EL TERROR "BLANCO"

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Mensajepor DELETED » 15 Dic 2006, 10:22

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Mensajepor ANARCOSINDICALISTA » 20 Dic 2006, 12:04

El Terror Blanco

En Pamplona, el 15 de agosto, mientras se desarrollaba la procesión de la Virgen del Sagrario, falangistas y requetés sacaron de la cárcel a un grupo de 50 o 60 presos, incluidos algunos curas sospechosos de separatismo. Antes de asesinarlos los requetés querían darles ocasión de


confesarse, pero los falangistas, no. En la confusión algunos echaron a correr y fueron abatidos como animales. «Para arreglar la situación, los sacerdotes dieron la absolución en masa a los restantes, las ejecuciones se llevaron a cabo y los camiones volvieron a Pamplona, a tiempo para que los requetés se incorporaran a la procesión que estaba entrando en la catedral.»11 La Asociación de Familiares de Asesinados de Navarra ha identificado a 2.789 personas ejecutadas en dicha provincia.12

Pero, como es lógico, en términos generales la represión fue mucho más abundante y sistemática allí donde se habían consolidado los sindicatos anarcosindicalistas o socialistas, sobre todo en las localidades donde había triunfado el Frente Popular en las elecciones de febrero. En La Rioja, por ejemplo, donde el 61,75 por 100 de las víctimas se produjo en los partidos judiciales en que había triunfado el Frente Popular, fueron asesinadas y enterradas en grandes fosas comunes a las afueras de Logroño más de 2.000 personas.13 Prácticamente no hay pueblo en La Rioja que no tenga a alguno de sus vecinos enterrado en la fosa de La Barranca.14 Algo parecido sucedió en Navarra y Aragón, donde, por ejemplo, en Uncastillo casi la mitad de los 118 detenidos en el pueblo por los disturbios de octubre del 34 fueron «paseados» en los primeros meses de la sublevación militar.15 Son célebres en Teruel los llamados pozos de Caudé, de unos 84 metros de profundidad, que se llenaron a rebosar con los cadáveres de los fusilados. Mil cinco tiros de gracia contó y apuntó en una vieja libreta un campesino del lugar.16

En Sevilla, donde las añagazas de Queipo y de Cuesta habían engañado a los desconcertados soldados, se dijo que las muertes iniciales formaban parte de una operación militar. Pero cuando llegó el comandante Castejón con sus regulares y legionarios, la «operación militar» se convirtió en una horrible masacre en la que los supervivientes fueron rematados a cuchillo. Inmediatamente después, nombrado delegado de Orden Público el coronel Díaz Criado, fueron detenidos el alcalde de Sevilla, Horacio Hermoso Rendueles, el gobernador civil José María Várela, el jefe de la Guardia Municipal, el presidente de la Diputación, el delegado de Trabajo y varios concejales. Todos, menos dos, serían asesinados.

Como la cárcel no daba abasto, se utilizó el cine Jáuregui como prisión, donde llegó a haber más de 2.000 personas detenidas, y tam-


bien el cabaret Variedades, la sede de Falange del Jesús del Gran Poder y hasta dos barcos anclados junto a la Torre del Oro. Francisca Díaz hermana del secretario general del PCE, que entonces tenía dieciocho años, fue interrogada durante toda una noche. Vio sacar a muchas obreras de la fábrica de aceite en cordada de presos. Las llevaban a fusilar.17 La represión nacional se cobró, en la provincia de Sevilla, unas 8.000 vidas durante 1936, entre ellas la de Fermín de Zagos, por masón, la del socialista Manuel Barrios y la del notario andalucista Blas Infante, asesinados el 10 de agosto a la altura del kilómetro 4 de la carretera de Carmona.

