el trauma del superviviente

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JesRICART
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el trauma del superviviente

Mensajepor JesRICART » 30 Dic 2018, 18:10

El trauma del superviviente. jesRICART
Del ataque ajeno y de la traición siempre hemos sido preavisados desde la infancia y la primera escuela. Hay toda una literatura para esa edad que ya introduce a las figuras más terribles con las que un adulto se puede encontrar. A pesar de eso para cuando nos encontramos envueltos o afectados por cuadros dantescos nuestra mente se resiste a aceptarlos. ¿Qué está pasando aquí?¿Por qué está sucediendo lo que veo con mis propios ojos? ¿a qué extremos es capaz de llegar el ser humano? Recuerdo perfectamente las emoción que me volvió cuando al conectar la pantalla de te4levision vi por primera vez las imágenes de los Boeing estrellándose en ls twin tours neoyorquinas. ¿qué estaba pasando? ¿Quién merecería sufrir tal ataque? La noticia era tan extraordinariamente espantosa que quise creer que era una escenografía de ficción, que aquello no podia ser cierto. Unos segundos despues me rendí a la evidencia. El hecho venia a confirmar mis peores temores. Apenas 2 años antes habia presentado la perspectiva en una conferencia en un espacio cultural barcelonés de que el siglo XXI que nos esperaba iba a ser comparativamente no mejor si no peor que lo sufrido en el siglo XX.
Toda mi apuesta humanista por un mundo mejor y su posibilidad objetiva no estaba exenta de la necesidad de proclamar el antídoto contra quienes lo querían y siguen queriendo degradar a peor.
La lectura demorada del libro de Luis Rojas Marcos Más Allá del 11 de septiembre me ha reconectado con la sentimentalidad y consideraciones que tuvimos e hicimos ante aquel atentado tan dramático e imperdonable. Recuerdo perfectamente las conversaciones que tuvimos en diversos espacios de debate y conferencias sobre el nuevo tipo de terrorismo en el que entrábamos y la desconfianza creciente del ser humano con el ser humano. Mi viaje a New York y a toda la costa Este dos años después del atentado me confirmó las secuelas de una paranoia generalizada que cabía calificarla de cuasi pandémica. Las medidas de seguridad en todas partes y entradas en centros públicos totalmente justificadas tambien se convertirían en un factor para esa paranoia contagiosa.
La psique humana es compleja, cuando recibe una información superior a su capacidad interpretativa tiende a negarla, es una escapada mental de las evidencias. La locura del alienado mental finalmente es porque no está dispuesto a aceptar la realidad tal como es. El atentado supuso un mazazo a todo el mundo occidental: la realidad es ésta y os toca admitirla. Se nos metía a la fuerza en el festín del sadismo.
Frente a la tragedia ajena la reacción inmediata es ayudar en alguna medida o cuando menos manifestar el apoyo solidario a las víctimas. En un analisis más sereno las victimas tambien entraban en el paquete de los terroristas que se inmolaban, y la reacción a largo plazo es otra: el desentendimiento al asumir la tragedia como parte de lo recurrente, es decir de la normalidad social
¿Cómo era posible que tantos suicidas-bomba fueran capaces de producir tanto daño?. ¿cómo explicar su acumulación de tanta maldad? Esa es una pregunta que el psicoanalisis, la psicología y la psiquiatría tienen todavía pendiente de responder. El 11S anuncio que Occidente tambien iba a integrar el campo de los actos terroristas. Por aquel entonces Raimon Pannikar al que vale la pena volver a citar en la misma entrevista en la que fuera preguntado acerca de lo que opinaba sobre el terrorismo, contra preguntó para puntualizar acerca de qué terrorismo se le preguntaba ya que habia varios. Es otra pregunta a responder. Los terrorismos han continuado, las principales ciudades y capitales europeas han demostrado su total vulnerabilidad.
