Del empleo a la colaboración

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Del empleo a la colaboración

Mensajepor JesRICART » 28 Sep 2018, 13:52

Del empleo a la colaboración. JesRICART
La cooperativa es mucho más que la empresa económica que reparte los beneficios del trabajo asociado entre sus miembros. Es el contexto organizativo que permite un salto en la resignificación del mismo sentido del trabajo: pasándolo de empleo a colaboración. Este simple cambio de instancia conceptual saca del empleado dispuesto a someterse y obedecer al sujeto con iniciativa y colaboración que piensa en términos de grupo superando su anterior condición de individuo segregado dentro del proceso productivo del que formara parte.
El cooperativismo siempre ha sido tomado como una praxis alternativa a las sociedades anónimas y al expolio de las patronales en empresas verticales. Tanto es así. que no hay economista alternativo que se precie que deje de citar las cooperativas de Mondragón como modelo de referencia. Décadas atrás se citó los kibutzin como estructura de un supuesto socialismo israelí mucho antes de la primera Intifada y de las barbaridades que cometiera él. ejército israelí contra el pueblo palestino. Antes, las comunas chinas fueron embriones de esperanzas. Antes de eso es proverbial las experiencias de comunas agrarias anarquistas en la II repúblicas española.
El cooperativismo en sus distintos formas ha estado acompañando el ideario de visionarios y adelantados a su tiempo. Las comunas de los 60 tambien intentaron cooperativizar el amor, la sexualidad y la paternidad.
La cooperativa eso podría ser el modelo teórico práctico para vivir en una sociedad en la que no someterse a una estructura de poder dirigista , lo que no significa que el cooperativismo actual en su conjunto viva o pueda desarrollarse fuera del mercado capitalista mientras su peso relativo en el conjunto de la economía sea ínfimo. El cooperativismo en su fuero organizativo es democrático y funciona con decisiones socializadas lo que no quita que tenga niveles de directividad y -lo que es más importante- y no se someta a las leyes del mercado como principal amo.
Este mercado queda a veces desdibujado en su impersonalidad pero se sabe que tras todos los eventos concurren demandas de masas de productos que manipuladas o no son las que tienen el verdadero poder decisivo de las tendencias de consumo.
Una cooperativa puede tener éxito económico y sostenerse, pero eso no es suficiente para ser una alternativa social y existencial mientras no contribuya al cambio de los hábitos de consumo y particularmente los hábitos de trabajo. Es así que el cooperativismo tiene el reto por un lado de funcionar colectiva y democráticamente como empresa compartida, y de otro, de no competir con los otros productos por la vía de la productividad sin calidad o del competitivismo sin lealtad.
Las opciones comuneras o comunitas del nivel que sean no tienen por objetivo solo prevalecer físicamente, sino autentificar cada acto que hagan legitimándolo como lo mejor y lo más ético.
Cuantas más personas haya tras opciones cooperativistas de trabajo, de creación y de consumo, más cerca estará el mundo de superar relaciones de producción esclavas y practicas consumistas alienadas. Es tremendamente sospechoso para las izquierdas en general que sean tan pocos los que hablen de cooperativismo. El anarquismo y una parte de la llamada nueva izquierda fueron sus valedores.
Su palabra y concepto asusta a las élites que consideran que hay y tendrá que haber siempre una casta de dirigentes inamovible como tal casta capaz de mandar sobre el resto social. En ese punto derechas tradicionales e izquierdas dóciles son aliadas.
