El Judaísmo al Descubierto

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menganito
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El Judaísmo al Descubierto

Mensajepor menganito » 15 Jun 2017, 11:31

EL JUDAÍSMO AL DESCUBIERTO.

Estamos ante una obra ( este es un pequeño resumen de una obra de 2.000 págs) que fue ampliamente difundida, recomendada su lectura por reyes y de obligada lectura en algunas universidades.


Actualmente es desconocida por el gran público, incluso por profesionales de la Historia y difícil de conseguir.

Pese a ser una obra imprescindible para entender por qué los judíos no han desaparecido de la Historia como muchos pueblos coétaneos suyos e incluso muy posteriores.

Así, mientras no hay asirios, cartagineses, romanos, fenicios, babilonios, etc. Sin embargo los judíos siguen persistiendo.

También explica el porqué los judíos, siempre tan victimistas, son causa de las iras de los otros pueblos que tienen que convivir con ellos.

La Historia muestra que durante 6.000 años, en multitud de culturas, latitudes, religiones, sociedades, climas, … este pueblo SIEMPRE han chocado con todos los demás y creado problemas (guetthos, progrons, revoluciones, herejías, …).

Leyendo estas obras uno se da cuenta del porqué la culpa no debe ser de los otros pueblos, sino de los propios judíos que no son capaces, por su idiosincrasia, creencias, hábitos, ideología, … de encontrar acomodo en ningún pueblo, en ninguna época, en ninguna latitud, cultura o sociedad, antigua o contemporánea.


INTRODUCCIÓN.
La obra de Juan Andrés Eisenmenger: El Judaísmo al Descubierto es informada por el librero (Ambrosius Haude, el 12 agosto 1736) a quién encargó la venta de los ejemplares el Rey de Prusia: “Nuestro autor (nacido en 1654) destacó en el Colegio Saientias de Heidelberg por su gran celo y aplicación en el estudio del hebreo llamando la atención del sabio Gran Elector Carlos Luis quien el facilitó los medios para viajar a Oriente y otros países.

El viaje lo emprendió en 1680 pero en el camino le comunicaron la muerte de su protector, por lo que se encaminó a Amsterdam donde prosiguió sus estudios orientales y también aprendió el árabe con gran perfección, pudiendo copiar por propia mano todo el Corán.

En esa ciudad se asombró al oír blasfemar groseramente contra el cristianismo al más distinguido de los rabinos de entonces, el llamado David Lida y vió, con sus propios ojos, en 1681, como tres impíos cristianos, entre ellos un estudiante de Praga, se hicieron circuncidar abrazando la religión judía.

Fue cuando se decidió a escribir esta obra El Judío al Descubierto y tras haber estudiado durante 19 años a casi 200 autores hebreos : CUANDO PUDO PONER DE MANIFIESTO, INCONTROVERTIBLEMENTE, EL ODIO SECULAR QUE ABRIGAN LOS JUDÍOS CONTRA EL CRISTIANISMO.

En esa época regresó a Heidelberg, ciudad que fue destruída en 1693 por lo que se trasladó, esta vez a Francfort donde dió a la imprenta su obra en 1700.

Los judíos se indignaron mucho y renegaron de la confianza que le habían mostrado y de la iniciación que le habían hecho en muchos secretos de su raza pues esperaban que abrazara sus doctrinas y tesis.

Eisenmenger había comprometido su pequeña fortuna en la impresión de su obra, pero los judíos de Francfort incitaron a su correligionario vienés Simson Wertheimer a que elevara una enérgica protesta ante el Consejo de la Corte del Imperio, diciendo que dicho libro estaba preñado de falsedades, orientadas a producir tumultos contra los judíos. El resultado es que la obra fue confiscada.

Casualmente pudieron ser enviados cuatro ejemplares, a las Universidades de Colonia, Maguncia, y Gieβen y otro a Viena para que fueran sometidos a la censura.
También se entregaron algunos otros ejemplares a los propios judíos, para que los estudiaran.
Las citadas universidades aprobaron la obra y reconociendo que Eisenmenger había procedido cautamente en sus citas, dando el autor un índice exacto de los autores y obras, con el año de publicación, tamaño, etc. de las mismas.

Aunque la obra fue AMPLIAMENTE RECOMENDADA POR MUCHOS EMINENTES Y DOCTOS SACERDOTES católicos, y fue DE OBLIGADA LECTURA Y ESTUDIO PARA TEÓLOGOS Y POLÍTICOS, los judíos intrigaron para conseguir su prohibición.

No obstante, una disposición real del Rey de Prusia: Federico I, ORDENÓ QUE LA OBRA FUERA IMPRESA EN 1711 PARA EL BIEN DE TODA LA CRISTIANDAD.

Del informe anterior, de Ambrosio Haude, se deduce que Eisenmenger escribó principalmente su obra al ver como EL TALMUD y TODAS LAS ESCRITURAS TALMÚDICAS implican solamente un ATAQUE DESCONSIDERADO Y BRUTAL CONTRA EL CRISTIANISMO.

En sus más de 2.000 páginas impresas se hayan disquisiciones sobre temas puramente teológicos, que separan diametralmente las doctrinas judías de las cristianas.
Además Eisenmenger expone muchos temas interesantes antijudíos.

