confianza a cuenta gotas

JesRICART
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confianza a cuenta gotas

Mensajepor JesRICART » 04 Oct 2018, 20:29

Confianza a cuenta-gotas. JesRICART
Re-examinado (por enésima vez) el tema de la confianza en el escenario público-político no añade conceptualmente nada nuevo a como es tratada la confianza en el ámbito comercial. La concomitancia entre el banquero y el político a la hora de basar su predicamento en la confianza es absoluta. Tanto el uno como el otro apelan a ser acreedores de la confianza popular, concretada en su condición de votantes, para que vengan a su negocio y para que no vayan al de la competencia. ciertamente los sectores poblacionales a los que se dirigen el uno y el otro son parcialmente diferentes coinciden en una franja adulta considerable. De hecho el propagandismo (de lo político) no deja de ser una variante del publicismo (de lo comercial de no importa que producto, financiero o matérico). La paradoja de los tiempos postmodernos, a mucha distancia ya de la revolución industrial, y de los esfuerzos deontológicos de una primera etapa de los industriales en "hacer las cosas bien", es que sea cual sea la calidad de los productos se siguen vendiendo en masa. Las gentes han sido educadas para renovar su juguetería cada año lo mismo que los niños crédulos de magias saben que al siguiente año verán renovada su caja de objetos con los que entretenerse. Se dirá que la política es algo más serio y que los que se dedican a ella con aspiraciones de ser sus profesionales (y expertos) se juegan mucho mas. Sí, se juegan uno de los valores humanos fundamentales: el honor. Pues bien, la historia de la política (desde la antigüedad ha sido jalonada por individuos no virtuosos, deshonestos y traidores que nunca dejaron de hacer escuela. A juzgar por los miles que hay en países como el más burlesco de la UE, las medidas correctoras no han reducido su volumen. Tanto el político como el financiero piden la confianza ajena, aquel para reunir por la vía del maxivoto, el máximo poder con que acceder a la caja de los dineros para llevar su programa a cabo; éste para que se le elija como custodio seguro de los dineros. Las enseñanzas de las crisis es que no se puede confiar ni en unos ni en otros, no porque nos caigan antipáticos o sean per se malas personas, sino porque está implícito en sus oficios una cierta degradación. Como que se trata de confianzas delegadas que no se revisan en el dia a dia, a diferencia de la confianza personal directa con un/a conviviente o un/a socio/a de empresa o de proyecto, hay algo del psiquismo personal que nos acaba por traicionar a la larga: la necesidad imperiosa de confiar en alguien. Nos pasamos la vida confiando en los demás, buena parte de los cuales no conocemos, y así nos va. Confiamos en el chofer de bus y en un estupendo pulman hasta el minuto antes que el tipo se duerma o que le fallen los frenos y mate la mitad del pasaje, entre el a tu pequeño que viaja contigo en el asiento de al lado. Confiamos en los supermarkets hasta que averiguamos que más del 50% de productos comprados contienen elementos nocivos para la salud. Confiamos en las buenas infraestructuras de la red viaria hasta que la maldita curva de la muerte que así llaman los lugareños un coche en dirección contraria se estampana contra el tuyo. Confiamos en el líder de turno que promete lo que necesitas y se expresa como tú lo harías hasta el momento en que demuestra que lo mas que hizo fue pegarse un farol. Confiamos en la llamada democracia hasta que al ponerla a prueba con la libertad de discusión critica te persiguen, te excluyen o te encierran. Confiamos en los demás y en el otro en general, que para eso somos humanistas, hasta que un tipo que ha asesinado a sangre fria a otra persona y que encima ha sido exculpada se atreve a decirte en la cara que tiene la conciencia tranquila (como el poli exculpado judicialmente del asesinato de un negro que ha sido el origen de las movilizaciones radicales en Fergusson extendidas a mas de otras cien ciudades estadounidenses).
La confianza nunca es absoluta, no puede serlo. Es un valor demasiado valioso como para malbaratarlo dándosela a todo el mundo por igual. Se confía en quienes tienen edad, conciencia, responsabilidad y ética para hacerlo. Deja de confiarse en quienes te traicionaron y ni siquiera reconocieron haberlo hecho. La confianza como el amor tiene su gradiente y se dosifica a mayores o menores cantidades según sea el otro. La vida es dura. Pretender que se puede amar a todo el mundo por igual, tanto a quien engendras en tu vientre como a otros bebés del otro lado del planeta es mera hipocresía. Ni el mundo está para ese paradigma de la igualdad amorosa, ni lo está el psiquismo particular de cada individuo que tiene sus preferencias y hace sus discriminaciones. Lo mismo pasa con la confianza. Dentro del ideal, dentro de la utopía, está el que los utopistas se amen todos intensamente y puedan confiar todos, pero eso queda lejos. Lo seguiremos /lo seguirán hablando dentro de algunos milenios. Por el momento, confiar es algo tan teorético como necesario psíquicamente. De no poder confiar en absolutamente en nadie no nos atreveríamos a salir a la calle tampoco a habitar dentro de un edificio por temor a que se hundiera. La nula confianza es una de las características obsesivas de algunas disfunciones mentales. La total confianza no es otra característica de otra clase de disfunción (esta vez interpretativa) contando en el otro mucho más de lo que va a hacer. En el lenguaje cinematográfico sale mucho la frase der “confío en ti” o su reverso “confía en mí”. La una es vinculante, la otra es suplicante. Si se necesita acudir tantas veces a ella es porque la confianza no es un hecho constante y aplicado a todo el mundo sino un bien que hay que ganar. Otorgarla es muy humanista, pero nadie la entrega totalmente sin garantías. La prevención pasa generalmente por la duda, la supervivencia por la desconfianza. Es algo que rige en todo el reino animal, el universo humano no es una excepción.
La confianza mutua tampoco significa en la práctica el mismo quantum de confianza tenida en el otro así como el otro la tenga en ti. Hay personas acreedoras de confianza y otras no tanto. Las menos son las que se le puede tener confianza absoluta. Pero si uno la va perdiendo en sí mismo por la pérdida de recursos fisiológicos e incluso de facultades computativas ¿por qué no iba a hacer otro tanto en relación a los demás? La confianza es uno de los bienes más preciados que hace de sustento para que se puedan construir otros muchos. Confiar a ciegas por validar la confianza como valor tomándolo por sistemáticamente posible puede dar lugar a no pocos engaños y desastres Avanzar en confianza es algo interactivo y corresponsivo. El problema es cuando hay circunstancias dolorosas por actitudes traidoras que echan abajo la confianza alcanzada y obliga a empezar de nuevo.

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