Se habla de 300 mineros desterrados de Asturias que fueron enviados a distintos puntos de la geografía española lo que provoco la creación de comisiones para canalizar la solidaridad económica y presionar para atenuar su mala situación. Hasta noviembre del 63 no pudieron regresar aquellos trabajadores que la autoridad consideraba más peligrosos.
Gerardo a partir de estos movimientos y, pese a su edad se destacó ya como un dirigente del movimiento obrero. No olvidare jamás las charlas que me largaba a cada instante. No lo olvidare jamás… sus palabras se convertían en activos discursos, que parecía querer convencerme de su superioridad en su tierra, con respecto a las demás. Al oírle, recuerdo que era las mismas charlas que en la calle y después en Carabanchel nos repetía de continuo mi buen estimado amigo Marcelino Camacho: –Las Comisiones han sido desde su nacimiento en medio de organización natural y espontáneo de los trabajadores para plantear y dirigir su lucha reivindicativa; de hecho, siempre actuaron como un sindicato de unas características especiales, lo que hemos llamado sindicato de nuevo tipo, pero sindicato al fin.
A medida que las movilizaciones crecían y la Dictadura tenía que ceder parcelas de su terreno, a medida que imponíamos alguna libertad de movimiento mayor para nuestra clase, iba perdiendo es espontaneidad y ganando en coordinación y organización el proceso natural de todo movimiento obrero en desarrollo que pugna por salir a la luz, por conseguir su legalidad frente a una dictadura que la negaba. Éxitos se han alcanzado, y hoy podemos estar a las puertas de la libertad a poco que empujemos.
En la celda de la izquierda, se hallaba Rodriguez Piney, un anarquista condenado a seis años de prisión y que hizo parte del expedienté del dirigente Anarquista Andres Edo. Nacido Comillas (Santander) Piney como gran parte de los libertarios aprendió lo qué sucedió en la Guerra Civil por los libros. Primero los libros hablaban de la guerra en líneas generales, aunque se refirieran a hechos particulares. Desde todos los puntos de vista, eso sí. Luego en París acudiendo a los círculos politizados de los movimientos antifascistas del exilio se le impuso una tendencia más localista: al estudiar los efectos de la guerra y la posguerra.
La historia de Piney tiene como trama la supervivencia, el valor y el amor. Se trata ciertamente de la historia de su propia vida, pero es a la vez la de cientos de miles de otros revolucionarios y refugiados que abandonaron la España franquista en los años que siguieron a la Guerra Civil española. ÈL es un autentico testimonio de supervivencia tanto física como espiritual y, ante todo, de esperanza tenaz en la lucha por un mundo mejor. Un mundo sin fronteras, la igualdad de razas, la fraternidad de los pueblos, en fin todo lo que entraña la suprema razón del ideal de los anarquista.
Con Piney, y sin ningún esfuerzo de mi memoria también recuerdo que me unió una gran amistad y él fue quien por primera vez me enseño a dar mis primeros pasos en el arte de la pintura. No se trata aquí de halagarlo sin más, pero era de todos reconocido su capacidad artística. El director a él para redimir la pena por el trabajo, le había cedido una celda, donde pasaba la mayor parte de su tiempo pintando murales y bodegones que algunos luego quedaron para adornar la cárcel y regalos que le hizo al director como también a funcionarios que se portaban bien con nosotros.
Piney, era poco hablador, pero con migo debido al tiempo que pasábamos juntos, termino por contarme sus andanzas que le condujeron a la cárcel. Bueno para empezar te diré que no creas lo que dicen de nosotros, porque en realidad no fue para tanto. Porque en realidad fue más el ruido que las nueces. –Si claro nosotros somos terroristas… bueno y ellos que son. –Sabes, me dice con voz nerviosa y golpeando a la vez con el pincel el marco donde se sujetaba el lienzo que pintaba, sin cesar que él no comprendía; como podían provocar la indignación del gobierno ellos y acusarlos de exaltados anarquistas cuando para él el anarquismo ofrecía unas cualidades humanas que atenuaban su violencia y, agonizaban víctimas de sus propios actos después como cree que le ocurrió a él. Al ser entregado por quien él creía sus mejores compañeros, sabiendo cual iba a ser castigo…. –Si, tu también tienes tu propia experiencia, ya que al fin es de lo que se sirve la policía para desarticular las organizaciones. –Así era: ¡Se sacrificaban, y rara vez se salvaban valiéndose de esa impunidad que la “justicia” permitía a los pudientes, mientras que los terroristas de la guerra, no eran molestados!…
El Piney, sin dejar su agresividad; seguía experimentando un profundo dolor en las apreciaciones que las gentes tenían de estas ideas. Y le enfurecía el ver como la gente se alarmaba al temer que el mundo fuese a deshacerse porque simplemente. Algún desesperanzado anarquista arrojaba una bomba contra algún dirigente déspota y corrompido. –¡Ellos no habían visto nada todavía! El imperialismo usaba todos los procedimientos terroristas a su alcance y sin el menor escrúpulo. Con toda impunidad, los alemanes usaban los submarinos para echar a pique buques cargados de viajeros indefensos. Así como las no menos hazañas de los aviadores, que a más de mil metros de altura arrojaban miles de bombas sobre las ciudades, destrozando víctimas civiles, entre ellas mujeres y niños. Después, ya más sosegado y con menos agresividad en su carácter, Piney termina exaltando con una facilidad absoluta los valores sociales del anarquismo.
Deseoso de ir a Francia, y especialmente a París. Me dice no tardo en ponerse en camino y cuenta que fue en Francia donde le cambiaron radicalmente sus ideas y siguió contando que sí desde muy niño desprecio el progreso humano como una ridícula mentira. Al poco tiempo de su instancia en la capital francesa; quedó estupefacto del avance político y técnico de esta moderna República.
Una vez en Francia, sintió la misma fiebre por la literatura francesa que cuando devoraba apenas un niño. Los volúmenes encuadernados de la biblioteca del seminario. Los poetas, escritores y filósofos enciclopedistas fueron leídos minuciosamente uno a uno. Con voz firme y reafirmando su pasado. Sigue contando que en este periodo evoluciono filosóficamente, sobre todo a raíz de la perdida incomprensible de su padre, a causa de una apendicitis mal curada y al parecer según él esta fue la razón radical de su cambió filosófico.
Luego sigue diciendo que en sus cursos de l'Ècole des Beux- Artes de París-(Escuela de Bellas Artes) donde estudiaba. Encontró a sus amigos de tertulia donde le “influenciaron”, libros de Darwin, de Bùchner y de Hoeckel. Estas tertulias en la orilla izquierda del Sena eran frecuentadas por discípulos incondicionales Bakunin, Kropotkin y Jean Guve que pretenden ser al tiempo, una filosofía de la naturaleza y del hombre y una ciencia total de la vida humana.
Para él anarquismo profesado por Bakunin, era una deducción absoluta del antiateismo. Para Bakunin, ni siquiera hay que demostrar que Dios no existe o que no es más que un “Reflejo”. Hay que sublevarse pues el hombre no puede conocer ninguna subordinación de su ser. –“Si Dios existiera realmente había que hacerle desaparecer por injusto y malo”. “Por tanto, rechaza toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiada, potestad, oficial y legal, a una salida del sufragio Universal, convencidos de que no podría nunca si no volverse en provecho de una minoría dominante y explotadora contra los intereses de la inmensa mayoría sojuzgada”.
Asombrado de sus revelaciones creí que había terminado de exponerme su ideología anarquista. Pero no fue así, sino que quedó un segundo callado para reponer fuerzas; y como embebido en sus creencias continuas siguió diciendo que la razón del “Anarquismo”, y en tanto que “Acratas” y apolíticos es la misma que la del ateísmo. “ El hombre es bueno, inteligente y libre, ahora bien, todo Estado como toda teología, supone al hombre esencialmente perverso.
Después note que mi amigo escondía en su rostro, entristecido sonriente al mismo tiempo; algo desilusionado y así fue. Porque luego prosiguió con suaves salvedades. –Mira camarada, yo dominado por mis ideas filosóficas, creí que los hombres éramos honrados por naturaleza. –Pero mi desdicha consistió en tropezar con gentes que pese a educarse en la misma moral y, a quien después los perjuicios sociales, ambiciones personales, les hicieron egoístas y por consecuencia delatores sin escrúpulos…–Yo llegue a conocer por él todas sus andanzas que le llevaron a raptar a un cardenal de máxima relevancia del Vaticano y que después de cumplir el objetivo propagandístico que le llevo hacerlo lo soltaron. –Como también puedo decir que lo que le desilusiono después, fue que al entrar en Madrid con el comando que dirigía Andres Edo. Al parecer, su misión consistía en “escarmentar” a los anarco-sindicalistas que pactaron con el Ministro Solis el reconocimiento del sindicato oficial y la realidad fue otra, ya que desde su entrada en España venían seguidos por la brigada político social y unos fueron detenidos en el tren y otros a la salida del hotel.

