SENTIMIENTOS FRUSTRADOS--XVIII - repasado

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Kaspar
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Mensajepor Kaspar » 24 Mar 2008, 16:42

Sólo he podido llegar hasta la primera mentira.


Aparte de que tus cifras son muy discutibles desde varios puntos de vista (no me voy a meter ahora en ello)... me temo que la cuestión no es esa, sino si la monarquía española de los años 30, completamente desacreditada por sus propios méritos, tenía en España los suficientes apoyos como para mantenerse...

... la respuesta es que no.

Y toda la aritmética que se quiera hacer no va a cambiar esa realidad.
El mayor infortunio es aceptar la injusticia, no sufrirla.
Georges Bernanos

pablogarcia
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Mensajepor pablogarcia » 14 Jul 2009, 18:39

Kaspar escribió:
Sólo he podido llegar hasta la primera mentira.


Aparte de que tus cifras son muy discutibles desde varios puntos de vista (no me voy a meter ahora en ello)... me temo que la cuestión no es esa, sino si la monarquía española de los años 30, completamente desacreditada por sus propios méritos, tenía en España los suficientes apoyos como para mantenerse...

... la respuesta es que no.

Y toda la aritmética que se quiera hacer no va a cambiar esa realidad.



PUEZI Y saludos fraternales
Amar y ser amado

valhalex
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Mensajepor valhalex » 22 Jul 2009, 05:49

mozart escribió:Sólo he podido llegar hasta la primera mentira.

El 12 de Abril de 1931 no vencieron los repúblicanos.

De hecho, la primera fase de las elecciones municipales celebrada el 5 de abril se cerró con los resultados esperados, es decir, salieron elegidos 14.018 concejales monárquicos y tan sólo 1.832 republicanos. Con ese resultado electoral, en el que las candidaturas monárquicas fueron votadas siete veces más que las republicanas, no puede extrañar que tan sólo pasaran a control republicano un pueblo de Granada y otro de Valencia. Como era lógico esperar, en aquel momento, nadie hizo referencia a un plebiscito popular y menos que nadie los republicanos, que habían sido literalmente aplastados por el veredicto de las urnas.

El 12 de abril de 1931 se celebró la segunda fase de las elecciones. De nuevo, los resultados fueron muy desfavorables para las candidaturas republicanas. De hecho, frente a 5.775 concejales republicanos, los monárquicos obtuvieron 22.150, es decir, el voto monárquico prácticamente fue el cuádruplo del republicano.


Saludos.


Es cierto, almenos numéricamente, pero esque los republicanos " ganaron " en 41 capitales de provincia, con lo cual los votos monñarquicos fueron en el seno del campo

pablogarcia
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Mensajepor pablogarcia » 02 Sep 2009, 15:48

Gracias y este libro esta a la venta, pero también se puede descarga gratuitamente en:
http://www.bubok.es/
Amar y ser amado

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CK
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Mensajepor CK » 02 Sep 2009, 16:39

Mir que me he leído el tema con interesantes aportaciones de datos y fechas que para nada pecan de no verídicas, pero le veo incisos de inclinarse hacia un lado conveniente.

En tu propia exposición dices: la República duró desde el 31 hasta que ganaron los conservadores en el 33 :shock:

Siendo yo más bien afecta a un sistema moderado, por la experiencia histórica de las praxis filosóficas, de centro-izquierda democrática, no veo que se alterara la mal llamada "República" por nun cambio opcional de ideología, puesto que en éllo se basa la República de bases Ilustradas: En que nadie es dueño de verdades absolutas impositorias, principios de igualdad, fraternidad y libertad, etc.


Como bien decía Marcel Capdeferro: Ha habido muy pocos republicanos durante las dos recientes repúblicas españoles, puesto que nadie era capaz de aceptar la idea de que ganara el contrario. Más bien se vivieron extremismos bloquistas que coincidían con la antesala de la atmósfera internacional en aquellos momentos: Dos bloques.

Los verdaderos republicanos tuvieron que exiliarse, tanto al ganar Franco, como si hubiera ganado el extremo en boga de la época: el Stalinismo ( Palabras de Manuel Azaña).


Saludos.
ImagenYo sería eremita pero no tengo dinero para pagar el Ibi de la choza.

pablogarcia
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Re: SENTIMIENTOS FRUSTRADOS--XVIII - hasta el fin

Mensajepor pablogarcia » 04 Ene 2011, 17:01

[quote="pablogarcia"]Gracias y este libro esta a la venta, pero también se puede descarga gratuitamente en:
http://www.bubok.es/ Pablo Garcia Cabrero

SENTIMIENTOS FRUSTRADOS
PABLO GARCIA CABRERO
A Mercedes


PRÓLOGO

Si se quiere relacionar el tiempo histórico con el tiempo presente, veremos que es necesario tomar conciencia de que la historia no solo se hizo por personas cuyos nombres figuran en sus anales.
El desconocimiento de la verdad histórica, fue y es una tremenda injusticia y a la vez la sustancia transformadora de males mayores. Por eso, he creído necesario; aprovechar mi experiencia personal y elaborar ordenadamente todos los datos obtenidos por personas que participaron en los acontecimientos reales de nuestro pasado histórico. Sensibilizar a las nuevas generaciones del dolor y sufrimiento que ha costado la conquista de los Derechos Humanos y el bienestar social.
Este libro, busca mejorar la relación humana con nuestros hijos a quienes tenemos la obligación de explicarles que todo el sacrificio de una generación es la consecuencia de lo que son; seres vivos, capaces de no olvidar el pasado y poder transmitir y defender nuestro patrimonio cultura.
Proclamada la República tras la victoria electoral del 12 de abril. «Llegaron las manifestaciones de júbilo». La gente comenzó a gritar: - ¡Viva la República! ¡Ha entrado la República!
Para mí, la república del 31 es algo casi utópica, pues «la República fue muy avanzada para su época». - Mejor que la actual democracia… En mi opinión, la monarquía de la época fue negativa: «Con la monarquía nadie estaba contento». La represión era continua y la libertad de expresión no existía por lo que nadie quería a Alfonso XIII y todo el mundo pedía una República.
La República duro solo… hasta las elecciones de 1933 que ganaron los conservadores. Ante estos acontecimientos empezaron a organizarse manifestaciones, unos con las manos abiertas y alzadas, y otros con las manos cerradas y en alto. Hasta las madres levantaban los brazos a los niños.
Al no dar solución a sus reivindicaciones los disturbios no cesaban, produciendo la rotura de los trabajadores con la República, a tal punto, que mismo la gente del pueblo tenía miedo a los “rojos”. Aprovechando que en aquella situación la Iglesia que tenía mucha importancia y al existir una especie de alianza entre las armas y la cruz. José Antonio Primo de Rivera fundó La Falange, para intentar glorificar la España del pasado.
La guerra, para la mayoría fue inevitable, dado que los intereses económicos en juego eran enormes, en una España donde el 85% del pueblo era analfabeto y las clases oligárquicas no dispuestas a perder sus privilegios.
Aquella guerra fue sangrienta al enfrentarse hermanos contra hermanos, solo por el hecho de estar situados en diferentes regiones. «La Guerra Civil, según mi padre, “fue demasiado sangrienta para describirla con palabras, aunque las más adecuadas podrían ser: hambre, dolor, armas e Iglesia." El 1 de abril de 1939 el general Francisco Franco emitió el último parte de guerra anunciando la victoria de los rebeldes. El triunfo de estos permitió la restauración de un régimen dictatorial encabezado por el mismo general Franco. Dicho régimen dictatorial sustituyó al sistema parlamentario republicano.
La guerra, la ganó «El Caudillo con la gracia de Dios y el apoyo de todo el capitalismo internacional». A Franco lo apoyaron Alemanes (con aviones y artillería), Italianos y moros, de ahí que la ganase; aparte de que el número de militares de derechas era mayor que el de izquierdas, también hay que añadir que Dios siempre estuvo del lado de los poderosos y la prueba está aquí: –Himno de los españoles patriotas Nace el día que no muere.
Brilla de nuevo nuestro sol.
Resurgir que Dios lo quiere de nuestro Caudillo Español.

La principal consecuencia de la guerra civil española fue la gran cantidad de pérdidas humanas (tal vez más de un millón), no todas ellas atribuidas a las acciones bélicas; sí no también muchas relacionadas con la violenta represión ejercida por el fascismo después de acabar la guerra y a esto hay que añadir el destacado numero de exiliados originado por el conflicto.
En lo que respecta a lo económico, las consecuencias principales fueron la pérdida de reservas, la disminución de la población activa, la destrucción de las infraestructuras, así como de viviendas. Por todo esto la mayoría de la población española tuvo que padecer durante la contienda, y tras terminar esta, a lo largo de las décadas de 40 y 50, los efectos del racionamiento y privación de bienes de consumo.
«La guerra fue mala porque se perdieron amigos y familia, pero la posguerra fue peor a causa del hambre, la miseria y la falta de libertad». La represión, sin contar los asesinatos de gentes durante la guerra, hay que añadir los que Franco continuo matando hasta unos días antes de morir, cuando firmó las últimas sentencias de muerte.
Al acabar la guerra muchos huyeron a las sierras y montañas para que no los mataran; estos grupos fueron los llamados “maquis”. Este tipo de guerrilla se desarrolló hasta bien entrado los años cincuenta, y posteriormente la lucha contra la dictadura se prolongó después con diferentes tácticas clandestinas, hasta la “destrucción del sistema Franquista”.
En conclusión este libro, intenta narrar a través de sus protagonistas los sacrificios de hombres y mujeres que anterior a la guerra, en la guerra y postguerra. Les marco sus vidas. Es la historia de tres generaciones que «vivieron con la angustia del miedo» y no dudaron en morir o dar lo mejor de sus vidas por la reconciliación nacional de una España libre y democrática.



