cita diaria con la pantalla

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JesRICART
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cita diaria con la pantalla

Mensajepor JesRICART » 03 Oct 2018, 19:12

Cita diaria con la pantalla. JesRICART
La cita diaria con el ordenador se está convirtiendo en la cita más importante de no poca gente (siendo creciente la cifra de los usuarios de aparatología informática).Es fácil averiguar quién se pasa más horas en el ciberespacio leyendo y comentando textos o noticias, o informando de sus visiones particulares de las cosas, o confidenciando sus bitácoras. De los muchos fenómenos a los que está dando lugar esta dedicación, uno es el de quienes se siguen o quienes son seguidos con una cohorte numérica más o menos considerable de personas que les leen y les gusta lo que leen y así lo afirma apretando el correspondiente botón. A estas alturas de esta fenomenología se puede afirmar que muchas personas se han iniciado en el mundo de la lectura leyendo a notewriters (escritores de notas) sin haber leído antes artículos o libros en el soporte clásico del papel reprografiado o sin formar parte de los seguimientos literarios de la historia universal de las llamadas obras maestras. No hace tantos años que escribir cosas personales a máquina estaba mal visto por el factor de despersonalización que llevaba en si por la ausencia de proyección más íntima en el manuscrito. Los que por aquel entonces escribíamos cartas mecanoscritas para conservar una copia en nuestros haberes éramos raros y hasta se tomaba prevenciones en contra de nosotros. Mi memoria es nostálgica con respecto a aquellos tiempos del sonido del teclado de la máquina de escribir, también lo es con respecto a la punta de una plumilla sobre un buen papel absorbiendo la tinta. Siempre escribí mas a máquina que a mano y en la etapa digital sigo haciendo lo mismo. La paradoja es esta: la misma escritura de pantalla es efímera. La conexión química y psíquica con su expresión tiene algo de místico, mucho más que de intención archivística.
El acto creativo –eso a l oque tanto apelo- empieza uniendo simplemente dos palabras preexistentes que no se le haya ocurrido a nadie antes unir. SE enriquece cuantas más combinaciones originales se hagan.
La cita diaria con la pantalla del ordenador es una elección creativa que siendo el que sea su resultado deja un saldo de sensaciones haciendo creer al escritor que ha hecho algo. En la pantalla sabes el numero de palabras que dices o has dejado escritas o insertas. Es un dato objetivo y constatable. Visible y fácil de obtener, algo que no se puede decir del numero de ideas o de argumentos. Las cantidades sí importan y es momento en cambiar expresiones habituales que toman el espacio y el tiempo como las referencias más importantes para ubicarnos por la de referir cantidades en relación a las cosas hechas. Estoy o estaré pronto ya despidiéndome de alguna sesiones internáuticas con un “x de miles de palabras después, ciao, hasta otro dia”. Ya no importa tanto l oque ha durado una sesión de ordenador como sus cifras resultantes. No es que las cantidades de palabras sean el objetivo o el reto (las palabras son utensilios para la comunicación) pero precisan más que hablar de horas o minutos. Quizás algun dia los procesadores de textos vengan equipados con una herramienta que sea una contadora de ideas. No es tan complicado saber qué número de comentarios has escrito después de unas horas de ojear y cribar el mundo. Tantos comentarios, tantos temas. Con las propuestas es sumamente sencillo saber cuantas se han defendido. Con las ideas puede costar un poco más, pero también se conseguiría.
El que trabaja con su pantalla tiende a creer que cada dia avanza un poco más en lo suyo aunque externamente todo siga siendo más de lo mismo tanto en el aspecto formal: lugar del ordenador y pose ante él, como en el aspecto de los contenidos: seguir mencionando por enésimas veces las mismas cosas.
Es una de las paradojas más sorprendentes tener la mirada fijada en este tipo de pantalla comparativamente muchas más horas de lo que se tiene fijada en las caras de los demás. El digitita que habita el ciberespacio le dice al mundo en general lo que no le dice al mundo en particular. Nunca hay facilidades ni tiempo para esto último ya que los factores de gestión del tiempo son ajenos, en cambio para escribir al mundo e insertarlo quien gestiona esa colaboración es uno mismo.
En la pantalla hay un poco de todo. Lo que antes requería muchos objetos domésticos repartidos actualmente están concentrados en minúsculos volúmenes requiriendo un mínimo de espacio para acceder a ellos. El ordenador representa la máquina de máquinas. Mientras escribo elijo mi música seleccionada que he digitalizado y que está en la musicfolder de mi fondo de recursos. Así me evito los vaivenes de sintonía de la FM y las intromisiones de publicidad y otros ataques sonoros no deseables.
Sigo sin contar las horas a las que me dedico, sé que son muchas. Mis prioridades pasan por ella. Es una locura, pero no estoy dispuesto a renunciar a ello aunque me consta que cada dia de elaboración me acerca más a la conciencia del vacío, ante el que mi análisis y despecho poco pueden. El vacío siempre termina por volver para recordar que es por una mera filigrana que sigas dando vueltas en torno a un torbellino. El final, mi final, está escrito desde antes que naciera. Esa ley nos afectar a todos. Nacimos para venir a testificar porque se vive y se pierde, sean cuales sean las luchas que se emprendan y no solo por no emprender ninguna.
La cita diaria con la pantalla representa la regularidad, la disciplina de dedicación, la actividad metódica y la garantía de algunos resultados. Lo último está en una paretensíada. Cuanto más trabajo en lo que denomino “lo mío”, es decir escribir, menos se sostiene su justificación. De su utilidad es mejor no hablar. Ya no importa si las coas y las ideas (mucho menos mi nombre) son reproducidas y divulgadas o haya alguien en cualquier otra parte del mundo que se haga eco, lo decisivo es que los análisis no construyen soluciones solo llaman la atención sobre las dificultades de éstas,
Los solucionarios llevan tiempo escritos, pero no se les hace el suficiente caso. Solo una coartada: estoy con el ordenador porque el dia que deje de meterle caracteres dentro me habré quedado sin razón de ser. No es que escribir dé una razón existencial definitiva, pero sin lugar a dudas es una actividad rigurosa que se lleva buena parte de la diurnidad (y según que periodos de la nocturnidad) para dejar una historia al menos completa. Esa sería la excusa. Escribir para periódicos y revistas o hacerlo por dinero no explica jamás la necesidad de la llamada de las letras.

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