experiencia en el cuarto a oscuras

JesRICART
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experiencia en el cuarto a oscuras

Mensajepor JesRICART » 10 Oct 2018, 11:00

Experiencia en el cuarto a oscuras (de Walkiria Sumionda)
En un cuarto a oscuras el imaginario pasa a ocupar el primer lugar por encima de una de las funciones sensoriales privilegiadas: la de la vista. El sentido de la vista permite la orientación en el espacio, la localización de objetos y caminos pero también trae consigo las codificaciones que se tienen as priori de las formas aparentes. Con un golpe de vista (o tal como se suele decir: a primera vista) se deciden la inmensa mayoría de relaciones y de no relaciones. Mirar y ver significa tomar posiciones ante lo que se ve desde mucho antes de acercarse a la persona. En el cuarto oscuro se pone en suspenso ese sentido como el primero de los sentidos para aceptar voluntariamente a que sean los demás sentidos los que sean priorizados. Figuras a las que automáticamente se las descarta porque se las supone que no están a la altura de la tasa estética deseada se les toma en consideración como sujetos de relación en un espacio en el que la imagen no cuenta para nada. El cuarto oscuro congela los privilegios de la imagen para permitir otras oportunidades habitualmente excluidas. En unas condiciones de oscuridad total o casi total donde las formas físicas tienen que ser palpadas para hacerse una idea de ellas, el contacto táctil se convierte en una premisa obligatoria para alcanzar una comunicación corporal. La memoria táctil expresa una inteligencia celular distinta a la que se nutre de otras aferencias perceptivas. La misma figura que la vista rechaza puede ser aceptada por las manos, por el olfato y por la lengua. Es un experimento intenso e impresionante por el que debería pasar todo el mundo para aprender de los propios conflictos y prejuicios personales según los cuales la percepción está condicionada por los sesgos que se tengan sobre forma, maneras y belleza. Según la cultura condicionante y la capacidad de tolerancia de un sujeto podrá admitir más o menos al otro según la información que recoja de este otro por todos sus sentidos. De todos estos, el de la vista es el más excluyente. Antes de que el tacto, el oído y el olfato puedan dar alguna información es la vista, de lejos, que ya la está dando. Son tantos los prejuicios arrastrados que la vista descarta a distancia a gente por el color de su piel, por su tamaño corporal o por la extravagancia de su atrezo o por sus formas corporales. El sujeto excluyente presupone que tiene que haber un acoplamiento y no dudará en rechazar al sujeto excluido porque ambos tamaños o formas no se combinen bien o “no hagan buena pareja”, conclusión está totalmente absurda en un espacio cerrado no expuesto a las miradas de nadie. En el espacio abierto y público los atractivos entre dos individuos están mediatizados por el superego de cada uno de ellos. Ese superego interfiere con prejuicios y con presunciones de lo que los demás aceptarán o rechazarán con respecto a las propias elecciones.
En el cuarto oscuro se ofrecen una coordenadas desprejuiciadas, las manos tantean las otras anatomías y se deciden por unas u otras o por todas según el deseo motor que lleve a este contexto. Estrictamente en un cuarto oscuro podría suceder todo que la vida diurna y visibilizada impide. Para asumir entrar en él habría que contar con unas ciertas garantías de higiene y seguramente otras de estética. Las unas serian obligadas para dejar afuera todo fantasma y todo temor de posibles contagios y las estéticas podrían ser negociables u optativas dentro de un margen de variabilidad. En cualquier caso, alguien que no fuera estrictamente quienes estuvieran dentro serian o son quienes deciden esos mínimos de estética. El asunto es que este tipo de estética o su control quedaría delegada a quienes deciden quien pasa y quién no. De hecho, si la estética fuera muy rigurosa o precisa el cuarto a oscuras carecería de sentido. La oscuridad puede actuar psicológicamente como un alto desinhibidor.
Lo ideal del usuario del cuarto a oscuras es que no le haga ascos a ningun género sexual, que le gusten toda clase de agujeros y protuberancias, de formas y de olores. Eso es decir mucho. La persona de mayor potencialidad erótica es aquella que puede gustarle todo: todas las formas y todos los sabores. Quien es muy selectivo con ellas se puede perder los placeres al encontrarse formas corporales que no se ajustan al esquema de su deseabilidad, no necesariamente del ideal de su deseo sino solo de su deseabilidad.
El ideal del deseo no se puede confundir con el deseo de base. Puede que del otro no te guste todo, pero que aquello que te guste tenga suficiente fuerza como para sostener el rato del encuentro o todos los años de una relación. Las interacciones que se tienen con un solo individuo y su anatomía en cuanto a que guste pero no toda, también se trasladan a las interacciones que se tienen en un colectivo que pueden contener atractivos y revulsivos en una extraña combinatoria grupal.
Lo más excitante del cuarto oscuro es que los prejuicios establecidos por la estética visual (es decir la visualizada) se esfuman. La imaginación de las excelencias físicas del otro puede suplantar la falta real de esas excelencias. Eso no funciona para todas .las personalidades. Las hay que la mera perspectiva de dar con formas grotescas le resulta un revulsivo.
Algunos paliativos pueden ayudar a eso. En la antecámara a media luz pueden exhibirse el álbum de fotos desnudas de quienes están dentro. Ya sabemos que las fotos pueden ser trucadas o que la mejor foto que uno tiene incluso sin retocarla puede falsear la realidad de lo que es. Al cuarto oscuro no solo llega quien no tiene otras oportunidades de flirteo o de cópulas sino también que estando servido de ellas quiere experimentar ese modo de flirtear y esa particular orgia.
Para calentar motores el cuarto oscuro puede tener un espacio intermedio de conversación. Un pub o una barra de bebidas sirve. Quien lo desee o quien tenga su anatomía recalentada en cuanto lo decide se introduce en él. Ese espacio visual permite mirar a los unos y a los otros que están en el lugar en principio vestidos o semivestidos. Ah, por cierto, el vestidor y una ducha pueden estar en esa antecámara de las fotos.
El valor catártico del cuarto oscuro es que permite hacer cosas en él que la gente no se atreve a hacerlo en la cara, incluso cuando se tiene mucha confianza.

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