EL SOL DE LOS INCAS

Oscar Paukas
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EL SOL DE LOS INCAS

Mensajepor Oscar Paukas » 13 Mar 2008, 03:44

El Sol de los Incas y la Cronología en el Sistema Calendárico.


Verificando los astrónomos Nascas e Incas, que el año, como base de la cronología estaba ligado a la institución del calendario, en la necesidad de establecer una duración constante para el día solar, recurrieron a la existencia de un Sol ficticio que recorra la eclíptica, al mismo tiempo que el Sol verdadero, pasando al mismo tiempo que éste por el perigeo, que es el punto en que la Luna se halla más próxima a la Tierra, descubrieron que el movimiento de este Sol ficticio debería ser tal que el movimiento de su proyección sobre el ecuador sea uniforme. Este sería el denominado Sol medio y el tiempo referido a él es el tiempo medio que se divide en 24 horas, contado de 0 a 12 horas de la mañana y otras tantas de la tarde o noche.
Debido al desplazamiento no uniforme del punto vernal, determinaban la posición de un astro, refiriendo sus coordenadas al punto vernal medio del principio del año que correspondía. Como tomaban como punto de referencia una estrella, obtenían la duración del día estelar, que aparentemente da la impresión de no poseer ningún movimiento propio transversal, consideraban como la verdadera duración de la trayectoria anual del Sol, observando que la posición de tal estrella estaba referida al equinoccio medio. Este tiempo sideral o sidéreo es el tiempo necesario para que la longitud media del Sol, contado a partir del equinoccio móvil, aumente 360º.
Dividieron el paso del Sol en cuatro fases cada jornada anual, con la que los Incas armonizaron el círculo calendárico a partir de cuatro cuadrantes para localizar los solsticios y equinoccios y predecir el cambio de estaciones. Al observar que el astro solar cambia de posición estelar en la línea del horizonte meridional, concibieron que en su aparente viaje que realiza de norte a sur a través de la orbita eclíptica tomaba asiento para entrar a los equinoccios. Al poner en relación las observaciones de los solsticios y equinoccios, en concordancia con las fases del Sol, y a su vez todo el ciclo solar con el ciclo estelar de las estrellas, teniendo en cuenta el registro cuidadoso de las fases de la Luna, la posición de los astros y sus configuraciones en la esfera celeste, jerarquizaron los meses, centrando y marcando las faenas agrícolas señaladas en el calendario en los principales Raymis, que se celebraban en los cambios de estación, determinando los ciclos agrícolas y la sistematización de los segmentos cronológicos, imponiendo su uniformidad ajustado a la jerarquía de los meses, en particiones subdivisorias, con la que obtuvieron tres meses para cada estación, en divisiones espacio-temporales que visualizaron los números sagrados 4 y 12. Multiplicados los cuatro cuadrantes por los tres meses de cada estación, obtuvieron los doce meses en que se dividía el año llamado Huata (Wata).
El sistema calendárico, los ciclos agrícolas y la naturaleza, estaban reguladas por las estaciones, y éstas a su vez por las divinidades. Los movimientos señalados por los astrónomos en las estaciones adecuadas, de conformidad con el estudio de los astros, señalaban las épocas apropiadas para realizar las más importantes faenas agrícolas. De esta manera, los ciclos agrícolas determinaron la organización del calendario, en un sistema en que, desde la preparación de las tierras de cultivo, riego, siembra y cosecha estaban sujetas a un cronograma anual de trabajo, cuyas funciones, regidas a un orden
de distribución de labores, la relacionaron al mantenimiento de los sistemas hidráulicos, a los fines de un alto rendimiento agrícola, vinculados a los ciclos astronómicos, al conocimiento de los fenómenos atmosféricos y a la jerarquía de los meses que indicaban en el calendario los solsticios y equinoccios, fechas importantes que centraban las faenas agrícolas y daban inicio a las estaciones agrícolas adecuadas para la agricultura.
El dominio de la ciencia cosmogónica en los Nascas e Incas, hizo posible organizar el calendario en torno a dos números sagrados: El 4 y el 12. Números claves de una astrología augural, que en base al conocimiento astronómico, y cronología, sistematizaron el cómputo del tiempo, asociándolo a sus prácticas mágico-religiosas y al ocultismo esotérico, geomántico. Al conocer la eclíptica y distinguir las posiciones relativas del Sol con respecto a la línea del horizonte meridional, se impuso la uniformidad de los períodos cronológicos en la denominación de las 4 fases del Sol en su jornada anual por la bóveda celeste, que determinaron las estaciones agrícolas y la jerarquía de los meses en los principales Raymis o fiestas patronales de los jubileos reales celebrados en el Inti Raymi (solsticio de invierno); Coya Raymi Quilla (equinoccio de primavera); Cápac Inti Raymi (solsticio de verano), Pacha Pucuy y Amoray (equinoccio de otoño). En relación con las cuatro estaciones, con los cuatro elementos, con los cuatro puntos cardinales, esta cifra sagrada y primordial se circunscribió en los puntos de las esquinas solsticiales del levante y poniente, y en la precesión de los equinoccios, que es el movimiento retrógrado de los puntos equinocciales o de intersección del ecuador con la eclíptica, dando una vuelta completa la trayectoria anual del Sol por la órbita eclíptica en un giro completo de 360º.
Al calcular el área del círculo estelar, armonizaron el círculo calendárico a partir de 4 cuadrantes para calcular el tiempo que necesitaba el Sol en su viaje desde su sitio más alto en los cielos (solsticio de verano, 21 al 22 de diciembre), y predecir el cambio de estaciones hasta el solsticio de invierno, que tiene efecto del 21 al 22 de junio, de vuelta a su punto de partida, ciclo astronómico de un año llamado Huata. Al observar que el Sol, en su aparente trayectoria solar camina a lo largo de todo el año entre los extremos ( norte – sur ), que le sirve de asiento para entrar a los equinoccios, el sistema astrológico y calendárico dio completa definición de cada segmento cronológico, al adaptar a particiones subdivisorias los cuatro cuadrantes del circulo estelar, subdividiéndolas en tres partes iguales, con la que obtuvieron tres meses para cada estación, en divisiones espacio-temporales, que en si mismo, visualiza los números 4 y 12, que multiplicados los cuatro cuadrantes por los tres meses de cada estación se obtiene los 12 meses del año.
Extraído del libro “Función Cosmológica de los Cosmoglífos en las Líneas de Nasca”. Con un emplazamiento fotográfico de 246 ilustraciones y 313 págs.
Serie: La Ciencia Oculta de las Culturas Precolombinas del Perú.
Autor: César Ormeño Iglesias.
Partida Registral N°= 00794-2006. Indecopi. Perú.
Tipo de Obra: Originaria.
Artista plástico de la Región Ica-Perú.

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