LA CONCIENCIA

Beatriz

LA CONCIENCIA

Mensajepor Beatriz » 12 Oct 2009, 15:49

Buenos días, amigos.
Veo que en este foro hay muchas lecturas pero una ausencia generalizada de respuestas. Este hecho no anima demasiado a quien se dispone a publicar en este medio por primera vez. Aún así, es decir, desanimada, voy a dejar un cuento.


LA CONCIENCIA
(cuento rural)

"Ayant levé la tête au fond des cieux funèbres,
il vit un Oeil tout grand, ouvert dans les ténèbres,
et qui le ragardait dans l'ombre fixement..."

"La Conscience" - Victor Hugo

-"¡Vigila tu sombra…!"- me dijo Blas el Cabrero, cuando nos despedíamos en la puerta de su cabaña.
Me separé de él inquieto. Aquella frase fuera de contexto, desligada de la conversación que habíamos mantenido, me pareció un mal augurio. Nunca había sentido miedo, realmente miedo, y tampoco me consideraba cobarde, pero confieso que entonces me invadió un enorme desasosiego.
-"Aprensiones mías"- pensé –, "el hombre está medio loco desde que desapareció su hijo Andrés".
Atravesé el redil aprisa y sudando, aunque aquel final de otoño era más bien frío. El sol, rojo e inflamado, daba de lleno en mi cara, cegándome. Sentí una extraña irritación, difícil de contener. Bajé los ojos hacia el camino y, mientras avanzaba, mantuve la mirada sobre la punta del cayado que solía llevar para desplazarme por aquellos andurriales.
Ángela me esperaba en la puerta de nuestra casa, tensa y desazonada. Con una leve sonrisa, sin un reproche a mi tardanza, me agarró por la bocamanga del tabardo y me condujo suavemente hasta la mesa de la cocina, que había preparado junto al fuego.
-"Vamos a cenar"- propuso.
-"Cerca de la lumbre, no"- le respondí, arrastrando la mesa.
-"Pues hace frío"- observó ella.
-"Seguramente, pero yo estoy acalorado, he venido deprisa… ¿La niña duerme?"
-"Sí, ya le di la papilla. Luego entras a verla…"
Se sentó a mi lado y, antes de servir los platos, dijo:
-"¿Has visto a Blas? "
-"Claro, vengo de su cabaña, por eso he tardado. En una semana tendrá listos los quesos. Le he encargado tres, ¿te parece bien?"- le contesté.
-"¿Sólo tres? Piensa que vendrán mis hermanos, con los niños, para el cumpleaños de Lina. Les debemos una atención, se han portado muy bien…"- replicó Ángela, desencantada.
Me levanté de la silla y dije con firmeza:
-"Tienes razón. Ahora mismo vuelvo allí y le encargo otros tres".
-"¡No, Miguel, que se te hará de noche en el camino! Ya irás mañana, con las claras del día"–protestó ella..
-"En poco más de una hora estaré otra vez aquí. Si espero a mañana no encontraré a Blas; me ha dicho que piensa ir al pueblo"- argumenté. Ni yo mismo sabía por qué deseaba volver a la cabaña del cabrero.
-"¡Es que me asusta la idea de que metas el pie en un hoyo, o de que te salga un lobo descarriado!"- añadió Ángela, suplicante.
-"Sabes que los lobos no bajan hasta la madrugada. Además, llevaré la escopeta y el farol, la luz los asusta… Y no olvides que hay luna llena".
-"Bueno, ¡pero ve con cuidado! Cenaremos cuando vuelvas"- cedió al fin.
-"Como quieras".
La besé, me eché la escopeta al hombro, cogí el farol, el sombrero y el bastón, y enfilé otra vez la vereda que ascendía hasta la cabaña de Blas. Total, por tres quesos...
