Senescencia y Finitud

JesRICART
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Senescencia y Finitud

Mensajepor JesRICART » 01 Oct 2018, 20:21

Senescencia y Finitud. Jes RICART
El modo de tratar la vejez es diferente según nos va pasando el tiempo. La vejez es una etapa perfectamente objetivable como lo es la pubertad. Si ésta lo es por su eclosión hormonal y por la reconfiguración fisiológica espectacular en muy poco tiempo, aquella lo es por su decrepitud y su pérdida de funciones aunque sea ralentizada. No hay una fecha fija ni para el comienzo de una ni para el comienzo de otra, aunque sí un umbral de unos pocos años en que se instalan, que son de menor cuantía en la fase puberal y que se pueden demorar por 10 o más años en la de la ancianidad. Una de las diferencias entre ambas es que la una es impuesta por la naturaleza y en la otra está bastante implicada la actitud personal.
Quien más puede hablar de la vejez es la persona anciana con la senilidad avanzada. Desde que uno sospecha o empieza a comprobar su senescencia hasta completar el ciclo de ella puede extenderse durante un largo período de su vida, prácticamente una tercera parte. Si bien la decrepitud es uno de los atributos de la vejez no es exclusivo de ella. De hecho la degradación de los tejidos celulares y de algunas funciones fisiológicas empieza mucho antes: en la juventud en plena potencia de otras facultades cuando no en la niñez por biodeterminantes que no permiten la restauración.
Es así que desde una posición objetiva ante el tema sin caer en optimismos pretenciosos se puede sostener que la vida humana es una combinación de dos procesos: uno de excelsitud y sabiduría y otro de limitaciones y disfuncionalidad. Son procesos no meramente paralelos sino interactuados. La sabiduría le debe mucho al reconocimiento de los límites y al sufrimiento contante y vivido. Por su lado, la disfuncionalidad, incluyendo la enfermedad crónica y la conciencia de la finitud existencial, le debe mucho a la sabiduría para soportar lo que va a suceder antes o después.
La vida es un preparatorio para la no-vida, para la muerte. Aprender a morir tiene mucho que ver con haber aprendido a vivir. Y vivir con las lecciones aprendidas Ha implicado cuestionar todos los absolutos, aquellas aseveraciones que nos colaban dogmas y resultan no ser tan convincentes. Dos de ellos son tanto la nada o el vacio tras la finitud existencial y otro es la continuidad eterna postmortem.
En realidad los dos conceptos no son tan antagónicos, dependiendo de lo que se entienda por ello. La finitud existencial es un manera de citar el fin de lo orgánico vinculado a la conciencia que lo posee. Tambien hay una finitud de vida independientemente del grado de conciencia de esta vida. Pero la existencia es un concepto más denso y complejo que el de vida. Lo no-vivo tambien existe. Lo que no tiene estado biológico también existe. Existen los sueños, las ideas, los conceptos, las referencias, el conocimiento y la memoria sobre lo sucedido. El difunto del que se habla (sea durante el sepelio o cientos de años despues)continua existiendo en cuanto que citarlo, recordarlo, releerlo o criticarlo, cuestionarlo e incluso detestarlo lo hace reaparecer en las escenas donde es evocado. La finitud material existencial no es igual a la finitud absoluta de la existencialidad individual. Cualquiera que deje una huella en alguna parte tanto en las cosas como en los demás, seguirá existiendo en una medida u otra. No es un mero tópico empleado en los panegíricos.
Enfrentar la vejez como un proceso inminente de degradación con la perdida de fuerzas e incluso de facultades mentales requiere ampliar el repertorio de actitudes. De todo aquello que uno fue quedarán testimonios pero no actualidad.
