historia del 11-S de 1.714

menganito
Mensajes: 315
Registrado: 14 Abr 2017, 21:17

historia del 11-S de 1.714

Mensajepor menganito » 05 May 2017, 09:21

Las Narraciones Históricas de Francisco de Castellví son una de las fuentes de conocimiento histórico de la guerra de sucesión (1705-1714) más citadas.

El historiador Sanpere i Miquel las copió personalmente en Viena en unos cuadernos que cedió a la que es hoy Biblioteca de Catalunya, y las usó como fuente nuclear de su estudio sobre "El Fin de la Nación Catalana".
Desde entonces ningún historiador ha podido ignorar la obra de Castellví, así lo citan: Ferran Soldevilla, y es la base del estudio de Albertí L'Onze de Setembre.

Sorprende que esta importante fuente histórica, que todos reconocen como capital e insustituible para conocer el período decisivo de la historia de Cataluña, nunca haya sido editada, ni siquiera parcial o selectivamente.

De hecho, hasta hoy, las Narraciones Históricas de Castellví no existían sino manuscritas, en el texto vienés (que legó el autor a la dinastía a la que había servido, en la persona de Carlos III, el Rey de los catalanes) después Emperador Carlos IV.

La Fundación con nombre del estudioso del pensamiento y la historia política de Cataluña: Francisco Elías de Tejada ha editado la obra completa de Castellví.
La obra permite revisar las falsas perspectivas desde las que se ha contemplado tantas veces la historia de Cataluña y concretamente el papel de los catalanes en aquella guerra que enfrentó a los Habsburgos y los Borbones en la disputa por la sucesión de España, y que fue, en realidad una auténtica guerra europea.

En ese período se ventilaban:
- la sucesión española,
- el reparto del nuestro imperio,
- el fuero de Cataluña,
- la supremacía europea,
- la sucesión protestante en Inglaterra y
- el triunfo definitivo del Estado sobre la sociedad civil.

Estas relaciones internacionales tendrán, al principio, su referente más manifiesto en la rivalidad entre Francia y el Imperio Austríaco y en ella siempre se verá involucrada España, sea por razones familiares, de equilibrio o ambas.

Entender la actuación de los grandes personajes de la política europea del momento permite entender después su comportamiento respecto a Cataluña en los años en que esté en el "ojo del huracán".

La hostilidad de la monarquía francesa a los Habsburgos determina la historia europea moderna

Tras la elección de Carlos de Gante que sería el emperador: Carlos V, que ocuparía el trono imperial en detrimento de su rival Franciso I monarca francés).

Era una rivalidad secular que expresaba el resentimiento de los francos occidentales hacia los germanos o francos orientales, al haber pasado la herencia imperial romana occidental, restaurada por Carlomagno, al Sacro Imperio de la Nación Germánica, regido por los emperadores de la casa de Sajonia.

Los Valois y los Borbones persevarían durante siglo y medio, en sus celos imperiales, en una política de alianza exterior con los estados protestantes, mantenida incluso cuando combatían contra el poder político de los mismos protestantes franceses en el interior de Francia.

Así una paradoja del reinado de Luis XIV es la ambigüedad de sus impulsos y motivaciones políticas que le llevaron en su ambición hegemónica a asumir consignas y actitudes que alabaron los hombres de la Iglesia francesa, sino a presentarse también como abanderado de la causa católica en Europa. Ambigüedad porque esas "nuevas" actitudes son contemporáneas de la persistente alianza con los turcos contra los Austria de Habsburgos, mientras en el interior de su reino revocaba el Edicto de Nantes (1686) por el que un siglo antes los hugonotes habían conseguido tolerancia para su culto y algunas plazas fuertes.

Luis XIII se había casado con Ana de Austria, hija de Felipe III, Luis XIV casó (por imposición del cardenal Mazarino) con Mª Teresa, hija de Felipe XIV. En los tratados matrimoniales las dos infantas españolas renunciaban a todo derecho sucesorio sobre el trono español. Pero ambos tratados contenían pago de dotes, que la corona española no pudo satisfacer. Los franceses consideraban un incumplimiento y el impago de la dote anulaba el efecto jurídico de la renuncia al trono.

