Disertatividad versus Debate interminable

JesRICART
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Disertatividad versus Debate interminable

Mensajepor JesRICART » 10 Jun 2009, 11:31

De la disertatitividad al debate interminable.JesRICART
En relación al principio de que no todo es decible por cuestiones de su no admisibilidad en sociedad o la falta de interlocución para su recibo, también está el principio de indecibilidad de predicados que no tienen la menor substanciabilidad. Una unión de sonidos articulados verbalmente sin significado alguno pueden ser encadenados y voceados pero sin otro propósito que la ocupación del espacio sonoro y sin posibilidad alguna de continuación escénica por falta de sentido. A determinadas polémicas sin lógica discursiva se les llama ruidosidad verbal, también a determinados textos que se extienden en su exposición gramatical sin vehicular mensajes susbstantivos se les puede llamar graforragia inconsistente.
A parte de la molestia que sufra el sujeto receptivo como oyente o lector ante un alud de frases hay que valorarlas en sí mismas por su valor o no valor independientemente de la saturación de aquel o la indisposición en entrar en la sintonía de formas para las que no esté habituado.
No todos los textos son construidos con un patrón didáctico o expuestos para facilitar la iniciación a la lectura, muchos cuentan con una formación básica del público para entenderlos. Si no hay esa entente entre discurso y su receptividad el fracaso es de ambas partes, del lado de la plataforma del mensaje y del lado de la platea que lo recibe. Ese decalage concreto forma parte de las múltiples disintonías que concurren en las sociedades y sus culturas. No es ningún drama. Ni todos los discursos son para toda la sociedad ni toda la sociedad busca, afortunadamente, una misma clase de discurso.
En el campo de la megateoría es fácil caer en la interminabilidad de las polémicas que entran en una espiral endogénica de mutua contaminación de las partes en polémica de los conceptos confusos y/o confusionistas. Mientras la disertación es un proceso de elaboración continua que no para de proponer nuevos enunciados para retratar con mayor precisión el objeto de su investigación el debate interminable se puede hacer por cualquier cosa repitiendo las posiciones teóricas, los argumentos y los datos una y otra vez sin avanzar de ninguna de las maneras.
Para los temas no interesantes e absoluto (que no lo son para un sujeto dado que se aproxima) la valoración que se les haga puede ser completamente despreciativa, lo cual no quiere decir que no tengan su desarrollo particular que colme de interés a sus allegados. Para uso ajedrecistas compenetrados que disfrutan con sus partidas las jugadas pueden dar lugar a conversaciones complejas de estrategia que para el ajeno a este tema no serán más que sutilidades sin importancia. Se puede decir algo parecido con respecto a todas las especialidades. Lo que para un lego solo son menciones sin importancia y, desde luego, sin interés, para el experto son cuestiones cruciales. Quien no vive con pasión una historia argumental la puede relativizar hasta tal punto de no notar o solo sus sutilidades sino su existencia. Siempre me han llamado la atención los comentarios de quienes afirman que un texto es sesudo o denso a partir de enlazar una tercera frase o desde la primera si es algo larga con unas 15 palabras que ocupen más de una línea. El individuo perceptivo se mueve fundamentalmente por el impacto de los estímulos, si un estimulo es lo suficientemente grueso lo toma de momento como una sombra que lo puede desbordar. Así como cualquier animal de la naturaleza se pone a la defensiva ante otro que se le acerca demasiado e particular si es de mayor tamaño que él, también en la cultura tecnológica que estamos cuando alguien sospecha de otro que intelectualmente es superior a él se pone automáticamente a la defensiva en lugar de colocar en la posición de aprender. Honestamente, creo que todos los sujetos en condiciones de receptividad hacemos lo mismo en relación a lo que nos llega o recibimos. Para no hacerlo hay que sustituir esa inercia un auto automatizada a la defensiva por una capacidad de selectividad desde una posición crítica pero también aprehendiente. No es posible estar dispuestos a todo. Me ha costado entender que haya mucha gente que prefiera encerrar toda su vida dentro de la ignorancia y no desearla superar. Si llevo toda la vida inmerso en noticias sobre la futbolística y sigo sin saber citar cuatro referencias (nombres de jugadores, copas o ligas y nada más) o, más exagerado aún, de tauromaquia no sé citar más de un evento o nombre (de los actos anti taurinos en cambio estoy más puesto al día)he de conceder también que haya gente que no sepa