Córdoba había sido tomada el 18 de julio en pocas horas y casi sin ofrecer resistencia. Queipo de Llano, furioso porque no se habían producido represalias, envió a la ciudad al comandante de la Guardia Civil Bruno Ibáñez, quien arrestó de inmediato a 109 personas a partir de las listas que le presentaban terratenientes y eclesiásticos. A los pocos días empezaron a aparecer jornaleros fusilados en los caminos y entre los olivos. «El sótano del cuartel general de la Falange en el que encerraban a la gente era como un globo que se hinchase por la tarde y volviera a estar vacío a la mañana siguiente. A diario había ejecuciones en el cementerio y en las demás carreteras que salían de la ciudad.»18 Se calcula que en total murieron asesinadas en Córdoba durante la guerra casi 10.000 personas, el 10 por 100 de la población total. «Don Bruno hubiese podido fusilar a Córdoba entera: lo enviaron a la ciudad con carta blanca», nos dice un abogado falangista.19

En Huelva, ciudad que los militares sublevados no ocuparon enteramente hasta mediados de septiembre, fueron asesinadas más de
2.000 personas, entre ellas el gobernador civil Diego Jiménez Castellano y los jefes de la Guardia Civil y de Carabineros que se habían mantenido leales al gobierno de la República. Se calculan en unos
2.500 más los onubenses desaparecidos.20

Cuando la "columna de la muerte" llegó a Zafra, camino de Badajoz, el comandante Castejón, que la mandaba, exigió a las autoridades que él mismo acababa de nombrar una lista con los nombres de 60 personas, el 1 por 100 de la población, para ser fusiladas. El texto que sigue a continuación es un buen ejemplo del tipo de macabras negociaciones que llegaron a establecerse:


Poco a poco los nominados van siendo encerrados en una habitación de las Casas Consistoriales. A algunos que entran en esos momentos en la Alcaldía se les permite borrar de la lista, que poco a poco va engrosándose, tres nombres a condición de que escriban otros tres. El tira y afloja entre los militares y las nuevas autoridades, poniendo y quitando nombres de la lista, acaba según alguna fuente con 48 personas cuyos nombres han sido escritos y no borrados en la lista fatídica. A mediodía Castejón y parte de su columna salen de Zafra y se llevan atadas detrás al casi medio centenar de personas que no han encontrado valedor. Cada cierto trecho va sacando a siete personas y ordena que sean fusiladas.21

Uno de los grandes lieux de mémoire de la guerra civil española es Badajoz.22 La matanza perpetrada allí por las tropas del teniente coronel Yagüe durante la toma y represión consiguiente fue tan estremecedora que los mismos triunfadores de la guerra civil tuvieron que manipular los datos para tratar de establecer algún tipo de «equilibrio» entre las dos violencias.23 Lo hicieron en dos direcciones; primero, exagerando las cifras de las bajas habidas entre sus tropas durante el asalto a la ciudad amurallada; y en segundo lugar, aprovechando la propaganda del bando republicano para dar cuerpo a la «leyenda» de la represión y, en consecuencia, descalificarla. En efecto, frente a los centenares de bajas de las fuerzas rebeldes de que se habló en un principio y de las
285 a que las redujeron más tarde los estudios de los historiadores franquistas, hoy sabemos que el número total de bajas nacionales durante el asalto a Badajoz fue de 44 muertos y 141 heridos.24

En total, y por los estudios de que disponemos hasta hoy, la represión nacional en la provincia de Badajoz debió rondar las 12.000 personas,25 mientras que los derechistas asesinados por la izquierda antes de la llegada de la «columna de la muerte» y que se conocen perfectamente a través de la Causa general ascienden a 243.

El continuo avance hacia Madrid siguió más o menos el mismo patrón represivo, pero, tras la experiencia de Badajoz relatada a todo el mundo por los periodistas franceses y portugueses que fueron testigos directos de las atrocidades, hubo un mayor control de la información por parte de los nacionales. No se permitió a ningún periodista que entrara en una ciudad hasta 48 horas después de haber sido tomada. Por ejemplo, a los corresponsales de guerra se les impidió en-



trar en Toledo para que no fueran testigos de que, tras la liberación del Alcázar, 200 milicianos heridos que se encontraban en el hospital fueron degollados. Un testigo de las matanzas de milicianos del 30 de septiembre nos dice: «En Toledo la represión franquista fue horrible. Las calles estaban llenas de cadáveres», y recuerda el caso de un vecino suyo fusilado por leer El Socialista.26