La tarde empezaba a declinar. Los árboles, los sembrados cercanos y la cima del monte palidecían, poco a poco, difuminando sus contornos. Detrás de mí asomaba la luna, grande, redonda, aunque los nubarrones que ennegrecían el horizonte amenazaban con impedirme el disfrute oportuno de su esplendor. En efecto, a mitad de camino me vi rodeado por una oscuridad rotunda. Intenté encender el farol, sin éxito, pues el viento apagó las tres únicas cerillas que contenía la caja. Fatal imprevisión. Seguí andando medio a ciegas. Apenas si se adivinaba la luna, tras la densa capa de nubes que la cubrían. De repente, a la altura de la Cruz del Peregrino, un monumento levantado junto a la desviación de la escuela comarcal, el cielo quedó completamente despejado y el astro de la noche apareció radiante, bañando de azul suave todo lo que me rodeaba. Lo llevaba a la espalda y proyectaba ante mí, compacta, alargada y gigantesca, mi propia sombra. Me estremecí al recordar las palabras del cabrero: -“¡Vigila tu sombra…!”
-"¡Tonterías!"- exclamé en voz alta.
Todavía me separaba un buen trecho de la cabaña y decidí descansar al pie de la Cruz. Apoyé la cabeza en el pilar cubierto de musgo y cerré los ojos sin pensar en el lobo ni en los temores de Ángela. Me invadió una extraña lasitud, parecida al sueño… Desperté bruscamente y vi, estupefacto, cómo mi sombra se erguía frente a mí, alta, majestuosa, mientras yo permanecía sentado e inmóvil. Una luz tenue y más blanca que la de la luna delimitaba su forma, mi propia forma: el sombrero, la escopeta al hombro, el farol en una mano, el cayado en la otra… Me froté los ojos, incrédulo.
-"Me he quedado dormido; todavía estoy soñando"- murmuré.
-"No sueñas, empiezas a recordar lo que pasó aquel día, hace quince años… ¡Andrés el Flaco!" – dijo aquella cosa que parecía mi sombra.
-"¿Eres el espíritu de Andrés?"- le pregunté, lleno de espanto.
-"No, tú sabes lo que soy… ¡recuerda!"- contestó ella, secamente.
-"¡No quiero recordar, no quiero…!"- gemí.
-"Recuerda, Miguel, recuerda…"- insistió mi sombra, inmisericorde.
¡Andrés el Flaco! Yo mismo le puse el mote. Los dos íbamos a la misma escuela comarcal, pero la aversión mutua era tan intensa que desembocaba en peleas diarias. Antes y después de pelearnos, nos insultábamos. Él me llamaba Pintamonas y yo le gritaba: “¡Flaco, Flaco, cara de macaco!”, mientras le sacaba la lengua y hacía gestos de burla con las manos.
-"¿Qué pasó aquella tarde, la de la desaparición de Andrés?"-
"¡No lo sé, no lo sé…!"- repetí, como un eco.
-"¡Si lo sabes! Fue aquí mismo, donde estás ahora"–dijo ella.
Me levanté con un respingo y miré el lugar, la Cruz del Peregrino y el caminillo de la escuela… ¡Dios mío!
Brusca y dolorosamente, mi memoria se enfrentó al horror solapado.
-"Me siguió a la salida de la escuela"- expliqué, vencido- "y empezó a llamarme Pintamonas ¡y marica!; esto último no podía perdonarlo. Luego se fue andando hacia la cabaña de su padre, como si nada. Yo estaba furioso y quería darle una lección. Cogí una piedra gorda y me acerqué a él, sigilosamente, atacándolo por detrás… ¡No quería matarlo, lo juro, sólo escarmentarlo!"
-"¿Y por qué escondiste su cuerpo?"- preguntó mi sombra.
-"Porque estaba aterrorizado. Me senté a un lado de la Cruz, aquí mismo, sin saber qué hacer… ¡Tenía doce años! Luego actué maquinalmente, aquello no parecía real… Lo metí en un hoyo, en este hoyo, y lo tapé con tierra, palos y yerbajos, hasta que quedó bien escondido. Los guardias no dieron con él y yo olvidé el hecho, como si no hubiera ocurrido. Una amnesia piadosa que me ha permitido vivir hasta hoy…"- expliqué, lloroso.
-"Hasta hoy…"-repitió ella.
-"Dime la verdad, ¿eres el fantasma de Andrés? ¡Te aseguro que sólo quería asustarte y que estoy arrepentido!"- le pregunté, ansioso.
-"No soy el fantasma de Andrés. Soy tu sombra… ¡tu conciencia!"- me respondió. Y se tendió en el suelo, al compás de mis propios movimientos, fundida conmigo mismo.

