La mujer de mí ciudad escrito por Pirlo de Félix

jorge hernandez felip
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La mujer de mí ciudad escrito por Pirlo de Félix

Mensajepor jorge hernandez felip » 15 Dic 2010, 09:27

La mujer de mí ciudad written by Pirlo de Félix

La ciudad por la que paseo habitualmente tiene algunos lugares donde me he sentido satisfecho de mi vida laboral, personal y privada, cuenta con luces de diferentes tonos que no se aprecian si vas caminando con prisa, la ciudad en la que vivo requiere paciencia para que ella te pueda mostrar sus encantos, pero la misma ciudad alberga lugares donde uno pueda sentir también sus sufrimientos más amargos, una escena donde hay cabida para la luz y para las sombras.

El éxito para mí es ver toda la cuidad iluminada, con mis mejores deseos cumplidos y satisfechos dentro de mi cabeza y circulando por mi interior, eso también lo llamo “mi todo hecho”.

La nada de la cuidad o el fracaso de solo pasear mirando edificios y viendo pasar al resto de ciudadanos, y no sentir placer sino, todo lo contrario: dolor, espiritual, mental y hasta corporal si camino mucho tiempo con la cabeza agachada, en señal de pena y frustración

Para mí que soy un periodista sin empleo, aunque he trabajado en la campaña citrícola como peón capacero, vaciando pallest de cajones de naranja para alimentar la línea de producción de embasado de una almacén, durante varias campañas, la ciudad no cambia, cambian mis sentimientos y mis cambios de humor cuando estoy dentro de ella. Si encontrara un empleo enriquecedor, vería con mejores ojos mi ciudad, y la llamaría la ciudad que me vio nacer, y crecer.

Todo lo que leo cuando paseo por la calle son anuncios de despachos de profesionales que después de terminados sus estudios se han hecho con una oficina en el centro de la ciudad, al leerlos me hundo hasta las rodillas de un sentimiento de fracaso tan grande que tuve que dejar el almacén para dedicarme a escribir por mi cuenta, sin sueldo, sólo a pensamiento suelto.

Pero esto me dio otra perspectiva de ver mi ciudad, los rótulos que indican el nombre y el piso y puerta de los profesionales ya no son para mi motivo de rabia y envidia, han pasado a mejor vida de una forma clara, “los ignoro”.

Algunos pasean por el centro de la ciudad con traje y chaqueta seguro que es un profesional que viene o va hacia algún banco del centro de la ciudad, o hacia su propio despacho, otras personas mayores andan acompañadas de jóvenes extranjeras, las niñeras de la mujeres mayores y viudas, que se sientan a la terraza de cualquier cafetería del centro de la ciudad y hablan con sus acompañantes, sobre lo cara que esta la vida y de cómo ha afectado la entrada de la nueva moneda en los precios al consumidor.

“Es imposible salir de casa para hacerte un refresco, es mucho mas barato pasear, lo que antes te cobraban cien pesetas ahora te cobran un euro, el redondeo es de un 60 por ciento sobre el mismo producto”

Su acompañante calla y otorga, pero piensa:

:”Esta mujer está mayor para decir lo que piensa, pero yo pese a todo vivo mejor que mi antigüa patria, además de acompañante de viudas me gano el sueldo todos los días”

En mi ciudad construyen nuevas calles de un modo antigüo con adoquines, pero a su vez lo hacen de un modo moderno y muy futurista, no ponen cemento, ni hormigón, sobre los adoquines, estos bailan al son que marcan las pisadas de los viandantes, o los autos que hacen moverse tanto a los libre adoquines como si de una orquesta desafinando por culpa de un mal director, o en este caso de una mal constructor se tratara.

Las mujeres que amo en la soledad de mi silencio, son sombras la luz son cualquiera de las chiquillas que pasean cerca de mí y se les escapa alguna palabra con la mirada, las mujeres que amo son personajes de mi imaginación y las chiquillas que veo son posibles amores que si no fuera por mis mermados y paupérrimos ingresos, serían compañeras de tertulia en cualquier cafetería o paseo por las calles.

Mi cuidad linda con el mar mediterráneo geográficamente, pero yo estaría dispuesto a asegurar que mi cuidad termina donde está La Ronda Este, y es además la zona que queda más al este de mi ciudad, después de allí naranjos, prostitución, y casas sin terminar, o abandonadas, que sirven de refugio a inmigrantes sin papeles y a los usuarios del servicio de las rameras.

