LA LEY INTERNACIONAL Y EL TERRORISMO POR EMILIO J CARDENAS

oski2
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LA LEY INTERNACIONAL Y EL TERRORISMO POR EMILIO J CARDENAS

Mensajepor oski2 » 07 Ago 2008, 09:28

La ley internacional y el terrorismo
Por Emilio J. Cárdenas
Para LA NACION

La reunión del Grupo de los Ocho (G-8), celebrada recientemente en la isla japonesa de Hokkaido, produjo una sorpresa. En una de las clásicas conversaciones binacionales que suelen superponerse a las deliberaciones conjuntas, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, comunicó formalmente a su par italiano, Silvio Berlusconi, su decisión de extraditar a la legendaria terrorista italiana, Marina Petrella.
Petrella, hoy de 54 años, alguna vez perteneció a las Brigadas Rojas, que participaron de manera sangrienta en el conflicto armado interno que azotó a Italia en los años 70. Me refiero a los llamados "años de plomo", en los que la guerrilla marxista llenó de ansiedad a los principales centros urbanos italianos. Marina Petrella había sido arrestada por la policía de Francia el 22 de agosto de 2007.
Al propio tiempo, Sarkozy solicitó a Berlusconi que, extraditada que sea la terrorista, se le extienda el perdón previsto en el artículo 174 del Código Penal italiano. Ese pedido de gracia está presuntamente basado en el delicado estado de salud mental de la terrorista, que hasta ahora había estado prófuga e impune; esto es, en razones de corte humanitario, las que -aclaró Sarkozy- "no deben necesariamente extenderse a casos similares". Las víctimas del terrorismo setentista italiano, que por décadas han reclamado justicia, calificaron el pedido de "pilatesco".
Marina Petrella reside en Francia desde hace quince años, cuando escapara a la condena de la justicia italiana por sus atentados terroristas. Ella -como otros brigadistas y miembros de otros grupos emparentados ideológicamente con ellos, incluyendo el que respondía a la denominación de La Lucha Continúa- se había beneficiado con la "doctrina Mitterand", que, por años, rechazara la extradición de los terroristas italianos, permitiéndoles residir tranquilamente en Francia, contra el mero compromiso de "abandonar la violencia". Como si no hubieran sido responsables de nada. Como si sus atentados no hubieran ocasionado víctimas.
Al igual que otros once miembros de las Brigadas Rojas que también esperan ser extraditados a Italia, Marina Petrella deberá pronto asumir la responsabilidad que ciertamente le corresponde. Tardíamente, sin embargo.
Lo mismo, presumiblemente, ocurrirá con Giovanni Alimonti, Valeria Capella, Enrico Villimburgo y Giorgio Pietrostefani, otros líderes guerrilleros. Quizá también con Cesare Battisti, quien, detenido en Brasil, espera la decisión de los tribunales brasileños sobre cuál será finalmente su suerte.
Todos ellos tienen en su triste pasado un denominador común: la autoría de atentados en los que asesinaron cobardemente a personas inocentes, invocando para ello inaceptables excusas de naturaleza "política".
François Mitterand nunca asignó a las víctimas de esos crímenes abominables demasiada importancia; sólo los terroristas eran objeto de su protección. Como si, de pronto, hubieran podido convertirse legalmente en refugiados.
Este limbo francés absurdo, como podía anticiparse, fue corregido tan pronto el socialismo dejó el timón político de Francia. Quienes hasta ese momento gozaban de impunidad quedaron así expuestos al "largo brazo" de la ley, que -queda visto- los alcanzó, pese al tiempo transcurrido.
Enfrentada a la posibilidad cierta de ir a prisión, Marina Petrella, alegando una depresión, se internó en un hospital psiquiátrico penitenciario, en las afueras de París. Mientras tanto, sus abogados procuran demorar su extradición con un recurso interpuesto ante el Consejo de Estado, que seguramente no producirá otro resultado que el de demorar las cosas algunas semanas.
Italia, que ha sancionado una ley (206/2004) con la cual regula la compensación que merecen las víctimas de la subversión marxista setentista, nunca dejó de insistir ante Francia en la necesidad de extraditar a los brigadistas rojos, como lo exige la justicia y la memoria de Aldo Moro y de tantos otros que fueran cruelmente asesinados.
La constancia y tenacidad peninsular, que siempre procuró quebrar la impunidad, parece haber comenzado a rendir frutos. Era hora. Europa, como Africa, procura terminar con la impunidad de los ex terroristas. América latina tiene aún rincones en los que, en este tema particular, se está en mora. Mientras la cuestión no se enfrente, habrá siempre quienes, como aquellos que aún militan en las FARC colombianas, crean que, pese a sus crímenes abominables, al final pueden quedar en la impunidad.


El autor fue embajador argentino ante la ONU y copresidente del Instituto de Derechos Humanos de la International Bar Association.


:evil: :twisted:
Oscar Portela

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