la visión sexista de la historia

JesRICART
Mensajes: 395
Registrado: 15 Oct 2008, 23:45
Ubicación: world/ciberespacio
Contactar:

la visión sexista de la historia

Mensajepor JesRICART » 03 Oct 2018, 19:02

Contra la visión sexista de la historia. JesRICART
La visión sexista de la historia no es mi visión, (la he referido, a propósito de una conversación oral que mantuve con alguien que sí la tenía). Entiendo que la mejor visión que permite comprender la historia de los hechos humanos es una visión clasista, o si se prefiere denominarla de otro modo, económica. El concepto de lucha de clases es comparativamente más válido que el de lucha de sexos. Así como el motor La historia de los hechos ha sido y sigue siendo una historia de poderes contra poderes, de ambiciones de territoriales, de ataques y contraataques; en la que, es cierto, que la figura guerrera dominante ha sido la masculina siendo la figura femenina la procreadora y la logística. De eso a inferir que un relevo en los cargos de poder económico y de poder político de las mujeres arreglaría los problemas de la comunidad internacional es una hipótesis arriesgada. Desde la antigüedad se tienen referencias de gobernantas que reprodujeron a su turno los patrones de los estados dominantes y perpetuaron sus intereses de élite o de castas. Modernamente, las mujeres con poder político o se han destacado por ser más humanistas o sensibles a la hora de ordenar ataques militares cuando por intereses de estado han debido seguir esa tesitura. A esa objeción, la visión sexista de la historia las disculpa diciéndoles que han sido contaminadas por la visión machista dominante.
Se puede aceptar que haya particularidades por géneros en las formas de ejercer dominios (más sutilidad en la psicología femenina y más brusquedad en la masculina) pero no que un género sea portador de vida y el otro de muerte, esta simplificación además de sexista e insultante es no admitir las idiosincrasias de las partes y sus complementariedades.
La leyenda amazónica habla de un pueblo de féminas dispuestas a amputarse un seno para poder disparar mejor al arco, lo cual las colocaría en una posición sumamente belicista, hasta el punto de subordinar su estética y su sexualidad a sus sistemas de lucha.
Con el acceso en masa de la figura femenina tanto a los centros de masas de empleo asalariado como a los niveles de decisión política y pública (mas diputadas, más ministras, más
juezas, más policías mujeres, más soldados mujeres, etc) también se ha ido dando una uniformización en las formas de ejercer la violencia, dejando en entredicho la tesis de la dictadura de las hormonas según la cual llevara a colocar a los hombres como el grupo más violento. Es cierto que ellos han protagonizado y siguen protagonizando el mayor número de actos violentos, lo que no quita que ellas también participen de torturas y sadismos en determinados contextos, entre ellos los bélicos (las imágenes de la invasión estadounidense en Irak lo atestiguan).
La presuposición de que las mujeres sean caracterialmente menos violentas que los hombres (otro asunto es que lo sean estadísticamente por lo que hace a acuchillamientos y otras terribles escenas criminales) además de ajustarse a esta visión sexista de la historia es también una visión no psicológica al no contemplar multitud de actos sutiles de violencia aunque no sea expresamente física.
Tanto a las mujeres como a los hombres les puede las inercias de un lenguaje sexista inveterado quedando por rescatar el concepto de persona como valor de fusión que está por encima de los sexos particulares. El cerebro de los unos y de los otros está sin duda alguna conectado a sus genitales o éstos a aquel, pero en la interpretación de las cosas y del método, tener un cuerpo que permite unas prestaciones u otro que permite otras, no debería influir para nada en las interpretaciones justas de las cosas. Un cálculo de aritmética simple en la pizarra, tanto si lo resuelve un chico como una chica, tiene la misma solución.
A estas alturas continuar creyendo que las mujeres como género tienen la exclusiva biológica de la sensibilidad, la paz o la creatividad por la experiencia del embarazo más que una tesis razonada es la inercia de una auto atribución de una forma de feminidad impostora.
Una determinada visión sexista de la historia viene a culpabilizar a los hombres de todos los males por su testosterona belicosa y apuesta por una feminización del poder. Excusa a las mujeres que ya lo están ejerciendo, tales como parte de la soldadesca militar o en cargos políticos directivos o ejecutivos de empresa diciendo que siguen las pautas masculinas, pero que en un futuro en que manden realmente en la economía la historia humana accederá a una etapa de paz y prosperidad. Esa visión sexista considera también que las mujeres son procreadoras de vida y los hombres lo son de muerte, las unas son creativas y los otros son destructivos. Un reduccionismo insultante para los éstos y exagerado para aquellas.
Esta visión no está basada en documentación historiográfica anteponiendo un conclusionismo ideológico a los hechos. Hay referencias de mujeres en el poder político desde tiempos remotos. Su actualidad demuestra que en política, como en negocios, lo que prima son los intereses quedando en un segundo plano los atributos de sensibilidad o de maternidad. El estado no dejará de ser un estado porque cambie el vocablo de patria por el de matria1 . El presupuesto de que las mujeres lo harán mejor que los hombres una vez los releven en cargos de gestión tendrá que pasar las pruebas empíricas. Ciertamente, hay oficios en los que un sexo aporta mas atributos que otro, pero en política y economía se dan las mismas grandezas y mezquindades en uno que en otro. Ojalá no fuera así y las mujeres fueran menos criminógenas y menos patéticas que los hombres y sus dotes de mando permitieran más participación social y más democracia efectiva, pero no es así. La psicología femenina que eclosiona como castradora en el espacio doméstico y familiar no tiene porque revelarse como la más integrativa en el espacio político social.
En cualquier caso la discusion tampoco es el relevo de los unos por las otras en la dirección social ya que esto contravendría uno de los principales requisitos de la democracia conceptual, a saber: La participación de la sociedad en los asuntos de la sociedad. Este enunciado deja en segundo término la condición sexual para poner en primer término la de persona social o ciudadana. La persona social, sea cual sea su sexo, está convocada a participar con su discurso de los discursos colectivos para llevar cada iniciativa al foro general de todas las consideraciones particulares.
Intentar hacer pasar la historia y los asuntos públicos por la gestión feminócrata por su sola condición sexual sería del mismo tipo de temeridad que la de hacer prevalecer un grupo (el ario, el blanco, el occidental,…) por encima de los demás grupos humanos atribuyendo aquel mas dotes de mando.

Volver a “Filosofía”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 2 invitados