CAPÌTULO I


Cuenta mi amigo Francisco Ruantes, que fue en la posguerra cuando todos sintieron en mayor o menor grado frustrados. Un ejemplo fue el de su padre Cipriano Ruantes que encontró grandes dificultades para hallar un trabajo digno. Pues para acceder a él, era necesaria la presentación de informes favorable de los vecinos del pueblo y familiares, que atestiguaran que se trataba de una persona de confianza pero según su padre no consiguió nunca esos informes favorables.
Mi amigo está seguro que su padre luchó en zona Republicana porque Asturias quedó en este bando, «pero está convencido que su padre no se enteró mucho de cuál fue la razón de su lucha». Su padre dice que estuvo en Murcia, en Almería y en Madrid donde la batalla fue muy sangrienta cayendo poco después prisionero de los nacionales.
La verdad fue que el padre de Francisco al terminar la guerra estuvo preso en un cuartel de Leganés donde según cuenta «tenía que apartar los piojos del lavabo para poderse mojar un poco la cara.» Había allí «cinco mil hombres, custodiados por otros cinco mil del bando nacional, los cuales se limitaban a darles cada veinticuatro horas un trozo de pan…y cuando preguntaban por alguien se podía predecir que lo iban a fusilar.» Según el padre de Francisco, las cárceles franquistas eran durísimas, por las malas condiciones de habitabilidad que hacían que la mayoría tuviese que dormir en el suelo o con más suerte sobre un colchón de paja y en pésimas condiciones de higiene. La ropa se lavaba de tarde en tarde, la comida era mala y escasa y recuerda el hambre, el frío y más de una que vez tuvo que dormir a cielo raso mientras helaba.
Los abuelos de Francisco llegaron a creerlo muerto hasta que les llegó una carta por mediación de un soldado del bando contrario que era de un pueblo cerca del suyo. Pero mismos así, hasta que no volvió Asturias sus padres no llegaron a creerse que aun estuviese vivo. Durante la guerra muchos de sus paisanos fueron perseguidos y bastantes de ellos murieron a manos del ejército nacionalista, siendo algunos de ellos delatados por sus propios paisanos y amigos de toda la vida. Sin embargo, al padre de mi amigo Paco, nadie lo delato ni hablo mal de él a pesar de su fama de liberal e incluso de rojo. Esto no impidió que según cuenta su padre estuviese preso durante dieciocho meses, hasta que fue liberado después que la encuesta demostró que no-tenía nada que esconder de su vida. Su padre volvió, al mismo tiempo que un amigo llamado Antonio, el cual tuvo la sorpresa de encontrar a su novia embarazada por uno de sus mejores amigos que trabajaba en el ayuntamiento y que termino siendo uno de los cabecillas de la “falange”.
Al enterarse, todos los vecinos del barrio creyeron que su amigo le iba a matar y pese a que su padre intentó ayudarlo moralmente, no pudo por qué la gente se reía de esa falta de orgullo y, un día que la chica marchaba sola por la calle, enfurecido la mató a cuchilladas. Como era “rojo” y pobre, llegaron los civiles a por él y lo fusilaron de inmediato en el frontón de la iglesia.
El padre de Paco le contó esta historia durante muchos años sin comprender jamás cómo se llegó aquella situación y repetía que nunca ni él ni su madre pudieron olvidar aquellos amargos días.
La posguerra fue una época de «mucho miedo y poco pan», y su padre a pesar de trabajar muchas horas, mismo siendo propietarios, no logró que su familia pasase mucha hambre. Fue entonces cuando se notaron las diferencias de clase. ¡Pues los que tenían dinero podían comprar y los que no a pasar hambre!…

Francisco nos sigue contando que a su padre lo que más le dolía, no era su hambre, sino el hambre de su familia y cuenta Paco que él era muy niño para acordarse del duro racionamiento del pan de centeno.
Y también «de color oscuro y casi siempre duro»; pero esto no impidió que durante años muchas personas sin escrúpulos se enriquecieran practicando el famoso "estraperlo".
A los pocos meses su padre se casó y vivieron unos años en Gijón donde nació primero su hermana y después él. Su madre trabajaba en el campo mientras una vecina se encargaba de cuidar a los niños y, cuenta que el trabajo estaba desvalorizado pero como había que trabajar mucho para ganar poco, decidieron irse a trabajar a Madrid, donde se decía, que se podía vivir algo mejor. Primero estuvieron viviendo en casa de unos ricos propietarios a cambio de guardarla y trabajar un huerto que tenían. Luego por mediación del tío de su padre, hombre enfermo y metido en años, se trasladaron a vivir con él a una pensión hostal que poseía en la calle de La Puebla y en pleno centro de Madrid. Después su padre se puso a trabajar en las contratas de la RENFE, mientras su madre con su tío cuidaba del hostal lo que les permitió ir viviendo.
Después de terminar su relato y como si le entristecieran los recuerdos. Paco creó unos minutos de silencio que nos transmitió a las otras tres personas que nos encontrábamos sentadas alrededor de la mesa, que con disimulo nos observamos unos a los otros; a la vez que con cierta tristeza observábamos los viejos cuadros y el deteriorado tapizado de las paredes del salón.