Basándonos en los epígrafes de cada uno de los capítulos de la obra y en los numerosos subtítulos marginales, y reproduciendo, literalmente, los textos íntegros de capítulos seleccionados, exponemos como EL ANTIJUDAÍSMO NO ES UNA INVENCIÓN MODERNA, SINO ALGO QUE EXISTÍA SIGLOS ANTES ENTRE LOS NO JUDÍOS QUE ESTABAN CONVENCIDOS DE QUE LOS HEBREOS NO SON, EN REALIDAD, OTRA COSA QUE LOS ENEMIGOS MÁS ENCONADOS DEL MUNDO.



EL JUDAÍSMO AL DESCUBIERTO (Primera Parte):
Eisenmenger fija en los primeros 7 capítulos la actitud de los judíos ante Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo y los Apóstoles.

En el Cap. I, (pags. 1-61):
indica “las cosas impertinentes y hasta en parte verdaderamente blasfemas que enseñan y escriben los obstinados judíos sobre Dios Padre”.
Eisenmenger se dirige, principalmente, contra la fe judía que muestra a Dios Padre con muchos rasgos humanos; fustiga la doctrina de que Dios se halle en el destierro y en la prisión con los judíos, y que solamente puede redimirse de dicha proscripción mediante la penitencia de los judíos.
Muestra lo erróneo de la fe judía de que las almas de los judíos constituyen un fragmento de Dios y de que éste hubiera dado a Moisés también el Talmud en el monte Sianí.

En el Cap. II (pgs. 61-148):
nos muestra como: “los obstinados e impíos judíos difaman, blasfeman y maldicen, de diversos modos, contra Cristo, denominándole con nombres vergonzosos y sarcásticos”.
Cristo es para los judíos un Dios de los incircuncisos e irredentos, es un maldito, un loco, un hereje, se ledenomina ateo, hijo de mujer impura, hijo del vicio, hijo del barro, cadáver de perro.

En el Cap. III (pgs. 148-188):
los datos blasfemos de los impíos judíos” sobre las obras de Cristo que llevan a la muerte. Cristo es presentado, por los judíos, como el gran pecador, el mago.

En el Cap. IV (pgs. 189-227): describe: “La doctrina maldita de los impíos judíos” sobre los sucesos tras la muerte de Cristo.
Según la doctrina judía, Cristo se encuentra en los infiernos en la región del barro hirviente.

En el Cap. V (pgs. 228-263):
ventila la cuestión de si el personaje denominado Jesús en el Talmud y en las escrituras talmúdicas es idéntico a Cristo o, si se trata de dos personas diferentes.
Eisenmenger rechaza la afirmación de los judíos de que el Jesús mencionado en el Talmud no debe entenderse por Cristo.

En el Cap. VI (pgs. 264-269):
muestra como “los impíos judíos blasfeman” contra el Espíritu Santo.
Los judíos le llaman Espíritu Impuro.

En el Cap. VII (pgs. 270-293):
se muestra como los judíos desprecian y se mofan de la Sagrada Escritura del Nuevo Testamento y de los Santos Evangelistas y Apóstoles
El Evangelio es para los judíos “la vanidad puesta sobre el papel o el pecado escrito”
El Apóstol San Pedro aparece como “el primogénito del asno”, San Pablo y los otros Santos d ella Iglesia como “prostitutas”.

En el Cap. VIII (pgs. 293-453) habla de:
lo que los judíos enseñan en el Talmud, y lo que debe pensarse sobre ello”
Eisenmenger muestra primero, basándose en la literatura hebrea, el origen del Talmud, que consideran palabra de Dios, y como el Talmud babilónico fue “aceptado por todos los judíos
”.

El Talmud tiene para los judíos más valor que la Biblia del Antiguo Testamento. Deben creer todo a sus rabinos (talmudistas), nadie debe contradecir a éstos. Deberán ser honrados y temidos por todos los judíos como si fueran reyes.
Por el contrario deberá ser despreciado aquel que no haya aprendido nada de la ley judía; la shija de un tal ignorante son consideradas como insectos; se le deberá, incluso, cortar el cuello a un judío de esta naturaleza, despedazándole como a un pez.

Eisenmenger demuestra luego que el Talmud no puede ser la palabra de Dios, puesto que en él se hallan cosas repugnantes a Dios, y porque continuamente se hallan en él contradicciones con el Antiguo Testamento; también indica que el Talmud permite la usura y ordena la embriaguez, creyendo poder pedir consejo al diablo y permite incluso el pecado.

El Talmud no puede ser, tampoco, palabra de Dios, porque contiene “muchas burdas mentiras y fábulas” sobre el Génesis, sobre la estancia de Adán y Eva en el paraíso, o sobre la historia primitiva del pueblo israelita.

Finalmente el Talmud no puede contener la palabra de Dios, porque expone muchas supersticiones, porque algunos talmudistas son ateos, por las muchas impertenencias que contiene, porque interpreta, falsamente, la Sagrada Escritura, y porque ofrece muchas estupideces y afirmaciones falsas.

Eisenmenger termina sus largas consideraciones sobre el Talmud mencionando el pasaje denominado: Quidduschin (Fol. 40, col. 2) donde dice: “el Talmud es grande, pues lleva a la práctica” y continúa: “si quiere decirse que el Talmud conduce a los hombres a la blasfemia, la mentira, a la falsa interpretación de las Escrituras, y a otros vicios vergonzosos, entonces tienen razón, como ya ha quedado demostrado anteriormente hasta la saciedad.
Si quieren decir que edifica hacia el temor de Dios y al cumplimiento del deber ante Dios y el prójimo, se iente descaradamente. ¡Pero sobre esto ya hemos dicho suficiente!
”.

