El duro oficio del camarero

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JesRICART
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El duro oficio del camarero

Mensajepor JesRICART » 28 Sep 2018, 13:54

El duro oficio de ser camarero. JesRICART
Nota de Campo. Todo va bien hasta que un gesto te sorprende y te hunde todos los esquemas de la dicha en la miseria. A ver,, exagero, debo exagerar, cualquier nota de campa es ponerle el termómetro y comprobar sus calenturas.
Cuando andas por el mundo llevas las pilas puestas y la bateria recargada. Cuando algo te extraña no es que entre dentro de lo insólito, es que lo sorprendente es que se siga reproduciendo después de tantos decenios de inversión en imagen, en marketing, en deferencia y en cortesía. El cliente de hotel que va por primera vez a uno (no para pasar una noche, sino de vacaciones o para varios días, más si es a pensión completa) lo que hace es cruzar los dedos. “A ver como será” - se dice – con discreción y esperanza. Todo sigue su curso hasta que un dia por la mañana no le sale el agua caliente en la ducha y tiene que renunciar a ella o dársela con agua fria. Que se acumulen las quejas en el mostrador de recepción solo va a ser un baño de gentes para la recepcionista de turno que no es, obviamente, la responsable del tema. Y es que los responsables de los déficits o errores de este mundo, no suelen ser los que dan la cara en ninguna parte. Ese solo detalle ya basta para no volver a repetir en ese hotel o al menos recordar el nombre para no hacerlo. Estamos en Ipanema Park, uno de 3 estrellas, en una calle sin gracia pero con unas yucas viejas espectaculares ante la fachada, está en la parte de arriba de S’ Arenal (termino de Llucmajor en Mallorca) .
Hay otros detalles que le son propios al susodicho lugar que suenan fatal. No hay wifi gratis ni siquiera en las zonas comunes, es de pago. Es dificil encontrar sitios en el mundo abiertos al publico dentro del mundo de la hostelería que priven de ese servicio gratuito a la clientela. Esta tambien es otra razón para no volver. La comida repetitiva, cada dia lo mismo, lo cual para pasar uno o dos días, vale, pero no para pasar una semana. Tampoco ningun plato que recordar como excelente o por el que facilitar a la sala de los guisos. (suponemos que el mejor cocinero ajustado a presupuesto restringido no puede dar lo mejor de si sorprendiéndonos).
Eso solo son detalles menores, nada que no se pueda encajar con flema irónica y estómago de aventurero, que por otra parte es la actitud de crucero con la que hay que salir a pasear por el mundo. Detalles que son comunes a un tipo de hostelería que industrializa sus servicios a sabiendas que la clientela la consigue por las ofertas o precios bajos con los que trabaja (o subvencionados por Imserso) no porque tenga una política empresarial de excelencia comercial.
Ese tipo de hoteles a veces tienen mas clientes o habitaciones que la capacidad de mesas en el comedor. En Ipanema park a diferencia de otros que se montan atascos en la puerta de acceso al restaurante en este mas o menos se autorregulan los comensales. Hay que esperar algunos minutos en el pequeño mostrador de entrada para que la encargada de dar bebidas te las de, encargada que no siempre está. No esta escrito en ninguna parte que el comensal tenga que esperar a que venga esa encargada, una mujer con cara triste y de enfado, rostro que representaba por si mismo lo poco feliz que se debe ser manteniendo ese empleo, y de hecho hay botellas de vino y de agua fria sobre una mesita de autoservicio, pero parece estrictdamente prohibido que el comensal se sirva directamente del armario-frigorifico de cristal de acceso libre de la botella de blanco que no está en la mesita. Pues bien, aquí un infortunado, yo, que cometió el crimen de servirse la botella de vino del amario-frigorifico (yo, entre otros puesto que lo vi hacer a otros clientes) ante lo que un camarero vino ajetreado para arrebatarme la botella de ms manos diciendo que lo de autoservirme no podia ser. (ningun cartel de tal retricción visibilizado). A ese camarero le había pedido unos minutos antes que me preparara una mesa ya al final del turno de cierre de la cena de aquella noche. Me quedé perplejo, Vino a continuación la mujer de cara triste y de enfado permanente para confirmar el hecho. Recuperé al instante mi botella junto a la de agua temperatura natural sacada por la especializada en el tema de debajo del mostrador. Me quedé francamente molesto por el gesto del camarero tratándome como si fuera un delincuente pillado con las manos en la masa robando algo de un supermercado. Le pedí el nombre para ponerle nombre propio a este relato, cosa que no me dio hasta un rato después que lo encontré por la sala y se lo pedí de nuevo (Manuel Contreras, me dijo llamarse, al que le auguro mejor porvenir laboral como guardia de la porra que como camarero). Comento el detalle porque a ese camarero que le había pedido nada mas llegar al comedor que me preparara una mesa (ya que todas parecían haber sido usadas) tuvo un gesto de desgana por tal petición, que tampoco cumplió, ya que la mesa quedó a medio poner, puso el nuevo mantel y nada mas. Tuve que buscar las copas de mi parte. Pero si lo vi de platica en otro lado del salón con otra camarera mientras yo estaba esperando ocupar el lugar pedido. Para lo que sí tuvo tiempo el personaje fue para cruzar el salón y venirme a quitar la botella que he comentado (tal vez mis pintas sean de alcohólico, intruso y ladrón y no me haya enterado después de medio siglo deambulando por el planeta) de la manera tan poco amable que he comentado.
