Otro chasco, carta imaginaria

JesRICART
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Otro chasco, carta imaginaria

Mensajepor JesRICART » 22 Ene 2019, 13:45

Otro chasco.


Carolin
Hay que tener mucho cuidado a la hora de ofrecer los propios espacios y recursos a los demás. A parte de las prevenciones en lo que se refiere a elegir cuidadosamente a personas de una cierta onda y en las que se pueda confiar, está la premisa de estar preparado para que los demás puedan confiar en ti y aceptar estar en tu terreno sin salir perjudicadas. El territorio privado es una prolongación del ego, siendo secundario si este territorio es un palacio o es una choza. Por lo general el invitado se adapta ahí donde va sin meterse como vive su anfitrión, especialmente si va de visita para unos pocos días. Por su parte el anfitrión generalmente le facilita las cosas para que se sienta bien y como si estuviera en su casa. De hecho, el anfitrión en un alarde de hospitalidad y exagerando su propia apertura mental y flexibilidad le comunica al otro que se sienta y actúe como si estuviera en su propia casa. Como un decir y frase hecha esta muy bien, en cuanto el huésped se atreve a hacerle caso a eso pueden ocurrir dos cosas, que cualquier modificación que introduzca sea bienvenida por el anfitrión o se la tome como algo tremendo por sentirse invadido.
No importa la entente o empatía que se haya tenido en temas de debate o la concordancia en alguna visión de las cosas generales del mundo, es en el terreno del privado y en particular de lo convivencial donde más a prueba se pone la gente y se pone en evidencia lo que se puede esperar de ella, es decir lo que no se puede esperar. Si quieres demostrar porque el mundo humano no va a cambiar en sus rasgos fundamentales en el campo de los egoísmos y particularismos no tienes más que hacer un recorrido por sus modos de vivir en sus espacios privados.
Jamás he invitado ni se me ocurriría hacerlo a alguien y no preparar el lugar de acogida para que se sintiera bien y cómodo. Como anfitrión he hecho lo elemental: ofrecer un espacio limpio y confortable dando el margen de libertad y de autonomía suficiente a mi invitado. Es el criterio estándar que como invitado he recibido ahí donde he sido invitado sea para pasar una noche o más tiempo. Eso no significa esperar suites o palacios, simplemente garantías elementales de limpieza.
Para mi horror tu cabaña es un foco infesto. Tu presunta hospitalidad ofreciéndome tu cama, pero sin cambiar las sábanas, dejándola revuelta y con un montón de ropa tirada y objetos debajo era tu seña de identidad. Dejar el orinal con pises de varios días, también. La caja de cartón de la estufa usada como casa de los gatos junto a tu catre utilizando ropa como sus colchones, fue otro detallazo. El perro en su sofá particular, telas varias tambien se las traía. Los platos de comida y cuenco de agua de los gatos encima de la mesa cervecera que se usaba para tu comida o la mía fue otro detalle (por cierto esa mesa que te trajeron de Holanda., creo recordar, era el único objeto de calidad de toda la estancia). El montón de garrafas de agua, llenas y vacías bajo esta mesa, otro detalle. Los platos sobre la encimera mal lavados y sin organizar, además de otro barril con vajilla por lavar desde el verano anterior hacia casi un año, seguían añadiendo señas a tu identidad. La taza del wc cerrando mal (la tapa sobre un cilindro de plástico mal cerrado) y otro pequeño bidón al lado con el papel higiénico ensuciado. Los desperdicios orgánicos tirados a unos 3 metros de la puerta junto a una encina y a uno de esos contenedores de obra para preparar mortero lleno de agua, siendo focos de mosquitos y moscas ¿Y yo iba a vivir una temporada en un lugar tan infesto como este?
Con todo hice de tripas corazón y trabaje dos días dedicando bastantes horas a poner un poco de orden para sentirme cómodo aunque fuera para estar una semana. En principio disponía de tiempo para estar todo el mes pero un lapsus fatal (me olvidé de mi cargador de ordenador y de mi mouse sin los cuales no podia trabajar) ya determinó que acortara mi estancia a no más de 7 días.
