Gente: Mezclas y Chispas.

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JesRICART
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Gente: Mezclas y Chispas.

Mensajepor JesRICART » 11 Dic 2009, 13:14

Gente: Mezclas y Chispas. JesRICART
Dentro de los indicadores del mundo imperfecto que nos toca soportar uno es el de las dificultades para enfrentar coincidencias en las que se ha de convivir aunque sea por un rato con personas a las que no se quiere. Coloquialmente -se dice, en una de esas formas generalistas y simples que adquiere el lenguaje- a los demás se les llama gente. Gente somos todos pero cuando uno se refiere a la gente, se está refiere a todos los demás en los que no se incluye. Como que esto lo dice en un espacio conversacional a esa substracción incluye sus contertulios del momento. Aunque al hablar de gente se esté refiriendo al mundo humano en la practica coloquial ese vocablo adquiere un tono menos pontificial para referirse al fenómeno humano de lo que se conoce. La gente resulta que tiene nombres y caras mientras que el mundo humano son estructuras ,cifras, modelos, sistemas, estados y guerras. Una revista cuya cabecera tenia por titulo Gente (desconozco si sigue editándose) hablaba de la farándula social, de las caras famosas, de las ilustrísimas.
La gente en sus distintos ámbitos teatrales se adapta y sobrevive según toca por canon y patronazgos comportamentales. Una vez reunida, a partir de una cierta cuota numérica, se convierte en multitud. La gente es un fenómeno de bipedestres mezclándose en multitud de sitios. A vista de pájaro de buena altura la gente son miles de hormiguitas que ocupan el espacio entrecruzándose. La primera impresión es que ese aglomerado se mueve, tras un rato de observación se entrevé la linea distinta de cada caminante en un cruce por ejemplo de calles por la zona peatonal. La misma observación se puede hacer de los individuos motorizados que van a bordo de vehículos. Una lógica interna ordena cada uno de esos puntitos que si bien se mezcla lo hace con suficiente cautela como para no chocar mutuamente. Caminar por las calles densas es el arte de la evitación continua para no tocar, ni siquiera rozar, físicamente a los demás. Cuando por falta de dominio con el movimiento preciso se roza a alguien se dice perdón. (Un segundo de atención a este gesto: la gente no para de decirse en la calle lo siento por esta, a fin de cuentas, banalidad y los estados y responsables siguen sin pedir perdón por décadas que pasen, a veces siglos, por atrocidades que han hecho contra la condición humana y la condición de los pueblos sojuzgados).
Vivir en sociedad, ser gente, ser multitud, convierte al más narcisista y orgulloso de su ego en uno de esos simples puntitos descritos. Para el pájaro que lo ve o el piloto que vuela no es mas que ese pequeño punto en movimiento, sin ojos ni cara, sin nombre ni hazañas. Recuerdo que mis primeras impresiones en la gran ciudad, a fin de cuentas nací como periurbanita, si bien no me aterraron me dejaron perplejo ante tanta gente entrecruzándose sin contactos verbales, con tantas prisas en un movimiento que me pareció superfluo. Alcancé a entender que si hubo un motivo para llevarme a mi hasta la ciudad, hasta ese sitio concreto donde pude hacer esta observación, a cada uno de los demás en movimiento les asistiría su propio motivo para entenderse. Me temo que necesité media vida para terminar de entender el significado de la gente en movimiento y en esa mezcla de cruzarse y no tocarse y -en una inmensa mayoría- no hablarse. Por aquel entonces ya tenia las bases observacionales suficientes para definir la sociedad urbana como un conglomerado de gente interdependiente en sus funciones productivas cuyos individuos han aprendido a vivir en colectividad ignorándose mutuamente.
Esa definición, palabra más palabra menos, me ha seguido sirviendo para estar a salvo de las grandes definiciones antropocéntricas que desde Protágoras han tomado al hombre como una medida para todo y un ideal en si mismo por ser una obra de máxima ingeniería de un creador. Como definición no estaba tan mal, pasara lo que pasara en el futuro, ninguna promesa de hacerlo estupendo en el caso de que fallara no podría ser motivo de frustración ya que la gente no habría dejado de ser eso: multitudes de puntitos en acción, es decir de una lado para otro rodeando sus vacíos y mascullando más bien en voz baja: “¿qué coño estamos haciendo aquí?”