Robar mancha la biografia para siempre

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JesRICART
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Robar mancha la biografia para siempre

Mensajepor JesRICART » 01 Oct 2018, 20:33

El acto de robar mancha la biografía de ladrón para siempre. S.Maraselva
Robar és uno de los primeros verbos que se aprende. Todo el mundo sabe su significado o eso creemos. Robar es quitarle algo a alguien sin su autorización. Más exactamente: robar es privarle a alguien de lo suyo llevándoselo o quitándoselo. El robo incluye el hurto. Hay diccionarios que establecen en la primera acepción la condición de violencia o fuerza para que concurra un robo. No aclaran si es una condición indispensable. El sentido general es que el robo adopta muchas variaciones. El carterista y el corrupto son roles de ladrones en el extenso arco del latrocinio. El vecino que te quita algo sin consultarte ni pedirte permiso también está incluido en el paquete de malfactores.
Por robar se sobreentiende que implica la pérdida de algo importante, que tiene valor y que cuesta dinero. Hay toda una gama de apreciaciones subjetivas del significado del valor y no siempre es el dinero lo que más determinada la importancia de una cosa. Que tu hermano te quite y no te devuelva nunca un juego de ajedrez o tu escopeta de balines no lo recordarás por el valor de ambas cosas sino por el hecho en sí de que lo hiciera. Que tu patrón no te pague las horas de más que has hecho en tu empleo hará que lo recuerdes como un vil explotador aunque dejes de recordar la cuantía de dinero que te esquilmó.
Robar es un verbo que en su uso frecuente se ha extendido mucho más de lo que la definición académica contempla. De hecho, induce a error definirlo como una acción con violencia, aunque añada que se use el engaño o se haga a escondidas. Lo prevalente es que el robo concurre cuando se le birla a alguien algo de su propiedad. Por encima de la cuantía de la pérdida y del dolo ocasionado el gesto de quitarle algo a alguien convierte a quien se lo quita en un sujeto del que no fiarse, es decir del que no fiarse para nada.
Es completamente distinto el mismo acto del quitar entre absolutos desconocidos a que se haga entre conocidos presuponiendo que quien le quita a otro algo suyo va a encontrar el beneplácito de este.
Otra condición que caracteriza al ladrón es que sabe perfectamente que está quitando algo ajeno para el que no tiene esa autorización. En cuanto al violencia, los diccionarios tampoco aclaran su significado para ese caso particular. La violencia no se limita a la fisica. Cuando te quitan algo tuyo sin pedírtelo y sin comunicártelo lo violento está en esa incomunicación, en el desprecio a tu persona. Que la cosa que te roben esté de puertas adentro de tu domicilio o de puertas afuera puede ser considerado como un agravante o como un atenuante pero no va a cambiar el hecho objetivo y claro del robo en sí.
Por lo general quien roba a alguien algo es porque ya tiene alguna clase de experiencia en esta clase de fechoría y se ha salido con la suya sin demasiado perjuicio. Puede además creer que la cosa no es para tanto.
En una infracultura de numerosos ladrones en las formas relaciones de los empleos y del comercio parece lógico que hay un cierto consenso en la disculpa mutua del latrocinio de baja intensidad. El problema es que quien es un ladrón en el pequeño detalle tiene el psiquismo suficientemente preparado para serlo en los grandes desfalcos.
¿Puedes confiar en alguien que te quita algo para el que implicaste dinero y tiempo de trabajo en otros asuntos de más envergadura? No, no puedes.
Por lo general cuando pillas al ladrón in fraganti saca su autodefensa psíquica. En el fondo de su cloaca mental encontrará una justificación para hacerlo, como aquel conductor que iba delante mío por una calle secundaria y se detuvo junto a un coche aparcado del mismo modelo y marca que el suyo para robarle el retrovisor, sin advertir que yo estaba con el mío detrás. Al llamarle la atención vociferó que a él también le habían robado el suyo.