Tras la muerte de Mazarino, Luis XIV hace patente su propósito de heredar el trono español ante la presunta próxima muerte del enfermizo niño Carlos II que sucedía a Felipe IV bajo regencia de su madre Mariana de Austria.

Será este propósito el inspirador de la guerra del "derecho de devolución" (1667) en que Luis XIV invocando una ley privada reclamaba los derechos sobre Brabante, Hainaut y el Franco Condado en nombre de su mujer, ley que prefería, para la sucesión, a las hijas de un primer matrimonio, sobre los hijos de un segundo enlace, y la reina de Francia era hija del primer matrimonio de Felipe IV mientras que Carlos II había nacido de su segundo matrimonio.

En aquella guerra contra España, Francia aún contaba con la ayuda de Holanda, la tradicional alianza franco-protestante, anticatólica y antiespañola.
Al emperador le inquietaba la invasión francesa de los Países Bajos españoles, mientras temía el poder de la Liga del Rin, instrumeto de la influencia francesa en el Imperio frente a los Habsburgos, y que agrupó como aliados de Francia a los electores eclesiásticos, los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia, el elector de Baviera y los príncipes de Hesse y Brunswick.

Luis XIV había firmado (19 enero 1668) un tratado secreto en el que el Imperio se comprometía al reparto de los dominios españoles de acuerdo con la monarquía francesa, al morir Carlos II (el Hechizado).
Este primer tratado de reparto no tuvo efecto porque, contra lo previsto, el Habsburgo español habría de vivir aún más de 30 años. Pero en el tratado secreto Luis XIV logró que el Gabinete austríaco se aviniese a que pasasen a Francia Navarra, Nápoles y Sicilia, el Franco Condado, los Países Bajos y las Filipinas, además de las plazas de la costa africana, a cambio de lo cual los Habsburgos heredarían España y las provincias de América, Milán y Cerdeña.

El designio francés sobre la herencia española sería ya siempre el móvil determinante de las guerras y paces a lo largo del reinado de Luis XIV.

Mientras que la guerra por el derecho de devolución se había realizado aún en el contexto de las alianzas seculares de Francia, de acuerdo con las Provincias Unidas de Holanda, el temor suscitado por las rápidas conquistas francesas llevó a los gobernantes de éstas a formar la 1ª Alianza Europea ante la ambición de Luis XIV: La Triple Alianza entre Holanda, Inglaterra y Suecia. Pero la hábil diplomacia francesa logró desactivarla y convertir a Suecia e Inglaterra en sus aliados.

En 1670 pactaría con Inglaterra el Tratado secreto de Dover. El compromiso secreto del rey Carlos II a una futura conversión pública del reino al catolicismo, vinculada a una alianza con Francia, situaba la causa católica en Inglaterra en un terreno peligroso, incluso escandaloso. Inglaterra ya había arraigado como antipapista y la causa del catolicismo fue vista como instrumento de la hegemonía francesa y del absolutismo monárquico porque Carlos II se apoyaba e los subsidios secretos del erario francés para sentirse independiente ante la Cámara de los Comunes.

Cuando Francia ataca Holanda (1672) el pretexto antiprotestante y de apoyo a la causa católica es visto insincero, incluso por el papa Clemente X, proclive a la política francesa.

Desde entonces comenzaría una nueva era en la política europea, pronto se aliarían contra Francia y a favor de Holanda los príncipes protestantes (antiguos aliados contra el Imperio y los Habsburgo de Viena y Madrid). Ahora los enemigos de Francia eran sus antiguos aliados contra Austria y las dos ramas (imperial y española) defendían contra Francia a las Provincias Unidas Holandesas.

