La longevidad. La Aritmética de la finitud.

JesRICART
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La longevidad. La Aritmética de la finitud.

Mensajepor JesRICART » 09 Jun 2010, 14:54

La longevidad. La aritmética de la finitud. Vivir mucho ¿para qué? JesRICART
García-Sabell1 distingue entre el viejo y el selecto. La perspectiva del paso del tiempo es una constante continua mientras va pasando este mismo tiempo. Siempre hay algo o alguien que necesita meter las cosas y de paso meternos a la gente dentro del calendario. Poéticamente no hay tiempo que nos mida, en la práctica no hay día que pase sin referirlo. Para hablar de recuerdos lo utilizamos para ubicarnos en el tiempo; para hacer referencias historiográficas, otro tanto; para quedar con alguien acudimos a él en clave futurible, para organizar una cita inmediata tambien mirando el reloj. La vida son años, días, horas y más calculadamente una cantidad de minutos y segundos en los que se reparten los latidos del corazón. Una vez convertí en en segundos de vida una existencia media de años. No parecían tantos. He olvidado la cifra. Uno vive y de tanto en tanto hace paradas meditacionales sobre el significado de vivir, no son tantas, cuanto mas se piensa sobre el tiempo y lo que significa vivir la vida como un proceso vital que se puede medir(cronicografiar) lo que cuenta en el balance no es la cantidad sino los hechos, la cifra está muy por debajo de los hechos, y el hacer por su contaduría.
La antigua costumbre de las celebraciones del aniversario de nacimiento suelen desear que se cumplan muchos más. Esta frase que al principio de esas celebraciones maximiza un afecto de amistad se convierte en una frase maligna: no por favor no me desees que cumpla muchos años, sino los justos y necesarios bien vividos. ¿Pero qué significa eso? Vivir una cantidad de tiempo suficiente es algo muy relativo. Cada individuo es el único que puede saber lo que le suficienta. Por lo que parece, en cualquier edad, la que sea, el moribundo preferiría no morir. En el lecho de muerte, ante el inminente desenlace del apagarse, en un momento de total lucidez mental y hasta de energía física pero con un cuerpo condenado por una patología, el desahuciado pide ser rescatado para continuar viviendo, aferrado a la idea de que le queda mucho por hacer y por vivir.
Se sabe o al menos se prevé que la longevidad existencial es algo que irá en aumento. Por la misma lógica que se aspira vivir ahora hasta colmar los cien años en un futuro no lejano se aspirará a vivir hasta los 200. Un sujeto bicentenario en buen estado reuniría en su memoria individual tal cantidad de historia memorizada que eso debería ir a favor de esa misma historia impidiendo la comisión de unos mismos errores clásicos. O esa es al menos una presunción atractiva. Tiene sus objeciones. Si en una misma época en la que coexisten varias generaciones, las unas hacen caso omiso a las otras coincidiendo cada día en unos mismos espacios, ¿qué decir de un futuro, ahora hipotético, en que la ancianidad se lleve la mayor parte de una biografía?
La longevidad (como esperanza calculable de años de vida) tiene dos versiones conceptuales: una mecánica, la del sumatorio de años para seguir reproduciendo las rutinas; y otra, creativo-artística, en la que se cuenta con un tiempo restante para terminar el proyecto de vida, seguir con un plan o alcanzar unas metas. No parece que una longevidad, ésta última a la que se quiere dotar de sentido, sea mas longeva que la otra, la que se deja llevar por el acontecimiento diario de la supervivencia sin otro sentido que el goce sensorial y de las relaciones con el medio. Comparando el vivir por el vivir (expresión un tanto lesiva) y el vivir para algo (expresión un tanto tramposa) no es tan evidente que la una pueda ser calificada de mera supervivencia y la otra de auténtica vida. Son posicionamientos subjetivos distintos ante el tiempo, ante su curso. Ambos estilos comparten el desiderátum común de vivir vidas como meditaciones mas o menos largas sobre la muerte. Una vida creativa pretende dejar algo, un testimonio, una producción de objetos y conceptos para usufructo de la posteridad, la otra limitada a ser reproductiva y que no pretende dejar nada, a su pesar tambien deja un testimonio y una producción de objetos aunque sean estandarizados, proporcionados por el hacer a la que se haya dedicado. Todo sujeto tiene una historia fabulosa, a veces heroica y única, otro asunto es que la comunique o que haya alguien que la transcriba. Hay más héroes anónimos que otros nominales y reconocidos, con sus nombres y laureles en relieve en los panteones.
La aritmética de la vida lleva a sumar años y va morfologizando una cifra con significantes distintas. A partir de cumplir los 30 y convertirse en un cuatrogenario (palabra no usada porque seria tomada como lesiva) el más inconsciente sabe que la vida va en serio, los años pasan, que cada año nuevo se tiene la sensación de que corre mas rápido que el anterior y que antes que se de cuenta será un sexagenerario (palabra que ya sí se usa por constituirse en significante antes de la entrada en la vejez). En ese periodo de 30 años uno habrá estado haciendo su cabalística sobre el significado de tener o estar en la media edad y entre que números exactamente se puede establecer el punto medio de una vida. ¿tal vez los 40, los 45, los 50? sea cual sea el año de vida que se elija o se presuponga como el punto medio entre una mitad y la otra, la segunda mitad de una vida, con el mismo numero de años y minutos, es de un peso completamente diferente a la primera mitad. Si la vida termina entre los 80 y los 90, los 45 son o serían su punto medio. Hasta esta edad se han planteado muchos objetivos de orden material y curricular, concretados en la descendencia, la