Enamorado también de la literatura y de la pintura, se hallaba en la celda inmediata. Mi buen amigo de expedienté Rafael Hernández Rico, condenado en mí expediente a la pena de cuatro años. Rafael, al que después, nos unió la amistad; fue y es un gran poeta que después escribiría varios libros y gano importantes premios de poesía y literatura.
Sobrevivir
“ Á pesar de todo ¡Oh carga de dolor, cuantos pesares!..
Siempre el esfuerzo.
¡Sobrevivir cada día para contemplar el futuro entrevisto!
Un mundo más bello, con olas y cielos de gracias iluminados.”


En celdas contiguas también se hallaban camaradas de gran estima, como: Carlos Nuñez, un dirigente destacado del comité ejecutivo del Partido Comunista Gallego y que también había pasado barios años en la Escuela de Bellas Artes de París, pero su estilo era más la de diseñador de dibujos para niños que bodegones. En las celdas de enfrente se hallaban barios camaradas Vascos, que cuando no tenían nada que hacer, se reunían en el patio y en pequeños grupos tarareaban canciones revolucionarias o patriotas que nosotros no entendíamos.
Días después recibí del jefe de la prisión y, en dos palabras que mi pena de redención, se limitaría a tener la enfermería limpia. Dicha enfermería se hallaba al lado opuesto a nuestra galería y para ello había que cruzar un pequeño patio donde se hallaba la carpintería y donde pintaba los murales Piney. El primer día creí que me tocaría también cuidar de los enfermos, pero mi sorpresa fue ver que allá no había nadie. La enfermería era una amplia sala con una veintena de camas metálicas pintadas de blanco.
Tengo que reconocer que para mí fue una gran sorpresa, ya que nadie sabe lo que supone una libertad relativa, al hacer esta función sin la presencia de los guardianes. El sólo derecho a pasearse durante unas horas, sin el horizonte de la galería; era como un negocio alucinante y recuerdo que llegue a ser la envidia del resto de los compañeros. Y digo esto porque desde ventanal más grandes que se hallaba de frente, se podía con facilidad observar la avenida más importante de la capital. Como también a mi izquierda otro más pequeño, quedaba vista a una barriada obrera de la capital. Pero lo más curioso que desde el otro que daba al interior con disimulo y subiendo a los barrotes de las camas, se veía a las presas pasearse o tumbadas en el patio tomando el sol sin cubrir sus encantos y a la vez también inclusive a través de las ventanas el interior de varias celdas. Un problema resuelto y además de poder redimir la pena, debía de conformarme, con la posibilidad de poder andar por la cárcel. Ya que no todos tenían la misma suerte y más valía aquello que nada.

Solía todos los días y, durante dos horas limpiar la enfermería, que consistía en pasar sobre el suelo encerado unos paños que usaba como patines. Luego siempre pasaba a ver a mi amigo Antonio Cañete que redimía en la carpintería y que no era otro que el compañero de Piney en la caída de Andres Edo. Cañete ya por entonces era un hombre mayor y por lo tanto un viejo militante Libertario y es por él que yo pude saber tanto de esta renombrada caída. Si todos los días solía pasar unas horas con mi buen amigo…–Cañete era un hombre incansable, adoraba su oficio y usaba siempre sus relatos con una acentuación distinto en cada una de ellos y recuerdo la primera vez cuando me dijo: –¿Muchacho, dime si estas casado y de donde eres?
–Sí, y en Madrid.
–No pareces un tipo que hallas pasado hambre. Estoy seguro que en otros tiempos habrías sido un pequeño burgués y, con mujer virtuosa, tres buenos niños y un buen puesto en la administración…
–¿No comprendo, para que diablos te afiliaste al P.C…? No ves lo que té as encontrado…
–Ya te lo dije…
–¿ A menos que tú seas como tantos otros, que solo esperes colocarte después en la política?
–No todo lo contrario, yo siempre creí que el comunismo traerá la igualdad para todos y que sólo por eso merece la pena luchar.
–Pues yo, dijo Cañete entornando sus pequeños ojos tras sus diminutas gafas–, aunque me quemen en una caldera, no me haría comunista… –A migo Cañete, no deja de ser incomprensible, si al fin y al cabo los dos luchamos por la misma causa.
–No de eso. –En mi cerebro no entra esa dialéctica…
–yo vengo de la raza campesina, y siempre tengo un ojo en la reforma agraria…
–¿Has leído alguna vez a Bakunin?.
–Sí.
–Pues no se ve… ¡Que estúpidos sois!…
–El mundo burgués es inhumano y aburrido para los pobres…Pero el mundo que vosotros queréis hacer, también será aburrido y dictatorial que solo podrá producir ulceras de estomago…Nosotros si vencemos, los sueños y la poesía florecerán en una sociedad sin clases.
–Yo te lo aseguro a ellos el capitalismo terminara pudriéndoles, pero acuérdate de mí y de mi experiencia, porque con pocas palabras te digo: “Dad a los hombres la libertada anárquica, cortar los nudos del mal mundial, es decir las grandes ciudades, y la humanidad sin clase hará de la tierra un paraíso campestre, pues el principal motor del hombre es el amor al prójimo…”
No obstante, en sus palabras encontré la duda de su propia verdad, lo que me hizo observarle con mayor atención. –¿No seria un engaño de su mente? –¿ No viviría en el error, –y todos nosotros seres sacrificados que lanzábamos gritos de júbilo en todas las prisiones franquista, no estaríamos realizando en cada momento de esperanza, un cambio cada vez más próximo de la completa frustración?. –La verdad es que todos nosotros éramos incapaces de reconocer lo cruel que era la vida y mismo si conocíamos historias desarrolladas centenares de siglos en esta agitación mentirosa que ocultaba al fin su inmovilidad real, – nosotros seguíamos haciendo parte de esa teoría del eterno recomenzar…–Con diferentes teorías filosóficas, pero por idénticos puntos; para finalizar engañándose a sí mismos.
Hace dos meses que la vida de nosotros giraba alrededor de la rutina generalizada. Por las mañanas, Piney nos daba durante dos horas clase de pintura, después yo dedicaba unas horas de limpieza en la enfermería y por la tarde asistíamos a clase con el maestro de la cárcel y después jugábamos al ajedrez o a la pelota vasca. Pero para mí algo había cambiado, que rompía al fin la rutina.
Todos los días, cruzaba la galería y después el patio para acudir a limpiar la enfermería que en realidad que como bien dije antes, se limitaba a con unos paños patinar para sacar el brillo a los baldosines encerados. La verdad es que subía todos los días a mirar la calle desde las ventanas. La circulación por la avenida, a esas horas de la mañana era densa y, yo sabia, que entre los camaradas mi descubrimiento seria una gran acaecimiento. Al primero que hable de mi descubrimiento, fue a Gerardo Iglesias; pero pocos días después, la posibilidad de ver la calle sin que nadie nos molestara y, especialmente a las mujeres allí encarceladas. Creó una imaginada novelesca, dando por real e indiscutible todo lo que cada una se creaba en su imaginación.
El portalón que cerraba el patio y conducía a la escalera que subía a la enfermería, lo atrancaba, sin echarle la llave. De manera que si llegaba el guardián, al entrar la llave – el clic, clic nos era un mensaje importante y este nos permitía disimular y seguir la limpieza como si nada hubiera pasado.
Desde allí observábamos el chicheo en las esquinas de las madronas. Mas allá dos viejos jubilados, sentados en un banco miran al pasar con disimulo los traseros de las mujeres más jóvenes. También recuerdo que además un día oímos una voz ronca, de mujer que con rudos modales regañaba a otras y que a la vez estas contestaba usando un lenguaje digno de un burdel. No hizo descubrir que al otro lado de una pequeña ventana situada a más de dos metros de altura, se hallaba la cárcel de mujeres y para ello bastaba con arrastrar una cama y subirse en ella.
Yo creo que la mejor cualidad de los españoles reside en esta indisciplina, en esa magnifica disposición por hacer siempre lo contrario de lo que se nos dice y que en realidad no son más que los gérmenes que hacen eterna nuestra idiosincrasia. Es cierto, y aunque mismo comprendamos que es un defecto, lo cierto es que es muy difícil revestirse de acero y vencer el instinto animal que nos destinaron…
Eran las once de la mañana y, el sol de Julio arrogante ofrecía al aire una frescura suave deliciosa en patio don de las presas buscaban unas ya la sombra y otras con ligera ropa bronceaban sus incitantes cuerpos. La cárcel estaba compuesta por tres galería, la numero uno era la nuestra, la dos era la de los presos comunes hombres y la tres la de las presas comunes. Esta era similar a las nuestras y por tanto la sombra debido a su situación geográfica el sol iba dando vueltas al reducido patio, a lo largo de la mañana, para desaparecer por la tarde.
Para nosotros estas mujeres, de las que como siempre las malas lenguas decían que había en su mayoría prostitutas que aunque elegantes no justificaban debidamente sus medios de existencia. Pero para nosotros, castigados en el aspecto sexual por las circunstancias, no nos parecían tan fatales. La verdad que eran todas guapas, de mediana estatura, rellenas de carnes, con más pintura en la cara que un cuadro surrealista, pestañas postizas y pelos rubios o plateados. Es verdad que entre ellas se adivinaban varias prostitutas muy desmañadas y, casi siempre hallaban enfadadas, dando voces por cualquier cosa y a veces enfadas incluso llegaban a las manos.
CAPÌTULO XXV