. Consideré que yo, como cualquier otro puntito, tenia derecho a todo un futuro de tangencialidades. Al hacerme mayor tuve la suerte de interseccionar con otros puntos tan perdidos como yo pero de los que aprendí muchísimo y con los que fui tomando confianza en mi mismo a pesar de rozamientos, choques frontales y chispas varias. Mi inventario de fracturas, -como a los demás supuse- me hizo grande y fuerte, seguro y futurista. Mi filosofía de la vida me convirtió en un tipo feliz a pesar de todos mis déficits, errores y límites. Integré el caudal de mis equivocaciones y el criterio de riesgo para otras por cometer en una fuente de inspiración y enseñanza continua. Por encima de todas no me equivoqué en aquella que Gothold E. Lessing advirtiera: “algunos se equivocan por temor a equivocarse”. Desde entonces he seguido equivocándome. En los momentos aciagos he definido el acto de nacer como el primer error humano. Si no lo cometes te evitas todos los demás pero como no es un error voluntario sino inducido por quienes te hacen nacer te es disculpado. (El catolicismo no estaba tan equivocado al decir que se nace con una mancha por la que hay que ir a toda prisa a pasarla por agua para poder ser puro y no ser alojado en el purgador de las almas en pena en caso de morirse demasiado pronto. Triste película ésta para iniciar a las criaturas en un mundo de mentiras).
La gente como ese pintarrajo de puntitos es inocente. La ave observadora le atribuirá movimientos similares a los que ella misma hace que no deja de ser otro puntito de la nube de sus congéneres moviéndose por el espacio aéreo. Para conocer las verdades de esos trasiegos hay que descender a altura humana. Es ahí cuando cada individuo se hace mundo. Es un gigante con su propia leyenda. No hay un solo humano que no pueda detentar una cátedra. Todos tienen mucho que decir de si mismos para eso solo necesitan el valor de decirlo y la reflexión para comprender un poco sus biografías. Esas se reparten entre las mas codiciosas y las más humildes, las de los más ricos y las de los más pobres. Para frenar la inercia de la ambición posesiva, con una sencillez y rotundidad admirables, a todo el mundo no le ha llegado la pregunta de Steven Wright que dijo “No puedes tenerlo todo...¿donde lo meterías?”
Mientras nos auto observamos como vivientes y observamos a nuestros coetáneos aprendemos que cada individuo es único e irrepetible aunque de acuerdo con la física cuántica no seamos mas que conjuntos de ondas que nos vamos mezclando con las demás de toda la materia existente. En nuestra pretensión existencial no dejamos de ser subrealidades subjetivas referidas a la materia atómica. Relacionándolo con la idea de Wright no puedes serlo todo ¿dónde te ubicarías?. Es así que la idea de ser un punto en un espacio localizable en unas coordenadas que van variando no es una visión tan desagradable. Es una forma auto perceptiva que en lugar de ser humillante te hace humilde. También es un criterio que te permite percibir a los demás como entidades fuera de toda idea de lo absoluto. Para tener una visión general de Stuttgart te recomiendan que subas a la torre de la televisión a 217 metros que te da una visión global de la ciudad. Para tener una visión global de la humanidad recomiendo visitar continuamente las atalayas que permiten las panorámicas. Existe un peligro: a veces los residentes de atalayas quedan atrapados en sus torres de marfil.
Cuando soñé con un mundo mejor pensé en un mundo con una gente mejor. Sí, sí, ya sé que alucinaba pepinillos pido excusas. Cuando nací el planeta tenia la tercera parte de población que tiene ahora, para cuando muera se habrá cuadruplicado o mas en relación a aquella fecha. El mundo al que mencionamos regularmente no es el mismo entre una tanda de referencias y otra. Usamos esa misma palabra para referirnos a los distintos mundos por los que vamos pasando desde que nacimos. También a todas estas industriosas cantidades de gente cruzándose por las arterias urbanísticas. La realidad de los grandes números se nos escapa y la hipótesis de la salvación terrena es casi tan increíble como la de una eternidad de lujo sin dar ni golpe. Pero al adaptarnos a la realidad de los pequeños números, los encuentros de proximidad, los de las personas que conocemos mas o menos enlistadas metafóricamente en grupos de contacto y relación, la de los amigos y compañeros, resulta que todos los grandes conflictos mundiales tambien rugen a escala adaptada en los panoramas miniaturizados en los que nos movemos.
