¿Qué es eso de cambiar el mundo?

Política Internacional (exterior a la U.E.)
JesRICART
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¿Qué es eso de cambiar el mundo?

Mensajepor JesRICART » 01 Jun 2010, 12:58

¿Qué es eso de cambiar el mundo? JesRICART
Los que quisimos cambiar el mundo y no lo conseguimos, que tampoco levantamos tantas trincheras ni derrocamos monarcas de sus palacios o gobiernos de sus poderes cargaremos siempre con un sabor a hiel. Carpetazo y cuenta nueva. La antorcha humeante mas que de llama viva fue transferida a la generación posterior que parecía que venia a sustituir nuestras energías cansadas. No ha sido así o al menos no lo ha sido tan masivamente como para pensar que cada generación supera en cantidad y calidad los planteamientos de la anterior.
Con tanta cita hasta el colmo de eso del cambio y del cambiar a la sociedad se fue perdiendo el sentido de esa dimensión conceptual y hasta la misma trayectoria de los hechos, a donde iban y para qué servían. Los eslóganes, afortunadamente, no han desparecido y siempre hay alguien dispuesto a enarbolar su bandera, su rótulo, su pizarra, su voz, para decir que eso de cambiarlo todo no es tan difícil, basta (bastaría) con quererlo. Es la verdad más cierta de todas. Lo que cambia el dato objetivo es la intervención subjetiva. Intervenir, ese es el verbo preciso y el verbo mas precioso. Hacer, ese es el que lo conjuga. Actuar, no hay mas vuelta de hoja.
De los haceres pendientes se han proclamado revoluciones a modo de nuevas panaceas religiosas pensando que el día después de un asalto al poder el mundo cambia por si mismo, como si a todas sus bondades contenidas se les abriera la espita para que fluyeran. El esquema es más complicado. El cambio es un proceso abierto y duradero que permita la eclosión de todas las flores. Tuvo que ser J.F.Kenedy quien dijo que quienes se oponen a una evolución social tranquila no podrán impedir una revolución violenta, lo cual resume el punto de vista lúcido de un estadista.
Las izquierdas inflamadas, intelectuales y radicales no han parado de proclamar la posibilidad histórica del cambio además de su necesidad por razones de justicia humanista. Se dotaron de una teoria con trampa al asegurar que la evolución llevaba necesariamente a ese cambio rotundo e indiscutible. Por ahora no ha sido así, a pesar de todas las tentativas. Según se conceptué la idea de evolución se puede creer que sí, que después de miles de años de estar en el laberinto del error una generación lucida del futuro en masa no estará dispuesta a repetir los comportamientos de sus antecesores, es decir de nosotros. No caerá en las mentiras del dinero ni en la banca especulativa, tampoco en los ultraconsumos, en la rivalidad fiera y los belicismos. No tomará por válidas las informaciones manipuladas, ni hará culto a personalidades. Examinará cada una de las cosas y reescribirá la historia para no dejarse engañar.
Nota para tales sucesores: para todo eso la sociedad habrá tenido que decrecer contando con un tipo de unidad humana que por ahora no tenemos: los claustros maternos que crean bebés no les garantizan ni un mundo de valores ni ser prototipos que no renuncien jamas a ellos. En el futuro cuando los neonatos sean implementados con chips hipodérmicos (para su seguridad claro,se dirá, para que no los secuestren o no se pierdan) se pensará que tambien lo puedan ser con códigos de valores. También se habrá saltado del código de barras del producto envasado que pasa por caja al que lleve en la frente (o donde sea) cada individuo para gestiones de identificación y control. Quizás el mundo cambiado será uno tan tecno que el lugar de la libertad creativa y de la expresión personal habrán periclitado para siempre. Por ahora, la idea de cambiar el mundo está bastante mas diluida que una generación atrás. El mundo es más confuso que tras el fin de la segunda guerra mundial. Entonces los legítimos representantes de la historia (es decir de la concepción de una historia superior liberada de los lastres del pasado con todas sus esclavitudes) se consideraban con la razón suficiente para tomar el poder y gestionarlo de acuerdo con los intereses de la mayoría ,o que así lo consideraban. La barbarie de entonces, la de la guerra, que pareció horrorizar a todos no dejó tantas marcas en la conciencia como para impedir que la gente se haya seguidlo destruyendo por conflictos de poder y de territorio los 65 años después. El concepto de la destrucción masiva se ha llegado relativizar. A fin de cuentas toda la gente que murió en aquella guerra (unos 50millones de personas) es bio-repuesta sobradamente con un solo año de natalicios de los actuales (unos 70millones de individuos). Desde una planteamiento estadista y con los cálculos estadísticos en las bases de datos, no se puede descartar cotas de destrucción superiores a las que sucedieron. El concepto de valor de vida humana va a menos. Las democracias actuales, es decir la pseudodemocracias, consiguen conciliar el horror con los votos en las urnas, la apología de la libertad en suelo patrio y el mutis absoluto en las arenas diplomáticas (recuérdese la complicidad de occidente con Israel). El mundo era mas sencillo de interpretar en la década los 60 del XX que ante el inicio de la segunda década del XXI. Todo el progreso científico, los avances de la tecnología pero en particular de la tecnología de la comunicación no han resuelto los conflictos mas duros del drama humano.
