eso de mirar la tele.

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JesRICART
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eso de mirar la tele.

Mensajepor JesRICART » 01 Oct 2018, 20:11

Eso de mirar la tele. JesRICART
Desde que en 1956 pasó a introducirse en los recursos domésticos de nuestras casas el televisor, básicamente sigue siendo considerado como el objeto preferente y a que la que se le presta más atención. Ha ido variando su tecnología y ha pasado de ser una voluminosa y fea caja a las modernas pantallas planas. Tambien pasó de ser un aparato que al principio se le miraba con recelo por aquello de que era mejor la pantalla gigante de los cines a ser el principal de los electrodomésticos. Es difícil que haya un objeto tan usado y a la vez tan criticado como éste, no tanto como aparato en sí, si no por todo lo que trae consigo. La tele nos tiene hipnotizados. Ha sido etiquetado de ser un gran manipulador y el instrumento por el cual se teledirige el lavado de cerebros a gran escala. Hemos ido coexistiendo con él con todas esas críticas y cuidados. Los menos (quienes viven en la selva o quienes son muy radicales) no lo utilizan en absoluto, los más lo tenemos a la vista. Un hábitat sin tele a la vista no es lo usual. Si no está los niños preguntas por él.
Al anochecer y a partir de una cierta hora de reposo, no abutacarse ante la tele y en cambio hacerlo para leer o tomar una copa es difícil. No creo que los espías lleven el recuento exacto de los lectores frente a la masa de televidentes, pero sabrán que la diferencia entre uno y otro estriba en la cantidad de autonomía personal. El perfil del televidente es el que se pone a expensas de lo que le ofrezcan. Puede elegir sí, pero según las parrilas de programación. El perfil del lector es el que decide la pautas de su formación y elige sus fuentes informativas. No es un secreto que las lecturas decrecen y las miradas de imágenes crecen.
En los últimos años, venimos sustituyendo la pantalla del televisor por la pantalla del ordenador, donde también podemos sintonizar canales televisivos que no proporcionan la señal del propio país. Información y conocimiento vienen mezclados en la olla del espectáculo de todo.
Las ubres de las que chupa la sociedad están en las pantallas. Estas han replicado sobradamente a Gila cuando se quejaba con su “¡a ver quién me da de mamar!”. La mayoría –crios y adultos- estamos mamando de aquello que otros deciden para nuestros entretenimientos varios: desde el fútbol y la política a las teleseries y la música. Hay datos alarmistas sobre las cantidades de horas de consumo televisivo: 4 o más horas diarias. Un tiempo que antes se dedicaba a charlar o pasear o arreglar el jardín o ir a reuniones o a pensar, estudiar y leer, ahora se dedica a ver la tele. Se cree que es el aparato que da con menos tiempo más cosas. En una ocasión alguien me preguntó con total desparpajo en el coloquio de una conferencia porque había que leer si todo venia ya en soportes de imágenes que otros preparaban: reporteros y gente entendida.
En la cadena de informaciones hay niveles de criba y selección. Lo que termina llegando a la pantalla televisiva obedece a índices de audiencias, a patrocinadores publicitarios y a todo un proceso de pre-digerido para minimizar el esfuerzo del televidente. La industria televisiva no es una sola cosa ni todos los programas son iguales. De hecho, en toda la historia de la televisión siempre ha habido programas buenos (recordemos en UHF), lo que no han tenido ha sido el mayor de los éxitos de audición. Hoy dia, un manejo adecuado de la tele, de la radio y del ordenador permite tener la universidad en casa (eso da para otro tema).
No aprende quien no quiere, ya que los horarios de programación de programas buenísimos de ciencia y de historia permiten seguir cursos de todo u no solo de cocina. Por cierto ¿Por qué interesan tanto las recetas culinarias y tan poco la zoología o la ecología? ¿Por qué tanto la política y tan poco la historiografía? El programario de la televisión no solo está en función de los grupos de poder y de intereses que están detrás manejando las estaciones de emisión, también lo está según la demanda de la gente. La gente que no quiere pensar o prefiere el relax opta por programas que no le cortocircuiten las neuronas. Basta conectarse a un serial de vidas ajenas y nueve cientos y pico ediciones s después se le habrán pasado unos cuantos años de vida preocupándose más por argumentos ajenos de ficción que por escribir el argumento de la propia vida.
No se puede hacer un juicio radical contra la tele, porque el televisor es solo un intermediario para acceder a lo que se ofrece a través de ella. La última palabra la tiene cada cual gestionando su libertad para elegir lo que le resulte realmente interesante y rechazando lo otro. Así como cualquier otro electrodoméstico no se puede cuestionar en su totalidad (depende de cómo se use), actualmente con la profusión de canales, hay programación sobrada para encontrar casi cada noche algun programa de interés si estas solo/a y necesitas oir la voz humana para sentirte acompañadoa. Lo mejor de la tele es tenerla discretizada quitándola del centro de gravedad del mueble de salón. Lo de tenerla en el dormitorio es una barbaridad. Significa una colonización del mundo exterior en el espacio de intimidad más sagrado. ¡qué menos que dedicar un minuto de meditación al acostarse y otro de caricias con el compañero o compañera de a bordo sin interferencias de rollos ajenos!
Antes de que la tele estuviera en la práctica totalidad de hogares ya aprendimos que la radio y su pluralidad de canales podía permitir elegir aquellos canales y aquellos espacios edificantes y dejar de conectar los hostiles y los tóxicos. Puedo confidenciar que tanto de la tele como de la radio, hay canales que jamás sintonizo y programas y locuciones de los que huyo por lo desagradables que llegan a ser.

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