No tardé mucho en aprender que la gente que mezcla las calles en el anonimato no puede ser mezclada en un mismo espacio doméstico no me refiero por su lado numérico sino por el temor a acabar con el anonimato. Antes de que la gente se conozca ya tiene posiciones contrariadas. Antes de que llegue una persona a otra, las ideas a priori que se tienen mutuamente las aproxima u optan por evitarse mutuamente. Por elementales razones prácticas es evidente que resulta mas cómodo poder sentar en la misma mesa a gente de distintas procedencias, ideas, credos y colores a los que les haces de nexo y canal entre ellos, que tener que quedar con cada una y por separado para tener conversaciones fragmentarias. Cuando me encuentro con alguien que presenta una indisposición para ir a tal o cual lugar con excusas poco claros sospecho que es para no encontrarse con alguien que sabe que también va a ir. Tradicionalmente ha sido una funcion del anfitrión distribuir a las personas en una mesa numerosa o hacer de puente entre posibles discrepancias que surjan entre sus invitados. Todavía en la actualidad en los banquetes cada cual tiene una mesa y un lugar de mesa preasignados de tal modo que aunque la efemérides sea para un grupo numeroso, puesto que junta gente heterogénea y desconocida entre si, este truco sirve para juntar pero no para revolver, asi nadie se tiene que sentir mal con desconocidos a los que les toca aguantar su verborrea a bocajarro. Esa antigualla protocolaria viene a contribuir al individualismo general pero eso sí compartiendo fotos puntualísimas para levantar acta iconográfica de que eso sucedió. ¿sucedió qué? Una junción disjunta. El encuentro del personal en una efemérides no dejan de ser los mismos puntitos de la via publica entrecruzándose en el paso peatonal, sol oque allí los ratos de la tangencialidad duran un poco más. Las formas culturales han sosegados las furias humanas pero en el fondo dentro de cada sujeto rota un temor latente al otro. Ingrid Betancourt nos advirtió para que nadie olvidara el potencial de violencia que encerramos los humanos “todos podemos caer en ese horror de ser lobos para el otro”. Las dentelladas ya no pasan por los caninos, entre otras cosas porque las dentaduras son muy caras de pagar dadas las facturas odontológicas, pero sí adquieren categoría de discurso lesivo en formas verbales hirientes. Es por es oque se va a los (algunos) espacios de encuentro con los demás con el temor a que sean verdaderos desencuentros. De estos los desencuentros sutiles son los que dejan menos posibilidades de restauración porque se saben las diferencias irreconciliables sin haber pasado por los enfrentamientos personales, que son los escenarios necesarios para aclarar las situaciones conceptuales y asi plantear la investigación de las diferencias y el aprendizaje recíproco. Todo esto que es aceptado como método y como tesis de la comunicación no se recuerda ante el yuyú que presenta la coincidencia con alguien que te hizo daño o que supones que te lo puede hacer. La cultura no está exenta de miedos por potenciales que sea a otros que se toman por rivales aunque no se hayan constituido en enemigos. Para cada situación concreta habrá que recordar lo que dijo Alain Emile Chartier “quien tiene miedo sin correr peligro inventa el peligro para justificar su miedo”.
Para mi vida preferiría poder juntarme a todas las situaciones y crear todas las mías en clave de puertas abiertas para poder hacer coincidir personalidades y compañías de varias naturalezas. Eso es tanto como saltarse las conveniencias políticas y los protocolos estandarizados. Además puede herir sensibilidades de personas distintas que al juntarlas de tu cuenta re reprochen haberlo hecho. Por suerte los mismos espacios tienen flotadores de salvación. A partir de un cierto numero de personas, tampoco tantas, entre 12 y 15 se va a generar una subgrupalidad de la que se valdrán los desencontrados para evadirse unilateral o mutuamente. Con suerte en lugar de eso el espacio de coincidencia les proporcionara unas sabrosas condiciones para repasar el carácter de su desencuentro y superar las chispas con una nueva tanda de aproximaciones para la sintonía.
Llevo décadas confirmando con multitud de personas de toda clase de opiniones e ideologías y perteneciendo a distintas clases sociales que concurre un temor visceral común a las mezclas de personas. La conclusión de no poder mezclar a los demás lleva a complicar la vida y ha consolidar de manera peor el mundo heredado de los mandriles dominantes y de los individualismos sistemáticos. Para quedar con alguien que conoces hay que contar con lugares y mezclas no sea que una amistad no sea comprendida por otra y dadas las incompatibilidades conversacionales entre lo que se hace con una y lo que se hace con otra. Mientras esto siga así ¿qué credibilidad puede tener desear cambiar el mundo si los individuos sentimentales no somos capaces de instaurar una nueva democracia sentimental entre nosotros?

