el lector y el autor

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JesRICART
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el lector y el autor

Mensajepor JesRICART » 28 Sep 2018, 13:34

El lector y el autor. JesRICART
A diferencia de los encuentros preparados por editoriales y librerías entre autores y lectores, estos comprando sus títulos y aquellos dedicándoselos con dedicatorias totalmente incrédulas: al estimado...,con mucho cariño,...detalle sea este dicho de lo poco fiable que pueden ser los autores dispuestos a hacer de figuras protoconsumistas para el negocio editorial poniendo frases impropias de profesionales dedicados a la creación literaria (a no ser que se admita esta incluye la mentira más evidente, lo cual legitima todo), cierto día en cierto lugar dos paseantes de un parque en una gran ciudad fueron a coincidir en el mismo banco, el uno se enfrascó en la lectura del libro que sostenía con sus manos, el otro divagaba con su mirada por los detalles faunísticos y floreados que suelen tener los parques, dentro de la fauna los besos y caricias que se daban las parejas jóvenes y dentro de la flora las fragancias de eucaliptus, los céspedes con dispersores de agua que en aquel momento estaban en marcha. El lector no levantaba la mirada de sus páginas que iba pasando con un cierto estruendo y aparentemente rapidez, el autor apenas se fijó en él hasta que reparó en su extrema juventud y su total absorción.
-Dos cualidades admirables: juventud y concentración -dijo el autor-
-No entiendo -dijo el lector sin tratar de averiguar lo que pretendía decirle el otro y volviendo a fijar inmediatamente la atención a sus páginas-
El autor dejó pasar un rato largo, tanto como el de otras 4 páginas de lectura en el otro.
-Las suyas de cualidades es a las que me estaba refiriendo, la mayoría de gente joven no se enfrasca en una lectura tal como vd lo hace, se dedica a asuntos más triviales -se extendió el autor-
-Me gusta leer -dijo el lector aparentemente contrariado por ser interrumpido en su lectura- y este libro es estupendo, es uno de esos libros que te cambian la vida -añadió-
-Supongo que es el mejor elogio que se le puede hacer a un autor de su libro. ¿de qué titulo y autor se tratan si puedo saberlo?
El chico enseñó la solapa del libro y volvió a su lectura, obviamente no estaba interesado en una conversación sobre el tema y aquella lectura tenia prioridad sobre cualquier otra cosa. El autor siguió en su observación del parque y el lector en la lectura de su libro. Aquel sabia que una nueva interrupción no le seria perdonada y pondría en fuga al lector dirección otro sitio en el que no fuera importunado. Pasó una media hora larga en el que la pasión lectora del lector era digna de admiración. Finalmente el chico miró su reloj y cerro el libro que sostuvo apretado en su pecho. Suspiró.
-¿Has terminado ya la lectura? –intervino por primera vez el autor-
-Oh, no, voy por la mitad. Es un libro fascinante, me quedaría el resto de la tarde leyendo, pero he de irme . Es uno de esos libros que te cambia la vida. –dijo el chico-
-Ese debe ser el mejor homenaje que se le puede hacer a un autor -dijo el autor-, por encima de premios literarios, condecoraciones o famas.
-Si pudiera conocer a su autor me quedaría encandilado oyéndole, creo que no podara hacer nada mejor el resto de mi vida que escucharle.
El chico se fue visiblemente ajetreado y sin saludar. El autor siguió en su banco pensando. Se pregunmtó si un autor realmente lo que espera es a ser leído. Cuando lo consigue ¿Qué está consiguiendo realmente? Eso de poner en circulación ideas o un estilo de escribir puede que no sea más que parte de un método complicado para conseguir satisfacciones personales. Entre él y aquel muchacho habría medio siglo por medio. Un tiempo considerable para comparar un antes y un después acerca de un mismo tema. ¿Cuál? Cualquiera. Todos los temas se vienen repitiendo por siglos desde que la historia es historia y hay personas que se ocupan de rememorarla. Cambian los nombres de los lugares pero sus coordenadas permanecen, cambian los títulos de las cosas pero siguen siendo las mismas cosas.
Aquel autor sentado en aquel banco sin aparentemente hacer nada estaba cambiando su mundo interior. Le resultaba fácil hacerlo. Alguien que domina el vocabulario modifica el entorno a su antojo. Le habían dicho que con las letras hacia magia y que sus narraciones transportaban a sus lectores. Vario de sus títulos habían sido reeditados y multiplicados por millones de ejemplares. Su nombre era reconocible en las lenguas más usadas del mundo. No se podía quejar. Por dedicarse a hablar expresando lo que pensaba y lo que sentía las editoriales se lo rifaban y le pagaban por ello.
-He superado con creces todos mis retos, lo tengo todo y a la vez no tengo nada. En la ficción construyo mundos donde todo es posible , en la realidad entre dos personas cualesquiera que contactan una siempre tiene prisa por desaparecer.
Como hombre de mundo el autor sabia que la batalla por la comunicación entre desconocidos estaba perdida. Solo en los espacios en los que uno era presentado se descerrajaban las prevenciones y se aceptaba dialogar. La comunicación predominante era la diferida. ¿Que era leer sino comunicarse con alguien a quien se tenia preventivamente en la distancia? Él en tanto que lector también había sentido la fascinación por la lectura como la de ese joven chico ferviente de las letras que le entraban por los ojos. Recordaba que uno de sus primeros viajes de varios miles de kilómetros fue para ir a conocer expresamente a un autor que le había encantado y al que le debía haber decidido hacerse escritor, pasara lo que apsara. Ahora que lo era reconocía que su vida era tan anónima como siempre salvo en los espacios en los que era esperado expresamente. Tras toda una vida dedicada a las letras y sus libros presentes en todas las bibliotecas reconocía no haber contribuido demasiado a su tiempo. No conseguir entablar una conversación con el vecino de asiento de aquella tarde. Él había reconocido que el libro que estaba leyendo el chico era una de sus obras. Posiblemente ya no estaba a la altura de todo lo que había escrito dejando de pertenecerle, solo pertenecía a la capacidad de fabulación de sus lectores.

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