La gramática de la convivencia

JesRICART
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La gramática de la convivencia

Mensajepor JesRICART » 05 May 2009, 20:37

En las construcciones verbales –incluyendo lapsus, equívocos y afirmaciones o negaciones categóricas- se exhiben las señales de por dónde anda el pensamiento real de cada interlocutor. Cuando las tensiones recontinuadas por desavenencias en la interpretación de las informaciones o por los haceres convivenciales van in crescendo, unas tremendas ganas de escapar pasan a embriagar la mente y a afectar físicamente los convivientes. Sus cuerpos generan una energía tal que sus envoltorios magnéticos quedan machados e incluso su mutua proximidad chispea no pudiéndose soportar.
El manual del conviviente como un consejero técnico ideal administraría las dosis para las confrontaciones y la misma dosis de convivencia seria aconsejada porque la dureza de la relación con la otra persona no se convierta en imposible. La relación existente entre dos es la relación resultante de una combinación de vectores, unos suman y otros restan, unos refuerzan y otros debilitan. Mientras el potencial amoroso sea mayor que las diferencias y contradicciones aquél podrá acarrear con éstas. Tan pronto la disintonía vaya siguiendo su curso continuado la perspectiva del antagonismo, la irreconciliación empezará a vislumbrarse como inevitable. No será resuelta por una mano de pintura o por unas cuantas palabras bonitas. Las parejas convivenciales de larga duración no son las que están de acuerdo con todos los términos y la manera de ser del otro sino las que se discuten y enfrentan pero esa transparencia en las pulsiones respectivas con producción de confrontaciones también puede evidenciar la falta de contacto en un proyecto común de vida.
Si la convivencia está continuamente sometida al desencuentro tarde o temprano terminará. Tal vez lo que no la hace concluir cuando toca es un fondo de cariño y la pereza de toda la reorganización de lo personal que supone. En la relación convivencial pasar por la palabra el conflicto que late no significa que resuelva sus problemas, corre el riesgo de concienciarlos a unos términos de no solución. Después de muchos años de convivencia lo peor que se puede descubrir es que la persona con la que has estado viviendo es completamente distinta a la que creías que era. Este descubrimiento de una verdad puede ir en contra de la relación. La verdad vencerá en tanto se recoloque cada posición en su lugar, eso también incluye lugares distantes y distintos.
La gramática de la convivecialidad llevada a la denominación de todos los hechos por sus nombres puede ser traducido como una herida. Las relaciones humanas también se pueden agotar por un exceso de conversaciones que tratan de aclarar situaciones y en lugar de conseguirlo todo lo que coleccionan son afirmaciones distintas con las que mutuamente no se está de acuerdo. Durante una crisis profunda de relación, mi compañera me afirma que si antes durante una década, no habíamos tenido tantas discusiones es porque ella me seguía la corriente al sospechar que habría confrontación. Lo he recibido como un cañonazo en mi vientre. O sea que la entente es solo una parte que se supedita a otro que es dominante. Lo pregunto. ¿Lo es? Porqué si es eso, entonces toda la apología de la compresión, la paz relacional, la estabilidad doméstica, los remansos de equilibrio es la fabulación de una creación ficticia para mantener un semblante. No es tan extraño, en las interpretaciones que se hacen de los demás, es decir de aquello que suponemos que son los demás, valoramos apariencias. De las parejas se dice que se las ve enamoradas o muy bien, pero en realidad los elementos que nos son dados son escasos y distorsionados a no ser que éstas parejas se transparenten en toda su verdad. Hace unas semanas con una pareja amiga comunicamos que nosotros, mi compañera y yo, estábamos en crisis. La palabra es auxiliadora, da la sensación que se está diciendo algo grave aunque de hecho es confusa y poco expresiva. Yo desde que soy consciente de ser un ser vivo que acarrea contradicciones que no puede resolver vivo en crisis. Mi concepto de crisis es filosófico: la conjunción de antítesis algo inherente al hecho existencial. Para mi pareja su crisis es crisis de amor. Se está replanteando si nuestra relación convivencial, unitaria, cotidiana tiene futuro. Sé la respuesta: no, no lo tiene. No lo tenía en el primer año de relación, tampoco lo tuvo en los siguientes, tampoco lo tiene ahora en el décimo cuarto, sin embargo hemos ido creando esa historia juntos, con nuestras diferencias y lo que era (al menos así lo creía yo) nuestra entente para irlas resolviendo. Siempre nos ayudó pelearnos como sujetos civilizados para aclarar los términos de nuestras contradicciones. Ahora la saturación nos vence a los dos. Mis proyecciones críticas me vuelven por partida doble como boomerang con las mismas frases e ideas que he exhibido en su contra recibiéndolas en mi contra. Tengo la desagradable sensación de ser una diana.
