LEGALIZACION MUNDIAL DE LAS DROGAS

Política Internacional (exterior a la U.E.)
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edgarjaramillo
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LEGALIZACION MUNDIAL DE LAS DROGAS

Mensajepor edgarjaramillo » 09 Jul 2006, 17:45

La lucha por evitar daños humanos ante un consumo dentro de un ambiente criminalizado y prohibido debe pasar a ser un hecho admitido científicamente y humanitariamente tratado

La estrategia que proponemos dentro de la legalización es la siguiente: LOS GOBIERNOS PROHIBICIONISTAS deben alcanzar la inteligencia necesaria para analizar que las políticas represivas fracasaron , así no se controla ni el consumo , y si se corrompen todos ellos , esa es una realidad en todos los gobiernos donde rige la prohibición- solo basta investigar un poco para que en todos aparezcan tales signos entre la mafia y el gobierno. Por lo tanto la guerra antinarcoticos no ha sido en absoluto positiva para la civilización humana , todo lo contrario la DIFERENCIA entre MEXICO Y HOLANDA es una prueba tangible entre una política represiva y una política protocolizante y libertaria , ESO ESTA MUY . PERO MUY CLARO .
Exigimos la terminación inmediata de este corrupto , macabro, fanático y delirante imaginario represivo


las policía y los gobiernos deben terminar ese juego ridículo jalonado por un imperio-el norteamericano – quienes ante la opinión mundial están marcados como hacedores de guerras -ES SU NEGOCIO –
POR ELLO pensamos que estos señores- policías y organizaciones -pasen de ser un grupo represivo a ser un grupo observador del fenómeno humano sobre el consumo , SOLO ESO , de tal manera que los consumidores y la policía no sean grupos antagónicos ni enemigos , creando una situación totalmente diferente para nuestros miembros de la policía quienes no serán vistos ni educados para la represión, sino educados para la persuadir y conducir colectivos a modelos evolutivos mas sanos y altos Y DARLE OTRO STATUS AL CONSUMO . EL DE LA INVESTIGACION METACOSMICA Y SOCIAL ASERTIVA


Muchas organizaciones sociales podrían estar interactuando de esa manera para producir un cambio social en torno al fenómeno droga y en torno al mismo concepto lúdica que dentro del prohibicionismo y clandestinidad , ha tenido indudablemente una evolución negativa y toxica sicológica, modismo criminalizados , histerismo y muchas otras manifestaciones que se dan al interior de la psiquis , debido a como se ha tratado el fenómeno consumista.

El futuro de la humanidad no puede seguir una escalada de violencia ni de represión , el futuro de la policía y de los gobiernos debe ser la energía del amor , por la ciencia , por la humanización de las conductas humanas dentro de la racionalidad , no dentro de la barbarie .

Las metodologías represivas solo nos lleva a una involución social sin precedentes y a una perdida de la visión de la razón humana, cual es distinguir entre el bien y el mal a través de la educación ,y no a través del castigo carcelario que nos llevaría a perpetuar el sistema cuyo símbolo de la Bastilla o la cárcel francesa es símbolo de cómo un régimen trato a sus ciudadanos y como aun los trata