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Mensajepor DELETED » 22 Dic 2006, 08:24

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Mensajepor ANARCOSINDICALISTA » 22 Dic 2006, 13:54

Camino de Madrid, las columnas nacionales arrasaron pueblos enteros dejando el horror en sus calles y la pretendida huella de su paso en los muros: «Vuestras mujeres parirán fascistas». Mientras tanto el general Queipo de Llano se deleitaba explicando a los republicanos que escuchaban Radio Sevilla las hazañas sexuales de las tropas africanas, a quienes prometió las mujeres de Madrid como recompensa. Cerca de Gibraltar la esposa de un izquierdista fue violada por todo un pelotón marroquí antes de ser fusilada. El periodista John Whitaker estaba presente cuando, en Navalcarnero, el comandante de un tabor de regulares entregó a sus tropas marroquíes a dos mujeres jóvenes, que fueron violadas salvajemente. Ante la indignación del periodista, el comandante Mohamed Ben Mizzian le dijo que no se preocupara porque a las pobrecillas no les quedaban más de cuatro horas de vida.27 Aquel comandante llegó a ser teniente general del ejército español y los regulares fueron elevados más tarde a la condición de «cristianos honorarios». El horror que las tropas marroquíes inspiraban en la zona republicana condujo a que dos de estos mercenarios fuesen hechos picadillo por una multitud enloquecida cuando el camión que los llevaba detenidos se detuvo para repostar.

Otro de los grandes lieux de mémoire es Granada, sobre todo, claro está, por el asesinato de Federico García Lorca, la víctima más célebre de la guerra civil. Los amilitares y los falangistas sentían hacia los intelectuales una mezcla de desconfianza, odio, temor y desprecio, como demostraron en Granada asesinando a cinco profesores de universidad. García Lorca, que había regresado a su casa de la Huerta de San Vicente poco antes del levantamiento, advirtió en seguida que, aunque no militaba en ningún partido político, sus ideas liberales y antifascistas le ponían en peligro. Aunque no de muerte, pensaba el poeta. Pero ni el refugio que le procuró el poeta falangista Luis Rosales y su familia pudo salvarle. El domingo 16 de agosto, pocas horas

después del asesinato de su cuñado Manuel Fernández Montesinos, flamante alcalde de Granada, fue detenido por un ex diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, quien dijo más tarde que Lorca «había hecho más daño con su pluma que otros con su pistola». Acompañaban a Ruiz Alonso Luis García Alix, secretario de Acción Popular, y el terrateniente falangista Juan Luis Trescastro, autor material del crimen, quien diría más tarde: «Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón».

Lorca fue asesinado, seguramente, el día 18 junto al maestro de Pulianas Dióscoro Galindo González y a los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, en Fuente Grande, junto al barranco de Víznar, donde «yacen los restos de cientos de víctimas de la vesania de los nacionalistas granadinos».28 Antes de ordenar el asesinato del poeta, el nuevo gobernador, coronel José Valdés Guzmán, jefe de las escuadras falangistas, telefoneó a Queipo para consultarle. Éste, al parecer, le contestó «que le den café, mucho café».29 El certificado de defunción de García Lorca dice: «falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra».30

Los sublevados justificaban la brutalidad de sus actos como represalia contra el «terror rojo», pero, como había pasado en Sevilla, en Córdoba o en Badajoz y como sucedería con la caída de Málaga seis meses después, la represión nacional sobrepasaba en mucho a las ejecuciones republicanas. De hecho, la terrible revancha que se tomaron en Málaga cuando se retiraron los milicianos hizo que los asesinatos de éstos fueran, en comparación, insignificantes. Hombres, mujeres y niños huyeron de la ciudad por la carretera de Motril -«calvario de infinitas cruces» en palabras de Zugazagoitia-, pero fueron machacados sin piedad por las bombas de la aviación y de la armada nacionales, en un primer episodio de lo que iba a ser una larga historia de infamia contra la población civil. Los que se quedaron no corrieron mejor suerte, ya que fueron ejecutadas unas 3.500 personas durante la primera semana de la «liberación» de la ciudad,31 y cuando comenzaron a funcionar los consejos de guerra, cuatro tribunales juzgaron a
20.000 personas en cien días, de las cuales más de 3.000 fueron condenadas a muerte.32 De todas las ciudades que se habían resistido al