CAPÌTULO II


Como anteriormente se había estipulado, para la siguiente intervención yo guardaba el sentido de las agujas del reloj y por eso con cierta ironía propia de nuestra edad mis amigos. Piden al unísono mi intervención por hallarme sentado a la derecha de mi amigo Francisco
No hay en la vida momento más doloroso como el de hablar sinceramente de un padre. – ¡Qué recuerdo más penoso! Esto era demasiado fuerte, pero a pesar de su dureza decidí fruncir el ceño con el fin de cerrar el paso a mis lágrimas y seguir el recuerdo de mi padre.
Por una serie de razones, difíciles de explicar, con mi padre las relaciones desde muy niño nunca fueron buenas. La verdad es que nunca supe por qué, pero al recordar su pasado y los avatares de nuestra guerra civil… «Con tantos muertos tanta miseria y sacrificio». Me hace pensar que como tantos, el Sr. Basilio que era como se le conocía a mi padre, fue un héroe sin saberlo y además tuvo la suerte «gracias a Dios» de caer en zona nacional por lo que se le concedió una medalla por la metralla que recibió en la cabeza. La realidad es que tres años de guerra le creó una séquela y, en consecuencia, años más tarde una grave enfermedad coronaria que hizo de su persona un hombre de carácter agrio, mismo sí, para los que no lo conocían íntimamente, parecía un hombre simpático y jovial.
No se puede olvidar los tres años de guerra y los no menos duros años de la posguerra. Y es evidente que estos marcaron su persona al continuar años después sirviendo los intereses de la dictadura y sobre todo para él que le toco en una zona que siguió siendo conflictiva durante largos años por la tenaz lucha guerrillera. Creo que mi padre no atinó a comprender que sin saberlo era protagonista de la historia, con todas las limitaciones que conlleva las carencias y pasiones del ser humano. Y sí a esto se añade su falta de principios políticos o filosóficos no hay que dudar que fue esto lo que hizo de él un “objeto-causa” de esa terrible guerra.
Por su juventud en esta horrible contienda y al encontrarse que nunca tuvo tiempo para existir como ser humano, él se sintió descarnado al necesitar ser amado, amar, comer y dormir tranquilamente. Por todo esto, creo que mi padre sufrió enormemente de soledad e incomprensión y al no encontró más solución a sus problemas se refugió en el alcohol al intentar huir toda su vida de la «angustia que da el miedo».
Mi padre nunca fue a la escuela en una época en que la mayoría de la población era analfabeta, ya que muchos niños no acudían a la escuela o lo hacían solo hasta los diez años que era cuando comenzaban a trabajar. En Pecharromán (Segovia) la gente vivía de la agricultura y trabajaba de sol a sol las tierras propias o arrendadas, pero recuerdo que mi abuelo siempre defendía la república a su manera diciendo que se la combatió por ser muy avanzada y humana.
Cuando estallo la guerra, según mi abuelo, Segovia quedo en zona de Franco, y como el frente estaba lejos de la guerra en el pueblo sólo se oía de ella cuando un soldado herido regresaba y contaba que las fiestas sin mozos eran aburridas y sólo había procesiones y misas. En Pecharromán por ser un pueblo pequeño, no hubo represalias aunque a él, a su yerno Esteban y a su primo Eustaquio fueron amenazados de palabra por simpatizar con la república; pero cuenta que tal suerte no ocurrió en los pueblos mayores de alrededor donde un buen número de personas aparecieron muertas.
Al estallar la guerra mi padre no había cumplido los 18 años y en el 36 fue movilizado como tantos otros en la llamada quinta del biberón. Y cuenta que como varios compañeros hizo la instrucción en Zamora donde dice que los tres primeros meses fueron muy duros y el poco tiempo que les quedaba libre paseaban por esta antigua capital pues económicamente no daba para más. Pero lo que más le llamo la atención era la férrea disciplina que él ejército nacional mantenía entre la tropa y reprochaba con asombro como dos soldados que él conocía de un pueblo cerca del suyo fueron fusilados delante la tropa por indisciplina. Condenados por el solo hecho que después de una posible borrachera no se presentaran la noche anterior al recuento nocturno del cuartel.
En el cuartel se pasaba hambre, sobretodo de esa hogaza de pan que no faltaba en su pueblo, pero contaba con cierta fanfarronería propia de sus 18 años que una joven no fea, pero si tuerta que vendía chocolate y tabaco a la puerta del cuartel. Al poco tiempo de conocerla, se desvivía por él y que mientras él la entretenía hablando. Los amigos aprovechaban su incapacidad ocular para quitarla chocolate y tabaco.
A los tres meses de entrenamiento, en la cantina fueron obsequiados por los mandos del cuartel con abundante coñac de garrafa; pero lo que no sabían era la intención de este gratuito veneno. Pues después aprovechando que se hallaban cargados de alcohol, se les acercaron varios legionarios con el fin de medio obligarles con promesas de grandeza y de un peculio del que carecían en el resto de los regimientos. El alcohol al parecer hizo el resto y sin más termino alistándose en la “gloriosa legión extranjera”.
Por eso al día siguiente de la resaca se encontraron ante la evidencia que de simples reclutas pasaban a ser “caballeros legionarios”. Tropa mercenaria de la Legión, que fue fundada en 1919 por Millán Astral. Individuo que había realizado ya, en 1934 su primer ensayo en la península en la cruenta represión contra los mineros Asturianos.
Después mi padre contaba con orgullo que lo destinaron a un tercio de la legión que estaba lleno de moros y según él «eran malos y ladrones. Pues solo vinieron a la guerra para llevarse todo lo que podían».
Al parecer, su primer bautismo de fuego fue en los montes de León que separan las provincias de León con Asturias y donde un número de republicanos refugiados en las montañas impedían el agrupamiento de las tropas nacionales. En grupos de unos cincuenta, rastreaban las zonas de más difícil acceso de esta región sin ninguna experiencia en esta forma de guerra y recuerda que la noche era muy oscura y a la vez reinaba un gran silencio.
Mi entras tanto, a su alrededor. Un grupo de moros incapaces de vencer el miedo, rezaban a su Dios balbuciendo palabras en su idioma y al escuchar voces que se acercaban a ellos. EL joven oficial que los mandaba les mandó que se callaran y al dejar de rezar volvió el silencio, para después solo oír a las mulas masticar ruidosamente el pienso. Al poco tiempo, una de ellas golpeó fuertemente una roca e hizo que un sinnúmero de pájaros nocturnos, volaran por los alrededores perdiéndose luego en la oscuridad y cuenta que él asustado levantó de nuevo la cabeza para solo ver el obscuro cielo sin luna. De pronto la tierra se estremeció con un fuerte estallido a la vez que las mulas se desataron y corrían con enérgica fuerza. Luego de nuevo otro sonido, pero ahora más cerca que el otro y al instante se desató un duro traqueteo de ametralladoras desgarrando la oscuridad con sus balas mortales. También recuerdo que mi padre contaba con cierta gracia este pasaje de su vida, pero yo siempre fui capaz de leer en sus ojos el miedo. Pues es verdad que hay gente que se juega la vida sin que nadie le obligue; pero se trata de individuos que se sienten con la necesidad orgánica de matar, pero este no fue el caso de mi padre.
Después fueron esporádicas batallas sin la mayor importancia y contaba que fue pasando el tiempo, siempre en la parte norte del país. No obstante, insistía en destacar los rencores que él encontró en todas partes; pues según él, esto fue lo que llevo a que cuando los nacionales tomaban los pueblos, muchos republicanos fueron acusados de rojos. A continuación, contaba que durante y después de la guerra los nacionales fusilaron a un sinnúmero de republicanos; pero se justificaban alegando que por su parte, los republicanos mataron frailes, monjas, curas y quemaron iglesias.
En septiembre del 37 lo llevaron al Puerto de Escandón, cerca de Teruel donde estuvo atrincherado seis meses en un cementerio. Y recuerda con gran precisión la zona que rodeaba la capital e insistía en que el frío intenso llegó con facilidad ese año a los 20 grados bajo cero. Además, cuenta, que como las nevadas eran continuas hubo soldados que murieran congelados.
Al parecer él se salvó de morir helado gracias a una cantimplora de coñac, pero no obstante pocos días después un buen número de soldados y entre ellos él, fueran evacuados a un pueblo debido a las intoxicaciones de este fuerte alcohol. Ya que si se les entregaba una botella para diez, pero ellos en la legión con su peculio para combatir el frío se bebían una entera.
Sigue contando que Teruel fue tomada tres veces por los nacionales antes de su definitiva entrega y horrorizado recuerda que siempre hacía alusión a Teruel como una de las batallas más sangrientas que él participó en la guerra. Batalla donde los muertos se contaban por miles y los carros de combate eran tan numerosos que la entrada en la ciudad era prácticamente imposible y misma la infantería encontró grandes dificultades para avanzar al estar la ciudad completamente destruida por las bombas. A la vez contaba que para seguir avanzando tuvieron que apilar los muertos con el fin de protegerse del intenso tiroteo.
Después de la toma definitiva de Teruel, su compañía fue enviada a Zaragoza donde tuvo meses de cierta tranquilidad. Después y pese a los muchos intentos de recuperación de la capital el ejército republicano no lo consiguió. Pero meses después se inició la ofensiva del Ebro y cuenta que participo en la famosa batalla del paso del Ebro que fue la ofensiva más audaz y desesperada de los republicanos de toda la contienda. Días después por mediación de un capitán que él bien conocía por ser de Aranda de Duero, consiguió un permiso de quince días que aprovechó para volver a su pueblo.
En el pueblo fue recibido como un héroe y dice que en ocasiones alrededor de su persona sus paisanos pasaban horas enteras escuchando sus relatos. En aquellas charlas, su complejo de superioridad que le daba su experiencia era tal, que al hablarles de la situación militar, se permitía dibujar con un palo en el suelo el avance de los frentes. Días más tarde recuerda que en Sacramenia pueblo a unos kilómetros del suyo, se celebró una fiesta en homenaje a los avances del ejército nacional y el alcalde después de su discurso que por cierto causo gran impresión le hizo subir al entarimado para entregarle una medalla. Después cuenta que un grupo de mozas aviadas con uniformes, hizo una exhibición de bailes regionales y al verlas las gentes quedaron boquiabiertas. Al terminar el baile las dieciséis mozas quedaron como avergonzadas, al mantener baja la mirada a la vez que apretaban sus labios ante la insístete mirada de la gente y, dice que entre las presentes se hallaba una chica de mediana estatura, de pelo negro, pecosa, de ojos azules y a la que años después hizo su esposa.
La alegría duró poco, pues según recuerda días después se hallaba de nuevo en primera línea de fuego y, no olvido nunca que ese mismo día cuando avanzaba la flor y nata del ejército nacional por una vasta llanura que se hallaba cortada al este por dos profundas vaguadas y que terminaban a pocos kilómetros de la ciudad misma. Al parecer por esta planicie que no parecía tener fin, avanzaba un hormiguero de soldados con cautela detrás de los tanques con sus orugas de hierro, que sólo se detenían para escupir por su largo cañón un proyectil que estallaba con estruendo, a la vez que levantaba fuentes de tierra alrededor de las fortificaciones de los republicanos. Al mismo tiempo los aviones describían círculos sobre las baterías enemigas arrojando bombas que explotaban con fuerza aterradora.
Después se desataron encarnizada batalla que duraron varios días, donde los primeros contingentes de soldados tomaron la casi totalidad de Lérida.
Pero al poco tiempo cuando todo parecía tranquilo, el tronar de un fuego huracanado desgarro el silencio y fue después de varias horas de intenso fuego inesperado. Cuando observaron que el constante cañoneo sin precedentes surgía del lado derecho de la ciudad.
Pero con más precisión desde un antiguo castillo que solo sé podía acceder por un empinado terraplén.
La situación duró semanas, pues los republicanos aprovechando su privilegiada posición escupían el fuego continuo de sus ametralladoras y cañones impidiendo a las continuas oleadas de soldados escalar el empinado terraplén llenándolo de cadáveres.
Un joven capitán gritaba: – «“legionarios”. – ¡Apretad! – ¡Adelante! – ¡Venga todos a una! – ¡A mí la legión!». Pero cuando el valeroso capitán salió de la trinchera, aúllo la metralla y su cuerpo cayó acribillado. Después todos siguieron avanzando y los salvajes alaridos de los legionarios se oían como si les arrancasen la piel.
Los ataques continuos fueron rechazados, como todos los anteriores y las pérdidas humanas se contaban por cientos. Los nacionales, mismo con los cañones al rojo vivo, no lograban tomar esta fortaleza defendida con tenacidad por los republicanos. Con cierta bravura acompañada de una escondida tristeza en su mirada, me contaba que al avanzar la tarde y cuando su compañía se hallaba al pie de la loma el comandante dio de nuevo la orden de ataque y aunque era cada vez más difícil sacar los hombres de las trincheras. El grito de “¡A mí la legión!” sonó con dura insistencia y sin fanfarroneo y debilitada voz contaba que después de un duro combate el estruendo de una bomba le destrozo la cabeza lo que le hizo bajar rodando la colina.
Al final del intenso combate al parecer de nuevo los fusiles enmudecieron y después en esta trágica colina lo que únicamente se movía eran los equipos de sanidad recogiendo los cadáveres y heridos… Las pérdidas fueron espantosas y los muertos eran amontonados en los camiones para ser enterrados en fosas comunes. Pero mi padre, herido de gravedad se salvó de no ser enterrado con vida por un simple movimiento en el momento preciso.
Después contaba que una mañana a comienzos de septiembre y después de varios días de coma despertó en el hospital militar: – “Hermana”…Llamo con voz débil. – Me dan vómitos y me encuentro mal. – No puedo más.
– ¡Señor Basilio no se queje!… dijo con voz melosa la hermana Asunción: – “Esta usted sano como un verraco y si se queja es sólo para que yo me acerque.
– No es broma hermana, me duele mucho la cabeza. No obstante la hermana Asunción se sentó en la cama y miro que tal le había vendado. Después recuerda como si fuera hoy, que lo arropo bien con la manta y con esa dulzura que nunca olvido.
La guerra se había limitado a rozarle con su dedo de hierro, la metralla según la hermana Asunción le había perforado la cabeza pero el casco le salvo la vida al evitar que no fuera más profundo. Al comienzo se le hizo muy cuesta arriba y pensó que vivir como había vivido hasta entonces le resultaría difícil. Pero el tiempo que pasó en el hospital fue limitando su amargura, al vivir los sufrimientos de aquellas vidas mutiladas, cubiertas de sangre que del frente llegaban en oleadas. Heridos que despedían un olor insoportable y con el tiempo fue olvidando sus problemas al ver que soldados fuertes rechinaban los dientes mientras sus cuerpos temblaban impotentes.
Para mi padre la guerra había acabado pues después de más de tres meses de hospital, fue enviado a un batallón de reserva y pocos días después se le concedió un merecido permiso que le permitió esperar el fin de la guerra con su familia.