No ocultamos que de todas las relaciones humanas, la convivencial, la de cada día, es la más complicada pero dentro de todas las convivencialidades de las que hay reportaje y experiencia , la de pareja es la más compleja de todas, también es la que coincide con ser la más intensa y la que, en principio, está abierta a la autorregulación de los dos convivientes; las otras, vienen más reguladas o regladas, con los roles más definidos (piénsese en la que hay entre soldados de un acuartelamiento o la de los hijos de acuerdo al esquema familiar en el que nacen). La pareja también tiene sus roles preestablecidos. Se les supone. Muchas parejas no descubren realmente el significado de eso hasta que llevan una temporada convivencial. Es posible que su crisis se inicie con la misma andadura convivencial aunque no estalle en toda su catarsis hasta pasada la temporada de la pasión.
Encerrar a dos personas en un marco estrecho de pareja estanca (en mi terminología, carcelaria) es ya una temeridad. La crisis es inherente a su enfoque intrínseco. Las cosas no mejoran tratándose de un auto encierro voluntario. El problema de la crisis convivencial es el de su gramática tirante y lesiva. Es el momento de llegar a marcar territorios temáticos, a aceptar la existencia de zonas o temas tabú, a reconocer que la relación, también la de amor presente en esta convivencia, no pasa por todo. Hay algo del partner que nunca alcanzas, es otra persona, hay algo de ti que nunca alcanzará, eres otra persona. Todo constructo de dos en uno ha sido una falacia, una broma. Aceptado eso, la comprensión mutua tendrá más oportunidades. Todo lo que debería aceptar una pareja al constituirse como tal es que no es la única ni la definitiva, que todo está en transformación, también las ideas y los sentimientos, que el proceso convivencial de larga duración tiene y va a continuar teniendo muchas variables, que van `pedir más y más el respeto y la comprensión aunque no se pase por la coincidencia ni la aquiescencia. Eso es más fácil decirlo y pactarlo verbalmente que hacerlo. Cuando no se puede comunicar todo a la persona que es tu aliada y tu compañera diaria es que el mismo marco de relación no es el conveniente. Es el momento en que se piensa en la separación o en la alternativa de otra pareja para repetir la misma clase de bloqueo a su debido momento sin enfrentar realmente el origen del problema: la dificultad que tenemos los humanos en admitirnos en nuestras grandes diferencias. La aceptación es una palabra y la reconciliación otra cuando las contradicciones frontales siguen vigentes.
Todos los amantes - palabra honorífico del equivocacionario general- deberían ser entrenados en amores de prueba antes de pasar a amores de largo plazo. Los amadores, los enamorados (para precisar palabras menos equívocas) deberían/mos aceptarnos a prueba antes de presuponer que un año de convivencia obliga a los 10 o 50 posteriores. La ciudad ideal sería la de Sodoma, por supuesto, pero ésta nos la destruyeron, en la que me pareció entender que el goce era colegiado y nadie tenía obligaciones para rendir cuentas de su intimidad y de su moral pública a nadie. Las parejas deberían haber tenido detrás de si a muchas otras parejas en prácticas para aprender de ello y aprender de la convivencia y el respeto, tratando de no imponer la propuesta como el criterio dominante sino como la idea a negociar. Todo eso es mandarín con el tintero seco, no hay quien lo entienda. Eso evitaría los periodos de crisis y de re cuestionamiento del amor. Lo que es más el amor no se pondría en función de las desavenencias domésticas. El espacio del hogar no deja de ser una premisa instrumental para todo lo demás. Todo lo demás es la comunicación, la sinceridad, la entente, lo lúdico, el descubrimiento de nuevas verdades de vida y el acompañamiento hacia destinos complementarios o como decía el titulo de una película, un solo destino .