Esta nueva situación ponía en evidencia que aunque aún se invocaban pretextos "religiosos" (el calvinismo holandés) y el catolicismo (Francia) se trataba de luchas netamente políticas por el equilibrio de poder europeo.

La invasión francesa de Holanda (1672) lleva al poder a Guillermo de Orange y con él al calvinismo. Guillermo sería desde entonces el protagonista de la guerra contra la monarquía francesa. En 1673 impulsa una vasta coalición contra el emperador, el rey de España, el elector de Brandenburgo y los príncipes alemanes; guerra que terminaría en 1678 con la Paz de de Nimega, momento culminante de la dominación francesa y que significó la humillación y perjuicio para España, que perdió el Franco Condado y muchas plazas de Flandes.

La orientación y el impuso de Guillermo a la política europea persistirían y llevarían a la situación que culminaría con la guerra de Sucesión española.

Luis XIV había adoptado una actitud de portaestandarte del catolicismo, Guillermo, ferviente calvinista, daría a su lucha antifrancesa, en especial en cuestiones religiosas en Inglaterra, el carácter de guerra religiosa protestante, pero lo que subyacía era un contexto europeo en que se luchaba por el PODER continental y planetario pues TODAS las guerras europeas tenían una vertiente de disputa de la hegemonía del comercio marítimo en todas las latitudes y continentes.

La monarquía francesa, tras haberse aliado internacionalmente durante 150 años con los protestantes se presentaba como adalid del catolicismo en Europeo pero internamente acentuaba su independencia ante el Pontificado y la supremacía del poder político ante la Iglesia francesa.
En Inglaterra los Estuardo eran destronados por la revolución (1688) los católicos quedaban excluidos, definitivamente, del trono inglés.

La revolución inglesa se unió a la coalición antifrancesa de Aubsburgo formada en 1686 Guillermo de Orange que tras larga guerra firmaría la Paz de Ryswick con la victoria francesa. Luis XIV se conformó con Estrasburgo (preveía la muerte del rey español que no tenía descendencia y abría la cuestión sucesoria).

Al año siguietne de la Paz de Ryswick Francia pactaba, secretamente, con Inglaterra y Holanda el reparto de los dominios españoles (24 septiembre 1698) con ello
- el Delfín obtendría: Nápoles, Sicilia y Guipuzcoa.
- el archiduque austríaco: Milán, y
- el príncipe elector de Baviera heredaría España, Flandes y las Indias Occidentales.


Contra estos proyectos de división de los dominios españoles que Francia e Inglaterra (Guillermo III) querían imponer a España, Carlos II designó sucesor al príncipe José Fernando de Baviera (noviembre 1698) pero el príncipe bávaro murió a las pocas semanas (febrero 1699).

Entonces se firmaría, en Londres y La Haya (marzo 1700), un segundo tratado de reparto:
- el archiduque Carlos de Austria obtendría España, las Indias y los Países Bajos.
- el Delfín: Nápoles y Sicilia.
- el duque de Lorena: ducado de Milán.


Tras interminables luchas entre sí, las potencias europeas se reconciliaban y ponían de acuerdo con el reparto de España, lo que decidió a Carlos II a designar como sucesor a Felipe de Anjou (testamento de 1 de octubre de 1700 donde le llamó la herencia de toda nuestra monarquía ninguna parte exceptuada).

Los intentos de reparto muestran que era la razón de Estado, muy alejadas de las motivaciones religiosas anteriores, así las potencias marítimas protestantes reconocieron, inicialmente, el testamento de Carlos II y Luis XIV aceptó la sucesión española para su nieto el duque de Anjou

Dada la compleja evolución de los hechos es difícil saber hasta qué punto la innegable preocupación de unidad católica española que movió a Carlos II a redactar su testamento, puede explicar la aceptación de la sucesión "francesa" por todos los reinos de la antigua confederación catalano-aragonesa.

El sentimiento de los catalanes tras el escarmiento de 1640 era el de unánime antipatía y profunda hostilidad ante los franceses. Como se refleja en las Narraciones, tardaría años en evolucionar Cataluña hacia una actitud que llevaría desde la inicial aceptación del nuevo rey y la nueva dinastía, hasta el resurgir de una nueva lealtad monárquica austriacista.

