Censura y Autocensura.

JesRICART
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Censura y Autocensura.

Mensajepor JesRICART » 17 May 2009, 23:11

¿Qué es la censura? Definición amplia de censura. JesRICART
Al hablar de censura se piensa automáticamente en los tijeretazos que sufrían los fotogramas indecorosos no aceptados por la moral o en las tachaduras de palabras, frases, párrafos o libros enteros. Se piensa en que esas escenas eran (¿he dicho eran en pasado?) el ejercicio de un poder para preservar a la población de lo que considerara malas influencias. Pero censura es un concepto no estrictamente político aunque haya sido en el campo de las ideas donde más se haya manifestado .Se extiende a toda actitud censuradora que prohíbe la expresión a otra que tenga derecho a ser conocida. Es así que la censura también la ejerce alguien con una cuota de poder en relación a colegas o conocidos que impide su actuación como fuente informativa o de opinión. La censura se ejerce en los ámbitos privados, en las relaciones personales, incluso en el ámbito de una pareja. La cosa no queda ahí la autocensura forma parte del mecanismo de la psique de los individuos. El inconsciente es la parte de ese aparato psíquico que hace de almacén de todo lo que se ha encerrado porque ha sido autoprohibido para ser dicho. Cuantas más auto represiones haya aceptado un individuo en su vida más compleja será esa instancia que vive en su sí sin ser concienciada.
Tratar de comprender la conexión entre la censura externa y esa autocensura de la mente es uno de los temas cruciales para entender el mecanismo del cerebro y la evolución del ser humano hacia sus cuotas de libertad por una parte deseadas y por otra constantemente minadas por sus propias conductas saboteadoras. Mientras la censura procedente de una instancia externa que adopta una posición de poder (sea el amigo o el policía, sea el cónyuge intimo o el represor pagado por el estado, sea el confidente o el tipo al que no le confiarías ni siquiera la información de la hora) es objetivable y fácilmente reconocible, la mayor parte de autocensuras pueden pasar desapercibidas para el mismo individuo n otan consciente de sí mismo cuando se las censura. Camufladas en razones de protocolo, temas de consideración, una cobertura de sensibilidad con la que no se pretende herir y una lista de pequeñas actitudes de consideración y respeto cada vez que alguien deja de decir algo que procede y siente pero que puede afectar a un panorama está abriendo la escotilla del inconsciente para ir recargándolo de un montón de cosas no publicables, no decibles. Al principio eso parece controlable, a la larga no lo es. No solo no lo es sino que todo ese almacén de represiones tiene tanto peso que convierte al sujeto en un resultado que nada tiene que ver con su autenticidad en el supuesto de que la hubiera pretendido. La persona que se autocensura para no herir pasa por ser la más simpática o atenta o correcta o educada cuando está escondiendo su verdadera naturaleza para no entrar en colisión con su contextualidad y la gente de su entorno.
Esa autocensura viene inducida por la cultura dominante o por si no queda clara por la política dominante. Desde centros de poder se marcan directrices claras de hasta donde llevar la libertad de expresión y de palabra. Desde la transgresión que especula una sociedad con mejores valores y mejores tratos humanos la lucha por la libertad, aun con las posiciones más revolucionarias y evolucionadas, no está exenta de sutiles autocensuras para conservar alianzas o para minimizar conflictos.
Comparativamente es mejor sufrir las consecuencias de verse obligado por una censura externa que no por una autocensura. Esta contribuirá a la despersonalización y finalmente a la psicopatología, aquella convertirá al sujeto censurado en un referente de lo prohibido, en el resultado de una represión, en la marca de una sociedad incompetente por no aceptar con suficiente liberalidad y deportividad que las cosas puedan ser dichas tranquilamente.
Después de varios siglos de historia del poder y de sus tejemanejes los estadistas han aprendido que la sociedad más gestionable (es decir, la más dominable de acuerdo con sus visiones de dominio) no es la que se controla manu militari o con un sistema de control creciente sino la que se autocensura a sí misma. No es que los estados no inviertan en control (es lo que se lleva la mayor parte del presupuesto) sino que saben que lo que les garantiza mas el estatus quo de la intocabilidad es que la gente se auto elimine a sí misma como subversiva, transgresora e incluso como crítica. ¿Cómo se consigue eso? Trasladando el rol de la censura a cada ámbito en el que cualquiera pueda otorgarse la potestad de hacerse de censurador de la opinión ajena por las razones que sea. Posiblemente la figura de los encargados de ese curioso oficio no volverá a resurgir tal como los captó el humor de la transición hacia la democracia pero un nuevo oficio mucho peor se generaliza. Cuando una persona no puede opinar lo que realmente siente en la mesa a la que está invitado o no puede enviar sus opiniones a alguien porque eso puede dañar la relación que tiene con otra persona a laque quiere puede interiorizar el deseo del censurador en autocensura. Cuando escribí El Viaje Existencial, suprimí un párrafo entero que mencionaba a alguien conocido por mí y por la coautora porque no estuvo de acuerdo ya que le podría perjudicar la relación. Cuando hemos tenido problemas con una exinquiina supuestamente amiga de la misma persona me encuentro en la misma tesitura de no poderle enviar una carta crítica defendiendo nuestros intereses porque eso puede perjudicar su relación con ella o más exactamente generarle tensiones por el enfrentamiento. En el pasado ella perdió la relación de amistad con una persona a propósito de una crítica de un acontecimiento cultural al que fuimos y en el que no pudo participar. En mi opinión las falsas amistades que se sostienen con jijijajases pero que no aceptan las verdades más simples es que no tienen nada de tales. A pesar de eso y de saberlo hay quien prefiere sostener esas falsas amistades que no tenerlas.
En las esferas amicales o de pseudoamigos y coleguismos la sentimentalidad es una inversión como cualquier otra cosa. La verdad queda permanentemente hipotecada para que no sufra nadie, es un decir, nadie tiene el monopolio del antídoto contra el sufrimiento. De hecho toda mentira contractual es una demora del sufrimiento para un futuro probablemente peor. Y la autocensura en tanto que omisión es una forma light de mentira.
Comparando las épocas de censura rígida, las de la dictaduras, a las épocas florecientes de democracias, de autocensura generalizada en las que no ha sido demostrado que sea decreciente, para la salud psíquica podrían ser mejor incluso aquellas aunque para los márgenes de libertad de movimiento personal sean mejor estas. Esta es la paradoja de la falsa evolución. Cuanto más crecen los medios tato tecnológicos para la información, también los niveles de inteligencia y de intelectualidad, menos se toleran las verdades con impactos emocionales. Se silencian, se castran. Cada vez que un sujeto tiene que callar lo que siente y lo que piensa de otra por razones de deferencia sea a ella o sea a la persona nexo intermediaria entre el objeto de la crítica y el crítico, el sujeto se devalúa un poco más y el mundo queda un poco más distante de su potencialidad de ser mejor. La vida está poblada de conductas autocensuradas que no aparecen en los partes de solidaridad pidiendo firmas contra personas represaliadas y en el seno de cada relación, de cada pequeño grupo, de cada familia, de cada pareja hay un gran trabajo pendiente a hacer sobre darse permiso para decirse las verdades mutuas y para opinar sobre verdades de afuera, sean cuales sean las consecuencias genere. Eso pude llevar a conflictos, sin duda, pero lo otro es lo que tenemos, el mundo de mentira que compartimos todos al que no nos enfrentamos por miedo a perder amistades o relaciones familiares o políticas, es decir a nuestra posición en el correlograma general del engaño varíe.

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