La cantinela de cambiar el mundo es vox populi. De hecho es o sería difícil encontrar a alguien que abiertamente declarara que no está dispuesto a que cambie nada o a que prefiere esa clase de mundo a uno supuesto de fraternidad, justicia y paz. El problema de ese tema, es que las grandes palabras para justificar la necesidad de ese otro mundo no bastan para organizarlo ya que para empezar las definiciones de esas grandes palabras y/o conceptos tienen traducciones diferentes. La noción de cambiar ha variado profundamente. Antes mas bien cambiar las cosas pasaba por cambiar las jefaturas de los países, ahora cambiar la realidad parece mucho mas complejo: hay que modificar legislación que permita cambiar con la dictadura de los mercados, replantear el intervencionismo de los estados en las dinámicas productivas, punir cada conducta (micro y macro) que destruya la biosfera, reeducar los comportamientos lesivos y violentos,...en definitiva significa reaprender a vivir en sociedad. Cambiar el mundo es cambiar la sociedad, cambiar pues al otro y al propio yo. No hay mundo futuro posible sin un nuevo sujeto recambiado para habitarlo. Esa interacción entre el yo, como representación de cada individuo y el tú, como el otro con que se interacciona de una numerosa colección de los demás establece una dialéctica de discusión de las responsabilidades de los actos. Cambiar el mundo es cambiar los propios actos para que queden fuera del margen de los errores y daños y cambiar los actos ajenos para que tampoco sean lesivos. La perspectiva de trabajo que abre esta visión es enorme. Abre un doble frente de lucha y de inquietud continuo: intervenir en lo ajeno (en los códigos, las leyes, las actividades públicas, los haceres generales...) para resolver panorámicas y situaciones en las que vivir aspirando a mas felicidad e intervenir en lo propio (en cada acto y elecciones concreta, en cada unidad del propio decir y discurso) para depurarse de tanta suciedad biográfica y poder tomarse la vida con un mayor nivel de integridad y de bienestar.
Como que la discusión dominante es la de cargar las tintas de la responsabilidad en los elementos de la política mas públicos la sociedad no se enfrenta a su propio psicoanálisis que revelaría su responsabilidad, es decir desde el primer individuo censado al ultimo al menos a partir de una cierta edad de capacidad de raciocinio.
En situaciones de crisis en que el propio capitalismo se autodeslegitima creando problemas a sectores que apostaron por el libre mercado y por las carreras desenfrenadas tras el lucro, es decir en sus sectores aliados, la proliferación de opiniones y la concurrencia de análisis permite al menos terminar con la politica del avestruz de no mirar la realidad en su totalidad. En los países ricos ya no queda nadie que pueda afirmar con honestidad que sea exclusivamente la víctima y que no haya participado jamás de procesos que llevaban a la destrucción del medio y al caos del sistema. De hecho, basta cargar el deposito del auto de combustible, comprar tabaco o pagar el IBI para estar apoyando políticas administrativas discutibles por lo que hace a la distribución de los presupuestos. Cada ciudadano tomado mas como contribuyente que no como vecino paga no solo por las necesidades generadas por los gastos comunitarios de su localidad sino tambien los intereses por los endeudamientos de las arcas municipales de sus gestores de turno.
Plantear el cambio de la sociedad como un doble cambio, el del individuo y el del sistema, lleva a otra toma de postura: la de la co-responsabilidad en lo que sucede. En el mejor de los casos, un cambio de estado y de dirección política, no hace a todos los millones de ciudadanos mejores al día siguiente. Pero poner el cambio futuro en función de lo que vaya cambiando, aceptando cambiar, cada individuo es algo muy arriesgado por demasiado idealista. Habría que ver con estudios psicosociales en profundidad en qué grado los individuos que son mas combativos en cambiar el mundo, es decir en querer cambiarlo, están dispuestos a cambiarse a si mismos o que de hecho cambian en sus hábitos de consumo (también alimentarios), en sus adicciones, en la minimización de sus discursos lesivos, en su capacidad para compartir propiedades, sentimientos e intimidades. Me temo que el discurso inflamado de la lucha no se correlaciona tan directamente , como de entrada se podria suponer, con la voluntad de superación de los propios errores personales. Y es que la critica social se ha convertido tambien en una pose que se sabe representar pero que no se siente siempre. Paul Valery dijo eso tan patético, dijo que lo más profundo que hay en una persona es su piel. Si esto es cierto, los futuros cambios venideros de superesctructuras no lograrán cambiar la autentica realidad humana: su psique.
De la lucha social también se ha hecho y quiere hacer un reajuste histórico como si eliminando a los malos el mal quedara atajado para siempre. Las experiencias del pasado con dolorosas purgas y exclusiones de la vida publica cuando no biológica de millones de personas demostraron primero la injusticia en la elección de los purgados no tanto por equivocados como por disidentes y segundo que toda esa violencia regeneró posiciones contrarias. La venganza es el manjar mas sabroso condimentado en el infierno dijo Walter Scott. Cuando se usan las mismas armas de destrucción que emplearon los enemigos se termina por emularlos y ser como ellos o mucho peor. Y eso han sido las guerras en la historia, una continua emulación de las armas de destrucción. Por otro lado, tomar el cambio de la historia como un ajuste con el pasado y una venganza con quienes lo permitieron corre el riesgo de no dejar a títere con cabeza. La otra solución, la del perdón y la amnistía a todos los que desfalcaron y arruinaron países, a delatores y traidores, a saboteadores del planeta, a explotadores y expoliadores sin escrúpulos , a sicarios y asesinos tampoco convence demasiado. La gran revolución pendiente es la de la mentalidad, la del aparato psíquico humano. Sin esto todo lo demás, incluidos los repartos de recursos, la eliminación de las clases y la democracia adelantada no dejaran de ser cambios aparentes.

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