Con todo llegar a la vejez es algo meritorio. ¿a cuántas cosas nos enfrentamos y tuvimos que superar para conseguirlo? Enfermedades, accidentes, homicidios, guerras, intoxicaciones, polución atmosférica, desprecios, incomprensiones,…La alternativa a la vejez, la no-vejez perpetua sería mucho peor. ¿Quién aguantaría miles de años biológicos repitiendo siempre lo mismo: defecaciones, desgaste, cansancio, aburrimiento,…
La vejez avanzada es la antesala para despedirse de los vivos y de todo lo vivo. Con suerte se pueden dejar algunas cosas arregladas para que otros no te carguen (no le carguen al muerto) aquello con lo que se encuentran. Se puede dejar la expresión o la síntesis de todo lo que uno ha sido y aprendido en una propuesta artística, en un libro escrito, en un huerto hecho con mimo, o en un espacio doméstico arreglado como un santuario de armonías.
Antes los seniles decían expresiones de envidia con respecto a las generaciones posteriores por todo lo que podrían ver durante sus vidas y de las que ellos se privarían por morir antes. Julio Caro Baroja lo refiere con respecto a sus antecesores del siglo XIX. Por su parte lejos de envidiar a la siguiente generación que viviríamos en el XXI expresaba el deseo de evitar tener que hacerlo.
La cosa es que no todo futuro está garantizado que sea mejor que el pasado aunque haya tanto optimismo como pose diciendo que lo será. Por lo que hace a un término razonable de la siguientes 3 o 4 generaciones la cosa no pinta tan bien como para desear estar a su lado viviendo todos sus avatares. El mismo autor habla de que querer vivir mucho tiempo es algo instintual y un deseo completamente irracional.
¿Para qué prolongar la existencia material más allá de lo que uno haya querido vivir? La eutanasia como suicidio asistido ya está reconocido legalmente (al menos en Holanda) sin necesidad de demostrar un sufrimiento particular o un diagnostico de terminalidad inminente para solicitarlo. Eso abre una perspectiva conceptual completamente diferente ante la muerte, naturalizándola. Otras culturas asiáticas como la japonesa desacralizan el acto del morir. Para la visión occidental sumamente posesiva que lo quiere retener todo también quiere posponer indefinidamente el último aliento.
Se olvida que morir es un acto de liberación de todas las penurias implicadas en el vivir. Pero mientras estemos con vida pudiendo disfrutar de ese maravilloso don de sentir, pensar y gozar el mejor criterio es la actitud personal. A la decrepitud biológica se la remonta con el mejor de los talantes. Sea cual sea la percepción objetiva de los demás asignándote que eres una vieja chocheando, un carroza o un despojo ocupando un espacio, lo que prevalece es la autopercepción y junto a esta el reconocimiento de quienes te aprecian y quieren.
El vínculo de envejecer con el de morir es casi inevitable aunque no sensato. Si bien a partir de cierto momento de vida estamos en tiempo de descuento según los indicativos biostadísticos, uno tambien vive más o menos años según los intereses que encuentre en la vida para hacerlo. En principio como la muerte está garantizado si podemos llegar a centenarios con la mente clara y con alguna capacidad creativa por muchos que sean los achaques. Ha sido demostrado que hay un margen de unos cuantos años en que el fin se precipita o se demora según las ganas que se tengan de continuar siendo.
Es cierto que el viejo deja de ser considerado como parte de las fuerzas activas de la sociedad. E incluso se le toma como una carga, algo que es percibido así por sus propias familias como por el sistema capitalista que en sus cálculos tiene que enfrentar el pago de las pensiones de millones de pensionistas que llevan tiempo no formando parte de las fuerzas productivas del país.
La tercera edad ha sido considerada y reconsiderada de diferentes maneras por el sistema según su potencialidad económica no faltando quienes directamente expresan (como Lagarde) que los viejos deberían morir antes por la carga económica que le representa a la población activa. En el otro extremo la vejez era equivalente de sabiduría y constituían los consejos de ancianidad considerados como los órganos de autoridad. Eran estos y no los jóvenes guerreros ávidos de venganzas o de luchas los que decidían el camino a tomar en la masacre de los pueblos indígenas en los EEUU nacientes del XVIII.
