Escenario del morir

JesRICART
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Escenario del morir

Mensajepor JesRICART » 03 Oct 2018, 17:49

Escenario del morir y Reportaje. JesRICART
No es de la noche a la mañana que un homicida en potencia se convierta en asesino de facto. Es todo un proceso interno que tal vez no se visibilice en sus aspectos más grotescos hasta el momento en que se escenifica un crimen. En principio, un ser que hace su vida a su ritmo no tiene planes previstos para todas las situaciones que pueda vivir en su futuro, pero sí ha pensado alguna vez como se conduciría, llegado el momento, en que le tocara vivir una terrible experiencia como verse envuelto en una catástrofe, un accidente muy grave o en un crimen. Lo ha pensado o puede que lo piense aunque sea a la ligera, en parte inducido por las noticias de otros que sí les ha sucedido.
¿Quién puede decir a priori como reaccionaria ante el asesino que fuera a matarle o ante los asaltantes que amordazaran y torturaran a sus seres queridos para que les informaran de donde guardaban el dinero? Las pautas policiales sugieren obedecer las órdenes del criminal para no sufrir las consecuencias de su psicoticidad. Siempre hay quien se rebela contra el crimen impuesto de otro y a su turno, al contraatacar, puede que sea tasado por la sociedad como el criminal. En los telefilmes ordinarios de buenos y malos, policías y criminales, los unos suelen confundirse y detienen a los que no son criminales para crear esa atmosfera de suspense en los telespectadores y crearles la curiosidad de seguir visionando el producto hasta el final.
Arturo P.Reverte refería en uno de sus artículos1 la experiencia de un amigo que le dio matarile (así con esta palabra) al asaltante de su casa, siendo posteriormente empapelado y encausado llevándolo por un penitente vía crucis burocrático. Sabemos que las leyes están mal pero eso no es lo grave, lo grave es que la última reforma penal hará que vayan a peor.
En todo acto voluntario con resultado de muerte siempre habrá que enfocar de entrada su valoración sobre si se trata de un acto criminal o de un acto homicida determinado por la lógica autodefensiva. No me atrevo a diagnosticar el sentido de quien opta por matarse y de paso matar a quienes forman parte de su núcleo convivencial. Ni siquiera se informa o sabemos que es lo primero si la decisión de matarse o matar a los seres queridos y ante tan terrible resultado decidir acompañarlos con la propia muerte. Me inclino a creer en lo primero.
El parámetro de la criminalidad no la determina el acto en sí tanto como su contexto. Robar y matar son consideradas las peores cosas (lo uno se castiga con la muerte o la amputación en algunos sitios) a las que no se duda en calificar de criminales, pero reutilizar o reciclar e impedir que te maten no forman parte del ámbito del crimen aunque aparentemente el trasvase de cosas en lo uno y el resultado de muertes en lo otro sean lo mismo. La casa y los objetos abandonados son reutilizados por forasteros sin que eso sea considerado robar y la persona que se autodefiende para no ser víctima de otra que va expresamente a matarla no la consideraremos asesina aunque sea homicida.
Potencialmente no hay nadie que no sea homicida y , de hecho, podemos estar siéndolo indirectamente sin ser conscientes de ellos tan solo por nuestras praxis de consumo. Hilando fino se puede decir que cada vez que un usuario de vehículo con motor no eléctrico carga su depósito está siendo cómplice de las guerras del petróleo que han existido y de conflictos en otras partes del mundo.
La globalidad tiene por consecuencia atenuar la evidencia de cada acto de consumo haciendo creer a cada consumidor que lo que pasa en otras coordenadas geográficas no tiene nada que ver con sus estilos de vida.