http://redescolar.ilce.edu.mx/redescola ... euro14.htm


Documento español ampliado
HACIA LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS
Las drogas han acompañado al ser humano desde la prehistoria. Utilizadas en todas las culturas, bien sea con fines medicinales, rituales o lúdicos, las sustancias psicoactivas han experimentado los mismos procesos de evolución cultural, intercambio, integración o exclusión que han afectado a otros fenómenos sociales. En la actualidad, el uso de drogas está extendido por todos los países se da en todas las clases y grupos sociales. Los primeros intentos de control sobre determinadas drogas son muy antiguos, tanto que algunos de ellos han acabado incorporados al inconsciente colectivo, en formas de tabúes y fobias. La mayoría de las veces han tenido un carácter religioso, como la persecución de la brujería, estando estrechamente vinculados con la influencia que el uso de drogas, en especial de tipo psiquedélico o alucinógeno, han tenido y tienen sobre los arquetipos culturales, el arte y las ideas religiosas y filosóficas. Como resultado de la expansión de la civilización occidental y la moral judeo-cristiana, la droga occidental por excelencia, el alcohol, fue introducida y promovida en los territorios conquistados, como una forma más de dominio cultural. Tras algunos episodios de prohibición, de origen claramente xenófobo, algunas nuevas sustancias, como tabaco, te o café, fueron integradas como drogas sociales en nuestra cultura y se sumaron al alcohol en un proceso de uniformzación que no se ha detenido hasta nuestros días. El siglo XX trajo consigo los primeros intentos de legislar a nivel miundial acerca del uso de determinadas drogas. La progresiva medicalización de la sociedad y los intereses de las grandes potencias, en especial unos puritanos Estados Unidos que acabaron prohibiendo incluso el alcohol (Ley Seca), condujeron a la firma del primer tratado internacional para el control del opio, la morfina y la cocaína, la Convención de La Haya, de 1912. Aunque todavía no se había creado el concepto de "problema de la droga" y no sería hasta 1973 cuando el presidente norteamericano Nixon acuñara la expresión "guerra contra las drogas", en estos primeros intentos de prohibición global ya se dan los elementos que van a caracterizar el fenómeno en décadas posteriores: predominio del criterio moral sobre el científico; imposición de las decisiones de las grandes potencias (que entonces gobernaban directamente, mediante sus imperios, la mayor parte del mundo); promoción de las drogas institucionales occidentales como únicas drogas sicales lícitas, independientemente del daño que causan a la salud; incremento de los daños causados por las drogas ahora prohibidas; aparición de un lobby prohibicionista, formado por quienes viven de la progresiva histeria anti-droga; enfoque policial y represivo, dejando de lado las cuestiones sanitarias; y aparición de mafias que obtienen cuantiosos beneficios. Sucesivos acuerdos internacionales desembocan, en 1961, en la aprobación de la Covención Única sobre Estupefacientes de la ONU. La convención impuso la eliminación total, excepto para uso médico o científico, del opio y la coca y la erradicación completa, salvo para uso industrial, del cáñamo. Para hacerse idea del poder que para entonces habían acumulado los Estados Unidos en materia de drogas, baste decir que todo un artículo de la convención -el 27- está dedicado a garantizar a Coca-Cola su suministro de hoja de coca. A partir de ese momento los estados van a adaptar las legislaciones de manera automática a los sucesivos tratados, de forma que los parlamentos pierden prácticamente la capacidad de legislar sobre drogas. La extensión del consumo de mescalina, LSD y otras drogas visionarias durante los años sesenta condujeron a un nuevo Convenio en 1971, que prohíbe todas las sustancias características de la contracultura y el hippismo, pero tenemos que tener en cuenta que esta contracultura tiene orígenes oscuros en los métodos que usan los imperios para acentuar algo a favor de sus intereses represivos lo que, debido al carácter no adictivo y escasamente tóxico de estos productos, obligó a crear un nuevo término, el de "psicótropo", un concepto vago, ni nunca definido explícitamente, que permite extender la prohibición a voluntad. Los años setenta supusieron la consagración del concepto de "problema de la droga" y un espectacular ascenso en el uso de la heroína, fenómeno que en el estado español coincidió con la transición política. Son los años de crecimiento de las mafias, de aumento en las muertes por sobredosis y, sobre todo, adulteración (maquinaciones del imperio prohibicionista) y de aparición de la llamada "inseguridad ciudadana". A nivel internacional, esto conduciría a una última convención, la de Viena, de 1988, que deja de lado las drogas para poner el acento en la preocupante dimensión que ha adquirido su comercio ilícito, olvidando que ese mercado ilegal y todos sus problemas los crearon las propias Naciones Unidas con sus acuerdos anteriores, que, lejos de modificarse, se ratifican y refuerzan. La política actual tiene como eje la distinción entre drogas legales e ilegales. Las sustancias pueden ser de venta libre -p. ej. el tabaco-, con receta -el valium-, de uso restringido -como la morfina- o totalmente ilegales -p. ej. el cannabis-. Esta clasificación se basa, supuestamente, en el peligro para la salud que representa cada sustancia. Sin embargo, los propios informes de la Comisión de Expertos de la Organización Mundial de la Salud y los estudios elaborados por las principales instituciones científicas no han dejado de cuestionar la validez de esa clasificación y subrayado su falta de rigor científico. Las recomendaciones de estos organismos para variar la orientación de las políticas de drogas han sido sistemáticamente ignoradas. Actualmente, la política de las Naciones Unidas, es decir, la que los estados deben aplicar, se basa en el objetivo de un mundo sin drogas, es decir, sin algunas drogas previamente prohibidas. Ello se traduce en guerra contra esas drogas, tolerancia cero, estrategia para eliminar todas las plantas psicoactivas y negación sistemática de la eficacia de estrategias de reducción de daños en países como los Países Bajos, Australia y Suiza. Las políticas se aplican en tres frentes simultáneos y complementarios de actuación: prevención, entendida como incitación a la abstinencia total en el uso de las sustancias controladas ("simplemente, di no"); tratamiento, es decir, asistencia médica, psicológica, etc., para lograr el objetivo de la abstinencia; y represión, normalmente por vía penal, de la mayoría relacionadas con la producción comercio y uso de drogas ilícitas. Estas polìticas represivas, además del recorte en el derecho a la gestión del propio cuerpo y la salud individual que representan, han demostrado ser un fracaso. Así no sólo ha aumentado la producción y el so de drogas ilícitas, sino que los problemas asociados a las mismas se han agravado: precios elevados y delincuencia asociada a ellos; adulteración que provoca problemas de salud y muerte de miles de usuarios; mafias gigantescas crecidas al calor de la prohibición violaciones de los derechos humanos; ataques al medio ambient por políticas agresivas de erradicación de cultivos; violación de la soberanía nacional de numerosos países; corrupción institucional; saturación y degradación del sistema judicial y penitenciario; etc. Todos estos problemas están directamente relacionados con la aplicación de políticas eminentemente represivas contra las drogas ilícitas. Recientemente, la Coalición Internacional de ONGs por una Política de Drogas Justa y Eficaz, formada por alrededor de cien grupos de 25 países, definía así la situación actual en una carta abierta a la Unión Europea: "La absurda política de drogas que estamos viviendo hoy conduce al establecimiento de una cultura global moralizadora, más dañina que los problemas que supuestamente controla. Esta tendencia está dominada por convenciones internacionales arcaicas, una agencia de Naciones Unidas manipulada por el lobby prohibicionista, y la hegemonía del gobierno de Estados Unidos, que pretende ser el único guardián moral y físico del mundo "libre" en este terreno". Este tipo de valoración está cada vez más extendido entre los sectores implicados en el fenómeno de las drogas y está conduciendo a un progresivo descrédito de la política de prohibición, incluso entre algunos sectores conservadores que, en un momento de retroceso de las políticas sociales, consideran que se destina demasiado esfuerzo y dinero a unas políticas que muestran una alarmante falta de eficacia. 1. La construcción del [problema de la droga]. Durante milenios, la relación de la humanidad con las drogas ha sido, en general, poco traumática. Las diferentes culturales, a partir de su experiencia de uso, han ido creando una serie de rituales y pautas de comportamiento que han hecho que el consumo de sustancias psicoactivas esté, en general, bien integrado. Hasta el siglo XIX, con escasas excepciones, el comercio de cualquier droga era libre. Las primeras regulaciones provienen de la presión del estamento médico y, sobre todo, farmacéutico, a fin de garantizar la exclusividad en el comercio de fármacos. Se trata, por tanto, de defender intereses económicos y no la salud pública, que la mentalidad de la época no considera amenazada por las drogas. Además, la tradición constitucionalista occidental no concibe la posibilidad de que los estados legislen sobre la dieta y los hábitos personales de sus ciudadanos, ni siquiera en cuestión de drogas.
El hecho de que sean los Estados Unidos los primeros en imponer prohibiciones en esta materia se debe al hecho de que en aquel país la frontera entre religión y estado es difusa. Lo sorprendente es que ese modelo se haya impuesto también en nuestro continente, ya que una legislación así habrá sido impensable en la Europa del siglo pasado.
Las cosas irían cambiando por varias razones. Por una parte, se extiende el uso de formas purificadas de droga, bien sean las bebidas alcohólicas de alta graduación -hasta entonces producto casi de lujo- o los principios activos puros que se van aislando, como morfina y cocaína. Esto genera nuevas formas de consumo, generalmente más adictivas, y surgen los primeros movimientos a favor de la temperancia, es decir, lo que hoy llamamos el uso responsable. Esta corriente tuvo eco en el movimiento obrero, dado que las pésimas condiciones de vida de la época favorecieron la extensión del alcoholismo. Por otra parte, la entrada de inmigrantes latinoamericanos y chinos en Estados Unidos produjo un aumento en el consumo de opio y marihuana en este país y las primeras reacciones de una alarmada y puritana clase media blanca que acabó dando lugar, entre finales del XIX y comienzos del XX, al prohibicionismo organizado. A partir de ese momento, la historia de las drogas consiste, sobre todo, en la exportación desde Norteamérica de la imagen de las mismas y la idea de que es necesario perseguirlas hasta acabar con ellas. Sin duda, en esta cuestión es donde los Estados Unidos han obtenido un triunfo más claro, a la hora de convertir la ideología de su élite en modelo para el resto del mundo, habiendo liderado desde entonces cualquier iniciativa en la materia. Los Estados Unidos son los que proponen -e imponen- la prohibición de nuevas sustancias; se encargan de formar a la mayoría de especialistas de los organismos internacionales y cuerpos policiales de otros países; intervienen directamente en países del Sur, sobre todo en Latinoamérica, mediante tropas y asesores (Plan Colombia, invasión de Panamá...); y se permiten aprobar o suspender la política anti-drogas de otros países mediante la llamada certificación, que impide recibir ayudas económicas estadounidenses mientras las cosas no se haga a su gusto. Algunas drogas ilegales, por sus efectos o forma de consumo, provocan rechazo en una sociedad poco habituada a ellas. Así sucede con las drogas de efecto alucinógeno con las que necesitan inhalarse por la nariz o autoinyectarse. Pero la razón fundamental para que las drogas ilegales sean rechazadas con tal intensidad estriba en el hecho de que los estados fueran trazando, paulatinamente, una línea muy poco clara de separación entre drogas buenas y malas dada su manipulación dentro de la clandestinidad, de tal manera que las “drogas” terminaron siendo enmarcadas y vistas como malas y con esta línea de análisis se trazo la legislación en contra. En una sociedad donde la legalidad es un valor fundamental, el simple hecho de que algo esté prohibido y se castigue su posesión -en algunos países incluso con la muerte- hace que la sustancia en cuestión se cargue de negatividad. sumemos una política de control, claro ejemplo de profecía autocumplida, que provoca los mismos desastres que asegura intenta evitar y unos medios de comunicación alineados sin fisuras con el discurso oficial (en muchos países, atribuir efectos positivos a una droga ilegal se castiga con la cárcel) y entenderemos porqué el discurso oficial (en muchos países, atribuir efectos positivos a una droga ilegal se castiga con la cárcel) y entenderemos porqué discurso apocalíptico sobre ciertas drogas ha calado de tal manera. La ilegalidad y la imagen negativa se alimentan recíprocamente. Como toda norma, la prohibición de drogas estigmatiza y persigue como desviadas a las personas que no la respetan, empujándolas a una clandestinidad de la que sólo emergen quienes necesitan ayuda para superar su situación. Los usuarios normales desaparecen de la vista y sólo son visibles los adictos más degradados -en especial los más pobres, por que al disponer de un espacio privado se ven obligados a consumir y hasta a vivir en la calle-, los muertos por adulteración o sobredosis y los arrepentidos, confirmando una imagen negativa que , en la mayoría de los casos, ha sido modelada antes de que hubiera una población significativa de usuarios. En la actualidad, la imagen social de "la droga" está compuesta, sobre todo, de falsos tópicos. Se habla de droga, en singular, para referirse a decenas de sustancias absolutamente diferentes entre sí; se tiende a olvidar que el tabaco, el alcohol, los psicofármacos, etc., también son drogas, muchas de ellas más peligrosas que las prohibidas; se equipara consumo con dependencia, incluso en sustancias que no son susceptibles de provocarla; en fin, se identifica a las drogas con muerte, enfermedad, sufrimiento, infierno y un largo etcétera. La imagen dominante de las personas consumidoras ha variado con los años, pasando de viciosos a delincuentes y luego a enfermos, pero siempre con la idea de que se trata de personas a las que, por su bien, hay que llevar al buen camino. A pesar de tratarse, en general, de personas adultas y capaces, no sólo no participan en modo alguno en la toma de decisiones que les afectan (algo nada raro en nuestro restrictivo modelo de democracia) sino que ni siquiera se toma en cuenta su opinión, a la que los numerosos estudios oficiales no suelen dedicar ni una línea. Ello es consecuencia de la identificación automática, absolutamente falsa, que se establece entre consumo, dependencia y pérdida de control de la identificación automática, absolutamente falsa, que establece entre consumo, dependencia y pérdida de control de la propia vida. Nuestra vida se organiza, en gran medida, en torno a hábitos y dependencias que vamos adquiriendo durante el transcurso de la misma. Tales hábitos, incluido el uso de drogas, no tiene porqué ser causa de problemas por sí solos y así suele suceder normalmente. La idea de que la dependencia de determinadas sustancias (es decir, las ilícitas), causa, por sí sola, dolor, infelicidad e incapacidad para valerse por sí mismo es falsa y tan sólo tiene sentido en el seno de unos estereotipos destinados a justificar al persecución. Las drogas ilícitas desempeñan en la sociedad de hoy una función de chivo expiatorio similar a la que en el pasado tuvieron las brujas. No es casual que en la actualidad las tres cuartas partes de las personas encarceladas lo estén por cuestiones relacionadas con esas drogas, una proporción que hasta el siglo XVIII correspondía a disidentes religiosos y en el XIX a disidentes políticos. Se trata, sencillamente, de que hoy en día el llamado problema de la droga es el famoso fantasma que recorre, no sólo Europa, sino todo el mundo. Un discurso sospechosamente orwelliano, bien orquestado, difundido masivamente y repetido hasta la saciedad, presenta a las drogas bajo un prisma sistemáticamente catastrofista, extendiendo la idea de que se trata de una especie de virus maligno que los narcotraficantes, una de las figuras más siniestras de hoy, difunden por doquier para lograr convertir a las personas en adictos y poder así aprovecharse de ellas. La interesada imagen de las drogas ilegales como causa de graves problemas sociales -cuya naturaleza real se intenta ocultar- y las políticas supuestamente preventivas basadas en la difusión de la idea de que son algo malo en sí mismo, son uno de los pilares sin los que la guerra contra las drogas sería inconcebible. 2. Tradicionalmente, la izquierda ha dejado de lado aquellos problemas que no estuvieran directamente relacionados con las relaciones de producción, como la cuestión nacional, el género o el medio ambiente. Por ello, los textos dedicados al fenómeno de las drogas son bastante escasos. Pese a ello, durante el siglo XIX, el alcohol -especialmente las bebidas de alta graduación- y su influencia en la clase obrera provocó un intenso debate en el seno del socialismo alemán, puritanismo de parte de la burguesía de la época, que usaban contra el alcohol el mismo tipo de argumentos que algunos mantienen hoy contra las drogas ilegales: el alcohol degrada y desmoviliza, haciendo que la clase obrera se evada y olvide sus problemas, en lugar de luchar para resolverlos. El otro sector, en el que destacan Engels y Kautsky, subrayaba el importante papel de las tabernas en la socialización de la clase trabajadora y en el intercambio de ideas y defendía el consumo moderado de vino y cerveza, si bien compartía el prejuicio de que el aguardiente desmoviliza al proletariado. El pensamiento de izquierda ha estado, en general, impregnado de una visión puritana de la vida, que considera el trabajo, la sobriedad y el sacrificio como valores fundamentales de la clase obrera. Todo lo que tenga que ver con el hedonismo, con el placer por el placer, se ve con lejanía cuando no con rechazo. Aquí resulta clave la influencia que moral judeo-cristiana tiende a rechazar como impura la ebriedad, en especial la no-alcohólica, habiendo perseguido - incluso con la hoguera- ciertos consumos e implantando un tabú, similar al del sexo, que hizo desaparecer a la mayoría de las drogas de los libros de historia. La primera denuncia desde la izquierda contra la prohibición que había comenzado a aplicarse en 1912 vino de las filas anarquistas, donde el italiano Malatesta, en 1922, con argumentos que mantienen toda su vigencia, sostenía que "la ley es inútil para erradicar un vicio" y que su inevitable fracaso sólo conduce a la imposición de nuevas leyes cada vez más duras. Por ello, defendió abiertamente el libre uso y comercio de la cocaína. Este debate pasa a un segundo plano durante décadas y sólo vuelve a aparecer cuando el uso de drogas ilegales adquiere carácter masivo y la alarma social crece, es decir, a finales de los setenta y en los setenta, coincidiendo con la conversión del fenómeno en problema. En esta nueva etapa es la postura prohibicionista la que domina, usando argumentos que se apartan poco del discurso oficial. En Estados Unidos, las ideas puritanas de Malcolm X, que propugna "liberarse" para siempre de la embriaguez, acaban desembocando en la antitesis de esta es decir en la introducción manipulada de las drogas en los barrios negros para acabar con las Panteras Negras. La idea del uso por parte del poder imperialista y utilizar la paranohia anticonsumo de las drogas, cosa que reforzaria el uso de los paratos del estado con mayor policializacion le permite la oligarquía en el poder estar preparada , para acabar con la movilización popular que se extiende a la izquierda europea, desde los autónomos a los PCs, y a los movimientos de liberación nacional. Las acciones de IRA y ETA contra traficantes serán la parte más sangrienta de una represión propugnada desde una izquierda impregnada de los “valores represivos dominantes” que posteriormente serán atizados en su contra como fasismo-marxita y por ende crear el miedo a las políticas sociales que representa la izquierda . El planteamiento, defendido con vehemencia en Euskal Herria por buena parte de la izquierda abertzale, de que las drogas son un arma del estado para desmovilizar y alienar, no sólo carece de pruebas que lo sostengan, sino que entra en contradicción con el hecho, constatado una y otra vez, de que los sectores con consumos más elevados de drogas ilícitas tienden a tener una ideología más izquierdista y se movilizan más por problemas sociales que el resto de la población. Esto es ilógico si tenemos en cuenta que el consumo de drogas implica violar, a la vez, los tabúes de la moral dominante y leyes represivas, una barrera que, lógicamente, resulta más fácil de franquear a quienes rechazan el orden vigente. Por otra parte, no se entiende que el estado persiga y castigue, incluso con la cárcel, una conducta que pretende, supuestamente, promover. El hecho de que haya numerosos policías corruptos vinculados con el tráfico de algunas drogas sólo viene a confirmar algo tan sabido como que los cuerpos policiales siempre han tendido a beneficiarse de los negocios que se dejan al margen de la ley, como sucede con la prostitución o el contrabando. Consideramos que el prohibicionismo es incompatible con las ideas, no sólo de izquierda, sino mínimamente progresistas. Defender, contra toda evidencia, la bondad de unas drogas frente a otras, imponiendo por la fuerza hábitos personales al resto de la población, es decir, actuando como vanguardia moral que decide por encima de la voluntad de las personas, convierte el discurso de la izquierda en un calco de la hipócrita moral dominante que lo aproxima a la parafernalia del discurso cristiano puritanista gringo mas derechista y el discurso manipulador del catolicismo colonialista en América latina que siempre ha estado ligado a los mas brutales métodos de represión militar en esas naciones . Por otra parte, considerar una droga buena o mala en función de su situación legal implica equiparar legalidad con legitimidad, algo bien alejado de las ideas que han caracterizado a la izquierda desde su origen. La distinción entre drogas legales e ilegales carece de base científica y se sostiene tan sólo por una conjunción de intereses, en gran parte situados cerca de la cúpulas individuales, con la agravante de que la política prohibicionista castiga con mayor intensidad a los países y sectores sociales más desfavorecidos. La tutela exterior sobre la salud es una práctica autoritaria que debe quedar fuera de las ideas de la izquierda. 3. Prohibir es un buen negocio. En junio de 1998, un grupo formado por más de seiscientas personalidades de todo el mundo, que incluía al ex.secretario general de la ONU, Pérez de Cuéllar, varios ex-presidentes y un buen puñado de premios Nobel, se dirigió a la Sesión Especial sobre Drogas de la ONU mediante un manifiesto titulado "Creemos que la guerra contra las drogas está causando más daño que las drogas misma", publicado en las páginas centrales del New York Times. Una creciente corriente de opinión, de la que el manifiesto anterior es una clara muestra, considera que las políticas actuales son ineficientes, inútiles, y un importante impedimento a la introducción de estrategias innovadoras para dirigirse al fenómeno de las drogas ilícitas, tanto de manera global como local, y afirma que el reforzamiento de la política actual generará un deterioro de la situación de las drogas, y una creciente falta de credibilidad de estas políticas en la opinión del público en general como, de hecho, ya ha comenzado a suceder. La guerra contra las drogas es, actualmente, uno de los mayores problemas que padece la humanidad, por mucho que nos hayamos acostumbrado a convivir con ella sin percibirla. Solemos asistir al goteo de noticias sobre las muertes y daños que causa sin darnos cuenta de que todas ellas tienen un origen común y sin percibir la enorme dimensión que adquiere el fenómeno cuando se ponen juntas todas sus consecuencias negativas. Aunque resulta difícil hacer un cálculo debido al empeño de la propaganda oficial en dispersar y camuflar los datos, las muertes que esta política de guerra ha provocado, directa o indirectamente, desde su comienzo, deben sumar ya varios millones. Aquí se incluyen desde los campesinos que sufren enormes operativos militares y policiales, además de fumigaciones masivas con pesticidas, hasta los pequeños traficantes (en Estados Unidos mueren más personas por las operaciones policiales anti-droga que por las propias drogas) y consumidores, entre una parte de los cuales la adulteración y la propagación de enfermedades debidas a las malas condiciones de consumo han provocado una auténtica masacre. Todo ello sin contar, naturalmente, lo que el lenguaje militar suele denominar daños colaterales. Para poder desarrollarse, esta guerra permanente emplea cientos de miles de personas y dilapida una cantidad incalculable de recursos. El sistema penitenciario se dedica en un 80% a la guerra contra las drogas ilícitas, igual que una gran parte del aparato judicial, policial y militar. Dependiendo de los países, la parafernalia incluye desde satélites espía hasta charlas en las escuelas para que los hijos e hijas de usuarios de drogas delaten a sus padres, en una estrategia de todo vale, desproporcionada, inhumana y costosísima. El Partido Popular, cuando estaba en la oposición, calculaba que la lucha contra las drogas se llevaba en el estado entre 600.000 millones y un billón de pesetas anuales, si bien este cálculo deja fuera numerosos gastos que se imputan en apartados variadísimos y que es casi imposible precisar. La desproporción entre los daños producidos por las drogas y los causados por las políticas de prohibición, sin embargo, no parece suficiente para que las instituciones cambien de rumbo. Cualquier cambio de signo aperturista debe superar el obstáculo de una opinión pública sometida durante años a un verdadero lavado de cerebro. Sin embargo, no es esta la verdadera razón que impide el cambio, sino, por un lado, la conjunción de numerosos intereses que han hecho de la lucha contra las drogas un fin en sí mismo y, por otro, la absoluta falta de transparencia y control democrático de las instituciones encargadas de marcar las directrices que los diferentes gobiernos están obligados a llevar a la práctica. El dinero procedente del comercio ilícito de drogas, que supone decenas de billones de pesetas, es lavado en los mismos grandes bancos que donan dinero a las fundaciones anti-drogas, mientras los servicios secretos y ejércitos de numerosos países financian sus operaciones ilegales con dinero procedente del narcotráfico, actividad que frecuentemente practican ellos mismos o encubren, mientras eliminan la competencia con la excusa de la lucha contra las drogas, como hiciera la CIA, con el mercado de la heroína y la cocaína en los años setenta y ochenta o como sigue haciendo la policía marroquí, que persigue a los pequeños traficantes que se tragan unos gramos de hachís mientras la familia real aparece implicada una y otra vez en el tráfico a gran escala. Por otra parte, es lógico que muchos estados del Sur toleren conscientemente el tráfico, dada la inyección de divisas que supone para sus economías, atenazadas por la deuda externa y el intercambio desigual. El general Schwarzkopf, comandante de las tropas aliadas en la Guerra del Golfo, declaró que "el narcotráfico es, tras la caída del comunismo, el principal enemigo para los intereses de los Estados Unidos". No se trata de que los Estados Unidos corran el riesgo de verse desestabilizados por el narcotráfico, cosa que sí sucede en algunos países, sino de alimentar la imagen de un enemigo externo peligroso e incorpóreo que, concluida la división en bloques, permite a los Estados Unidos ejercer un liderazgo indiscutible en una cuestión fundamental para el mantenimiento de un orden internacional acorde con sus intereses. A todo lo anterior hay que sumar la existencia de un influyente grupo de presión, formado por una increíblemente numerosa casta de funcionarios, fundamentalmente de organismos internacionales, y por una serie de poderosas ONGs, muchas de ellas vinculadas con grupos cristianos fundamentalistas, que mueven subvenciones multimillonarias a cuenta de la misma alarma social que promueven. Existe una tupida red de observatorios, institutos, fundaciones y empresas, con miles de personas en plantilla, que viven de la existencia de un problema fabricado y que, en la mayoría de los casos, tienen un interés objetivo y, con frecuencia disimulado, en mantener todo tal y como está. El fracaso de las políticas anti-drogas y la inconsistencia de su base científica son evidentes para cualquiera que dedique un mínimo esfuerzo a analizar la situación actual. Los responsables políticos de la guerra contra las drogas saben de sobras a estas alturas que son sus propias decisiones las que causan la mayoría de las muertes y del sufrimiento que ellos achacan a las drogas ilegales. Es urgente acabar con la prohibición y abandonar la absurda y contraproducente idea de un mundo sin drogas, pues cada día que pasa significa más víctimas. No se trata de una simple discusión acerca de leyes: nos encontramos ante una guerra y lo primero es pararla como sea, especialmente cuando sabemos que los muertos y los prisioneros los pone un solo bando. 4. Reivindicar el derecho a las drogas. La enorme dimensión de los daños que la ilegalidad de algunas drogas está provocando es suficiente para que la izquierda en general y la derecha en particular asuman la legalización inmediata de todas las drogas como un objetivo propio con todas las consecuencias y poniendo en ello el énfasis y la energía que requieren para erradicar las actuales políticas autoritarias y represivas cuyas consecuencias negativas se pueden equiparar a las de la precariedad laboral y paro económico ocasionado en 1929 , generado por la era prohibicionista o el armamentismo surgido bajo la sombra de esta legislación antidrogas. Dadas las circunstancias actuales, la legalización aparece casi como una utopía pero, paradójicamente, exige muy pocos cambios en el actual marco jurídico. Existen propuestas muy elaboradas que permitirían dar ese paso sin demasiadas complicaciones, como la del Grupo de Estudios de Política Criminal, que propone incluir las drogas prohibidas en la Ley del Medicamento, despenalizar su producción, comercio y consumo, y regular su venta como fármacos sin receta. Por otro lado, tenemos suficiente número de ejemplos prácticos como para saber que la tolerancia hacia el comercio de drogas ilegales no suele acarrear sino beneficios, además de no producir el boom en el consumo que la propaganda oficial vaticina. El consumo de cannabis en los Estados Unidos, donde la tenencia de unas plantas de marihuana puede suponer veinte o treinta años de cárcel, es el doble que en Holanda, donde la venta es libre, con la diferencia de que en Holanda han desparecido las mafias del cannabis, el producto no suele estar adulterado y la forma de usarlo es más saludable, reduciéndose el policonsumo y el paso a sustancias más adictivas. Pero más allá de las ventajas prácticas que acarrearía acabar con unas políticas dañinas, defender la legalización es una cuestión de principios. La persecución que se ejerce sobre el consumo de drogas ataca la libertad individual de millones de personas por la simple razón de haber decidido consumir unas drogas distintas a las de la mayoría. Las personas usuarias arrastran un estigma y una presión social que deteriora su calidad de vida y les afecta en todos los terrenos. En nuestro caso, el Estatuto de los Trabajadores considera causa de despido la dependencia de drogas, lo cual en el caso de ilegales, llega a incluir el simple consumo. Un acoso constante, con redadas en bares, controles de carretera, decenas de miles de multas y tratamientos de deshabituación impuesto por la fuerza, resultado de una legislación heredera de la Ley de Peligrosidad Social del franquismo, convierte a las personas usuarias en ciudadanos de segunda. El uso de cualquier droga, por las razones que cada cual elija, es un derecho individual inalienable. Ni el estado ni la medicina tienen autoridad alguna para controlar el cuerpo ni la vida de las personas, sea en el terreno de la sexualidad, en la eutanasia e incluso en el suicidio. Exigir el fin de la discriminación y persecución de las personas usuarias es, sencillamente, una consecuencia lógica de aplicar el derecho a la diferencia y el control de la propia vida. Durante mucho tiempo, homsexualidad y uso de drogas tuvieron la misma consideración moral y legal: se trataba de conductas desviadas que era necesario perseguir y corregir luego mediante la reeducación obligatoria. Ahora que a discriminación por motivo de la orientación sexual ha llegado a ser un delito, resulta incongruente que siga en vigor una legislación que sigue discriminando a más de dos millones de personas en el estado español por sus hábitos individuales de consumo. Este planteamiento libertario debe extenderse a todas las conductas relacionadas con las drogas, ya que el extendido planteamiento de defender la despenalización del consumo, mientras se mantiene la prohibición del comercio, no sólo no arregla los problemas más graves, sino que es tan incoherente como defender la libertad de prensa mientras se prohíben las librerías. El argumento del carácter mafioso de la mayoría de grupos dedicados al tráfico de drogas no tiene validez: las mafias de las drogas no son esencialmente distintas de cualquier otra empresa; la única diferencia es que la presión para que cumplan las leyes laborales y de comercio -bastante escasa de por sí en las empresas legales- es nula, lo que acaba perjudicando a sus trabajadores y clientes, mientras enriquece a quienes las controlan. La prohibición de las drogas es un fenómenos global de dimensiones descomunales, cuya pervivencia es inseparable de una concepción invasiva y autoritaria del estado y de una moral hipócrita y xenófoba. Acabar con ella va a ser una de las principales batallas políticas de este siglo, puesto que, pese a que la situación va a seguir degradándose, la presión para impedir el cambio va a ser brutal, dado que representa una de las bases del nuevo orden internacional que aún se está conformando. “el militarismo gringo” asumir el antiprohibicionismo como uno de los planteamientos troncales de un ideario, teniendo muy en cuenta, eso sí, que no se deben perder las escasas ventajas que la ilegalidad han reportado, en forma de recurso económicos extras, para países y colectivos empobrecidos, especialmente entre el campesinado de muchos países del Sur (los tercermundistas agredidos). Frente a planteamientos de cariz neoliberal, que propugnan como salida un mercado libre de drogas, defender una regulación que tome en cuenta el punto de vista de los países productores del Sur, favorezca la autogestión y siga las reglas del comercio justo. Debemos sacudirnos de encima la carga de una concepción puritana de las drogas que, no sólo es ajena a nuestra tradición ideológica y cultural, sino que contribuye, objetivamente a perpetuar una situación injusta. El concepto comenzó a desarrollarse a partir de las experiencias británica y holandesa, en los años ochenta, aunque su origen cabe situarlo en el 20º informe de la Comisión de Expertos de la OMS, de 1974. En él se afirmaba que "... el principal objetivo (...) debería ser prevenir o reducir la incidencia y severidad de los problemas asociados con el uso no médico de las drogas. Este es un objetivo mucho más amplio que la prevención o reducción de drogas per se". Por tanto, la reducción de daños parte del principio de aceptar que, nos guste o no, el uso de drogas va a seguir estando ahí y es mejor que se produzca en las mejores condiciones. Por supuesto, este planteamiento choca de frente con la idea de un mundo sin drogas y, por eso, los documentos de la Sesión Especial sobre Drogas de la ONU de 1998, los que arcan las directrices de actuación a nivel mundial para la década 1998-2008, no usan ni una sola vez la expresión "reducción de daños". Las actuaciones que se han desarrollado en este terreno, como el intercambio de jeringuillas y los programas de metadona, siendo un avance imprescindible, resultan claramente insuficientes, dado que sólo afectan a una pequeña minoría del conjunto de usuarios. Además, se trata de una estrategia escasamente consolidada, como lo demuestran las graves dificultades legales y el boicot por parte de diversas instituciones estatales e internacionales a que se enfrentan las nuevas actuaciones y o se plantean, como los programas de heroína o las salas de consumo higiénico, mal llamadas narcosalas. Consideramos que tales medidas, si bien son insuficientes por sí solas, deben implantarse con urgencia antes de que el daño sea mayor. Por tanto, más que la legalización, la batalla a corto plazo va a ser la profundización y diversificación de la política de reducción de daños, aún hoy gravemente amenazada, ya que de hecho ni siquiera se aplica en las drogas legales, como alcohol o tabaco, contra las que también se empieza aplicar la tolerancia cero. La gran mayoría de las personas que consumen drogas lo hacen porque perciben que, de una u otra manera, la sustancia mejora su calidad de vida y no tienen intención de abandonar el consumo. La dependencia física sólo afecta a una parte pequeña de quienes usan drogas ilegales, y ese uso no acarrea grandes problemas de salud a la mayoría de quienes lo practican. En realidad, los principales daños que sufren los consumidores de drogas ilícitas (estigma, adulteración, represión directa y desinformación) están directamente causados por la prohibición. Pre tanto, la aplicación hasta sus últimas consecuencias de la reducción de daños implica la legalización. De hecho, lo sensato es defender que la reducción de daños sea el principio rector de las políticas de drogas y deje de supeditar a las políticas represivas, dado que ahora se limita a reparar una pequeña parte de las consecuencias más graves de las mismas. En consecuencia, se deben impulsar todas aquellas medidas intermedias que el actual marco legal permite desarrollar, a fin de mejorar la calidad de vida de las personas usuarias y su entorno, pero sin renunciar a superar los límites de ese marco, exigiendo ante empresas e instituciones la derogación -cuando entre dentro de sus competencias- o no aplicación de las legislaciones discriminatorias (como los apartados correspondientes de la Ley de Seguridad Ciudadana y el Estatuto de los Trabajadores) o que dificulten la implantación de nuevas medidas. Se debe reclamar la creación de servicios públicos de análisis de sustancias y la despenalización inmediata de la autoproducción de cannabis (sustancia ilegal más consumida y que llega en pésimas condiciones al mercado), así como permitir su producción y venta, al menos en circuito cerrado, como forma de paliar el principal problema de salud asociado a las sustancias ilícitas, la adulteración. El otro reto es extender la reducción de daños a toda la cadena de la producción y comercio de drogas ilegales, como propusiera en su día la Coalición Internacional de ONGs por una Política de Drogas Justa y Eficaz, que en su manifiesto fundacional, que Zutik suscribió en su momento, plantea una serie de medidas paliativas básicas para reducir el impacto de la guerra contra las drogas: despenalización del consumo y la producción a pequeña escala, desmilitarización completa de las actividades anti-droga, fin de la política de erradicación de cultivos y sustitución por proyectos económicos viables y consensuados con las poblaciones afectadas, fin de las fumigaciones masivas, respeto a la libertad de expresión en materia de drogas, etc. En conclusión, las políticas de drogas deben servir para establecer y mantener las condiciones bajo las cuales la salud, el bienestar, el equilibrio y el enriquecimiento físico, mental y espiritual de individuos y de sociedades pueden prosperar. El objetivo que deben perseguir dichas políticas es el logro de una convivencia pacífica entre seres humanos y drogas, basada en una legislación que no imponga otros límites que los derivados del respeto a los derechos de tercera personas y que elimine cualquier discriminación. Como primer paso, estas políticas deben ser subordinadas a los principios integrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre Biodiversidad y otros acuerdos internacionales, en particular los principios que garantizan el respeto a los derechos sociales, económicos y políticos y a la diversidad cultural de todos los individuos, y a aquellos que toman en cuenta la sostenibilidad del planeta. No sabemos qué camino tomarán las políticas que regulan el fenómeno de las drogas en el futuro, pero es seguro que, sean cuales sean las medidas que se apliquen, las drogas seguirán estando ahí. Como cualquier actividad humana, el uso de drogas conlleva riesgos y beneficios: se trata de sustancias que, bien utilizadas, ayudan a las personas a vivir más sanas y felices, aunque algunas tienen una gran capacidad adictiva o efectos secundarios que pueden llegar a ser muy adversos, incluso mortales. Por lo tanto, la legalización de todas las drogas no va a servir -ni lo pretende- para que las misma dejen de provocar problemas, pero es seguro que mejorará el balance entre daño y beneficio y reducirá en gran medida la enorme cantidad de muertes, sufrimientos, y destrucción que ha provocado y provoca la prohibición, colocándonos por fin en el camino hacia una convivencia menos traumática y más enriquecedora con unas sustancias que han acompañado probablemente, acompañarán a la humanidad a lo largo de su andadura.