levantamiento, Málaga fue, quizá, la más castigada. Sólo entre el 1 y el 23 de marzo de 1937 fueron fusiladas más de 700 personas en las tapias del cementerio de San Rafael.33 Es muy difícil llegar a conocer el número total de víctimas de la represión nacional en Málaga; se han contabilizado unas 7.00034 pero, posiblemente, el número real se acerque al triple.

El cónsul británico en Málaga envió en 1944 un informe basado en estadísticas de los nacionales en el que decía que «mientras los ”rojos” controlaron Málaga, entre el 18 de julio de 1936 y el 7 de febrero de 1937 ... ejecutaron o asesinaron a 1.005 personas». Pero que «durante la primera semana de la ”liberación”, es decir, del 8 al
14 de febrero de 1937, los nacionales ejecutaron a 3.500 personas»
, y que «desde el 15 de febrero de 1937 hasta el 25 de agosto de 1944, otras 16.952 personas fueron condenadas a muerte y fusiladas en Málaga».35

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Mensajepor DELETED » 23 Dic 2006, 20:02

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Mensajepor DELETED » 25 Dic 2006, 18:16

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Mensajepor ANARCOSINDICALISTA » 26 Dic 2006, 00:32

Joer con la listilla
se la pasan los faciosos de unos a otros porque ya me la han remitido varios en otros foros

:lol:

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Mensajepor DELETED » 26 Dic 2006, 20:13

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Re: EL TERROR "BLANCO"

Mensajepor DELETED » 07 Abr 2007, 15:24

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Mensajepor ANARCOSINDICALISTA » 10 Abr 2007, 10:22

Cuando se dan cifras chico se nombra la fuente
Gracias
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Mensajepor Kaspar » 11 Abr 2007, 00:45

No te molestes, anarco... las cifras de HAZ son de autores franquistas. En realidad, hay una gran verdad en lo que dice en su post (que como no lo ha escrito él, no se ha dado cuenta de ello). Es lo siguiente:

Las ejecuciones durante la II República fueron mucho más salvajes que en la zona franquista, ya que muchas de ellas fueron "espontáneas" e incontroladas


Ciertísimo. Las muertes en el bando republicano se produjeron mayoritariamente por parte de incontrolados, sin que existiera la voluntad por parte de las autoridades de causar masacres. Buena culpa de ello la tuvo la desintegración de las fuerzas del orden y del ejército, tras la traición de los militares aliados con el eje nazi-fascista europeo. No se conoce ningún llamamiento al asesinato de una autoridad republicana destacada. ¿Dónde están los llamamientos de Negrín al fusilamiento en masa del enemigo? ¿Y las arengas de Azaña llamando a la violación de las mujeres de derechas? ¿Dónde están las bendiciones públicas hechas por las autoridades a las matanzas de Paracuellos o de la Modelo?

En el bando franquista, existen llamamientos abundantes al asesinato y justificaciones del crimen en masa, a la violación y a la tortura, desde Queipo de Llano, pasando por Yagüe, Mola, Franco y buena parte de la jerarquía eclesiástica. Todos ellos hicieron pública ostentación de su voluntad de asesinar masivamente. Franco dijo que estaba dispuesto a fusilar a MEDIA ESPAÑA. Yagüe presumió de haber asesinado a 4.000 personas en la plaza de toros de Badajoz. Los obispos escribieron emocionantes pastorales justificando las matanzas de inocentes e incluso los fusilamientos de otros sacerdotes por parte del bando franquista.