profesión y el patrimonio, también con las historias sentimentales, las aventuras viajeras, las militancias por la utopía. A partir de ella, todo tiene aspecto de repetición, de inercia, de hacer...una continuidad sin perspectivas. Se puede decir que la primera mitad de la vida (en los términos numéricos referidos) sirve para encontrar el discurso con que vivir en paz uno consigo mismo y con sus semejantes la segunda mitad. Se deja de intervenir en el mundo descalabrándose contra las paredes o con prédicas en los desiertos, se deja de contar con los grandes teoremas para vivir mas el día a día de los placeres. Se deja de idealizar el futuro para dejarlo como asunto de los demás que vienen a ser las generaciones biológicas e ideológicas de relevo. Depende de cada talante, según su dosis de optimismo, pero vivir para repetir siempre lo mismo es un factor que se objetiviza y que no tiene nada que ver con la depresión. A la cultura de la sociedad hiperconsumista no le interesa interpretar la vida como transición hacia una finitud sino que crea la entelequia de suponerla eterna. A todoas las edades se puede hacer todo y con esa idea se consigue desplazar enormes masas de seniles a ver mundo o a hacer las cosas que no hicieron en sus juventudes. ¿Qué es eso una rehabilitación de la ancianidad o su conversión en huestes de fuentes de pagos que generen beneficios para los negocios de otros?
La verdadera vida es algo que puede autentificar cada sujeto. Por mucho que demore su cita con la terminalidad esta llegará una día y otra, suponer una resignación mayor en una cifra que es el doble de edad que otra no es científico. El apego al vivir puede ser tan intenso a los 100 como a los 50 como a los 25 como a los 12, pero en cada una de esas edades los hándicaps para el vivir son distintos. Cuando la calidad de vida decrece y los achaques o los males del cuerpo se acumulan hay mas razones para dejar el mundo de los vivos que persistir en él para batir un récord de longevidad o quedar en el aparcadero del stand by a la espera de la pócima que acabe con ellos.
En la mejor de las situaciones, una vida sin que falte de nada en cuanto a materialidad de hábitat, con un cuerpo excelente sin problemas la con ciencia choca contra sus propios limites y la biografía se ubica en una existencialidad objetiva recargada de problemas. En los paseos antropológicos por cementerios las dos cifras que aparecen entre el nacer y el morir de los restos de sus residentes arrojan el dato de la media estadística de vida, la década en la que mas se muere y la década en la que no se debía haber muerto nunca por accidente, enfermedad o por muerte bélica.
Me temo que hay edades en las que el viviente se aferra más a la vida que otras y a partir de una cierta cifra en la que la estadística de sanidad de un país ha calculo que es el limite promedio lo que uno vive esta de mas, es una prórroga que no ha solicitado y que no tiene porque desear. Incluso en esas situaciones en las que se está viviendo mucho el arraigo al vivir es intenso y la perspectiva del perecer no está exenta de temor.
De la muerte como tema de reflexión y de opinión se van haciendo intrusiones a lo largo de toda la vida. Antes de cumplir los 20 cifras como 70 u 80 parecen muy lejanas, tras cumplir los 40, ,mucho mas los 50 se sabe que son cifras cercanas, y se sabe algo mas que la resta de 20 o 30 anos antes de cumplirlas no van a modificar sustancialmente lo que uno ya haya hecho o contribuido como viviente. Al principio del vivir da la sensación que hay tiempo para hacerlo todo, tras unas décadas vividas se sabe que por muchas que se hagan siempre quedaran ideas e ítemes en el tintero por desarrollar. En su interacción con el medio, el sujeto subjetiviza mas o menos su malestar relacional, teniendo en cuenta su fuerza/debilidad, según el panorama general de los acontecimientos. Las sobredosis de optimismos ante una realidad que va a peor no neutralizan su desenlace de fatalidad. El problema ya no es solo por las hostilidades territorialistas sino también por los conflictos derivados por el control de la biosfera. Daniel Pauly, biólogo experto en mares y pesca,sabe, entre otros, que el futuro de nuestra civilización quedará decidido en los próximos 10 años, en mi opinión ya esta decidida, es decir hipotecada en la transición intermilenarista no dispuesta a hacerlo mejor.
La vida por vivir como un ideal necesita de mucho tiempo, tanto que cuando se puede disponer de las condiciones para vivir de acuerdo a los conceptos, el cuerpo ya no está para trotes. Esa vida como ideal es algo parecido a lo que Graham Greene dice que le sucede a los novelistas , eso de que que llevan en su cabeza los cuadernos de notas sobre argumentos o de una historia que nunca llegan a escribir. Ha y esa colisión eternamente renovada entre deseo y realidad personales. El uno estaría haciendo de coartada para soportar lo otro. En la práctica la vida como su especulación pasan por registros supervivenciales nunca del todo decididos. Antonio Tabucchi dice que vida y escritura son dos incógnitas especulares.
Sea el año que sea el que se ponga antes de cerrar un paréntesis y sea la que sea la resultante de la resta entre la cifra del año anterior y este, a cada viviente le ha sido dado un conjunto de experiencias. Si ha alcanzado la madurez para concienciarlas es ya mucho. La cultura que hiperdimensiona la materialidad de la vida, incluyendo la maximización de su temporalidad va en contra del concepto de vida como transición y no perpetuidad. Otra cultura diferente en que la vida humana fuera tomada como un tiempo prefijado, un híbrido entre una agenda y un pacto de longevidad preestablecido, tal vez haría de la muerte una cita tecnica con la desintegración separada de su exagerada sacralización.