El invierno en Palencia comienza a sentirse ya finales de septiembre y, recuerdo que fue muy largo, de un frío exagerado. Los patios de la cárcel amanecían cubiertos de nieve casi todos los días, pero los que el aire frío era todavía más insoportable. La verdad es que no se como yo, con lo friolero que fui siempre; pude escapar de aquel infierno y reconozco que el organismo de las personas será siempre un misterio para los investigadores.
No hacia frío, allí helaba. Con exageración y yo reconozco que al no estaba acostumbrado, andaba tiritando todo el día. Los dos inviernos, allí pasados, fueron los más fríos que en mi vida pase; frío de cuerpo y frío que calaba el alma. Fue tal el frío, que jamás entre de nuevo en calor, y el frío me domina todavía. La cárcel-convento era horrorosa; las celdas de dos metros por uno y medio con una altura de cuatro y una pequeña ventana que apenas dejaba pasar la luz. Los días larguísimos se seguían y se perseguían. Yo siempre recordaré aquella dichosa ventana, la cual me inspiro un poema:

Mi ventana.

Pequeña ventana de gruesos barrotes.
Celda de fríos recuerdos que apenas pasaba el Sol.
Me hace feliz esperar y espero mi despertar.
Rayos de sol de Levante que no tarden en llegar.
Vuelve la claridad y muere la oscuridad, "Y la luz… Ya esta".
Deslumbran rayos del Sol…A través de sus barrotes
¡Su belleza me hace daño! …

Para calmar el frío recuerdo que, nos acostábamos vestidos y como consuelo. Un día de aquel terrible invierno se me metió tanto el frío en el cuerpo que comencé a toser y después comenzó la fiebre. Dos días después vino él medico y me diagnostico una simple gripe dándome como remedio unas simples pastillas. Pero la fiebre siguió montando llegando en algunas ocasiones al delirio y un dolor por todo el cuerpo que hizo la dichosa gripe y los días insoportables. Aquello duro más de quince días y, después creyendo que ya estaba curado, una mañana buscando el calor del poco sol que entraba en el patio; me sentó tan mal que volví a recaer y esto me costo otros diez días de cama.
Hacia tiempo que por esas razones no explicables, mi amistad con el Gallego “el Gallego”, o Don Luis De-Silba funcionario en servicio. Era un hombre campechano, que se llevaba bien con tos nosotros y aunque algunas veces yo no le entendía bien por su acento Gallego, la amistad fue sincera hasta mi liberación e incluso tiempo después me invito a su casa. Cosa que también ocurrió con él subjefe de la cárcel, joven abogado que me confeso que simpatizaba con el partido socialista y recuerdo que estando enfermo pasaron horas charlando con migo.
Recuerdo bien que fue él Gallego, quien para “consolar” mi dolorosa situación me hablo de que en esa misma celda paso él Poeta Miguel Hernández sus peores días y que él cree que fue allí donde el poeta, cayo enfermo sin mejorar hasta su muerte. Es verdad que para mí las cosas en los últimos meses de ese invierno, fueron mejores y, todo gracias a que Barden. Hombre progresista y magnifico director de cine, nos regalo, después de un rodaje, unos sacos de dormir y unas botas que fueron como una bendición para nosotros. Pero todo lo que me contó de Miguel Hernández el funcionario, quedo grabado en mi memoria. Don Luis De-Silba, no dejo de contarme anécdotas del poeta como él lo llamaba e incluso me dejo leer varías poesías que él poeta le regalo y que él guarda como una reliquia.
Cercana la derrota republicana, el nueve de marzo de 1939 Miguel abandona Madrid, tras negarse a recibir la protección de la embajada de Chile, donde, como nos refiere Agustín Sánchez Vidal en su libro ‘Miguel Hernández y posteriormente en sus escritos biográficos María Zaragoza y Alfonso Moya Torres, se traslada a Sevilla esperando ayuda de Jorge Guillén, aunque sin éxito ya que su posible salvador se había trasladado a EEUU en julio de 1938. El 23de abril, de paso por Andalucía escribe por fin a Josefina desde Alcázar de San Juan.

Silencio de metal triste y sonoro,
espadas congregando con amores
en el final de huesos destructores
de la región volcánica del otro
Al no conseguir refugio, Miguel marcha a Cádiz, donde intenta conseguir la protección de Pedro Pérez Clotet, pero tampoco es afortunado ya que este se encontraba en esos momentos en Ronda. En este preciso momento toma la decisión de marchar a Portugal, haciéndoselo saber a Josefina por carta. Llegado a un país extranjero, Miguel se siente desorientado, su primera escala es en la ciudad de Moura en donde vende el traje azul que llevó a Rusia y el reloj que le había dado Aleixandre como regalo de boda, pero es denunciado a la policía del dictador Salazar (aliado incondicional de Franco), que lo entrega a la española en Rosal de la Frontera el cuatro de mayo de 1939. En los calabozos de esta localidad comienzan los malos tratos que lo acompañarán hasta el final de sus días.
Dos días después escribe a su esposa, sin olvidarse de su hijo: “¿Sigue engordando el niño?. Anteayer cumplió los cuatro meses y me pasé todo el día pensando en él”.
Su edad es un momento;
su vida más hermosa
la de su nacimiento,
como la de la rosa
Tiempo después, en una de las cartas que le envía a su mujer, le cuenta la decoración con la que estaba envolviendo el espacio de la cárcel.
“ En el techo sobre mi cabeza, que da con el techo, no sé si porque he crecido o porque ha crecido poco el techo, he pintado un caballo como esos que te mando a todo galope y he colgado un pájaro de papel con este letrero: Estatua voladora de la libertad. Espero que el caballo y ella, a pesar de todo, me traerán, nos traerán la buena suerte pronto...”
Me callaré, me apartaré si puedo
con mis constante pena instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.
El dieciocho de enero de 1940 tiene lugar el juicio, le condenan a morir fusilado por un delito de rebelión militar. Los cargos que se le imputan son sus actividades izquierdistas y su participación en la toma del Santuario de Santa María de la Cabeza. Unos pocos condenados serán indultados, Miguel entre ellos, por presiones desde dentro y fuera de España. La pena capital le es conmutada por la de treinta años de cárcel, aunque el indulto no se le comunica hasta el veintiocho de agosto. No obstante, Miguel sigue ocultando a su esposa el juicio y la condena, el veintitrés de ese mismo mes le escribe una carta que dice así: “Me han juzgado y he firmado doce años y un día de prisión menor. No te miento. El fiscal pedía treinta, y al fin me han rebajado dieciocho. No es mucha edad doce años. Ya casi todos los condenados a esa pena los suelen poner pronto en libertad”.
El veintitrés de septiembre de 1940 ingresa en la cárcel provincial de Palencia, Miguel está a punto de cumplir treinta, y desea ver a un hijo al que apenas ha podido tener en sus brazos. En la carta del veintitrés de octubre que envía a Josefina le comunica su pesar: “Sé por tu tarjeta que no tienes ganas de verme ni de que sin pensarlo, sino pensándolo mucho y sabiendo el invierno que se te acerca ahí. Desde luego, no te diré que vengas si no soluciono bien tu problema económico aquí”.
Mi corazón no puede más de triste:
con el flotante espectro de un ahogado
vuela en la sangre y se hunde sin apoyo.
El crudo invierno de 1940-41, el hambre y la debilidad. Su quebrantan su salud, viéndose aquejado de una memoria que remontará a algunas penas. El veinticuatro de noviembre de 1940 es trasladado al penal de Ocaña, pasando por la prisión de Yeserías, donde se reencuentra con Buero Vallejo. Se intenta, no obstante, que el poeta esté lo más cerca de los suyos, dada su situación de extrema gravedad, es por ello que el embajador de Chile en España, Germán Vergara Donoso, hace gestiones para que sea trasladado a Alicante. Finalmente el veintiocho de junio de 1941 ingresa en la última cárcel, el Reformatorio de Adultos de Alicante. Pero es aquí cuando su organismo recae de la neumonía de Palencia y una bronquitis adquirida en Ocaña, que no tardan en complicarse con paratifus. El cinco de enero escribe a su madre: “Ya estoy aquí en la enfermería de la prisión, un poco impaciente de llevar treinta y siete días en cama, y eso que es la primera vez que duermo en ella después de dos años y medio de prisión”.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
En los próximos días la tuberculosis se va apoderando del pulmón izquierdo, que termina por contagiar el derecho. Su estado de extrema gravedad se refleja en una carta a Josefina de febrero de 1942 “Quiero salir de aquí cuanto antes. Se me hace una cura a fuerza de tirones y toso, es desidia, ignorancia, despreocupación”. La única posibilidad de curación pasa por su traslado al sanatorio, desafortunadamente el permiso llegará tarde. El día veintiocho de marzo dará su último aliento el poeta Orcelitano, siendo enterrado en el cementerio de la ciudad Lucentina.
Que me iré, como el sendero, muy melancólicamente,
y que será muy temprano...
Tal vez no esté todavía
el sol en el meridiano.
Un día de a mediados de diciembre, una extraña agitación. Corría por la cárcel con una increíble rapidez. Con esa rapidez que solo seda en las cárceles, donde nadie es informado, pero donde todo el mundo sabe lo que sucede. Es verdad que los primeros días, no sabíamos con exactitud la razón, por la que los compañeros de Carabanchel sustentaban la protesta. Pero fuimos comprendiendo sólo días después al ordenarnos que preparáramos nuestros bártulos porque una la mayoría de nosotros seria trasladada hacia otras cárceles.
Al parecer en Carabanchel los presos políticos, en una asamblea general habían decidido de convocar una huelga de hambre indefinida, sí el gobierno no nos reconocía como presos políticos y por consiguiente la dirección de penitenciarias quería evitar que la de Palencia siguiera las consignas de la huelga de hambre. Ya se está lejos de los tiempos en que bastaba que un trabajador fuera dirigente gremial, o que lo hubiera sido, para que se convirtiera en cadáver ante el pelotón de fusilamiento. El régimen sé «moderniza», los ojos puestos en el Mercado Común Europeo: los ministros del Opus Dei saben muy bien que no es con los esclerosados sindicatos verticales como España podrá alcanzar él «nivel europeo», también imprescindible en este plano, para su asociación anhelada al MCE. .
A pesar de todo esto, hay todavía una parte de los que gobiernan que obstinan en reconocer la existencia de presos políticos en España. Y pese a ser sólo unas cuantos. El régimen mismo lo reconoce, sin proponérselo, cada vez que anuncia que se reduce una pena de once a nueve años, otra de veintitrés a quince. Aplicándoseles el rótulo común de «agitadores rojos», se ha encerrado y se encierra, en realidad, a hombres de todas las tendencias - en un país donde, por lo demás, se cultiva en estos últimos tiempos con particular dedicación la relación con los gobiernos de «agitadores rojos» que quieren tomado el poder. No, no es eso es la rebeldía de las huelgas de Asturias y las manifestaciones estudiantiles, la crispación y la protesta de la nueva España peleadora que canta por la boca del valenciano Raimón: la que no reniega de su forma de piel de toro, la que tendrá la palabra, de nuestra generación en adelante, las manos ya no atadas por la memoria.

