ANDREA

Angélica
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ANDREA

Mensajepor Angélica » 22 Oct 2009, 14:39


ANDREA

Lo vi recostado sobre el viejo Puente del Arno y, aunque no inmediatamente, aquel atardecer pensé en Dante Alighieri estremecido ante la aparición de Beatriz, su amada imposible, en aquel mismo lugar, siete siglos y pico atrás. Quizás él también había soñado con ella, siendo, como era, todavía un niño; quizás la había concebido entre divagaciones oníricas, despierto o dormido, como yo a Andrea; y quizás la angélica Beatriz de Vita Nuova o de La Divina Comedia, la musa eterna del amor platónico, no fuera el reflejo exacto de Beatriz Portinari, la dama florentina que se enojó cuando supo que el poeta la aludía en sus versos... Pero esto no importa: decir Beatriz es evocar a Dante y es evocar el amor en su expresión más excelsa.
Yo también había soñado con mi Andrea, con ese Andrea que inopinadamente llegué a ver en forma carnal. Su imagen idealizada, su apostura, su gesto, su modo de andar, de mirar, me han acompañado desde que tengo edad de amar, soñar y recrear imágenes: el Sueño adorado nació en mí antes de pisar el umbral de la adolescencia. Un sueño con forma definida, delimitada y precisa, a pesar de su incorporeidad. Por eso, al contemplarlo aquel día junto al Puente del Arno, quedé sobrecogida. Su silueta, tan familiar, tan íntima, tan apasionadamente amada en su entidad onírica, se hacía corpórea y destacaba nítida sobre el fondo violeta del cielo... “Una figura angélica y a la vez humana, la que tantas veces he visto en sueños”, pensé, mientras mi cara se llenaba de lágrimas por el hecho milagroso...
Le miré de frente, a una cierta distancia, y volví los ojos hacia otro lado antes de que él pudiera sorprender mi mirada, antes de que me viera... “Los sueños no se materializan”- me dije, severa - “No pretendas alcanzarlo, porque lo perderás para siempre”.
Volví a verlo al día siguiente y al subsiguiente, en el mismo lugar, y comprendí que acostumbraba a pasear por allí cada tarde. Al cuarto día, alguien llamó su atención:
"-¡Ciao, Andrea, come vai?"
"-Bene, bene, gracie... ¡Ciao, Marcello...!"
No hubo más diálogo. El desconocido siguió su camino y Andrea permaneció un rato contemplando el curso del Arno....
¡Andrea! ¡Mi Sueño hecho carne se llama Andrea, y el timbre de su voz soñada es más cálido y armonioso que el del más sublime instrumento musical!

Llevaba dos semanas en el hotel y mis vacaciones tocaban a su fin. Era lo irremediable y lo acepté con resignada melancolía. Sabía que hasta allí me había llevado el destino y que el destino me devolvía a mi habitáculo rutinario con una experiencia portentosa: los sueños pueden llegar a materializarse; otra cosa es que sean tangibles o que debamos comprobar si lo son...
No había planeado viajar sola a Florencia, sino con Sara y Ángel, dos compañeros de universidad, los tres atraídos por la histórica ciudad de los Médici, los grandes mecenas del arte, la Piazza del Duomo con sus impresionantes monumentos religiosos, la Piazza Della Signorina, centro vital de la Florencia antigua, etc..., pero ocurrió algo importante en la casa de Sara y el proyecto se vino abajo cuando ésta y Ángel lo abandonaron. Yo mantuve la idea, empujada por un deseo irresistible de ir a aquella ciudad y un gozo insospechado por mi imprevista soledad, que sólo pude entender cuando vi a Andrea acodado sobre el viejo Puente del Arno: era la cita secreta con mi Sueño materializado.
Cualquiera puede pensar que debería haber hecho algo por entablar una relación con Andrea, por darme a conocer, por entrar en su vida o atraerlo a la mía; esto habría sido lógico y natural, sobre todo cuando él empezaba a sentir curiosidad por mi presencia, a buscar mis ojos y a volver la cabeza a mi paso... Pero no. Yo amaba, sigo amando un Sueño que sólo por unos días se hizo materia y que ha de seguir siendo Sueño para que perdure siempre en mí. Como dijo Unamuno en un verso de su último y estremecedor soneto: “¿Vivir la vida no es matar el Sueño?”
Hoy creo entender también por qué Dante nunca se acercó a Beatriz, por qué se limitó a saludarla cortésmente y por qué la amó decididamente a distancia. Esa actitud, que siempre me intrigó e incluso llegó a parecerme artificiosa, como si la amada platónica no fuese más que un pretexto literario, tiene ahora para mí una posible explicación: quizás el excelso vate temía destruir a la Musa-diosa, a su Beatriz, al aproximarse a la Beatriz Portinari de carne y hueso, a la Beatriz mujer.

Angélica


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lydia tapiero
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Mensajepor lydia tapiero » 22 Oct 2009, 22:38

Me encanta. Es dulce, soñador, la forma de filosofar acerca de algo tan real como el amor platónico. Lo importante que es mantener la ilusión en la vida. Me ha conmovido tu pensamiento. Te felicito.

Angélica
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Mensajepor Angélica » 23 Oct 2009, 16:57

Buenas tardes, Lydia

Me alegro de que te haya gustado mi cuento. La verdad es que yo disfruté escribiéndolo.
Muchas gracias por tu comentario. Espero que cuelgues pronto otro escrito tuyo

B.

:D


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