En el Cap. IX (pgs. 453-493),
se determina que: “el Antiguo Testamento según las doctrinas de los judíos, “puede ser aclarado de muchas maneras” y que dicha interpretación judía es “irracional” en muchos pasajes.
La ley del Antiguo Testamento debe ofrecer tantas posibilidades de interpretación como almas israelitas existan.

En el Cap. X (pgs. 494-506)
el autor muestra como “denominan los judíos a la religión y fe cristianas, lo que escriben sobre ellas y con que apodos motejan a los sacerdotes cristianos. Según la convinción de los judíos talmúdicos, la religión cristiana es “una creencia falsa y mentirosa”, “un error y una vanidad”, los defensores de esta “creencia insípida” son los “juramentados” (sacerdotes).

En el Cap. XI (pgs. 507-533):
examina la actitud de los judíos hacia las “iglesias de los cristianos”.
El templo cristiano es “un horror”, “casa de la idolatría”, “casa de la locura”, “casa de la ignominia”, “casa de la perdición”. La catedral cristiana es para los judíos “un abismo”.

En el Cap. XII (pgs. 533-556) se demuestra que:
“los sacramentos del bautismo y comunión son despreciados y ridiculizados por los judíos”
El agua bautismal es calificada como “agua del exterminio”, “agua de altanería”, “agua de las prostitutas”, “agua hedionda”, “agua de suciedad”, “agua de impureza”.
La ostia es considerada por los judíos como “impuro estiercal o barro”.

En el Cap. XIII (pgs. 556-567):
se ocupa de la posición de los judíos ante los días de fiesta cristianos, que según ellos significan “decadencia, desgracia y perdición”.


Cap. XIV : DE LA ARROGANCIA DE LOS JUDÍOS SOBRE TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO.

En el Cap. XIV (pgs. 568-588):
habla nuevamente de todo el mundo no-judío, que según la “petulante jactancia” de los judíos y “su presunción completamente sin base”, no vale nada.
Como la argumentación de Eisenmenger, en este capítulo, se refiere no solo a los cristianos sino a todos los no-judíos, reproducimos el texto íntegro (traducido al español):

Como en el capítulo siguiente expondré la forma en que los judíos desprecian y odian a todos los pueblos no-judíos, especialmente a los cristianos, me parece conveniente mostrar antes el orgullo y la jactancia de estos elementos, que, en su vanidosa presunción, pretenden elevarse estúpidamente sobre los otros pueblos, ya que por haber recaído sobre ellos la maldición de Dios y por su existencia precaria, deberían de resignarse a abrigar ideas humildes y a reconocer su desgracia.

Desde la antigüedad habían sido el pueblo elegido de Dios, por esto Moisés (Deuteromonio, 7, 6) les decía: “Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra” (Deuteromonio 10, 15 y 14,2).

Pero por su impiedad les ha sido negado el Reino de Dios, como profetizó Jesús (Mateo 21, 43), siendo este entregado a los gentiles.

También se dice en el Midrasch Tillim (Fol. 35, Col. 1) refiriéndose al salmo 75, 10: “Y quebraré todos los cuernos de los pecadores”. Pues escrito está: El Dios Santo y bieneaventurado ha dado a los israelitas 10 cuernos,
· el cuerno de Abraham, como se dice (Isaías 5, 1): “Ahora cantaré por mi amado el cantar”, etc. etc.
· el cuerno del aceite de Isaac, como se dice (Génesis 22, 13): “Y miró, y he aquí un carnero a sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos”.
· el cuerno de Moisés, com se dice (Exodo 34, 29): “que la tez de su rostro resplandecía”.
· el cuerno de la profecía, como se dice (I. Samuel 2, 1): Y Hanna oró y dijo: “Mi cuerno es ensalzado en Jehová”.
· el cuerno de la ley, como se dice (Habacuc 3, 4): “Rayos brillantes salían de su mano”.
· el cuerno del sacerdocio, como dice (Salmo 112, 9): “Su cuerno será ensalzado en gloria.
· el cuerno de los levitas, como se dice (I. Cronicas, 25, 5): “Todos estos fueron hijos de Hemán, para ensalzar el poder suyo”.
· el cuerno de Jerusalén, como se lee (Echa rabbati, Fol. 303, Col. 1): “el cuerno del templo, como se dice en el Salmo 22, 21: “Y óyeme librándome de los cuernos de los unicornios”.
· el cuerno del Rey Mesías, como se dice (I. Samuel 2, 10): “y dará fortaleza a su Rey y ensalzará el cuerno de su Mesías)
· el cuerno de David, como se dice (Salmo 132, 17): “Allí haré, reverdecer el cuerno de David”.

Pero tras haber pecado a los isarelitas se les han quitado todos los cuernos, dándoselos a los demaś pueblos del mundo, como se dice (Daniel 7, 7): “Y tenía diez cuernos”.

A parte de que han perdido, como ellos mismos dicen, esos diez cuernos, se vanaglorian, sin embargo, desemedidamente, y creen que son todavía el pueblo de Dios, como se lee en el prólogo de la obra de Schefa tal: “Todo israelita es a los ojos del Altísimo alabado más querido y valioso que todas las almas de cualquier otro pueblo”

Y en el libro Cadhakkenmach (Fol. 64, Col. 4) así como también en la intrepretación del rabino Menachem de Rekanat sobre los 5 libros de Moisés se lee (Fol. 187, Col. 4) en el Parascha Vajar Balak: “los israelitas son más agradables a Dios que los ángeles más útiles”.
Esta cita procede del tratado talmúdico Chullin (Fol. 91, Col. 2).