JAÈN Y DE NUEVO PALENCIA


CAPÌTULO XXVI
Amar y ser amado
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Notapor pablogarcia » 13 Jun 2008, 17:07

Se sigue


JAÈN Y DE NUEVO PALENCIA


CAPÌTULO XXVI


Como la esperanza es lo último que se pierde, algunos compañeros ante esta nueva situación que se creaba; me dijeron, que era una buena ocasión de continuar haciendo turismo. Pero a mí la verdad, este nuevo traslado no me hacia ninguna gracia y, todo porque apenas hacia unos días que notaba una ligera mejoría a mi dichosa gripe, gripe que años después en un reconocimiento en el trabajo me diagnosticaron que fue una grave pulmonía. Pero termine por encogerme de hombros aunque reconozco que sentía escalofríos por la espalda, ante esta nueva situación. Por otra parte termine por resignarme, al pensar que todavía quedaba mucho invierno por delante. Sobretodo cuando supe que si otros iban a Teruel y Segovia yo con otros compañeros era traslado a la cárcel provincial de Jaén y me alegro el corazón el saber que dejaría atrás esta desconocida meseta “siberiana”.
Todos nos abrazamos muy fuerte. – Adiós, camaradas, adiós amigos, es decir hasta pronto, que no vemos en otras cárceles o lugares más apropiados. Después, se acerco “el Gallego”, o Don Luis Silba el funcionario, del que ya con simpatía anteriormente y me sacudió cariñosamente, para luego abrazarme. – Adiós… sé prudente y espero verte por aquí pronto.
El traslado, fue el mismo y en las mismas condiciones que el anterior hasta Madrid. Una vez allí, se nos traslado a la tercera galería, y junto mi buen amigo Rafael Hernández, nos acoplaron provisionalmente hasta nuestro posterior traslado a Jaén en una celda que se hallaban otros cuatro presos vascos del P.N.V. El ambiente de la celda, no era el mismo del que estábamos acostumbrados y un aire de disgusto se instalo entre nosotros y los presos vascos; al descubrir que éramos “Españoles” y además comunistas. Así que como era de comprender, los casi quince días que pasamos en Carabanchel, nos tuvieron aislados del resto de los presos y mismo los días tan significativos como noche buena y noche vieja. No tuvieron compasión de nosotros, pues como bien decía, los vascos, hablaban el vascuence entre ellos y en ningún momento nos dirigieron la palabra en castellano… Bien recuerdo aquellas dichosas “noche mala”– eran unos estúpidos y además pasaron el tiempo cantando canciones patrióticas… –Perdón estarán ustedes contentos y bajando la voz les dije: –¡No se lo digan a nadie, pero nosotros también somos antifascistas!. La verdad es que como en otras ocasiones, eran días nostálgicos pero aunque todo, todo parecía en algunas ocasiones dispuesto a minarnos el alma, para descorazonarnos, para aniquilarnos; debíamos tener el suficiente coraje para sobreponernos
A primeros de 1969 llegamos a la cárcel de Jaén, donde después de siete buenas horas de viaje y, si de alguna manera queremos llamar a las cosas como una cárcel nueva se cerró las enormes puertas de hierro tras nosotros. Esta cárcel en verdad era menos incomoda y deslucida que la anterior, pero en lo que respecta en tranquilidad, al poco tiempo me di cuenta que me había equivocado; al descubrir que los presos políticos se hallaban ya màs de diez días en huelga de hambre que termino siendo generalizada, donde se exigía el reconocimiento de presos políticos y no como delincuentes sociales que era como la dictadura nos categorizaba y a la vez en protesta por las condiciones en que se nos mantenía. Más tarde y por los mismos motivos se determino después de muchas discusiones y desavenencias, una segunda huelga, pero duro muy poco. Sin embargo por este motivo fuero recluidos algunos compañeros, que la cárcel considera como cabecillas a celdas de castigo donde él frió y además la humedad según ellos era insoportable.
En la cárcel de Jaén, tengo que reconocer que al ser muchos más que la de Palencia las cosas no eran tan sencillas. Un problema resuelto era apenas una cura de optimismo para afrontar nuevas luchas y nuevos problemas con la cárcel y a la vez más dolorosos con los propios compañeros. Las discordias iban día a día en aumento, al parecer antes de nuestra llegada las divergencias para llegar aun acuerdo para la huelga de hambre, no fueron tan fáciles y a esto había que añadir que en las asambleas cada día sé hacia más difícil llegar aun acuerdo sobre la condena o no al Unión Soviética por su invasión en Checoslovaquia. Por un lado los ortodoxos y por otro los llamados Euro-Comunistas, se hacían la vida imposible.
Para mí era cada día más difícil guardar la amistad de unos y de otros, por tanto yo personalmente por mis sentimientos de unidad y que jamás comprendí como partidos que defienden los interese de clase obrera pudieran mantener esos criterios tan dispares entre ellos. Anarquistas, Comunistas, Nacionalistas Socialistas y simples Republicanos, que tenían un enemigo común. Daban la sensación de que por encima de los intereses generales de la lucha estaban los persónales o los afanes de arribismo de otros.
Reconozco que aquello se convirtió en un infierno, allí nadie se entendía y terminaron por hacerse grupos de presión. Que solo servían para que la dirección de la cárcel descubriera nuestras debilidades. Cada día era un motivo más para enroscar en nuestros corazones la enemistad. Todo parecía como si alguien quisiera minarnos los corazones. Como si lo que en general nos unía a todos, no tuviera ninguna validez. ¡Y no fuéramos capaces, como venia determinando la historia de acabar con los únicos que merecían de verdad ser suprimidos!
Se cuchicheaba entre nosotros y se hablaba a media voz como sí nuestros problemas no estuvieran ya en boca de todos. Hay que encontrarse en situaciones semejantes para comprender en la sensación de continuo desazón, en el que nos encontrábamos estar sometidos la mayor parte del día a continuas reuniones. Donde las dos tendencias, no encontraban nunca un camino común, que diera salida a las continuas divergencias ideológicas en que nos encontrábamos… Por un lado los Pro Soviéticos, Por otro, los Pro Chinos, a sí como los Troskistas y por fin los Carrillistas o los denominados Euro Comunista; la ultima carta que Carrillo se había sacado de la manga. Pero la verdad es daba la sensación que todos nosotros éramos personajes desplazados, que en el fondo escondíamos un sentimiento de erradicación y todo parecía que habíamos perdido el norte al querer huir de un mundo, en que precisamente esa situación creada con la invasión de las tropas del pacto de Varsovia en Checoslovaquia. Fue provocada por parte de los servicios secretos del capitalismo, aprovechando el valor del dinero y la facilidad de los funcionarios del mundo socialista para corromperse y más tarde por desgracia el tiempo nos demostraría estas teorías.
De nada servia esos enfrentamientos ideológicos, ya que nuestros esfuerzos ahora debían ante todo de encontrar la unidad de todas las fuerzas para acabar con la dictadura y no repartirnos como en nuestra guerra civil la piel del oso antes de cazarlo. Por eso ante esa incomprensión de malos quereres por parte de todos, para mí la cárcel de Jaén quedo grabada con fuego en mi memoria… Estoy convencido que más de uno en esos momentos tuvo miedo de volverse fascista y convencido entonces de la necesidad, de no caer en ese torbellino de incomprensibles políticas que no conducían a ningún lado. Me costo pero poco a poco no tarde comenzar a desarrollar mi propia ofensiva con el fin de no caer en ninguna de las dos posiciones antagónicas que allí se planteaban y para remate de todo esto. Para colmo, una noche de cuyo día no quiero acordarme, en pleno sueño y a las tres de la madrugada. Un terremoto con epicentro en las azores y con una intensidad de 6,7, nos despertó aterrorizados ante tal magnitud.