CAPITULO III
Amar y ser amado

pablogarcia
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Mensajepor pablogarcia » 05 Ene 2011, 11:52

pablogarcia escribió:Gracias y se sigue

CAPÌTULO XV


El abuelo pasó su mirada por el sombrío salón, para después atusándose la barba comenzar hablar de nuevo; pero esta vez con una triste sonrisa en sus delgados labios.
–«No quisiera recordar nada de esta época tan brutal de nuestra historia». – ¡Bastaría con volver la espalda y no recordar para no sufrir! ¿Qué hay detrás de mí? ¡No comprendo qué falta a mis años puede hacerme, si no fuera por vosotros! – ¡Pero no es justo ignorar la historia de ayer por ser la consecuencia del presente!
Vosotros acariciáis todavía las nebulosas ilusiones de la juventud, pero pese a todos los esfuerzos estoy convencido que mismo después de mi muerte seréis adultos y el fascismo y su dictadura seguirá pesando como una losa sobre vuestras vidas.
– ¡Tened cuidado! – El paraíso con que soñáis deberéis conquistarlo, pese a que el momento preciso de cambios os amenace con una nueva revolución.
Con la aprobación de los demás y después de una larga pausa su nieto Antonio, a media voz y con una sonrisa tierna de admiración pidió al abuelo que continuase mismo si para él suponía al recordar la época de su mayor tristeza. A lo que el abuelo no tardo al responder sin titubeos: – ¡Si, si no es tan fácil como pensáis! –Pero si la memoria me es fiel continuaré».
La verdad es que en España las cosas nunca fueron de rosa, pues la oligarquía reinante no toleró jamás ningún cambio en sus privilegios; ni modernización de las inoperantes estructuras arcaicas. Por todo esto, la situación política se deterioró día a día y además con esa absurda guerra en África de donde llegaban noticias cada vez más desastrosas. Por todo esto el 13 de septiembre de 1923, primo de Rivera dio un golpe de Estado militar para el que contó con el beneplácito apoyo del ejército y el del propio Alfonso XIII.
También hay que sintetizar que en el periodo en que Primo de Rivera ejerció el poder en España. Se suspendió la vigencia de la Constitución de 1876 y su dictadura quedo dividida por los historiadores en dos etapas muy bien definidas: –La del directorio militar de 1923-1925 y la dirección civil de 1925-1930. Diferentes ambas por los dos gobiernos designados por él. La dirección civil de esta última se la conoció con el nombre de “dicta-blanda”.
Primo de Rivera estableció un régimen. Que partió de una gran improvisación doctrinal. En el manifiesto hecho público el 13 de septiembre se mostraba depositario del clamoroso requerimiento del “Pueblo Sano”. Contra lo que ellos denominaban elementos subversivos a las órdenes de potencias extranjeras. Dicha actitud se impuso con el objeto de llevar a cabo la “liberación de la patria”.
Mismo a los sucesos de la retirada de Xauen. El año 1924 se acabara con el triunfo de los rebeldes a las órdenes de Abd el-Krim y mientras tanto en la península, la guerra del Rif no interesa a nadie. Al contrario irrita la opinión pública y el dictador muy influenciado por el fascismo italiano. Creó un partido único: “La Unión Patriótica”. A la vez, disuelve el congreso de los diputados y el senado y reemplaza los consejos municipales por comisiones administrativas. La verdad es que en tiempos de la dictadura la paz, no existió y no solo en Marruecos sino también en las fronteras y en las calles. El 24 de junio Primo de Rivera tuvo que afrontar un complot el día de San Juan, conocido como “La Sanjuanada”; donde un grupo de oficiales se subleva contra la dictadura, y entre ellos “Weyler” un viejo capitán general cargado de medallas, y héroe de la legendaria guerra de Cuba. Como también el general Batet y Riquelme y el capitán Galán. Un mes más tarde serán los anarquistas emigrados en Francia que intentaran pasar la frontera, siendo cercados y reducidos por la Guardia-Civil.
En junio de 1927 se puso fin a la guerra de Marruecos y tres meses más tarde se produjo la convocatoria de la Asamblea Nacional Consultiva. Encargada de redactar una nueva constitución, así como aprobar otras series de leyes fundamentales. No obstante, fue en el campo de la Hacienda y de Obras Publicas donde el régimen dictatorial consiguió ganar sus mejores bazas. La verdad es que Calvo Sotelo logro aliviar la deuda pública y monopolizo un sector productivo clave como era el petróleo. En obras públicas, al calor de la situación económica se ampliaron y mejoraron carreteras, puertos y regadíos.
La oposición a la dictadura se acrecentó especialmente a partir de 1928, con las numerosas reuniones de intelectuales. Donde no faltaron Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclàn, Fernando de los Ríos y José Ortega y Gasset por no citar a los que a lo largo de la charla no dejaron por sus ideas de hostigar la dictadura. También hay que destacar los movimientos estudiantiles, políticos de casi todas las tendencias, sindicalistas y militares. Que se enfrentaron al régimen “primorriverista” y en algunas ocasiones con movimientos revolucionarios. Que, en enero de 1929. Encabezó el político conservador José Sánchez Guerra.
Ante la creciente presión de la mayoría de los sectores de la población y la falta de apoyo de sus propios compañeros de armas. Primo de Rivera presento su renuncia al rey Alfonso XIII el 28 de enero de 1930, dejando tras de sí todo un cumulo de problemas irresueltos; incluida la misma viabilidad del sistema monárquico. Poco más tarde se exilió a Francia y, el 16 de marzo de ese mismo año, falleció en París. El reinado de Alfonso XIII había quedado inevitablemente unido a la dictadura de Primo de Rivera y el final de esta supuso el anuncio del ocaso de aquél.
Por tanto, todo el mundo quería a Don Primo de Rivera. Él era simpático, y como decían los españoles este hombre gordo, amigo de las comilonas y siempre tenía un especial apetito no solo por los manjares sino también por lo sexual. Se dice que amaba beber, charlar y fumar y cuando más bebía más le gustaba hablar. Como buen aristócrata y español, su debilidad eran las mujeres, gastando fortuna detrás de las elegantes cortesanas de París y también de las prostitutas que él frecuentaba en los bórdeles nocturnos de Madrid.
El abuelo con la boca pegajosa, pide a su nieto que le sirva un vaso de agua y nos dice que entre la dimisión de Primo de Rivera y la del rey, España quedo en un completo vacío político y fueron estos los catorce meses los más difíciles de la última monarquía española.
Mientras tanto, el general Dámaso Berenguer es llamado a formar gobierno y este intenta una política de reconciliación a golpes de amnistías que fueron vanas. Al acordar la unión de las izquierdas, en una reunión celebrada el 17 de agosto de 1930 en San Sebastián, donde se intento crear las bases del futuro régimen. En ella estaban presentes, el republicano Lerroux, el neo-republicano Azaña, los socialistas – Indalecio Prieto y los monárquicos arrepentidos – Alcalá Zamora y Miguel Maura y los sindicalistas y separatistas.
En fin, “El pacto de San Sebastián”, fue futuro gobierno provisional de la República y este mantiene sin fuerza a la monarquía. Hasta que los acontecimientos de Jaca y de Cuatro-Vientos traerán después, el germen de la inevitable Guerra Civil.