El fracaso de tantas parejas en sus retos convivenciales y de tanto daño que se hacen los cónyuges, (no solo los que llegan antes al cuchillo de la cocina, también quienes desde la insidia no paran de ningunear al otro) el de la imposición de los limitantes. La pareja podría ser la unidad institucional más reaccionaria de todas al negar la libertad básica al partner, la relacional, la del deseo incluso. Con los años y las interacciones sumados los enamorados o que aun recuerdan que una vez lo fueron, tienen en su haber biográfico mas parejas con las que vivieron que parejas con las que van a vivir. Este es un parámetro que se aplica a todo con la edad. Bonald desde su atalaya de hombre longevo afirmó tener cada vez más pasado y menos futuro convocado por la zozobra del tiempo. Sí tenemos más pasado que futuro. Esta es una afirmación con la que se flirtea desde los 35 cumplidos pero que es definitivamente sólida con las cincuenta velitas o el numero 50 sobre un pastel sin sorpresas. Cada vez que se constituyera una pareja, en ese otro mundo que no veremos, los partners de las otras parejas anteriores deberían ir con los granitos de arroz o los vítores de felicidad. El ritual no aguanta tanta escenificación. El pretendiente piensa que con la última pareja no pasará por los conflictos de convivencialidad que con las anteriores. Olvida que la gramática de cada día tiene pero que errores ortográficos, los de interpretación existencial, los de los valores diferentes que se dan a los acontecimientos y a los demás.
En la gramática de la convivencia toca hilar muy fino para no decir una palabra que forme parte del discurso lesivo que hiera, aunque sea involuntariamente, también toca guarecerse de aquellas que voluntariamente o no, son lesivas y nos agreden. A menudo la misma estructura lingüística cargada con maximalismos, (nunca, solo, jamás,…) o con moralismos (deberías, tendrías,…) o con imperativos (haz eso, haz aquello, ven aquí,…) o con negadores (no toques eso, calla, no lo hagas, …) pre configura el rol del hablante sin ser muy consciente de que está contribuyendo al incremento de la tensión. Cuando la insoportabilidad del otro llega al colmo porque su hablar se ha convertido en un equivalente de presión el distanciamiento se da. No escuchar es una forma de desconexión. Muchas mujeres se quejan de sus maridos de que no las escuchan. Es cierto, las oyen pero no las escuchan. Analizar las razones de eso es una prueba de fuego para la misma pareja. Un mediador si le consultan se lo propondrá, así como cualquier otro decalage entre ambos. Cada desajuste tiene una causa concreta. La suma de todos solo puede producir el alejamiento incluso aunque se siga compartiendo el negocio, la casa, la cama, la familia aparente, el trato de los hijos o el auto.
La gramática convivencial no levanta acta, aunque terapéuticamente hacer los listados de las coincidencias y las desavenencias, de los placeres y los displaceres es un instrumento para concienciar lo que está pasando y, tal vez, es una hipótesis, superarlo. Me temo que cuando una pareja se acostumbra a discutirse por sus diferencias en lugar de dejarlas de lado, si resolverlas quiero decir pero encapsulándolas en la medida de lo posible, se constituye en su propio espectáculo de la decadencia y eso les llevará al adiós o al impasse, tratando de buscar estímulos de crecimiento fuera de ella. Eso no resuelve ninguna crisis personal pero al menos da otros contenidos a la biografía que la pareja estancada no proporciona.

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