Es difícil contar esta experiencia, porque en ese preciso momento, el sentirse encerrado aumentaba a un limite insospechado el pánico. Lo que si bien recuerdo, es que los cristales se rompieron y la cama se paseaba por la celda a gran velocidad y la familia como los recuerdos aparecen en la mente sin orden ni concierto. En ese momento recuerdo que todos nos precipitamos hacia la puerta de la celda que como era natural se hallaba cerrada y, por tanto los gritos para que los guardianes nos abrieran las puertas fueron inútiles, porque ellos ya habían emprendido la huida hacia la calle.
No obstante, una vez que me sobrepuse a tal difícil situación, como siempre uno se termina por sobreponer de las grandes tragedias, creo que hasta reí. Tanta gracia me hizo, ver a todos los valientes padecer de una descomposición que algunos les duro más de una semana y que apenas iniciaban una conversación te dejaban para con la mano al trasero y salieran disparados en busca del primer servicio desocupado. Esto no quiere decir que yo fuera más valiente, si no que a mí él medico me detecto una subida de tensión importante para mi edad.
Menos mal que a últimos de diciembre apenas unos días antes que yo llegara a Jaén, había llegado Juanin (Juan Muñiz Zapico), que por su especial carácter se convirtió en poco tiempo en uno buen compañero. Juanin llego a la cárcel de Jaén cuando los presos políticos se hallaban en huelga de hambre y como ya bien dije en protesta por las condiciones en que se les mantiene. Participa en la segunda huelga que se realiza más tarde por el mismo motivo, y es recluido, en celda de castigo en la que, según su propia confesión, llovía dentro y a raíz de esta acción, se encierran en la catedral de Oviedo diecisiete mujeres durante siete días en apoyo de sus familiares presos.
Juanin, todas las mañanas tocaba la puerta de mi celda para llamarme hacer gimnasia y luego como él adoraba los trazados de calderería y como en esos momentos yo llevaba a cabo un cursillo de delineación por correspondencia. Pasábamos horas enteras realizando trazados cada vez más complicados. También, fue él que propuso iniciar una serie de charlas entre todos los compañeros de Comisiones Obreras allí encarcelados, para estudiar los planteamientos e intercambiar experiencias.
De Juanin guardo en memoria gratos recuerdos, era un compañero maravilloso y un incansable luchador. Por la prensa supe que fue liberado en junio de 1970 - año en que ingresa en el Comité Regional de Partido Comunista y después en sus memorias leí que no le fue fácil como a muchos de nosotros la incorporación al trabajo. Pues tuvo que dejar a su hija en La Frecha, con sus padres, y trasladarse a Gijón con su mujer. Por su parte, Juanín, que durante estos dos años de cárcel ha madurado sus ideas, se lanza de lleno a la labor de Comisiones Obreras. Entra a trabajar en una subcontrata de Constructora Gijonesa como eventual, aunque nuevamente es despedido por participar en una Comisión Obrera que discutió con la dirección una tabla reivindicativa elaborada en asamblea. De este incansable combatiente, tuve la triste noticia de su estúpido accidente mortal cuando conducía un automóvil cuando me hallaba trabajando en Francia.
Después que la calma fue ganando, incluso dedicábamos parte del tiempo al estudio relacionado con la economía e incluso el camarada Pedro Ardiaca, nos daba clases de francés. Pedro Ardiaca era según contaban miembro del Comité Centra del PSUC, que después de veinte años en la cárcel y a raíz de la decisión del gobierno de vaciar de presos políticos al penal de Burgos por el desprestigio internacional que había adquirido dicho penal fue como otros distribuido por toda la geografía nacional y a él le toco Jaén.
En la escuela, que era como la llamábamos nosotros, acabó reinando una cordial camaradería y todo porque este extraordinario camarada era a mi juicio el modelo que yo tenia de un comunista. Como bien digo en la clase, pese a que las rivalidades políticas seguían creando problemas entre todos; Ardiaca, supo ganarnos a todos por su capacidad y su gran experiencia. A mi lado se sentaba Antoñito él (Majuerero), apodo que le dábamos a un Canario que no hacia mucho tiempo que había llegado a Jaén, después de ser detenido con barios compañeros de las islas. En esta clase y con Antoñito termine por recobrar la “alegría” ya que era muy chistoso, siempre estaba de broma y su acento Canario nos hacia mucha gracia.
Semanas después, me llamo el director de la cárcel, con el propósito de leerme una carta de mi padre, que como toda correspondencia era revisada y censurada por él. La impresión que me causo fue más bien mala, pues al observar detenidamente a este señor sentí un escalofrío que me corrió todo el cuerpo.
–Yo no tengo ideas políticas–manifiesto el director tranquilamente y
por eso, le diré que no comprendo en absoluto su situación.
–Dime sinceramente, si a ti...,¿te parece que las ideas comunistas en actual situación en que se encuentra España pueden establecerse?
–Creo sinceramente muchacho que a ustedes les han engañado... El director sé hecho a reír mientras lamía con fuerza su cigarro, para después seguir utilizando su teoría. Pienso e insisto en que vosotros no sois más que simples marionetas al servicio de ciertas personas con ansias de poder...
–Dime que le parece mi teoría–,mientras seguía aspirando su cigarro, para después pasarse la mano por la frente, donde le manaba un sudorcillo. Mientras tanto yo como si no le hubiera escuchado miraba con detenimiento varios cuadros colgados del muro, pero entre todos escogí dos que me llamaron la atención: uno de José Antonio Primo de Rivera y el otro más pequeño él de Franco abrazando Adolfo Hitler.
Aquel entusiasta de las teorías, se veía que era un entendido teórico polemizando en situaciones para el no difíciles.
–Con todos mis respetos. – ¿No le parece, que sus teorías no pueden ser las mismas para usted que para mí?
–comprenda que usted, no puede pensar como yo en cuestiones sociales...
El director de nuevo sé hecho a reír.
–Ya veo que mis palabras le dan risa.
–No, no creas que dan risa, todo lo contrario... –me da pena por su situación, la de su esposa, hijos y en especial la de sus padres. Después el director bajo la vista y plegando el ceño saco de un cajón un sobre que puso encima de la mesa después de apartar los papeles que le estorbaban
–No tienes porque asustarte, pues figúrate que acabas de recibir una carta de tus padres que al leerla, no tuve más remedio que llamarte y todo porque va acompañada de por otra del hermano del ministro de justicia... Este personaje subrayado por el director, diré que ya había oído hablar mucho a mi padre; pues al parecer fue el oficial que tuvo él a lo largo de lo que duro su guerra. –Ya sé que no me cree que no tengo opiniones políticas, pero me da pena de todo. Lo que tu padre hace por ti y por lo contrario tu sigues enfoscado en esas ideas que como bien dice en la carta el hermano del ministró. –Que mismo aunque ustedes no lucharan la democracia se instalara en España, porque el capital y la Europa lo necesita más nadie... después me entrego la carta y encogiéndose despreciablemente de hombros me comunico que dentro de tres días seria trasladado de nuevo a Palencia.
Después de todo, al parecer yo podía ser de esos que gozaba de cierto privilegió, que a los otros les estaba negado... Es posible que yo sin buscarlo, se me ofrecía esa sonrisa que consideraba ofensiva a nuestros entusiasmos. Pero no había más remedio que sentirse damnificado de una situación irreversible que estaba trasformado ya las instituciones de la dictadura franquista.