La tragedia tiene un retroactivador de reactivación. En los momentos de mayor dolo hay quien saca fuerzas de donde sea y remonta la situación y ayuda a que la remonten quienes se dan por perdidos. En esas situaciones extremas quien se ve en las ultimas, promete promesas insostenibles si escapa de su final como el amor incondicional o la entrega altruista perpetua a los demás. ante la destrucción y la desgracia lo inminente es soluciones, rescatar las victimas., ya habrá tiempo para las reflexiones y para la venganza. A escala internacional el atentado del 11S propo4r5ciono la coyuntura ideal para que la politica exterior estadounidense metiera a más países en sus dianas de ataque, Afganistán e Irak. Lo que no hizo fue meter en la lista a Arabia Saudi, que seguiría siendo su aliado a pesar de ser el país cantera del capital para financiar el atentando de aquel fatídico dia.
Rojas Marcos refiere un dato muy interesante: el incremento de la literatura sobre el islam y el mundo árabe. La gente necesitaba comprender lo que habia sucedido. ¿17 años después lo hemos entendido? Desde entonces han continuado los atentados en distintitas ciudades occidentales. El disparo contra gente civil del terrorista en Strasbourg ya viene con el paquete de noticias del dia como una más. Las banalización del mal vuelve a ser generalizada como lo ha sido en otras épocas. Que el enfermo mental mate en nombre de su dios, por ridículo que nos parezca, no le minimiza el potencial de destrucción que tenga. Al contrario cuanto más ignorante sea el terrorista más daño puede llegar a ahcer, con la no inteligencia no se puede tratar.
De un terrorista lo primero que destaca es que un ser humano, un sujeto que ha vivido vicisitudes parecidas a las de cualquiera, que se ha fanatizado tras un credo propio de la mente maniaca , que está dispuesto a inmolarse en una edad en la que tiene dos tercios de vida por delante para intentar hacer algo mejor y n convertirse en un asesino en ,masa.. Por duro que sea de reconocer cada humano tiene caracteres que representan a toda la humanidad. El peor de sus criminales contiene genoma compartido al más puro de los santos, la diferencia ha estado en las habilidades para gestionar sus conflictos e incomprensiones.
La experiencia de la muerte deliberada en masa deja efectos postraumáticos duraderos. Psicológicamente es mas asumible la muerte no evitable por una catástrofe natural que por una intención destructora expresa a manos humanas. El síndrome postraumático en el Japón bombardeado atómicamente en 1945 no ha cesado casi 3/4 de siglo después. ¿O alguien puede demostrar lo contrario? Lo que no integramos como humanos es que otros justifiquen gratuitamente la destrucción de semejantes.
Ponemos buena cara al mal tiempo, reímos y disfrutamos del contacto, nos extrovertimos, brindamos por el futuro y junto a todo ese talante entre triunfalistas e ilusorio, no exento de alucinación con alguna dosis de delirio, reconocemos que la realidad de la actualidad es incomparablemente menos segurizante que ninguna otra realidad anterior conocida, incluidas las épocas de guerra. En los últimos 25 años desde alera digital hemos querido disfrazar ese sentimiento afirmando que siempre ocurrieron tragedias solo que últimamente son mas conocibles por la tecnología divulgativa. La comunicación interhumana ha dado un gran salto pasando del contacto de las ondas hertzianas a la conectividad digital. Es cuestion de que se vayan haciendo estudios y dando a conocer los resultados para confirmar que la mayoría del planeta se pasa más tiempo (horas por dia) interactuando con sus dispositivos portátiles: teléfonos móviles y ordenadores portátiles que no con las pantallas televisivas o la radiofonía Lo cierto es que el número importa y la probabilidad de los peligros y la reconfiguran de todo como sociedad de riesgo no para de aumentar.
El siglo XXI no es que se estrenara con terrorismos, estos son continuos desde mediados del XX, con lo que se estrenó es con otra percepción del terrorismo internacional. Las víctimas de este tipo de criminalidad que hasta entonces pertenencia a otra latitud tambien alcanzaban el corazón de los occidentales. El trauma resultante lo fue no solo por la cuantía de asesinatos en si sino por la evidencia de la vulnerabilidad de cada uno de nosotros. Desde el 2001 estamos advertidos: todos somos vulnerables y podemos ser objeto de asesinato sin preaviso simplemente porque estamos en el lugar equivocado en el momento equivocado, es decir porque estamos en el mundo equivocado. Ya no importa la ciudad o el país en el que estemos, si no todos casi todos van a seguir siendo dianas objetivas de una locura suicida, enferma y vengativa. Lo más paradójico es que el perfil del terrorista asesino ya no distingue entre aliados y enemigos. No espera ninguna victoria terrenal le basta la promesa paranoica de un paraíso orgiasta. Es un niño con un comic mal asimilado.