Reanudé el camino a paso acelerado y alcancé enseguida la cabaña del cabrero. Éste apareció en la puerta, con un farol en cada mano, como si hubiera presentido mi llegada…
-"Señor Blas"- le dije, súbitamente aliviado- "¡he venido a decirle donde está su hijo…!"


Beatriz




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Mensajepor ESPOSITO » 14 Oct 2009, 14:56

Estimada forista, tu relato esta bien realizado, porque mantienes la trama activa hacia su desenlace.

Pero, siendo la literatura una acción subjetiva, adentrarse más allá es como perturbar un templo.

Por esa razón muchas personas leen, pero no intervienen en los escritos. (Creo yo).

Escribir y el escritor lo único que ansían es ser leídos.

Cordiales saludos.
Por la libertad y el desarrollo social de los pueblos. Dentro de la teorica Utopica de la sociedad ideal.
http://escritosreformados.blogspot.com/ ... ribir.html

Angélica
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Mensajepor Angélica » 14 Oct 2009, 18:56

Hola, ESPOSITO.

Soy la autora del cuento "La Conciencia". Resulta que metí la pata de alguna forma y he tenido que cambiar el nombre para reactivar mi cuenta.

Gracias por ofrecer tu punto de vista. Creo que tienes razón en lo de las respuestas.

Un saludo cordial

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Mensajepor ESPOSITO » 17 Oct 2009, 00:42

Angélica escribió:Hola, ESPOSITO.

Soy la autora del cuento "La Conciencia". Resulta que metí la pata de alguna forma y he tenido que cambiar el nombre para reactivar mi cuenta.

Gracias por ofrecer tu punto de vista. Creo que tienes razón en lo de las respuestas.

Un saludo cordial


Si a veces pasa para conservar mi Nick he tenido que variar las letras, espero que sigas escribiendo, me gusto.

Es un tipo de reflexión de alguien que conservar un secreto por mucho tiempo. Es una presión dura conservar un secreto de esa manera.

Saludos cordiales.
Por la libertad y el desarrollo social de los pueblos. Dentro de la teorica Utopica de la sociedad ideal.

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Mensajepor Angélica » 17 Oct 2009, 12:25

Efectivamente, son muchos los actos incorrectos que quedan solapados en la conciencia y, aunque parezcan perdidos en la memoria, pueden aflorar en algún momento.

Saludos cordiales. Seguiré publicando. El próximo relato voy a dedicártelo, amigo.

¡Feliz domingo!

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Mensajepor ESPOSITO » 17 Oct 2009, 21:07

Angélica escribió:Efectivamente, son muchos los actos incorrectos que quedan solapados en la conciencia y, aunque parezcan perdidos en la memoria, pueden aflorar en algún momento.

Saludos cordiales. Seguiré publicando. El próximo relato voy a dedicártelo, amigo.

¡Feliz domingo!


Bien, escribir¡ tiene cualidades de busqueda introspetiva ayuda a desarrollar canales de comunicación con los demas personas y agudiza el analiss de texto.
Estos beneficios son necesario para el propio desarrollo de personalidad.

Cordiales saluos
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lydia tapiero
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Criticas literarias

Mensajepor lydia tapiero » 18 Oct 2009, 17:26

Todos necesitamos de esta crítas literarias.

Angélica
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Mensajepor Angélica » 20 Oct 2009, 11:54

Gracias, Lydia. Ya te he dado respuesta en tu ventana.

¡Feliz día!


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