notas de un dia cualquiera

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JesRICART
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notas de un dia cualquiera

Mensajepor JesRICART » 02 Oct 2018, 19:27

Notas de un día cualquiera. JesRICART.
Por lo general, los días se montan de una manera parecida en prácticamente todas las ciudades europeas. Practicantes de footing (últimamente con el android pegado al brazo y los auriculares puestos), paseantes de perros, compradores de periódicos con la baguette bajo el brazo, (rituales estos que persistan a pesar de las broncas a las noticias distorsionadas y contra la harina blanca), repartidores de correo y de avisos certificados de multas y otras inconveniencias, recogedores de papeleras, repartidores de publicidad (sector laboral en extinción), bicicleteros exudando toxinas, parejas flirteantes con diáfanas sonrisas en interludios entre besitos, otra muchachada con sus loros musicales. En rinconeras de barrios sombríos y en los atardeceres se ven las otras caras urbanas ahí donde las ciudades siguen cambiando de nombre: pastilleros, usuarios de intravenosas chutándose viajes delirantes, mujeres ofreciendo vaginas hospitalarias,…
La ciudad es un teatro que mezcla plateas y escenarios, que en plan colega actores y espectadores nos intercambiamos los papeles.
Sé de gente que lo primero que necesita al levantarse es salir a la calle aunque no tenga que ir a trabajar ni haya quedado con nadie. Ver y saludar gente es el estimulo para activar todo lo demás. El pequeño comercio es el gran auxiliar: con el pretexto de comprar una madalena y un bote de mermelada es como ir al club con el que se trata con semejantes. Está tambien el aroma del café (ingrediente del éxtasis), la ensaimada mallorquina si uno sabe donde conseguirla, el breakfast inglés (que últimamente ya sirven a todas horas), En los centros comerciales se ven repartidores, persianas que se abren, colores que se ponen, todo un universo de personas dispuestas a ofrecer lo que otras les vayan a buscar. En los centros urbanos, los coches, poniendo prisas y humos. Veo al recogedor de papeleras urbanas y de basuras en el suelo, al reciclador de metales con su carretilla, al repartidor de paquetería con su furgo marrón UPS, al operario cortando el césped con una maquina eléctrica y un par de protectores para sus oídos, al que recoge la hojarasca con una maquina con tubo empujándola y su visera puesta. Veo al quiosquero en su chiringuito, protegiéndose con plásticos transparente en los meses de frio, al que tras compr5ar el periódico ahí mismo de pie, no tiene espera y va e n busca de la sección que necesita (una notica por confirmar o la lista de números de la lotería). Veo al taxista parando en paralelo cuando llega a destino su cliente y cobrándole in situ, al camionero que se acerca a medio metro al coche de delante y lo claxonea, a los vecinos que están en forma sacando a pasear a sus perros.
Me chifla observarlo todo. La ciencia empezó con la observación. Si el ser humano no hubiera sido expectante jamás habria llegado a creante. Siempre se aprende de lo ajeno. No hay mejor pantalla que la de una ventana dando a una calle, o a falta de esta, un asiento en primera fila en cualquier parte: un parque o una estación central. He conocido gente que me ha confidenciado que cuando no tenía nada que hacer salía a la calle para observar a los demás. Y es que los demás contienen todos los roles, todos los personajes, todos los inventos y todo lo imaginable de la vida social, lo cual no es poca cosa.
He aquí un hombre ensimismado dando medios pasos casi sobre sí mismo sin decidirse a andar y el perro cargado de paciencia a ver si su dueño emprende el paseo o no. Es que no, al rato lo sube al asiento del coche de su lado y ambos se van., No advierto si el can lleva el cinturón puesto. He allí otro perro que lleva una pelota en la boca y se adelanta a su dueño para pararse esperando que este se la coja para lanzársela, como que no lo hace el animal repite el gesto varias veces. (si alguien quiere aprender constancia que aprenda de los perros domésticos).
Veo muchos solitarios encomendando sus silenciosos mensajes al mar. ¿Por qué existen paseos marítimos en prácticamente todos las ciudades que dan al mar? Respuesta que me ha silbado un pajarito: es uno de los pocos planes secretos de estado interesantes para que la poesía no decrezca y la gente tenga cuando menos el consuelo de un océano que puede cargar con todo, es decir con todos los detritus también con todos los llantos, con todos los sueños . La mañana se llena de gentes vivas que no pueden quedarse encerradas en sus casas, necesitan respirar, necesitan verse, necesitan reír juntas, y si puede ser, necesitan tocarse. ¿Por qué nos tocamos tan poco en esta sociedad de superficialismos y superficialistas?
Al grito manifestante de otros tiempos “¡no nos mires, únete!” un grupo escénico lo ha adaptado con un “¡no nos mires, tócanos!” Bueno, eso es una demanda para siglos futuros, yo me conformaría para este en que la gente aprendiera a mirarse y a saludarse con la mirada. Cuando uno sale a la calle y toma sus notas de lo que ve, por tanto de los demás, lo primero que advierte es que casi nadie toma notas, casi nadie mira. Esos órganos prodigiosos que proporcionan el sentido de la vista están demasiado culturizados con impositivos protocolarios. Están educados para solo mirar lo que le interesen desconectándose de todo lo demás aunque entre dentro de su campo de visión. No es que esté prohibido mirar fijamente a alguien o a algo, lo que pasa es que las miradas pueden ser (suelen ser) mal interpretadas. Es así que impera una psicología ambiental propia de zombies y no por la contribución de las películas del género sino por el temor a entresacar de la realidad toda la riqueza de detalles que contiene.
Un dia cualquiera lo configura la mezcla de escenas directas y contextuales en las que se vive, no lo que dice la tele o las noticias que llegan de los asuntos de otros puntos lejanos.
El dia como fecha y numero es objetivamente el mismo para todos, pero cada dia contiene tantos días particulares como vivientes lo vivamos. Es por eso que las efemérides son relatadas siempre de maneras desiguales según como se vivieron y se recordaron.

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