CAPÌTULO XVI


En 1931 las clases trabajadoras recibieron la República con los brazos abiertos, porque valoraba la libertad y la importancia que se había dado a la cultura. La República, desde su principio, hizo un gran esfuerzo por erradicar el analfabetismo; al mantener a los maestros al día, mediante las misiones pedagógicas.
El día que se proclamo la República nos dice que bajaba la Gran-Via en dirección a la calle de Alcalá y recuerda bien que la gente “gritaba” ¡Viva la República! ¡Ha entrado la República! Y quedó impresionado cuando vio que la gente estaba con los guardias, se ponían sus gorros y gritaban todos a la vez: “¡Viva la República!”. Todo el mundo reía y todos estaban contentos.
Las elecciones a cortes constituyentes, fueron por fin convocadas por el gobierno provisional y se celebraron el 28 de junio de 1931. Dando el triunfo a los socialistas (Partido Socialista Obrero Español, PSOE) y varios pequeños partidos republicanos, qué fueron los encargados de formar un nuevo gabinete presidido por Aniceto Alcalá Zamora. En junio del 33, este gobierno se vio obligado a llevar a cabo una pequeña remodalizaciòn gubernamental, aunque llego a dejar algunos ministros en sus puestos y entre ellos. Cambió en Industria a José Franchy Roca, Agricultura a Marcelino domingo, Trabajo a Francisco Caballero, Hacienda a Agustín Viñuales, Gobernación a Santiago Casares Quiroga y Obras Públicas a Indalecio Prieto.
En aquellos días que precedieron a la instauración de la República, nos cuenta que tuvo que defender su causa en continuas reuniones, y esto suponía salir de casa muy temprano, para después desayunar y comer en un café- restaurante situado en la calle de La Montera a pocos metros de la Puerta del Sol y regresaba tarde a casa. Mientras Matilde quedaba sola en casa y en esa espaciosa habitación que a él le parecían inhospitalarias y todo pese a que los únicos objetos que había en ella a ellos le parecían hermosos y no eran otros que los juegos y risas de sus adoradas hijas.
Días después, sigue contando que fue a verle su viejo amigo Sergio acompañado de un hombre que no debía tener más de treinta años, pálido, con larga barba, cargado de espaldas y que le fue presentado como Agustín Viñuales secretario del Ministerio de Obras Publicas. – ¡Perdón a mi pregunta indiscreta, pero me parece usted muy joven! ¿Es verdad eso que acabo de oír?». Agustín Viñuales sonrió al oír estas palabras a la vez que en su consumido rostro de joven instruido, aparecía como distraído. Luego con voz completamente distinta y como si representara una obra de teatro dijo: – «Vengo a ofrecerle así como a su amigo el señor Antonio Sergio, que trabajen conmigo en el nuevo Ministerio de Obras Publicas y a las ordenes de Indalecio Prieto y que a la vez me encargo personalmente de comunicarles que el viernes les espera en su despacho». – « ¡Eso no lo esperaba, pero si Sergio está de acuerdo cuente conmigo!».
Como bien habían acordado les esperaba en su despacho del Ministerio, el socialista Indalecio Prieto; hombre extrovertido y de aparente buena salud. Indalecio Prieto, se caracterizaba por unas gruesas mejillas y una papada que denunciaba su voraz apetito así como el capricho de una buena mesa. Sentado en un holgado sillón, Indalecio fumaba y se sentía tan seguro en su nuevo despacho como cuando en sus tiempos de agitador exacerbaba en Bilbao las masas proletarias. Y sigue contando que al verlos y sin dejar su grueso cigarro se levanto para decirles: –«La dificultad de nuestra tarea reside en el peligro de las fuerzas conservadoras que amenazan la integridad de nuestra joven República. – Por esto y como yo sé como ustedes piensan; no debemos jamás dejar en lo más mínimo seguir defendiendo nuestras respectivas ideologías y todo porque nuestro deber ha de ser honrado y abierto con el nuevo Estado Republicano.
La reunión terminó en un ambiente apacible y sincero, acordándose llevar a cabo las reformas profundas y urgentes que el ministerio tenia encomendadas. Después, Indalecio Prieto puesto en pie y mirándoles con sus ojos claros, alegres y saltones que le caracterizaban, le dijo: – «No dudo señor Hernández de su sincera cooperación y de su capacidad intelectual. – ¡Ah! - Y sobre todo Muchas gracias por aceptar esta difícil responsabilidad».
El abuelo recordaba todo aquello con la misma emoción que lo había vivido y nos dice que el camino fue muy difícil al encontrar obstáculos infranqueables por parte de una España ultra nacionalista y conservadora. Estos vieron en la República, no sólo un cambio en la forma de estado; si no en la amenaza que esto suponía para los intereses económicos y el poder de privilegiados que gozaban. Por eso no tardaron en alentar e impulsaron la gran conspiración que aglutinó como siempre los capitalistas, industriales, latifundistas, militares y rentistas muy vinculados a la mayoría de la iglesia. Esa Iglesia que también veía peligrar su dominio cultural ante el creciente laicismo de la sociedad, fruto de las medidas republicanas legisladas y emprendidas.
No se trata de hacer una defensa de la IIª República, ni defenderla como algo perfecto, ni tampoco pensar que todos los republicanos tenían una misma proyección de futuro; basada en una radical transformación social. Era más sencillo que todo eso y más complicado al mismo tiempo. En resumen, de lo que se trataba era de instaurar, desarrollar y fortalecer en España el principio de justicia social; de la libertad para todos, en lo que se refiere a las garantías judiciales y de la confrontación pacifica de ideas. Pero en esos momentos históricos reconoce el abuelo, que parecía imposible la fusión entre política, cultura y pueblo para dar un salto en el desarrollo de nuestra sociedad. Pero mismo reconocía que si se fracasa entonces, no significaría que no fuera necesario, sino que los enemigos fueron demasiado fuertes y las fuerzas del cambió demasiado débiles. Pues la derecha se enfrento a la IIª República, y antes a la Iª República, no solo por la forma de estado republicano, que no le preocupaba si llegaban ellos a controlarlo, sino por el contenido social y cultural de ella.
Este proceso político que condujo al más sanguinario fracaso, se debió porque la república Española eligió sus cambios políticos y sociales en una Europa capitalista asustada de los cambios efectuados en la Rusia Bolchevique y por todo esto las fuerzas reaccionarias desarrollaban con gran rapidez gobiernos fuertes. En Alemania, Hitler es nombrado canciller del Reich e impone la ley nazi. En Italia Mussolini es nombrado el Duce y establece su dictadura fascista. En el resto de Europa las fuerzas fascistas forman organizaciones para militares y el nombre de “fascismo” en Europa viene a la moda y su viento furioso no perdona a España. En 1921 la primera asociación de estudiantes socialista, junto a los Anarco-sindicalistas se deshace de toda formula Marxista y vienen esencialmente católicos. Algo típicamente español y que será su “formula substancial del genio popular español individualista y autoritario que predominara. Así, estas concepciones, sin la menor duda contribuyeron a la formación de las juntas de defensa nacional sindicalista
Quizás en ningún otro país resulta más aparente que en España este introvertido análisis de la realidad nacional. Si no basta oír en todo instante de nuestra vida, los innumerables títulos biográficos de nuestra guerra y las más significativas son: Raíz y decoro de España; – España, un enigma histórico; – La realidad histórica de España; – Origen, ser y existir de los Españoles; – España como problema; – reflexiones sobre la vida espiritual de España; – La España invertebrada; – Hacia otra España; – Vida de Don Quijote y Sancho; – El porvenir de España; – Una hora de España. Como se ve a lo largo de su analizada historia seta confirmada la realidad que España, fue y es siempre un examen de conciencia y nunca un acto de contradicción. Y como bien decía Azorín. « España se repite, repite lo de ayer hoy, lo de hoy mañana. Vivir la situación de hoy es volver a hacer lo mismo.» Pero el abuelo nos dice que era echar raya, sumar y no seguir, porque la dolencia moral, por él denunciada resulta crónica y sobre todo incurable.
La historia, tantas veces adelantada a su curso y frecuente en la oculta vereda española. Hace de España caldo de cultivo, al manifestarse con inusitada violencia las contradicciones entre fines y medios. Con cierta tristeza en su rostro nos dice, que España es tierra de grandes pasiones y quizá mayores apatías. Somos a la vez anárquicos y serviles y las pasiones crearon y sostuvieron los fines que hicieron y deshicieron nuestra historia. Y por no citar otras pruebas, les diré que un ejemplo vivo seria entre otros él; de Pío Baroja que no obedece a su hondura y originalidad novelescas. Dudosas, como bien lo advirtiera su amigo Ramón Gómez de la Serna y como él otros lo sospecharon sin osar escribirlo.