Las culturas están encargadas de crear un simulacro de atuoconsolidación del fenómeno patrio de cada país elevando las tasas de orgullo nacional. Lo que pasa fuera de ellas es cosa de los demás. Por encima de todo la ciudadanía materialista bien cebada y acostumbrada al buen vivir ignora deliberadamente las consecuencias de sus actos existenciales aunque pongan en peligro la misma continuidad de la vida planetaria. El hedonismo superficial y diario posterga las grandes valoraciones para congresos y núcleos de conciencia adelantados. ¿a quién le importa el futuro de la humanidad si uno y su familia pueden gozar de 70 u 80 años de vida lúdica y estupenda? El eslogan sutil en todas partes es primero yo y mi núcleo, después yo y finalmente yo.
Esa tesis está tan activada que el egoísmo del asaltante choca con el propio egoísmo del asaltado. En el robatorio con coacciones e intimidación en casa ajena se reproduce el esquema de todas las civilizaciones entre asaltados y asaltantes. El que es asaltado está en todo su derecho de repeler al asaltante, cosa que puede ser con resultado de muerte. Se trata de un derecho directamente determinado por las leyes naturales explicitas aunque no escritas. Cada animal depende de su territorio el cual marca para no ser invadido por otro ambicioso que rivalice por los recursos.
A lo largo de la vida uno se encuentra en tesituras para las que psicológicamente es posible que no esté preparado. A la pregunta de si in extremis uno estaría dispuesto a matar para vivir o para defender la vida de lo que quiere, la respuesta es sí aunque la mandanga del humanismo universal y del pacifismo le den mal cartel a este criterio. Lo que es más, darle muerte al agresor por intensa que sea tal experiencia presumiblemente no dejaría el menor rastro de sentimiento de culpa, puede que al contrario, dejara sentimientos de orgullo, de fuerza, de coherencia, de valor,..
Nadie puede decidir por nadie su muerte (ni siquiera el estado sobre el ciudadano punible) con una sola excepción: la suya propia (aunque las jurídicas penen el suicidio que quede en grado de tentativa), pero ¿qué decir de las muertes a demanda? He pedido y he repetido seriamente a mi partner que si me quedara tan imposibilitado como para tener consciencia sin la menor capacidad de mi cuerpo me facilitara morir, mucho más si me quedara en un coma irreversible. ¿Quién podría afirmar que eso se trataría de un crimen? No se puede simplificar el tema a la ecuación de matar=asesinar. Cada muerte tiene una historia distinta detrás y sin un análisis de caso es difícil que pueda haber un diagnóstico justo. Por importante que sea la vida como valor, vivir una vida de tortura empuja a no poca gente (la tasa de suicidios es elevadísima) a finiquitar la suya lo antes posible. Potencialmente , antes de estar en la angustia permanente sin perspectivas de soluciones hay personas que optan por matarse. Parece que la curva del tema va en crecimiento. La muerte acompañada extendiéndola a las personas queridas e inmediatas la reflexionaría no siempre como un acto criminal. Pienso que el psicoanálisis y la psicología forense se quedan escasos de argumentos para entender todo el drama que subyace en estos casos, en cuanto la jurídica ni siquiera se atreve a contemplar los agravantes y los atenuantes de cada hecho. En cuanto la sociedad vive inmersa en una realidad criminal de la que puntualmente se destacan sus eventos más escabrosos.
El hedonismo social dominante está reñido con una reflexión a priori pero también a posteriori de lo tanatorial. A pesar de que no hay día sin noticias luctuosas de mortandad. Los vivos de la sociedad están envueltos en torno al tema del morir (al que se llega por sus distintas vías: la de la enfermedad, la del accidente, la de la vejez extrema, la del crimen, la de la automuerte) sin repensárselo en todas sus variables. Josep M.Benet i Jornet se pregunta qué es mejor si quedarse como testigo del desfile de los que van muriendo o morir antes de todos los demás conocidos. Me temo que la sociedad occidental que tanto induce a las muertes lentas por otras vías (drogadicción, alimentación adulterada, farmafia asesina, soldadescas de ejércitos invasores, policías que disparan a manifestantes,…) es sumamente hipócrita al elevar sus escándalos por las muchas muertes particulares que se siguen produciendo (parejas que se hacen la vida imposible hasta matarse,…).