La "superioridad" del bando franquista consiste en que el reo se le daba la oportunidad de confesarse ante un cura. La "superioridad" consiste en que las matanzas en el bando franquista OBEDECIERON A UN PLAN SISTEMÁTICO DE EXTERMINIO ORQUESTADO DESDE LAS MÁS ALTAS INSTANCIAS DEL PODER, mientras que en el bando republicano obedecieron al descontrol... En resumen... que se hizo con ORDEN y CONCIERTO... como el HOLOCAUSTO JUDÍO.
El mayor infortunio es aceptar la injusticia, no sufrirla.
Georges Bernanos

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Mensajepor DELETED » 12 Abr 2007, 16:46

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Mensajepor ANARCOSINDICALISTA » 17 Abr 2007, 00:01

Llegamos al punto más escabroso, el número de muertos. Como ha pasado en todos los genocidios, éstos siempre han sido negados y ocultados por los represores. el Régimen ocultó mientras pudo el genocidio cometido, eran los "rojos" los que habían matado. Franco llegó a cifrar en el 1938 en 470.000 los caídos por las "hordas maxistas". Los historiadores franquistas reconocen tan solo parte de su propia represión, por supuesto mucho menor que la cometida por los "rojos" quedándose en tan solo 8.000 fusilados. Luego Salas Larrazábal subió la cifra hasta 23.000, aún muy corta. En su libro Pérdidas de la guerra , Salas Larrazábal cifra en 57.808 los muertos por los franquistas mientras que los republicanos mataron 72.337. El error de Salas Larrazábal se agravó al ser asumidas sus cifras por Hugh Thomas y Stanley G. Payne.



Un estudio del historiador Francisco Moreno Gómez desmontan estas cifras de Salas Larrazábal. Francisco Moreno, en su artículo "El terrible secreto del franquismo" publicado por la revista "La aventura de la Historia" n.º 3 de enero del 1999 afirma que el error de Salas Larrazábal fue el de basarse en los Registros Civiles. Para empezar, estos registros inscribieron menos de la mitad de las matanzas acontecidas, pero además, Salas Larrazábal pretende basarse en estos Registros indirectamente a través del Instituto Nacional de Estadística (INE) y no directamente en los registros. El tercer error, según Francisco Moreno fue el de haber diseñado un análisis demográfico con proyecciones estadísticas, como el propio Salas Larrazábal afirma. El INE, en relación a muertes violentas de la década de los cuarenta, contiene muchas inscripciones diferidas que pertenecen al período de guerra, y esto no lo distingue, de manera que es imposible calcular las ejecuciones de posguerra si no se va a la fuente original, los Registros Civiles, que son fiables para la posguerra, pero no para la guerra. Además hay que remarcar los errores que presenta el INE no reflejando bien las inscripciones de los registros.

Para crear más confusión, Salas Larrazábal tan solo valora en las casillas de "muertes violentas" las de "ejecución judicial" para deducir los fusilamientos de posguerra, pero en la guerra no se sabe en que bando fueron dictadas esas ejecuciones. Respecto a las casillas de "homicidios" (dentro también de "muertes violentas") Salas Larrazábal las adjudica, sin criterio, a la represión republicana, aunque puede haber víctimas de las dos zonas. Además descarta las casillas de "traumatismo por arma de fuego" cuando en la investigación anteriormente reseñada se ha podido comprobar muchas veces que hay fusilamientos que constan muy irónicamente como "traumatismo por arma de fuego", "shock traumático", "hemorragia interna y externa" o"por hemorragias múltiples"...

¿Fusilamiento masivo o muertes por "hemorragias internas y externas"?



Salas tampoco incluye las de "traumatismos diversos" o "muerte violenta de causa desconocida" , posibles víctimas de la represión. La casilla de "ejecución en población civil" es la única que atribuyó a las matanzas de los sublevados durante la guerra.



En la guerra civil, un gran factor inhibitorio para la inscripción de las víctimas fue el clima de terror disuasorio para los familiares de las víctimas, que debían solicitar el registro de un "rojo", así que los que no dejaron familiares ni viudas, hijos o posibilidad de herencia no fueron inscritos; y esto era más frecuente de lo que se supone, ya que un tercio de las víctimas eran jornaleros jóvenes, solteros y sin descendencia. El exilio también es un factor que dificulta la labor, ya que muchos no volvieron nunca a sus lugares de origen.