saludes
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Obispo Agustin Garcia

Mensajepor edgarjaramillo » 09 Jul 2006, 17:48

A la gran familia catolica española

Obispo Agustin Garcia
Gran familia de Valencia


La fuente que me inspira es la energía de amor que descubrió Jesús , mas veo en vosotros la masa católica un enorme desfase entre lo que aspiráis como nación de naciones –el amor- y lo que materializáis con las leyes en la que vuestros pueblos estáis sumergidos -la represión-
Si en verdad consideraras la verdad autentica, entonces no habría esta enorme contradicción, entre lo que habláis y lo que finalmente escribís en forma de leyes , que son, las que al final rigen los destinos de la comunidad , por cierto, inmensa comunidad de naciones católicas .

Obispo Agustín , le dirás a Dios que la lucha antinarcóticos es producto del amor?
Le dirás a dios que la misión de erradicar una planta –la coca- en las inmensas tierras andinas de América es una asunto de amor?
( mirad al génesis capitulo 1 versículo 11 y 12)

Los caminos del amor nos conducen a construir una sociedad bajo los parámetros de la educacion , no bajo los parámetros de la represión y policializacion y mucho menos la militarizacion brutalista , pero esto ultimo es lo que materializáis , con vuestra enseñanzas finales en muchísimas naciones , entonces , amigo García obispo de Valencia, Papa BENEDICTO XVI que te encuentras allá hoy , todo lo que representáis en Valencia y lo que el Papa vuestro en el mundo, es una vil mentira , habláis de amor y finalmente incitáis a practicar la ira y la guerra , acaso no es la consigna en todas las naciones católicas implementar la guerra al narcotráfico, no es esta una muestra clara que vuestras políticas morales que les hacéis creer a los pueblos que te siguen , en que lenguaje tendréis que hablar para no producir semejante error de logística moral, habéis producido la mayor corrupción del mundo sobre algo que desde el comienzo debió ser tratado con y por educación , y no con y por violencia brutalista carcelaria represiva.

La consumo de drogas amigo García, amigo Benedicto XVI debe evitarse por educación , no por represión , ya que en este caso la ley prohibitiva , genera mas mal que bien , todos los realmente entendidos en materias sociales lo saben , porque la iglesia no?