En mayo de 1701 se iniciaría la guerra, por la pretensión austríaca y con el emperador Leopoldo aún si aliados, pero la situación cambió en poco tiempo por el interés de la oligarquía protestante whig en asegurar la exclusión de los Estados católicos del trono inglés.
Tras la protesta de Leopoldo (29 diciembre 1700) contra la aceptación de Luis XIV de la sucesión a la Corona española de su nieto Anjou, Holanda e Inglaterra reconocerían como rey de España a Felipe V. Y la declaración de guerra de Holanda e Inglaterra contra Francia y España no tendría lugar hasta mayo 1702 por el motivo de que al morir (16 septiembre 1701) el rey inglés destronado: Jacobo II, Luis XIV reconoció al hijo de éste con el nombre de Jacobo III como sucesor al reino de Inglaterra.

La gran alianza de 7 septiembre 1701 entre Inglaterra, Holanda, Austria y el Imperio y los príncipes alemanes convertiría la guerra en una larga lucha europea de la que dimanaría un sistema de equilibrio de poder que determinaría la política durante todo el XVIII.
Francia no contaba más que con España para defender la sucesión borbónica en la Península pues el ducado de Saboya y Portugal pronto cambiaron al bando rival.

En estas época aún no había una organización militar jerarquizada y profesional de los ejércitos (obra de reyes prusianos y la estatalización y nacionalización de la milicia tras la Revolución Francesa), así el estado monárquico absoluto tenía soldados mercenarios y los dirigentes eran nobles que habían trocado su fidelidad feudal antigua en una actitud de servicio a la realeza.

Mientras en el XVII se vió a un príncipe de sangre como el Gran Conde combatir al lado de España contra Francia, ahora, en la guerra de Secesión española, hay nobles emparentados entre sí dirigiendo ejércitos enfrentados por la hegemonía.

El príncipe de los ejércitos imperiales era Eugenio de Saboya (hijo de la sobrina de Mazarino), mientras uno de los generales de Luis XIV que combatió en España, el duque de Vendóme era hija de la sobrina mayor de Mazarino. Dos primos hermanos eran los grandes generales en los respectivos ejércitos francés e imperial.

En aquella guerra en busca de la hegemonía continental y planetaria las alternativas militares, especialmente en Francia por el cansancio y empobrecimiento de sus pueblos, llevarían a situaciones como la de 1709 (ultimátum aliado al extenuado Luis XIV (de 28 de mayo) en la que los aliados exigían al propio Luis XIV la tarea de expulsar del trono español a su nieto Felipe V a lo que se negó y reanudó la contienda).

Si bien la proposición aliada no fue aceptada la causa borbónica acabó triunfando en España por la lealtad castellana hacia Felipe V y el propósito de éste de mantenerse unido como rey al pueblo español así como algunas victorias militares borbónicas (como la batalla de Almansa, 25 abril 1707) que haría entrar el ejército borbónico en Valencia y Zaragoza. Consecuencia de esa victoria serían los decretos de Nueva Planta (22 junio 1707) que suprimirían la constitución histórica de los reinos de Aragón y Valencia.

Pero la realidad era que la guerra de Secesión "española" se movía pese a algunas motivaciones o pretextos "religiosos" en el ánimo de sus protagonistas principales:
- la Inglaterra orangista y w2hig,
- la Francia borbónica,
- el Austria de los Habsburgos y
- la Holanda protestante, aliada de Inglaterra.
En este escenario la causa catalana sería postergada y traicionada por quienes se habían comprometido en su defensa, como Inglaterra, y la misma Austria, que tras el tratado de paz con Francia, (Rastadt en 1714) terminaría por aceptar, en el Tratado de Viena (23 abril 1725) a Felipe V como rey de España.