florecita_ecológica
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Mensajepor florecita_ecológica » 15 Feb 2011, 11:27

Muy interesante tu nota JesRICART, me encantó la reflexión final, es tan cierta! Para superar esas fronteras hay que conocerse a uno mismo antes de intentar conocer a nadie, bueno, ese es mi punto de vista ;)

JesRICART
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indeferentismo sentimental

Mensajepor JesRICART » 22 Oct 2012, 12:04

Llegué al concepto de democracia sentimental después de hurgar bajo los faldones de tantos democratismos que priorizaban las mayorias sin aceptar las diferencias de otras zonas minoritarias de opinión. Lo democrático no existe solamente para contar de prisa y corriendo las mayorias y las alianzas resultantes o derivadas de ellas sino para contar también y sobre todo reconocer las minorias que no teniendo peso especifico en el mando de las realidades o en el poder central no por ello dejan de existir. Lo que pasa a escala macrosocial de una pluralidad de ideas y sentimentalides también pasa a escala microsocial en pequeños grupos y cuadrillas de compas o amigos. En cuanto un grupo silencia los sentimientos de parte de ese grupo haciendo creer que solo hay un sentimiento dominante este grupo puede servir para muchas cosas (salir, ir al cine o al baile, compartir guateques, hacer senderismo o compartir una cita gastronómica regular) pero para lo que no va a servir va a ser para potenciar la amistad. A lo sumo duetos de ese grlupo por su cuentan intentaran es viaje fabuloso para crearla. En cuanto a alguien no le interesa lo que siente otro del grupo o de la asociacioy y solo lo tiene en cuenta cuando va a las reuniones o se deja ver se está indicando que la sentimentalidad es lo que menos importa de los demás por muchos años que se les lleve tratando. Si en lo particular y cotidiano no somos capaces de preguntarnos cómo nos sentimos y que sentimientos tenemos ¿de que van a servir las grandes manifestaciones para derrocar gobiernos o imponer formulas de transformacion economica? Para no mucho si la gente es incapaz de superar su indeferentismo mutuo, es decir, el peor de los individualismos.


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