cordialmente

Edgar Augusto Jaramillo Moreno

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PREMIO NOBEL OPINION

Mensajepor edgarjaramillo » 09 Jul 2006, 17:50

Entrevista con Milton Friedman acerca de la Guerra contra la Drogas
Por Randy Paige
Traducido por Mariano Bas Uribe
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Publicado originalmente en la Schaffer Library on Drug Policy.
Lo que sigue es un extracto de “Friedman y Szaz sobre la Libertad y las Drogas”. Pertenece a una entrevista de 1991 en el “Foro Americano sobre Drogas”, un programa de debate nacional sobre asuntos públicos que se emite en los canales públicos de televisión. Randy Paige es un periodista especializado en asunto de drogas de Baltimore, Maryland, ganador de un premio Emmy; el profesor Milton Friedman ha sido Profesor Investigador Senior en la Hoover Institution sobre Guerra, Revolución y Paz en Stanford desde 1977 y se le considera el líder de la escuela económica monetarista de Chicago. El profesor Friedman ganó el Premio Nobel de Economía en 1976 y ha recibido asimismo la Medalla Nacional de la Ciencia y la Medalla Presidencial de la Libertad del Gobierno de EE.UU. en 1988.
Paige: Ocupémonos en primer lugar del asunto de la legalización de las drogas. ¿En qué piensa que mejoraría América bajo ese sistema?
Friedman: Pienso que América tendría la mitad de prisiones, la mitad de reclusos, diez mil homicidios menos al año, barrios urbanos en los que habría una oportunidad para gente pobre que viviría sin temer por sus vidas, ciudadanos que podrían ser respetables que son ahora adictos no convirtiéndose en criminales para obtener su droga, pudiendo obtenerlas con garantías de calidad. Ya sabe, ahora ocurre lo mismo que bajo la prohibición del alcohol.
Bajo la prohibición del alcohol, las muertes por envenenamiento alcohólico, por cosas que se mezclaban con el alcohol de contrabando, aumentaron bruscamente. Igualmente, bajo la prohibición de las drogas han aumentado las muertes por sobredosis, por adulteración o por sustancias adulteradas.
Paige: ¿En su opinión, en qué afectaría negativamente la legalización a América?
Friedman: El principal efecto adverso que podría tener la legalización sería que muy posiblemente habría más gente tomando drogas. Aunque esto no está claro en modo alguno. Pues, si se legalizan, se destruiría el mercado negro y el precio bajaría drásticamente. Y, como economista, sé que precios más bajos tienden a generar mayor demanda. Sin embargo esto hay que tomarlo con grandes reservas.
El efecto de la criminalización, de hacer ilegales las drogas, es conducir a la gente de las drogas blandas a las duras.
Paige: ¿En qué sentido?
Friedman: La marihuana es una sustancia pesada y voluminosa y, por tanto, relativamente fácil de interceptar. Los agentes antidroga han tenido más éxito apresando marihuana que, por ejemplo, cocaína. Así, los precios de la marihuana han subido, es más difícil obtenerla. Ha habido un incentivo para cultivar marihuana más potente y la gente se ha dirigido de la marihuana a la heroína, la cocaína o el crack.
Paige: Entonces, hablemos acerca de otra droga: el crack.
Friedman: En mi opinión el crack jamás hubiera existido sin la prohibición de las drogas. ¿Por qué se creó el crack? La manera más normal de tomar cocaína, que entiendo que era esnifarla, aspirarla, se hizo muy caro y los empresarios intentaron desesperadamente encontrar una forma de envasarla…
Paige: ¿Empresarios?
Friedman: Por supuesto, son empresarios, emprendedores. La gente que lleva el tráfico de drogas no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros. En ese sentido, son más irresponsables. Pero tienen un negocio y tratan de obtener tanto como pueden. Y así descubrieron que una buena forma de hacer más dinero era diluir el crack en bicarbonato u otra cosa (quiero decir, cocaína y lo que hagan, no conozco el procedimiento), para poder obtener dosis de cinco y diez dólares.
Paige: Seguiremos hablando de eso en un momento. Pero, en relación con el crack, considerando que es muy adictivo y que…
Friedman: Eso es muy dudoso. Es adictivo, pero entiendo, a partir de la evidencia médica, que no lo es más que otras drogas. De hecho todo el mundo está de acuerdo en que la droga más adictiva es el tabaco.
Paige: Bien, entonces déjeme plantearlo de otra forma. Toda la información que he recibido sugiere que es una droga muy placentera.
Friedman: Desde luego. Sin duda.
Paige: Y también que sus efectos duran muy poco.
Friedman: Sí.
Paige: Y es muy cara porque múltiples dosis cuestan un montón de dinero. Mi pregunta es: ¿Si las drogas se legalizaran y el crack estuviera disponible a bajo precio, no podría ser devastador que fuera más sencillo de obtener y así mantenerse largos periodos de tiempo tomando algo que, según dicen, es tan placentero?
Friedman: Bueno, puede ser. Nadie puede decir con seguridad qué ocurriría en ese caso. Pero pienso que es muy dudoso, porque toda nuestra experiencia con drogas legales indica que hay una tendencia en la gente de ir de las más fuertes a las más flojas y no al contrario, igual que se pasa de la cerveza normal a la “light”. Esa es la tendencia que se aprecia: de cigarrillos sin filtro a cigarrillos bajos en alquitrán y con filtro y cosas así. Pero no puedo descartar que eso que usted dice pueda ocurrir, aunque, y esto es muy importante, aunque el daño que pueda producir sería mucho menor que el actual, por muchas razones. Lo que realmente más me preocupa acerca del crack no es lo que estamos hablando: son los “bebés del crack”, porque esa es una tragedia real. Son víctimas inocentes. No eligieron ser bebés del crack, igual que quienes nacieron con el síndrome alcohólico fetal.
Paige: Como usted sabe, ya estamos experimentando esa situación en proporciones propias de una epidemia. Uno de cada cuatro bebés ingresados en un hospital en Maryland, se lo aseguro, es adicto.
Friedman: Pero, le diré; no es que los bebés del crack sean necesariamente adictos, sino que tienden a nacer bajos de peso, tienen a tener problemas mentales y cosas así. Pero usted sabe que el número de afectados por el alcohol es mucho mayor. Aquí surge el problema. Eso es lo que me preocupa.
Ahora, supongamos que lo legalizamos. Bajo las circunstancias actuales, una madre adicta al crack tendría miedo de someterse a un tratamiento prenatal, porque se ha convertido en una delincuente, está amenazada con ir a la cárcel. Con las drogas legalizadas, ese temor desaparecería. Y, sabe usted, incluso las madres adictas al crack tienen un sentimiento de responsabilidad para con sus hijos.
No tengo ninguna duda de que bajo esas circunstancias, sería posible tener un sistema de protección prenatal mucho más efectivo, un sistema mucho más efectivo de intentar persuadir a la gente que consume drogas a no tener hijos o dejarlas si los tienen.
Paige: Ocupémonos ahora sobre cómo llegó al convencimiento de que las leyes sobre drogas podían no estar actuando tal y como esperaba la nación. Dígame qué es lo que le hizo cambiar de ideas o de forma de pensar.
Friedman: Bueno, yo no diría “cambiar”. Más bien diría “formar” mi pensamiento, porque no recuerdo que nunca estuviera a favor de la prohibición del alcohol o las drogas. Yo crecí… Soy suficientemente viejo para haber vivido parte de la era de la prohibición.
Paige: ¿Y la recuerda?
Friedman: Recuerdo una ocasión en que un compañero de graduación sueco en Columbia quiso llevarme al centro a un restaurante para tomar una comida sueca y me enseñó lo que era el licor aquavit. Era un restaurante en el que este compañero sueco había estado consiguiendo aquavit en plena prohibición, se lo estaban vendiendo. Y esto ocurría justo después de desaparecer la prohibición. Fuimos allí y les pidió aquavit. “¡Oh, no! Aún no tenemos nuestra licencia”. Al final, habló con ellos en sueco y les convenció de llevarnos a la trastienda donde nos dieron un vaso a cada uno. Eso demuestra lo absurdo que era.
La prohibición se suprimió en 1933, cuando yo tenía 21 años, así que yo era un adolescente durante la mayor parte de ella. El alcohol estaba fácilmente disponible. El contrabando era común. La idea de que la prohibición del alcohol impedía a la gente beber era absurda. Había tabernas clandestinas por todas partes. Aún más. Teníamos el espectáculo de Al Capone, los secuestros, las guerras de gángsteres…
Cualquiera con dos ojos podría ver que fue un mal negocio, que estaban haciendo más mal que bien. Además, me convertí en economista. Y como economista tenía que reconocer la importancia de los mercados y de la libre elección y la soberanía del consumidor y llegar a descubrir el mal que se produce cuando se interfiere en ellos. Las leyes contra las drogas se aprobaron en 1914, pero no se aplicaron muy estrictamente.
Paige: ¿Se refiere a la Harrison Act?
Friedman: La Harrison Act. No se aplicó muy estrictamente hasta después de la Segunda Guerra Mundial, para entonces yo ya había sido capaz de ver los efectos negativos de los controles de precios y de rentas y de otros intentos gubernamentales de interferir en cosas del mercado. Así que nunca llegué a estar a favor.
Paige: ¿Hubo algún acontecimiento concreto, algo de lo que usted fuera testigo que le impresionara o fue…?
Friedman: No, no hubo ningún acontecimiento. Fue un efecto acumulativo.
Paige: Por supuesto, usted sabe que hay quienes dicen que cuando desapareció la prohibición, el consumo se incrementó enormemente y que eso sería…
Friedman: Perdone, pero eso sencillamente no es verdad. Las cosas no fueron así. La verdad…
Paige: Se ha argumentado. Se ha argumentado eso.
Friedman: Existen cifras estadísticas incluidas en publicaciones acerca de la cantidad de alcohol consumida. Esas cifras suben abruptamente inmediatamente después la época de la prohibición, pero se refieren al consumo “ilegal” de alcohol. Si tomamos, como he hecho, las tablas de consumo de alcohol antes y después de la época de la prohibición, dicho consumo vuelve más o menos a donde estaba y durante el periodo posterior, si se ha movido ha sido disminuyendo, no en términos absolutos, sino en relación con la población y el crecimiento relativo de los ingresos.
Durante un tiempo, subió bastante lentamente, a la vez que los ingresos, con una excepción. Durante la Segunda Guerra Mundial, se disparó hacia arriba. Pero eso también ocurrió durante la Primera Guerra Mundial. Por supuesto, nunca hubiera prosperado la prohibición si no hubieran estado todos los hombres jóvenes en Francia cuando se votó, así que las mujeres tuvieron una influencia extraordinaria en la misma. Pero lo mismo ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Y después de la Segunda Guerra Mundial, volvió a bajar. Y más recientemente, el consumo de alcohol ha ido bajando desde una base per capita. Así que, sencillamente no es verdad que hubiera un tremendo incremento.
En lo que se refiere a las drogas, hace algunos años, Alaska legalizó la marihuana. El consumo de marihuana entre los estudiantes de bachillerato de Alaska bajó. Los holandeses, en Holanda, no penalizan las drogas blandas, como la marihuana y preferirían no proscribir las drogas duras, aunque se ven obligados por los compromisos internacionales que han contraído, y el consumo de marihuana entre los jóvenes ha bajado. Y también es interesante que la edad media de consumidores de drogas duras haya subido, lo que significa que no hay nuevos consumidores.
Así que la evidencia es muy variada. Pero tengo que admitir que una consecuencia negativa de la legalización de las drogas es que podría haber más adictos. Sin embargo, me gustaría ver esto desde otra perspectiva.
Un niño que recibe un disparo en un barrio por un tiroteo por una bala perdida es una víctima inocente, en todos los sentidos del término. La persona que decide por sí mismo tomar drogas no es una víctima inocente. Ha elegido ser una víctima. Y tengo que decir que me inspira muchísima menos simpatía. No creo que sea moral imponer esos enormes costes a otra gente para protegerla de sus propias decisiones.
Paige: Para que podamos entender el origen real de esas convicciones, qué le parece si hablamos un momento desde la perspectiva económica del libre mercado y cuál cree que sería el papel apropiado del gobierno en relación con los individuos.
Friedman: El papel apropiado del gobierno sería exactamente el que dijo John Stuart Mill en el siglo XIX en “Sobre la libertad”. El papel adecuado del gobierno sería evitar que otra gente dañe a una persona. El gobierno, dijo, no tiene nunca derecho a inmiscuirse en la vida de una persona por el propio bien de esa persona.
El caso de la prohibición de las drogas es exactamente el mismo que prohibir a la gente comer más de lo debido. Sabemos que el sobrepeso causa más muertes que las drogas. Si en principio está bien que el gobierno diga que no debemos consumir drogas porque nos pueden dañar, ¿por qué no sería correcto que nos diga que no debemos comer demasiado porque nos puede dañar? ¿Por qué no sería correcto que nos diga que no hagamos paracaidismo porque nos podemos matar? ¿Por qué no estaría bien decir “Oh, esquiar no está bien, es un deporte muy peligroso, te harás daño”? ¿Dónde ponemos el límite?
Paige: Bien, apostaría que el anterior responsable antidroga William Bennett y otros tipos en esa línea, probablemente sugerirían que la venta y distribución actual de drogas ilegales es, de hecho, una empresa que daña a otras personas y que el gobierno debe intervenir…
Friedman: [Simultáneamente] Daña a mucha más…
Paige: …para proteger a los más vulnerables.
Friedman: Daña a mucha más gente, pero principalmente por estar prohibida. Actualmente hay un número enorme de víctimas inocentes. Tenemos a la gente a la que le roban sus bolsos, a las que les golpea en la cabeza, gente que trata de conseguir suficiente dinero para su próxima dosis. Tenemos a la gente muerta en las diversas guerras de la droga. Tenemos la corrupción del entorno legal. Tenemos a las víctimas inocentes que son los contribuyentes que tienen que pagar por más y más prisiones y más y más reclusos, y más y más policía. Tenemos al resto de nosotros que no tenemos una aplicación decente de la ley porque todos sus agentes están ocupados tratando de hacer lo imposible.
Y, por fin, tenemos a la gente de Colombia, Perú y otros países. ¿Qué conseguimos destruyendo y enviando a la muerte a miles de personas en Colombia porque no podemos aplicar nuestras propias leyes? Si pudiéramos aplicar nuestras leyes contra la droga, no habría mercado para esas sustancias. Colombia no estaría como está.
Paige: ¿No es cierto que aquí toda la discusión, todo el problema de la droga es un problema económico para…?
Friedman: No, no es un problema económico en absoluto. Es un problema moral.
Paige: ¿En qué sentido?
Friedman: Soy economista, pero el problema económico es estrictamente secundario. Es un problema moral. Es un problema del daño que está infligiendo el gobierno.
He estimado estadísticamente que la prohibición de las drogas produce, de media, diez mil homicidios al año. Es un problema moral que el gobierno ocasione la muerte de diez mil personas. Es un problema moral que el gobierno criminalice a gente, que puede que esté haciendo cosas que usted y yo no aprobaríamos, pero que no hacen nada que dañe e otros. La mayor parte de los arrestos por droga son por posesión de consumidores esporádicos.
Aquí tenemos a alguien que quiere fumar un cigarrillo de marihuana. Si le pillan, va a la cárcel. ¿Es eso moral? ¿Es adecuado? Creo que es una auténtica desgracia que nuestro gobierno, que se supone que es nuestro, pueda estar en situación de convertir en criminales a gente que no daña a otros, de destruir sus vidas mandándolos a la cárcel. Para mí, se trata de eso. La parte económica sólo se necesita para explicar por qué tiene esos efectos. Pero las razones económicas no son las razones básicas.
Por supuesto, estamos despilfarrando dinero en ello. Diez, veinte, treinta mil millones de dólares al año, pero eso es lo de menos. Despilfarramos esas cantidades de muchas otras formas, como pagando cosechas que no se van a producir.
Paige: Hay muchos a los que les gustaría ver la economía… cómo la economía del negocio de las drogas a afecta a la principales ciudades del interior de América, por ejemplo.
Friedman: Por supuesto, lo hace, y porque está prohibida. Mire, si observa la guerra contra las drogas desde un punto de vista puramente económico, el papel del gobierno es proteger al cártel de las drogas. Esta es la realidad, literalmente.
Paige: ¿Lo hace bien?
Friedman: Excelentemente. ¿Qué quiero decir con esto? En un libre mercado normal (digamos, de patatas, carne o lo que quiera), hay miles de importadores y exportadores. Cualquiera pueda entrar en el negocio. Pero es muy difícil que un pequeño empresario pueda dedicarse al negocio de importación de drogas, porque nuestros esfuerzos por impedirlo esencialmente lo hacen enormemente costoso. Así que la única gente que puede sobrevivir en ese negocio son ese tipo de gente como el cártel de Medellín, que tienen suficiente dinero como para tener flotas de aviones, métodos sofisticados y cosas así.
Además de eso, al no permitir esos productos y arrestar, por ejemplo, a los cultivadores locales de marihuana, el gobierno mantiene alto el precio de esos productos. ¿Qué más querría un monopolista? Tiene un gobierno que se lo pone muy difícil a todos sus competidores y mantiene alto el precio de sus productos. Es como estar en el cielo.
Paige: Por supuesto, usted sabe que hay teóricos de conspiraciones que sugieren que eso ocurre por una razón, que es porque los gobiernos están de acuerdo con los traficantes de droga: usted no diría eso.
Friedman: No, no. En absoluto digo eso. Ya sabe usted, una y otra vez en política las buenas intenciones se tuercen. Y las buenas intenciones se tuercen porque se gasta dinero de otros.
Paige: Muchos dirían que muchas de sus teorías se basan en la idea del propio interés: si interesa a un individuo hacer algo, lo hará.
Friedman: No es una teoría y nadie lo negará. ¿Hay alguien que pueda negar que lo que cabe esperar es que cada persona persiga sus propios intereses? Otra cosa es que esos intereses personales no tienen por qué ser limitados. La Madre Teresa persigue su propio interés personal igual que Donald Trump persigue el suyo. Pero ambos persiguen un interés personal.
Paige: Algunos dirían que esa idea (que los intereses personales son los que impulsan a las sociedades y a las personas) es una filosofía despiadada y que los más pobres no saldrían bien parados con esas ideas. Ya ha oído eso antes.
Friedman: Sí, por supuesto. Pero la evidencia es abrumadora. Los únicos países del mundo en los cuales las gentes de bajos ingresos han llegado a conseguir un nivel de vida medianamente decente son aquéllos que confían en mercados capitalistas. Sólo compare la calidad de vida, el nivel de vida de la gente común en Rusia y en, no quiero decir EE.UU., pero en Francia, en Italia, en Alemania, en Inglaterra o en Hong Kong. Compare Hong Kong con la China continental.
Cada sociedad se guía por su interés personal. China continental se guía por su propio interés. La pregunta es ¿Cómo se disciplina el propio interés? La única forma de satisfacer tu propio interés es consiguiendo algo por lo que otra gente está dispuesta a pagar. Tenemos que…
Paige: O haciendo renunciar a otra gente a punta de pistola, supongo.
Friedman: Si puede.
Paige: En último caso.
Friedman: En último caso. Pero así no conseguiremos su cooperación. Podemos ser capaces de matarles. Podemos ser capaces de tomar su riqueza. Pero eso no creará más riqueza. Así, las únicas sociedades que han sido capaces de crear una prosperidad relativa ampliamente extendida han sido aquéllas que han confiado principalmente en los mercados capitalistas. Eso es cierto si vemos Hong Kong frente a China continental, Alemania Oriental frente a Alemania Occidental, Checoslovaquia antes de la Segunda Guerra Mundial y hoy día. No hay ninguna excepción a esta afirmación.
Adam Smith lo expresó de la mejor manera posible hace doscientos años, cuando dijo que la gente que sólo busca perseguir su propio interés se ve guiada por una mano invisible que promueve el interés público, aunque este no forme parte de su intención. El Señor Ford no desarrolló el automóvil Ford por el interés público. Lo hizo por su interés privado.
Paige: Pero Adam Smith también vio un papel para el gobierno, por ejemplo, en la administración de justicia, ¿no?
Friedman: Yo también. No soy partidario de que no haya gobierno. Creo que hay una función real para el gobierno. Y una de las razones por las que me opongo a muchas de las cosas de las que se ha ocupado el gobierno es porque eso hace que no realice sus auténticas funciones. Una función básica es evitar que nos roben en la casa, que nos golpeen en la cabeza. Y puesto que la mayor parte de muestra maquinaria de cumplimiento de la ley se dedica a la guerra contra las drogas, no tenemos ese tipo de seguridad.
Paige: Pero, sin duda, ahí aparece el argumento de que si la policía acude y se lleva a una persona adicta a una droga que no tiene dinero para comprarla, también está sacando de la calle a un potencial ladrón que podría entrar a robar en mi casa, ¿no?
Friedman: Lo está, pero habría más en camino, como sabemos, y además ¿qué van a hacer con él? ¿Lo van a encarcelar? La mayoría de esta gente arrestada lo es simplemente por posesión, son consumidores esporádicos.
Paige: Sin embargo, la anciana de sesenta y cinco o setenta y cinco años que mira por la ventana y ve a traficantes de droga en la calle portando armas y vendiendo a la puerta de su casa tiene derecho a llamar a la policía y decir “quiero que esa gente no esté en mi calle”.
Friedman: Sin duda.
Paige: Y la policía debería quitarles de la calle. ¿Correcto?
Friedman: Sin duda. Pero es un error tener una ley que convierte en eso la principal función de la policía. No culpo a la policía. No culpo a esa mujer. No culpo a los traficantes de drogas.
Paige: ¿En qué sentido?
Friedman: Les ponemos en una situación en la que eso es lo que hay que hacer. Cuando decimos a un joven de los suburbios, “Mira, tienes un trabajo razonable de MacDonalds o en cualquier otro lugar, ganarás cinco, seis, siete dólares a la hora. Pero por otro lado, está la posibilidad de trapichear con drogas en la calle”. ¿Por qué tienen esa posibilidad los jóvenes? Porque la ley es menos severa con los jóvenes que con los adultos.
Paige: ¿Pero cómo cree que afectaría la legalización a los pobres de este país?
Friedman: ¿Los pobres? Depende de qué pobres. Pero en general, la legalización por sí misma no tendría ningún efecto significativo para los pobres. Podría ofrecer mejores oportunidades para los pobres haciendo a las ciudades más seguras y un lugar donde podrían tener un negocio decente y adecuado. Podría ofrecer una oportunidad para mejorar la escolaridad. El deterioro de la escolarización, que es otro caso de socialismo ineficaz, tiene tanto que ver con los problemas de los suburbios como las drogas. Las drogas no son lo único sobre lo que hay que trabajar.
Pero no creo que la legalización deba contemplarse principalmente como una manera de ayudar a los pobres. La legalización es una manera de evitar (como ciudadanos en nuestro forum) que el gobierno utilice nuestro poder para dedicarse a una conducta inmoral que mata gente, quitando la vida sin necesidad a personas en EE.UU., en Colombia y en todas partes.
Paige: Así que usted ve la actividad actual del gobierno como si el Tío Sam fuera a apuntar con un arma a la cabeza de alguien.
Friedman: Eso es lo que está haciendo, por supuesto. Ahora mismo, el Tío Sam no sólo está apuntando a la cabeza de alguien, está apuntando a su propiedad sin un proceso legal adecuado. Los antidroga están expropiando propiedades, en muchos casos de gente inocente sin tener cargos reales contra ellos. Están convirtiendo a ciudadanos en espías e informadores. Decimos a la gente que llame, no hace falta dar el nombre, sólo para compartir sospechas. Esa en una forma terrible de gobernar lo que se supone es un país libre.
Paige: Ocupémonos entonces en los últimos minutos de cuál es su visión concreta. Bajo su sistema, si pudiera pedir un deseo y que se hiciera realidad, ¿qué sistema sería? ¿Cómo legalizaría las drogas? ¿Cómo se ocuparía de ello?
Friedman: Legalizaría las drogas sometiéndolas exactamente a las mismas normas que existen hoy día para el alcohol y el tabaco. El consumo de alcohol y tabaco causa más muertes que el de las drogas, con mucho, pero muchas menos víctimas inocentes. Y las principales víctimas inocentes, en esos casos, son los muertos por conductores borrachos. Y tenemos que hacer cumplir la ley contra conducir bebidos, igual que tenemos que hacer cumplir la ley contra las conducción bajo la influencia de la marihuana, lo cocaína o cualquier otra droga.
Pero trataría, al menos como primera medida, de tratar a las drogas exactamente de la misma forma que ahora tratamos al alcohol y al tabaco, nada más.
Paige: Usted sabe lo que diría el Representante Charles Rangel (Demócrata – Nueva York).
Friedman: He escuchado a Charles Rangel. Es un demagogo, que no ha relacionado lo que dice con los intereses de sus electores. Sus propios electores, la gente a la que sirve, están entre las personas que más se beneficiarían con la legalización de las drogas. Charles Rangel persigue su propio interés.
Paige: Perdóneme por haber citado a alguien, pero sólo quería mencionar una respuesta típica parecida a que si se tratan como el alcohol, hablaríamos de anuncios de cocaína a toda página en revistas. Hablaríamos de anuncios en televisión. Hablaríamos de comprar cocaína…
Friedman: Perdóneme. Anunciar alcohol en televisión está prohibido hoy en día.
Paige: Sólo para licores de alta gradación
Friedman: Para licores de alta gradación. Y digo tratarlas igual que tratemos al alcohol. Así que supuestamente esos anuncios estarían prohibidos.
Pero, por supuesto, en todo caso yo no prohibiría a nadie leer a Mr. Rangel y eso que sus ideas son al menos tan peligrosas como esos anuncios a toda página de los que usted habla.
Paige: ¿Qué es lo que más teme ante la idea de que las drogas sean legales?
Friedman: No temo nada ante la idea de que las drogas sean legales.
Paige: Nada.
Friedman: Lo que me da miedo es la idea de continuar por el camino actual, que destruiría nuestra sociedad libre, convirtiéndola en un lugar no civilizado. Actualmente sólo hay una manera real de hacer cumplir las leyes contra las drogas. La única forma de conseguirlo es adoptar las políticas de Arabia Saudita o Singapur, que aplican otros países, en los cuales un adicto a la drogas está sujeto a la pena capital o, como mínimo, a que le corten las manos. Si queremos tener penas como ésas… ¿pero sería una sociedad en la querríamos vivir?
Paige: ¿Le parecen evidentes esas ideas?
Friedman: Sí. He pensado en ellas durante mucho tiempo. He observado su funcionamiento en este país y en otros durante mucho tiempo. Y encuentro prácticamente increíble cómo la gente puede apoyar el sistema actual de prohibición de las drogas. Hace mucho más mal que bien.
Paige: Si son tan evidentes, ¿por qué está usted tan en minoría, especialmente entre…?
Friedman: Por supuesto. Muy buena pregunta. Y la respuesta es que hay muchos intereses creados que han surgido a partir de la actual guerra contra las drogas. ¿A quién se escucha cuando se habla de drogas? A la gente que tiene la obligación de aplicar las leyes antidroga. Que creen que hacen lo correcto. Son buenas personas. Todos creemos que lo que hacemos merece la pena. Nadie lo hace por motivos perversos. Pero todo es igual en el gobierno.
Paige: ¿No cree que el miedo es uno de los principales apoyos de la actual guerra contra las drogas? Miedo a que, sin ella, se pueda discutir sobre el fondo.
Friedman: Sí, pero es un falso miedo y un miedo promovido. Fíjese en lo que dijo el anterior responsable antidroga, Mr. Bennet. En primer lugar, afirmó que el consumo de alcohol al terminar la prohibición se triplicó o cuadruplicó o algo así. Estaba equivocado, sencillamente equivocado en los hechos. Creó todo tipo de miedos al hablar sobre cuántos nuevos adictos podría haber. Nunca ha presentado la más mínima evidencia, nunca ha ofrecido ejemplos de otro lugar o cualquier otra cosa. ¿Por qué? Porque tiene que hacer su trabajo.
Paige: Intereses creados, dice usted.
Friedman: Intereses creados, intereses propios, los mismos intereses propios a los que se opone la gente en el mercado. Pero en el mercado, si inicias un proyecto, tienes que financiarlo de tu propio bolsillo.
Paige: Última pregunta. Usted tiene nietos.
Friedman: Es verdad.
Paige: Tiene una nieta de dos años.
Friedman: Sí.
Paige: ¿Que se llama…?
Friedman: Se llama Becca.
Paige: Cuando mira a Becca ¿qué imagina para ella y su futuro?
Friedman: Depende totalmente de lo que nosotros y nuestros conciudadanos hagamos con nuestro país. Si continuamos dirigiéndonos cada vez más en dirección al socialismo, no sólo inspirado mediante la prohibición de las drogas, sino mediante la socialización de escuelas, la socialización de la medicina, la regulación de las industrias, imagino para mi nieta algo equivalente al comunismo soviético de hace tres años.
Paige: ¿Le preocupa que las drogas afecten de alguna forma a su nieta?
Friedman: No me preocupan las drogas, sino que el gobierno haga algo respecto de ellas. No me preocupa que ella pueda ser adicta. Tiene buenos padres. Sus padres le ofrecerán buenos modelos…
Paige: Me refería a la violencia alrededor del tráfico de drogas, el…
Friedman: La violencia se debe a la prohibición y nada más. ¿Cuánta violencia hay alrededor del mercado del alcohol? Alguna, sólo porque prohibimos la venta de alcohol a los niños, que debe hacerse, y también porque establecemos impuestos muy altos y, como consecuencia, se incentiva el contrabando. Pero no hay más violencia en su entorno.