Y en el libro Cosri (Parte 2, No 36) se dice: “los israelitas son entre los pueblos como el corazón entre los miembros. Se considera el pueblo más distinguido de los pueblos”.

En el libro Chissuk emuna se dice: “el pueblo israelita es lo más excelente del género humano, como el corazón es lo más noble enre los miembros”

También se dice así en la interpretación del rabino Bechaj sobre los cinco libros de Moisés (Fol. 229, Col. 3).

En el Parascha Vesot habberacha: “Israel es lo más noble enre todas las cosas”

Manifestaciones análogas se hallan en el libro Nezah Israel (Cap. 10, Fol. 17, Col 4: cap. 15, Fol. 25, Col. 4)

En el libro Cad hakkemach (Fol. 75, Col. 4): “El Dios santo y alabado no es honrado por todos los 70 pueblos del mundo, sino solamente por Israel”.

También creen que Dios está solamente con ellos.
Así, por ejemplo, escribe el rabino Menachem de Rekanat, en una interpretación sobre los cinco libros de Moisés (Fol. 61, Col. 4), en el Parascha Vajeze Jaacob: “La Majestad divina, mostrada por Raquel, habita entre los israelitas y no entre los otros pueblos del mundo”.

Y en el Bammidbar rabba está escrito, en el 12 Parascha (Fol. 202, Col. 2): “El (Dios) deja habitar su Majestad solamente sobre los suyos que se hallan entre los israelitas”.

En el tratado talmúdico Berakot (Fol. 7, Col. 1) se lee: “Moisés anhelaba tres cosas de Dios, que éste le concedió.
· Anhelaba que viviera la Majestad divina sobre Israel y El se lo prometió, como se dice en el Exodo 33, 16: “Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos yo y tu pueblo, sino en andra tu con nosotros”.
· Ha anhelado que la Majestad Divina no quiera residir sobre los pueblos del mundo, y se lo promeitió, como dice en el Exodo 33, 16: “Y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra”.
· Ha exigido de Dios que le haga saber sus caminos, y se lo ha prometido, como se dice en el Exodo (33, 13): “Ruégote que me muestres ahora tu camino”.

Citas análogas se encuentran en el tratado talmúdico Baba batra (Fol. 15, Col. 2) y en el Jalkut chadasch (Fol. 19, Col. 2, No 11).

También se imaginan que el mundo ha sidoc reado solamente por su causa.
Sobre esto se dice en el libro Zerror hammor (Fol. 16, Col. 4) en el Parascha Bammidbar: “El fin de la creación del mundo se hallaba solamente en Israel, aunque esto se halla enteramente claro, hay que considerar, sin embargo, estas palabras y saborearlas, pues, como se sabe, los judíos al aceptar la ley adquirieron toda la perfección de que carece los demaś pueblos, ya que éstos no han querido aceptar la Ley”.

Y en el libro Schene luchot habberit (Fol. 145, Col. 3) se dice: “el mundo ha sido creado a causa de los israelitas. Estos son el fruto y los otros pueblos la cáscara. Vemos que, en efecto, no existe ningún otro pueblo más que Israel, del cual los otros son la cáscara”.

Abarbenel enseña en su interpretación sobre el profeta Isaías (Fol. 63, Col. 4, Isaías 41, 16): “los israelitas son el ojbeto del mundo; por esto se los compara con el trigo y a los otros pueblos con la paja”.

En el Bammidbar: Hay que comparar a los israelitas con un montón de trigo. Lo mismo que el trigo viene contado en el granero, así habla Dios, deberá ser contada toda hora a los israelitas. Por eso se dice (Cantar de los Cantares 7, 3): “Tu vientre, como montón de trigo”. La paja y los rastrojos no son contados ni medidos y por eso se compara a los idólatras con la paja y los rastrojos, como se dice en el Salmo 88, 13: “Como a hojarascas delante del viento”. Y así se dice (Abdías 1, 18): “Y la casa de Esaú estopa”. Dios no tiene ninguna utilidad de ella, como se dice (Isaías 40, 17): “Como nada son todas las gentes delante de el”. Pero de los israelitas tiene Dios una utilidad pues ellos leen el esquema que es la palabra (Deuteromonio 6, 4): “Oye Israel etc.”

Ellos oran y bendicen todos los días el nombre del Altísimo, por eso son contados también en cada hora, y comparados con el trigo, como se dice: “Tu vientre es como un montón de trigo”.

Análogos pensamientos están en el libro Toledot Jezschak (Fol. 84, Col. 1), Parascha Bechykkotaj.

También creen que el mundo no puede existir sin ellos.
En el libro Matte Aharon (Fol. 9, Col. 2), se dice: “lo mismo que el mundo no puede existir sin los cuatro vientos, tampoco puede existir sin los isarelitas. Esaú no puede permanecer en su sitio, si los israelitas no viven en el mundo; pues los pueblos no pueden presistir son se conservan en el mundo los israelitas”.

Pasajes similares se encuentran en Zerror hammor (Fol. 107, Col. 2 y 4; Fol. 127, Col. 3); en el Parascha Bammidbar (Fol 172, Col. 2 y 4; Fol. 127, Col. 3); Jalkut chadasch (Fol. 149, Col. 3, No 58), Jaljut Rubeni (Fol. 1, 72, Col. 3), y en el Parascha Ekeb, en el Otiot Rabbi Akkiva (Fol. 6, Col. 4; Fol. 7, Col. 1); en el Midrasch Tilim (Fol. 4, Col. 4): “como el mundo no puede existir sin cebada, tampoco puede existir sin israelitas”.