Una concatenación de muertes selló el destino de la sucesión española.
- La del príncipe bávaro(6 febrero 1699) (heredero por testamento de Carlos II) obligaría a El Hechizado a firmar a regañadientes en favor de Felipe de Anjou al ser la única defensa de España contra el reparto de la Corona católica.

- la del emperador José I (17 abril 1711) (sucesor de Leopoldo) iniciador de la guerra a favor de la pretensión austríaca a la sucesión española en favor del archiduque Carlos (su hijo segundo) que llevaría a éste al trono de Viena como emperador Carlos VI. Lo que cambiaría, para siempre, la situación europea pues Inglaterra que luchaba desde 1707 contra la presencia de una misma dinastía en París y Madrid, no iban a defender la presencia de los Habsburgos en Madrid y Viena.

- La reina Ana Estuardo, hija de Jacobo II (destonado por haberse convertido al catolicismo) sentía inclinación por su familia y deseaba la sucesión en favor de su hermano (posible Jacobo III) de abrazar éste la fe de la iglesia de Inglaterra por lo que se inclinó por la paz con Francia lo que implicó el ABANDONO del compromiso con la Cataluña austriacista.

- la reina Ana murió en 1714, meses después de que Reino Unido reconociese en Utrech (abril 1713) a Felipe V como rey de España pero lo bastante tarde para que la noticia de su muerte no pudiese llegar a los barceloneses, que iban a sucumbir pocas semanas después, el 11 de septiembre de 1714, ante los ejércitos franco castellanos dirigidos por el duque de Berwick (sobrino de John Churchill, hijo bastardo del rey Jacobo II que sirvió al rey de Francia.
John Churchill y su sobrino duque de Berwich mantuvieron una respetuosa y cordial correspondencia familiar durante la guerra pese a militar en bandos rivales y sin menoscabo de los intereses de ninguna de ambas partes).

Nada cambiaría ya para Cataluña.

El tory Bolingbroke afirmo durante la negociación del tratado con Francia: "no es del interés de Inglaterra la preservarción de las libertades catalanas" (Cf. Sir Charles petrie: The Marshall Duke of Berwick, Londres, 1953, pag. 249).

Respecto a Austria y la casa de Habsburgo, los tratados de 1714 les aseguraban la obtención de lo que perseguían en sus guerras desde 1701: el Milenesado, Nápoles, Cerdeña y Flandes.

La tragedia del pueblo catalán, lo que después llamarían algunos "el fin de la nación catalana" no conmovió, ni comprometió ni preocupó a nadie en Europa, aunque fue universal la admiración sentida por el heroísmo de Barcelona, derrotada el 11 de septiembre de 1714.

Para comprender y valorar la ulterior resistencia catalana contra los Borbones hay que remontarse a la batalla de Almansa en la que luchaban dos ejércitos:
- el defensor de la causa borbónica compuesto de soldados franceses, castellanos e irlandeses jacobitas (defensores de Estuardos católicos antiorangistas) al mando de un inglés de nacimiento al servicio de Francia el duque de Berwick.

- el ejército derrotado, aliados, que combatían contra los Borbones e integrado por portugueses, ingleses y holandeses, al mando de un hugonote (calvinista) francés al servicio de Inglaterra que le daría el título de Lord Galway.

En realidad fuer el duque de Berwick el auténtico artífice de que reinara Felipe V en España.

El Archiduque había entrado en Madrid en 1710 pero sólo durante breve tiempo, al mes siguiente tenía que retirarse hacia Cataluña pues las victorias castellano-francesas de Brihuega y Villaviciosa (diciembre 1710) y la conquista de Gerona por los franceses (1711) fueron el preludio de una nueva situación en la que la causa austríaca decaía en España y Cataluña se acercaba a su heróica tragedia.

La muerte de José I (17 abril 1711) llevó al trono de Viena y del Imperio al que los españoles consideraban el rey de España (Carlos III) que salió de Barcelona el 8 de septiembre de 1711 dejando el gobierno en manos de su esposa Emperatriz Elisabeth de Brunswick, con la que había casado como rey de España, en abril 1708, posterior a la derrota de Almansa. El 19 de marzo la emperatriz partía hacia Viena dejando el mando al mariscal austríaco Starhemberg.