Insisto no hablamos de cuantías o del pvp del objeto robado en el mercado, estamos hablando del acto en sí, el de alguien que con alevosía y pocas entendederas se dedica a quitarle cosas de los demás, aunque lo haga una sola vez, ha pasado ya a degradar un poco más el mundo de lo que lo estaba antes de su fechoría.
Tu propiedad sigue siendo tuya aunque esté en el espacio compartido público. Parte de nuestras cosas pasan la noche fuera de casa (las macetas con platas junto a la pared, los coches y otros vehículos, la ropa tendida,…). Consigna educativa: no te lleves y ni siquiera toques lo que no es tuyo a no ser que una causa mayor o una emergencia justifique que lo hagas porque te esté impidiendo el paso o tengas que rescatar/salvar a alguien. Romper el cristal de un coche para salvar a un perro que se esté asfixiando dentro poa un bebé jamás admitirá la menor duda sobre lo que es; un rescate y no una destrucción de propiedad ajena ni un acto vandálico.
El adulto que no ha aprendido la lección de no quitar lo ajena y no sigue esta pauta es que tiene poco de maduro y menos de cooperante activo en una sociedad del respeto mutuo.
La casuística del latrocinio es inmensa y su variabilidad no para de aumentar. Eso puede explicar que su definición no quepa en la acepciones presentadas por los diccionarios de la lengua. Tanto en el Aristos de la editorial Ramón Sopena de 1957 como en la vigésima primera edición de la RAE de 1992 incluyen el concurrente de la violencia en el robo, aunque en este precise violencia o fuerza. Propongo a la RAE que reviste esa acepción ya que ha quedado obsoleto. El robo existe independientemente del concurso de la fuerza y de la violencia. Dentro de las variedades de robo está la del atraco a mano armada o con coacciones, amenazas y fuerza fisica. El robo se escenifica de distintas maneras, y dentro de las pacificas está el abuso de confianza. Prestarle algo a alguien, incluido tu apartamento, tu maquinaria, tu coche,... y que no te lo devuelva o pretenda no devolvértelo nunca es tambien una variedad de robo. El robo con coacción fisica lo agrava desde el punto de vista punitivo pero no añade mas perdida a la cuantía y valor de lo robado.
La cultura del latrocinio llega a quienes tienen una autoimagen de sí mismos de buena gente o se hacen pasar por tal. Mientras uno no cometa delitos de sangre va de buenazo. El problema es que pequeños robos, llamados también hurtos, dan pistas sobradas para un antes y un despues con sus autores tras descubrirlos. Resumiendo el robo ha existido, existe y existirá a partir de su condición fundamental de apropiación indebida de la propiedad de alguien sin autorización, eso incluye la apropiación de ese algo aunque sea de uso colectivo. Que te presten o alquilen una bici por un coche y te la quedes te convierte en ladrón. Que un vecino o un amigo te preste algo y no se lo devuelvas nunca con convicción de no hacerlo te convierte en ladrón. Como que el esfuerzo de enfrentamiento en ocasiones es superior al coste de lo perdido mucha gente se e vita lios y relega el tema para el sine die.
Continuar manteniendo asociado el vocablo >violencia> al acto de robar, confunde el significado auténtico de robar mucho mas sin aclarar a qué violencia se refiere.
El Pompeu y la Gran Enciclopedia Catalana tambien i incluyen el concurso de la violencia para señalar un robo. Los sirleros no agotan el campo del latrocinio y sislar es una variedad de robar pero no lo exclusiviza. El prestamismo y algunos productos bancarios también ha sido calificados de formas de robar de guante blanco. El ladrón de guante blanco por cierto usa/ba la astucia, el ingenio y la pericia en abrir cajas fuertes con premeditación, alevosía y engaño sin intimidación ni hacer daño a nadie. En el dictionary passeword sm for speakers of spanish tal vocablo no está ni para el sustantivo thief (ladrón) ni para el verbo steal (robar).
No usar la intimidación, la ocasión ni el sometimiento físico no exoneran a un ladrón de serlo incluyendo tanto al desconocido como al conocido, especialmente mas sorprendente este si abusa de tu confianza.
A ladrón confeso y descubierto no le sale a cuenta lo ganado por lo que fuere que haya birlado y el vacio que genera a su alrededor al dejársele de considerar como individuo en el que confiar.

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