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edgarjaramillo
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PROTOCOLOS Y NORMATIZACION

Mensajepor edgarjaramillo » 09 Jul 2006, 17:58

Sobre la legalización de las drogas
Articulo de Edgar Augusto Jaramillo Moreno
Aparentemente es un tema tabú, completamente cerrado al debate público, y sociológicamente incambiable.
El promotor mas poderoso de la guerra a las drogas sicoactivas es el gobierno norteamericano en alianza con los demás países desarrollados. Son estos los que han creado el imaginario colectivo mundial argumentando que estas políticas bélicas antidrogas son las únicas correctas, políticas que son culto a la represión , culto a la lucha armada, promotoras de la guerra al narcotráfico, y creadoras de todas las dependencias gubernamentales y educativas que hacen que los ciudadanos del mundo con excepción de Holanda piensen que no existen otras salidas a esta tendencia humana , tanto en el consumo como en el trasiego. Hablar del imaginario colectivo mundial es un tema muy complejo, la inmensa mayoría del planeta no entiende en lo más mínimo el tema. Si no fuera porque hay premios Novel comprometidos con estas ideas de legalización, no lo pensaría ¡pero los hay¡ además de muchos intelectuales de considerable respeto, que insisten , sobre el tema de la legalizar o normalizar las “drogas” sicoactivantes
Ante todo ¡legalizar¡ no es dejar que la mafia actual siga produciendo, trasportando y comercializando la llamada “droga ilegal” !por supuesto que no! Legalizar es crear un ente mundial internacional y multidisciplinario en lo científico y social que monopolice y controle las “drogas” hasta que el asunto sea dominado por completo y asimilado como parte de las contradicciones de la sociedad humana, organismo en donde los consumidores estén presentes como parte de la solución .
Legalizar la droga no es permitir que esta llegue a la juventud ¡no se trata de esto! Para ello deben existir un proyecto de aprobación personal que autorice a cada ciudadano, con la mayoría de edad, que quiera consumir “drogas”, previo un tez psicológico, sobre su respuesta ante el consumo , de pasarlo, se le daría un carné (como un pase de conducción) para que con este tenga acceso a la drogas dependiendo de la solicitada, así como en casos extremos su uso este restringido a espacios especializados, l , o sitios registrados para que estas minorías lo puedan hacer, dentro de estudios urbanísticos y ecológicos que permitan que el consumidor no este fuera de ambientes estudiados, para que su siquismo no entre en caídas involutivas , siguiendo la experiencia milenaria de los chamanes indígenas en donde siempre hay un guía para orientar las reuniones donde se consumen sicoplantas y contrarrestar efectos negativos dándose los rituales que así lo requieran, como mecanismo conductor en los viajes metafísicos de estos estados, evitando los accidentes o desenfoques en ciertas mentes, además de que las sociedades en general estén a cierta distancia, libres de estos personajes; haciendo una comparación con los autos y su penetración en la conducta humana , existen autodromos para los que quieren conducir a velocidades ilimitadas, no así en la ciudad donde los reglamentos y estudios determinan sus velocidades máximas, que tal por ejemplo que argumentáramos que debemos prohibir los carros de carreras, porque conducir a trescientos kilómetros por hora dentro de la ciudad es un verdadero crimen, ! claro que lo es dentro de las ciudades!... para ello existen los autodromos Legalizar la droga no es permitir que sigan habiendo conciertos musicales en donde el sistema actual le abre sus medios de comunicación y espacios como estadios a grupos musicales abiertamente consumidores de droga ¡por supuesto que no! Los músicos prodrogas estarían dentro de un segmento limitado por los medios de comunicación o mejor los medios de comunicación no estarían para ellos , ya que estos eventos, se suponen influyen en la fijación de conductas a imitar, como en realidad sucede ahora, donde a todas horas se muestran videos “musicales” que le dan el status de estrellato a estos personajes siendo estas “estrellas” símbolos para las juventudes mundiales en donde no se descarta un porcentaje de estos “seguidores” o fanáticos estén imitando su conducta anticultura que aumenta la histeria prohibicionista por lo grotesco de sus acciones cuyo origen no tiene nada que ver con las drogas sino con la mentalidad bélica y de destrucción que da como mensaje , y por lo tanto da un mensaje que deja estupefactos a las familias y al hecho “consumo” en cuanto al tema de las drogas refuerza así la legislación antinarcóticos , que en el caso de ciertos músicos y cantantes se publicitan los escándalos, que los medios hacen, cuando estos “ídolos” se ven envueltos en asuntos de consumo de sustancias prohibidas, noticias que recorren el mundo entero y de manera recurrente, que se dan como verdaderas campañas publicitarias indirectas. Dando un mensaje de “rebeldía” que no solo autopublicita a estas personalidades de la farándula sino que crea verdaderas oleadas de imitación de consumo para algunas personas . También debemos notar un elemento peligrosísimo que se adjunta al consumo de lo ilegalizado y por lo tanto entra dentro de un terreno clandestino tabú Hay que anotar que al estar prohibidas , las drogas y su consumo se vinculan con cualquier tipo de criminales mafiosos que son los que las proveen, de tal manera que el consumidor no esta exento de verse involucrado con la mentalidad criminal que este mundo conlleva intrínsecamente y por lo tanto el viaje lúdico o tiempo en el que el individuo esta bajo el influjo de estas sustancias lo hará bajo la perspectiva que “este mundo criminal” le proyecta , tratándose de individuos de poquísima capacidad cultural por lo regular impondrán modismos y costumbres propias de su condición intelectual , es decir el consumidor dentro del actual mundo represivo queda enmarcado en parámetros que antes que elevar su conciencia hacia valores mas altos de existencia y vida quedaran limitados por lo que circunstancialmente el mundo de lo clandestino y mafioso le provean en lo espiritual , y tratándose de momentos en los que la mente esta en condiciones de susceptibilidad abierta serán influenciadas por pensamientos que no propiamente son los mas apropiados, dada la mentalidad delincuencial que se opera en lo prohibido, demostramos así el caos o daño psicológico tan tremendo que este mundo represivo le hace a los seres que dentro de esta Era prohibicionista, hoy por mas controles que haya afecta a miles de usuarios diariamente. De estar legalizadas y científicamente asumida una posición frente al consumo y su influencia en las mentes de los seres humanos , el segmento criminal desaparece y como se proyecta dentro de un acercamiento científico en lo social, la comunidad proyectaría otros espacios espirituales de influencia durante el consumo, de tal manera que las mentes bajo estos estados reciban otra lectura humanística proclive a que toda esta histeria consumista, hoy vista como vicio, se desvanezca en otras percepciones, que le darán al consumidor puertas sicológicas para salir de su atontamiento lúdico o consumo enfermizo, que se da, cuando la clandestinidad como sucede hoy si se lo infiere . Al legalizarlas se abriría un proyecto humanístico para erradicar o controlar el consumo por inteligencia persuasiva y no por represión victoriana (entendiéndose esto ultimo como las leyes que surgieron de la brutalidad absolutista al mando de la reina Victoria de Inglaterra en su época) metáfora de las leyes que hoy están vigentes al respecto
Legalizar la droga es para mi, darle otra cara a la lucha contra el consumo indiscriminado de sustancias, algunas verdaderos engendros tóxicos, que se dan dentro del actual mundo clandestino y mafioso que controla estas distribuciones, de tal forma que la sociedad no tiene ningún recurso científico sobre lo que consumen al respecto, legalizarla significa que la sociedad organizada tiene el control de lo que el ciudadano consuma y se le brinde al ciudadano toda la información que científicamente se extracte de las experiencias sobre el consumo para que con inteligencia científica este prevenido sobre cada sustancia a consumir.
Como de costumbre hago paralelismos en este caso me refiero al tema del alpinismo, si fuere un evento clandestino los personajes que asumen estos retos, no tendrían ningún asesoramiento y conocimiento de todos los peligros intrínsecos de estas aventuras, de tal manera que las victimas de un alpinismo clandestino serian muchas, creándose sobre estos viajes toda una trama de tabus productos de la ignorancia como sucede hoy cuando un consumidor , recibe sustancias sin ningún control de calidad , cantidad y potencialidad de lo que va a consumir, la ignorancia de la sociedad dentro de la prohibición a las sicodrogas es en mi opinión la verdadera culpable de todos los desenfoques sicológicos y muertes ocasionados dentro de estos consumos clandestinos sin control ninguno . teniendo en cuenta que prohibirlos no es ningún control a la droga que están consumiendo estas minorías dentro de la clandestinidad que genera esta era antinarcóticos, por el contrario esta era prohibicionista crea todos los factores negativos para quienes consumen dando históricamente otro caso de máxima ignorancia al tratamiento de un hecho …el consumo…que es una realidad incuestionable , forma parte de la naturaleza humana; de no serlo el prohibicionismo y toda esta lucha habría parado el consumo, cosa que en cien años no se ha parado, demostrando su ridícula terquedad de seguir operando en esta dirección represiva como método terapéutico social , hoy esta tendencia animalezca de reprimir el consumo es equivalente a cuando la psiquiatría no existía y se veían a estos enfermos como endemoniados y condenados a toda esta superchería producto de la ignorancia científica al fenómeno siquiátrico , y por supuesto influencia religiosa de la moral cristiana que avalaba estas respuesta dentro de su mediocre visión fanatizada. hoy el consumo de psicotrópicos esta enmarcado dentro de esta tendencia medieval represiva y nos esta dando otra era equivoca y brutal . Legalizarlas es asumir el rol de que los estados monopolicen las sustancias en cuestión, de tal manera que los intentos de los particulares (es decir las mafias) por comercializarlas , queden totalmente anulados acción ejercida por las leyes económicas que automáticamente hacen los monopolios , acabando de raíz con las mafias, es decir cercenando sus ganancias pues al producirlas el estado y distribuirlas entre los consumidores a otros precios infinitamente mas bajos, estos criminales no tendrán ninguna opción de competitividad, utilidad ,o ganancia alguna, de paso toda la criminalidad generada por los altos precios queda descartada como efectivamente sucede en Holanda , el consumo por los precios no variaría porque este depende de la naturaleza humana y su ritmo psicológico y no del precio. Por mas baratos que este un articulo existe un limite que pone el mismo organismo para la cantidad que consume . En lo publicitario Las minorías consumidoras serian bombardeadas con una oleada de propaganda en contra de estos consumos, dentro de verdaderas campañas de ridiculización a las estupideces de las acciones que estas drogas ocasionan en la mente, de tal forma que la ridiculización sobre el consumo sea la matriz sicológica de esta ecuación publicitaria. Nótese que hablo sobre la ridiculización como estructura sicológica para la persuasión ya que sobre el ridículo humano si se genera un deseo de no ser parte del mismo y no sobre la prohibición o terror que son sentimientos que el humano asume como retos y sobre estos últimos ejerce un “atractivo” o valor psicológico de estimulo al consumo por rebeldía y o salida por contradicción al sistema actual represivo. De tal forma que como esta planteado hoy la mejor propaganda la tienen la drogas al estar “prohibidas” dándose el hecho publicitario como valor agregado de lo que se requiere para que un articulo sea reconocido; los versos satánicos es un buen ejemplo de cómo un poeta se hace famoso mundialmente a partir de la prohibición de los cuales fueron objetos sus versos por parte de la cultura musulmana y es que todo publicista por mínimos conocimientos que tenga sabe que una de las mejores propagandas en la psicología humana de los procesos consumistas es la prohibición , esto por supuesto no es el ingrediente para que se consuma es el ingrediente anexo para que se “conozca” paso anterior al consumo, en la mente de los potenciales consumidores, que como bien se analizan son por lo regular adolescentes, estado psicológico donde la rebeldía es un factor que da esta etapa de la vida , situación que una prohibición jurídica como la actual no es la mejor manera de contrarestar un consumo , por el contrario le permite al adolescente “vivir su rebeldía” al consumir algo prohibido , al estar legalizado el asunto “drogas” se le quitaría esta histeria adjunta a la adolescencia y por lo tanto la “droga” no tendría este agregado psicológico que si lo tiene dentro del marco actual prohibitivo cosa muy diferente dentro de la idea de legalización, relegada así la droga a un consumo adulto, así el adolescente tendría una lectura sicológica de la “droga” como tendencias de riesgos lúdicos para “viejos” por lo tanto los adolescentes dentro de esta legalización perderían todo estimulo hacia estas sustancias Al existir espacios donde los consumidores puedan consumir (como se da en Holanda) la sociedad puede vigilar todos los procesos de dicho accionar humano , tanto por televisión como personalmente con seguridad infiltrada al interior del mismo por personal que se especializaría para tal labor conductivista , cosa imposible de hacerse bajo la represión actual y su manera de asumir la terquedad brutalista contemporánea situación hipócrita dado que el consumo se da dentro de esta realidad anárquica contemporánea Dentro de esta era antinarcóticos se da el consumo de forma clandestina e indiscriminada , creándose bajo esta ignorancia represiva todo tipo de criminalizaciones que se disparan como un resonante sistemático en donde una acción delictiva conlleva a otra .
Se crearían zonas de consumo para estas minorías, en donde se controlarían edades y tendencias además de la conducta en si.
A los consumidores se les pondrían condiciones de habilitación sobre los trabajos, de tal forma que si consumen determinada sustancia, nunca podrían ejercer determinadas profesiones que tengan que ver con la seguridad de los estados o seres y controles en donde la sobriedad y el no consumo sea una condición indispensable. Asumiendo el consumidor su rol dentro de la sociedad de una manera científicamente estudiada dada la respuesta que la sociedad encuentre en la medida que el tiempo y las circunstancias lo demuestren , como se da con la droga legalizada en base alcohol y la prohibición de ejercer trabajos bajo los influjos del alcohol, por ejemplo manejar un vehículo actualmente. Para ello se habilitarían grupos de agentes “chamanes conductores” que reorienten durante el consumo a los consumidores en programas de comprensión a lo que hacen y como lo hacen, descubriendo inteligentemente en estas acciones la torpeza sobre el uso irracional de estas sustancias “el chaman conductor moderno ”
Así como dando premios de verdadera resonancia a los que se salgan de estos asuntos de consumo, en reconocimiento por lo que hacen como ciudadanos libres de la dependencia sicológica asumida de la “droga”
La legalización es para mi, ver como algo indeseable, desaparece al acabar con las enormes ganancias que la mafia tercermundista obtienen, aun cuando esta en América latina solo este recibiendo el 10 por ciento según estudiosos del tema, al desaparecer estas ganancias en el tercer mundo , de este, no saldrán cargamentos como hoy en busca de dólares criminalizados, dado que la operación no será rentable económicamente ni logísticamente, nótese que si los monopolios acaban con los productores independientes bajo parámetros normales, con mayor razón este monopolio hoy en poder de las mafias que les da vida por sus exorbitantes ganancias , desaparecerá no solo por la acción de un monopolio mundial ejercido por la asociación de los estados , sino por la cotización de los productos automáticamente mas bajos al estar dentro de una producción normal .
La delincuencia en todos los lugares respecto al tema se acabaría , pues las bandas hoy existentes dentro de esta era represiva no podrían competir con los precios y comodidades de lo que el estado les brinda , Holanda es pionera en esta acción social. Al desaparecer el incentivo económico del mercado de lo ilegal , toda esta ola de seres criminales se desvanecería por falta de su energía “el dinero” quedando las calles libres de estos indeseables , por lo tanto los niños y jóvenes se librarían de este macabro espectáculo actual , donde a un niño o joven acceden en la calle muchos personajes ofertando “drogas” el mundo de millones de seres que ven en este negocio una forma “rápida de hacer dinero” filosofía que dentro del actual mundo capitalista parece ser la tendencia que ha acaparado la atención de la inmensa mayoría de los seres humanos por el cual el actual narcotráfico es un hecho por mas persecución que sobre este se ejerza. solo cuando la humanidad entienda que es a través de la ciencia social e inteligencia que se le gana la batalla a estos fenómenos , saldremos todos los humanos de esta demencia histérica que los Estado Unidos de Norteamérica nos ha dado como imaginario colectivo mundial para activar quizás un mundo de guerras en donde la tecnología de estas y sus industrias son las verdaderas fuentes de inspiración para hacer posible su dinámica comercial, y modo como millones de personas “trabajan”al servicio de cientos de agencias militares, policiales y otras organizaciones secretas, así como también cubren con este disfraz el enfermizo racismo incrementando la represión a ciudadanos y poblaciones tercermundistas emigrantes, así como el posicionamiento a través de esta estrategia antinarcóticos de bases de operación militar en poder de los norteamericanos en su apetito expansionista mundial , sin que los tercer mundistas lo vean de esta manera ,ni los pueblos desarrollados que los secundan, pero estos temas son motivos tabú por lo general del cual escribiremos mas adelante .
________________________________________