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Mensajepor JesRICART » 02 Jul 2010, 20:14

La longevidad ha sido atestiguada en latitudes muy diferentes en las que se ha referido un considerable numero de centenarios. La hipotesis mas fiable del común denominador a los casos es la frugalidad. La comida que es tomada como placer y comer como acto de gula se aleja de la nocion de la ingesta como alimento. El hipercponsumismo ha llevado a cargar el cuerpo con digestiones que le quitan mas energia de la que le da. Comer menos (y mas inteligentemente) se traduce en vivir mas, ecuación ésta que no hace sino adaptar al campo de la nutrición un principio mayor: vivir más con menos.

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Fernando
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Re: La longevidad. La Aritmética de la finitud.

Mensajepor Fernando » 20 Nov 2012, 10:32

Hay bastante parte de razón en tu tesis, pero dejas de contemplar beneficios importantes que aporta el aumento de la esperanza de vida, no sólo en beneficio propio sino también en beneficio de los parientes y amigos.

En general, salvo excepciones, vivir muchos años contribuye a aumentar el bienestar de las personas que les quieren. Pocas cosas causan tanto dolor como la pérdida prematura de un ser querido. Ya sé que va en aumento el número de personas a quienes les estorban "los viejos", pero quiero creer que siguen siendo minoría y, es de esperar que esta tendencia remita. En cualquier caso, esto es lo malo y no el aumento de la longevidad.

Cuanto más lejos esté la esperanza de vida de la jubilación, menor temor y más ilusión tendremos ante la proximidad de la misma. Lo malo es que la casta dirigente parece querer privarnos hasta de eso, sin que todavía haya llegado el momento justo y necesario de hacerlo.

*
"La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican" (Nicolás Gómez Dávila).

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Re: La longevidad. La Aritmética de la finitud.

Mensajepor JesRICART » 10 Ene 2013, 22:26

Las predicciones biológicas de vidas humanas muy longevas (150 o más años de vida sana) ya fueron propuestas por la filosofía naturista. El cuerpo humano en unas condiciones de vida dignas, fuera del estrés y del miedo social (provocado por las incertidumbres determinadas por las amenazas del más fuerte) podria vivir el doble por término medio de lo qie alcanza ahora, pero ésta no es la verdadera cuestión, sino ¿para que tanta longevidad cuando las experiencias y propósitos biográficos se han colmado? ¿por qué vivir más tiempo del necesario, del que necesita el propio sujeto? Seconfunden dos clases de necesidades: las del sistema y las del individuoi, cuando son diamentralmente diferentes. Hasta no hace muchos, los jubilados sobrevivian un año de media a sus jubilaciones, no podian resistir la exclusión y de su parte al estado le rebentaba tener que pagar pensiones a un sector improductivo. Las cosas cambiaron cuando el volumen de la tercera edad fue en aumento y se mostró como un sector de alto potencial de consumo.La vida es algo que cada cual vive más o menos tiempo segun le vaya en ella y si tiene voluntad continuista o no, aparte de las patologías fisicas incapacitantes o terminales. ¿Vivir para complacer a los descendientes? ¿a los amigos? No, seria engañarles haciendoles creer sentimientos diferentes. Y engañarlos dobelemente acerca de la misma finitud existencial que es algo connatural a todo lo conocido. Dejar de vivir es formar parte de los procesos fluyentes que pasan por las pérdidas y las renovaciones. Los nietos y bisnietos son educados por la noticia de los fallecimientos de sus abuelos o bisabuelos. Aprenden que ya no volveran a verlos en vida y tendran que nutrirse de los recuerdos que les dejaron. ¿no es esto algo que nos viene pasando a todos con todos en un constante fluir tanto de gentes como de greografias como de escenarios? Pasar, con o sin trascendencia, es un verbo no dramático, tiene un toque de encanto poético y es un sigmificado preferido para las conjugaciones antropológicas. Machado sigue teniendo razón:”... lo nuestro es pasar”.


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