Los huertos que muchos han tenido que abandonar son lugares casi desérticos, las rameras del camino Caminás se han hecho dueñas de ellos, y además, cuando los naranjos producen son objeto de robo por parte de todo aquel que tenga ganas de llevarse una bolsa de naranjas para su casa

Es muy frío en centro de la ciudad los meses que no son verano, los edificios que rodean son altos y no permiten que entre el sol penetre en el interior de sus calles, como es un ciudad próxima al mar la humedad, se mete dentro del cuerpo aunque lleves doble prenda de abrigo.

No es saludable el frío húmedo ni estaría recomendado por ningún medico sentarse en una terraza a ver pasar al resto de ciudadanos por los mismos pasos mentales que yo he pasado, simplemente porque te hielas.

Lento es el caminar hacia un empleo remunerado, cierto, pero más lento es el de aquel que lo hace por culpa de su edad, este ayudado por un bastón, o por un paraguas recogido, camina diariamente con el único motivo de ejercitar las piernas.

-“A mi edad ¿qué me queda? pasear y tomar el fresco, aunque por estas latitudes la humedad me penetre el cerebro aunque lleve esta boina bien calada”- le dice el anciano paseante a un amigo que llevaba la misma dirección, pero en sentido contrario.

-“Nada amigo: Sólo ver pasar la vida y esperar que los jóvenes de hoy no tengan que pasar tantas penurias como a diario nosotros las pasamos”.

Las calles son tan húmedas, que si se riegan por la madrugada, o de noche conservan tan bien su humedad que el callejeante sin rumbo fijo, que haya salido a pasear, puede percibir el olor a húmedo en el ambiente, aunque sean las cuatro de la tarde.

Pasar del centro de la ciudad al centro del saber te lleva cinco minutos, desde donde se encuentra la farola principal hasta donde esta la universidad, un pequeño trolebús con ruedas que funciona con luz eléctrica hace de vehiculo popular para los estudiantes que no quieran coger el coche, o ir simplemente en bicicleta hasta las aulas.

Quieren los políticos conectar los dos centros principales de esta ciudad a través del tranvía con las poblaciones marítimas y otros pueblos más cercanos, incluso hacen un carril a propósito que cruce toda la ciudad, un carril asfaltado, adoquinado sólo para el Tram, nombre que se le da a este vehículo, que circula con ruedas y con luz eléctrica, pero también puede funcionar con su propio motor eléctrico.

La farola principal da una luz anaranjada, se encuentra en medio de la ciudad, es allí donde mentalmente he quedado, y por eso, todos mis paseos me llevan siempre al mismo sitio, así para el día que quiera venir a conocerme la chica del póster, la sombra que produce de la farola a plena luz del día no le impedirá verme, cuando camine en dirección hacia abajo, hacia el mar, o cuando subo por las calles en dirección a la montaña.

No se quién es la chica que me habla mientras camino, me indica lugares donde podría ir, sitios fáciles en los que conocernos y hablar mas en serio de nuestra relación. Amo a esa mujer, me habla pero yo no la conozco personalmente.

Generalmente esto es motivo de esquizofrenia, ya que no me llama nadie, todo es producto de mi imaginación, no es real, no sé quién es la mujer que me llama, ni me indica donde quedar para charlar con ella, solo la oigo hablar en mi interior.

Deambulo por todas las calles céntricas, húmedas y oscuras de la cuidad siguiendo una voz de mujer que me dice:

–“Ven, sígueme, pero aún es pronto para vernos, búscame entre la gente y verás como te admiro, pronto te diré como me llamo y sabrás como te quiero”.

He descrito mi situación laboral y económica, y la voz que me hace deambular sin sentido por las calles, todo seria más fácil si pudiese salir de mi ciudad, e irme a la Ronda Este, salir de ésa Ronda de la ciudad y caer en su prostíbulo, del camino Caminás, donde por diez euros tengo una africana o una mujer del este, con la que poder hablar y alguna casa dentro de la huerta en la que poder intimar.

Pero no busco sexo, busco a esa mujer que aparece en los póster o en cualquier foto que miro, ella me dice salga a pasear, que me siente en una terraza a esperarla, y que mire con buenos ojos los letreros que anuncian los despachos de los agentes profesionales.

Creo que es la muerte, el esbozo de mujer con la que hablo, y la que me habla a mí a través de fotos y dibujos mientras camino por las calles de esta ciudad, tan calurosa en verano, tan húmeda en otoño y tan fría en invierno, y tan fresca en primavera, cuando todas las ciudades son buenas.

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