La apuesta por el cooperativismo socializante y democrático sigue estando en fase de apuesta histórica. No todo el mundo está dispuesto a participar sistemáticamente en negociaciones de todas las opciones posibles prefiriendo someterse a un dictado o una dirección. Lo cooperativo siendo importante no es la panacea cuando se limita a su expresión económica y se olvida como instrumento para la generalización del sujeto consciente y libre.
El cooperativismo que se limite a la funcionalización del producto separándose de la valoración objetiva del mismo a la larga entrará en contradicción con la tesis restauradora de la libertad humana. Sucederá a si en tanto que se valore lo cooperativo como una finalidad en sí mismo en lugar de tomarlo por lo que es: un instrumento. La cooperación concreta es lo que permite transformar el trabajo aportativa en colaborador resignificándolo como una energía de pleno derecho y librándolo de la característica tradicional alienada del empleado asalariado.
Una empresa puede ser cooperativista impecable en los asuntos de la toma de decisiones y las formas de trabajo asociado y ser absolutamente nefasta si infesta con productos contaminantes y no saludables la realidad. Es así que hablar de cooperativismo siendo importante no es definitivo si no son depurados sus contenidos. La experiencia de las distribuidoras de Comercio Justo indicaron que si bien la autogestion del producto liquidando al máximo intermediarios dedicados a su expolio dio la oportunidad a los directamente implicados con sus materias primas y manufacturas a que se aprovecharan de su beneficio no educaron con respecto al cuestionamiento de los productos en sí. Tanto el café, como el ron como el azúcar blanco eran y son más que discutibles para la ingesta humana, aunque sigan teniendo una demanda poderosa y los consumidores de todo el mundo prefieran dañar sus cuerpos con ellos.
Ese tipo de contradicción entre reclamar los derechos económicos de un sector productivo y no vincular ese derecho al que tiene la sociedad a no ser invadida con productos lesivos es una constante en los movimientos reivindicativos.
Una empresa cooperativa no se enfrenta a un mercado más dulcificado del que se enfrente una empresa no cooperativa. Aquella puede contar con la ventaja ideológica sobre esta de contar con un público adepto de la propia concepción prefiriendo comprar ahí lo que rechaza comprar aquí por los manejos inadecuados que se haga con las plusvalías. Sin embargo, tanto la una como la otra serán exigidas por su calidad. La empatía ciudadana con las buenas intenciones de un proyecto no son suficientes para avalarlo y sostenerlo indefinidamente si no cumple con su función esperada de contribución a cambio real de las cosas en todos los campos: el de la obtención de materiales, el de la manufactura, el de los servicios y distribución, el del trato interno entre colaboradores, el del trato externo con demandantes de productos y recursos. Si una cooperativa no actúa como empresa profesional terminará por tener su tiempo contado.
Empresa es un vocablo de amplio espectro. Empresa es todo aquel proyecto con protagonistas que quieran ejecutarlo para la consecución de unos resultados prácticos. Una cooperativa que reúne un colectivo de personas tras unos propósitos creativos y/o productivos con unas relaciones de trabajo sinérgicas es una empresa, lo que no significa que tenga que ser como otras empresas no cooperativas. Un proyecto con trazas de emprenduría, (que salta del deseo a la acción) individual o colectivo tiene carácter empresarial. El problema ideológico con la palabra “empresa” es que durante siglos ha sido una palabra asociada a una definición unilateral de ella: la de la empresa capitalista con una patronal de un lado y un conjunto de asalariados de otros.