Caenorhabditis

Mensajepor Caenorhabditis » 09 Jul 2006, 19:03

Si, todo un rollo. Los hay que no tienen mucha capacidad de síntesis...

Lo más importante a la hora de pensar legalizar ciertas drogas es la educación. Hay un gran desconocimiento (y me incluyo) sobre las capacidades adictivas, los efectos secundarios de las drogas destructivas.

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edgarjaramillo
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amigos de la sabiduria

Mensajepor edgarjaramillo » 10 Jul 2006, 04:37

gracias españa por vuestra ventana

Espero que este hilo sea de una altura cultural , digna de reconocer que la cultura de habla hispana, esta destinada a servir para la evolucion de la especie humana universal

su nuevo amigo de foro
Edgar Augusto Jaramillo Moreno

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Mensajepor DELETED » 10 Jul 2006, 09:03

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tutusaus

Mensajepor tutusaus » 10 Jul 2006, 09:05

Invitado escribió:Tu...amabe tururu
no necesitas drogas
Te caiste de cabeza en el puchero que las contenia de niño
Como Obelix se callo en el Caldero


derrapas, estqas grogui.

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Mensajepor DELETED » 10 Jul 2006, 09:10

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CONSUMIDORES DE COCAINA EN CLANDESTINIDAD

Mensajepor edgarjaramillo » 10 Jul 2006, 20:37

España es el país con mayor consumo de cocaína del mundo
Krusty 2’6% Martes,6 de septiembre de 2005
HOY EN EL 2006 AUMENTA EL CONSUMO?
En consumo de cocaína somos los primeros de la clasificación a nivel mundial (como con Fernado Alonso en la Fórmula 1), pero aún tenemos que trabajar mucho para subir peldaños en la clasificación en lo que otras drogas se refiere, que en el estado español no se consumen tanto (como el alcohol, los ansiolíticos y antidepresivos...) K.
JULIO M. LÁZARO - Madrid EL PAÍS - Sociedad - 06-09-2005
España figura a la cabeza mundial de consumidores de cocaína. Así lo establecen los informes de la ONU recogidos en la memoria de la Fiscalía Antidroga. El documento, que será elevado al Gobierno la próxima semana y al que ha tenido acceso este periódico, señala que la cifra de consumidores de cocaína en el mundo se cifra en 13,3 millones de personas, y en las prevalencias de consumo anual, "España ocupa el primer lugar del mundo, con una décima porcentual más que Estados Unidos". En consumo de hachís, España figura en una zona media, y en el de heroína, en la zona baja.
Los cuadros estadísticos, según la Fiscalía Antidroga, ponen de manifiesto que los países occidentales y aquellos por los que pasan las grandes rutas del tráfico mantienen los porcentajes de consumo más elevados. Y España cumple los dos requisitos. La prevalencia del consumo anual está en un 2,6% de la población, una décima porcentual más que Estados Unidos.
En términos mundiales, según el informe, la reducción de la superficie de cultivo de la planta de coca ha tenido especial incidencia en Colombia, que ha reducido sus áreas de cultivo desde 2000 en torno al 50%, en una importante lucha contra la producción que ha sido "especialmente intensa bajo el Gobierno de Uribe". Las implicaciones de tan drástica reducción hacen previsible un mayor empleo de sustancias de corte, con la consiguiente disminución de pureza de droga en el mercado ilegal, aunque tampoco es descartable la demanda de sustitutivos especialmente estimulantes de tipo anfetamínico.
Colombia y Estados Unidos siguen alternándose como líderes mundiales en la incautación de cocaína. Pero en Europa, la efectividad española en la lucha contra el tráfico de cocaína, en la que figura a la cabeza de los demás países, "es innegable": en 2004 se intervinieron 33 toneladas (33.135 kilos), que suponen más de la mitad de las incautaciones en territorio europeo.
Hachís. En la lucha contra el narcotráfico, España también es el principal país en decomiso de hachís, en lo que supera el 53% decomisado en todo el mundo. Las cifras del último año señalan el continuo crecimiento de las incautaciones anuales: en 2004 fueron aprehendidas casi 800 toneladas (794.434 kilos), lo que supone un 67,4% más que en 2000.
El fiscal jefe de Antidroga, Javier Zaragoza, explica que el refuerzo de los controles del Estrecho está motivando un desplazamiento de las rutas de hachís hacia la costa de Levante, de manera que aumentan las incautaciones en zonas de Cataluña, Valencia y Murcia. De las 3.000 toneladas de hachís que produce Marruecos al año, las incautaciones entre España, Europa Occidental y el Magreb ascienden a mil toneladas, lo que sitúa la efectividad policial internacional en torno a un 33%.
Naciones Unidas estima que existen una total de 146,2 millones de consumidores de cannabis en todo el mundo -cifra que incluye la marihuana del mercado americano y el mercado asiático, en el que se consume tanto la hierba de cannabis como la resina de hachís- y es, con amplia diferencia, la droga más consumida. España aparece en la parte alta del segmento medio, con prevalencias de consumo anual del 9,7% junto a Francia e Irlanda.
Heroína. La producción de heroína, según Naciones Unidas, ha recuperado las cifras existentes antes del conflicto de Afganistán, con una producción potencial estimada en alrededor de 500 toneladas. Los datos que maneja Naciones Unidas para 2004 ofrecen perspectivas más preocupantes dado que se ha pasado de cultivar 80.000 hectáreas en 2003 a 131.000 en 2004. El informe establece en la posguerra afgana una clara vuelta a los cultivos de amapola, superando ampliamente los niveles existentes "antes de la tajante prohibición talibán que afectó al año 2001". Los cálculos de Naciones Unidas cifran en 15,2 millones de personas el número de consumidores en todo el mundo. España, con un 0,5% en la tasa de prevalencia, se sitúa en el cuadro de menor incidencia junto a otros países occidentales, pero esa situación refleja la disminución del consumo de heroína en los últimos años. En España, la cifra de heroína incautada en 2004 (271 kilos) es manifiestamente inferior a la de años anteriores a 2002.
Éxtasis. No existen datos fiables sobre la producción potencial mundial, pero las estimaciones sitúan las anfetaminas entre las 290 y 516 toneladas, y el éxtasis y asimilados, entre las 50 y las 200. El tráfico de anfetaminas es un fenómeno de origen asiático, en tanto que el éxtasis tiene su mercado principal en Europa, aunque en los últimos años se observa una incipiente interrelación entre ambos mercados. Naciones Unidas cifra en 30 millones de personas los consumidores de las primeras y en 8,3 millones los de éxtasis. Entre los países consumidores, España ocupa una destacada posición, el séptimo lugar mundial. En España se aprehendieron en 2004 casi 800.000 unidades de éxtasis, "cifra realmente importante y que se mantiene en los últimos cinco años, a excepción de 2002, en que se incautaron 1,4 millones de unidades.
• > La legalización de las drogas es de izquierdas
9 de septiembre de 2005, por vicioscaros
Como en todo habría que poder diferenciar entre uso y abuso o entre consumo inteligente y consumo desmedido.
Los problemas de las drogas ilegales no son las drogas en si mismas sino la poca información que se da sobre ellas (se acostumbra a hablar de "drogas" como si todas fuesen iguales, desde el hachis hasta la heroina) y, por supuesto, la ilegalización.
La ilegalización hace que toda la plusvalía que genera el comercio de las drogas acabe en manos de las mafias.
Hace que los productores (campesinos del tercer mundo), sometidos a estas mafias, no reciban ni la milesima parte del beneficio que producen.
La venta legal de estas drogas permitiría que los beneficios desmedidos que producen se destinaran a programas de información fiables, a pagar la sanidad, etc.
En españa se plantea financiar la deuda sanitaria con impuestos añadidos sobre el alcohol y el tabaco.
Imaginad que un impuesto grabase el comercio del hachis o de la cocaina. Estariamos hablando de millones de euros que revertirían en la sociedad.
El comercio legal de las drogas beneficiaría a todos, productores, consumidores y resto de las sociedades.
Solo perjudicaría a las mafias y a todos aquellos que se benefician de sobornos y cuotas por permitir el paso y venta de las mismas.
El sistema prohibicionista ha demostrado durante años que no funciona.
Es incapaz de cumplir su unica premisa, hacer desaparecer las drogas de las calles.
Probemos de una vez otro metodo, su venta legal, grabada con impuestos y libre de las mafias.
Si crees que subir los impuestos es de izquierdas veras que este analisis tambien lo es.

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edgarjaramillo
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desnudando la mentira prohibicionista

Mensajepor edgarjaramillo » 11 Jul 2006, 05:01

PSIQUIATRÍA Y “PROHIBICIÓN DE LAS DROGAS”
Baldomero Cáceres Santa María M.A*

La “ prohibición de las drogas”

La política internacional prohibicionista de una serie de sustancias disímiles a las que se les llama indiferenciadamente “drogas”, ahora compartida por la mayoría de los estados, firmantes o no firmantes de las convenciones internacionales, constituye un fenómeno característico de nuestro tiempo. No es un fenómeno político espontáneo y coincidente, surgido de necesidades sentidas por las diversas sociedades. Todo lo contrario, es un premeditado sistema de control impuesto que tiene ya una larga historia. Iniciada hace casi un siglo, en la Conferencia de Shangai de 1909, continuada luego por la llamada Convención del Opio [1] (La Haya, 1912) estuvo en el primer momento dirigida contra el opio bajo instigación de la diplomacia de los Estados Unidos que ya, por entonces, habían comenzado internamente la restricción del uso autorizado de los opiáceos como también de la cocaína (Pure Food and Drug Act, 1906).

