Stalin e Israel.

Política Internacional (exterior a la U.E.)
Rompetechos
Mensajes: 468
Registrado: 04 Jun 2014, 22:04

Stalin e Israel.

Mensajepor Rompetechos » 08 Sep 2014, 19:42

Los vaivenes de Stalin

Imagen
Planteada en la ONU la cuestión de la creación de un Estado judío, el Politburó se mostró inequívocamente en contra de la partición. Sin embargo, Stalin ordenó a sus diplomáticos y a los regímenes satélites recién creados en el este de Europa que votaran a favor del Estado de Israel. Sin ese apoyo lo más probable es que la partición, que necesitaba un respaldo de dos tercios de los votos emitidos, no hubiera salido adelante. El discurso de Andrei Gromyko, embajador de la URSS en la ONU, fue un resumen de las reivindicaciones sionistas.

Se ha discutido y escrito mucho acerca de las razones de Stalin para respaldar la partición en 1947. Puede decirse que todas estaban fundadas en su visión de la geopolítica y, por lo tanto, que sus motivaciones tuvieron que ver con la política exterior.

Ante todo, apoyar a los judíos significaba ponerse enfrente de los británicos, que consideraban Palestina el lugar adecuado para vigilar sus intereses petrolíferos en el Golfo Pérsico y el Canal de Suez, vía esencial de comunicación con la India. En segundo lugar, al georgiano le pareció que el nacimiento de un Estado judío en Oriente Medio podría acrecentar las rivalidades británico-estadounidenses en la zona (de hecho, Washington y Londres terminaron chocando en Oriente Medio con ocasión de la crisis de Suez, en 1956). En tercer lugar, Stalin veía al futuro Estado de Israel como un aliado, pues estaría en manos de judíos de izquierdas procedentes, en su mayoría, de Europa del Este. Ese aliado podría proporcionar a la Armada rusa una base en el Mediterráneo, un objetivo estratégico más antiguo que los sóviets. En cuarto lugar, la emigración de judíos rusos le ofrecía la posibilidad de penetrar el nuevo Estado con agentes que se encargarían de garantizar su prosovietismo. En resumen, Israel podía suponer para la URSS una victoria en una región del mundo donde todavía no había terminado de fijarse la influencia de las superpotencias.

Stalin no se limitó a votar a favor de la partición, sino que ayudó a los judíos a combatir a los árabes en la guerra que la propia partición desencadenó. A través de Checoslovaquia, les hizo llegar gran cantidad de armamento. No es fácil saber si Israel hubiera sido capaz de lograr la victoria en 1949 sin esa ayuda.

Sin embargo, el nacimiento del Estado de Israel tuvo efectos indeseados para el dictador soviético. Ante todo, Stalin se vio desconcertado al ver que su enemigo, Estados Unidos, apoyaba la partición con casi tanto entusiasmo como él. Luego, cuando Golda Meier llegó a Moscú como primera embajadora de Israel en la URSS, los judíos rusos la aclamaron enfervorizados. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su política había proporcionado a sus hebreos una nueva patria...

Encima, los israelíes parecían más agradecidos con los Estados Unidos que con la URSS. El paranoico Stalin dio en ver una conspiración de enormes proporciones entre las asociaciones judías norteamericanas, el Gobierno de Israel y los judíos rusos. Esta paranoia fue constantemente alimentada por los asustados miembros del Politburó, quienes, mitad por antisemitismo, mitad por temor a las consecuencias internas, empujaron a Stalin a acometer la persecución de sus propios judíos. El pogromo se llamó con el eufemismo campaña contra el cosmopolitismo. En enero de 1949 llegó a ser detenida la esposa del ministro de Asuntos Exteriores, Molotov. Cuando se discutió la corrección de tal medida, Molotov tuvo –para irritación de Stalin– el valor de abstenerse. Como consecuencia, fue cesado de su cargo.

¿Se equivocó Stalin al apoyar el nacimiento del Estado de Israel? No exactamente. Ocurrió que se limitó a considerar factores de política exterior y se olvidó de la política interna, tanto la de su país como la de su enemigo. Para empezar, no se dio cuenta de que Estados Unidos es una democracia en la que, a diferencia de la URSS, los judíos votan. Pero su olvido más importante tenía que ver con las cuestiones de su propio país.

Cuando Alemania invadió la URSS, el Ejército Rojo se vino abajo como un castillo de naipes. Stalin sólo consiguió fijar el frente y oponer resistencia cuando llamó a librar la que él mismo denominó Gran Guerra Patriótica. Ya no se trataba de defender el comunismo, el bolchevismo, los sóviets o la dictadura del proletariado. Se trataba de defender a la Gran Madre Rusia. Fue ese llamamiento lo que despertó en el pueblo ruso la voluntad de resistir a toda costa. Cuando terminó la guerra, la URSS ya no podía ser lo que fue porque quien había ganado la contienda era Rusia, no las repúblicas soviéticas. De hecho, se lanzó una campaña de rusificación que conllevó el reconocimiento de las virtudes de lo ruso y el envilecimiento de lo foráneo. Incluso se valoraron las cosas buenas que tuvo el régimen de los zares.

Habida cuenta de la gran cantidad de judíos que vivían en su seno, y la relevancia de muchos de ellos, el sionismo no podía ser –a diferencia de lo que creía Stalin– aliado de una URSS tan rusificada. Por muy comunistas que fueran los judíos rusos –y no todos lo eran–, antes que comunistas eran judíos. El sionismo les proporcionó una patria que la URSS, reconvertida nuevamente en la Gran Madre Rusia, les negó. Nacido Israel, los judíos ya no sólo eran rusos sospechosos de no querer serlo, sino posibles agentes al servicio de una potencia extranjera. Esa misma potencia a la que Stalin, por consideraciones de política exterior exclusivamente, había ayudado a nacer.

Stalin pudo luchar con los Estados Unidos por las mentes y los corazones de los israelíes. Pero, por razones de política interior, renunció a hacerlo y el Estado judío, a pesar del carácter socialista de sus primeros años, se convirtió en la avanzadilla de Occidente en Oriente Medio. Cuando el dictador soviético murió, a Kruschev, su sucesor en el Kremlin, no le quedó otra que aliarse con los árabes –a los que tanto despreció su antecesor–, por el mero hecho de que eran enemigos de un aliado de los Estados Unidos. Pero ese alineamiento no tuvo por qué ser necesariamente así. Lo fue porque tanto Truman como Stalin se plegaron a intereses de la política interior de sus respectivos países. Las guerras que se libraron después en esa zona encontraron a los norteamericanos en un bando y a los soviéticos en otro. Fue así por las razones expuestas, pero no porque estuviera de alguna manera predeterminado que así fuera.

http://www.libertaddigital.com/opinion/historia/el-nacimiento-de-israel-1276239061.html

Volver a “Política Internacional”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 4 invitados