citar ni siquiera un nombre de filósofo o no sepa decir las causas del genocidio judío del siglo XX Sí ya sé que hay una diferencia crucial entre un tipo de ignorancia y otra. Se puede vivir prescindiendo de espectáculos de entretenimiento pero no aceptando la más absoluta ignorancia histórica o política. En el argumento de Cuando se acaba el día, Hopkins, cuyo personaje es el del mayordomo, responde por tres veces a un invitado a la mansión, que no lo puede ayudar en las preguntas que sobre política le hace. El que pregunta trata de demostrar ante los demás reunidos la poca consistencia de democratizar el país dando participación en la elección de los diputados a las cámaras por el pueblo atendiendo a su baja formación y falta de opinión. Evidentemente es un farol de éste que no tiene en cuenta el contexto en el que el otro, en su trabajo de empleado sumiso, sabe muy bien cuál es su puesto y lo que no puede extralimitar. La ignorancia expuesta nunca es exhibida de un modo tan inequívoco. También concurre en espacios supuestamente cultísimos o en ambientes muy finos. Los universitarios no están exentos de la lista, A veces conoces licenciados universitarios, incluso con expedientes académicos brillantes -si excelentes o matriculas son razones para llamarlos brillantes- y que ponen al descubierto sus capacidades limitadas en la interpretación de los hechos haciendo un rol deficitario en los debates en los que participan. Para alguien consciente lo peor que le puede suceder es opinar erróneamente o informar mal de datos. No hay peor escarmiento para el transgresor de darse cuenta de su equivocación. Si tarda en corregirse la consecuencia puede ser fatal. Ese darse cuenta es crucial para la fluidez en las discusiones en las que, nadie está libre de culpa en la emisión de enunciados no impecables.
En la discusión concreta por el tema que sea toca distinguir siempre las contribuciones a una dinámica disertativa y la participación pensada para una interminalización deliberada del debate. Es fácil que los dos aspectos se confundan ya que hay temas de debate que estaban presentes en el ideario humano desde antes de nacer y que proseguirán después de morir En cierta manera el polemista no es más que un hablante que se sube a un proceso teórico-verbal que le precedía cronológicamente y que posiblemente le sobrevivirá tras su muerte. No para todos los temas, claro está, pero sí para las temáticas cruciales: la libertad, la justicia, la ética, la consciencia, la trascedentalidad, la utopía enmarcan millones de conversaciones e interminables literaturas en las que cada cual desde su puesto de creatividad o de seguimiento hace sus conjeturas sobre los límites del propio saber conceptual en cada campo.
La disertatitividad es una forma de vida que trascurre por la oralidad y el texto en sus distintas formas vehiculares pero que no hay que confundir con la literatura expresiva misma, claro que sin esta sería difícil saber cuándo hay un antes y cuando un después sobre avance de ideas y de posiciones ante el mundo. Cuando un escritor descube y relee textos de su primera etapa tiene el privilegio de advertir que unas ideas cruciales o retos intelectuales ya estaban presentes en sus primeros años de elaboración y que, lo más probable, es que el resto de su biografía formativa e investigadora no hagan sino seguirle dando vueltas a lo mismo, eso sí con mas conocimiento de causa y más habilidades lingüísticas.
La disertatividad está fuera de los cursos académicos y de las sedes legislativas, forma parte del quehacer potencial del ser humano enfrentado a tesituras desde que su especie se puso a pensarlas. Lo que se puede enseñar de ella es una metodología pero no unas conclusiones que solo se comprenden desde un proceso intenso de reflexión.
Es deplorable el escenario de la multiparticipación sin conocimiento de causa. No siempre a mayor afluencia de textos hablados o de hablantes con su opinión le corresponde mayor riqueza intelectual. Un tipo de interminabilidad de las polémicas ayuda muy poco al desiderátum de la metodología analítica para destilar conclusiones verdaderas, con lo que se pierden colaboraciones importantes de pensantes que ya no llegan a la fase de la discusión por temer que va a ser una pérdida de tiempo.
Para el horror de la cesibilidad intelectual en no pocos espacios de personas cultas con lecturas hechas y carreras universitarias detrás confluyen posturas débiles, poco apoyadas argumentalmente que son más resultado de los intereses creados y de las alianzas empáticas de los contertulios que no sustentadas en el conocimiento y en el saber. En estas coordenadas pueden darse interminables debates que enmascarar una disertatividad que, realmente, no existe.

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