CAPÌTULO XXVII

Me despedí con buen apretón de manos de mis mejores compañeros y después de un largo viaje volví de nuevo atravesar el portalón de la cárcel convento de Palencia y en aquellos meses de paz. Aprendí apreciar la amistad fraternal de los nuevos compañeros y de los dos anarquista que aun seguían después de nuestro traslado.
Los primeros días de julio, transcurrieron tranquilos, sin la mayor novedad y «no cabe» la menor duda que no me fue difícil acoplarme a la nueva situación. Allí nada era diferente ese día con los demás, pues las novedades se crearon ya bien entrado el mes de julio... –Bueno si, fue que el jefe de prisiones el tal Evaristo, que fue enviado al retiro y más tarde comprendí que se debió a que en Palencia meses después se comenzó aplicar el tercer grado. Que fue una de las reivindicaciones que se exigieron en la huelga de hambre y en su puesto colocaron a Ignacio un joven abogado que ya antes de ser trasladado guardaba una buena amistad.
No olvidare jamás a mis buenos amigos, Cañete y Piney. No les olvidare jamás... porque entre ellos y yo no hubo nunca una apreciación ideológica, sin embargo, fue una de las amistades más sinceras que conocí en mi vida. El resto de los presos políticos que no llegaba a la docena, no debían hacer mucho tiempo que habían ingresado y la mayoría eran mineros asturianos. Entre ellos se hallaban por primera vez varios socialistas y el resto del partido y de las CCOO que como a mí les quedaban pocos meses para cumplir su condena.
Aquí el combate político era en realidad poca cosa comparado con los choques continuos entre los militantes de CCOO, comunista pro- chinos, trostkistas, estalinistas, nacionalista y anarquistas como en la cárcel de Jaén. Aunque si ciertas diferencias entre los mineros Asturianos, que cada uno defendía respectivamente la U.G.T. y las CCOO. Yo por lo tanto, intente en todo momento expresar mis sentimientos, sin crear ninguna divergencia entre nadie y menos la de defender el comunismo ortodoxo que se llevaba en Moscú y que por cualquier divergencia de pensamiento te enviaban a Siberia.
La verdad es que mi pensamiento y por eso me entendía bien con todos, era a la que la sociedad renuncie a los nombres de personas, a las banderas llamativas y engañosas, a los rótulos electorales y los profesionales del timo de los votantes... Y estoy seguro que entonces tal vez construiremos un mundo más humano.
–Eso es lo que decimos los anarquistas... –me afirmaba Cañete...
–Y la tienen creo yo, porque la vida podría sé más sencilla, buena, fértil y generosa. Pero la torpeza de los hombres, por crear un mundo artificial y de mentiras. Nos conduce por la pendiente de las bestias y en el fondo somos más desdichados que ellas... –¡Vaya unas ilusiones!.
Volviendo a mi nueva situación tendré que decir que allí pasaban los días siempre tranquilos y solo notaba cierta lentitud en el paso de los días de la semana, hasta la llegada del domingo en que mi compañera se desplazaba desde Madrid para la visita. Visitas que ya no eran como antes y que al mes siguiente fue ya en la calle. Si bien a las nueve de la tarde ingresaba de nuevo en la cárcel, y eso es lo que llamaban régimen abierto.
Recuerdo que todo empezó cuando apenas me quedaban dos meses para cumplir mi condena y ese día me anuncio el jefe de servicio que desde las ocho podía pasear libre en las calles, hasta las nueve de la noche. El jefe de servicio me puso al corriente de las consecuencias de una evasión y sobre la no-autorización de salir de la ciudad.
Ese día mi compañera me esperaba frente a la puerta de la cárcel que había un bar restaurante regentado por un Asturiano muy simpático y siempre se porto muy bien con las familias de los presos políticos. El anuncio he inesperada que me pillo sin ropa adecuada para salir y, al instante mi amigo Piney no dudo en prestarme su flamante traje y recuerdo bien que mientras me lo probaba me dijo: –Sobre todo no me lo estropees, ya que del “guardo gratos recuerdos”... –Bueno te cuento.
–Sabes este traje lo compre cuando en París se decidió llamar la atención ante la opinión internacional de la situación represiva que atravesaba nuestro país. –Para eso se pensó raptar en Roma a uno de esos muchos Cardenales que viven en el Vaticano y lo conseguimos. –Incluso te diré que nos portamos también con él, que el muy cachando cuando después de una semana que la prensa internacional hablara de la situación política en España y lo liberáramos. –Termino hablando mal de Franco y bien de nosotros.
Aquella mañana del mes de julio fue una de las más hermosas que recuerdo. Estaba contento porque, apenas me quedaban dos meses para salir definitivamente y mi compañera todas las semanas hacia lo imposible por acudir a las visitas. Así la vida para mi se puso de nuevo en marcha, pero esta vez con mi compañera y de diferente manera. Recuerdo bien que ese día me acicale y, con ese traje prestado que parecía hecho a mi medida; un pavo real dispuesto a ganar de nuevo a mi esposa.
Ella pese a tanto sufrimiento y sacrificio, parecía muy feliz y recuerdo que no fuimos ni ella ni yo capaces de ingerir la comida del restaurante de lo nerviosos que nos hallábamos. Luego ya más tranquilos pasemos cogidos de la mano por la avenida central de Palencia, pero al no querer alejarnos mucho de cárcel volvimos tras nuestros pasos y al llegar a una amplia plaza ella me dijo: – ¡Pablo sabes lo que vamos hacer –subir a la pensión que yo me hospedo, y no me digas que no, porque yo se que estas deseando!.
Estaba tan enamorado ese día que la bese en la calle sin reparar que obstaculizaba la cera y luego una vez arriba. Reconozco que quede sorprendido del buen gusto que reinaba en aquella pensión y de la limpieza de aquella pequeña habitación. Después cuando quedamos solos... experimente una sensación como si entorno a nosotros diera vuelta las cosas y tuviera el techo abajo el suelo encima.
Esa tarde fui con ella a la cama después de casi tres años, y recuerdo muy bien cada instante de ella. Fui feliz y nunca olvidare los delirios de esa tarde y su creciente frenesís. Después cuando los deseos parecían acabarse, los dos quedamos abrazados y pensativos hasta que ella pega su boca a mi oído. Para que con dulces frases persuasivas decirme: –que a pesar de mis complicadas ideas, te he querido y te seguiré queriendo siempre. Luego ya más tranquilos continuamos hablando de la casa y de los niños como si nada hubiera pasado.
Una semana después, comenzamos a trabajar con otros cuatro compañeros en una constructora de viviendas, ya que en realidad era la actividad más importante de la ciudad. Palencia (ciudad), es también la capital de la provincia de Palencia, y se halla dentro de la actual comunidad autónoma de Castilla y León. Palencia es muy histórica y una ciudad relativamente pequeña. Su actividad industrial se centra en la elaboración de cerveza, la producción textil y de maquinaria. Pero gracias a ser el centro comercial y administrativo de la provincia, su actividad económica se desarrolla con cierta rapidez en la constricción y cuenta con una población de apenas 70.000 habitantes.
Si, si nosotros éramos allí como “como obreros de lujo”. Si a nosotros nos trataban mejor que al resto de los trabajadores de la obra, o por lo menos se nos exigía menos que ellos y el encargado de la obra con cara de buena persona nos abrieron de par en par sus sentimientos. –Además... comía mejor gracias a que con el dinero que yo ganaba, si comía a mediodía con mi compañera en una cantina no muy lejos de la obra. Es verdad que apenas podía entre semana dedicarla una hora y media por el mediodía y apenas unas horas por la tarde. Pero no cave la menor duda que para mí era una gran satisfacción después de todo lo pasado. Esta situación apenas duro un mes y un día del mes de septiembre al entrar por la tarde a la cárcel se me comunico que solo me quedaban dos días para alcanzar mi total libertad.
Tres años de combate, de valor invencible habían pasado y reconozco que fue un periodo de tiempo demasiado largo para no quedar grabado en mi memoria. Lo peor había pasado y lo mejor era el resultado provechoso del conocimiento de esta tierra y personas ajenas. Y es que nadie se percata si se tiene amigos hasta que uno no se encuentra enfermo y en dificultades. –Adiós, camaradas, adiós amigos, es decir, adiós y hasta siempre en una España libre y democrática.
Esa misma mañana mi compañera y yo quitamos Palencia en un tren que se dirigía a la capital. Poco después comenzaron a desfilar los campos secos y desolados de Castilla. Pero al fin y al cabo tierra mía... cielo, paramos, soledad y solo de vez en cuando aparecen en la llanura pueblos de piedra reunidos entorno a campanario. –¡Hay si yo pudiera desmenuzar mis pensamientos en poemas... como Antonio Machado, Azorín o Unamuno!.
Llegamos a Madrid, a las seis de la tarde y una vez en el andén, sentí deslizar mis lagrimas por mis mejillas, después que mis dos hijos se colgaran de mi cuello y me llenaran de besos. Al fin parece que todo a pasado... ya estoy con los míos y eso era lo esencial.