En el Jalkut Schimoni se dice (No 176, Fol. 28, Col. 1): “los israelitas son comparados con la arena, pero los pueblos con la cal” y en Isaías 33, 12: “y los pueblos serán como cal quemado”. Si no echas arena en la cal, ésta no puede existir ; así tampoco los pueblos del mundo pueden existir sin los israelitas.

Los mismos pensamientos contiene también Pesikta rabbeta (Fol. 17, Col. 3).

También mantinene que sin ellos no hay bendición, ni lluvia, ni sol.
Entre otros, en Jalkut Schimoni sobre los salmos (Fol. 124, Col. 2, No 88): “si los israelitas no existieran no habría ninguna bendicion en el mundo” y en el Deuteromonio 28, 8: “enviará Jehová contigo la bendición”.

Si no existieran los israelitas no saldrían las luces (luna y sol).

Los judíos están presos de la errónea manía de que son santos.
Así en el Chissuk emuna (pg. 80) son llamados: “los santos de Dios” y en la obra de Cad hakkemach (Fol. 20, Col. 4) se interpretan las palabras de Daniel 7, 25: “Y a los santos del Altísimo quebrantará” …

etc. etc. etc.

Para no cansar al lector aún resumiremos más y citaremos sólo sus creencias, omitiendo la fuente (que está a dipsosición del que le interese):

Lo agradable que es a Dios el servicio de los judíos, según el rabino Josef Albo en la 3ª parte de su Sefer Ikkarim (Cap. 37): “el más pequeño servicio que se haga a Dios por parte del pueblo de Israel, le es más valioso que todos los servicios de cualquier otro pueblo o de todos los pueblos”.

Viven en la idea de que son los hombtes más inteligentes y doctos del mudno.

Dicen ser parientes de Dios.

Dicen todos ser hijos reales.

Por todo esto agradecen a Dios que les haya hecho ser judíos.

Ningún judío debe llamar siervo a otro judío.

Pero consideran a los cristianos como siervos suyos.

El que haga sufrir algo a un judío es como si injuriara a Dios.

El que conserva la vida de un judío es como si conservara la vida de todo el mundo.

Enseñan que nunca deberán mezclarse con los otros pueblos.

Dios no debe airearse contra los judíos.

Piensan que ellos solos pertenecen a Dios y los otros pueblos al demonio.

Se imanginan que sus oraciones son agradables a Dios.

Creen que de sus oraciones se tejerá una corona destinada a la cabeza de Dios.

Pero si la oración de los judíos, fuera de gente tan sabia y justa como se imaginan, entonces les escucharía, pues en el Salmo 34, 18 dice: “llamaron los justos, y Jehová oyó y librólos de todas sus angustias”

El que no les escuche viene de que, según su opinión, no saben más el verdadero nombre de Dios.

En el Jalkut Schimoni (Fol. 119, Col. 1, No 843) se dice sobre el Salmo 91: “¿Por qué oran los israelitas en este mundo y no se les escucha? Porque no saben más el nombre verdadero de Dios”.

Se quejan de que Dios no les escucha.

El autor también explica por qué los judíos dirigen su rostro a Jerusalén cuando oran. O por qué los judíos se mueven, de un lado a otro, cuando oran o leen.

También creen que Dios procede en su Tribunal, mucho más suavemente con ellos que con los otros pueblos.

Creen que Dios sólo les atiende a ellos directamente.

Creen que Dios sólo se interesa por los judíos.

Los judíos se comparan con el fuego y a los demás con espinos y cardos.


Cap. XV : DE CÓMO LOS JUDÍOS ODIAN A TODOS LOS DEMÁS PUEBLOS DEL MUNDO, ESPECIALMENTE A LOS CRISTIANOS, Y DE CUÁN GRANDE ES SU HIPOCRESÍA.

El rabino Bechaj escribe, en su libro Cad hakkemach (Fol. 17, Col. 2): “aquél que tema al Altísimo deberá de odiar al hombre malo. Pues si él es un hombre malo deberá de ser odiado”

Para no extenderme y aburrir al lector con las citas (fuentes originales rabínicas) sólo pondremos la enseñanza judía. Por supuesto si alguien está interesado en las fuentes puede solicitarlas y se le facilitarán gustosamente.

Los judíos enseñan que se debe odiar a los impíos.

Deben odiar también a aquellos que no creen en los trece artículos de fe judíos.

Los judíos enseñan que todos los pueblos que se hallan fuera del judaísmo no son hombres.

Solamente almas puras (judías) se llamarán hombres.

Las almas de los otros pueblos proceden del espíritu impuro.

Refutación del error de que solamente las almas se llaman hombres.

Más pruebas de que los judíos enseñan que los pueblos del mundo no son hombres.

Los pueblos chupan de la vieja serpiente.

Los no judíos son considerados por los judíos como bestias estúpidas.

Y deberán tener almas de bestias.

Se llamarán hombres, pero en un sentido especial.

Se llaman también cerdos.

Más pruebas de que los no judíos son llamados bestias por los judíos.