Supe que no eras amiga ni ibas a serlo ni podia contar contigo cuando a tu vuelta de Lérida al preguntarte si me habías comprado un mouse tal como te encargue, no lo hiciste ni lo intentaste. Estuve 7 días de lectura sin seguir mi ritmo de trabajo. Disfruté los ratos en los que estuve solo más que los que estuve contigo. Ni puedo soportar un espacio lleno de humo (mis tratos con la gente fumadora son problemáticos. No tengo la menor duda de vuestra drogadicción grave, juicio que me puedo permitido com exadicto de esas mismas substancias).
Confieso que en el momento de hacer algunas modificaciones en tu espacio –todas reversibles incluyendo estantes de poca anchura para las tazas- intuí tu reacción desagradable
Personalmente cuando voy a un lugar que sea para pasar unos días aunque sean pocos lo adapto a mis necesidades. Tambien espero una cierta deferencia y atención en mis anfitriones. Sé que la tuviste comprando extras de comida para mí, pero no en lo que se refiere a limpieza.
En las habitaciones de hoteles donde suelen estar las camas individuales separadas por una mesita, la saco y las junto. Tambien puedo meter dentro del armario objetos que estorban el paso como algun pequeño mueble inútil, incluso puedo esconder algun cuadro de mal gusto colgado en la pared para relleno. En casas de otros he llegado a bajar crucifijos de las paredes o cuadros horrendos especialmente si estaban sobre la cama y no podia asegurar su fiabilidad de sujeción. No tengo nada de maniaco, solo me permito mi vena esteta.
Ya me consta que hay gente que se toma muy mal eso de encontrarse algunas modificaciones en su hábitat por mínimas que sean y aunque hayan sido para mejorar el espacio.
Tú tienes todo tu derecho a vivir como una guarra pero hay algo que falla y es tu enorme labilidad sentimental cuando me contaste que tus padres pasaban totalmente de ti y que en una visita que te hicieron procedentes de Latinoamérica aprovecharon para viajar por Europa. Noté la inconmensurabilidad de tu resentimiento a la vez que me puse en el lugar de ellos preguntándome que habria hecho en su lugar. Tienes la edad de la generación de mi hijo y mi empatía por tu sufrimiento no me obliga a dar por válida tu actitud.
Con todo, los días que estuve en Tercui los pasé bien. La roulotte que me ofreciste era tu armario y tan cutre y descuidado como todo lo demás, pero logré adaptarme. Pase unas cuantas veladas solitarias y agradables en la chimenea abierta, recogí leña del lugar. Aunque no me suele pasar, por alguna razón no tuve feeling con tus gatos y perro, los unos ariscos desde el primer momento y el otro muy cansado y viejo. Mis paseos por el lugar fueron en solitario sin que me acompañaran.
Después de una semana tuve que regresar por todo el trabajo que no hice durante esos días. No me quedé con ganas ni de esperarte para una despedida. Nuestros mensajes de voz se interrumpieron tras no responder al mío ultimo. Llamaste a propósito de perder de vista un termo que puse dentro del armario de la roulotte para que no me tapara la entrada de luz del ventanuco y no molestara en el suelo. Creíste que me lo habia llevado. Supongo que alguien que como tú ha tenido tantos reveses con tanta gente que me referiste presupones que todo el mundo te va a salir mal.
Tras conocerte me resultó increíble que tuvieras una pareja de amigos en Lérida y que te pagaran alguna de tus facturas de manera regular.
¡Y yo que te habia dejado una habitación linda preparada en una casa estupenda en el área metropolitana de barcelona! ¡menuda ingenuidad de mi parte!.
Con todo conocerte me sirvió para tomar más distancia de la que tengo de la marginalidad. No todo marginal por justos que sean sus artículos y críticas al sistema es mejor que ese sistema al que critica.
Como me consta tu vulnerabilidad y extremo aislamiento (no me refiero al geográfico sino al psíquico) no me tomaré ninguna prisa en enviarte esta carta.
Me quede con un sentimiento de asco al usar tu vajilla, eso seguramente lo notaste porque usé mi propia cubertería y tazas de té.
Admito que nada más llegar a tu cabaña y ver el panorama debía haberme ido, pero vine sin mi furgo-cama y además hice unos 250 kms como para no quedarme al menos unos días y amortizar el viaje. Llegar a tu lugarcito y meterme en vuestra nube de humo, fue como regresar a mi pasado: 40 años atrás. Lo acepto: mi capacidad de adaptación a lo más cutre, contigo saltó por los aires.

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