Infiero que las condiciones de empleo de estos empleados en este hotel no son excelentes y no dudo que deben llevar la carga de muchas horas, mucho ajetreo y estrés por poco sueldo. (no en vano las kellys estan en protesta y en huelga, en el momento de relatar esta anécdota; sí, ya sé que se trata de otro sector especifico de la hostelería,). Cuando alguien trabaja a destajo con todos los avatares de la clientela que se agolpa, cada cual con su exigencia particular, comprendo que se acaba hasta la coronilla. El empleo de poner y servir mesas aunque sea en un restaurante de self service aparte del dinero no aporta gran cosa mas. La experiencia que se tiene en un primer dia de empleo básicamente es la que se repetirá en cada dia laboral de los años siguientes. La mejor opción es tenerlo como empleo-trampolín para saltar a otro mejor, quien se atreve a continuar mucho tiempo en el puesto se autocondena a la frustración absoluta e irremediable.
Esa frustración se demuestra cada vez que un camarero pone el grito en el cielo porque un cliente se sirve de algo que se supone él o ella ha de servirle y no lo hace. Son empleas tan mecánicos y rutinariso que no pueden enorgullecer a nadie para realizarlos. Especialmente cuando con un poco de planning se evitarían la bad milk y disminuirían su cantidad de gestos gratuitos por dia si facilitaran el self service. Basta poner en el mesa de autosuministro de bebida vino de las 3 clases, tinto, rosado y blanco, frio, y agua de los dos tamaños y frio y a temperatura ambiente. Mira que es sencilla la cosa. ¿Es que nadie pauta la actividad laboral en cosas tan sencillas? Si un camarero ya va de bólido y de pie durante todo el rato laboral tener que cruzar el salón para atender al cliente que espera que le proporcionen las botellas de bebida, la evidencia de la poca racionalidad es al menos curiosa. Ese hecho es recurrente en hoteles de esa naturaleza. Tal vez protejan su despensa alcohólica no sea que algún cliente venga con la carretilla o la maleta y la recargue con decenas de litros de vino para revenderlo en el mercado negro. Pero esa prevención tambien debería tomarse con las bandejas de comida en el self service. No se puede dejar de comentar el detalle de la psicología del camarero que se siente ninguneado si el cliente consigue una cosa sin su intervención.
En mi condición de cliente convivo con muchos camareros al cabo del año, con cientos.(y me gasto mucha pasta contribuyendo al sueldo que ganan). He aprendido a distinguir los que son amables de los que no lo son a pesar del estrés como comun denominador de casi todos ellos. Suelo saludarles a la llegada y a la salida si hay ocasión de cruzarnos las miradas, cosa que no siempre es posible. Predominan los rostros impasibles, aunque me parece que eso va cambiando en nuevos establecimientos con un nuevo estilo de atender a clientela con dignidad, solvencia y amabilidad.
Pero intuyo que es un oficio que a la larga se irá extinguiendo como todos los demás empleos de cumplimiento mecánico que se pueden gestionar de otra manera por la robotización de los servicios. Es un empleo servil que se arriesga al desagrado de clientes repipis o afectados, como yo entre los segundos, por gestos impropios de alguien que no pasa de ser el ultimo estamento dentro del organigrama de un establecimiento abierto al publico. El problema para la gerencia y empresariado de un hotel es que detalles como el comentado del camarero deseducado son suficientes para tachar de la lista de recursos a los que volver en el futuro. En un contrato laboral con empleos de este tipo, la amabilidad y las sonrisas deberían figurar como clausulas contractuales. Con esto tampoco estoy proponiendo un prototipo de camarero como un lacayo con el “si, señor” para todo, pero si con una deferencia mayor.
Por cierto, hablando de tratamiento lo del substantivo “caballero” que tienen a voz de pronto loas camareroas debería ser revisado. Resultado bochornoso que te llamen caballero por aquí, caballero por allá, a falta de caballo y de titulo nobiliario.
En el mismo hotel del que estoy tratando a una camarera la felicité por su sonrisa sino permanentemente dibujada en sus labios si cuando atiende a los comensales. Los camareros, más que los recepcionistas o los monitores de dinamización de actividades, son la imagen cotidiana mas recurrente de un establecimiento que ofrece alojamiento y comida. Son un bien empresarial a proteger tanto pautándoles para el oficio como compensándolos económicamente si se desea que lo ejecuten correctamente.
Es cierto que el camarero de mesa es de una categoría distinta, a la del barman, pero la actividad mas rutina se puede hacer con elegancia o con desagrado, y eso siempre lo percibe el cliente que en su condición de pagano lo juzga todo, no hay solo detalle que no intervengan en una valoración.
(posescriptum: en mi vida laboral fui en una ocasión camarero de barra)

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