Refutación del Rabí Slaman Zewi.
El Rabí pretende afirmar, ensu Teriak judío (Cap. 4, No 13), que no interesa nada a los crisitanos que los pueblos del mundo sean llamados bestias, puesto que ello solamente se refiere a los pueblos idólatras, y más adelante niega que se afirme en el Talmud que los pueblos del mundo son bestias.
Pero aquí procede también falsariamente como en él es costumbre, pures con los pueblos del mundo quiere decirse todos los hombres que no sean judíos.

Así se consideran también por los judíos a todos los cristianos como idólatras.

¿Cómo puede afirmar, tan descaradamente, que no les interesa ésto nada a los cristianos? Además se halla escrito en el tratado talmúdico Baba mezia (Fol. 114, Col. 2) que acabamos de mencionar, de un modo claro y terminante, que los pueblos del mundo no se llaman hombres sino bestias. ¿Cómo puede negar tan frívolamente que la palabra bestia no se menciona aquí?.

Si bien en la Santa Escritura se aplica también la palabra “hombre” a los que no pertenecen al Judaísmo (Salmos 105, 14 y 115, 4) no quieren, sin embargo, reconocer los judíos que dicho nombre “hombre” sea entendido en su propio sentido, sino que afirman que, en los lugares correspondientes, tiene un sentido despreciativo.
Así se dice en el tratado talmúdico Aboda zara (Fol. 3, Col. 1, Tosafot), sobre la palabra del libro de Ezequiel 34, 31: “y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois”, o sea: “Vosotros seréis llamados hombres pero los pueblos del mundo no serán llamados hombres”.

El Rabbenu Tam dice, que hay una diferencia entre hombre y hombre, y que la objección de la palabra del libro de Ezequiel 28, 9: “Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano de tu matador”, no es válida; pues El (Dios) no dice que no le ha llamado hombre elegiosamente, sino despreciativamente, inuriándole y empequeñeciéndole, como se halla también escrito en el Salmo 124, 2: “Cuando se levantaron contra nosotros los hombres”, esto significa “el hombre” y no un rey, como se lee también en el Salmo 118, 6: “No temeré lo que me pueda hacer el hombre”, esto significa un hombre “despreciable”. Lo mismo dice el Jalkut Rubeni (Fol. 150, Col. 4).

En el libro Ir gibborim (Fol. 9, Col. 1) se dice: “Nuestros rabinos dicen: vosotros (judíos) seréis llamados hombres, pero no los idólatras, aunque también tengan un alma racional y capaz de hablar. ¿Pero de qué les sirve ésta, si no la necesitan y por la cual fue creado el hombre?” …

Si nuestros Rabinos dicen que los pueblos idólatras no serán llamados hombres, lo hacen así, porque, en general, se habla de esta manera. Y existe la opinión de que todo hombre, que sigue a los vientos, es excluído de la suma de los hombres, teniendo que ser considerado como bestia. Pues la bestia tiene también un alma del espíritu viviente, y como este espíritu desciende, así también desciende el espíritu de este hombre”.

El Rabí Jeschaja enseña en su libro Schene luchot habberit (Fol. 250, Col. 2): “aunque los pueblos del mundo tengan la misma imagen que los israelitas, son solamente como el mono comparado con el hombre, como se dijo ya. No llegan a la cumbre más elevada. Son también los hombres más malos y rastreros, como se dice: “¡Y Dios puso a los hombres más malos en el mismo (reino)! Pero los israelitas son hombres muy inteligentes, según el secreto de la palabra “hombre” y por eso se llaman hombres”.

Es decir, Los no judíos no son hombres y los no judíos son como monos comparados con los judíos.

Los no judíos son llamados lobos.

Odio de los judíos contra los cristianos.
Los judíos odian a todos los pueblos, pero de un modo particular a los cristianos, a los que llaman hijos de Esaú. Es un odio constante, como se dice en la interpretación del primer capítulo del Libro del Profeta Malaquías (Fol. 297, Col. 1): “Esaú y Jacob eran hermanos y enemigos el uno del otro, como la Ley (Moisés) rebeló en la historia de su concepción, como se dice en el Génesis 25, 22: “Y los hijos se combatían dentro de ella” Por eso tuvieron que vivir todo el tiempo en enemistad y odio recíproco. Después de que desde su nacimiento se odiaban el uno al otro, de modo que Jacob, cuando nacieron, se agarró al talón de Esaú, para indicar que los Edomitas (los cristianos) y los israelitas se hallarían siempre en lucha, pues ambos han nacido con dotes diametralmente diferentes y opuestas”.

Más pruebas del odio de los judíos contra los cristianos.

Los judíos consideran a todos los pueblos como sus enemigos.

Eisenmenger documenta, en el resto de este capítulo XV, por medio de fuentes hebraicas, que los crisitianos pasan por los enemigos peores de los judíos, que, al mismo tiempo, son enemigos de Dios, que, en total, todos los enemigos de los judíos son también enemigos de Dios.

También indica que a los judíos les está prohibido imitar las costumbres cristianas.

A los judíos les está prohibido iniciar a un Goj (no judío) en los secretos de la Ley judía.

La caridad de los no judíos es considerada como puro pecado.
Es decir, si los judíos reconocen algo bueno de un no judío es simplemente por cálculo o hipocresía. La verdadera mentalidad e los judíos queda al desnudo, si se tiene en cuenta que no respetan ni las tumbas de los no judíos.

