Amor e independencia afectiva

JesRICART
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Amor e independencia afectiva

Mensajepor JesRICART » 21 Mar 2009, 10:46

La tragedia humana tiene más mar de fondo por comportamientos derivados de relaciones amorosas que por falta de alguna clase de amor. Es muy impresionante ver como hay tanto sufrimiento en torno a la sentimentalidad amorosa. Es sorprendente que haya tanta o más demanda psicológica por la emancipación afectiva que por gozar de la atención afectuosa. Casi se puede inferir que el amor es un parámetro de doble dirección: de un lado es el criterio reina por el que volcar energía y dedicación; de otro, cuando se tiene se le quiere controlar para que no genere ansiedad y problemas de ubicación mental. ¿La pregunta es: se puede amar y mantener una autonomía sentimental? Es una pregunta a trasladar y a comentar no a zanjar con una respuesta docta.
De entrada combinar los dos registros es lo adecuado, en la práctica no todo el mundo lo consigue. Amar confiere unos derechos no escritos sobre el objeto amado. El vocabulario de la posesión es contiguo a la declaración amorosa. Te quiero luego entonces me perteneces. La inferencia es totalmente ilógica pero a decir verdad no hace más que aplicar a la persona el tipo de relación que se tiene con una cosa. Quiero esto luego entonces lo consigo y lo convierto en objeto de mi propiedad. Equiparar una persona a “eso” es una interpretación exagerada. Una persona es, de acuerdo a los amparos constitucionales, libre pero según las flechas de Cupido es también, en su condición de enamorada, alguien vulnerable que puede ser atravesado. La iconografía del flechazo dulce es divertida pero un corazón atravesado no puede funcionar, se queda con el movimiento bloqueado. Al amar nadie quiere la parálisis del otro amado pero al mismo tiempo tampoco quiere que su libertad le lleve a explorar zonas corporales ajenas y a repartir su discurso del afecto a otras individuos que le resulten atrayentes.
. ¿Cuál es entonces el signo indicativo de un amor con libertad? El que un partner no controle a otro y deja no solo que participe de actividades distintas sino también que su intimidad la extienda hasta donde desee. Vale, fin de la presentación desde el deseo de la utopía ahora pregúntate sinceramente en tu sesión de meditación privada (no hace falta que lo publiques) hasta qué punto estás dispuesto/a que tu compañero/a de intimidad, de compromiso convivencial, de futuro apuntado o proyectado en común, lleve su pasión a los brazos y genitales de otra persona. Apuesto a que no tienes una pronto-respuesta para esto y de tenerla puedes sospechar que te has pillado los dedos.
La respuesta se elabora a partir de distintas factores de consideración. 1. la inmersión en valores que proclaman y protegen la libertad y el crecimiento personal, 2. La constitución del otro especial en una razón fundamental para vivir por no decir en la misma razón existencial. Mientras que lo primero promueve la variabilidad que da entrada a multitud de experiencias nuevas, lo segundo tiende a hacerlas pasar por el tándem o el dueto, la representación orgánica del compromiso con quien se quiere.
Es un reto para la teoría intentar entender como dos de los valores humanos cruciales: el amor y la libertad no se traduce en conductas de complementariedad sino de fricción. El denominado amor libre quiso ser una alternativa al amor condicionado, al de contrato, al hipotecado, pero esa forma de denominarlo ya presuponía que el amor en sí mismo no lo era. La postura amorosa transtemporal posiblemente antes de que los códigos lo privatizaran generaba conflictos de posesión lo mismo que cualquier otro objeto querido era tomado de propiedad exclusiva y excluyente de otros que lo desearan. La equivalencia entre te amo y te quiero, otras veces cuestionada, ya demuestra verbalmente que lo uno encierra lo otro. Te amo, luego entonces te quiero para mí, te quiero conmigo, te quiero entero/a, te quiero en mi espacio, en mi vida. Esa conjugación verbal en todas sus formas elogia a la persona querida que se siente totalmente aceptada e incluida en la vida del amador y de paso, inadvertidamente acepta que da derecho a la injerencia en su libertad. Otra manera de expresar el amor desde el no querer no es lo habitual. ¿Cómo explicar que amas a alguien pero que no lo quieres cerca de ti, que lo amas hasta cierto nivel pero no a partir de él? Y si embargo la vida de relación pone al descubierto divergencias y des identificaciones. Puedes estar enamorado de una persona y después de un tiempo advertir que es la inercia amorosa la que sostiene el cuadro de la relación con el que o te identificas totalmente. De hecho cuanto más se conocen dos amantes más al corriente están de sus diferencias. Eso tampoco es lo grave. Puedo diferenciarme mucho de ti y seguirte queriendo por encima de las zonas de desencuentro que tengamos. Muchas rupturas sobrevienen prematuramente por no concederse un tiempo para la recapitulación y la resintonización. Las separaciones con las primeras desavenencias colocan en la categoría de antagonismos irreconciliables lo que son enfrentamientos reconciliables, pero pasar por la separación forma parte de la escuela de aprendizaje de la vida.
Para los adictos a su ex que son incapaces de despegarse después de pasar por graves calamidades, traiciones y peleas la estrategia terapéutica es la de dotar de recursos analíticos para poder gestar una nueva sentimentalidad, independizarse pues de la anterior. El mundo, matemáticamente, tiene muchas probabilidades de entrar en colisión consigo mismo por seguir tratando reptilinianamente, como siempre se hizo, los temas sentimentales desde la posesión y el control del otro. La alterativa es la de no controlar y a partir de aquí permitir que el otro haga lo que desee a cambio de que te lo permita. Esto es más fácil de decir que hacer, falta una educación relacional en ese sentido. La pulsión del deseo se transloca para pasar a imponer un autoritarismo ante la persona querida. Se convierte el amor en una especie de derecho a controlar. Hay quien todavía sigue viviendo con una ecuación obsoleta: si amas luego entonces no puede permitir que el amado haga según qué cosas, entre otras, expresar su mirada del deseo hacia otras personas. Si no eres celoso en ese punto es que no la amas. Con esa clase de simplismos no se puede ir muy lejos. El problema del celoso es que cree que todo el mundo es de su condición y el hecho de que no haya conseguido una soberanía sentimental e subida piensa que a los demás les tiene que pasar exactamente lo mismo.
El amor mueve energías y procesos psíquicos que pueden llevar a situaciones distintas. Nadie duda que detrás de los crímenes domésticos haya una tergiversación perversa del sentido amoroso. Los padres que desheredan a unos hijos y privilegian a otros también lo hacen movidos por el amor. Los coleccionistas de hijos también lo hacen por amor. Pero las consecuencias amorosas no van a favor del amor legítimos, de un amor universal como principio (¿qué es eso?).
El parámetro de vivir la tesitura de amar y ser amado/a no prohíbe la inteligencia de averiguar a las consecuencias o amorosas a las que lleva. Cada vez que alguien te dice que te ama hay que advertirle que no te puede amar en todo ya que eres un archivo de imperfecciones y cada vez que lo dices o puedes vincular tu aceptación incondicional a tal declaración. Ese criterio te salvará a ti y a la otra persona en el futuro de presuponer que tu libertad ha queda encarcelada dentro de la tesis de la amorosidad. Si las cosas se ponen feas, la elección entre el amor-acuartelado y la libertad de seguir siendo tu debe estar clara.

