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Vida de Hoteles

Publicado: 01 Ene 2019, 15:41
por JesRICART
Vida de Hoteles.
Vaya por delante nuestra admiración por quienes invierten en el negocio de la hostelería y aceptan ocuparse de tantos miles de clientes que les llegan en masa en paquetes precontratados. Hay que tener mucho valor para tratar con gente, cada individuo con sus manías y torpezas que se considera con todos los derechos, que por eso los ha pagado, y no siempre con las mínimas obligaciones de socialidad.
Digamos al tiro que masificación y calidad son parámetros antitéticos. Si quieres calidad huye de un espacio masivo con cientos o miles de clientes y comensales. Ahí donde están las masas no están los ángeles. Por otro lado cabe considerar que la masificación abarata costes. Y “la pela es la pela” es lo que figura como frase de cabecera para justificar toda clase de situaciones rocambolescas.
El hotelero que tiene un establecimiento por el que pasan decenas de miles de individuos es envidiable por la adquisición de conocimiento empírico de psicología humana sin necesidad de pagar una investigación profesionalizada. Los distintos espacios comunes del hotel son otros tantos espacios de observación. Del comportamiento humano llevamos siglos de literatura observacional centrada en los mismos tics y curiosidades antropológicas. En sus horas bajas de ánimo caído el hotelero debe envidiar al granjero porcino con el que comparte el común denominador de dar cobijo y de comer a criaturas vivas. Este controla mas las variables, aquel se arriesga a que muchos de sus huéspedes protesten por la falta de atenciones.
De ohtels Islantilla podemos señalar algunas aunque en conjunto sea un hotel recomendable. El artesonado del gran salón vestíbulo de la entrada queda contrariado por unas largas lamparas de h hierros retorcidos, pero al menos una gran cabeza de Buda (¿o es de Shiva?) que parece de bronce,custodiada por dos guerreros de Chian están para garantizar la paz espiritual, tampoco esperamos que nos lleven de aquí al Nirvana.
En la sala de juegos, en la de baile, en las tumbonas junto a la piscina, en la cafetería todo mas o menos pasa por el visto bueno del cliente mas exigente, ese que mira bajo los felpudos. Es en el comedor donde se pone a prueba tanto un hotel como su usuario. La psicología porcina demuestra que no guarda tanta diferencia con la humana en lo que se refiere a las cosas del comer. El personal llega como si se acabara de escapar de Auschwitz, el campo de exterminio, y llevara 5 años sin comer de verdad. Gente talluda con 7 o mas décadas a cuestas demuestra lo mucho que ha aprendido en la vida en su forma de comportamiento en los temas de la manduca. El modo de andar y abastecerse por el self service es un gran indicador de ansiedad. Espontáneamente se forman colas para determinados productos, las máquinas de café o ante la plancha con cocinero. Atención a esa manera de hacer la cola porque se las trae. La cola es junto al parador del resto del self service, de tal manera que quien espera que le frían un salmón o impide el acceso al autoservicio de las bandejas anteriores, o quien espera servirse un café impide el acceso a que otros comensales se abastezcan de tazas, o quien quiere servirse de la olla de la sopa impide el acceso a la olla del potaje de al lado. El ser humano es ese animal carente de visión panorámica. Su subjetivismo quedaría explicado por no tener ojos en el cogote pero por algo mas determinativo: no tener conciencia de los acontecimientos de su alrededor.
El fenomeno de las colas da para mucho mas de lo que se pueda decir en un reportaje de campo de corta extensión. El que hace cola es un ser mimético que plagia lo que ve hacer sin preguntarse si puede hacer algo alternativo.
La otra noche, la ultima del año, a diferencia de cualquier otra cena tanto la cola para acceder al comedor como la cola de interior para acceder a las bandejas de self service demostraron que el balance del año seguían siendo el de tantos otros años: una masa informe instruida en el mimetismo y en el seguidismo falto de iniciativa y con poca esperanza de liberarse de sus mentalidades serviles. Como dato curioso todo el mundo vino vestido con sus galas, sin que las monas vestidas de seda aparentaran otra cosa.
Al llegar al interior y encontrar a mi compañera haciendo cola le pregunté que haces aquí.
-Espero, hacen cola.
-no hace falta puedes servirte directamente sin hacerla.
Efectivamente la cola era para el marisco o los platos especiales del dia, es decir el marisco. No para lo otro: ollas de sopas o verduras. Nos abastecimos de eso y antes de terminar nuestro turno de cena fuimos a por el jamón y los langostinos sin que hubiera nadie esperando.
El hotel no es responsable de los tics de sus clientes. De lo que si lo es responsable es de la falta cálculo para una cosa tan básica como proveer de numero de tazas y platos según el numero de comensales a la vista y no dejar que estos recorran los distintos puntos de abastecimiento hasta encontrar alguna. De lo que sí es responsable es de poner las pilas de platos o tazas con restos no limpiados por los lavavajillas. De lo que si es responsables es de dejar atravesadas en el pasillo del selfservice los carros que llevan platos sin su conductor a la vista. De lo que si es responsable es de no proporcionar cucharitas de metal y ponerlas de plástico (sí, ya sabemos que la manía de la gente en llevárselas lleva a esas medidas drásticas, pero ¡es tan desagradable la cucharita de plástico, o la cubertería de plástico! algo deberemos hacer con los cleptocucharitas y con la dirección del hotel que se juega su prestigio cuanto mas plástico dedique. La elegancia pierde enteros con la suma de esos detalles adversos.
Lo de pagar un extra por un cotillón no elegido es un atraco a mano desarmada. Hasta donde sabemos Imserso que marca los precios de esos packs de viajes no contempla ese incremento. Pagar 25 euros de extra por un cotillón que no se ha pactado es un abuso especialmente cuando el llamado “extra” no tiene nada de extraordinario. Pagar 35 o 40 euros (sumando los ya pagados por la cena ordinaria) por unos papelitos de colores, unos langostinos, media copa de cava y un poco de jamón salado es una exageración. Hacerlo sin ningún espectáculo extra es una exageración. Especialmente cuando el ultimo hotel en el que nos alojamos (TermaEuropa, Coma-Ruga/el Vendrell/Catalunya) eso era ofertado de ordinario, no el cava y los papelitos. Por cierto pásense por ese hotel para probar sus sopas y cremas, algo no superado por las ollas del Islantilla.
Propuesta: facilitar una botella de cava por habitación dejándola en la neverita de cada habitación evitará la indignación de pelearse por conseguir media copa en el local de hacinados. No hay peligro de inducir al caos etílico a nadie. Lo de los pitos de serpentina y las columnas con una tela anudada se lo pueden evitar, pero seguir ofreciendo vino de 3 ptas y de peor calidad en la mesa es todo un ataque a la excelencia.
Con todo la arquitectura y espaciosidad del ohtels islantilla es recomendable, la ubicación diáfana en invierno, recomendable para quienes no tienen prisa y han dejado de esperar milagros en este mundo. También hay que decir que después de sufrir el Cavanna (Manga del mar Menor), el Acapulco (Benidorm) y el Green Park (Tenerife Sur), cualquier hotel me parece la gloria.
El dormitorio del que hemos dispuesto por 14 dias es en realidad un aparthotel, espacioso y con una mesa de verdad que me permite trabajar con el ordenador, un sofá y un pequeño balcón-terraza, bien orientado al sol.
En resumen es un lugar para repetir confiando en que los pequeños detalles se irán subsanando.