El cambio político en el Reino Unido, orientado a posibilitar la herencia estuardista de la Corona ante la proximidad de la muerte de la reina Ana Estuardo, y la llegada al trono imperial vienés del que había sido para los catalanes el rey de España, eran, el fin de todo.

En 1712 se habían iniciado las conversaciones de paz entre Holanda y Gran Bretaña de un lado y Francia y España del otro. Nadie defendió las libertades catalanas.

Los tories ingleses no se sintieron comprometidos por sus pactos en Génova con los catalanes (20 julio 1705) los dirigentes whigs. Para obtener el apoyo de los vigatans contra la causa borbónica, habían prometido que, en cualquier caso, incluso en el supuesto de que Inglaterra reconociese a Felipe V como rey de España, sostendrían la causa de la constitución histórica de Cataluña de las "libertades catalanas".

En el tratado de Utrech (abril 1713) Inglaterra y Holanda reconocían a Felipe V como rey de España, mientras España cedía Gibraltar y Menorca, infringiendo el compromiso moral del testamento de Carlos II que supeditaba la herencia de Felipe V al mantenimiento estricto de su integridad.
Pero en aquella guerra de poder continental Francia también tenía que ceder a Inglaterra territorios en América: Accadia y Terranova. Y Francia reconocía a la reina Ana y se comprometía a retirar su apoyo al pretendiente Jacobo Estuardo que fue expulsado de Francia.

Poco después del tratado de Utrecht, seguía "de derecho" la guerra entre el Imperio y Francia, el 22 de junio de 1713 los austríacos pactaron con el ejército borbónico la evacuación de Cataluña, que quedaba disponible para entregarse a la soberanía de Felipe V y pocos días después el representante en Barcelona de la familia real de los Habsburgos abandona también Barcelona.

Entonces, al día siguiente de la partida del mariscal Stahemberg es cuando la Genaralitat de Cataluña tomó el acuerdo de proseguir la guerra y ratificó su fidelidad a Carlos III como rey de España.
La Generalitat nombró a Antonio de Villarroel, que no era catalán, pero sí ferviente partidario de la causa austríaca, como general en jefe de los ejércitos del Principado, pero ya el 25 de julio de 1713 el ejército franco-castellano sitió Barcelona. Luego el 7 de marzo de 1714, y pese a que Austria no reconocía aún a Felipe V como rey de España, firmaría la paz con Francia, mientras el ejército francés continuaba luchando en defensa del trono de Felipe V contra Ctaluña y Mallorca.

A estas alturas ya no había ninguna posibilidad de apoyo europeo para la causa catalana que había sido abandonada en Utrecht explícitamente por los ingleses, y dejada indefensa por Austria al firmar la paz con Francia sin exigir ninguna salvaguardia para los territorios aún leales al pretendiente austríaco.

La sigularidad militar y sociológica de la resistencia barcelonesa quedó reflejada en multitud de testimonios contemporáneos, ejercida por simples "ciudadanos" (no militares que habrían sido nobles o mercenarios no comprometidos con un deber de lealtad a la Corona y sin ambición de glorias militares).

En la desesperada lucha queda reflejado el sentido ESPAÑOL de los ideales de los barceloneses asediados como muestra la exhortación dirigida a todo el pueblo barcelonés la víspera de la capitulación una última proclama (en catalán y traducida): "haciendo el último esfuerzo, y dando testimonio a los que habrán de venir, de que se han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida patria, y del exterminio de todos los honores y privilegios, quedando esclavos con todos los demás españoles engañados, y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía, con todo, que como verdaderos hijos de la patria y amantes de la libertad acudirán todos a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la llibertad de toda España"
La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”.

Volver a “Nacionalismos y reivindicaciones históricas”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 3 invitados