En otros registros culturales la muerte forma parte de los repertorios optativos desde la vida. ¿Se puede decidir la muerte en familia? ¿En grupo? ¿En colectivos numerosos? La casuística demuestra que sí. Otro punto es lo que diga la prensa sensacionalista tras los decesos. Sabe –esta prensa- que los muertos no resucitarán para replicar sus interpretaciones. Si bien la práctica totalidad de muertes son de dolo (tampoco todos, hay gente que ante la noticia de algunos que mueren descorchan su mejor cava esperando la ocasión) no todas son criminales ni todas tienen por qué ser dramáticas. Hay muertes elegidas y hasta es posible que felices si es la opción terminal y mejor a vivir una vida mucho peor. ¿Optaría (o, mejor dicho, optaré) por morir cuando fuera/sea la mejor opción que me quede? Por supuesto, o eso es lo que he dicho durante toda mi vida. ¿Optaría por hacerlo en compañía con alguien querido si ambos lo convenimos? ¿Por qué no? Ni sería/mos los primeros ni por supuesto los últimos en hacer tal cosa, formaría/mos parte de una larga tradición de optantes por el fin voluntario cuando la vida hubiera dejado de tener el menor sentido (mucho menos del que tiene cuando te vales con energías y con algo en la saca del optimismo). Lo que determina el calendario de la longevidad a parte de los vectores de salud fisica que la permitan es la voluntad de continuar viviendo para continuar gozando o la de seguir esperanzándose que a más años vividos con más experiencias se encontrarán más razones para entender de qué va toda la existencia en su conjunto.
En el conjunto de la humanidad se están haciendo millones de cosas y actos que en buena parte configuran panoramas de hechos que quedarán extintos en procesos de pasos perdidos. Vivimos porque no nos atrevemos a morir prematuramente esperando que la década siguiente proporcione la gestalt de los ciclos iniciados en décadas anteriores. Lo cierto es que lo que no se hace en un tiempo no se hace necesariamente en el siguiente y puede que no se haga nunca. Lo seguro es que la mayoría de nosotros estamos condenados a vivir para testificar que estuvimos viviendo en pos de vidas nunca del todo logradas independientemente de la felicidad y placer y diversión que nos proporcionaran lo vivido.
Del morir nos hacemos testigos y reporteros, porque en general antes que nos alcance la muerte propia hemos tenido noticia de ella en los demás. La muerte representa la gran e irreversible separación. Todos aquellos asuntos pendientes con el fallecido que no se trataron en vida no se trataran después de muertos (los antiguos celtas no opinaban eso, pero es excepcional). Es una obviedad. Eso no quiere decir que las biografías más longevas vuelvan a tratar de sus asuntos pendientes si las circunstancias les dan oportunidad de nuevos entrecruzamientos. De hecho la vida activa carga con multitud de asuntos encapsulados que quedaron no resueltos pero que se descarta vuelvan a ser tratados para resolverlos. Para los que creen en vidas postmortem seria épico el obligado paso por los foros de revisión de esos asuntos pendientes no dejando que ninguna alma se escaqueara de hacerlo. Eso es sumamente improbable que suceda ya que la conciencia de sujeto (y con ella la memoria) desaparece con la finitud corporal.
En el escenario criminal de matar para no morir (autodefensa ante el asesino inminente) la no posibilidad de reflexionar la escena misma con ese que irrumpe con ella a la fuerza condensa y sintetiza proverbialmente la multitud de rupturas que suceden en los escenarios civilizados. La prevalencia de las separaciones entre las gentes concreta la de cada sujeto con la realidad o las partes de ella que sufrió. Los procesos humanos son procesos de unión y separación, y de todas las separaciones la muerte fisica es la más radical de todas, a la que nos vamos acostumbrando desde numerosas experiencias de muertes simbólicas a través de separaciones fácticas de todo tipo con los demás, con las propuestas y con los hechos mismos.

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