Vulnerabilidad

JesRICART
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Vulnerabilidad

Mensajepor JesRICART » 31 Mar 2009, 20:32

La vulnerabilidad es una condición necesaria pero no suficiente para la victimidad. Otra condición necesaria es la confiabilidad. Para que ésta se instale debe concurrir una ingenuidad a partir de unos excesos extremados de confiar en quien o en lo qué no se debe. Se puede definir a la víctima como el sujeto propicio a ser tal porque se coloca en una posición vulnerable alimentada por un exceso de confianza debido a un exceso de inocencia. Como todas las definiciones para saber si ésta funciona hay que aplicarla a situaciones conocidas de víctimas registradas. ¿los habitantes de Gernika –primera vez en la historia bélica que se eligió una población civil sin ser objetivo militar para ser bombardeada sin importar su total indefensión- eran ignorantes de lo que les esperaba y por eso pasaron por el sacrificio por exceso de confianza? ¿los habitantes de Bagdad que han pasado por tantos atentados terroristas en centros neurálgicos de la ciudad no estaban al corriente de que eso podía sucederles? ¿los de tantas ciudades del mundo expuestos a asaltos, atropellos, secuestros, disparos,.. acaso no conocen que entran dentro de un sorteo probabilístico de fatalidad? Cualquiera de nosotros en cualquier parte del mundo, en el mundo de esta sociedad tan ambiciosa y peligrosa, sabe o debe saber que algún día puede ser la noticia de esos capítulos de sucesos de los que se nos informa pero que siempre es algo que sucede a los demás. Los demás somos también todos. Cuando hablas de “los demás” usas una forma verbal que indica el gran grupo del que te excluyes pero cuando cualquier otro habla de “los demás” te está incluyendo a ti también dentro del lote. Las formas verbales de describir situaciones de calamidades genera una ficción seductiva, la de creer que uno está salvo lo que le sucede a otros y que si les sucede es por negligencia. Es cierto que hay unos perfiles de personalidad más proclives al desastre, al accidente, a las torpezas, al error pero la gente sometida a bombardeos, explosiones o ataques de todo tipo vive sus existencias divididas tratando de hacer vida normal suponiendo que la lotería de la destrucción no les elegirá. Es una presunción ingenua ya que en periodos determinados los atentados son diarios y diarios son los fallecimientos. Se han documentado residentes de ciudades sometidas a bombardeos que terminaron por no bajar a los refugios cuando sonaban las sirenas de alarma ante nuevas descargas mortales (eso también sucedió en Barcelona). Hay una actitud de dar permiso a lo que tenga que suceder y no hacer nada para evitarlo si la tesitura biográfico-histórica pasa por eso. Es así que algo de la vulnerabilidad tiene que ver directamente con la responsabilidad de cada uno. Conducir sin el cinturón puesto o con un exceso de alcohol en la sangre convierte el conductor en un candidato al accidente con más probabilidades de accidentarse. Vivir en una zona de conflicto proporciona más probabilidades de morir por una esquirla de metralla que quien sigue esta noticia desde la seguridad de su ciudad y el confort de su sofá.
En la sociedad peligrosa todo el mundo puede ser víctima un día u otro, aunque antes de un desenlace fatal hay una estructura de estafa instalada de tal magnitud que impregna tantos procesos que la victimización se va dando sutil e inadvertidamente. Desde el momento en que un consumidor confía en servicios, trabajos, talleres, productos, acuerdos que luego no se cumplen esta preinscrito como víctima. El solo acto de consumo de ofertas fraudulentas victimiza a su consumidor. La vulnerabilidad es el resultado de una operación matemática en la que el exceso de confianza viene directamente determinada por la noción que se tiene del valor de la palabra y el valor de la garantía. Actualmente nadie puede estar tan seguro como para decir que subida está completamente garantiza y que solo se mueve en espacios y con personas totalmente fiables. Cuantas más variables incluya una persona en su línea de vida, mas experiencias obtiene pero más se somete a las posibilidades de los desengaños y los errores. Uno no sabe donde se mete hasta que una vez allí tiene las aguas pantanosas al cuello y puede que no lo cuente.
La minimización de la vulnerabilidad viene determinada por tomarlo todo desde la reserva crítica pero ese posicionamiento se paga caro: quien se convierte en un sujeto desconfiado no mueve tampoco a la confianza ajena al generar un mimetismo en el que el vencedor es el distanciamiento recíproco.
El ser humano en sociedad vive en función del otro, no en el sentido de la deferencia humanística (esto no es lo dominante) sino en el sentido de lo que pueda hacer o de lo que esté haciendo. Se van(vamos) adecuando las conductas según las conductas recibidas. Nadie tiene una posición fija a perpetuidad sea la que sea la actitud ajena. Las tomas de posición se van adecuando según la percepción y lo que refleja la posición ajena. Dicho de otra forma, las exigencias de adaptación abocan al doble discurso cuando menos. La vulnerabilidad también depende de esa adaptación. Se puede conjeturar que una persona cuanto más honesta y sincera también es más vulnerable, cuanto más confiada y abierta más puede decepcionarse, cuanto más entregada al otro con más deslealtades puede chocar. Advertidos sobre esa posibilidad podíamos desprender la conclusión blindada de desconfiar de todo y de todos para disminuir la vulnerabilidad aproximándola al cero. No, esa no es la solución. Mientras mantenga una interacción social su vulnerabilidad se perpetuará. Para no exponerse a ningún peligro habría que no exponerse a ninguna experiencia, para no sufrir ninguna adversidad habría que no dar ningún paso, para no verse en aprietos no habría que aceptar ninguna iniciativa y, en definitiva, para no pasarlo mal tampoco habría que aceptar pasarlo bien por las posibles consecuencias nefastas que encerrara. La vulnerabilidad forma parte de la idiosincrasia existencial y en particular si se quiere hacer de la existencia un sueño de utopía. Es un atributo de lo humano. El humano que elige pertenecer consecuentemente a su especie le lleva a ser humanista, serlo es apostar por un futuro un tanto dudoso confiando en un potencial por demostrar en términos gigantescos de toda la raza. Esa confianza abre las puertas de atrás a traiciones, desengaños, caídas de compromiso, falsificaciones, deslealtades. Todo eso se va encajando dentro del proceso natural de las interacciones. Cuando sucede basta que recuerdes que estabas avisado. Tras una reacción de enfado escénico queda continuar con la misma pasión por las ideas y con la lucha por un edén imaginario aunque los aliados por construirlo no sean tantos o pienses que están por nacer.

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