CAPÌTULO XXVIII
Última edición por pablogarcia el 16 Ago 2010, 17:01, editado 3 veces en total
Amar y ser amado
pablogarcia
 
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Notapor pablogarcia » 08 Jul 2008, 16:59

Gracias y termina




CAPÌTULO XXIX

La teoría del eterno comenzar de las cosas son falsas. Es verdad que en la tierra se repiten los días y las estaciones; pero aunque para muchos todo pueda parecer igual, para mi no lo era realmente... –¡Los sentimientos, siempre esos malditos sentimientos, queriendo mezclarse en todo, complicando siempre mi existencia!... Y todo porque recuerdo muy bien que aquellos primeros días de mi deseada libertad, donde estas y otras reflexiones seguían agitando a mi mente. Al comprobar que podía moverme libremente por todos los sitios y además lo feliz que era con los míos.
Hay quien dice, que no conviene recordar mucho para mejor olvidar. Para eso nos dicen que el mundo es como es y no existe ninguna sociedad anterior que no tenga algo de qué avergonzarse o incluso de qué arrepentirse...–Y recuerdo que ante todo esto, me preguntaba: –¿Por qué me complico la existencia si la vida es tan hermosa?.
Esta y otras deducciones me hacían recordar, que podría llevar razón mi madre... – Cuando me decía que si por tus ideales, te significas demasiado; al final te quedas más solo que la una... –¿Para qué volver a pensar?. Si aprovechando ellos la tecnología actual nos hacen creer verdades que son mentiras y engaños que se hacen verdades. –¿Para qué seguir pensando y complicándote de nuevo la vida?. –Si como bien decía anteriormente los medios de difusión actual están tan controlados por ellos, que no sólo son capaces de lavarnos el cerebro, sino que nos introducen un tinte del color que ellos quieran, y lo suficientemente espeso y penetrante y como para controlar totalmente nuestro subconsciente.
En consecuencia, les diré que tuve miedo que la voz que tantas veces vibró en las manifestaciones para defender al pueblo pediendo justicia. Se me apagara, y todo debido a mis profundos sentimientos familiares que día a día en mi, iban creando una angustia persistente. Por eso lo más urgente era trabajar, que era lo que ocurre cuando no se tienen fincas ni dinero en los bancos. “Trabajar sin descanso para el estado capitalista”. Era un gesto fervoroso, en un mundo que no para de bombardear con eslogan e imágenes para el consumo rápido, a la vez que proclaman la muerte del “individuo idealista”.
–Pero, ¿para qué tantas explicaciones, si todo era un inmensa ratonera de la que nadie, absolutamente ninguno, podía escapar?. No obstante reconozco que el primer día que salí a la calle buscando trabajo, iba casi cantando y, hasta el cielo me pareció excesivamente azul, sobre todo después de tanto tiempo habituado a la oscuridad... Y recuerdo que tuve que reprimirme para no parar a la gente y contarles mi satisfacción de sentirme libre como El Quijote, que después de salir malparado al desafiar a esos poderosos dragones del capitalismo.
De aquellos primeros días de libertad, una de las cosa que no olvidare jamás, fue el empeño de mis abuelos, por que pasáramos una temporada con ellos. Tengo que reconocer que me hacia falta, pues salí tan delgado que solo se me veía de frente y unos días aprovechando la buena comida de mis abuelos era de agradecer. –Papa ya esta aquí el autobús, gritaron al unísono mis dos hijos, a la vez que los dos se adelantaban a la puerta. Los dos después de guardar su riguroso turno, se sentaron al lado del conductor y mas atrás mi con mi esposa cuchicheábamos de los recuerdos de mi infancia en el pueblo y de lo cariñosos que fueron siempre mis abuelos con migo.
Fueron maravillosos aquellos distantes días y sobre todo cuando el autobús comenzó runrunear su motor. Su marcha me suscitaba la misma sensación de alegría que cuando de niño, hacia este recorrido para pasar con mis abuelos el verano. Y mientras el autobús avanzaba hacia el pueblo, yo iba identificando y explicando, a mis hijos: –los cerros de Peña Colgada y la ermita del prado. Aquellos inolvidables días volví a recorrer con mis hijos los prados y disfrute viéndoles chapucear en los mismos riachuelos que yo en mis imborrables periodos de mi niñez me bañaba con mis primos.
Yo no recuerdo nunca una nostalgia tan apasionada como en esos días y, aunque los lamentos del pasado dentro de mi parecía en algunas ocasiones dispuesto a minarme el alma, descorazonarme y aniquilarme. Recuerdo que hice grandes esfuerzos para sobre ponerme en todo... –¡Si, como si sólo se tuviese derecho a seguir soñando, porque es sólo lo que merece en verdad la pena, para seguir viviendo! –Pero reconozco que los sinsabores de lo sufrido en estos últimos años seguían dentro de mi; pesando como una losa...
No obstante vuelvo a repetir que la vida es hermosa, lo afirmo como el resucitado que vuelve a la vida después de tres años de infierno. Hoy aunque se que estoy vigilado e incluso yo diría como enjaulado, me siento un hombre libre como los pájaros y todo porque las ansias de seguir luchando saben abrirse camino y avanzar... Era difícil mi situación y aunque me iba habituando a los procedimientos de continua vigilancia por parte de la brigada política social, la consigna de los camaradas era que evitara por una buena temporada hacer contacto con las organizaciones, ya que no aria más que perjudicar a los demás.
Después de varios días de busca ineficaz de trabajo, termine por encontrar trabajo en un pequeño taller de calderería. Pero sin haber terminado el mes... –Amigo se trata de una orden administrativa y, aunque estoy consternado y muy contento de su trabajo le comunico que esta usted despedido. La verdad es que yo cogí la noticia con optimismo y todo pese a que me preguntaba: – ¿Y esto puede ocurrir impunemente en nuestros días?. –¿Qué podía significar este despido improcedente para un hombre como yo, que acababa de pasar mas de tres años entre rejas y expuesto a las mayores aberraciones?. –¡Además era justo que yo pagara mis entusiasmos de igualdad, porque reconozco que seguía sintiendo un perverso placer al imaginarme que todos los ricos un día, privados de fortuna tendría que subsistir en mis mismas circunstancia!.
Días después volví a encontrar trabajo y esta vez en una empresa más grande del distrito de Carabanchel. Dicha empresa se dedicaba al aire acondicionado y en ella pase dos meses y esta vez porque en el mes de diciembre, al parecer las fiestas de Navidad hace a la policía sea más vaga o más humana. Y todo porque después volví a ser molestado, aunque esta vez, solo fue una advertencia.
Tenia mucha razón un camarada que yo seguía frecuentando, auque esta vez no era a nivel organizativo; si no en las conferencias que el club de Amigos de la UNESCO celebraba en su sede de la Plaza de Tirso de Molina y que a la mayoría nos servia de punto de encuentro. Dicho camarada me dijo que en mis circunstancias, lo mejor era perderme una buena temporada de Madrid o de España. También me hablo que con mis conocimientos podría trabajar fácilmente en el montaje y medio las señas de varias compañías importantes que tenían instaladas sus oficinas en la capital.
Por la empresa Nervión de montajes de tubería, fui contratado para las instalaciones de una gran refinería de petróleo en la provincia de Tarragona y la verdad que me sorprendió el salario que iba a ganar. Tengo que decir que para mi fue una bueno solución y no tuve ninguna dificultad en el trabajo. También tengo que reconocer que mi salario, me permitía reagrupar a mi familia y diré que si la vida fuese un cuento de hadas no habría más que decir, nada, más que el clásico dicho... –“y fueron felices y comieron perdices”.Pero no es así, porque la vida continua haciendo historia y al final aparece irremediablemente sorpresas inesperadas.
En Tarragona conocí nuevas gentes. Pero de todos los personajes que conocí en este periodo de trabajo, el que me demostró mayor simpatía por mi persona y me ayudo, fue sin duda Ingrasia; el encargado de las instalaciones. Este Francés de origen Italiano en sus momentos de expresión de amistad, que eran muy raro, me llamaba Paolo y eso que yo podría ser su hijo. Ingrasia no tardo en ofrecerme trabajo en la empresa francesa a la que el pertenecía, con mayores ventajas y mejor salario. Esta buena excelente, era alto delgado de cuerpo, nervioso, inteligente y de color clásico mediterráneo que se próxima al café con leche.
Nunca tuve queja de él y, siempre me trato con respeto. –¡Excelente persona! Y creo que además de elogiarme por mi trabajo, que también me admiraba por que sabia de mi pasado y mas tarde supe que su padre fue un partisano anti-fascista Italiano que después de años de cárcel tuvo que exilarse en Francia donde seguía siendo un comunista convencido.
De este hombre, en lo que se refiere al trabajo, diré que fue un gran maestro para mi. A los dos meses me nombro jefe de equipo y esto me permitió muy pronto dominar las peculiaridades del montaje de la tubería de alta presión, en lo que se refiere a las centrales atómicas y refinerías de petróleo. Y escribo esto, porque entre otras cosas; yo seguí ocupándome con la ayuda de otros compañeros de la organización y incorporación de nuevos afiliados a las CC.OO, lo que me creo tiempo después, graves problemas y fue él que me ayudo a no ingresar de nuevo en la cárcel.
Pase cerca de un año trabajando entre la refinería de Tarragona y la central atómica de Vandellòs I. Hasta el día que las CC.OO de Cataluña el gremio de la metalurgia se acordó ir a la huelga mas importante de su historia. Para eso los camaradas convinieron que yo como reincidente buscara esos días otro alojamiento. Pero la noche anterior a la huelga, me sorprendió la visita inesperada de mi buen amigo Ingrasia. Alertándome de que la policía me buscaba por todas partes para interrogarme, porque según él Juan otro jefe de equipo, me había delatado a la policía y a él de mis actividades subversivas en la empresa. –¿Pienso que tendrías que irte lo mas pronto posible? –me dijo descorazonado. –¡Yo puedo ayudarte!. Y fue cuando me ofreció salir de Tarragona en uno de los camiones que trasportaban material a la central de su empresa, a otro montaje que ellos tenían en Gerona.
El montaje de la papelera de Gerona duro unos meses y también al poco tiempo empezó la policía hacer acto de presencia y tuve la suerte que la compañía construía otra cerca de la calle de Embajadores en Madrid y volví de nuevo a la capital. No fue por mucho tiempo ya que de nuevo cuando se acercaban los días de alguna fecha conmemorativa o huelga importante la policía venían a molestarme. Esta situación se hizo desesperante y termine por aceptar la proposición que en su día me hizo mi buen amigo Ingrasia. Salir del país en las condiciones que ya explique anteriormente, pero esta vez a Francia.