Los estudios realizados demuestran que la represión franquista es de más del doble que la republicana; en el estudio de 24 provincias (Almería, Córdoba, Granada, Huelva, Málaga, Sevilla, Zaragoza, Huesca, Teruel, Asturias, Tenerife, Las Palmas, Girona, Lleida, Barcelona, Tarragona, Toledo, Cáceres, Navarra, Castellón, Valencia, Alicante, La Rioja y Soria) están identificados 80.324 fusilados por la dictadura franquista superando ya la cifra dada por Salas Larrazábal para la totalidad de España, quedando aún por estudiar la represión en los huidos, maquis, personal civil liquidado en el trienio del terror (1947-1949)... la mayoría de los estudios se detienen en el 1945. Además, en el estudio de 15 de estas provincias, los datos revisados revelan 33.833 víctimas por parte de la represión republicana, muy por debajo de la cifra dada por Salas Larrazábal para esas mismas provincias 53.889, poniendo en entredicho su cómputo total de 72.337 víctimas de la represión Republicana.

Pero la represión no es solo fusilamientos, hubo también represión física, económica, laboral, social, ideológica... agravadas por el acoso de la Iglesia y la marginación de los que perdieron. Hubo hasta 750.000 encarcelados en 1939, aún quedaban 280.000 en 1940, en locales improvisados y en tales condiciones de insalubridad y hambre que la mortandad alcanzó récords históricos en España. En sólo 15 cárceles fallecieron 4.296 personas por hambre y privaciones. 500.000 personas se vieron obligadas a abandonar España, fueron a los campos de refugiados en Francia y luego muchos pasaron a los campos de exterminio nazis: en Mauthausen murieron 7.000. Otros tuvieron mejor suerte y se desperdigaron por el mundo. Tampoco hay que olvidarse de "los Niños de la Guerra", más de 37.000 que abandonaron sus hogares, muchos de los cuales no volvieron nunca. La tortura se practicaba en las cárceles y comisarías, se celebraron consejos de guerra de media hora que mandaban al paredón a grupos de veinte a treinta personas; muchos eran condenados a lo que se llamó la "Redención de Penas por el Trabajo": lo que traducido significa la explotación de mano de obra gratis por el Estado y empresas particulares como un simple botín de guerra; el expolio y la rapiña se cebó sobre los bienes de los vencidos, por la ley de responsabilidades Políticas 300.000 españoles se vieron multados y otros perdieron sus bienes total o parcialmente; por la misma ley de Responsabilidades Políticas miles de personas sin recursos fueron apartadas a más de 250 km. de sus lugares de residencia; hubo marginación social y declaración de puestos de trabajo restringidos de empleo público y privado para los excombatientes, huérfanos y servidores del bando nacional. Además se depuró toda la Administración, siendo los peor parados los profesionales de la Enseñanza, médicos, periodistas...



También hay que recordar el "trienio del terror 1947-1949" en el que se intentó aniquilar toda actividad política clandestina y destruir los grupos de huidos y guerrilleros que luchaban en los montes. Volvieron los "paseos", las torturas, la aplicación de ley de fugas, encarcelamiento de familias completas de campesinos, cadáveres en las cunetas... Se encarcelaron a más de 20.000 campesinos y habían muerto ya a mediados de 1938 quinientas ochenta y ocho personas en toda España.
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Mensajepor DELETED » 19 Abr 2007, 13:27

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Mensajepor ANARCOSINDICALISTA » 19 Abr 2007, 15:20

Invitado escribió:Ni se quien es ese gacetillero ni se en que basa sus abusrdas conclusiones
Yo hablo de historiadores serios,no de tios que escriben en una revista para neofitos



:shock:
A ti cuando no te gusta lo que dice un historiador lo insultas y menosprecias.

ERES UN SECTARIO TIO
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