En el Cap. XVI (pgs. 631-728):
habla de los “apodos injuriosos” que dan los judíos a los cristianos: “Hijos de la lujuria”, “Pueblos destructor y devorador”, “Pueblo cruel”, “Incircuncisos”, “Hijos de prostitutas”, “Pueblo impío”, “Pueblo maldito”, “Cegados”, “Locos”, “Impuros”, “Cadáveres”, “Perros”, “Asnos”, “Cerdos”, “Puercos”, etc. etc.
Y todos los epítetos los documenta con citas de fuentes hebraicas de autoridad.

En el Cap. XVII (pgs. 728-803): “se muestra como suelen calificar los judíos a toda la Cristiandad” Los mismos calificativos y otros análogos de los mencionados en el Cap. XVI.

En el Cap. XVIII (pgs. 803-854):
informa sobre el número de pueblos que existene en este mundo junto al judío, refiriéndose, sobre todo al demonio Sammael que, según los judíos, deberá reinar como príncipe sobre toda la Cristiandad.
Según esto hay 70 pueblos sobre la tierra además de los judíos. Los príncipes que los rigen son “Príncipes de la impureza”. “El más preclaro” de los 70 príncipes es Sammael, llamado: Satán, Ángel de la muerta, vieja serpiente, espíritu impuro, el buey, el perro, el asno, el macho cabrío, el Dios extraño, etc. etc.
Sammael será el caudillo, según los judíos, de la Cristiandad.

Eisenmenger afirma por el contrario, que el diablo Sammael es el príncipe que gobierna a los judíos, como dijo Cristo, según el Evangelio de San Juan 8, 44 : “Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, hocimida ha sido desde el principio”.

En el Cap. XIX (pgs. 854-896)
sigue ocupándose de Sammael y además Eisenmenger nos muestra “lo que enseñan los necios judíos sobre los muertos”.


PARTE II:

Cap. I (pgs. 1-90):
se ocupa de las enseñanzas de las almas de los judíos.
Las almas de los no judíos proceden, según estos, del diablo, porque los idólatras proceden del espíritu impuro, y, por esto, son llamados cerdos.
COMO LAS ALMAS DE LOS NO JUDÍOS SON PARTOS DEL DIABLO LOS JUDÍOS CONSEGUIRÁN, EN EL PORVENIR, DOMINAR A TODO SLOS PUEBLOS NO JUDÍOS. Mientras que las almas de los judíos son, según ésto, un fragmento o chispa del ser divino. Por esta causa, siente Dios un gran respeto pro cada alma judía, mientras que las de los pueblos no judíos carecen de valor ante El.
Algunas veces, transmigra un alma judía en el cuerpo de un no judío, de aquí que también “los piadosos de los pueblos del mundo tengan participación en la vida eterna”, o que las almas judías sean castigadas en la cubierta del cuerpo no judío.

Cap. II (pgs. 90-189):
muestra como los judíos maldicen a los critianos y como suelen desarles todo lo peor.
Menciona también las oraciones de odio y venganza de los judíos, en las que se habla, la mayoría de las veces, de un modo general de los pueblos del mundo que deberían ser entregados, por las plegarias de los judíos a la cólera de Dios.
Además deberán ir, según esto, los pueblos del mundo, en lugar de los irsraelitas “en la hoguera del infierno” debiendo purgar los pecados de los judíos.
Eisenmenger muestra, en serie interminable, extractos de los libros de oraciones judíos, que solamente se hallan plagados de exabruptos de odio contra todo lo que no sea judío.

Cap. III (pgs. 189-234):
investiga Eisenmenger las cuestiones de, si a los judíos les está permitido salvar a un cristiano que se halle en peligro de muerte; si las leyes rabínicas permiten asesinar a un cristiano; y si se puede tener confianza en los médicos judíos.
Indica que A LOS JUDÍOS SE LES PROHÍBE, MEDIANTE SUS LIBROS RELIGIOSOS, SALVAR DE LA MUERTE A LOS IDÓLATRAS, pues, según ellos, no se debe tener misericordia del idólatra.
Además UN NO JUDÍO NO ES PRÓJIMO DE UN JUDÍO, y finalmente ello supondría conservar la vida de un no judío que sirve a los ídolos.

SE PERMITE, Y HASTA SE ORDENA, A LOS JUDÍOS ASESINAR A LOS JUDÍOS APÓSTATAS, Y SE LES PERMITE ASESINAR UN CRISTIANO QUE DESCIENDA DE PADRES CRISTIANOS, PORQUE EN GENERAL, LES ESTÁ PERMITIDO HACER QUE SE VIERTA SANGRE PAGANA Y TODOS LOS NO JUDÍOS MERECEN SER EXTERMINADOS.

Porque un no judío que celebra un sábado u otro cualquier día de descanso de la semana (no debería descansar ni de día ni de noche) es reo de muerte.
Porque un no judío que estudia la Ley judía deberá ser asesinado.
Porque el mandamiento “no matarás” solo es aplicable a judíos.
Porque el mejor entre los no judíos debe asesinarse.
Porque a la mejor entre las serpientes se le debe aplastar la cabeza.
Porque se debe matar a todo aquél que induzca al pecado.

Eisenmenger saca de la Historia innumerables ejemplos, de que LOS JUDÍOS NO SIENTEN REMORDIMIENTOS DE CONCIENCIA, si asesinan a uno o muchos no judíos.
E indica que las judías no pueden dar a luz sin que se vierta sangre cristiana y QUE LOS JUDÍOS PRECISAN SANGRE CRISTIANA PARA SUS RITOS DE PASCUA.