Recuerda bien que su amigo decía que Baroja. Como tantos otros escritores, caracterizaban los impulsos incontrolados de pasión del clásico español. En su destino de escritor es tan español que no tardaremos en dar por dicho la palabra ajena. Cuando la aceptamos solemos ahorrarle toda auténtica critica, lo cual, claro está, consiste en otro modo de ignorarla. Baroja, a juzgar por las apariencias, creía justas ambas justicias, no por espíritu de resignación, que nunca tuvo y el volumen de su labor basta para probarla, sino por su absoluta ignorancia.
A diferencia de los héroes de Malraux, quienes en la acción aventurera buscan una moral y una metafísica de la existencia que caracterizaba la defensa de las libertades individuales del ser humano. Los de Baroja parecen huir de una previa concepción nihilista del mundo, que nunca consiguieron olvidar por completo. Para el abuelo, la mayoría de los intelectuales españoles fueron los judíos pasivos de nuestra historia.
– «Todo lo que vive tiene un proceso para apoderarse primero del espacio, ocupar un lugar, luego, para crecer y multiplicares; este proceso de la energía de un ser vivo contra los obstáculos de un medio, es lo que llamamos lucha». Respeto de la justicia… – nos dice que él cree que lo que sucede es que en el fondo lo justo es lo que no nos conviene.
La fase izquierdista de la República duró del 9 de diciembre de 1931 (día de la ratificación de la constitución republicana) hasta el 3 de diciembre del 33. Este periodo se caracterizó por una actitud legislativa muy rápida y poco reflexionada. Es verdad que el retraso social era enorme, pero para una mayoría de los españoles era fuertemente destructiva. Más que pensar en el futuro y reformar el estado, el gobierno y las cortes se dedicaron a la demolición de todo lo que había. Y por el contrario, aplicaron un punzante, estrecho y vengativo anticlericalismo que terminó por alinear a la mayoría de la población. Hasta tal punto que en las elecciones del 10 de noviembre y 3 de diciembre de 1933 el panorama político cambia 180° con una derrota total de la izquierda. Al mismo tiempo el país se estaba polarizando cada vez más, como demostraba el uso más extendido de los símbolos: camisas rojas y azules, puño cerrado y mano en alto.
Luego, tras un prolongado silencio, apartó su silla y se apoyó de nuevo en el gran ventanal y nosotros sentados en la mesa seguíamos con gran curiosidad los gestos de sus manos porque sus palabras eran vanas e incomprendidas. – ¿Abuelo le ocurre algo? –¿Por qué se ha enfadado?
– No; no me ocurre nada, es que este pasaje de la historia me causa una gran tristeza y las lágrimas son inevitables. - Pero no os preocupéis seguiré con vosotros.
–Comprender, continuo diciendo (mientras buscaba su asiento y secaba sus lagrimas con su mano), que el destino de los pueblos tiene que ser un acto colectivo y si es verdad que en el tiempo somos solos y nadie puede nacer ni morir por nosotros. En el espacio temporal histórico no estamos solos, al vivir condenados por completo a la acción colectiva de la dignidad humana y su ansiada libertad; porque los hombres no son tristes por que mueran, son tristes porque siendo libres por naturaleza no pueden realizar su libertad. “«Y Sartre decía que la humana tragedia cifra una advertencia y una obligación universal en cada uno de nosotros»”.
El llamado “Bienio-Negro, no fue mejor; pues la derecha lo hizo igualmente mal que la izquierda pero, lógicamente al revés. La izquierda por lo contrario como responsable de proclamación de la República se consideraba como propietaria de su “avenimiento”- no llego digerir su derrota. La verdad es que la izquierda lejos de hacerse creíble no hizo más que conspirar durante el año 1934 y preparar su asalto revolucionario al poder. Pues sin tardar, en octubre la izquierda se lanzó a la calle con una huelga general, antesala del alzamiento largamente preparada.
Pero la rebelión solamente tuvo éxito en Asturias, donde los mineros luchaban con ametralladoras y carros de asalto. Una autentica mini guerra civil donde la represión fue feroz, dirigida por el ya triste y famoso general Franco. Al mismo tiempo se desarrollo una rebelión catalanista simultáneamente en Barcelona, liderada por Companys quien proclama l°Estat Català de la República Federal Española” que termino también en fracaso. Con la rebelión de 1934, la izquierda perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”.
La mañana del 20 de noviembre, cuenta que al salir a la calle y al llegar a la Gran-Vía las gentes se arrancaban de las manos los periódicos. La estupefacción en los rostros no se hizo esperar. ¡La derecha había triunfado! Y la segunda vuelta lo confirmaba. Ella obtiene 203 escaños y los radicales 79. La izquierda había perdido la mitad de sus diputados y el grupo de Azaña no contaba más que 5 diputados. La C.E.D.A, encabezada por Gil Robles y apoyada por todos los grupos conservadores y reaccionarios se transforma de la noche a la mañana en la Democracia Cristiana.
La promoción política de Gil Robles y más tarde. Su denominación como ministro de la Guerra, servirán a Franco para entrar en la escena política y meses después será nombrado general de división. Su ascensión, ininterrumpida por Azaña se manifiesta de nuevo y mientras los peones comienzan a colocarse en plaza de esta partida de ajedrez tan sangrienta y criminal. José Antonio, hijo de Primo de Rivera jura desarrollar las ideas de su padre; que no eran las de resucitar la España del “Siglo de Oro”, a la manera de Mussolini que, en ese momento intentaba en Italia volver a instaurar el Imperio Romano. José Antonio había fundado ya la Falange que últimamente vino a unirse a las Juntas ofensivas nacional-sindicalista. – la J.O.N.S. y la C.E.D.A. y estas forman sus tropas desfilando militarmente y con su saludo fascista. Gil Robles fuertemente impresionado por la visión de Hitler se hace llamar: “jefe”, que corresponde a “Fuhrer” o “Duche”, con el solo propósito de eliminar la coalición “anti-marxista”.
No obstante, el 16 de febrero. Gil Robles, a pesar de su gigantesca campaña publicitaria de estrella indiscutible, no le bastó para ser derrotado. Muchos de sus electores descorazonados por sus vacilaciones prefirieron no votar y fue la izquierda que a su turno, triunfó en las elecciones legislativas de febrero del 36 con la bandera del Frente popular y que tres meses después, con las mismas características triunfó en Francia.
Al revisionismo anterior de los dirigentes frente populistas. En vez de establecer la aplicación de la reforma agraria mediante la legalización de las ocupaciones de fincas. En un intento de arbitraje entre las reivindicaciones extremas populares y la oposición derechista sólo creo ascendente crispación que sólo llevo al estúpido asesinato del dirigente de la extrema derecha, José Calvo Sotelo. Ocurrido el 3 de julio. Motivo más que suficiente, para cambiar los planes estratégicos del general Emilio Mola Vidal y de los demás conspiradores antirrepublicanos.
Si toda guerra reclama prestar atención a los “hechos de armas”. Nos dice el abuelo que para el entramado político determino la victoria o derrota de las fuerzas beligerantes. Por parte del gobierno republicano, la jefatura pasó sucesivamente de manos de Azañistas y dirigentes de la Izquierda republicana. Entre ellos, José Giral, a Largo Caballero y de éste a Juan Negrín hasta finales de la guerra
Por aquellos días tan importantes y tristes de la historia de España. El nombre del doctor Negrín, saltó a la escena política. Si bien antes, en junio del 31, fue elegido diputado a las cortes constituyentes por el partido socialista. Y tras el inicio de la guerra y después de grandes disputas en el interior y fuera del partido socialista por sus simpatías Leninistas fue nombrado por Francisco Largo Caballero. Ministro de Hacienda y su misión era organizar la debilitada economía republicana. Apenas una semana después, nos dice que recibió en su despacho del ministerio de Obras Publicas, la orden de presentarse en el ministerio de Hacienda.
Del doctor Negrin. El abuelo nos dice que ya lo conocía al frecuentar años anteriores las tertulias del casino situado en la calle de Alcalá y bien recuerda sus continuas disputas con la mayoría de los intelectuales por su simpatía a la revolución bolchevique. – Estimado amigo, nosotros no buscamos la guerra y por el momento no hacemos más que defendernos. Los fascistas son los enemigos irreconciliables de la república y pese a nuestras diferencias ideológicas las ansias de libertad nos unen. Le diré amigo Hernández que lo necesito, dado que la guerra no se puede ganar sin dinero. Usted debe cubrir el puesto de cajero y secretario personal del Director del Tesoro. Para esto, y dada la situación, debemos estudiar en próximas reuniones, el traslado a un sitio seguro de las reservas de oro del país.