Cabe destacar que el intento de supresión recayó inicialmente sobre sustancias psicoactivas naturales hasta entonces respaldadas por la medicina académica, como destacó Szasz (1975). En el caso de la coca nos lo recuerda la monumental obra de Golden. W. Mortimer, médico e historiador de Nueva York, Peru, History of Coca, “The Divine Plant of the Incas” publicada en 1901, libro del cual apareció una condensada versión francesa destinada a los médicos en 1904. Cabe destacar que, pese a la reedición de la versión original en 1975, y de la traducción francesa en 1992, no existe aún versión en español [2] .
De su lectura, en primer lugar, se desprende el buen sentido clínico de los médicos norteamericanos de aquella época, puesto de manifiesto al apreciar las virtudes de la coca en su práctica profesional mientras estuvo en boga, tal como registran los cuestionarios enviados por el doctor Mortimer y cuyos resultados figuran en el Apéndice [3]. Al mismo tiempo, sin embargo, como registró y comentó el autor, se gestaba la conspiración que llevaría a la exclusión de la coca entre los cultivos más preciados de la tierra. La Convención de La Haya de 1912, llamada indebidamente “del Opio“, internacionalizó igualmente la fiscalización de la producción y comercialización de la coca, al incluir en ella “la cocaína y sus sales”. Tal Convención, suscrita por el Perú en 1913, fue ratificada en el Tratado de Versalles. Finalizada la II Guerra Mundial, las Naciones Unidos asumieron el compromiso de llevar adelante la campaña prohibicionista, aceptada por las más diversas formas de gobierno: democracias, dictaduras y totalitarismos: fascismo, nazismo y comunismo por igual. La creación de la Organización Mundial de la Salud prestó la tribuna “científica” que ejerció su poder decisorio sobre las sustancias que debían ser controladas, a través del Comité de Expertos en Drogas Susceptibles de Engendrar Toxicomanía (sic.) [4], el mismo que, en 1952 y 1953, dictaminó que el coqueo andino “debe ser” considerado una forma de “cocainismo”, sobre la información aportada por la Comisión de Estudio (o Encuesta) de las Hojas de Coca de las Naciones Unidas (Informe, 1950).
La Convención Única de Estupefacientes (Nueva York, 1961) fijó definitivamente la naturaleza del control que incluyó, entre otros objetivos, la erradicación en veinticinco años del milenario coqueo andino y del arbusto de coca (Erythroxylum coca, E. novogranatense) [5]. En el caso del Perú, debido a la presión de los Estados Unidos (Cáceres, 1977; 1989; Cotler, 1999)., se dictó en 1978 el DL. 22095, conocido como “Ley de Drogas” aún vigente, dispositivo que considera al coqueo andino como “un problema social”.

Las consecuencias de la política establecida han sido múltiples: económicas, sociales y políticas. Una vasta economía sumergida que lava o blanquea al menos el dinero mal habido mediante mil y un recurso del sistema financiero [6]; sociedades escindidas entre los sectores convencionales -en especial dependientes del aparato estatal, incluyendo a las Universidades y a los tribunales de justicia- reforzados por la permanente presencia de la campaña contra “las drogas” en los medios de comunicación de masas que llevan adelante la propaganda oficial, frente a cientos de millones de usuarios satisfechos obligados a guardar las formas, so pena de estigmatización personal cuando no de la penalización de los usos prohibidos; conformismo de los actores políticos que no encuentran la forma de revertir el sistema y que por ello callan la importancia del negociado, a sabiendas de los conflictos que genera, como sucede en la región andina. En el plano internacional la “prohibición” se ha convertido en una “guerra”, apoyada por el gobierno de los Estados Unidos que tiene con ella una manera de inmiscuirse en los asuntos internos de los demás naciones, puesto que aparece legitimada su preocupación aparentemente sanitaria.

Son los Estados Unidos, en efecto, con el permanente apoyo del Reino Unido, los que distribuyen y controlan a sus “agentes encubiertos” dentro de los países significativos en la producción o tránsito de las sustancias prohibidas, en especial cuando se presume que abastecen a su población. Este último es el caso de la región andina donde el cultivo del arbusto de la coca, limitado en sus usos tradicionales e industriales por la propia legislación, en cumplimiento de los acuerdos internacionales, ha estado al servicio del multimillonario negociado de la cocaína, droga de la cual fuimos el primer productor mundial durante más de una década (1980-1994), hasta que Colombia asumió la producción con sus extendidas y bien cuidadas plantaciones, reemplazando su menor cultivo en Bolivia y el Perú. Si bien la disminución se ha mantenido, el repunte reciente del precio de la hoja lleva a temer que la ofensiva en Colombia retrotraiga la situación y volvamos a ser un destacado “cocaine country” (narcoestado), aquejado nuevamente por la violencia que surge como estratégica cortina de humo detrás de la cual el negociado prospera.

La prohibición como un “hecho social”

La “prohibición de las drogas” ha sido caracterizada recientemente como “un sistema mundialmente extendido de poder estatal. La prohibición global es un “hecho social” en términos de Durkheim” [7]. Un “hecho social” que describió en su amplia variedad, desde la extrema criminalización en los Estados Unidos que mantienen más de medio millón de presos por posesión o pequeñas ventas de lo prohibido, a Holanda con su pragmática política de despenalizar la venta de marihuana en determinados establecimientos (“coffee shops”), para evitar el mayor daño de su criminalización y su vecindad con el más reducido mundo de las drogas llamadas “duras”, como se considera a la heroína y a la cocaína.

Un “hecho social” tiene -sin embargo- su génesis, al que poca atención le prestó Levine, aunque no dejó de preguntar sobre la razón de la generalización de la “prohibición de las drogas” como la política de estado más ampliamente aceptada y legítimada ante las más variadas audiencias. Al preguntarse sobre las razones de su acogida, si bien acepta que en la práctica se ha debido a la presión diplomática de los Estados Unidos, encuentra que la “prohibición de las drogas” se difundió porque era y es útil, funcional, para todo gobierno, puesto que el Estado incrementa con ella su poder policial y militar así como, mediante la satanización de las propias sustancias-lograda por los medios de comunicación- convierten a la prohibición en el objetivo de una cruzada social unificadora, presuntamente humanitaria, que fuerza la solidaridad de políticos, hombres de iglesias, educadores, comunicadores y de todos quienes comparten en términos de Levine “un romance con el Estado”, estimando a éste como autoridad suprema al servicio del bien común. Finalmente, Levine señala el carácter instrumental de las Naciones Unidas para la generalización de la política estadounidense. Dentro de ella se habría abierto paso el movimiento de “reducción del daño” que pretende moderar los efectos negativos de la prohibición mediante la tolerancia y la regulación, tal como representa el reparto de jeringas e incluso el suministro asistido de heroína inyectada, como sucede en Holanda y Suiza. En nombre de tal política de “reducción del daño”- por ejemplo- se lleva adelante la campaña bien pensante y compasiva de George Soros en los Estados Unidos, abogando, mediante The Lindesmith Center y posteriormente por la Drug Reform Alliance, por el uso médico aprobado de la marihuana frente a diversas enfermedades. Por forzado respeto al sistema (el establecimiento psiquiátrico), o por un enfoque pragmático, se omite la defensa del uso habitual, “recreacional” si se quiere, de la planta que tan exitosa acogida tuvo en California a finales de los 60 y se propagó luego por los Estados Unidos hasta requerir, desde el inicio de los 80, una producción doméstica que, al inicio del milenio, abastece a decenas de millones de aficionados al cáñamo que, por el peso de las leyes represivas, no pueden ser ciudadanos libres, si recordamos que, en palabras de José Martí, “la libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”.

En la apreciación de Levine, como posteriormente ha registrado, “la reducción del daño” constituye un enfoque tolerante y pragmático. Asume, para ello, que la prohibición no va a desaparecer pronto y que por ello es razonable y responsable la propuesta [8].

La justificación de la prohibición

Si bien el penetrante análisis de Levine señala factores decisivos en el establecimiento y mantenimiento de la política adoptada, cabe destacar dos vacíos íntimamente ligados. El primero al encontrar su inicio en los años 20 del siglo pasado, centrándose en los Estados Unidos [9], ignorando la etapa decisiva del cambio producido al fin del siglo XIX y comienzo del XX, período inicial considerado en los tratados del tema, comenzando por Thomas Szasz en su Química Ceremonial de 1975. El segundo, ligado con el primero, fue ignorar la base en la cual la prohibición se fundamentó ante la opinión pública del siglo XX, aspecto generalmente omitido por los analistas del tema. No bastaron, en efecto, las campañas públicas que los medios de comunicación llevaron adelante en contra de los “vicios”, ni el ajetreo de los grupos temperantes en los Estados Unidos, como habitualmente se señala (Musto, 1987). El sustento oficial necesario se dio cuando el descrédito del alcohol, del opio, de la cocaína y de la marihuana fue asumido y comenzó a difundirse en los tratados psiquiátricos de los precursores de la que pretendió ser una especialidad médica (sobre todo Emil Kraepelin), quienes estigmatizaron su uso como “toxicomanía”, al tiempo que surgían diversos psicologismos (Freud y seguidores, ortodoxos y heterodoxos) para explicar el malestar de la cultura moderna y proporcionarle al racionalismo una fe interpretativa de los avatares de la vida que tanta falta le hacía debido a la secularización producida.
Desde entonces, dentro de la clientela reclamada por la psiquiatría se contaron los usuarios de las sustancias “toxicomanígenas”, “adictivas”, juzgados como usuarios “compulsivos”, con absoluto menosprecio de su opinión personal y de su imagen pública, evidente descuido de los derechos humanos. Se impuso con ello una consecuencia práctica: quedaron justificadas las medidas restrictivas de la comercialización de tales sustancias, así como la imposición por la fuerza de tratamiento psiquiátrico, sin percatarse de las consecuencias negativas del estigma que sostiene la prohibición y que llena las cárceles norteamericanas.
Sólo los recientes progresos en neurociencia cognitiva y de la tecnología moderna en la exploración del funcionamiento cerebral, viene orientando finalmente a la psicofarmacología, reduciendo los daños producidos por la atención psiquiátrica tradicional que durante gran parte del siglo pasado se mantuvo por su inmerecido prestigio científico. Pero no sólo imperó sobre su voluntaria e involuntaria clientela. En nombre de la “salud mental”, contra la cual atentaba en la práctica y en la teoría, la psiquiatría se arrogó el poder clasificatorio que estigmatizó a cientos de millones de seres humanos y los mantiene estigmatizados todavía. Descalificar a las plantas medicinales del sistema nervioso empleadas por la medicina durante todo el siglo XIX fue casi un requisito profesional, por así decirlo, de la existencia de la propia psiquiatría y de las psicoterapias creadas para “curar” los problemas asociados a la ausencia de tales recursos naturales.
La prohibición -debemos insistir- fue y es el resultado de la prédica psiquiátrica, puesta al servicio del control social por el Estado policía y de la ideología correspondiente al siglo XX (Szasz, 1975), del “ogro filantrópico” (Paz, 1979). Omitir tal consideración, como generalmente sucede, impide realmente replantear desde su base teórica, “el problema de las drogas”, recurriendo al auténtico conocimiento científico, esto es de acuerdo a la razón y a la experiencia [10]. Si tal fuera cabría replantear la prohibición y el cambio sería súbito.

La coca y su condena

A diferencia de Levine, quien como sociólogo se ha limitado al “hecho social” de la “prohibición de las drogas” sin desagregar ésta en forma alguna, el análisis personal en el cual me apoyo, pasando del hecho de la prohibición a su historia, tomó como hilo conductor la estigmatización oficial del coqueo andino, a partir del fallo del Comité de Expertos en Drogas Susceptibles de Engendrar Toxicomanía de la Organización Mundial de la Salud que, en 1952-53, juzgó debía considerarse al hábito tradicional como una forma de “toxicomanía” o “adicción”, categoría de la fantasmagórica psicopatología psiquiátrica, según denuncié en una primera revisión del tema [11].

Tal condena -en efecto- tiene una historia documental perfectamente reconstruible a partir del Informe de la Comisión de Estudio de las Hojas de Coca (Lake Success, 1950), designada por el Consejo Social y Económico de las Naciones Unidas. Con tal Informe, la Organización Mundial de la Salud, mediante su Comité de Expertos pretende haber acabado con la revisión de la información pertinente. En la 28º sesión del Comité de Expertos en Farmacodependencia de la Organización Mundial de la Salud (1992) se rechazó recomendar una revisión crítica del caso de la coca, pese a la revalorización obtenida en Bolivia y el Perú, aduciendo que se apoyaba y no desistía de hacerlo en la información entonces recogida y en el juicio emitido [12].