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ventolera
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Re: Amor e independencia afectiva

Mensajepor ventolera » 08 Jul 2014, 19:32

Compartir tu vida es elegir.
Cuando se toma una decisión importante en el amor es a costa de renunciar a otras alternativas, pero eso no es perder libertad, sino utilizarla para iniciar una nueva vida con la persona elegida. En la pareja lo importante es lo que das y recibes, y si uno de los dos piensa en lo que pierde quizá está confundiendo amor con otro sentimiento.



Una relación sana te ayuda a ser libre. El principal objetivo de cualquier pareja debería ser ayudarse el uno al otro en la lucha por alcanzar sus metas. El error más frecuente es pensar que por amor el uno y el otro deben renunciar a ellas. Se trata de ver la convivencia en positivo, de convencerte de que juntos se puede lograr lo que no podríais conseguir solos y de que en eso consiste la verdadera libertad, en esforzaros por alcanzar lo que merece la pena para ti y los dos.



Conoce tus miedos
El amor no exige perder la libertad ni permite robarla, pero obliga a renunciar al egoísmo. Si no ves bien la diferencia entre ambas cosas, trata de descubrirla analizando tus temores:



Miedo al compromiso. Exige mucho más que la fidelidad, exige entrega, lealtad y esfuerzo para construir algo entre los dos. Las personas que huyen del compromiso nunca encuentran la pareja perfecta; detrás de la libertad que defienden no hay más que inseguridad e inmadurez.



Miedo a ser traicionada. En estos casos, el amor se entiende como una posesión y entra en juego el orgullo. El miedo a perder a tu pareja te convierte en exigente, injusta y egoísta. Así, tanto tu libertad como la suya se quedan atrapadas por los celos, en lugar de afianzar el amor.



Miedo a dejar de ser tú misma. Si piensas que ser dos te impide ser tú misma, estás equivocada; precisamente eso es lo que le aporta cada uno a la pareja, lo mejor de sí mismo para enriquecerla y enriquecerse con el otro.
<<Debemos ser mas padres de nuestro destino que hijo de nuestro pasado.>>

JesRICART
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Re: Amor e independencia afectiva

Mensajepor JesRICART » 26 Dic 2014, 20:00

Cuando el texto se llena de estándares es que la grafia deja de ser propia para ser una extensión de los mensajes sumamente reproducidos. Si bien hay un genero muy proclive al eslogan que tiene su mérito y que sirve para hacer cirular indeas base, no sirve de mucho para la co-reflexion en pareja o en grupo. En la practica todos los consejos y estilos consejeros de l oque hacer y no hacer fracasan, entre otras razones porque cada ser humano necesita construir su propia cocteleria de sabores y declinar las recetas de los demás.


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