CAPÌTULO XVII


Desde el primer momento. El territorio nacional quedó dividido en dos zonas y en función del éxito que obtuvieron los militares sublevados. Prácticamente se reproducía el mapa resultante de las elecciones de febrero del 36. El “Alzamiento” (nombre dado por los rebeldes a su levantamiento contra el gobierno republicano). Comenzó el 17 de julio en la ciudad de Melilla. El general Franco partió de las islas Canarias hacia Tetuán, y ese mismo día se sublevaron los mandos militares de otras divisiones peninsulares. Sin embargo, hay que destacar que el levantamiento fracasó en las principales ciudades del país.
Por otro lado. El 20 de julio de ese mismo año, recién comenzada la sublevación. “Por puro azar” fallecía en un accidente de aviación el que había sido designado por los conspiradores. Jefe de la rebelión, el general José Sanjurjo y poco tiempo después también “al azar” el que debía sucederle, el general Emilio Mola Vidal.
De cualquier modo. El comienzo de la guerra estuvo vinculado al plan establecido previamente por los conspiradores en la primavera del 36. Pese a su cuidada preparación por parte de los sublevados la estrategia fracasó en su primera fase; en la que ellos debían acceder a la capital partiendo del norte y del sur. La segunda fase, fue no abandonar la marcha sobre Madrid. Pero la batalla de Guadalajara se saldó con el éxito republicano y donde las tropas Italianas que marchaban sobre Madrid recibieron la mayor derrota de su historia.
Los alzados decidieron entonces centrar sus principales operaciones en el norte. Que con el apoyo decisivo de la aviación alemana integrada; por la “Legión Cóndor”. Y esta, realiza una salvaje agresión a la localidad vizcaína de Guernica.
El automóvil oficial, nos dice que se detuvo junto al borde de la acera del último portal de la calle La ballesta; que era donde nos encontrábamos y que el abuelo había adquirido meses antes de estallar la guerra. De la nube que despedía el tubo de escape, salió un hombre uniformado que se quitó la gorra y con cierta reverencia le invitó a sentarse en el vehículo.
Al llegar a la Plaza del Callao. Los convoyes de las unidades de militares bien uniformados, se confundían con grupos de milicianos y milicianas que con sus brazaletes, pañuelos al cuello y gorras de diferentes colores, desfilaban con sus fusiles al hombro sin orden ni concierto. Su misión defender la capital sitiada por las tropas fascistas.
Aquel desordenado movimiento de tropas al llegar a la Plaza de España fue tomando poco a poco en dos direcciones concretas: – Unos la empinada calle de Príncipe Pío y otros la calle de la Moncloa con el fin de ganar las trincheras del frente que apenas se hallaba a unos kilómetros de distancia.
Por eso hasta allí llegaba de día y de noche el incesante movimiento de tropas y convoyes. Desde la plaza, por estar situada en uno de los puntos más altos de Madrid, se podía oír y divisar el tronar de los cañones que era constante. A la vez que continuamente el horizonte arrastraba sordamente hacia la capital una extensa humareda con olor a pólvora y que a veces la artillería incrustaba sus obuses metálicos en las primeras casas de la capital.
El abuelo recordaba todo esto con la misma emoción que aquellos días terribles de la guerra y nos dice que el miedo era horrible al sentir que se le agarrotaban los dedos. Y además sigue contando que la población aterrorizada esperaba en cualquier momento el sonar de las sirenas y la posterior llegada de los aviones bombarderos destruyendo todo aquello que les parecía sospechoso. Después cuando el ruido de los aviones y bombas dejaban de oírse, las gentes corrían desesperadas en busca de los establecimientos abiertos con el fin de abastecer las ya mermadas dispensas, en un momento donde el hambre hacía estragos en la población.
El encuentro con Juan Negrín le impresionó enormemente, al observar la metamorfosis de aquel doctor, otras veces placido investigador y siempre acompañado de su amigo y colaborador el doctor Severo Ochoa y Francisco Grande Gaviàn y que ahora parecía haber terminado de colgar su bata blanca del laboratorio.
Era evidente que la reunión había sido llevada a cabo con una precaución altamente secreta, y nos dice que en los salones sentados a la derecha de su reservada silla, se hallaban Agustín Viénuales, Méndez Aspe Director del Tesoro y su amigo Sergio. Y a su izquierda dos funcionarios del cuerpo de seguridad del Estado que no llegó nunca a recordar sus nombres.
De frente y a lo largo de la amplia y maciza mesa, también se hallaba en primer lugar, el propio Manuel Azaña una de las figuras más señoriales de la república y a su izquierda el doctor Giral, jefe en ese momento del Gobierno republicano.
A continuación, Largo Caballero, con su cara de pocos amigos y en continuas disputas con su compañero de mesa y que no era otro que Juan Negrín. Pero nos dice que lo que más le llamo la atención, fue que junto a él se hallaba un personaje desconocido hasta entonces de la vida económica y política.
Sus rasgos eslavos, saltaban a la vista y después descubrió que no era ni más ni menos que el agregado de Encomia y Comercio en la embajada de la U.R.S.S. en Madrid.- Arthur Stasheski.
La personalidad de Stasheski según nos dice extrañado, era totalmente desconocida hasta para los dirigentes del Este al parecer era un alto funcionario del comisariado del pueblo (ministerio) para la Economía y Finanzas y que a mediados de agosto procedente de la embajada de París. Este llegó a la capital acompañada del escritor Louis Fischer, verdadero agente del “Komintern” (Internacional Comunista), y que luego por su amigo Sergio supo que era amigo del doctor Negrín al mantener una gran amistad con Fischer y éste sería el que presentaría a Stasheski en la reunión. Esta amistad daría lugar a la leyenda del oro de Moscú. Pues nadie comprendió como al formar gobierno largo Caballero a primeros de septiembre, se conocía ya que Negrín desempeñaría la cartera de Hacienda; cuando hasta en el propio Partido Socialista, no daba como ministro al doctor Negrín y menos en esa cartera.
Todo empezó nos dice con cierta seriedad, en el Consejo de Ministro que se celebró en Madrid el día 13 de septiembre y cuando Negrín planteo la necesidad del traslado del depósito de oro del Banco de España a lugar que ofreciese mayor seguridad. Pues según nos explicó, Madrid era inseguro ante los avances de las columnas que los sublevados desarrollaban sobre el centro de Madrid. También dio cuenta de la persistencia del Gobierno francés a negar la entrega al Gobierno de la República del depósito de oro propiedad del Estado, situado en Mont de Marsans. Y que fue establecido hacia años como garantía de las determinadas medidas que hubo que adoptar para proteger el valor de la peseta. Deposito sobre el que ya no pesaba ninguna hipoteca ni obligación y que desde el comienzo de la guerra estaba siendo reclamado constantemente por el Gobierno de la República, para poderlo utilizar en el logro de créditos para la adquisición de armamento y material de guerra.
El consejo deliberó ampliamente sobre la propuesta de Negrín y todos los ministros expusieron su opinión sobre el tema y al final se acordó por unanimidad, facultar ampliamente a Negrín para que, de acuerdo con el jefe del Gobierno se dispusiera el traslado del depósito hasta el punto de que ofreciese más garantías de seguridad. Después de una reunión ampliada de la mayor parte de los responsables del Banco Nacional y del ministerio de seguridad. Se consideró que el lugar más seguro era el Arsenal de Cartagena, exponiendo las inmejorables condiciones que reunía para su custodia y salida en el caso de que fuese necesario situarlo en el extranjero.
Días después nos cuenta que en el despacho del director del Tesoro Méndez Aspe, se decidió la operación del traslado del depósito a Cartagena que se llevara acabó mediante un plan bien estudiado. La custodia directa estuvo a cargo de una unidad especial de la milicia y el jefe y los oficiales fueron nombrados directamente por el ministro y en la totalidad eran militantes comunistas y a los que se les dio a conocer la importancia del servicio que había de desempeñar.
Y fue por sus merito que se destinó a esta fuerza la protección y vigilancia de los puntos y elementos del transporte. Esta unidad formaba parte del “Quinto Regimiento y que estaba al mando del recién nombrado comandante conocido por el apodo del-“Campesino”. Hombre que dio pie para que se forjase también la leyenda por la que el Partido Comunista se había erigido en guardián exclusivo de dicho depósito. Pero nos dice con conocimiento de causa, que fue una simple coincidencia el que se decidiese el mando a un destacamento comunista.
Luego sigue con cierta pasividad justificándose con los tiempos difíciles que estos hechos ocurrieron, para seguir diciendo: –Muchachos la verdad es que la guerra hizo de los sentimientos nobles y sanos una mera chabacanería, ya que eran días tan difíciles que nadie tenía tiempo de amar y ser amado. Por esto y pensando en Matilde, dice que, la decisión tomada en la última reunión cambió sus planes familiares; hasta el punto de que por primera vez estaba obligado a separarse por tiempo indefinido de su familia.
Después con voz pasiva, nos dice que en los últimos tiempos habían aumentado sus responsabilidades; dado los acontecimientos políticos que se sucedían en el país y por esto la vida de Matilde no podía ser más triste. Se pasaba los días, tocando el piano y según ella la música no la emocionaba como antes ni sentía ya los latidos de su corazón soñador.
Ahora, sin más pasaba las horas sentada, nerviosa y grave ante las notas iluminadas por sendas velas debido a la prohibición de usar la luz eléctrica. Esperaba a todo instante los sonidos ensordecedores de las alarmas, que anunciaban la llegada masiva de la aviación y la crispación y el miedo era constante no-solo para ella sino para sus hijas que en muchas ocasiones. Con ropa interior, saltaban de la cama para dirigirse precipitadamente al refugio que por suerte se hallaba en la Corredera Baja de San Pablo y a pocos metros del portal.
Era difícil acostumbrarse a este vaivén casi diario sin hacer nada que no fuera el de ocuparse de sus hijas y con la sola esperanza de la llegada de días mejores. Dado que esta maldita guerra le creaba una gran angustia y su desesperación era constante.
El convoy procedente del Banco Nacional cruzaba junto a una numerosa escolta motorizada la plaza de Atocha y se dirigía a altas horas de la noche en dirección a la carretera de Valencia. Donde un fuerte destacamento del ejército a la altura del puente de Vallecas, esperaba su incorporación al secreto convoy cargado de barrotes de oro. A poca distancia les seguía cautelosamente, un vehículo marca Citroën y en el asiento de atrás cuenta que iba él con el gobernador del Banco de España, hombre de pocas palabras y que apenas días antes le había sido presentado. Después con una ligera sonrisa, sin dar su nombre y posiblemente por olvido. No dice que era de menguada talla y debido al intenso frío reinante en el exterior se cubría con un gabán demasiado grande para él y que en su profundo sueño si no fuese por sus fuertes soplidos le hubiera parecido un simple fardo.
A la mañana siguiente el convoy se detuvo en Albacete y ellos se dirigieron a la comandancia militar donde en un amplio salón se hallaban sentados en una mesa cinco hombres que vestían chaquetas de cuero mal cuidadas. Uno de los hombres con el grado de comandante que se hallaba sentado en el extremo de la mesa, se levantó para decirnos que el responsable militar de la base era él y que las autoridades le habían designado junto con su compañía para escoltar el convoy hasta el puerto de Cartagena.
Luego y apenas unos instantes después de la presentación del militar se abrió la puerta del salón dando paso a otro militar con él grado de capitán, ancho de espaldas con unos papeles bajo el brazo. Este extendió unos papeles sobre la mesa y apoyando su mano izquierda parecía pensativo a la hora de estampar su firma sobre los documentos; pero el gobernador del banco que debió conocerle, nos dice que le sacudió con su codo, para decirle que apenas sabia firmar ya que se trataba de Valentín González (el campesino).
Al observar detenidamente a este legendario personaje, se aprecia en él un áspero bigote y las mejillas con una barba mal cuidada; pero no obstante y por su actitud firme se adivina que pese a su falta de estudios poseía una inteligencia poco común. Al parecer, únicamente quien lo conocía bien sólo con el tiempo él podía advertir su fuerte personalidad. Este militar político que terminó siendo una controvertida leyenda, nació en Badajoz y trabajó en las minas de Peña roya y Pueblo Nuevo de Córdoba. Al estallar la guerra se alistó al V Regimiento y obtuvo al final de ella el grado de teniente coronel, distinguiéndose por su bravura en las batallas de Brunete julio del 37, Belchite agosto y septiembre del 37 y Teruel enero del 38.
La meseta Central Ibérica estaba desierta y triste en aquella fría y ventosa tarde otoñal y la inquietud e inseguridad por aquella blancuzca y sinuosa carretera la hacía más misteriosa todavía. Además, las lluvias la habían erosionado hasta dejar al desnudo las piedras por donde al pasar los camiones chirriaban en su empinada cuesta del puerto de Almanera a 1.797 y donde nacen el río Guadelome que es a la vez subafluente del Guadalimar y más tarde Guadalquivir. Y nos dice con cierta inquietud que en sus retorcidas y continuas curvas todos sentíamos el temor de un ataque por sorpresa y mirábamos con ojos inquietos los pinos gigantes que se mecían al borde de la carretera. Más abajo por el viento fuerte, rumoreaba sordamente el bosque envuelto en niebla y al fondo rugía al chapotear con fuerza un caudaloso torrente.
Mas tarde y como un mal presagio uno de los camiones que transportaba el oro no pudo llegar a la cima, pues al parecer había roto su palier. El gobernador que acababa de despertar por el brusco frenado del automóvil, sacó la cabeza dando gritos desmesurados, hasta que apareció un capitán con fuerte acento francés que sin levantar la voz le dijo: – Sé ha roto el palier y ya me dirá qué podemos hacer con el camión.