EPILOGO

Marche a Francia, porque creí que debía darle a mi familia un respiro y a mí una cierta tranquilidad merecida. Además estaba tan vigilado que mi labor organizativa era difícil y peligrosa para los demás. No obstante creo que fue una decisión acertada y aunque en España las cosas han cambiado. Hoy que ya han pasado los años y empiezan a blanquearme los cabellos. Les diré que sigo “defraudado”... Ni siquiera eso. A lo sumo revestido de indiferencia ante esta democracia bipartidista controlada por los mismos perros, aunque con diferentes collares. Nunca estuve tan nervioso... y todo a pese a que el paso por la frontera a esas horas de la noche fue tan sencillo como el que después de la caída del franquismo hacia todos los años para mis vacaciones. Una vez en territorio Francés fue como si me hubieran instantáneamente administrado una inyección de valor. No olvidare jamás la alegría que me causo al amanecer avistar la verde campiña Francesa, primero Perpignan, Monpelier, Nimes, Lyon y mas tarde Paris la capital francesa y su inolvidable frío de aquel invierno y, aquí sigo... Buscando la España soñada del ayer, por que a la de hoy; la vuelvo la espalda al estar desencantado de su “democracia”, inmunizada de la política que yo deseaba.
Porque hoy la intolerancia que vivimos, no es represiva sino totalitaria. No pretendo ser pesimista; pero estoy convencido que hay simplemente una fuerza totalitaria que rige los destinos del mundo. Este mundo donde las fuerzas en apariencia no represiva han creado una constante injusticia totalitaria, que día a día se va imponiendo sin apenas resistencia… Sí, este mundo que funciona a dos velocidades opuestas y sin reconciliación posible: Una de ellas es la astucia, el clonado, que es el constante interés de la propia evolución del sistema.
La otra tendencia es lo simbólico, la muerte, el amor, la singularidad y esta es la que en realidad permite reflexionar. Bueno la verdad es que mismo si de una parte esta lo fatal y de la otra lo banal, y la lucha entre ambos puede resultar dramática. La realidad para el sistema actual es que finalmente su base esta cimentada en un sistema de valores humanistas que son tan sólo una ilusión. Es lo que yo llamo estrategia fatal… –Si, y todo debido a que nos intentan crear el mundo del anhelo en exceso. Exceso de una información, de tecnología, de comunicación, de conocimientos que conlleva a una libertad controlada.
Quiso mi buena “estrella”, que a mi llegada a París llevara de mi buen amigo Rafael Hernández Rico, las señas de José Maria Quesada; un camarada que él conoció en un cursillo del partido celebrado en Praga. José Maria Quesada era hermano de la presidenta del Club de Amigos de la UNESCO de Madrid y que luego conocí más detenidamente y desde aquí les doy las gracias por todo lo que hicieron por mi.
El parís de entonces, era un hervidero político, ya que allí era donde casi todas las organizaciones en la oposición especialmente de Europa mundo mantenían su dirección. En parís conocí a la mayoría de estos dirigentes y muchos otros exilados del mundo de la cultura y entre ellos el que más me cautivo decidido a mi amor por la poesía y la literatura fueron Alberti y María Teresa de León. Los conocí por casualidad en enero del 1971, en casa del escritor Catalán Jorge Vilar, que era intimo amigo de José Maria Quesada; donde provisionalmente yo me hospedaba, de mi reciente exilio. Recuerdo que quede impresionado por el humanismo de María Teresa y su gran interés en la información que yo les proporcionaba de la lucha que se desarrollaba en el interior de la España fascista y, guardo como reliquia sus primeros poemas, (Marinero en tierra) que él me dedicó y dos libros de María Teresa que me regalo.
No tarde más de una semana de incorporarme al trabajo y eta vez fue a los talleres de prefabricación de tubería para una refinería de Martigues a unos treinta kilómetros de Marsella. Una vez establecido en la región de Marsella seguí militando y con cierta responsabilidad en las CCOO hasta la muerte del dictador y así como en la CGT francesa. Años después funde un de los centro recreativo más importantes de la región y también años después fui elegido por el sudoeste como secretario del C.R.E (Consejo de Residentes Españoles en Francia).
Pero les aseguro que cansado cada día creo menos en la moral, y todo porque no hay tiempo ni distancia suficientes; nuestra civilización no tiene tiempo económico para interrumpirse. No hay moral sino reacciones encadenadas, por eso no existe ninguna forma que simbolice la moralidad y lo que sí existe es una confusión total de valores. –¡Bueno podemos consolarnos, diciéndonos que no hay mal que por bien no venga!. –¿Si para que trasformar los acontecimientos, si serian pequeñeces significativas de la actual política?.
No, no podemos hacer gran cosa, eso implicaría una ruptura con el sistema y provocaría un disfuncionamiento del sistema. Por eso se ha desvanecido la diferencia entre el bien y el mal. Aunque ustedes deben pensar como yo que una sociedad sin moral ¿va al declive?. Por eso ellos aprovechan, diciéndonos que la verdad es lo contrario… – Y no esa, por la que hemos vivido toda suerte de utopías y, por la que ahora todos dudamos de su valor absoluto y aceptamos las cosas, porque simplemente nos dicen que esto es mejor que lo pasado… Posiblemente lleven razón al decir que en el pasado hemos querido dogmatizar con la cultura los valores humanistas, anulando lo inhumano, algo que equivaldría a eliminar todas las culturas primitivas, otras razas, incluso los animales…
El concepto de lo humano es algo muy occidental y al limite, en una palabra muy moderno. Por eso ellos, y por sus propios intereses económicos, quieren que todos coincidimos en que nuestra cultura debe mundializarse; imponerse como una forma de dictadura mental y también político-econòmica… –Pero en este sentido, esta claro que sólo ellos tienen derecho a imponerla… –Y por todo esto, sigo pensando que como modelo único e impuesto se parece en todo a un prototipo más de terrorismo. Así que en verdad no hay que sorprendernos por que las otras fuerzas del mal se opongan violentamente, y no capten ese conformismo mundial de los occidentales o los del eje del bien. Y lo más macabro de todo esto es que los “occidentales” no tenemos ningún valor que ofrecer y todo porque en realidad estamos sumidos en una dictadura del Dios dinero.
Marignane a 14 de Agosto del 2007
Pablo García Cabrero
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Notapor pablogarcia » 28 Oct 2010, 16:18

Gracias y como bien digo este libro lo podeis bajar gratis en
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