Con la última crisis estructural del sistema y la menor cantidad de capital para mantener los estándares de la plutocracia la vejez ha sido redefinida. Pero lo cierto es que el hecho de no formar parte de las fuerzas productivas no significa estar excluido de las fuerzas económicas. La poblacion pasiva por vejez tiene una capacidad económica estable (mientras siga cobrando sus pensiones, claro) y activa el proceso económico además de mantener la liquidez de la oligarquía financiera por sus pensiones bancarizadas. Hay fuerzas productivas que se activan por el consumo sistemático de la poblacion anciana (el Imserso y el uso de plazas hoteleras y de balnearios es altamente demostrativo de esta sinergia. Sin ancianos acudiendo un sector de servicios y de asalariados que implica mucha gente se vendría abajo).
La senilidad es algo que vamos a sufrir más o menos según sean nuestras pasiones y fuegos internos. Hay gente ya con años que sigue comportándose como unos zagales (Mick Jagger o Tina Turner en los escenarios mientras cantan ¿es que alguien los percibe como viejos? A Leonard Cohen1 ¿no le hemos escuchado con su misma voz sus canciones de siempre por décadas que hayan pasado sin percibir el menor atisbo de senilidad? Sirva su memoria para recordar que se puede pasar de la pasión creativa al final de la vida pasando por distintas etapas, una de ellas llamada vejez sin que los demás se enteren. Hay una coral en los USA de ancianos –Rock heart- : desde septua a nonagenarios que hacen bolos de rock sinfónico. Durante su circuito de actuaciones y en sus ensayos van recogiendo serenamente la noticia de los que faltan por defunción). Si bien es cierto que con la edad se van perdiendo facultades y aptitudes sigue contando la actitud por encima de todo lo demás, incluidos los rayos y furias que caigan de punta. Se tenga la edad que se tenga la actitud está por encima de las aptitudes, o cualesquiera que sean éstas por muy formidables que sean sino se tiene una actitud dispositiva al logro el más perfecto resulta una calamidad. Con la actitud en positivo pasa al revés: el mas imperfecto no deja de lado su excelencia. La actitud pasa también por el lenguaje. Hay expresiones autoetiquetantes un tanto lesivas. He oído decir a gente con 40 años lo “cuando yo era joven…” La juventud es una dilatada etapa que va de la adolescencia a X, siendo X la edad o el año que cada cual pacte consigo mismo para ponerle. Es un tópico decir que hay jóvenes envejecidos prematuramente y viejos rejuvenecidos permanentemente. Una amiga septuagenaria se despide en una nota personal exclamando. ¡por la felicidad perpetua! Esa es la cuestion, ir dejando de hacer cosas porque físicamente no te las puedes permitir (lo cual siempre es relativo porque las actividades físicas dependen más del entreno que de la edad: yoguis ancianos siguen tan hipotónicos como unos bebes y hacen asanas poniéndose los talones de sus pies en la nuca y los ancianos a bordo de sus bicis para sus recorridos urbanos en Centroeuropa forman parte del panorama) no significa que esa dejación de haceres se tenga que considerar siempre como una imposición de la naturaleza.
Hay actividades que vas dejando de hacer porque no te apetecen más que porque no puedas. Si algo tiene de bueno hacerse viejo es que ya no necesitas competir por nada ni contra nadie. Te basta ser tú mismo con todas tus genialidades y excentricidades. Nadie te tiene que dar permiso para nada y puedes disfrutar de cada minuto, de cada detalle y de gesto, de cada coincidencia y encuentro sin tener que ir tras ningun objetivo más que el de ser feliz.
Desde mi adolescencia que me inicié en la lectura siempre al leer la reseña biográfica de autor en la solapa (con las dos fechas de inicio-fin de su vida) hacia mi propia inferencia de lo que dura una vida. Lo que antes me parecían muchos años de vida: unos cincuenta, incluso menos, ahora me parecen poquísimos. Se necesita toda una vida para aprender a vivir y a gozar todas sus sutilezas. El cosmos nos tendría que conceder una no tan longeva como alumnos y una segunda mucho más longeva como sabios (eso o algo parecido en cuanto a tener dos vidas, una para aprender y otra para vivir, dijo un conocido actor cinematográfico, el que protagonizó La Escapada). Quien me puso en mi edad real fueron las niñas de una pareja de amigos de una generación posterior a la mia que en una convivencia con ellos nos trataron a mi compañera y a mí de “abuelos (no hacía mucho que habíamos cumplido los 60).

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