– Qué palier ni ocho cuartos. –Y además, le diré que sea lo que sea, no podemos dejar el camión aquí por nada del mundo. Después ya con la llegada del campesino se calmaron los ánimos al informarnos que un mecánico intentaba repararlo y que mientras tanto nos invitaba a un café bien calentito en una posada no muy lejos y que esto nos ayudaría a calmar los ánimos.
La posada se hallaba cerca de un puente, que por su impresionante altura al parar con el fin de observar la precipitada corriente del río al asomarse le causó vértigo. Como también nos dice que para evitarlo lo primero que hizo fue volver rápido la cabeza sobre el muro de enfrente donde se hallaba apoyados en sus fusiles unos soldados que vigilaban el puente. Los centinelas al percatarse de nuestra presencia permanecieron inmóviles, pero al instante se echaron el fusil al hombro para después militarmente saludarnos.
Era ya de noche cuando salieron de la venta, pero nos dice que las casi tres horas que paso junto a la confortable chimenea, tuvo tiempo de profundizar la conversación con Valentín González, aunque en realidad con quien per más trató fue con el joven oficial francés. El joven en cuestión según le contó era de un barrio céntrico de Marsella y se llamaba Pierre Carré. Al parecer su padre era un enamorado de las letras y poseía una editorial donde él como su hijo, habían hecho ciertos ensayos literarios y nos dice también que lo que más le agrado de su interesante charla fue al adivinar que sus ideas coincidían con las suyas. Más tarde y en los avatares de la guerra profundizo su amistad con él al coincidir que después este joven se enamoró de su hija Teresa. La cual después corrió la misma suerte que su hermana Teresa al morir en acto heroico y con el grado de comandante en la ofensiva del Paso del Ebro.
A los tres días de la salida de Madrid el convoy, se detuvo en una gran explanada, frente al arsenal de Cartagena, para después de la presentación de la documentación necesaria las enormes puertas de acero del arsenal se abrieran para dar paso al convoy seguido de los militares. – ¡Ósea misión cumplida!
Pues en esta primera etapa del traslado del depósito del oro se cumplieron rigurosamente todas las formalidades legales de entonces vigentes, interviniendo en ella todas aquellas personas que por sus cargos estaban obligados hacerlo. A continuación, Largo Caballero, antes de dar su conformidad, requirió a los servicios jurídicos de la Presidencia del Gobierno, del Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Hacienda, para que le informasen ampliamente de las condiciones y requisitos legales que habían de cumplirse para realizar la operación dentro de la más rigurosa legalidad. Todos estos informes coincidieron en dictaminar que el Gobierno tenía facultad legal para decidir sobre la utilización del depósito.
El acuerdo, con un protocolo adicional detallando, la forma en que sería utilizado él depósito fue firmado al día siguiente por el embajador Rosenberg y Negrín. El Comisario del Armamento y Munición seria el organismo que intervendría en la formulación de pedidos y en la recepción del material, según un mecanismo que se estudió. Dicha comisaria la regentaba Indalecio Prieto, al mismo tiempo que la cartera de Marina y Aire. La operación de traslado del oro a Moscú se planeó dentro de la natural reserva, dándole un carácter de”Secreto militar” o una operación de guerra.
Mucho se escribió y fantaseo sobre esto, aunque algunas personas con cargos relevantes entonces, lo hicieron de forma vaga y como ignorantes de la operación hasta después de haber sido realizada. Pero lo que es inaudito es que algunos de los que después han emitido juicios casi censurando el hecho, no manifestaron entonces ninguna consideración ilegal o perjudicial a la operación. También ha habido quienes no han resistido el deseo de fantasear haciendo con los actores o testigos, dando hasta detalles pintorescos. La verdad, es que en las tareas y formalidades de la operación de embarque en el Arsenal de Cartagena, sólo estuvieron presentes aquellas personas que por sus cargos estaban obligadas a tomar parte en ella o cumplían órdenes del Gobierno.
En el mismo Arsenal de Cartagena se firmaron las actas de entrega del cargamento por Méndez Aspe, Stasheski, el gobernador del Banco de España y como él los que estaban obligados hacerlo. El cargamento se hizo en cuatro barcos soviéticos que habían llegado con material cuatro días antes: el “Jruso”, el “Neva”, el “Kim” y el “Volgores”. La verdad es que no se registró ningún incidente durante las operaciones de embarque ya que en dichos barcos nos dice que él fue él indicado de nombrar los funcionarios que viajarían de la Dirección General del Tesoro y del Banco de España para efectuar en Moscú las tareas de recuento y entrega efectiva de todo el cargamento, según se había acordado.
Convencido de que los hechos ocurrieron a sí, nos pide paciencia y perdón y sale del salón precipitadamente para minutos después, seguido de la abuela Matilde; aparece con un fardo de cartas en la mano, mientras la abuela con voz chillona le regañaba por el desorden causado en la habitación al buscar anhelosamente dichos sobres. – «Mirar es un legado patriota de Juan Negrín, una prueba más de la verdad histórica vivida por mí y que justifica la verdad».
Mucho sé a escrito sobre el “Oro de Moscú”. Pero al recordar hoy las afirmaciones del abuelo he interesado por el tema después de la denigrante propaganda del régimen franquista.
– Permitirme un inciso en los apasionados relatos del abuelo y voy a leerles ciertos pasajes de Juan Marichal profesor de la Universidad de Harvard, sobre el excepcional libro de Pablo Martín Aceña.
En 1939, los representantes del ejército vencedor acudieron velozmente al Banco de España para comprobar la existencia de las reservas (sobre todo de oro) allí guardadas. Su sorpresa fue mayúscula, pues allí no había nada y supusieron que los soviéticos se habían llevado a Moscú el oro de España. Este tesoro, como bien nos dice el abuelo, fue trasladado a Cartagena para ser embarcado para Rusia y se suponía que iría a parar en los bolsillos de los españoles rojos. Pero el libro de Azaña muestra que todo el Tesoro de España fue empleado para defender la República, comprando armas y víveres para el pueblo español. El libro utiliza el llamado por el banco “dossier Negrín” para poder financiar la guerra. Cuando el doctor Negrín murió en octubre de 1956 en París. Su hijo Rómulo entregó a los representantes del gobierno de entonces un “paquete” cuidadosamente guardado por su padre en un banco de Francia. ¿En qué consistía el paquete? Nada menos que los recibos del oro y otras divisas que habían sido transferidos, según las necesidades republicanas, a un banco ruso creado para ese propósito en París.
Las cuentas estaban muy claras y se podía hacer un cálculo favorable a Rusia. En suma, todo el oro había sido empleado por la República para la guerra. La documentación de Moscú era ya conocida; el profesor Ángel Viñas había publicado un libro a propósito, pero no-tenia la autoridad que le daba el “paquete” mencionado y que se guardaban en el Banco de España. Ahora, el economista Martín Aceña muestra que en su oficina está la documentación pertinente para el caso, y confirma lo señalado en su libro de hace algunos años.
Todo esto es prueba del patriotismo de Juan Negrín. Que se ocupó de dejar a su muerte las pruebas irrefutables de que el “oro de Moscú” se había gastado en defender al pueblo español y alimentarlo. Y si una gran proporción del oro se había empleado en comprar víveres, no podía reclamarse nada a nadie del empleo del llamado oro de Moscú. O dicho en otros términos, lo que había en Moscú, que estaba antes en el banco de España, fue el costo de la guerra de 1936 a 1939. Y desde luego, no se podía acusar; a Juan Negrín, ministro de Hacienda. Ni a los que participaron en la operación; en suma, Negrín fue un gobernante patriota en él usó de las reservas españolas de oro.
Si bien recuerdo. También nos dijo, que fue un domingo de primeros de diciembre. Cuando fue despertado por la dueña del pequeño hotel que se hospedaba, no muy lejos del Arsenal de Cartagena y al bajar al comedor desayunando tranquilamente se hallaba el oficial francés ya mencionado que le comunico que a él le habían encargado de conducirnos después de la verificación del embarque de oro a Madrid.
Acomodado en el mismo automóvil de su último viaje y escoltados por dos potentes motos conducidas por militares dejaron la ciudad de Cartagena en aquel triste otoño del 37. Pero recuerda con cierta melancolía, que en las ventanas de las blancas casas se veían ya pelados los geranios y rosales y en el horizonte desgarradas nubes de un color gris como el plomo flotaban sobre el picado mar.
El viaje fue rápido si se tiene en cuenta, lo difícil que supuso el viaje de ida, con más de una cincuentena de camiones cargados hasta los topes. Al anochecer el vehículo se estacionaba, para dejar al gobernador que nos hizo un viaje sin despegar sus labios, para después estacionar de nuevo en la esquina de la calle de la Ballesta.
Después, el capitán, salió ágilmente del vehículo y se puso a andar por la acera con el fin de estirar las piernas y nos dice que al verlos desde el balcón sus dos hijas. Con gestos de sincera alegría no dejaron de saludarles y todo porque según nos dice que entre su hija Teresa y el francés estaba últimamente surgiendo una cierta simpatía lo que liencito para invitarlo a subir a su casa.
Luego ya en su casa a ellas les choco como el joven oficial hablaba con un fuerte acento Francés, terminó y sincera simpatía por agradar a su familia. Aunque nos dice con cierta malicia que quien quedó más impresionada del joven fue sin duda su hija Teresa. De la que además el francés más tarde quedo fuertemente enamorado hasta su muerte. Pues siempre que Pierre Carré conseguía permiso en su regimiento, no dudaba en visitarnos con su doble intención, por un lado encontrar el calor de la familia y por otro los amores de Teresa.
El francés al parecer escribía a Teresa todos los días y Teresa se pasaba las primeras horas de la tarde esperando la llegada de su carta. Luego nos sigue contando con cierta tristeza, que se iba a su cuarto y como alma en pena salía solo para cenar para después seguir releyendo las cartas una y otra vez.
Sin apenas dejar que su rostro se aliviara, sigue diciendo que el año 37, las luchas entre los diferentes partidos y organizaciones obreras eran continuas. Todo ello no era nuevo sino posible en una España, que según muchos años antes Emilio Castelar decía que la historia se seguía y se repetía y no sólo eso sino que ahora había empeorado. Después siguió desconcertándonos, pues si bien alaba el dinamismo, la disciplina, la capacidad organizadora del Partido Comunista, así como su comprensión de los problemas militares y políticos en tiempos de guerra. No por todo esto no recataba crítica a los comunistas, pues por razones que en su mayor o menor escala fueron ellos los valederos para el resto de los partidos, se sintieran disminuidos. –«Pues estos se creían con cierto fanatismo, superiores y que su disciplina organizativa era superior a los demás lo que sin la menor duda asustaba al resto de las organizaciones». Y como además ninguno era capaz de sostener una discusión racional, esto no hizo más que perjudicar el desarrollo de guerra. – ¡En una palabra todos pretendieron repartir la piel del león antes de cazarlo!
En efecto. Nos dice con cierta tristeza, que las intransigencias en la guerra española de los comunistas, fue la que provocó la caída del gobierno de Largo Caballero - en mayo de 1937. Y que a raíz de esto también aceleraron los disturbios de Barcelona y de la abortada ofensiva de Extremadura.
Después de un silencio profundo y con cierto recelo a las cortas explicaciones del conflicto entre las principales ideologías que luchaban por la República. Ante estas explicaciones del abuelo mi amigo Carlos le pide al abuelo explicaciones más profundas al respecto. A lo que él y sin titubeos, pero con el rostro rígido nos dice que España fue el único país donde los “Ácratas” se convirtieron en un poder político, a la vez que negaban toda forma de poder y para él fue esta contradicción una de las causas por las que también la guerra se perdió.
« ¿Pero abuelo usted es anarquista?».
– Si es verdad, pero yo por mis responsabilidades no políticas ni militares sino económicas, veo las cosas de diferente manera. – Ósea como dirían algunos. –Yo vi los toros desde la barrera.
– La verdad es que si la vida es complicada la política lo es más, y creo que os será muy difícil comprender, sobre todo a vosotros, golpeados por la propaganda fascista. Pero no obtente y ante vuestra insistencia lo intentaré. Para empezar os diré que somos un país contradictorio. –Donde nunca cabe descartar la verdad más opuesta a la apariencia más notable. – Vivimos de espaldas a Europa y la historia europea anticipase siempre a la nuestra. – Somos un país peninsular. –En una palabra, tenemos, sin serlo las trazas de una isla y en esta isla supuesta que se halla unida al continente al tiempo también está separada del mismo, por razones diversas al convivir o malvivir hechos totalmente diferentes.
Por todo esto en lo que se refiere a lo político, en nuestro país el anarquismo y marxismo son, contradictorios e irreconciliables. Bakunin funda todas sus premisas ideológicas en una certeza y a su vez incontrovertible. Pues mientras para los ácratas, el hombre debe ser libre precisamente por ser bueno, el estado lo corrompe y una sociedad a imagen de su libertad personal lo eximiría de todo vasallaje. Por lo contrario la concesión marxista desconfía de las flaquezas humanas individuales y hace una reverencia a las masas.
– Sí, el problema de la España republicana, debería haber sido el ganar la guerra y unir circunstancialmente las partes políticas diversas. Pero la verdad es que no consiguió identificar jamás los medios propuestos para sus logros. Sus sacrificios fueron tan inciertos como su ineptitud para convivir con sus semejantes ideológicos y a este cambio necesario había que sumar la intolerancia hacia un prójimo que era otro español. En este sentido, al menos, el drama de la República es una tragedia española y, ante todo, lo es de todos nosotros.






CAPÌTULO XVIII
Amar y ser amado


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