Medicina y Psiquiatría

Una primera revisión del Informe presentado por la Comisión puede mostrar la exclusión, dentro de la bibliografía recogida y anotada por el doctor P.O. Wolf, de los testimonios médicos del siglo XIX que hablaban de los beneficios derivados del uso de la coca y que recogió Mortimer (1901). Entre ellos fue ignorada la Disertación sobre el aspecto, cultivo, comercio y virtudes de la famosa planta del Perú nombrada Coca que publicara el doctor Hipólito Unanue en el Mercurio Peruano [13], informe que fue debidamente considerado tanto en los Estados Unidos como en Europa, prestándole a la coca el apoyo académico para su divulgación y aprovechamiento industrial por firmas farmacéuticas (Parke, Davis and Co.; Merck) y otras (Vin Mariani elaborado por Angelo Mariani en Paris; la Coca Cola en Atlanta). De la desacreditación del excelente resumen del reconocimiento médico debido a Mortimer (1901) se encargó el doctor Wolf al anotar “puede sencillamente pasarse por alto” [14].
La omisión del informe de Unanue tuvo que ser justificada posteriormente por el doctor Wolf, en un artículo presentado en el Boletín de Narcóticos al cual remito [15], aduciendo que, en el decir de Hermilio Valdizán [16], padre fundador de la psiquiatría peruana , se habría tratado de un “estudio agronómico” con el título “El cultivo de la Coca”, aunque transcribía el nombre completo de la Disertación de Unanue.
La “Bibliografía” del Informe recogía en cambio, ampliamente y sin crítica, toda la producción psiquiátrica sobre el tema, destacando desde el inicio, con el vocabulario adoptado, la orientación psicopatologizante que le animaba. Al hábito andino que describía erróneamente como “mascar coca”, pues la coca no se masca sino que se exprime su jugo en la parte lateral de la boca, le llamó P.O Wolf “cocaísmo”, forma moderada de repetir la sentencia de Valdizán sobre el “cocainismo indígena” que dio pié al absurdo proceso. No está demás señalar que las presuntas investigaciones científicas que respaldaron el negativo Informe de la Comisión de Estudio eran trabajos presididos por el prejuicio escolástico kraepeliano contra la cocaína que sus miembros no pusieron siquiera en duda. Planteamientos erróneos y métodos de investigación cuestionables, cuando no risibles hoy día, sirvieron de base al Informe que llevó al Comité de Expertos de la OMS a imponer la sentencia que se empeñó en mantener en 1992 [17].
La cocaína
Detrás del juicio a la coca seguido al final de los 40, ejercía su presencia la anterior condena de la cocaína, la que a su vez es cuestionable en su origen. Esta tarea ha sido posible por la publicación, en 1975, de los Cocaine Papers de Sigmund Freud, gracias al interés del profesor Robert Byck y a la autorización de Anna Freud, hija del creador del psicoanálisis. La historia de los sucesos producidos en Viena entre 1884 y 1887 nos muestra que la estigmatización de la cocaína fue resultado de la extrapolación en la que incurrió un neuropsiquiatra alarmado por el triste resultado que había tenido en un distinguido colega y amigo de Freud, a quien éste le prescribió inyecciones de cocaína para librarse de la habituación a la morfina (Erlenmeyer, 1885). De Erlenmeyer y su reacción, viene ese lugar común hoy día que es llamarle al alcaloide “ flagelo”, apreciación en la que se apoyó poco después Kraepelin (1891) para referirse al “cocainismo ” como el ansia o deseo de consumirla, dada su naturaleza “tóxica”.
Tal como la psicología experimental ha venido demostrando, desde Külpe (1904) hasta Bruner (1949, 1955) nuestra actitud determina el acto fundamental de la percepción, identificación, reconocimiento o categorización. En función de tal identificación se analiza el objeto, precisándose sus características. De ahí el poder seductor de los prejuicios, que condicionan nuestra perspectiva. El prejuicio psiquiátrico, desde entonces, se convirtió en la mirada pública.
La hoja de coca, percibida hasta el surgimiento del discurso psiquiátrico como planta nutritiva y medicinal (Mortimer, 1901), fue recategorizada como droga peligrosa por la “adicción” que provocaba la “cocaína” contenida en sus hojas (cocainismo). Ella sería la “sustancia activa” precisada por la farmacología en el siglo XIX para dar razón de sus más notables efectos: anestésico local y, a la vez, estimulante del sistema nervioso. Recordemos que Freud en su primer ensayo Úber Coca (1884), había asumido el mismo punto de partida, al atribuir las virtudes reconocidas en las hojas al alcaloide extraído de ellas:“la cocaína y sus sales son preparados que tienen todos los efectos, o al menos los más esenciales, de las hojas de coca” [18]
Tal reduccionismo inicial y compartido permitió igualmente el traslado arbitrario de su condena a la propia hoja, omitiendo considerar que esta era un compuesto orgánico. Para ello, por congruencia (Osgood &Tannenbaum,1955) o consonancia (Festinger, 1957), se debió soterrar la información anterior que hablaba de sus beneficios. El Informe de la Comisión de las Naciones Unidas puede legítimamente ser cuestionado, en otras palabras, por haberse escondido pruebas. Poner al día la información científica implicaría recuperar tal información y recoger investigaciones básicas recientes que no han sido incorporadas al archivo de la coca en las Naciones Unidas y menos tenidas en cuenta por la Organización Mundial de la Salud.
La hoja de coca como complemento nutricional
Sigmund Freud creyó encontrar en la cocaína al estupendo estimulante que se requería: ”Muchos médicos han pensado que la cocaína puede llegar a ocupar un puesto importante entre la serie de fármacos que administran los psiquiatras. Es bien sabido que éstos tienen una amplia gama de productos que les permiten ayudar a sus pacientes a reducir la excitación de los centros nerviosos, pero que no tienen ninguno para aumentar un funcionamiento menguado de esos centros”. Era, en el lenguaje médico de la época, el remedio ideal para la “neurastenia” (Beard,1868).
No es extraño que el reduccionismo farmacológico adoptado por Freud al querer ver en la cocaína “el auténtico agente de los efectos de la hoja de coca” fue facilitado por el nivel de análisis al que había llegado la química, de acuerdo a lo que el mismo Freud precisaba en su monografía Über Coca: “según las informaciones de los químicos, las hojas de coca contienen algunas otras sustancias que todavía no han sido descubiertas”.
Poco a poco, sin embargo, el compuesto orgánico fue analizado, llegando a que la propia Comisión de Estudio nombrada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas reconociera en el Informe (1950) que, como otro vegetal más, compartía la coca diversos nutrientes, vitaminas y minerales, en especial el calcio, sin reparar en el menosprecio del dato debido al dominio ejercido por el discurso farmacológico-psiquiátrico que reducía la coca a la cocaína.
En 1965, Carlos Collazos Chiriboga, Director por entonces del Instituto de Nutrición del Ministerio de Salud del Perú, publicó un informe sobre “Coqueo y Nutrición” que no mereció el debido reconocimiento, pues se había iniciado entonces ya el silenciamiento del tema, dado que la coca estaba destinada a la extinción. Tal medida había sido aceptada por nuestro gobierno en la Convención Única de Estupefacientes realizada en Nueva York en 1961, en ausencia de una representación diplomática crítica que cuestionara los supuestos de los acuerdos prohibicionistas logrados.
El aporte decisivo del doctor Collazos a la consideración de la hoja de coca como alimento fue demostrar experimentalmente la extracción “no desdeñable, por cierto, de varios nutrientes importantes”, y en especial el aprovechamiento del caroteno, apreciado en el plasma sanguíneo luego del coqueo tradicional. Su primera conclusión fue señalar que “contiene varias sustancias nutritivas, algunas de ellas en proporción llamativa”, pero que “su asociación con la cocaína significa impedimento capital para su consumo”.
El análisis de la hoja de coca cumplido por Duke, Aulik y Plowman (1975) demostró la gran riqueza de nutrientes de la hoja de coca, comparada con el de las 50 mejores plantas alimenticias de Latinoamérica, encontrándose valores específicos que les llevó a resaltar su importancia: 100 gramos de hoja de coca satisfacerían los requerimientos recomendados para hombres y mujeres en calcio, fósforo, vitamina A y riboflavina.
Ni los hallazgos científicos señalados, ni las críticas formuladas desde los mismos Estados Unidos (Martín R., 1970; Weil A., 1972, 1975; Grinspoon L.y Bakalar J, 1976) cambiaron la apreciación psiquiátrica y oficial del alimento andino, razón que explica en el Perú la dación del DL. 22095 (1978), aún vigente, cuyo considerando inicial califica al coqueo andino como “problema social”. La respuesta académica no tardó y se hizo presente, meses después, en América Indígena 4 (1978), la prestigiosa revista del Instituto Indigenista Interamericano [19]. La investigación llevada adelante en Bolivia por William Carter y Mauricio Mamani [20], recogiendo información básica en el universo de los usuarios tradicionales, no logró alterar tampoco la política sustitucionista regida por la legislación internacional que excluye la realidad de la coca como alimento del mundo andino y , de acuerdo a la versión psiquiátrica, sigue siendo considerada “droga tóxica”.
Marihuana y amapola del opio
Si bien la historia del desprestigio de la marihuana (Cannabis indica, sativa) y de la amapola del opio (Papaver somniferum) no consta en un expediente oficial de las Naciones Unidas, como consta el caso de la hoja de coca, sería fácil corroborar el origen puramente psiquiátrico de su descrédito mediante estudios históricos similares al seguido en el caso de la planta andina. Bastaría pasar de la ciencia actual a su historia, como recomendó Thomas Khun en su iluminador libro Las revoluciones científicas (1964). Se apreciará entonces cómo el prejuicio psicopatologizante, asumido oficialmente y difundido por la propaganda oficial gracias al prestigio otorgado a la psiquiatría, se impuso al saber médico que siempre las consideró útiles medicinas tradicionales del sistema nervioso.
Es suficiente, para confirmar lo dicho, revisar la preciosa información proporcionada por Szasz en su Ceremonial Chemistry, the ritual persecution of drugs, addicts and pushers, publicado en 1973, libro mencionado sólo marginalmente en las revistas más serias, dadas las consecuencias que tendría la adopción de su denuncia de la “adicción” como un seudo diagnóstico médico. Según registra Szasz, en 1885 el Informe de la Royal Commission on Opium comparó al opio con el licor y en 1894, el Informe de la Indian Hemp Drug Comission, por encargo del gobierno británico, concluyó que ”el uso regular, moderado de ganja o bhang produce el mismo efecto que dosis regulares y moderadas de whiski”. El cáñamo de la India y los opiáceos tenían de hecho ya por entonces un lugar asegurado en la farmacopea aprobada. Como Thomas Szasz destacó, “la mitología de la psiquiatría ha corrompido no sólo nuestro sentido común y la ley, sino también nuestro lenguaje y nuestra farmacología”. Ella desorienta a la política y a la desinformada opinión pública, la que ciertamente apoyaría la modificación de las leyes si se reconociera a las plantas prohibidas como plantas psicoactivas medicinales de uso tradicional.
Conclusión
La revisión de la información oficial sobre la hoja de coca que consta en las Naciones Unidas, desde el Informe de la Comisión de Estudio (o Encuesta) de las Hojas de Coca (1950), muestra la evidente distorsión del punto de la “mirada” psiquiátrica que descartó o ignoró la validez de la anterior información médica, de lo cual la “Bibliografía anotada” del referido Informe constituye una prueba documental. El “paradigma” de las “intoxicaciones crónicas” o “addictions” consagrado como “enfermedades mentales”, merecedoras al menos de tratamiento, proporcionó y mantiene el apoyo doctrinario al prohibicionismo estatal en los Estados Unidos, convertido luego en patrón exportable de su política internacional (Nadelmann, 1988).
Independientemente por ello de las nefastas consecuencias económicas, sociales y políticas de la cruzada mundial, de las cuales especialmente los países productores pagamos las consecuencias, como es el caso de los países andinos, se impone el cuestionamiento del actual “desorden establecido” por razones estrictas de salud. La reapropiación por la Humanidad de las plantas medicinales del sistema nervioso estigmatizadas por la escolástica psiquiátrica permitiría el reordenamiento pacífico de los países productores y, a la vez, una verdadera educación para su debido aprovechamiento fundado en información médica confiable. Sería la mjor manera de responder al reto del uso desordenado y ocasionalmente clandestino de drogas legales e ilegales, puesto que se atendería, en forma natural, al apetito selectivo del sistema nervioso por los nutrientes particulares que aprovecha de las plantas [21].
Saliendo de las sombras que la descalificadora doctrina psiquiátrica mantiene, los usuarios de las plantas prohibidas podríamos reclamar nuestro derecho derecho a contar con el abastecimiento regular de las plantas preferidas, en el orden y magnitud del cacao, el café o el té. Los países productores tradicionales, cara a cara con los paises desarrollados, tendrían así respaldo a su potencial agroindustria para colocar en el mercado global grandes y preciosos recursos naturales cuyo uso habitual respaldan sendas y respetables tradiciones.
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Experiencia de Maier, tomada de
Oléron, Pierre Les Attitudes dans les Activités Intellectuelles, Les Attitudes, Presses Universitaires de France,1961

Instrucción* Psicólogo Social
* Agradezco al doctor Ernesto Pollitt B. su previa lectura y comentarios.
[1] Las doce potencias reunidas acordaron llevar adelante la campaña humanitaria iniciada en Shangai de la supresión progresiva “del uso del opio, de la morfina, de la cocaína, así como de aquellas drogas preparadas o derivadas de ellas”.
[2] Mortimer, Golden Peru, History of Coca,”The Divine Plant of the Incas” with....., J.H.Vail & Co.,New York, 1901 History of Coca, “The Divine Plant” of the Incas”, Fitz Huhg Ludlow Memorial Library Ed.,San Francisco, 1974 De la Coca a la Cocaïne, Utz, Paris, 1992
[3] Versaban sobre la acción fisiológica y aplicaciones terapéuticas de la coca. Enviada a cinco mil médicos fue respondida por 1206, de los cuales 369 registraban las observaciones directas de su empleo, incluso como alimento.
[4] Hoy llamado Comité de Expertos en Farmacodependencia
[5] Cabe resaltar que se exceptuaba la producción destinada a la obtención de un agente saporífero sin alcaloides, salvando así la destinada a la empresa Coca Cola que ha seguido usando a la hoja de coca como parte de su fórmula secreta (Pendergrast,1993).
[6] Economía marginada habitualmente por los economistas formales, con la reconocida excepción de Milton Friedman, quien debido a ello ha abogado desde décadas atrás por la legalización como una de las soluciones a problemas mundiales. Por su carácter clandestino no existe información que permita el tratamiento debido del tema.
[7] Levine, Harry G. The Secret of Worldwide Drug Prohibition: The Varieties and Uses of Drug Prohibition, THE INDEPENDENT REVIEW, Fall 2002.
[8] Levine, Harry G Global drug prohibition: its uses and crises. International Journal of Drug Policy Vol 14, Issue. 2, April 2003, Pages 145-153: “Harm reduction offers a radically tolerant and pragmatic approach to both drug use and drug prohibition. It assumes that neither are going away anytime soon and suggests therefore that reasonable and responsible people try to persuade those who use drugs, and those who use drug prohibition, to minimise the harms that their activities produce”.
[9] En el anterior análisis de Levine, arriba citado: “ U. S. federal drug prohibition began in 1920 as a subset of U. S. federal alcohol prohibition.”
[10] Un problema sin solución es un problema mal planteado por limitaciones propias del pensamiento.
Es ilustrativo al respecto el “irresoluble” problema de Maier que registramos luego de la bibliografía.
[11] Cáceres Santa María, Baldomero. La Coca, el Mundo Andino y los extirpadores de idolatrías del siglo XX, América Indígena 4, Instituto Indigenista Interamericano, México, 1978

[12] Comité de Expertos de la 28º informe , Serie de Informes Técnicos 836, Ginebra ,1993
OMS en Farmacodependencia
[13] Figura egregia de medicina peruana, ministro de José de San Martín al crearse la República. El mismo año salió publicada en The American Journal of Science and Arts, vol III , New-Haven (1821) un resumen de su comunicación a Samuel L. Mitchill sobre las virtudes de la coca.
[14] Un análisis pormenorizado de la bibliografía en Cáceres (1990) y Díaz (1998)
[15] Wolf, Pablo O. General Considerations on the Problem of Coca-Leaf Chewing, Bulletin on Narcotics 1952, Issue 2
[16] Valdizán, Hermilio El cocainismo y la raza indígena, La Crónica Médica, Lima, 15 de agosto de 1913. El doctor Valdizán, creador de la cátedra de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, dio el aporte inicial y decisivo a la satanización del coqueo andino con su alarmante artículo
[17] Ver las diversas críticas en: Diaz (1998).
[18] Freud, Sigmund. Escritos sobre cocaína, Robert Byck ed., Editorial Anagrama, Barcelona, 1980. p.110.
[19] En 1978 apareció en Londres Mama Coca por Antonil (seudónimo de Anthony R. Henmann), libro traducido al español y publicado con el nombre del autor en 1981 por La Oveja Negra, Bogota. También en hisbol-VBD, La Paz, 1992.
[20] Carter, W.; Mamani, M. Coca en Bolivia, Edit. Juventud, La Paz, 1986

[21] Habituación que alcanza al reino animal, como nos lo recuerda Giorgio Samorini, en Animales que se drogan, Ed. Cáñamo, Barcelona, .2003.

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edgarjaramillo
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conexion catolica con el prohibicionismo puritanista cristia

Mensajepor edgarjaramillo » 11 Jul 2006, 20:38

la mayor reponsable de este imaginario prohibicionista es la iglesia catolica en el mundo hispanico , lamentable error, la de seguir las huellas de los fundamentalistas cristianos puritanistas gringos

Nos han dado el siniestro mundo contemporaneo
Última edición por edgarjaramillo el 28 May 2014, 18:41, editado 1 vez en total.

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Re: conexion catolica con el prohibicionismo puritanista cri

Mensajepor freed0m » 12 Jul 2006, 01:20

edgarjaramillo escribió: la mayor reponzable de este imaginario prohibicionista es la iglesia catolica en el mundo hispanico , lamentable error, la de seguir las huellas de los fundamentalistas cristianos puritanistas gringos

Nos han dado el siniestro mundo contemporaneo


Justo lo que faltaba en este foro: el junkie de turno!

Fijo que has visto La vida de Brian, cuando dicen aquello de "Zezenta y ziete azezinos zaduzeos..."

:lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:
Los nacionalistas nunca han hablado de «derrotar» a ETA, sino de amansarla, de treguas, de «fin de la lucha armada».
Pero no de derrota, porque no quieren derrotados en sus filas, sino conversos.

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un debate con palabras, no con imagenes

Mensajepor edgarjaramillo » 12 Jul 2006, 15:43

Perdona , pero me podrías hablar en español y con argumentos que comprenda?

Si Gandhi en la INDIA hubiese logrado desmistificar y por supuesto desnudado todas las mentiras primitivas de las religiosidades en la india …seguramente no habría las tragedias que estas religiones allá generan ….

Europa en el siglo pasado nos dio una muestra de su bestialidad sus dos guerras mundiales
quien los educo espiritualmente?

HOY la narcoguerra es una hija de estas manipulaciones seudomorales que surgen de estas religiones
Última edición por edgarjaramillo el 12 Jul 2006, 15:54, editado 3 veces en total.

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Re: un debate con palabras, no con imagenes

Mensajepor freed0m » 12 Jul 2006, 15:46

edgarjaramillo escribió:Perdona , pero me podrías hablar en español y con argumentos que comprenda?


¿A ti? No, se siente.

:D :D :lol:
Los nacionalistas nunca han hablado de «derrotar» a ETA, sino de amansarla, de treguas, de «fin de la lucha armada».
Pero no de derrota, porque no quieren derrotados en sus filas, sino conversos.

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