Lo que aún está por hacer es el retrato psicológico de las personalidades de los terroristas. Por eso es y va a ser tan importante detener en vida a los que no logran inmolarse en lugar de abatirlos ya que eso permitiría indagarlos clínicamente. Es una mera hipótesis, ya que quince años de detención ilegal de islamistas en Guantánamo, como antes las detenciones ilegales en las casi 50 cárceles durante la invasión de Irak en el 2003 no arrojó mucha información psicológica ni policial demostrando el absoluto fracaso de la politica de interrogatorio basada en la tortura.
El analisis de un acto terrorista en particular descontextualizándolo de un mundo aterrorizado y sobrado de terrorismos resulta parcial. En la continuum de ataques y reacciones (que de hecho empezó con la postguerra en los 50, durante la guerra fria y sigue continuando) el peor de los actos terroristas siempre va a evocar la memoria de otros precedentes peores. Conviene no olvidar que los USA sigue siendo el primer país del mundo que mas victimas por terrorismo ha ocasionado en el planeta en otras latitudes. Evidentemente un agravio no justifica otro, pero sería muy inconsciente ignorar la conexión psicosocial además de politica de todos ellos.
Somos supervivientes en un mundo que no tiene resueltos sus conflictos, que los organismos internacionales de presunta unidad internacional no funcionan, que los aparatos de justicia centrales intervienen con tanta demora que la justicia nunca termina de ser impuesta, que los muros no paran de levantarse, que el karma de la historia de cada país está volviendo en forma de boomerang. Somos supervivientes en un mundo que está cambiando por instantes en un doble flujo de evolución e involución, de avances técnicos y de pérdida de valores, en un mundo en que el humanismo decrece y el materialismo desensibiliza en masa a todas las clases sociales. Somos supervivientes en una sociedad peligrosa en la que sobrevivimos reunidos con grupos de proximidad que nos acogen sentimentalmente y con los que podemos ahcer de observadores objetivos de todo l oque está sucediendo.
Conseguimos adaptarnos con todas las precauciones sin poder olvidar la historia y la actualidad por mucha capacidad de perdón de la que podamos ahcer gala. Ciertamente la venganza no es una opción porque nos reduce la energía, pero la ignorancia lo es aún menos. Tenemos todo un mundo por rehacer, volver a la ilusión renacentista de finales de la edad media, volver al ágora griega con debates abiertos, volver al alma espirita de cada uno rescatándose a sí mismo como persona aun con toda la impotencia que nos configura.
El terrorismo es una forma de guerra sin reglas fijas, sin frentes definidos, sin líneas de separación. Mientras el mundo neoliberal genere tanto terror y males en el planeta seguirá produciéndose y seguirá atacando y destruyendo uno de los valores más importantes: el de la confianza mutua. Podemos reunirnos espontáneamente y cantar la marsellesa tras uno de sus ataques o congregarnos en el sitio de la última matanza con velas y poemas, pero en el fondo sabemos que nuestras protestas y lágrimas no van a pararlo porque los terrorismos de ahora tienen su raíz en siglos de explotación, expolio, colonialismo y sometimientos. Lo mismo que el cambio climático viene produciendo catástrofes “naturales” de una furia extraordinaria despues de un siglo largo de contaminación continua de la que todos fuimos corresponsables, la estructura del sistema es la causa difusa que viene empujando tanta maldad como la que sufrimos.
En la década de los 70 el dilema para E.Mandel era Socialismo o Barbarie. Pues bien, estamos en el introito a la barbarie. Está por ver si su degradación irá a más o a menos. Intuyo que la mayoría de opinantes dirá que irá a peor.

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