Eso llamado Felicidad

JesRICART
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Eso llamado Felicidad

Mensajepor JesRICART » 01 Oct 2018, 20:13

Eso llamado felicidad. Gerard d ALBA
¿tú sabes lo que es la felicidad? Yo no. A partir de este punto todo lo que pueda decir al respecto va a ser mero discurso. Si no lo sé es porque no debo ser muy feliz. ¿De ésta, de la felicidad, sólo puede hablar la gente feliz o es un tema de competencia general? Yo diría que es un tema que nos incumbe a todos: a los felices y a los infelices siendo que para los primeros necesitan ignorar la existencia de los segundos para poderse perpetuar como muy felices o así creérselo. Como se ve, esto es un temazo, uno de alta filosofía existencial. Así de entrada en las observaciones cotidianas no se distingue quien es más feliz y quien menos. Hay que acudir a otros indicadores para inferir el estado general de felicidad o infelicidad. Si hay protestas, bajos salarios, asaltos a supermercados, crímenes callejeros, tráfico de drogas, tráfico de armas, sexualidad de pago, continuos ingresos carcelarios, incremento de querellas en la sociedad querellante, mangantes, malversadores, corruptos, desprecios, insultos, agravios, etcétera etcétera es porque la felicidad no es un patrimonio tan general y común como cabría esperar. ¿cabria esperarla? Por encima de los PIB uy otras mandangas estadísticas el mayor producto por el que vale la pena esforzarse y tratare es el de la felicidad. Este no es un producto material, es un estado del ser, algo íntimo e interno. Quien es más feliz no le conviene irlo predicando para no despertar envidias si no odios. Quien no lo es tampoco le conviene declararlo, no sea que lo acusen de amargura (Si bien no existe como delito, tiempo al tiempo que existirá. Los torturadores de los campos de exterminio nazis exigían de sus torturados que les dieran las gracias y el cínico cartel de bienvenida de las cancelas de entrada decían que el trabajo los haría libres). La amargura no vende. Los empleados buscados en las páginas salmón de todos los tiempos tenían que dar la talla de tener don de gentes, es decir de tener palique y alegría. Un empleado de mostrador ha de poner buena cara y exhibir una sonrisa. Quien no es feliz no se come un rosco. Si no lo eres, tampoco es tan grave siempre y cuando domines las técnicas escénicas para aparentarlo.
Eso como criterio terapéutico queda la mar de bien, en la práctica quien tiene un agujero en el alma no podrá taparlo ni con el esparadrapo de todas las farmacias. Esa clase de boquetes no los tapa ni el albañil más experto.
La felicidad se puede definir de muchas maneras. Quien quiera una definición bonita que acuda a su diccionario de cabecera. Aquí la humildad inhibe de trasladar una. Lo práctico es saberla reconocer en la gente que lo es y retenerla en vida propia cuando se experimenta. Su equilibrio es precario ya que no se puede olvidar que vivimos inmersos en sociedad lo cual supone trasegar con un montón de variables que vienen del espacio exterior, no del cósmico, si no del que empieza de puertas afuera de tu territorio. Son tantas esas variables que sobrevivir sin altercados es propio de héroes y sabios.
Veamos si nos sirve lo siguiente: la felicidad es la resultante de una fórmula aritmética. Se puede preguntar por ella en abstracto, pero cuando el preguntado trata de contestarla lo hace en función de lo que computa cerebralmente en cuanto a las experiencias de vida tenidas en conjunto según haya sido la relación entre hechos positivos y hechos negativos vividos. Cuanto más pesen los segundos menos feliz se será por mucho que se expliquen. Lo políticamente correcto y lo protocolario es responder que sí lo eres. A ver, probando… “¿Eres feliz? Sí, ¡por supuesto! ¿acaso lo dudas?” Como la pregunta se las trae forma parte de este tipo de preguntas reservadas para ocasiones muy especiales, Es mejor no introducirla en según qué reuniones. Si quieres acabar con el buen rollo de un cóctel, un party o una reunión que trate sobre el sexo de los ángeles y de los dioses no tienes más que introducirla.
Se puede hablar de todo menos de eso. Implícitamente cada cual saca sus conclusiones. Se prefiere valorar otros parámetros como inteligencia, economía, recursividad, alegría, dinámica,…pero la felicidad queda para lo último. Además, es de mal gusto introducir temas en espacios no apropiados para hablarlos. La historia de la comunicación humana ha sido la de encapsular aquellos temas no digeribles para la mayoría. A lo sumo se permite que filósofos y psicoanalistas se enreden examinando la cuestión.
Parece que se es tanto más feliz cuanto menos al corriente se esté de la tragedia, sea la propia o la ajena. Si uno se hace continuamente eco de lo malo de la vida y no de sus cosas buenas será tratado como le corresponde a todo aguafiestas. Si por el contrario solo ve cosas buenas y no acepta la existencia de victimidad ni en casa propia ni ajena, entonces será diagnosticado con el síndrome de Heidi. La síntesis es mantener una ratio apropiada. Trato de seguir este criterio: por cada cosa mala que me veo en la tesitura de comunicar, antes comunico otras tres cosas buenas (confieso que a veces he de exagerar para conseguir esa cantidad y recuperar los envoltorios de color rosa de mis caramelos de la infancia). Pero todo sea por la causa del buen rollo. Lo ideal sería tener una ratio mejor. Contar solo 1 tragedia por cada 9 referencias estupendas. O mejor aún: 99 por cada 1. La utopía eso que no existe en parte alguna pero que se sigue fantaseando seria el lugar donde todo lo que se hiciera y de lo que se informara seria un cien por ciento de bondad, amabilidad, corrección, respecto, amor y equidad. Estamos lejos de ello. Si alguien lo viviera alguna vez en un futuro lejano que nos haga toc.toc en nuestros féretros y nos informe.
Si la felicidad es algo que se consigue reduciendo las variables del horror, crea una paradoja: se es tanto más feliz cuanto más inconsciente, desinformado e ignorante se sea. Eso no cuadra. Ya que gracias al reino de la ignorancia una multitud de explotados y esclavos le permiten sus atropellos y manipulaciones a sus amos.
Para ser feliz –dirá alguna de las recetas- hay que empezar cada dia en clave cómica. La terapia para las personas sumamente negativas pasa por reírse de todo y de sí mismas. Si no me cuentas cada vez que te visite un chiste y no dejas de hablar de tragedias no te visitaré –me he oído decir alguna vez- Eso crea otra paradoja: poner las relaciones humanas en función de un espectáculo de diversión.
En fin, ya sé que no he aclarado nada. Sed felices.

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