Valiéndose de ESTA ACTITUD JUDÍA, SACADA DE LA LITERATURA HEBRAICA, llega Eisenmenger a la conclusión de este capítulo diciendo: “LOS JUDÍOS NO PUEDEN SER MÉDICOS DE LOS CRISTIANOS” como efectivamente les prohibían las Bulas y Edictos papales durante siglos (ni farmacéuticos)

Cap. IV (pgs. 234-295)
sobre la doctrina judía de “la eterna condenación de los cristianos y la eterna bienaventuranza de los judíos”.
Como los pueblos del mundo no han aceptado la Ley de Jehová, serán condenados, todos, sin excepción.

Cap. V (pgs. 295-322):
muestra lo que los judíos escriben y enseñan sobre el paraíso. Únicamente reservado a ellos, y está dividido en diferentes moradas, que serán dadas según el mérito de cada uno.

Cap. VI (pgs. 322-369):
expone como equivalente la doctrina sobre el infierno de los judíos. Los no judíos van, tras la muerte, directamente, y para siempre, al fuego infernal, pero no incesantemente pues cuando los judíos oren en la tierra y durante el sábado y en la luna nueva judía, gozarán de tranquilidad, pero para ello deberán sufrir, los no judíos, el doble la víspera.

Cap. VII (pgs. 370-407):
trata la doctrina de los judíos sobre los ángeles.

Cap. VIII (pgs. 408-468)
habla de lo que enseñan los judíos sobre el ángel malo, el diablo. Algunos creados por Dios, otros por Adán y Eva, otro por copulación entre diablos y diablas, etc.
Deben existir también diablos santos, que estudian la Ley de los judíos, y que, por esto, son llamados “diablos judíos”.

Cap. IX (pgs. 469-515):
expone como la autoridad eclesiástica cristiana es despreciada por los judíos.
Eisenmenger documenta la “maldad de los judíos contra los altos potentados y contra la autoridad eclesiástica” por medio de la historia, los testimonios escritos de judíos conversos y la literatura hebraica.

A los judíos les está prohibido querellarse, uno contra otro, ante tribunales idólatas. El que lo haga será considerado traidor.

Cap. X (pgs. 515-573):
dice que los judíos “según los datos nulos de los rabinos” poseen aún países en el mundo, que deberían ser regidos por sus propios príncipes y reyes. Los judíos creen que aún hay esparcidos por el mundo restos de las tribus de Israel que deberían estar bajo el Gobierno de príncipes judíos propios “señoríos y reinos únicamente existentes en el cerebro fantástico y vano de los judíos”.

Cap. XI (pgs. 574-613):
trata del engaño, dolo y no devolución a sus legítimos dueños de las cosas halladas y de la usura de los judíos.
Se prohíbe al judío engañar a sus prójimos (judíos) pero son libres de hacerlo, sin perjuicio, con los extraños (no judíos), pueden equivocarse al “contar” el dinero, etc. etc.

Todos los bienes de los no judíos son de libre disposición judía, a su entera voluntad.
Para los judíos es un pecado devolver algo encontrado a un no judío.
La usura está permitido aplicarla contra no judíos.

Cap. XII (pgs. 614-646)
estudia Eisenmenger la cuetión de “qué es lo que piensan los judíos de las comidas y bebidas cristianas” si les está permitido comer con cristianos, si deben invitar a cristianos, etc.
A los judíos les está, terminantemente, prohibido comer pan que proceda de manos de un no judío.
La carne de una bestia matada por no judíos para ellos es un cadáver.
Y no pueden comer nada guisado por un no judío.
Quien coma con un incircunciso obra como el que come con un perro.
Los judíos venderán a los no judíos carne impura y de cadáveres y Eisenmenger advierte que los judíos creen que al comer dichas carnes se introduce en el cuerpo el sucio espíritu del demonio, etc.

Cap. XIII (pgs. 647-731):
trata de la venida del Mesías. Para los judíos el Mesías (según testimonios bíblicos) ya ha nacido hace mucho tiempo, y algunos libros rabínicos reconocen que el Mesías nació en el tiempo de la destrucción del Templo.
Siempre se han presentado judíos como sui fueran el verdadero Mesías.

Cap. XIV (pgs. 732-808)
trata los sucesos de la venida inminente del Mesías.
Según la creencia judía, los cristianos serán complicados, antes de la venida del Mesías, en una guerra contra los turcos; el Mesías, hijo de José, luchará en esta guerra contra los cristianos, pereciendo en ella; pero después vendrá el Mesías, el hijo de David y dominará todo el mundo; de esta forma serán exterminados todos los cristianos, juntamente con su príncipe y regente Sammael.

Cap. XV (pgs. 809-889)
se ocupa de las cuestiones de cuánto tiempo reinará el Mesías tras vencer a sus enemigos, y de lo que sucederá durante su reinado. Sobre la duración de dicho reinado las fuentes rabínicas no son corcondantes.

Cap. XVI (pgs. 890-950)
informa sobre lo “que enseñan los judíos de la resurrección de los muertos”. Solamente los judíos participarán de la resurrección de los muertos aunque algunos rabinos opinan que también participarán los piadosos o incluso piadosos impíos de otros pueblos.

Cap. XVII (pgs. 950-979)
trata la doctrina judía sobre el Juicio Final.

Cap. XVIII (pgs. 980-1030)
investiga Eisenmenger la cuetión de “por qué los judíos se aferran, tan obstinadametne a su religión” aceptando tan poco la fe cristiana, por la que deberá trabajarse más que hasta la fecha por su conversión”


etc. etc.
La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”.

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