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Fernando
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Re: Del empleo a la colaboración

Mensajepor Fernando » 01 Oct 2018, 21:38



En el campo de la economía se ha explorado casi todo, incluyendo no sólo las cooperativas sino también los mercados de intercambio. Pero el grupo cooperativo Corporación Mondragón, de notable éxito, no es la regla sino la excepción. Además, habría que conocer su sistema interno de funcionamiento, para ver si sigue operando como cooperativa real o si sólo lo hace de nombre para seguir obteniendo ventajas fiscales, aprovechando el privilegio político-económico que tiene el País Vasco.

En cualquier caso, si dicho grupo cooperativo nació hace más de medio siglo, y no ha servido de estímulo para la proliferación de cooperativas, mucho me temo que se deba a la enorme dificultad de subsistencia.

En resumen: no creo yo que el sistema productivo tenga que pasar..."del empleo a la colaboración". Más bien creo que debería pasar... "de las pequeñas empresas a las grandes empresas"



"La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican" (Nicolás Gómez Dávila).

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Re: Del empleo a la colaboración

Mensajepor JesRICART » 03 Oct 2018, 17:42

Cooperación y cooperativismo.
Hay una rica experiencia de cooperativismo del siglo XIX. Las experiencias funcionales del XX han sido modélicas como empresas funcionales, pero no como empresas postcapitalistas. El cooperativismo fue mas próspero en el pasado de lo que es actualmente, pero en este primer cuarto de siglo XXI se han fundado miles de cooperativas que aglutinan tanto en sus iniciativas como en sus clientes personas con una cultura y conciencia más desarrolladas. Lo que no hay es un mercado o una red de intercambio entre todas esas cooperativas. Lo que hay una coexistencia pacifica entre el modelo cooperativista y el modelo empresarial clásico controlado por una patronal a pesar de sus denominaciones como SL o SA. A nivel interno las relaciones de trabajo son básicamente las mismas entre asociados y gestión del producto. La alienación obrera no es menor que en la empresa clásica ni los canales de participación habiéndolos no significa que influyan demasiado en la gestión.
El cooperativismo mas que de la voluntad de sus participantes depende de sus ideas prácticas y de encontrar un nicho de mercado en el que no interviene nadie mas u ofreciendo una intervención mas eficaz y menos dolosa para el medio ambiente además de proporcionar resultados de mejor calidad e incluso mas baratos. En principio el cooperativismo irá a más: con mayor volumen de cooperativas en activo, mayor numero de trabajadores y mayor numero de clientes. Lo que está por ver es si se convierte en la base de una nueva mentalidad de cooperación. En las empresas cooperativas de trabajo con productos y servicios y se factura con dinero, aunque puedan utilizar ecomonedas o dinero alternativo.
La cooperación es un concepto estructural que va más allá del cooperativismo empresarial, comercial o agrario. Se refiere al principio de intercambio entre diferentes registros o maneras de colaborar sin pasar la minuta o la factura económica. Hay números relaciones de cooperación que no pasan por ningún salario. Eventos puntuales en ciudades en las que se enrolan miles de voluntarios ocasionales (olimpiadas, paralímpicos,..), organizaciones que no funcionarían sin el concurso de colaboradores desinteresados (Cruz Roja. AI y numerosas ONG). En términos mas cotidianos y contiguos la ayuda la ofrecemos espontáneamente en numerosas ocasiones sin esperar que la persona ayudada nos la devuelva y tampoco sin esperar volverla a encontrar en otra ocasión. Las actividades no remuneradas son múltiples y eso forma parte del planning de realización personal de cada cual. De todas las actividades, lo que está dentro del denominativo de empleo es lo que se hace por dinero. Si no hubiera un salario a ganar no se haría. Esa ratio está detrás de las tensiones y el estrés de la vida moderna. ¿cuantos empleos y roles ingratos aceptamos a lo largo de una biografía laboral dilatada solo por razones económicas? Pues bien, al hacerlo vivimos en permanente contradicción entre lo que somos y queremos ser y lo que hacemos de facto y nos reduce a unos absolutos hipócritas además de incoherentes. Lo de trabajar para vivir no es excusa suficiente.
Al mismo tiempo mantenemos toda esa otra clase de relaciones a fondo desinteresado. En casa no medimos el tiempo de trabajo dedicado al hogar y el tiempo de atención a la familia, tampoco con los amigos, tampoco con el grupo de proyectos artísticos o el grupo de política. Hacemos las cosas porque nos place sin pedir nada a cambio. La pregunta es, si algún día habrá una sociedad en que eso que se hace desde el voluntariado y la fraternidad (o solidaridad) a unas dosis se pueda transpolar a escala general en las relaciones de producción.
No creo que el cooperativismo eduque especialmente para esta mentalidad, pero dentro del cooperativismo ya se dan iniciativas autoorganizativas con protocolos ecológicos muy exigentes y con el principio ético de priorizar el bien común al lucro personal, y eso es muy valioso. Algo es algo, dentro de esta lentitud histórica en la que pedaleamos. El cooperativismo es un tipo de cooperación, pero no toda. Es el principio de cooperación de lo que estamos tratando, algo a lo que se ajustan sensibilidades y voluntades dispuestas a consagrar su vida a demostrarlo. Ciertamente no es para todos y ha que distinguir al cooperativista de empresa y al cooperante de un proyecto de ONG con ese sentido de la cooperación humanista para transmitir valores por encima de materialidades.
En el campo de la economía está pendiente la vuelta a su sentido originario y volver al valor de uso de cada producto y servicio desembarazándolo de su valor de cambio que abre las puertas a toda especulación. Hasta que no se rescaten como valores fundamentales: el recurso natural y el tT(tiempo de trabajo) tanto dentro del capitalismo como dentro de un pretendido socialismo será la especulación y el timo los que se seguirán apoderando del mercado.


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